Liberalismo (XIV) “Individuo adulto” frente a individuo o persona moral

**Blog I. La Iglesia, no la oposición política, cercenó la continuidad del franquismo; y sin embargo no trajo la democracia: http://gaceta.es/pio-moa/iglesia-oposicion-politica-corto-continuidad-franquismo-20022017-1142 …

** Parece que el paso de la última sesión de “Una hora con la Historia” a YouTube  está encontrando algunas dificultades pasajeras.

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La esencia del liberalismo parece consistir en su fe en el  hombre concreto, en el individuo, en la naturaleza humana tal cual es, a la que no pretende cambiar o violentar para crear un “hombre nuevo” al estilo del marxismo. Ese individuo se guía por la razón, procurando mejorar las situaciones insatisfactorias mediante el comercio en la economía de mercado, en lo económico o de otras formas en el terreno político, espiritual, etc. Buscando siempre el beneficio o la ganancia.

     Hay algo extraño en esta formulación, y es lo siguiente: ¿en qué consiste la naturaleza humana aludida? ¿Sólo son individuos dignos de atención o aceptables los que piensan y se conducen “a la liberal”, con la racionalidad definida por los ideólogos liberales? Porque hay una inmensidad de individuos que no lo hacen, aunque a todos pueda gustarles el dinero. No son liberales, desde luego, pero siguen siendo hombres concretos, individuos, y aunque piensen y obren  contra el orden liberal, por así llamarlo, podrían reivindicar el favor obligatorio de los liberales, según estos expresan su ideal. Me parece evidente que esta formulación es insatisfactoria para fundamentar el liberalismo.

    Y creo que nadie sabría definir  con precisión en qué consiste la naturaleza humana. Pues sin duda dicha naturaleza se manifiesta tanto en el peón de albañil como en el multimillonario afortunado en bolsa, en el miembro de la Cheká comunista como en el comerciante en granos de Palencia, en Hitler como en Churchill , en Stalin como en Adenauer, en el asesino en serie como en la monja de clausura, en Einstein como Trotski. En el comerciante que actúa respetando escrupulosamente la ley ( y quizá se arruina) como en el que la vulnera de cualquier forma para obtener una ganancia y se enriquece. Este problema lo ha abordado el cristianismo, por ejemplo, distinguiendo entre el bien y el mal de acuerdo con una moral que sobrepasa las leyes concretas, las cuales pueden ser perfectamente tiránicas o malvadas (piénsese en las leyes derivadas de la actual ideología de género, las cuales se justifican con argumentos liberales, invocando los derechos del individuo a la diferencia, a su propio cuerpo, etc., y contra las imposiciones colectivas, sean de la familia,  del estado o de las costumbres sociales tradicionales.

   En el liberalismo, la idea de una moral por encima de la ley no existe en realidad. La ley sería la expresión del interés común, pero sabemos que ese interés común no existe, viene a ser algo como la justicia social, que los liberales suelen rechazar. Por lo demás, la ley nunca representa al total de la sociedad y debe imponerse por la violencia o amenaza de ella: se trata, y siempre ha sido así, de una convención social muy parcial. Así, el tráfico de esclavos, del opio, por ejemplo, eran perfectamente correctas y productoras  de grandes ganancias cuando la ley los permitía. Y hoy pasa lo mismo con los negocios relacionados con el juego, la prostitución, el tráfico de armas, etc., y se presiona por la legalización del narcotráfico, ya que el estado no tiene por qué meterse en las convicciones morales de los individuos. Existe una demanda considerable de drogas, y a eso debe atenerse la ley, y no a consideraciones moralistas, máxime cuando su comercio será una fuente de ganancias y puestos de trabajo  que repercutirá en la riqueza social.  En términos invocados por muchos liberales, la ley debe expresar ante todo las exigencias del comercio, de la ganancia. Y el individuo no es una persona moral, sino lo que se denomina “un individuo adulto”, al que se supone un criterio utilitario en el fondo economicista.

