Masonería (VII) Ideales masónicos y política / Rajoy, la vieja bellaquería

Todo lo anterior tendría interés limitado si no fuera por la influencia social y política atribuida a la orden. Como vimos al principio, sobre ella abundan las opiniones más opuestas, desde quienes la dejan en un influjo puramente humanitario sin connotaciones de partido ni de religión particular, hasta quienes la definen como el centro operativo de casi todas las conmociones sufridas por la humanidad, al menos en Occidente,  en los últimos dos siglos y medio. Dejaré la exposición de algunos datos concretos para la próxima conferencia, ciñéndome ahora a la lógica interna del asunto. En principio, las Constituciones excluyen las discusiones políticas y declaran: “Un Masón es un súbdito pacífico de los poderes civiles, dondequiera que resida o trabaje y nunca debe implicarse en complots y conspiraciones contra la paz y el bienestar de la nación”. Es decir, el masón debe acomodarse al régimen en que viva, sea el que fuere, aunque, como siempre, esa declaración resulta demasiado simple para tomarla muy en serio.

La declaración se entiende mejor  cuando explica que en la Inglaterra del momento la orden vivía una época de prosperidad, por lo que resultaría inapropiada una actitud subversiva. Aun así, advierte, si un masón se comporta como rebelde contra el Estado, “se le debe mostrar compasión como a hombre infeliz”, pero no podrá ser expulsado por eso de la Fraternidad. Y es obvio que los masones tendrán alguna idea, derivada de su doctrina, sobre lo que conviene a “la paz y el bienestar de la nación”, por lo que no estarán muy cómodos con gobiernos que, a su juicio, vulneren esas conveniencias. Sería inverosímil que los políticos, intelectuales y militares masones no trasladasen sus principios al ejercicio del poder, aun suponiendo que obren por propia iniciativa y no por consignas de la orden. También sería inverosímil que no aprovechasen la red de contactos creada en las logias para acceder a puestos clave en el estado y la sociedad en general, sea para imponer sus propias creencias o para evitar que se impongan las contrarias. En ello, las Grandes Logias parecen obrar  de forma más flexible e indirecta que los Grandes Orientes, más abiertamente anticatólicos y orientados a la política.

Recordando que la masonería es una religión, aunque sea sui generis, diremos dos palabras sobre la relación entre religión y política. De siempre ha existido un lazo muy estrecho entre ambas, hasta el extremo de confundirse en el Islam o en el antiguo judaísmo. El cristianismo separa desde el principio el terreno de Dios y el del César, lo cual, en el catolicismo, se manifiesta en un centro religioso general, Roma, diferente y a veces en oposición a los gobiernos nacionales o imperiales cristianos. La distinción es menor en la Iglesia ortodoxa y durante un tiempo lo ha sido en los países protestantes, constituidos sobre el principio cuius regio eius religio, es decir, sobre la imposición de la fe del príncipe a los súbditos.  La dinámica del protestantismo, basada en el libre examen de la Biblia,  engendra divisiones, y la  misma masonería inglesa  podría entenderse, hasta cierto punto, como un producto del libre examen.

La necesidad de poner fin a las luchas y persecuciones entre grupos protestantes originó en Inglaterra la propuesta de la tolerancia (no aplicada a los católicos) que dio lugar finalmente a los estados aconfesionales. En estos, la política se independiza totalmente  de la religión, aunque ello ocurra  más en superficie que en profundidad. Durante siglos, las sociedades han sido impregnadas cultural y moralmente por la religión, y a sus concepciones no escapan los políticos y los partidos, cuyas propuestas prácticas tienen como trasfondo una concepción del mundo de raíz forzosamente religiosa, como ocurre con la moral. Pues las políticas, en cuanto se basan en principios indemostrables, que implican fe, tienen siempre un componente más o menos religioso. Lo que varía son las formas como se produce la interinfluencia entre religión y política.

Aparentemente los hijos de la Luz no tienen principios definidos en política, por lo que se adaptarían a diversas situaciones. Pero en realidad esos principios existen como proyección de su doctrina general, y se presentan como defensa de  los derechos humanos, la libertad y la democracia, y la consiguiente oposición a los regímenes que juzgan contrarios a ellos. El lema de la Revolución francesa  “Libertad, Igualdad, Fraternidad”, muy relacionado con el Gran Oriente, lo haya creado este o no, viene a resumir la orientación política masónica. Slogan de  extraordinaria fuerza sugestiva con el que, como ocurría con las invocaciones morales a la bondad, la honradez o la verdadera amistad,  nadie estaría en desacuerdo. De hecho, el cristianismo también pregona esas bondades y otras que cabría añadir, como Justicia, Misericordia, etc.

Pero analizado más de cerca, el lema, de apariencia simple, se embrolla. Si nadie podría oponerse, como ideal, a esos buenos deseos, tampoco nadie podría atribuírselos como bandera particular. Al hacerlo, se excluiría de la fraternidad a quienes discrepasen de la revolución o de la masonería, es decir,  de su particular concepción de la libertad o la igualdad. A los discrepantes no se les reconocería libertad ni igualdad, y en los períodos de mayor enconamiento, se trató de despojarlos también de sus bienes y hasta de sus vidas. Los derechos especificados en la célebre Declaración revolucionaria nunca fueron más pisoteados que entonces, también entre los propios revolucionarios, poco amigos unos de otros. Situación repetida en la España de los años 30.

Además esos ideales, tomados en abstracto, no son coherentes entre sí.  La libertad implica la diferenciación personal, por tanto  se opone a la igualdad; y ni de una ni de otra, y menos de su contradicción, brota fraternidad alguna. La propia masonería, con su neta distinción entre los  hijos de la Luz y los profanos sumidos en las tinieblas, tiene poco de  igualitaria o fraternal, salvo entre sus iniciados, y aun así con diferenciación de niveles, grados y secretos. En relación con la democracia reencontramos la contradicción de sus proclamas moralistas y filantrópicas o de su religión “de todos los hombres”: a duras penas imaginaríamos algo más contrario a la democracia, basada en la publicidad, que una sociedad secreta.  Y por su misma concepción orgánica, la masonería se presta extraordinariamente bien a la conspiración,  la manipulación y la acción oculta. Entra en la lógica que a los hijos de la Viuda busquen adueñarse de puestos clave  de poder e influencia social. Fue significativo que en las Olimpíadas últimas de Londres, en un país de historia y cultura cristianas, se prohibieran los signos religiosos, en ofensa a los derechos y libertad de las personas, pretextando que eran un motivo de conflicto (aparte de que la Olimpiadas, en Grecia, eran un acontecimiento religioso). No sería muy aventurado pensar que la masonería estuviera detrás de la prohibición o contribuyera a ella en coherencia con sus aspiraciones universalistas y prometeicas, tratando de relegar al ámbito privado la religión, es decir, las demás religiones.

