P. Ud habla de la baja creatividad artística de la derecha, sea la derecha “bizcochable” tipo PP o de la llamada extrema. Ud mismo se proclama novelista, es decir, artista, pero veo los comentarios a su novela sobre el crimen del Ateneo y son enormemente desfavorables.
–Es cierto, pero son solo dos. He recibido más directamente, personalmente o por correl (debería decirse así, “correl”), otras mucho más favorables, pero que no se han molestado en contrarrestar aquellas. En internet quienes más se saben mover, con mucho, son izquierdas y separatistas. A mí me hacen mucha gracia los que se quejan de que, por ejemplo, la Wikipedia la dominen en alto grado los progres. Pero, claro, es que ellos se molestan en escribir allí, y los otros son muy mayoritariamente pandas de vagos que se complacen en sus ideas, por lo general simples, y no sienten necesidad de crear opinión pública. No todos son así, por supuesto, pero por cada cien activistas de los progres apenas habrá diez de los contrarios. Nunca me ha desanimado bregar contra estos o los otros, pero constatar la pasividad de quienes aparentemente están de acuerdo conmigo me resulta deprimente. Y por eso mismo aprecio más a los pocos que tienen un espíritu más activo.
P. Da ud por supuesto que quienes opinan contra ud lo hacen de mala fe.
–En una proporción elevada es así. Por mala fe entiendo la etiqueta ideológica a un nivel muy bajo, bueno, el que hay. Luego está el hecho natural de que lo que les gusta a unos no les gusta a otros. La novela del Ateneo retrata en un plano satírico y humorístico los discursos “culturales” de los años 90, que hoy han ido a más. Al respecto se queda corto. Pero he encontrado incluso entre quienes más se han divertido con el relato, que no entendían el trasfondo ni la intención de, por ejemplo los discurso de Crevillente sobre el condón, Europa o la defecación en la vía pública. No entendían que ahí estaba el meollo del asunto. En parte también se debe a que la concepción de la sexualidad en España es muy simplona y a todo el mundo, incluso entre los más extremistas de derecha, le gusta presumir de su falta de prejuicios y de “estar de vuelta” de todo, a un nivel muy pedestre. Entre otras cosas, la novela expresa en tono cómico y discursivo la actual degradación de la sexualidad, en función de unos discursos alucinados con pretensiones intelectuales. Y eso se ve “natural” tanto en la izquierda como en la derecha. Fíjese en que toda la chifladura LGTBI apenas provoca réplica en la derecha, ni en la bizcochable, que dice ud ni en la otra. Lo ven como un asunto sin importancia, si es que no les parece bien.
P. ¿Tiene alguna relación esa novela con la anterior de Sonaron gritos y golpes? Si me dijeran que han sido escritas por dos personas diferentes, me lo creería.
–Las novelas son diferentes por completo, o quizá no tanto. Creo que en mí existe cierto sustrato griego que está presente, con mayor o menor acierto, en las dos. Usted recordará cómo en Las nubes Aristófanes se burla de Sócrates y los sofistas llevando sus discursos a ciertas conclusiones evidentes que ellos tratan de evitar. El método es parecido al de mi novela sobre el Ateneo. En cuanto a Sonaron gritos…, algunos han creído notar ciertas reminiscencias míticas, semejantes al mito de Edipo, unas semejanzas que me parecen erróneas, pero que, bien mirado, van en buena dirección. Siempre he dicho que lo que perjudica a la cultura española es la debilidad de su injerto griego, mucho más fuerte en la cultura francesa, inglesa o alemana. La cultura española es quizá excesivamente romana. Yo creo que el estudio o al menos el conocimiento de la Grecia clásica y del siglo de oro español deberían tener mucho relieve en la enseñanza. De ahí podría surgir incluso una renovación. En Adiós a un tiempo he contado cómo cuando, repitiendo curso en sexto de Bachillerato, Arturo, un amigo un tanto alcoholizado, y yo pasábamos mañanas en el café Derby de Vigo, ya desaparecido, traduciendo trozos de La Ilíada y cómo nos fascinaba su fuerza y belleza… Por entonces teníamos que traducir también trozos de La Eneida de Virgilio, que me disgustaba por su artificiosidad. Recuerdo que, muchos años más adelante, todavía en una clandestinidad ya solitaria, encontraba una especie de consuelo escuchando la música de Manos Jallidakis. Era una cinta de una chica con quien vivía entonces, que había convivido años antes con un griego en Grecia y se había traído la cinta. Me parecía escuchar sonidos del pasado clásico… En fin, yo relacionaría Sonaron gritos… con ese espíritu de Grecia. Otra cosa es que la novela haya resultado lograda o feliz, de eso ya no opino.
P. La novela del Ateneo es o pretende ser una burla sangrienta del actual ambiente progre, mientras que Sonaron gritos parece una exaltación de la época heroica del franquismo. ¿Se puede decir así?
–Si quita lo de sangrienta y lo de exaltación, posiblemente. La del erótico crimen es de los años 90 y la sátira hoy me parece muy suave, casi benévola. Hoy la haría mucho más dura. En cuanto a la otra, refleja o intenta reflejar, efectivamente la época heroica del franquismo, la de la lucha contra el frente popular, la guerra en Rusia y la lucha contra el maquis. Desde el primer momento me percaté de que no podía ser apreciada ni por las personas de mentalidad economicista, hoy tan frecuentes, ni por lo católicos tradicionales, cuyas versiones de entonces me parecen pesadas y a menudo hipócritas. Ni la trama ni los personajes corresponden en absoluto a los estereotipos creados por franquistas o antifranquistas. Dese cuenta de que la literatura de posguerra en España no ha explotado apenas aquella épica, que fue una épica real, o la ha explotado mal, o ha preferido versiones de costumbrismo cutre tipo Cela. Por consiguiente su público solo podía ser muy restringido, y me temo que incluso en ese medio ha sido mal comprendida mi novela, posiblemente por defectos míos.
https://www.youtube.com/watch?v=ORthBgPelQ0
https://www.youtube.com/watch?v=P1ueL5Vnqls
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