   Por otra parte, en el mismo mercado debería existir una igualdad de partida que en la práctica no existe. La tendencia del mercado es a la concentración de la riqueza, y en la historia ha sido necesario de vez en cuando la intervención del estado para frenar los efectos negativos de dicha concentración. Así, en Grecia se repartieron las tierras en algunos momentos, o se declararon extintas las deudas que desesperaban a muchas personas, hasta esclavizarlas literalmente. Con ello se entraba en una nueva dinámica más igualitaria,  que al cabo de un tiempo conducía nuevamente a la concentración creciente de fortunas y expansión de las deudas, ya que esa es la lógica del mercado. En la actualidad, es la socialdemocracia la que propugna un efecto parecido al de la redistribución de tierras o anulación de deudas, mediante la política fiscal y el llamado estado de bienestar (cuyos peligros ya profetizó Tocqueville, por otra parte)

Y el poder económico es también poder, y un poder muy fuerte que tiende a curvar o distorsionar la ley. Esto lo apreciamos en las actuales multinacionales, que no solo operan por encima de los poderes políticos, sino que obligan a cambiar las leyes en su beneficio.

 Además, en el mercado se intercambian mercancías a dos niveles: entre propietarios de ellas, y con una mayoría que no son propietarios, pero pueden adquirirlas con dinero. Ese dinero proviene de la venta de una mercancía especial:  el tiempo de su vida que dedican a trabajar, por un salario, para otros y bajo las normas de otros, es decir, de los propietarios de empresas, etc. No cabe duda que se trata de una mercancía distinta de las demás, lo cual exigiría algún análisis (Marx lo tuvo en cuenta, pero sacando conclusiones erróneas). Es decir, en el mercado nunca se produce una igualdad básica entre los individuos ni por lo tanto los beneficios del comercio se distribuyen por igual.

    Así, el “individuo” sobre el que descansa en medida fundamental el liberalismp –o al menos la más característica y “pura” de sus corrientes—no deja de ser un mito.

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Liberalismo (XIII) El mito del individuo

**Blog I. Por qué fueron fraudulentas las elecciones del “Frente Popular”. Estas elecciones fueron históricamente trascendentales, podrían llamarse “elecciones para la guerra civil”, y su efecto político dura hasta nuestros días. http://gaceta.es/pio-moa/fraudulentas-elecciones-frente-popular-17022017-0728

****En la  próxima sesión de “Una hora con la Historia” hablaremos de la gran batalla de Krasni Bor, de transcendencia estratégica en el frente de Leningrado, y de la razón por la que una ideología tan enloquecida como la de género se está imponiendo totalitariamente en Occidente. El sábado, a las 9,30 de la noche, en Radio Inter, FM 93.5 (Madrid) y Onda Media 918 (resto). También puede oírse en you tube y en podast de i-tunes. https://unahoraconlahistoria.es/

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   Podríamos diferenciar el liberalismo del marxismo, no solo por su diferente enfoque de la economía, sino también por su enfoque de la persona y la sociedad. El liberalismo es individualista, en algunas de sus corrientes extremadamente individualista (Rothbard, Ayn Rand, etc.) mientras que el marxismo es colectivista. El marxismo considera al individuo un producto de las condiciones sociales, y el liberalismo más bien lo contrario, a la sociedad como producto de las acciones individuales. Así, en el marxismo el individuo tiende a ser nada y en el liberalismo a serlo todo.

   El 5 de enero de 2011 escribí este artículo, bajo el título “Cuentos de Ayn Rand”: Los grandes creadores, pensadores, artistas, científicos, inventores, estuvieron solos contra los hombres de su época. Cada nueva idea fue rechazada, cada nuevo invento fue denunciado, pero los hombres con visión de futuro siguieron adelante. Lucharon, sufrieron y pagaron, pero vencieron.