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Mi segundo libro solo en formato electrónico

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La vieja miseria moral y política de Rajoy (en junio de 2006)

Parlotea el Gran Necio:

Hasta ahora, todos los gobiernos democráticos enfrentados a situaciones semejantes, le han explicado a ETA que debe abandonar las armas, que no recibirá ninguna contrapartida a cambio de dicho abandono, y que ninguna de sus reclamaciones políticas será atendida por ningún gobierno español”. No solo eso, señor Rajoy,   tampoco hubo nunca negociaciones conla ETA. Al menos, así se lo han explicado todos los gobiernos a los ciudadanos, mientras SÍ negociaban con los asesinos. ¿De qué negociarían?  No quiera tomarnos el pelo, señor Rajoy. Sólo Aznar cambió esa tónica, que tanto y tan bien ha alimentado a los terroristas.

“Los españoles llevamos treinta y ocho años demostrando que no estamos dispuestos a conceder una sola de las exigencias de los asesinos”. Los españoles, tal vez, pero ¿y los políticos? El plan de nuevos estatutos, ¿no es una inmensa concesión a las exigencias de los asesinos? Sigue usted tomándonos el pelo, señor Rajoy.

“En este contexto, señorías, el pasado 22 de marzo, ETA anunció un alto el fuego permanente. La respuesta del Partido Popular se podía dar por descontada: ofrecimos todo nuestro apoyo al gobierno para intentar confirmar esa buena noticia.” ¿Qué quiere decir esto? ¿Qué había que confirmar, si  la ETA había declarado el alto el fuego (siempre el perverso lenguaje  de los terroristas y sus compinches. No son un ejército, sino una banda de asesinos)? Además, la razón del alto el fuego no fue otra que los nuevos estatutos prácticamente secesionistas. ¿Qué significó, entonces, el apoyo del PP al gobierno?

“El Partido Popular, desde el primer momento, ha prestado un apoyo leal al Gobierno en los términos que establece el Pacto por las Libertades y contra el Terrorismo, es decir, un apoyo para lograr la disolución de la banda armada sin que mediara ninguna clase de contrapartida. En este sentido, el señor Rodríguez Zapatero manifestó públicamente su conformidad asegurando que no se pagaría ningún precio político por el cese de la violencia”.  No se sabe quién ha sido más desvergonzado, si Zapatero engañando al PP o el PP haciendo como que no se enteraba.

“Hemos guardado un silencio prudente para dar la oportunidad al Gobierno de explorar lo único que importa. Yo, personalmente, he sufrido numerosas críticas por ello. Pese a todo, señorías, he mantenido mi apoyo porque pensaba que estaba sirviendo a un bien superior, que así entendía yo la posibilidad de que ETA dejara las armas”. ¿Es un “bien superior” el abandono de las armas (siempre la perversión del lenguaje) a cambio de los estatutos?  ¿Es prudencia hacer como que se cree en el inmenso chanchullo que todo el mundo veía, pero sobre el cual el PP no alertaba a la población ni planteaba alternativa?  Rajoy ha sufrido críticas por cooperar, de hecho,  al engaño, y ha sido la presión popular, en todo caso, lo que le ha hecho cambiar de postura. Y está por ver hasta qué punto.

“¿A qué llamamos contrapartidas políticas? En estos tiempos que corren, conviene señorías que precisemos el alcance de todos los términos. Llamamos contrapartida a cualquier cosa que solicite ETA: desde la pasividad del fiscal hasta la independencia. Como regla, se puede señalar que toda exigencia de ETA-Batasuna es infundada y no debe ser atendida. La única mesa que ETA necesita es aquella en la que vaya a depositar sus armas.”   Nuevamente: ¿Y los estatutos? ¿No son contrapartidas políticas? ¿No los solicitóla ETA con el Plan Ibarreche-Ternera, y se le han concedido en el estatuto catalán y los que se anuncian? O  no se ha enterado el PP, como de tantas otras cosas?

De manera concreta, en nuestra propuesta se rechazan dos cosas: la autodeterminación, (sigue con el falso  lenguaje: se trata de la secesión), sea como fuere que la disfracen, porque no tiene cabida en nuestro ordenamiento jurídico (pero un ordenamiento jurídico puede cambiarse),  y cualquier pretensión sobre Navarra. El futuro de los navarros no tiene nada que ver con la existencia o la desaparición de ETA”.    No se rechazan, pues, unos estatutos anticonstitucionales, que, al parecer, no tienen nada que ver con la ETA o con el alto el fuego  de los gudaris. Y el futuro, como el presente de los navarros, sí puede tener mucho que ver con la política de los gobiernos respecto de la ETA.

“No me gusta esa insidia de proceso de paz porque desfigura la realidad a favor de los terroristas y juega sucio con los deseos de los españoles.” ¡Menos mal, ya era hora! Pero se queda corto, como suele: no existe tal proceso de paz, sino de destrucción dela Constitución. Y no por parte dela ETA, sino del gobierno. Tampoco acaba de percatarse de ello Rajoy

“Todos deseamos vivir en paz, pero no a cualquier precio (…) Lo que los españoles no aceptan ni aceptarán, es que se premie a los verdugos, que se les dé la razón, que se les sacrifiquen las víctimas, que se les entregue la libertad de los habitantes del País Vasco, que se pongan a su servicio las instituciones de la democracia. ¡Eso, señorías, jamás!”  Ya vivimos en paz, señor Rajoy, sigue usted cayendo en las trampas de estos golfos.  Y volvemos a lo mismo: los estatutos anticonstitucionales y secesionistas ¿entran en lo aceptable?

Pese a todas las fechorías de los actuales mandamases, ha sido el PP quien se ha venido desgastando en estos dos años. Ahora,  ruptura de relaciones con el gobierno. Parece, por fin, algo serio, suena bien, pero ya veremos en qué se concreta. Si se concreta en algo.

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(2012) Lo significativo en la agresión a Arcadi Espada no fue la actuación de los  comunistoides y proterroristas de ERC, sino la de la policía de la Generalitat, colaborando con ellos. Las conclusiones las puede extraer cualquiera.

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Masonería (VI) La moral / “El erótico crimen del Ateneo”

En un par de días estará publicado en Amazon  El erótico crimen del Ateneo, la novela negra como la vida misma que arrasa en el mundo.

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La masonería se presenta como una orden muy especial, cargada de un simbolismo moralista. Según afirma Anderson: “Las sociedades y Órdenes de los caballeros militares y también las religiosas han tomado de esta antigua Fraternidad (la masonería)  muchos de sus usos solemnes; porque ninguna de ellas estuvo mejor constituida, más decentemente instalada  ni observó con mayor fervor las leyes y obligaciones que los Aceptados (masones) en todos los tiempos”. Asimismo, después de señalar la obligación de  profesar la “religión de todos los hombres”,  adjudica a la masonería la tarea de “convertirse en Centro de unión y medio para conciliar una verdadera amistad entre personas que sin ella permanecerían a perpetua distancia”. Estas personas, iniciadas, serían “hombres buenos y verdaderos, de honor y honradez”. Uno de los objetivos de los ritos y secretos consiste, precisamente, en “desbastar”  el bloque de piedra, es decir, el carácter del adepto, perfeccionándolo moralmente.

