En Años de hierro ya comenté brevemente lo absurdo de la figura de “crímenes contra la humanidad”, empleada en los juicios de Núremberg. Les ruego reflexionen un poco sobre el asunto: los nazis, y hasta por extensión los alemanes, quedaban excluidos de la humanidad como enemigos suyos. Claro que los nazis podrían replicar: “No estamos contra la humanidad, sino contra lo peor de ella, que impide a lo mejor vivir según su derecho. Y ahora los peores nos expulsan de la humanidad como enemigos suyos ¡Increíble!”. Este posible argumento incidiría en las dificultades de la condición humana. Indudablemente tan humanos eran unos como otros, y ahí está una parte del problema.
Ello aparte, la realidad histórica es que unos jueces representantes de regímenes soviéticos y democráticos se arrogaban la representación de la humanidad entera, de la que excluían a sus enemigos. Basta señalarlo para entender que nos encontramos ante una usurpación típicamente ideológica, que desde entonces se viene extendiendo. No se piensa mucho en lo que significan cosas aparentemente inocuas como declarar un monumento “patrimonio de la humanidad”, por parte de unos sujetos que se proclaman por las buenas portavoces de ella y en definitiva quieren arrebatar ese patrimonio al país que lo produjo, en nombre del multiculturalismo. Lo mismo que hay sujetos que se proclaman representantes del proletariado, de la mujer, de los animales o de lo que se les ponga por delante. Y partiendo de esa usurpación pretenden dictar normas para los demás. Son conceptos en parte religiosos y en política conducen al totalitarismo.
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El problema central de la existencia es la intencionalidad de ella. Esa intencionalidad se nos hace al mismo tiempo evidente y misteriosa. Quizá nadie lo ha expresado mejor que Omar Jayam en una de sus célebres cuartetas: Me dieron la existencia sin consultar conmigo / Luego la vida aumentó i asombro día a día / Me iré sin desearlo y sin saber la causa / de mi llegada, mi estancia y mi partida La cuestión es doble: ¿hay una causa, es decir, una intención, en la existencia? Puedo pensar dos cosas: que la hay, aunque en ese caso jamás la conoceré; o que no la hay, pero esa no es una conclusión demostrable, sino que solo expresa mi desesperación o rebeldía por la imposibilidad de conocerla. No solo se me escapa el por qué y el para qué de mi existencia, sino de la existencia en general, pero suponemos que ningún ser creado, aparte de nosotros, es capaz de plantearse esa pregunta, tan perturbadora. Entonces, ¿por qué tengo que hacerme esa pregunta y por qué se me oculta la respuesta? Pues si algo entiendo es eso: que la respuesta, en un sentido u otro, está más allá de mis posibilidades de comprensión. Los animales no se plantean esos problemas. Se puede vivir sin pensarlo, como ellos, cuya suerte envidiaba Walt Whitman. Para Jayam esa intención debía existir, pues si no, no se peguntaría por ella.
Otra cuarteta de Jayam dice: Señor, has tendido mil celadas en mi marcha / Y después me amenazaste: ¡”Ay de ti si no aciertas / a escapar de esos peligros ” Lo sabes y lo ves todo / ¿Puedes acaso acusarme de rebelde?
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**¿Quién regaló la enseñanza a los separatistas? El gobierno de Suárez. ¿Por qué? Porque el gobierno y los separatistas eran todos democristianos. Suárez procedía del Movimiento, pero quería que se olvidase el asunto.
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Narcisismo y autobiografía
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“Insistiendo en lo dicho: yo creo que todas las autobiografías y memorias encierran una alta dosis de falsedad. Y también de narcisismo, porque los autores quieren que su vida, es decir, lo que quieren contarnos de su vida, debe quedar ahí para la eternidad. Todo el mundo es un poco o un mucho narcisista, solo hay que ver cómo nos contamos nuestras vidas o retazos de nuestras vidas unos a otros y siempre tratando de quedar bien. Pero querer dejarlo escrito para la posteridad es propio de los muy narcisistas. Todo escritor es narcisista, por lo tanto. No es demasiado malo, porque si otros lo leen es porque piensan que pueden sacar algo de ello. No es una opinión muy refinada, lo sé, pero me suena bastante aceptable. Pero pienso ahora en el protagonista de “Sonaron gritos”: llega a viejo y de pronto le da por escribir su vida de joven, no entiendo bien por qué lo hace. ¿Antes le dolía su juventud y de viejo ya no le duele?” Julio González.
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Lo propio del cristianismo
“La pregunta sobre lo inerradicable del islam me parece que no ha sido contestada. Quiero ahora hacerle otra: usted, en La Reconquista y en Europa expone esta teoría: el cristianismo es la raíz o la base de la cultura europea, pero, a diferencia de otras religiones, en ella hay una tensión muy empeñada entre razón y fe. Y esa tensión ha determinado el desarrollo de la cultura occidental. Con los dos grandes movimientos contra la razón del protestantismo y contra la fe de la Ilustración. Me entra una curiosidad: ¿es esa una idea suya o la ha tomado de otros? Y vuelvo a preguntar: ¿Qué entendemos cuando decimos que España es o ha sido católica? ¿Y el franquismo? ¿En qué se concreta eso, políticamente y prácticamente hablando? Lector.