   Aunque, en general, estoy bastante de acuerdo con  Lead, esta frase que cita de Ayn Rand no entra, desde luego, en las grandes creaciones del pensamiento. Me parece, en realidad, una estupidez. Ha habido “grandes creadores” enfrentados en distintos grados a su medio, y otros a quienes les ha ido muy bien en él. Como pasa siempre. Si juzgamos por sus efectos históricos, Marx fue un gran creador, y Lenin otro.  Y se enfrentaron a la sociedad, sufrieron, etc., y vencieron, al menos pasajeramente (pero todas las victorias humanas son pasajeras). No sabemos de grandes enfrentamientos con la sociedad a causa de sus ideas,  por parte de Cervantes, de Newton, de Bach, de  Colón,  de Einstein, de Pasteur, de Edison, Aristóteles, etc., etc. Normalmente, los innovadores han encontrado gente que les apoyaba y gente que les rechazaba, algo que ocurre con todo el mundo, por lo demás.

   Oponer así al individuo y la colectividad, lleva al pensamiento histérico tipo Ayn Rand. El individuo no se concibe al margen de la colectividad, y esta no es más que la suma o más bien combinación de sus individuos.  Combinación que no excluye, ni mucho menos, la rivalidad o la lucha abierta entre ellos. Sin embargo la sociedad humana no se parece a una colmena, y existe por tanto una tensión entre cada individuo y la sociedad en conjunto. Si esa tensión se extrema por el lado del individuo, la sociedad se descompone; si se extrema por el lado contrario, el individuo queda aplastado. Las evoluciones sociales pueden describirse –al menos en parte– por esas tensiones. Probablemente el liberalismo, (basado en la idea, de raíz cristiana, de que la persona tiene ciertos derechos por encima del poder político o colectivo), es la solución más exitosa hasta la fecha, pues mantiene suficiente cohesión social con un grado de libertad individual mayor que otros sistemas. Se ha solido acusar al liberalismo de propiciar la disgregación social y, por compensación, los bandazos totalitarios; pero  las sociedades que más se han atenido a los principios liberales son, hasta la fecha, las que más han prosperado cultural y económicamente.

   Por otra parte es muy lógica la resistencia de la colectividad a las innovaciones. Cierto que todas las ideas, invenciones y obras de arte o pensamiento tienen padre, es decir, las ha creado algún individuo. Pero  la mayoría de las ideas de los individuos son malas, mediocres  o disparatadas. No solo existe una multitud de idiotas con ideas, sino también de inteligentes con ideas idiotas. Si se aceptara todo lo que se le ocurre a cualquier individuo, la sociedad se desmoronaría. Es precisa una depuración de iniciativas, y aun así, a veces las sociedades adoptan ideas absurdas. Ahora mismo triunfan en España las necedades de Zapo y su banda, que no dejan de ser individuos.

    Tampoco es cierta esa oposición imaginada por Ayn Rand entre la sociedad y la iniciativa individual. Por mencionar la Revolución Industrial, ejemplo que emplea Lead de preferencia,  las invenciones que la hicieron posible fueron aceptadas rápidamente, con poca oposición y amplia recompensa para sus promotores, y a pesar de su elevado coste: contaminación de ciudades y zonas rurales, o masas de trabajadores empleados en pésimas condiciones (el argumento de que antes, en el campo, estaban peor, solo vale a medias: previamente esos trabajadores habían sido expulsados por la fuerza de las zonas agrícolas donde subsistían, quedándose sin otro recurso que aceptar el trabajo fabril de cualquier modo).

    Otro aspecto que parece olvidar Lead  es que una idea individual solo puede tener éxito en condiciones creadas previamente por la colectividad, es decir, por la combinación de sus individuos, que siempre es una mezcla de colaboración y de competición, de lucha y de alianzas. De otro modo, la iniciativa se pierde, y seguramente se habrán perdido así muchas. Y otro punto clave es el de las élites: dentro de la sociedad se forman espontáneamente una multitud de élites: políticas, económicas, científicas, artísticas, informativas, etc., que casi siempre tienen algo o mucho de oligarquías. Estas sirven de cauce a unas ideas y tendencias, y de freno a otras.

   En fin, el colectivismo nunca lo es del todo, ni el individualismo se da sin fuertes límites. El marxismo, ideología colectivista, se fundamenta en una aspiración a dotar a los individuos de una vida más plena, libre, variada y productiva. Claro que cuando se trata de qué entendemos por plenitud, libertad, etc., ya empiezan los problemas.