Conviene detenerse en  lo dicho sobre la aspiración masónica a convertirse en una suprarreligión. Claramente, nadie podría mostrar desacuerdo con la bondad, el honor, la amistad o  la honradez exigidas por la orden,  pues son aspiraciones comunes a casi todos los seres humanos. Pero cabría disentir de la pretensión implícita de que alcanzar o culminar tales virtudes exija una iniciación en extraños misterios o que la “verdadera amistad” precise de una sociedad secreta. Por el contrario, de acuerdo con la “religión de todos los hombres”, tales virtudes nacerían espontáneamente de la humanidad.  Por otra parte, las mismas  son predicadas  por las religiones en general, con lo que la masonería resultaría superflua.  Debe observarse, además, que en el cristianismo la elaboración moral es mucho más compleja y depurada que los tópicos masónicos, cuyo “abstractismo y simplismo” condenaba el escritor italiano Croce.

Demos aquí un pequeño rodeo.  El ser humano vive inmerso en la esfera de la moral.  De ahí que los términos “inmoral” o “amoral”, con los que se califican determinadas conductas, resulten poco adecuados: el individuo se ve constreñido a justificar sus actos ante sí y ante los demás, a presentarlos como “buenos”, con uno u otro criterio. Y por eso el hombre es siempre moral, aunque se trate de una moral perversa o defectuosa. El relato de Adán y Eva podría interpretarse como el paso de la  inconsciente inocencia animal al reino de la moral, relacionado con la libertad,  la responsabilidad y la culpa. Pero el hombre no llega a comprender del todo el sentido de la moral, que en los mitos aparece como mandato de Dios o de los dioses frente a las  inclinaciones perversas. La tentativa humana de dominar la ciencia del bien y del mal fracasa lamentablemente en el Génesis.  No han faltado intentos, sin éxito hasta ahora, de establecer una moral plenamente racional, o científica. El racionalismo la relativiza, dejándola en producto de conveniencia de algún grupo o clase social o de los individuos en abstracto. Lo cual los anularía como mandatos de valor general. De esa dificultad o imposibilidad surgen varias tendencias, como la de sustituir la moral por la ley positiva, la cual, sin más raíz que la decisión política de supuestos representantes de cambiantes  mayorías, puede dar pie a aberraciones y a leyes totalitarias, como las nazis. Otra tendencia es la de una imposible vuelta al reino del instinto, de la inocencia animal, que el poeta useño Walt Whitman expresaba en un poema: “Podría irme a vivir con los animales, tan plácidos y satisfechos de sí mismos (…) No sudan ni gimen por su condición, no yacen despiertos en la oscuridad ni lloran sus pecados”.

Fácilmente se aprecia que  esa tensión hacia una imposible sociedad organizada al modo de los animales, sin culpa, por tanto sin libertad y sin moral, está en la raíz de las ilusiones utópicas y totalitarias. En la Nueva Atlántida de Bacon no existía el mal, gracias a un sistema social tecnicista,  y por ello tampoco podía existir el bien, reducido a mera retórica convencional sin contenido. En la masonería, la  moral deriva de su concepción  del hombre prometeico o técnico. Así, las Constituciones oponen la perfección moral lograda por los masones gracias a su conocimiento del Arte, a las  “épocas oscuras e iletradas”, ajenas al “Saber y la Geometría”. El mensaje es claro: el bien consiste en el saber y el mal en la ignorancia. Los masones poseen la Luz, la sabiduría esencial, y el común de  la Humanidad no.  Ideas similares cundieron durante la Ilustración, una de cuyas tendencias fue el culto, realmente religioso, a la razón, a la que no reconocía límites. Haré aquí una pequeña digresión sobre Bakunin,  uno de los fundadores del anarquismo. Su doctrina básica era: el mal es la ignorancia y el bien la sapiencia que él mismo se atribuía y quería transmitir a la humanidad, para liberarla. Por desgracia,  los ignorantes no acababan de apreciar sus ilustradas prédicas, y  Bakunin  adquirió una verdadera manía por crear sociedades secretas, para impulsar  la revolución manipulando a unas masas tercas en su ignorancia. En función del bien, según él lo concebía, justificó el  terrorismo, el bandidaje, el engaño sistemático, cualquier acto por criminal que lo considerasen… los ignorantes.  Llegó a promover sociedades secretas dentro de sociedades secretas en una deriva algo enloquecida. Cabe encontrar ahí la huella masónica, máxime cuanto que Bakunin alcanzó en la masonería el grado 32, uno de los más altos, según documentó el historiador anarquista Max Nettlau,

Desde luego, la ignorancia es un mal, pero quien reduce el mal a la ignorancia, atribuyéndose de paso el bien del conocimiento, muestra una arrogancia pasmosa. Nadie podría ni remotamente dominar el ámbito del conocimiento humano, técnico o no, ni prever adónde llegará o  qué  teorías tomadas por verdaderas en un momento dado quedarán luego descartadas  por falsas o insuficientes. Como toda arrogancia, esta es en sí misma maligna. Aparte de que el conocimiento y la técnica pueden emplearse de forma malvada,  como por lo demás ocurre cotidianamente. Una vez más encontramos la trivialidad y la simpleza bajo la capa del secretismo y el misterio.

Debemos preguntarnos por qué entran en la masonería personajes de alto nivel intelectual, relevantes en la política, la milicia, el pensamiento o las artes (aunque la masonería gusta de exagerar al respecto, por razones de prestigio).  Creo que el mismo carácter de la orden da algunas pistas.  Pertenecer a una élite inspirada y sapiente seduce a ciertos espíritus ingenuos o vanidosos, no necesariamente estúpidos. Para otros, la Fraternidad da salida a un ansia  natural de perfeccionarse y entender los misterios de la vida. No faltan razones prácticas: una organización así supone un poder social, y sirve muy bien como medio de promoción profesional o política a través de contactos opacos, pasando por encima de profanos con méritos  iguales o mayores. Esta acusación se hizo mucho durante la II República. En  el ejército se extendió el dicho: “¿Quién es masón? Quien se mete delante de ti en el escalafón”. En 1904 se produjo en  Francia un escándalo al saberse que el Gran Oriente había elaborado un fichero de los oficiales católicos en el ejército, a fin de impedirles acceder a puestos relevantes. Seguramente habrá habido muchas más maniobras semejantes que permanecen en la oscuridad. Una sociedad secreta se  presta especialmente bien a formar redes subterráneas informales con obligaciones fraternas y solidarias ocultas al público profano. La existencia de tales redes opacas no es una especulación, deriva de la propia naturaleza de la masonería.

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“Una hora con la Historia”: El Cid, figura emblemática de la Reconquista. https://www.youtube.com/watch?v=v465-dv-HTI&t=2s

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Por qué hay tan pocos demócratas.

