**Feria del libro: “Los personajes de la República vistos por ellos mismos” “El derrumbe de la República” “La quiebra de la historia progresista” en caseta 237 (Encuentro)
**Caseta 176, Feria del Libro: “Sonaron gritos y golpes”, “Años de hierro”, “Los mitos de la Guerra Civil” (“La esfera de los libros”)
**”Los mitos del franquismo”, “Nueva historia de España”, “Europa, una introducción a su historia”, en caseta 176
“La guerra civil y la democracia en España”, “De un tiempo y de un país” (memorias), “Los orígenes de la guerra civil”, caseta 237
***Contra la leyenda de un islam culto destruyendo a unos visigodos bárbaros, la cultura en la nación hispanogoda fue muy importante. Y arrasada por los invasores: https://www.youtube.com/watch?v=DGNH4D2w80w&t=2s
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(Viene de la entrada “Fachas y progres”)
R … Considero mi trabajo como historiador concluido en lo esencial. Puedo parecer un tanto soberbio, pero creo que ha sido la labor historiográfica más importante y completa acometida en España en muchos decenios. He clarificado temas básicos sobre los que había mucha confusión y falsificación, y he enlazado constantemente con las evoluciones de Europa, cosa que la historiografía española casi nunca ha hecho o no lo ha hecho adecuadamente. Debido a su provincianismo, sobre todo, y al pésimo estado de la universidad en este terreno. Me río, con un poco de lástima, cuando unos historiadores mediocrísimos me niegan el título de historiador, porque creen que es un título que ellos otorgan y no el resultado de un trabajo concreto e independiente. Ciertamente me ningunean y causan cierto daño, pero el daño mayor es para la universidad, para la academia, ya he hablado de ello. En fin, por mi parte empecé por la república y la guerra civil, luego por los separatismos, sobre los que no había nada con visión global, aunque hubiera trabajos interesantes centrados en uno u otro separatismo Seguí con la posguerra y la transición y el franquismo, finalmente con la historia general de España y con la introducción a la historia de Europa. Creo, insisto, que ningún historiador español actual puede ofrecer un trabajo de tal alcance. Bueno, si ud conoce alguno…
Parece que no tiene ud abuela, y que fuera de sus trabajos no hay nada.
R. Los que dicen que mis trabajos no valen, deberían tenerlo muy fácil para demostrarlo y compararlo con los suyos propios. Por supuesto, no lo hacen, aunque espero y deseo que lo intenten de todas formas. Tienen pánico al debate, lo eluden con exhibiciones de una soberbia pueril, y es una verdadera pena, por lo mal que dejan a la universidad. Pero no quiero repetir lo evidente. En la universidad se hacen trabajos buenos y concienzudos en temas particulares, algunos muy buenos. Pero se trata muy a menudo de una visión por así decir burocrática de la historia, con mucha documentación y poco análisis, y con muchos árboles que ocultan el bosque, y además sesgados por la hegemonía “progre” en las aulas. Es una pena, pero hoy por hoy es así. Hay que decir que algunos historiadores son realmente burócratas universitarios, tienen esa mentalidad, y eso condiciona su enfoque del pasado.
No va usted a escribir más de historia, entonces.
R. Lo he anunciado más de una vez, y luego no lo he cumplido. Últimamente me atrae una historia de la II Guerra Mundial. En mi libro sobre Europa he esbozado una explicación de ella, una guerra de importancia histórica solo comparable a la II Guerra Púnica. La guerra de Aníbal marca el nacimiento de la civilización europea, y la segunda mundial marca el fin de ella. Esto me parece cada vez más claro. Con esta última guerra, Europa perdió su dominio político y militar sobre una gran parte del planeta, también quedó dividida en dos grandes zonas de protectorado, soviética y useña. Y aunque tanto Usa como la URSS están estrechamente relacionados con la cultura europea, son también otra cosa. Pero aún más importante es que Europa perdió su posición como fuente principal del pensamiento, el arte y la ciencia, quedando relegada desde entonces a un papel secundario, dependiente, y, peor aún, pesimista y un tanto destructivo. Solo la economía ha ido bastante bien, pero en la introducción a Europa insisto en que la economía no es la raíz fundamental de la civilización, sino un derivado de ella. La interpretación económica de la historia y la cultura creo que es en sí misma una muestra de declive intelectual o espiritual, es un arrasamiento de la cultura. Pero, claro, eso tiene que ser elaborado a fondo, no puede quedar en una mera intuición o impresión general.
