Novela y condición humana/ El 90 aniversario y los personajes de la república
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Novela y condición humana
Un lector me escribe lo siguiente: “Leí hace tiempo su libro “Años de hierro”, sobre la posguerra. Acabo de leer “Sonaron gritos y golpes a la puerta”, he tenido que encargarlo porque no lo encontraba en ninguna librería: yo diría que los dos libros se complementan. “Sonaron gritos” es la gran novela de aquellos “años de hierro”. Y cuando digo gran novela lo digo a conciencia. No es una novela política, la política es solo el segundo plano, sino que profundiza en la naturaleza humana sin adornos ni complicaciones innecesarias. A mi modo de ver, la clave está en la primera y la última escena, la primera con el asesinato por milicianos de la familia del protagonista, Alberto, y la última, cuando Alberto está a punto de enviar a la muerte a un maquis y descubre que era su padre biológico y el asesino de su familia diez años antes. Me parece un acierto que no sentimentalice el golpe: la reflexión brutal de Alberto es que debe su existencia a aquel asesino y que guarda semejanzas de carácter con él, un misterio que le aterra y le obliga a cambiar de vida. Llegados a ese punto, todo el relato de peligros y aventuras bélicas tiene un oscuro aire de destino, desde el primer y fallido intento de ajusticiar, junto con su amigo Paco, al asesino, del que ignora su parentesco biológico, hasta que este, sin la menor intención de buscarlo, abandonada mucho antes, reaparece diez años después en circunstancias inesperadas, pero creíbles…” (Antonio P. Maestro)
Me parece una buena interpretación. Otros lectores lo han interpretado de formas distintas. Coincido en que el valor de una obra literaria se muestra en su capacidad para penetrar estratos profundos de la condición humana. Pero aseguro que no planeé así el relato: salió por su cuenta y riesgo, casi como si la hubiera escrito otro.
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El próximo martes, día 7, a las 19.00, en el Casino de Madrid, presentación de El franquismo ayer y hoy, las dos Españas y las crisis europeas. Con Iván Vélez.

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El 90 aniversario y los personajes republicanos.
Dado que estamos ante el 90 aniversario del reinicio de la guerra civil (comenzada realmente en octubre de 1934), comentaba con un amigo el segundo tomo de mi trilogía sobre la república y la guerra, “Los personajes de la república vistos por ellos mismos“. Le parecía, como a mí, que era el más original de los tres, por su método y por sus conclusiones. Para resumir: lo que hice fue examinar las memorias de los protagonistas, contrastándolas entre sí y con los hechos más conocidos. Es un método extraordinariamenrte fructífero y revelador, pero muy poco usado, que yo sepa nadie lo ha empleado en España, por lo menos. Pero es extraordinario lo que revela, no tanto datos en su mayoría conocidos, como ambientes, intenciones, trasfondos personales y valoraciones propias y mutuas con los demás, esos aspectos que no suelen asomar en las historias corrientes.
Discutimos sobre qué memorias parecían más valiosas. Creo que hay que diferenciar entre el interés político-histórico y el del personaje humanamente hablando. Políticamente me han parecido las más relevantes los diarios de Azaña y, en relación con el catalanismo y la república, las memorias de Cambó. Interés muy especial tienen las de Juan Simeón Vidarte, sobre todo por lo que revelan de la masonería, una historia semisubterránea, y un caso excepcional, pues el secretismo es una verdadera obsesión de la “orden”: basta contrastar sus memorias con las de Diego Martínez Barrio, mucho más previsibles, en las cuales la masonería no existe, ¡pese a haber alcanzado él el grado máximo en ella! Vidarte es imprescindible para aclarar hechos fundamentales a los que la historiografía académica apenas presta atención. Por supuesto, siempre aportan personajes más convencionales, como Niceto Alcalá-Zamora, Francisco Largo Caballero, Gil-Robles, o, entre los no directamente políticos, Julián Marías. Dado que el contexto histórico del libro es tanto la república como la época anterior desde el “desastre del 98″, las memorias de comunistas quedan fuera, no así para la guerra civil misma y la posguerra.
Entre los anarquistas son valiosas aunque un tanto presumibles, las de Federica Montseny o Peirats, no así las de Juan García Oliver, el cual, con Alejandro Lerroux, vienen a ser, como personajes, los más interesantes por su vida turbulenta, muy distinta de la un tanto anodina y “normal” de casi todos los demás políticos. Lerroux tiene dos libros La pequeña historia, centrada en los entresijos de la república, y unas mucho más interesantes Mis memorias, sobre sus andanzas anteriores. Evolucionó desde un energumenismo juvenil próximo al anarquismo a una moderación razonable que pudo haber hecho viable la república si no le hubieran saboteado Alcalá-Zamora y Azaña (compinchados, por cierto, con un delincuente holandés). García Oliver fue un “hombre de acción” del anarquismo catalán, complicado en atentados antes de llegar a ministro del frente popular y terminar exiliado en Méjico, donde escribió su autobiografía El eco de los pasos, escritas con notable talento literario, al igual que las de Lerroux
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