En una reunión reciente, una señora, cargo menor en el PP, afirmó: “Yo no puedo aprobar el franquismo, porque fue una dictadura y no daba libertad a los individuos”. Le contesté: “Usted no es demócrata, claro”. Me miró con asombro y disgusto, y sin dejarla seguir, añadí algo parecido a esto:

“Un demócrata debe saber, en primer lugar, que el franquismo no tuvo oposición democrática, sino solo comunista o terrorista o terrorista-separatista. Había algunos que se decían demócratas que se dedicaban a intrigar un poco y a veces coqueteaban con los comunistas. Eso debe hacer reflexionar, para no hablar a tontas y a locas.

 ”En segundo lugar, ningún demócrata debe ignorar que Franco no derrotó a ninguna democracia, sino a una coalición de totalitarios, separatistas y golpistas. En el Frente Popular no había un solo demócrata, a no ser que ser demócrata consistiera en hacer el juego a totalitarios y separatistas, como hizo Azaña.

“En tercer lugar,  todo demócrata debe saber que la democracia no funciona sin ciertas condiciones. Es un régimen históricamente reciente, y fracasa en sociedades plagadas de miseria y odios, como fue la república. Porque la república aumentó mucho la miseria y la desigualdad, y para compensar generó unos odios sociales feroces, despotismos y violencias, hasta llegar a la guerra civil.

 ”En cuarto lugar, un demócrata debe distinguir entre libertad personal y las libertades políticas. Los vencedores de la guerra entendieron que en aquellas condiciones era imposible una democracia y  se necesitaba un régimen autoritario, una dictadura si la quiere llamar así.  Parece que casi nadie echaba en falta esa supuesta falta de libertad, menos los comunistas. La verdad es que el franquismo restringió las libertades políticas para que socialistas, comunistas y separatistas no volviesen a las andadas,  pero dejó una gran libertad personal y cultural. Tampoco fue un páramo cultural, mientras que el antifranquismo actual ha creado una jungla del embuste y la confusión.

 ”En  quinto lugar, el franquismo no solo venció a un peligro inminente de disgregación nacional, de destrucción de la cultura cristiana y de implantación de regímenes totalitarios,  sino que cumplió la función histórica de liberar a España de la miseria y de aquellos odios ideológicos anteriores. Es decir, hizo posible una democracia que funcionase. Fue aquel régimen y no sus enemigos, quien lo hizo posible, y solo por eso, cualquier demócrata serio debería venerar a aquel régimen, históricamente necesario. Los antifranquistas no era ni son demócratas, son los mayores enemigos de una convivencia en paz y en libertad. Ahora mismo se dedican a  recuperar los viejos odios  a base de falsificación histórica,  y amenazando las libertades, como hace  su propio partido, el PP.

“Por no seguir, en sexto lugar España ha accedido a la democracia por su propia evolución pacífica desde y no contra el franquismo. Nos debemos nuestras libertades a nosotros mismos. Casi todo el resto de Europa occidental se las debe a la intervención militar de Usa, especialmente a sus bombardeos aéreos, que algunos habrían querido traer aquí.

“He tratado estas cosas, de las que nadie quiere hablar, en dos libros: La guerra civil y los problemas de la democracia, y Los mitos del franquismo, que usted no ha leído, pero debiera”.

  La señora se salió por los cerros de Úbeda, como ocurre siempre en estos casos. Le dije: “Mientras usted no conozca estos hechos, no podrá ser demócrata. Y su partido no es democrático, aunque tenga millones de votos. La democracia es algo más que engañar a la gente para que le voten a uno. Porque quien prescinde de estos hechos históricos engaña necesariamente a la gente”. Y así estamos.

los mitos del franquismo-pio moa-9788490603499La guerra civil y los problemas de la democracia en España (Nuevo Ensayo)

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Lo que todo demócrata debe saber / Masonería (V) El secreto básico

 

En una reunión reciente, una señora, cargo menor en el PP, afirmó: “Yo no puedo aprobar el franquismo, porque fue una dictadura y no daba libertad a los individuos”. Le contesté: “Usted no es demócrata, claro”. Me miró con asombro y disgusto, y sin dejarla seguir, añadí algo parecido a esto:

“Un demócrata debe saber, en primer lugar, que el franquismo no tuvo oposición democrática, sino solo comunista o terrorista o terrorista-separatista. Había algunos que se decían demócratas que se dedicaban a intrigar un poco y a veces coqueteaban con los comunistas. Eso debe hacer reflexionar, para no hablar a tontas y a locas.

 ”En segundo lugar, ningún demócrata debe ignorar que Franco no derrotó a ninguna democracia, sino a una coalición de totalitarios, separatistas y golpistas. En el Frente Popular no había un solo demócrata, a no ser que ser demócrata consistiera en hacer el juego a totalitarios y separatistas, como hizo Azaña. 

“En tercer lugar,  todo demócrata debe saber que la democracia no funciona sin ciertas condiciones. Es un régimen históricamente reciente, y fracasa en sociedades plagadas de miseria y odios, como fue la república. Porque la república aumentó mucho la miseria y la desigualdad, y para compensar generó unos odios sociales feroces, despotismos y violencias, hasta llegar a la guerra civil.

 ”En cuarto lugar, un demócrata debe distinguir entre libertad personal y las libertades políticas. Los vencedores de la guerra entendieron que en aquellas condiciones era imposible una democracia y  se necesitaba un régimen autoritario, una dictadura si la quiere llamar así.  Parece que casi nadie echaba en falta esa supuesta falta de libertad, menos los comunistas. La verdad es que el franquismo restringió las libertades políticas para que socialistas, comunistas y separatistas no volviesen a las andadas,  pero dejó una gran libertad personal y cultural. Tampoco fue un páramo cultural, mientras que el antifranquismo actual ha creado una jungla del embuste y la confusión.

 ”En  quinto lugar, el franquismo no solo venció a un peligro inminente de disgregación nacional, de destrucción de la cultura cristiana y de implantación de regímenes totalitarios,  sino que cumplió la función histórica de liberar a España de la miseria y de aquellos odios ideológicos anteriores. Es decir, hizo posible una democracia que funcionase. Fue aquel régimen y no sus enemigos, quien lo hizo posible, y solo por eso, cualquier demócrata serio debería venerar a aquel régimen, históricamente necesario. Los antifranquistas no era ni son demócratas, son los mayores enemigos de una convivencia en paz y en libertad. Ahora mismo se dedican a  recuperar los viejos odios  a base de falsificación histórica,  y amenazando las libertades, como hace  su propio partido, el PP.

“Por no seguir, en sexto lugar España ha accedido a la democracia por su propia evolución pacífica desde y no contra el franquismo. Nos debemos nuestras libertades a nosotros mismos. Casi todo el resto de Europa occidental se las debe a la intervención militar de Usa, especialmente a sus bombardeos aéreos, que algunos habrían querido traer aquí.

“He tratado estas cosas, de las que nadie quiere hablar, en dos libros: La guerra civil y los problemas de la democracia, y Los mitos del franquismo, que usted no ha leído, pero debiera”.