  Hoy matizaría algunas expresiones anteriores. En primer lugar, el liberalismo nunca se ha podido aplicar, en parte porque dentro de él hay corrientes diversas,  en segundo lugar porque como ideología descansa en una serie de mitos, entre ellos el del individuo “adulto” es decir, libre y plenamente autónomo. En realidad, la autonomía del individuo no depende de él, pues es demasiado débil para enfrentarse a la sociedad, sino que depende principalmente de la sociedad –lo que incluye especialmente al estado, conforme la civilización se ha vuelto más compleja—la cual le permite más o menos autonomía, pero siempre limitada. Finalmente, se crea la impresión ideológica de que el liberalismo inventa una nueva sociedad, pero los elementos de que se vale estaban presentes ya antes. Hay que añadir, además, la historia concreta del liberalismo, que no ha dejado de producir enormes desastres.

    Es decir, el liberalismo es una doctrina que debe ser sometida a crítica, como lo han sido otras. Creo que esa crítica depurará la ideología de sus elementos negativos, que no son pocos, como vamos viendo.  Un aspecto positivo del liberalismo ha sido su capacidad de adaptarse y reformarse, aunque fuera entre crisis graves. Dos de ellas, las guerras mundiales del siglo XX.

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Un consejo a Ian Gibson

“Si yo tuviera un abuelo enterrado como un perro en una cuneta, buscaría a mi abuelo. Todos los cristianos deben entender que el ser humano necesita enterrar a sus muertos”, dice  Ian Gibson.

Verá este sembrador de cizaña: los cristianos puede que “necesiten” eso, pero él, Gibson, al igual que la mayoría de la izquierda y de los componentes del Frente Popular, no son cristianos; son, precisamente, anticristianos, son los que quemaron, o se identifican con los que quemaron,  templos, monasterios, bibliotecas y centros de enseñanza por el mero hecho de su carácter cristiano y asesinaron a miles de clérigos y laicos por la misma “razón”. Si Gibson no fuera un redomado hipócrita no invocaría un cristianismo en el que no cree, e invocaría en cambio sus propias creencias.

Los suyos, señor Gibson, expresaron perfectamente su punto de vista en las frases de la Pasionaria incitando a usar los cuerpos de los enemigos como abono de los campos. Esta actitud, señor Gibson, es perfectamente coherente con su interpretación digamos materialista. Se puede enterrar los cadáveres simplemente  por razones higiénicas, pero no cabe duda de que es mucho más “racional” y productivo darles esa utilidad como fertilizante. Después de todo ya no son más que un amontonamiento de células en descomposición, ¿no? Esa es la lógica de su pensamiento, sean ustedes consecuentes y déjense de trucos baratos con el cristianismo.

En cuanto a los cristianos, le bastará visitar Paracuellos o el Valle de los Caídos para comprobar que allí se mantienen los restos, en anonimato impuesto por las circunstancias, de miles de personas inidentificables, como ocurre en las fosas que todavía guardan a cientos, puede que algún millar o dos ( no 40.000, o 130.000, desde luego) de fusilados de uno u otro lado. Son muchos los cristianos que han renunciado  a encontrar los restos de sus deudos y que no se dedican a buscar subvenciones ni menos a  hurgar en viejas heridas con ese pretexto, como hacen ustedes. En el Valle de los Caídos hay también numerosos restos de combatientes izquierdistas o separatistas (que no demócratas, señor Gibson), en pro de una reconciliación que ustedes no sienten en lo más mínimo y que nunca aceptarán, y menos bajo la cruz del monumento; lo que no obsta para que, de repente, les dé a ustedes por recurrir al cristianismo, con su tradicional falta de escrúpulos.

Dice también este sembrador de odios que ”hasta que los perdedores no busquen a sus asesinados y les den un entierro digno, este país no está en paz”. Señor Gibson, España está en paz y vive en paz desde 1939. Una paz que ustedes pretenden perturbar ahora con esa “memoria” falsa de la raíz a la copa.

