La concepción religiosa de Lutero se basaba en la predestinación, por una parte, y en la ausencia de libre albedrío por otra. Dios había destinado a la condenación a una masa, presumiblemente muy mayoritaria de seres humanos, y a la salvación a un grupo escogido. Que Dios creara masas humanas para que se condenasen no deja de ser una exhibición de crueldad, pero no lo es menos la angustia fatal de los elegidos. Pues estos, por mucho que afirmen tener fe, nunca podrán estar seguros de su predestinación, ni siquiera de su fe, ya que solo Dios conoce el fondo de sus corazones. Tampoco podrán encontrar una señal de salvación en sus obras, pues estas, según Lutero, carecen de valor, son pura vanidad. En realidad la noción de pecado deja de existir, un creyente puede cometer cualquier fechoría, si está predestinado por Dios a la salvación; el problema es que nunca podrá estar seguro de ella. Y tampoco las Escrituras le pueden orientar, ya que cada cual está autorizado a interpretarlas según mejor le parezca. La razón, ciertamente, desaparece por completo. Y la solución calvinista de los buenos negocios como señal de salvación choca explícitamente con la prédica de Jesús sobre los ricos.
Muchos preguntan: ¿cómo, entonces, ha podido mantenerse el protestantismo y crear sociedades prósperas y racionales? La respuesta es que no ha creado nada: las sociedades se han sostenido más bien gracias a que el protestantismo nunca se ha aplicado realmente, salvo en las masacres de católicos y la promoción de leyendas negras. Y tampoco es cierto que las sociedades protestantes hayan sido más ricas y racionales. En algunos casos sí, en otros no. El atraso material de gran parte del norte y centro de Europa fue muy grande hasta prácticamente el siglo XX, Inglaterra fue más bien anglicana, una especie de catolicismo nacionalista. La calvinista Holanda fue prácticamente hundida por Inglaterra, y la católica Bélgica y no Holanda, fue la primera en aplicar la revolución industrial después de Inglaterra. Es preciso acabar con ciertos mitos. Aparentemente la prosperidad y la racionalización social no dependen demasiado del catolicismo ni del protestantismo.
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Dice la pandilla intelectual de El País, bien asentada en la universidad por incomparecencia de sus posibles contrarios, que la batalla de Covadonga no existió, y la Reconquista tampoco, o es un concepto “anacrónico” o, en todo caso, “insidioso”, como decía en Marruecos el ex franquista orientador del periódico (porque los buenos eran los andalusíes, naturalmente). He analizado la cuestión en mi reciente libro sobre la Reconquista, y la única conclusión posible es que a esa gente no le importasostener las mayores sandeces con tal de atacar la idea de España, pues de eso es de lo que en el fondo se trata.
Por el contrario, la decisión de Abascal ha estado muy en su punto. En Covadonga comenzó ciertamente una Reconquista que permitió que los botarates de El País la nieguen en español y en un país llamado España y no en árabe o en Al Ándalus. O que sus mujeres no lleven burka… En fin, resulta repugnante tener que argumentar contra la mera estupidez, pero el problema es que todo eso sale de la universidad. De una universidad enferma. De donde salen también los políticos, periodistas e historiadores, lo “gárrulos sofistas” empeñados en socavar y arruinar todo lo que represente España. Los mismos que han alimentado los separatismos, rescatado a la ETA, impuesto leyes tiránicas y propugnado sin disimulo la disolución de la soberanía española en manos de la burocracia LGTBI y multiculturalista de Bruselas.
Como puede verse, la Reconquista es un asunto enormemente actual. Es precisa una reacción. VOX ha estado muy en su punto políticamente. Pero si la política no va respaldada intelectualmente y de forma seria, al final quedará en pura gesticulación. Es preciso ser consciente de ello.
Esta semana, en Una hora con la Historia trataremos la evolución de la actitud de los anglosajones con respecto a España en la II Guerra Mundial: del respeto y la obsequiosidad al chantaje y la amenaza.
La razón por la que España no entró en la II Guerra Mundial es clarísima, por mucho que la hayan oscurecido una serie de historiadores de pandereta (Preston, Marquina, Tusell, etc.): https://www.youtube.com/watch?v=HLNO5spz9V8