  La señora se salió por los cerros de Úbeda, como ocurre siempre en estos casos. Le dije: “Mientras usted no conozca estos hechos, no podrá ser demócrata. Y su partido no es democrático, aunque tenga millones de votos. La democracia es algo más que engañar a la gente para que le voten a uno. Porque quien prescinde de estos hechos históricos engaña necesariamente a la gente”. Y así estamos.

los mitos del franquismo-pio moa-9788490603499La guerra civil y los problemas de la democracia en España (Nuevo Ensayo)

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El relato de Anderson  abarca hasta su época, pero creo que lo expuesto permite aclarar un rasgo clave de la neorreligión masónica. El ser humano ha sido definido de muchos formas, como animal racional, animal moral, animal político etc. Aquí figura como “animal técnico”, capaz de utilizar la naturaleza en su beneficio y de satisfacer así sus deseos.  Se trata de  una concepción esencial  que hallamos también en el marxismo, en alguna rama del liberalismo y en diversas ideologías, aunque en religiones de otro tipo aparece como un peligro esencial de  la condición humana. Así en el mito de Prometeo o, de otro modo, en el Génesis, por lo que me extenderé un poco al respecto. Prometeo es un titán, hijo de la tierra,  y en una versión crea a los hombres con barro, mientras que en otra se limita a traspasarles la técnica (el fuego) y les enseña  menospreciar y burlarse de los dioses. Finalmente, Zeus lo castiga encadenándole a una roca y enviándole un águila que todos los días le devora el hígado. Suele verse en el titán a un benefactor de la humanidad, y en los dioses a tiranos celosos de la capacidad  humana, que lo castigan injustamente.  Paul Diel ofrece, en El simbolismo en la mitología griega,  una interpretación que suena más coherente y profunda. La técnica permite al hombre mejorar su situación material, pero es inútil para dar un sentido a su vida. Ese sentido aparece en los mitos como algo en parte misterioso vinculado a los dioses.  Cuando esta limitación de la técnica es pasada por alto y  el bienestar material se convierte en el objetivo total del ser humano,  la vida se trivializa y genera mil conflictos, agravados por el poder técnico,  porque los deseos humanos suelen ser contradictorios en sí mismos, y opuestos entre unas personas y otras. Además,  la limitada capacidad humana de previsión no logra captar las consecuencias últimas de sus actos, hecho que refleja el mito hermanando a Prometeo,  El previsor, con Epimeteo, El que piensa tarde: las dos caras del pensamiento humano.

De este modo la técnica y el bienestar material derivado, concebidos como el objetivo esencial de la vida y no como subordinados al espíritu, figurado en los dioses, se convertirían en fuente de males, representados por la Caja de Pandora. La estéril  roca a la que es encadenado Prometeo simboliza su propia elección exclusiva por los bienes terrestres, por los bienes materiales y la consiguiente trivialización de la vida. Y al devorar el hígado del titán, el águila, enviada del espíritu clarividente que se eleva sobre la tierra, figuraría el remordimiento por la pérdida de una vida más elevada. En fin, Prometeo representaría el peligro humano de elegir en exclusiva o primordialmente los bienes terrestres y despreciar al espíritu. No abordo aquí la distinción entre materia y espíritu, que todo el mundo intuye aunque sea difícil de explicitar y haya generado tanto debate; aunque un ejemplo algo tosco ayudaría a ello: desde el punto de vista material, un libro es una cantidad de papel y de tinta, con un volumen, forma y masa fácilmente medibles. Desde otro punto de vista, es solo el continente de un mensaje o intención, expuesto en las complicadas disposiciones de la tinta, aunque estas por sí mismas no signifiquen nada. Cada unidad de libro es materialmente única y el total cuantificable, pero el contenido no es medible. El Quijote, por ejemplo, es siempre uno aunque se presente en millones de ejemplares y en formas y aspectos materiales muy diversos. Quizá podamos captar con esto algo de la diferencia.

Y en el relato del Génesis el hombre, hecho de barro, tiende al barro, a la materia contra el espíritu, tendencia representada por la tentación de la serpiente, que se arrastra por el suelo: le promete que desobedeciendo al mandato de Dios se hará igual a este. La semejanza de fondo con el mito de Prometeo ha sido subrayada por Paul Diel.  No voy a adentrarme más en la cuestión, pues solo quiero poner de relieve el carácter prometeico de la masonería, una religión y una mística de la materia y la técnica. No existe para ella la tensión y el conflicto del alma humana entre el espíritu (la divinidad) y la materia, ni propiamente entre el bien y el mal. El ser humano es un ser técnico que encuentra la plena satisfacción de la vida en el conocimiento y el desarrollo de conocimientos científico-técnicos en un progreso indefinido. No existe en la masonería la oposición entre Zeus y Prometeo o entre Dios y Lucifer, el “portador de luz”. El Gran Arquitecto figura al mismo tiempo como Dios y Lucifer o Prometeo.

Habíamos caracterizado a la masonería como una religión gnóstica, de las que ha habido muchas, pero debe anotarse una particularidad. La mayoría de los gnosticismos oponen radicalmente el espíritu a la materia y condenan esta última como foco de todas las corrupciones y sufrimientos, llegando incluso a proponer el suicidio y a mirar a Jesucristo como el espíritu del mal, por haberse encarnado. El gnosticismo masónico toma el rumbo contrario, al  exaltar la técnica, la materia como la fuente del significado de la vida. Pero siempre con los mismos rasgos ocultistas e iniciáticos. Sus templos se llaman logias, en el espíritu de la arquitectura, esto es, de la técnica.

Dicho en otras palabras, la masonería deposita su fe en los que llama el Arte o el Arte Real,  la técnica en definitiva, y con arreglo a esa fe moldea la concepción misma de la divinidad. Algo que otras religiones, en especial el cristianismo, repito, ven como un peligro esencial del alma humana. Creo que el secreto básico de la masonería, del que derivan los demás, reside justamente en esa concepción de fondo, acaso no muy consciente para muchos de los mismos hijos de la luz.  

Cabe señalar que la Masonería entra en una tradición intelectual algo más antigua, en la que Francis Bacon marca un hito fundamental con su novela utopista Nueva Atlántida. Se trata de una isla con una sociedad esplendorosa, cristiana aunque de un cristianismo sui generis,  en la que prácticamente está excluido el mal. Una sociedad   integrada por gentes “generosas e ilustradas, dignas, castas y piadosas  y llenas de espíritu público”. A su cabeza, por encima incluso del estado, se encuentra la Casa de Salomón dedicada a  la investigación científica y técnica y que decide qué inventos y hallazgos difundir y cuáles no, incluso por encima de los responsables políticos. Salvo que la masonería no se dedica a la investigación científica, encontramos en la Nueva Atlántida ciertas similitudes con ella: una religión de la técnica, que estaría tanto por encima de las demás religiones como de los estados, según veremos. Algunos creen a Bacon miembro de la  sociedad secreta de los rosacruces.

