En Una hora con la Historia, y dentro de las sesiones sobre la Reconquista, tratamos la expulsión de los judíos, un tema extremadamente controvertido, sobre cuyas causas y consecuencias han menudeado las interpretaciones más variopintas. https://www.youtube.com/watch?v=0vwGsc-Zkyg
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Dada la crisis del régimen del 78, se hacen esfuerzos por ilustrar a la gente sobre sus logros, ahora sobre los de la diplomacia. La realidad es esta: desde 1982, los gobiernos españoles renunciaron ya a la independencia del país y optaron por su satelización a oscuras burocracias y a la política anglosajona. El pistoletazo de partida fue la apertura de la verja de Gibraltar, muy ligada a la mitificación de la “entrada en Europa”. Pues la CEE, luego UE era muy favorable a la colonia inglesa que invade nuestro país, y lo era ya antes de la entrada de Inglaterra en la CEE, como demostró con su votación en la ONU. Desde entonces acá, los gobiernos españoles y sus diplomáticos han ido cediendo, inconstitucionalmente, soberanía a Bruselas, han aplicado leyes no votadas por las Cortes españolas, han construido un ejército cipayo envolviéndolo en operaciones de interés ajeno, bajo mando ajeno y en idioma ajeno, ayudando a provocar guerras civiles en países musulmanes y provocando a Rusia. Y se han declarado amigos y aliados de la potencia invasora de nuestro país, favoreciendo de paso la colonización cultural por el inglés. En Hispanoamérica, su política ha sido casi exclusivamente económica, favoreciendo en política y educación la leyenda negra. Con respecto a Marruecos, nuestro único enemigo potencial, la diplomacia española ha consistido en una cesión tras otra, incluida una inmigración a Ceuta y Melilla planeada para su entrega a Marruecos antes o después. Y por supuesto, la OTAN no cubre a dichas ciudades españolas, aunque de hecho es uno de los grandes apoyos de la colonia Gibraltar.
Y toda esta basura dicen crearla en nombre de la democracia y de “Europa” unos políticos cuya miseria moral e intelectual queda reflejada en la diplomacia como en todas las actividades en que ponen su mano, y que se resumen en una consigna oculta y permanente: “menos España, menos estado de derecho y menos democracia”.
De qué modo el franquismo es omnipresente en la política e ignorado por la inmensa mayoría, también de los que se dicen franquistas.

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Uno de los lectores comentaba que apenas había malos en la novela. Si acaso el cabo Zapatero y el tío del protagonista, el separatista luego falangista y luego demócrata Narcis. También hay un esbozo en algún sargento de la Guardia Civil y el comunista que traiciona a Iliena, pero muy relacionados con las circunstancias, por lo que no se les puede considerar malvados. A los dos primeros un poco más, todos personajes muy secundarios. En la División Azul, los ingleses colaron algunos de los suyos como agentes desmoralizadores, siempre apoyando a los soviéticos (la BBC no cesaba de mentir al respecto), y Zapatero venía a ser uno de ellos. También entraron algunos comunistas para pasarse, muy pocos porque el número de los desertores fue insignificante, así como el de los prisioneros que lograron hacer los soviéticos.
La cuestión es que el bien y el mal siempre se presentan en todas las actividades humanas, y aparece como bien o mal según la perspectiva. Los protagonistas no eran nada buenos de acuerdo con los cánones eclesiásticos, que les parecían beaturrones y pesados, y tampoco eran buenos de acuerdo con las ideas de sus enemigos comunistas o anarquistas, o separatistas. Cuando Alberto comunica a su tío Narcís, convertido en falangista, que se va a Rusia, el tío a duras penas puede disimular su satisfacción esperando que lo maten allí, y Alberto reflexiona sobre cómo su mayor mal, su muerte, se convertiría en el mayor bien para Narcís, que así podría apoderarse de toda la herencia.

–Nunca me había preguntado esto, Santi, pero ¿por qué querías ser cura? Se me acaba de ocurrir. Si lo piensas un poco, la verdad, se trata de un oficio extraño, no acabo de entender su utilidad ni qué siente de sí mismo un cura.
Sorprendido, Santi no supo qué contestar. También Javi le urgió a dar una respuesta. Presionado, habló por fin.