Usted, sin embargo, ha hablado del franquismo en un tono increíblemente laudatorio frente a un panorama europeo que pinta con colores tan negros.
R. El franquismo tuvo muchas cosas a su favor: derrotó a todos sus muy peligrosos enemigos internos y externos y creó una sociedad nueva y en muchos aspectos espléndida. Sin embargo colapsó, fundamentalmente por falta de un discurso ideológico fuerte. No creo que pueda volver, pero sus éxitos sugieren que entre sus ruinas pueden encontrarse muchos elementos valiosos, como vengo diciendo, valiosos para la situación social e internacional actual. Tenga en cuenta que no participó en la guerra mundial, y eso es ya mucho…
Pese a lo cual, ud luchó contra él. ¿Se arrepiente?
R. No me arrepiento. Y aunque me arrepintiese, ello no cambiaría nada. Por otra parte no tengo mal recuerdo de aquella lucha, sin llegar a decir que fuera feliz. Al margen o en relación con la ideología, que hoy me parece una monstruosidad, había la camaradería, el peligro, la impresión de estar luchando contra un enemigo mil veces más potente y que, sin embargo, no lograba aplastarnos. Todo eso era estimulante, por decirlo así. Aunque comprendo que no a todo el mundo le agradarían esas cosas. Por otra parte, aunque tratamos de hacer al régimen el mayor daño posible, y le hicimos bastante, así como a una transición que entendíamos como un simple revoco de fachada, distamos mucho provocar su final. El fin del régimen se debió sobre todo a la Iglesia y a una serie de políticos salidos del franquismo pero intelectual e ideológicamente frívolos. Ellos tendrían que ser los primeros en arrepentirse, ¿no? Por otra parte el régimen era muy vulnerable por la pérdida de su discurso en los años 60, una vez fue abandonado por la Iglesia. Ahora mismo puede usted ver a personas que tratan de defender al franquismo, pero lo hacen con argumentos tan burdos que mejor sería que callasen o que tratasen de aprender algo más. Es decir, que era fácil sentirse legitimado contra él. Y todo el discurso antifranquista ha revivido, ahora que ya no hay franquismo, y lo comparten desde Josu Ternera a Rajoy, pasando por casi todos los demás, muy valientes y agudos ellos. Obviamente, con lo que sé ahora y he expuesto en Los mitos del franquismo, yo no habría luchado contra aquel régimen, pero lo hecho, hecho está, y lo mejor es no desfigurarlo y tratar de entenderlo en lugar de darse inútiles golpes de pecho.
No obstante, si usted se rebelaba contra aquel régimen solo podía ser porque se sentía oprimido por él, como muchas otras personas. Después de todo no puede negar usted que fue una dictadura.
R. Bien, eso requiere mucha explicación, empezando por el ambiente social y universitario…
**Este domingo, de 7 a 9 de la tarde, firmaré en la caseta 237 (Ed. Encuentro, principalmente La guerra civil y los problemas de la democracia en España, De un tiempo y de un país, Los mitos del franquismo, Nueva historia de España, Europa, una introducción a su historia…
**Si, como dice Cicerón, la ignorancia de la historia infantiliza, España tiene un problema serio: Significado simbólico e histórico del Valle de los Caídos / Casi todo el mundo ignora cómo y cuándo se convirtió España en nación: sobre la base de una comunidad cultural heredada de Roma: https://www.youtube.com/watch?v=mPdu0fsccYQ
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…Y hablando del carácter confuso del europeísmo español, otro gran problema actual que subyace a la quiebra de la democracia, a esta democracia fallida, es precisamente esa hispanofobia, nacida de la aceptación de la leyenda negra. Una democracia no puede funcionar si entre los partidos no hay al menos una base común de patriotismo y asimilación de la historia. Por eso ha venido funcionando, por ejemplo, en Usa e Inglaterra. Pero cuando eso no se da, los partidos no conocen límites y sus intereses particulares se anteponen a cualquier interés común, lo que lleva a la disgregación y los odios exacerbados. Como pasó en la república y pasa ahora. Por esa razón publiqué el libro Nueva historia de España.