Aquí llegados, debe recordarse que, si bien hay diversas masonerías, las dos mayores son las Grandes Logias, de origen y orientación inglesa, y los Grandes Orientes, nacidos  en Francia. El Gran Oriente de Francia,  fue fundada por  masones ingleses, separándose progresivamente de las Grandes Logias en tres puntos: en 1877 suprimió las menciones a Dios, admitiendo a ateos, que llegaron a tener un papel relevante. Ello provocó cierto escándalo  y un pequeño cisma. En segundo lugar, admitió las discusiones políticas directas en el seno de las logias,  prohibidas en la corriente inglesa.  Finalmente, y también contra los reglamentos ingleses, aceptó ocasionalmente a algunas mujeres, aunque sin permitir su iniciación hasta muy recientemente, en 2010. Con todo, ambos grupos se reconocen entre sí como masónicos. Oficialmente, el Gran Oriente se dedica a “la búsqueda de la verdad, la investigación moral y la solidaridad”, al tiempo que preconiza un laicismo que los católicos sienten como extremo y agresivo.

 

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Masonería (IV) El mito masónico /La memez extrema de Rajoy

Adiós a un tiempo: Recuerdos sueltos, relatos de viajes y poemas

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¿Cuáles son, entonces, los secretos cuya celosa  posesión se atribuye la masonería? Parecen variados, pero creo que el fondo de ellos se encuentra en su  doctrina, cuyo fundamento vienen a ser  las llamadas Constituciones de Anderson, que datan de 1723 y a las que me referiré de preferencia.  James Anderson era un pastor protestante escocés, y sus Constituciones  incluyen un relato pretendidamente histórico, seguido de las “leyes, obligaciones, ordenanzas, reglamentos y usos” de la orden (Citaré de la traducción hecha por Ricardo de la Cierva en su referida obra  El triple secreto de la Masonería).

Lo primero que llama la atención en esas Constituciones es su actitud hacia la religión. Un masón, dicen,  “nunca será un estúpido ateo ni un libertino irreligioso”. Por tanto, debe ser un hombre religioso. Pero ¿de qué religión? El documento advierte que antaño, es decir, en tiempos de los albañiles, cada masón debía profesar la religión imperante en su país; pero en la actualidad debían “obligarse solo a la religión en la cual coinciden todos los hombres, dejando sus particulares opiniones a ellos mismos”. Por tanto, la Fraternidad se arroga la definición y profesión de la religión universal,  situándose en el mismo golpe por encima de las demás  religiones y sin oponerse en apariencia a ninguna de ellas. Nueva contradicción, pues el cristianismo se proclama también universal y por tanto en conflicto con la religión de Anderson; y lo mismo puede decirse de otros credos. Además, al  profesar una religión “para todos los hombres” queda sin declarar, pero implícita, la orientación de sustituir a las demás religiones, consideradas particulares y relegadas al campo de la opinión privada. Su dinámica tendería a diluir poco a poco las religiones no masónicas. Aún más sorprendente es otra contradicción: la suprarreligión masónica, supuestamente común a todos los hombres, solo sería accesible en realidad a los miembros de la orden, previa iniciación. Se trata, por tanto, de una religión iniciática reservada a grupos iluminados acerca de determinados arcanos, algo típico de las llamadas sectas gnósticas.

Salta a la vista el choque con el cristianismo, sobre todo en su versión católica, pues este ha rechazado siempre las sectas ocultistas, las sociedades secretas y  las tendencias gnósticas: el conocimiento de la verdad religiosa y la salvación deben estar abiertas a todos los seres humanos y no a miembros de  algún grupo conocedor de supuestos secretos  inaccesibles al  vulgo y de relaciones ocultas entre sí. Por tanto, la masonería solo podía ser mirada con máxima reserva inicial y pronta condena por Roma. Pero la contradicción mengua en el caso del protestantismo. Anderson era pastor protestante y la orden empezó a tomar cuerpo en las protestantes Escocia e Inglaterra, para generar luego otro foco en Francia. Lutero estableció que no existía libertad para salvarse o condenarse, pues las obras humanas carecían de valor a tal fin. Desde la eternidad, Dios había decidido quiénes se salvarían y quiénes se condenarían. La idea de que los elegidos para la salvación podrían reconocerse entre sí y formar grupo aparte, surge de forma espontánea. Esta concepción es reminiscente a su vez de la de “pueblo elegido” que se atribuían los judíos. Y Anderson afirma –obviamente sin la menor prueba, como en casi todo lo demás–  que, al menos en la antigüedad, los judíos eran un pueblo íntegramente compuesto de masones, dueños de los secretos propios de la orden.

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Como otras religiones, la masónica incluye una fe, expresada en el mito; un culto, expresado en el rito, ya mencionado; un templo, la logia; y una moral, que veremos luego. Las Constituciones empiezan por una introducción histórica bastante larga. A menudo se ha resaltado su carácter disparatado como historia racional, pero a mi juicio esa crítica no da del todo en el blanco, pues el relato no busca tanto establecer una historia real como un mito. La palabra mito se utiliza en muchos sentidos, desde el de simple embuste  al aquí empleado, como relato fundacional-explicativo del sentido de la vida o de hechos generales, con proyección moral y psicológica. A nuestra razón se le escapa la razón de ser de las cosas, el sentido del mundo y de la vida,  pero nuestra psique no acepta el caos de una vida sin significado que le llevaría a la desesperación y la amoralidad. Así, el mito viene a constituir el núcleo de las religiones. Puede tener base histórica o racional, pero la  trasciende. Creo, aunque no voy a desarrollar el tema, que Cicerón decía una verdad al señalar que todos los pueblos creen en dioses, fuerte indicio de que el ser humano es por naturaleza religioso, sea en un sentido animista, politeísta o monoteísta. El mito exige fe, que es una forma particular de creencia, dado que el sentido último de las cosas escapa a nuestra capacidad mental. También es verdad que siempre ha habido ateos, pero quienes en nuestros días se proclaman tales, suelen depositar su fe en algún concepto que opera psicológicamente de modo similar a la divinidad, dando sentido a la vida: la Ciencia, la Razón, la Humanidad,  el Proletariado, el Progreso, la Ecología, etc. Así consideradas,  todas esas ideologías incluyen al menos cierto sentimiento religioso, pues aunque pretendan apoyarse en la razón o la ciencia, atribuyen a ambas unas  virtudes salvíficas indemostrables.