Y un consejo, señor Gibson y compañía: dejen en paz a los muertos, porque al final los muertos van a revolverse contra ustedes, van a poner en evidencia toda la  vileza de quienes intentan utilizarlos de munición política y contra una paz que, le repito, dura ya en España casi setenta años.

Compruebo que las infamias de Gibson han sido reproducidas por numerosos periódicos en toda España y supongo que también por otros muchos medios de comunicación. Eso lo saben hacer muy bien estos caballeros. Tienen derecho a ello, nada que objetar… salvo que los puntos de vista contrarios, como los aquí expresados chocan con la censura (inquisitorial o chekista, como se prefiera), exceptuando unos pocos medios. Obstáculo que debiera salvarse con la actividad difusora de las personas que sienten la paz y la democracia. Lástima que esa actividad sea tan poco activa, tan por debajo de lo que exige el momento.

Digamos, finalmente, que es muy raro enterrar a nadie en una cuneta, por donde corre el agua.

  (En LD, 10-8-2007)

  (Diez años después: sensación de inutilidad)

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Los mitos del liberalismo

https://www.youtube.com/watch?v=Ar1x4EUezgw

La matanza de Badajoz ha dado la vuelta al mundo y creída por millones de personas. Sin embargo es pura invención:https://www.youtube.com/watch?v=xWeyfHiI8zk&t=38s …

El sábado próximo en “Una hora con la historia” trataremos la batalla de Krasni Bor, un Stalingrado menor frustrado para los soviéticos. Y trataremos de responder a algunas cuestiones planteadas por la ideología de género: ¿qué proceso psicológico lleva a teorías como esas? ¿Por qué han llegado a adquirir tal influencia? ¿Son algo nuevo en la historia o cuentan con precedentes significativos?

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   Antes de continuar estas reflexiones críticas sobre el liberalismo, un poco dispersas, conviene sintetizar lo ya visto. Mis tesis, desarrolladas en Europa, una introducción a su historia,  son:

  1.     La Ilustración presenció una especie de revuelta de la razón contra la fe  cristiana,  consecutiva a la revuelta luterana de la fe contra la razón. La revuelta contra la fe no ha dado lugar a una doctrina racional-científica única, sino a las ideologías, concepciones del mundo y de la sociedad que obran como religiones sustitutorias con sus propias fes, por más que cada una se considere única auténticamente racional.

2.    De estas ideologías, la primera ha sido la liberal, seguida de la marxista y la anarquista y, en el siglo XX, la fascista. En el siglo XX, la II Guerra Mundial puede entenderse como un choque entre las ideologías liberal, marxista y fascista. Tras la derrota del fascismo a manos de las otras dos, quedó la “guerra fría” entre estas, terminada en derrota marxista.

 3.    Todas estas ideologías, salvo la anarquista, han sido capaces de ordenar de un modo u otro la sociedad, aunque cabría sospechar, como con el protestantismo, que esa capacidad ha derivado más bien del mantenimiento de tradiciones anteriores y del incumplimiento práctico de l0s presupuestos ideológicos, que de la aplicación consecuente de estos.

4     Hasta ahora, la ideología más exitosa ha sido el liberalismo, combinado posteriormente con la democracia, por cuanto ha generado sociedades más prósperas y en algunos sentidos más libres. Sin embargo no ha ocurrido así en todos los países (en España ha funcionado muy mal, en Inglaterra muy bien, por ejemplo), y en su práctica no han estado ausentes los abusos y crímenes masivos.

5.      Dado que el término ideología ha cobrado un tinte denigratorio, los ideólogos rechazan serlo. El marxismo se proclamaba precisamente científico y opuesto a ideologías. El liberalismo tampoco acepta considerarse ideología, por cuanto afirma no tener una concepción general del mundo, sino limitarse al terreno económico preconizando el libre mercado, y al político preconizando libertades políticas y estado de derecho (ley igual para todos). En cualquier otro plano, religioso, cultural, etc., el liberalismo no desarrolla ninguna doctrina, dejándolas al arbitrio de los individuos.