–No creáis que no he pensado mucho en eso. Pues un cura lo que hace es transmitir una visión de la vida más allá de lo meramente cotidiano y mantener la esperanza de la gente. Los curas predican todo lo contrario de la jodida pasión inútil. Que algunos no lo crean y prediquen por oficio rutinario es otra cosa, pero otros se esfuerzan en transmitir a los demás la fe en que la vida tiene sentido, que no es inútil, aunque haya en ella tantas injusticias y tantos horrores y que el sentido lo da Jesús. A mí me parece lógico. Después de todo, ninguno de nosotros existe por sí mismo, no ha decidido venir al mundo ni irse de él, y el mundo tampoco existe por sí mismo, así que debe haber algo que lo haya creado con algún fin, el verbo, la palabra, como dice un evangelio. Si no lo crees, puedes seguir a los filósofos, pero unos llegan a unas conclusiones y otros a otras, así que ¿a qué carta nos quedamos?… Os lo digo de otro modo: figuraos que lo que existe en el mundo e impone su marcha y su orientación y su desarrollo es una fuerza necesaria, implacable, pero ciega y completamente ajena a nosotros, a la que no se puede rogar ni implorar. Eso, solo pensarlo, resulta angustiosísimo, porque todos sufrimos en esta vida y muchos de esos sufrimientos no podemos remediarlos. Claro, no habría problema si fuéramos tan ciegos e impersonales como esa fuerza. Figuraos lo contrario, que en el mundo no impera ninguna necesidad ni ningún sentido, sino que todo eso lo creamos nosotros con nuestra mente y nuestra libertad omnímoda: ¿qué significaría? Lo de la pasión inútil y la libertad inútil, aparte de que nadie podría ejercer su libertad, porque chocaría con la de los demás constantemente. Son dos posturas desesperadas, me parece a mí. Entre las dos, el cura católico propone algo intermedio: la vida tiene sentido, pero no se lo crea el hombre sino que le viene de fuera. Y le viene de algo infinitamente superior a él, pero que tiene algo que ver con el hombre, porque lo ha hecho a su imagen y semejanza.
Moncho puso cara de fastidio:
–Siempre lo mismo. Y siendo algo tan bonito lo de cura, ¿por qué lo dejaste?
–Porque no era lo mío. Lo de la castidad y eso no era lo mío. Y otras cosas.
–Vamos a la realidad –intervino Javi—Yo soy un poco católico, si queréis, y entiendo que debe haber un Dios . Pero entiendo que la mayoría de la gente vive bastante bien, salvo que venga una catástrofe, y vive con esperanza, sin necesidad de que los curas vengan a enseñarle todo el tiempo la vía para salvarse y cargarle con obligaciones y con culpas que a lo mejor te vuelven chiflado. Sí, está la muerte, pero la gente la acepta con mejor o peor ánimo, siempre la ha aceptado antes del cristianismo, ahora y después. ¿Que luego hay un más allá en que nos juzgan? Bueno, yo creo que pocos merecen el infierno y que pocos merecen el cielo, Habrá una cosa intermedia, digo yo. Dicho esto, no tengo nada contra los curas, pero a mí que no me atosiguen.
–Amigo Santi, has de reconocer que ese Dios tiene una conducta y unos designios que nos superan. Vamos, que no los entendemos. ¿Por qué hay tanto mal? ¿Por qué esas enfermedades horribles que la sociedad trata lo más ocultamente posible? Dios ha hecho que aspiremos al bien y a la felicidad, pero nos lo pone muy difícil, ¿verdad? Parece que nos embroma. Y no te digo que lo tuyo no sea más consolador, pero es lo que llamamos un placebo en medicina.
–Bueno, chavalotes –dijo Javi–, todo eso está muy bien, admito que a ratos es muy entretenido, pero se viene discutiendo durante siglos, según me han contado y por lo visto, cada uno le da la solución que mejor le parece…. Os lo vengo repitiendo… ¡Ah!, ¿y qué opinas de los curas que apoyan a la ETA y a los comunistas?
–¿Muy en breve? Que son unos hijos de puta.
–Una observación muy cristiana –ironizó Moncho.
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Un enfoque nuevo de la historia de un continente y de la propia España