Enfocada así,  la Historia mítica de Anderson tiene el mayor interés. Parte de la Biblia, si bien, de acuerdo con el libre examen protestante, la interpreta de un modo peculiar y pasa por alto a Jesús. Dios aparece como “el Gran Arquitecto del Universo”. Esta idea se comprende como metáfora ingenua de un gremio de albañiles, pero cuando la masonería toma carácter más intelectual, su alcance es mucho mayor y un tanto ambiguo. Un arquitecto trabaja con normas, leyes y materiales distintos y previos a él, con lo que se introduce implícitamente una concepción de la divinidad diferente de la del Dios Creador de la Biblia y del cristianismo, y limita la visión del mundo a la de una arquitectura, cosa solo aceptable como metáfora gremial. El Gran Arquitecto habría infundido en Adán ese conocimiento de las “Ciencias liberales y especialmente de la Geometría”, haciendo de él el primer masón. Y Adán  habría transmitido esas ciencias a sus hijos, entre quienes menciona Anderson a Caín y  a Set, cada uno de ellos “Príncipe de la mitad de la Humanidad”, sin explicar la diferencia entre uno y otro.  Todos ellos resultan ser “masones”, pero  sería la estirpe de Caín  (cuyo asesinato primordial no es mencionado ni se le atribuye significación alguna) la que mejorase “la noble Ciencia y el útil Arte”: el trabajo del metal, la música, la ganadería, la construcción de tiendas, la arquitectura. Da la impresión, no muy clara, de que la masonería se identifica de preferencia con Caín.

Después del Diluvio, los sucesores de Noé (otro gran masón, dice Anderson) construyeron la “prodigiosa torre” de Babel, a partir de la cual los hombres se dispersaron y diversificaron sus lenguas. Y aunque al principio permanecieron los conocimientos masónicos en las ciencias, artes y geometría, estos fueron perdiéndose, salvo para grupos de sabios, a quienes se deben las construcciones de Mesopotamia y Egipto. Posteriormente, los judíos constituyeron un pueblo íntegro de masones, como señalé antes, con Abraham y Moisés, masones a su turno.  Su obra capital  sería el templo de Salomón, presentado por Anderson con extraordinaria fantasía, y cuyo mérito principal atribuye al fenicio Hiram Abif, hijo de una viuda judía (de ahí que, por identificación,  los masones suelan llamarse “hijos de la viuda”). Hiram habría sido el más grande maestro masón que haya existido, y sobre él y su asesinato construyó la masonería a su vez un mito  simbólico. Las Constituciones están escritas para los adeptos, pero aun así está presente en ellas el secretismo con avisos de que “no conviene  hablar con mayor claridad de estos asuntos, excepto dentro de una Logia formada”,  de “no mencionar” más que algunos hechos parciales, etc.

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Al paso.

*El padre de la mujer de Sánchez regentaba un burdel para homosexuales. ¿Por qué los medios no se extienden sobre el asunto? Porque los medios también participan del negocio de la prostitución, desde que empezó “El País”.

*El PP de Rajoy-Casado mantiene la proclamación del orate antiespañol Blas Infante como “padre de la patria andaluza”

*El PP de Rajoy- Casado sigue en Galicia, Baleares y ha seguido en Valencia, la misma política contra el español que los separatistas. El “voto útil”

*El Valle de los Caídos es un monumento franquista, un monumento a la reconciliación sobre la base de la victoria sobre los separatismos y totalitarismos. A ver si ahora vamos a cambiar la historia igual que la izquierda.

*El mayor insulto que han recibido los andaluces ya en el transición, fue el acuerdo de los nuevos mangantes de la política para declarar a Blas Infante, un orate excepcionalmente estúpido, “padre de la patria andaluza”

*Algunos militares-chusma del estilo de los de Maduro, tratan de perseguir a los firmantes del manifiesto contra las fechorías del gobierno en relación con Franco.

*El PP es tan abortista, LGTBI, proseparatista y memoria histórica como el PSOE.

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Rajoy (escrito en octubre de 2012)

Hace meses discutía con Cristina Losada y Pepe García Domínguez sobre la inteligencia de Rajoy. Inteligencia política, se entiende. Mi punto de vista, frente al de ellos, era que se trata de un auténtico memo. Pasa como con su honradez (también política) que simplemente no existe. Les recordaba  la necia chulería del personaje  tratando de dar a los españoles la impresión de que había impuesto a Bruselas y a Berlín tales o cuales préstamos sin condiciones para sanear la economía, y cómo pronto quedó claro que quien mandaba en realidad eran Berlín y el BCE. O, antes en la oposición, sus “repentes”  cortando relaciones con El País o con el gobierno de Zapatero para volver a los pocos días pidiendo árnica  con el rabo entre las piernas . O la traición a sus propias movilizaciones, como la del estatuto ilegal de Cataluña. O su incapacidad para aprovechar los errores del gobierno socialista y su capacidad, en cambio,  para llevar a la nada el movimiento ciudadano contra la colaboración con el terrorismo. O su oposición de boquilla a la Constitución del siniestro  Giscard d’Estaing  para a continuación darle su apoyo,pese a que mermaba notablemente  la voz de España en la UE. O su aserto de que la economía lo es todo, propio de un simple. Y así podría seguir con las genialidades de este necio integral. Necio o algo peor.

Rajoy ha engañado todo el tiempo a sus votantes (bien es verdad que a estos les encanta que les engañen), ha mentido más que Zapatero en mucho menos tiempo y ha demostrado que el voto al PP, lejos de ser el “voto útil”, como pregonan los genios de la política, es el más inútil posible, pues sirve para mantener la política zapateril. A lo mejor se refieren a ese tipo de inteligencia, la del pícaro, quienes le creen muy listo y muy “gallego” (¡toma castaña!)

Hace poco, Mas se puso abiertamente fuera de la ley. El memo de la Moncloa dijo que aplicaría la Constitución, para hacer a continuación todo lo contrario, seguirle el juego al delincuente.  A continuación va a hablar con él y sale diciendo que “había tratado de la economía, lo que realmente importa”. ¿Cómo calificar al sujeto? Y ahora parece que ha encargado a Arenas la tanda de parloteo con Mas. Arenas, el de la “realidad nacional andaluza”, el que venera al orate Blas Infante como “padre de la patria andaluza”. El más adecuado para entenderse con Mas. Qué desgracia tiene España con sus políticos.

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Masonería (III) Contradicciones chocantes / “De comunista a teóloga”

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Las ceremonias masónicas buscan, evidentemente, impresionar y ejercer una fuerte sugestión sobre el nuevo adepto,  haciéndole sentirse miembro de una Fraternidad dotada de conocimientos muy fuera de lo común,  y del consiguiente poder.  Los masones atribuyen a sus ritos un profundo simbolismo y los toman plenamente en serio, aunque no todos, como vimos con Azaña. Y debe admitirse que para una sociedad  dedicada a defender la razón  resultan muy poco racionales, una contradicción que encontraremos a menudo. Y destaca en ellas una especie de culto casi (o sin casi) obsesivo al secreto. Además, los secretos van ampliándose conforme se sube de grado. Las diversas masonerías operan con distinto número de grados o jerarquías, pero  el rito más extendido,  el  Escocés Antiguo y Aceptado, abarca 33,  que van desde los tres inferiores o simbólicos a los tres superiores o sublimes. Los nombres de muchos de estos grados son curiosos: “Maestro secreto”, “Secretario íntimo”, “Sublime Caballero Elegido”, “Caballero de Oriente y Occidente”, “Caballero Rosa Cruz”, “Príncipe de Jerusalén”, “Caballero Kadosh”, etc. Los tres grados superiores, “Gran Inspector Inquisidor Comendador”, “Sublime y Valiente Príncipe del Real Secreto”,  y “Soberano Gran Inspector General” gobernarían a los inferiores. Ricardo de la Cierva cree que conforme se sube en la jerarquía se vuelve más preciso el carácter  anticristiano y pagano que achaca a la orden, hasta culminar en el rito del Arco Real. No entro aquí en cuestiones accesorias como las influencias atribuidas a los templarios, o a otras sociedades secretas como los Illuminati o los rosacruces, que han dado lugar a mucha especulación, en buena parte arbitraria.