6.     Un problema con el liberalismo, como con otras ideologías, es que se proclaman liberales corrientes diversas y encontradas, desde las que creen prescindible el estado a las que toman posiciones muy próximas a la socialdemocracia. No obstante, aceptando que el liberalismo se resume en libre mercado y estado de derecho, es evidente que detrás de ambas concepciones existe toda una concepción general del hombre y del mundo, aunque ella no se explicite. O dicho de otro modo, el libre mercado y el estado de derecho implican mucho más que su manifestación práctica y reconocida. Y tienen consecuencias asimismo mucho más vastas que la de simples recetas prácticas.

7.      Como hemos visto, las ideologías se oponen a la religión (tradicional), y de momento no tratamos de si la ideología es “lo bueno” y la religión “lo malo”, o viceversa. En cuanto al liberalismo, encontramos en él dos actitudes respecto a la religión: una ha tratado de destruir el cristianismo y organizado persecuciones sangrientas; otra lo ha relegado a la conciencia individual, tratando de impedirle su proyección política o pública.

8. Como religión sustitutoria, con su propia fe, el liberalismo ha construido sus propios mitos, como son la independencia del individuo, el estado de naturaleza yel contrato social, el propio libre mercado, la autoatribución de la libertad como rasgo propio y exclusivo, y otros que iremos viendo.

 

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“Apología desvergonzada del franquismo”

**En la última sesión de Una hora con la Historia hemos abordado dos temas importantes: el de “La Desbandá” de Málaga al llegar a la ciudad los nacionales, que parece el nuevo mito  ideado por quienes no se cansan de elos. Y el de los ideólogos de “género”. La llamada ideología de género ha sido elaborada, a menudo de forma contradictoria, por una serie de autores desde los años 20 (Margaret Mead, Wilhelm Reich, Simone de Beauvoir, Alfred Kinsey, Michel Foucault, Kate Millet, etc.) Hay algo extrañamente común a prácticamente todos ellos: una profunda perturbación psíquica, que condujo a unos al manicomio, al alcoholismo compulsivo o al suicidio. Hay algo “entre cómico y aterrador” en sus biografías, explicadas por el historiador Fernando Paz: https://www.youtube.com/watch?v=Ar1x4EUezgw 

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Estábamos tratando de los tres últimos libros suyos. ¿Podemos dar por concluido el segundo, o cree conveniente añadir algo más?

R. Desde luego, podríamos hablar mucho más sobre los problemas de la democracia y la guerra civil, y cómo se ha creado el mito o seudomito de que la guerra opuso a demócratas y fascistas.  O por qué se ha identificado democracia con antifranquismo, cuando el franquismo no tuvo oposición democrática. O por qué ni la izquierda ni la derecha han tenido pensamiento democrático, salvo unos cuantos tópicos facilones que sirven para declararse demócratas a todos ellos… Y declararse demócrata se supone que otorga un aval de virtud y legitimidad política, que todos se atribuyen, desde los comunistoides de Podemos a los charlatanes oportunistas del PP, con un fondo común de corrupción. Unos acusan a otros tranquilamente de antidemócratas o de poco demócratas, a fin de deslegitimarlos, pero en el fondo de todos ellos hay un vacío intelectual casi perfecto. La guerra civil y la democracia trata precisamente de esta cuestión. Se ha dicho que la república se hundió por falta de republicanos, y la muy endeble y deforme democracia actual va camino de hundirse o de pudrirse por falta de demócratas.

 

 ¿Seudomito, dice usted, con respecto a la guerra?

R. Cierto. Un mito es una cosa muy seria y profunda, la base de las religiones. El mito trata de expresar en lenguaje simbólico, no racional, cuestiones profundas de la existencia humana que la razón no puede abordar bien. Pasa algo parecido con la literatura, que por lo demás desciende del mito, y  puede expresar más que cualquier estudio sociológico o psicológico sobre la condición humana que siempre tiene algo de misterioso… Llamo seudomitos a construcciones también irracionales pero inadecuadas a su objeto, porque este podría expresarse tranquilamente de modo puramente razonado, no simbólico. Un seudomito es una simple mentira que intenta recubrirse con pretensiones por así decir sublimes No voy a extenderme sobre ello, porque en el lenguaje corriente una de las acepciones de la palabra mito es simplemente la de embuste. En ese sentido podemos llamar mito a la idea de una guerra civil entre demócratas y fascistas, un embuste que a su vez ha generado muchísimos más.