¿Es que se considera usted especialista en el conjunto de la historia de España?
R. No hay nadie especialista en el conjunto de la historia de España, claro. Lo que aborda el libro son una serie de cuestiones esenciales, tratando de clarificarlas porque sobre ellas se han echado grandes masas de confusionismo, que a menudo quiere pasar, además, por científico. Y para esa clarificación se necesita solo un conocimiento algo profundo de la historia y cierto sentido de la lógica. Desde el “desastre” del 98 se han multiplicado los disparates sobre España y su pasado, empezando por intelectuales como Ortega y Gasset, un pensador muy interesante, pero que en asuntos de historia y política no dejó de desbarrar prácticamente hasta la guerra civil y su vuelta a España. Solo entonces empezó a ver más claras estas cosas. Según él, y tantísimos más, España tenía una historia “anormal”, “enferma”. Solo podía decir tales cosas porque sus ideas sobre los demás países europeos no pasaban de cuatro tópicos, como sigue ocurriendo hoy mismo. Son los “gárrulos sofistas” que denunciaba Menéndez Pelayo.
No he leído ese libro suyo, pero supongo que incide en una línea digamos conservadora
R. A partir de cierto nivel, el conocimiento de la historia no es conservador ni revolucionario ni liberal ni fascista. Es una aproximación mayor o menor a la verdad del pasado. Claro está que la verdad absoluta es inasequible, pero con un poco de sentido crítico podemos ver cuándo los supuestos expertos se alejan más o menos de ella. Nueva historia de España aborda cuestiones clave, como le he dicho: cuándo nace España como comunidad cultural, cosa fácil de entender y sobre la que se han dicho grandes disparates y puerilidades en plan “académico”. O cuándo nace España como nación. O si hubo o no Reconquista y su significado. O por qué durante un siglo y medio destaca tanto España en todos los terrenos, cultural, militar y político. O cuáles son las causas de su decadencia. O por qué ha resultado tan triste el siglo XIX, arreglado a medias por la Restauración. O por qué se llegó a la guerra civil. Etc. Sobre todas estas cuestiones he avanzado tesis nuevas o bastante nuevas. Y volvemos a lo de siempre. Todo ello es debatible, pero el debate racional es imposible con una universidad y unos medios de masas tan degradados y esterilizadores. Lo mismo digo sobre mi libro de síntesis de la historia europea: sus enfoques son nuevos, pero necesitarían un debate serio. El debate es señal de vitalidad intelectual, su ausencia revela lo contrario.