Pero ¿cuáles son los misterios y privilegios que tan celosamente guarda la orden y que debieran llevar “la luz” a los iniciados? “El secreto de la masonería consiste en que no tiene secreto”, han dicho algunos, con frase ingeniosa y despistante, pero sin significado: o lo tiene, o no lo tiene. Aparentemente el núcleo misterioso es lo que llaman el Arte, compuesto de recomendaciones éticas un tanto banales, y orientaciones para desarrollar una personalidad moralmente elevada. Así, al candidato se le presentan las herramientas: el calibre de 24 pulgadas, el martillo común y el cepillo. “El calibre para medir nuestro trabajo, el martillo para arrancar a golpes los nudos y excrecencias superfluos; y el cepillo para alisar y preparar la piedra y hacerla apta para las manos de un trabajador más experto. Pero nosotros (…) aplicamos estas herramientas a nuestra moral. Las 24 pulgadas representan las veinticuatro horas del día que, deben emplearse parcialmente en el rezo al Dios todopoderoso; dedicarse en parte al trabajo y al recreo; y en parte a servir a un amigo o Hermano en situación de necesidad, sin detrimento nuestro o de nuestras relaciones. El martillo representa la fuerza de la conciencia, que debe repeler todos los pensamientos vanos e inconvenientes que puedan perturbarnos durante alguno de los períodos indicados; con el fin de que  nuestras palabras y acciones puedan ascender inmaculadas al Trono de la Gracia. El cepillo nos señala las ventajas de la educación, por la cual nos convertimos en miembros adaptados de una sociedad regularmente organizada”.

   Cuesta trabajo creer que tales cosas requieran tanto misterio. Y salta a la vista que una sociedad meramente filantrópica y humanitaria no precisa iniciaciones ni grados extraños u organismos secretos, como tampoco cultivar  una hermandad casi mística entre sus miembros, ni un aparato chocante de símbolos, atuendos, jergas y grados esotéricos, con preocupación extrema de evitar la curiosidad ajena. No hace falta mucha sagacidad para entender que hay ahí algo más que filantropía, razón y demás, y que una sociedad de ese estilo constituye por su naturaleza  un medio privilegiado para la conspiración, se produzca esta de hecho o no. Por ello no debe extrañar que la Masonería haya suscitado una densa prevención en medios muy variados.  La Iglesia la ha condenado por esa y otras razones, Franco la persiguió, los regímenes comunistas la han prohibido por ser una asociación burguesa, es decir, servidora de la explotación. También en medios protestantes ha suscitado  muchas reservas y oposición, pero en esos países ha gozado de mayor tolerancia, especialmente en Inglaterra y Usa, y también en Francia y en diversos regímenes latinoamericanos. El general Franco advirtió que la orden había desempeñado un papel patriótico en Inglaterra y en Francia,  apoyando los imperialismos de ambos países, pero que en España había sido esencialmente antiespañola. Ya hablaremos de ello. En todo caso, la influencia de la masonería en la historia de Europa y América desde la Ilustración es evidente.

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P. Uno de los relatos, de Adiós a un tiempo, “De comunista a teóloga”, ¿no puede aplicársele a ud mismo, que tantas vueltas da al problema de la religión? 

–Hombre, yo no soy teólogo. Esos asuntos me interesan, creo que deben interesar a todo aquel cuyo horizonte mental o moral no esté enteramente absorbido por las preocupaciones de cada día. La idea de Dios es curiosamente racional: el mundo, la vida, no pueden deberse su existencia a sí mismos, luego ha de haber una fuerza externa a ellos que los ha “creado”. Pero nosotros somos una parte de esa creación, limitados por las condiciones de la existencia, de modo que poco podemos decir de esa “fuerza” misteriosa a la que suele llamarse Dios. Escapa a las posibilidades de nuestra razón.

 P. En otro de sus relatos, ud habla de la impresión que les produjo a ud y una amiga suya, la vista de una puesta de sol desde lo alto de un pequeño yacimiento arqueológico prerromano. ¿Cómo explicarlo?

–Hay cosas que nos llevan a una sensación del “más allá”, de lo que está o parece estar por encima de lo que vemos y sentimos en nuestro entorno. La muerte, desde luego, el cielo estrellado, el ocaso… El ocaso impresiona porque con él “acaba el día”, acaba en cierto sentido la vida, puesto que nos entra el sueño y caemos en la inconsciencia. Y nos encontramos con esta doble paradoja: lo que ha existido a lo largo de la jornada y hemos visto y sentido, deja de existir, no sabemos adónde va, mientras que el nuevo día que esperamos aún no existe y nuestro control sobre él es mínimo, se basa en la mera costumbre… Uno puede imaginarse lo que podrían sentir aquellas gentes, que tan en contacto vivían con la naturaleza. Para el hombre de hoy,  la impresión es más difusa, porque vive en un medio urbano o urbanizado, y está muy intelectualizado, generalmente se hace una idea falsa de la ciencia. Pero la ciencia nos sitúa en un universo tan inimaginablemente gigantesco y extraño a nuestras percepciones habituales que parece volver insignificante nuestra existencia con todas sus preocupaciones, penas y alegrías y deseos.  En mi libro sobre Europa hablo un poco de eso: la idea de Dios aterroriza y angustia en cierto modo y muchos creen que la ciencia calma esos sentimientos, pero es al revés: parece privar de todo sentido nuestra existencia.

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P. En “De comunista a teóloga”, usted aprovecha para trazar una pintura de la vida de entonces entre el estudiantado progre, de “cachondeo” sexual y demás.

–Tiene algo de costumbrista. Los recuerdos no pretenden ser análisis políticos ni “teológicos”, aunque los aludan implícita o explícitamente. Como en el recuerdo sobre “el primer cementerio de Atenas”, así llamado…  No sé lo que realmente piensa aquella antigua comunista de Dios, es posible que se dedique a la chabacanería de “He visto a Dios, y es mujer y negra” y  bobadas por el  estilo, lo que llaman “teoría feminista”, etc. Y puede que no, claro, porque no volví a coincidir con ella.  Pero no entro ahí. La vida que llevábamos algunos o bastantes entonces creaba ciertas preocupaciones y tendencias y al mismo tiempo era producto de ellas. El fracaso de todo aquello, me refiero al marxismo, ha creado otras cosas.

 

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