 

Pasemos, entonces al tercer libro, Los mitos del franquismo. Se trata, dicen sus críticos, de una apología desvergonzada del franquismo.

R. En primer lugar, no hable usted de críticos.  Críticos, en el sentido propio del término, no he tenido ninguno, a no ser que los insultos, descalificaciones personales o tergiversaciones de mis tesis o acusaciones tan falsas y ridículas como que no he visitado archivos… Ya le dije que eso de consultar archivos es una tarea muy poco habitual entre nuestros historiadores, como he comprobado yendo a ellos. Tendría verdaderos críticos si el ambiente intelectual español fuera más lucido, y no me importaría entablar debate con cualquiera de ellos. Pero el medio, hoy por hoy, no da más de sí.

En cuanto a desvergüenza, en fin, la de ellos, como venimos viendo. La desvergüenza de quienes ven sus tesis refutadas y en lugar de reconocer que son falsas, o tratar de defenderlas con argumentos serios, se hacen los locos, se escudan en sus departamentos, en los grandes medios de masas y en las subvenciones para repetir machaconamente sus monsergas. Es una falta de honestidad intelectual realmente repulsiva, pero qué le vamos a hacer. Se corresponde con el páramo cultural, ese páramo del que ellos acusaban falsamente al franquismo, mientras que ahora es muy real.

Si ud presenta un panorama tan negro, y admite que nunca le harán caso en los medios culturales, y que sus críticos… bueno sus enemigos, llevan las de ganar ya de entrada, ¿para qué se empeña tanto? ¿Qué sentido tiene?

 R. Mire,  en primer lugar me interpreta ud mal. Por supuesto que esos llamémosles críticos tienen una fuerza, hoy por hoy, abrumadoramente superior a la que yo podría representar. Pero la historia muestra cómo las mayores fortalezas se derrumban en muchas ocasiones. La falsedad sin límites en que se basan las interpretaciones históricas de esta gente no pueden mantenerse indefinidamente. Terminan por tropezar en sus propias falsedades. En el fondo son débiles, no desde el punto de vista digamos económico o de poder, pero sí desde el punto de vista intelectual. Son débiles, y por eso son incapaces de ofrecer un debate honrado. Tienen miedo, así que se parapetan en sus posiciones y no se atreven a salir a campo abierto…

Pero, en fin, vamos a lo de la apología del franquismo. Es como me preguntaba alguien: “¿Por qué defiende ud el franquismo?” Yo no defiendo el franquismo, sino la verdad sobre el franquismo. Y la verdad viene dada por los hechos constatables. Una vez despojados los hechos de la hojarasca de la propaganda y de la ideología, lo que queda es que el franquismo fue un régimen históricamente necesario si se quería evitar la disgregación del país, la revolución totalitaria y el arrasamiento de la cultura cristiana. Pero aparte de ser necesario  puede decirse que sanó al país de muchos males que se arrastraban desde el 98, incluso desde la Guerra de Independencia. Y esa labor ingente, históricamente ingente, es la que están tratando de echar por tierra los sectarios y paniaguados de la memoria histórica y muchos otros de derecha. La herencia del franquismo, su inercia histórica, es lo único que está conteniendo el desmoronamiento de la unidad de España y de la propia democracia…

Resulta chocante oírle decir que la democracia se la debemos en cierto modo al franquismo. Solo esa tesis hará reír a casi todo el mundo

R. ¿En cierto modo? No. En todos los modos. Y lo que debiera hacer reír es más bien la presunción de que la democracia viene de la oposición al franquismo. La gente olvida los hechos más evidentes, y voy a explicarle la cuestión, empezando por la causa de que el franquismo no tuviera oposición democrática…

 

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