En otras palabras, ud pretende clarificar intelectualmente la historia para cambiar la política, una política que califica de fallida
R. Exactamente. ¿Le parece una pretensión excesiva? Una democracia fallida como la nuestra puede conducir a cualquier desastre, y su propia caída puede resultar un desastre a su vez, si no va acompañada de una clarificación intelectual de fondo. Y eso precisamente es lo que intento aportar, también con el programa de radio Una hora con la Historia. Como le indiqué, es indispensable desplazar a la actual clase política, porque está demasiado enfangada, yo diría podrida. Pero ¿cómo se la puede desplazar sin ocasionar posiblemente un trauma mayor? A mi juicio, debemos partir de una clarificación intelectual. Deben surgir nuevos políticos, nuevos dirigentes, más ilustrados, más decentes y más patriotas que los procedentes de la Transición. Y esos nuevos políticos solo pueden salir de la universidad. Pero nos encontramos con que la universidad actual está en poder, precisamente de esa clase política, a la que aporta relevos cada vez peores. Una hora con la Historia insisto mucho en la necesidad de llegar a la universidad, de disputar ese terreno. El problema es difícil, porque nuestros oyentes y lectores, en su mayoría, ya no están en la universidad, y los que están se muestran un tanto pasivos o, peor aún, derrotistas. Insisto mucho en que divulguen el programa en las redes sociales, entre sus conocidos, etc., pero la respuesta hasta ahora es débil. Por otra parte necesitamos hacer campañas de publicidad por nuestra cuenta, lo que exige un apoyo económico al que siguen siendo renuentes la mayoría de nuestros oyentes. Como vemos, es un círculo vicioso del que solo podríamos salir movilizando a nuestros oyentes, lo que estamos lejos de conseguir por ahora en proporción suficiente.
Movilizar a los fachas, quiere usted decir…
R. Los llamados fachas son en general patriotas, pero tienen una idea de la historia simplista, a menudo retórica y roma. Y detestan la democracia porque tienen una idea de ella tan simple y falsa como la izquierda, y la rechazan. La izquierda, sin ser tampoco demócrata, conoce el prestigio de la palabra y siempre encubre sus fechoría con su bandera. ¿Recuerda ud cuando los fraudes de Banca Catalana de Pujol salieron a la luz y él se envolvió en la “señera” para evitar ser procesado? Pues algo así hacen los partidos proetarras, separatistas o proseparatistas, corruptos, etc., para conseguir la impunidad y quedar además como defensores de la libertad: envuelven sus fechorías en la palabra democracia. Generalmente los que ustedes llaman fachas tienen una receta mágica para explicar las cosas: todo es cuestión de masones, de sionistas o de lo que se tercie. Una vez llegan a ese “descubrimiento”, ya descansan mentalmente, ya creen entenderlo todo. Yo prefiero los “fachas” a los progres hispanófobos, proetarras, etc. pero no me identifico con ellos. He realizado y sigo realizando un gran esfuerzo por analizar muchas de estas cuestiones y naturalmente puedo estar equivocado en bastantes aspectos, pero no me quedo tranquilo con cuatro tópicos simplistas. He escrito un ensayo sobre la masonería, que viene a ser una religión sucedánea gnóstica, iniciática y secretista, desde luego incompatible con el cristianismo, etc. Pero ¿qué nos aporta decir que tales o cuales políticos son masones? En realidad nada, porque además hay masones políticamente diversos. Lo que nos interesa es analizar su discurso, mostrar sus incoherencias o contradicciones y sus efectos dañinos, y oponerles un discurso diferente. Pero, claro, no puede ser un discurso a base de retórica y tópicos o de simple añoranza del pasado. Volviendo al franquismo, es esencial investigar y defender la verdad sobre él. Un régimen así no puede volver, pero es esencial investigar qué hay de aprovechable en él, qué se podría aprender de él en circunstancias históricas diferentes como las actuales… Ese es parte del sentido de mi trabajo. Yo aporto munición intelectual, una tarea muy laboriosa, pero es preciso que otros quieran y sepan utilizarla.
En el boletín Blau División nº 694 vienen las impresiones del viaje a Alemania del divisionario Sixto Botella, que por su interés costumbrista, recojo aquí en parte.
Entrada en Francia
“Nos llevaron a un servicio de desinfección, donde nos dimos una magnífica ducha con agua templada. Pronto nos dimos cuenta de la organización alemana. ¡Indudablemente única! Horas más tarde, después de repartirnos la primera ración, consistente en pan francamente bueno, mermeladas, mantequilla, caramelos, miel, queso y algún embutido, seis cigarrillos (ración diaria) por cierto muy flojos, lo que no nos dejó de llamar la atención, al igual que a los alemanes llámasela lo fuerte del nuestro, tomamos un tren, esta vez de viajeros, aunque muy antiguo y empezamos a recorrer el territorio de Francia.
Nuestros administrativos empezaron a repartirnos francos, no sé para qué, debido a la carestía de la vida en Francia no podíamos comprar nada. En todas las estaciones de paso nos obsequiaban las enfermeras alemanas con suculentos desayunos, lo que dio oportunidad de comprobar lo salvajes que somos los españoles, o cuanto menos la mayoría y la falta de disciplina, que la mayoría de las veces era de educación. ¡Qué diferencia con los alemanes! ¡Es muy triste reconocerlo!
Así fuimos atravesando territorio francés sin llegar a París, ya que al hacerlo en Tours nos desviaron hacia el Este, por la línea de Strasburgo. Duranto todo el trayecto los alemanes nos suministraban, sin cesar, formidables ranchos en frío, consistente siempre en similares golosinas: miel, mantequilla, chocolate y mermelada y desde este momento sería el rancho general en el frente más adelante. Comprobamos el carácter de los alemanes. Educados y agradables en extremo. Nos cuesta gran trabajo entendernos con ellos, aunque muchos lo hacemos recurriendo al francés. Tienen un magnífico temperamento, quizá un tanto infantil y opuesto al nuestro. De constitución fuerte en su mayoría y con una gran educación y una cultura general media digna del pueblo alemán.
En contraposición a ello, nos encontramos el odio del pueblo francés en todo nuestro paso por el territorio. Nos amenazaban, nos levantaban el puño haciéndonos toda clase de gestos obscenos por doquier. Siempre he tenido manía a los franceses, pero se ve que ello reunía condición de reciprocidad. Esto fue motivo de algunos incidentes como el siguiente: en una ocasión nos apedrearon el tren, teniendo que lamentar algún herido, aunque de carácter leve, afortunadamente. A estas agresiones que empezaron a frecuentarse, la sección de la Guardia Civil, que venía con nosotros y que eran los único que iban armados, hicieron uso de sus armas contra los agresores, aunque con fines exclusivamente conminatorios.
Nosotros, para las próximas pedreas habíamos tomado ya precauciones, para contrarrestarlas, correspondiendo con idénticos proyectiles que habíamos tenido la precaución de recoger en las paradas del ferrocarril. Atravesando Francia escribí otras dos veces, a casa y a Marina, y así llegamos a entrar en territorio alemán.
Entrada en Alemania
Excelente nación. Precioso país. Campos divinamente cultivados. Poblaciones maravillosamente saneadas. ¡Hasta las más modestas aldeas! Bien pronto nos dimos cuenta de que estábamos en territorio alemán. ¡Con qué entusiasmo tan grande se nos recibe! Llegamos a Karlsruhe, bella ciudad alemana, donde nos hicieron un apoteósico recibimiento. A lo largo de los andenes de la estación nos han preparado mesas y sillas para un magnífico desayuno. Nos vamos acomodando y desayunamos con un apetito excelente. Un buen tazón de café con leche y dos riquísimas vienas con abundante mantequilla y mermelada por barba.
Se nos acercan las chicas de las juventudes hitlerianas regalándonos emblemas alemanes y a cambio nosotros les entregamos las flechas de nuestros unifirmes , que nos agradecen extraordinariamente, haciendo toda clase de comentarios que realmente no entendíamos, pese a los improvisados intérpretes”.
Luego vienen las impresiones del campamento de Grafenwöhr, donde siguen admirados de la eficiencia, organización y previsión del ejército alemán (“Enormidad de barracones, pero de tal construcción que parecen preciosos chalets (…) Si llamativos eran por fuera, mucho más lo parecen por dentro. Están divididos en departamentyos para catorce hombres. ¡No les falta detalle!”, Etc. Está claro que las costumbres y medios en el ejército español eran bastante más mediocres. En algunas ciudades, las autoridades tuvieron que restringir el aflujo de alemanes que querían demostrar su entusiasmo a los divisionarios. Curioso que al divisionario español le parecieran algo infantiles)