“The Economist” no ama a España / La amnistía de la transición

Blog I: Recuerdos (17) Cómo me hice marxista: http://www.gaceta.es/pio-moa/recuerdos-17-hice-marxista-19082015-0834

**Por qué el franquismo dio una gran época a España y el antifranquismo amenaza hoy la democracia pic.twitter.com/rUPtw9Fdlf

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Siendo Rajoy émulo de Zapatero…

“The Economist” no ama a España

29 de Julio de 2006 – 11:20:34 – Pío Moa – 387 comentarios

Zapo y su gobierno se han aliado con los separatistas y los terroristas y han tratado de aislar al PP. Se han aliado con aquellos con el fin evidente de liquidar la Constitución española, y ese hecho vuelve ilegítimo al gobierno. Han premiado a los terroristas islámicos –si fueron ellos quienes organizaron el atentado del 11-M, cosa cada vez más dudosa–. Están destruyendo la independencia del poder judicial y creándose una especie de guardia pretoriana, así como un cuerpo de comisarios políticos en la enseñanza. Han organizado el hostigamiento a los órganos de expresión discrepantes. Promueven una alianza con diversas dictaduras del Tercer Mundo, incluyendo algunas de las más perjudiciales para España, como la marroquí o la cubana. Falsifican la historia de forma provocadora, en el espíritu del Frente Popular. Cuando estaban en la oposición, sus violentas manifestaciones transcurrían bajo banderas totalitarias y anticonstitucionales. El mismo Zapo se ha identificado con la ideología más totalitaria y genocida del siglo XX; y nunca ha querido identificarse, en cambio, como español. Y así sucesivamente.

Es difícil imaginar a un Zapo inglés en el 10 de Downing Street. Y, sin embargo, ninguna de sus fechorías preocupa en absoluto a The Economist, que pretende pasar por órgano privilegiado del liberalismo no sólo en Gran Bretaña, sino en el mundo. La masonizada revista felicita a Zapo en un artículo titulado expresivamente “Viva Zapatero”, y en su entusiasmo amonesta al PP por su oposición “vitriólica y desordenada” (desordenada lo es, ciertamente). En plan de activo propagandista del PSOE, llega a amenazar a la derecha con que, de ese modo, perderá “el centro”. Una de las debilidades de The Economist  ha sido siempre dar lecciones a diestra y siniestra.

La razón de estas posiciones no es difícil de detectar para quien conozca un poco su trasfondo: el prejuicio antiespañol, fuertemente arraigado en sectores bastante amplios de la Gran Bretaña, influidos por la leyenda negra (“Formidable vitalidad de la sombra de Felipe II”, ya observaba el anglófilo liberal Madariaga). Zapo, en efecto, personifica el mayor peligro que haya sufrido la democracia española desde 1978.

En pocas palabras: “¡Viva Zapatero, abajo España!”.

¡Ah, la mala memoria…!

27 de Julio de 2006 – 10:14:25 – Pío Moa – 280 comentarios

Memoria y amnistía

Por CÉSAR ALONSO DE LOS RÍOS

Realmente los socialistas necesitan recuperar la memoria. No ya todos los españoles, sino ellos y sus compañeros de la izquierda comunista y republicana. Los seguidores de Zapatero y Carod Rovira deberían recordar las grandes manifestaciones por la amnistía, esto es, por el “olvido”, que es lo que significa el término “amnistía”. Y, ¿a qué olvido se referían las pancartas y los manifiestos de los intelectuales en aquellos días previos a la legalización de los partidos? Al del “pasado”. A la cura definitiva de las profundísimas heridas abiertas por la II República y la guerra civil.

Fue la izquierda, que ahora pide leyes de memoria histórica, la que pidió borrón y cuenta nueva. A comienzos de los setenta reclamó perdón para abrir las sedes de los partidos y ahora quiere utilizar selectivamente el recuerdo para justificar la persecución del partido al que considera sucesor de los que le concedieron la amnistía.

Amnistía para la izquierda en la primera transición; memoria histórica para tapar la legalización de ETA en esta segunda fase.

El caso español es el único cambio de régimen en que unos partidos clandestinos piden perdón y olvido al poder constituido. Al solicitar la amnistía, la izquierda estaba reconociendo no sólo una relación de fuerzas desigual y, por tanto, su incapacidad para resolver el problema de la transición mediante la confrontación, sino la legitimidad del régimen para hacer una concesión tan trascendental como la amnistía. Además, la oposición venía a reconocer con ello su “culpa” histórica. La que le había llevado a seguir en la oposición durante cuatro décadas. Para levantarse necesitaba obtener la “gracia” del poder existente: en esos momentos ya la Monarquía.

Nunca nadie ha reflexionado sobre el significado político que tuvo la reclamación de la amnistía por parte de los partidos españoles de la oposición al franquismo. Los socialistas han comparado Pinochet a Franco, pero ¿acaso los partidarios de Ricardo Lagos o Clodomiro Almeida recorrieron las grandes avenidas de Santiago de Chile para pedirle a Pinochet la amnistía?

Yo también reclamo la recuperación de la memoria histórica. Recomiendo, por eso, como lecturas de verano, los libros de Schlayer y Baroja sobre la guerra civil… Un retorno aconsejable a unas miserias por las que la izquierda tuvo que pedir amnistía para levantar la cabeza.

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Con motivo del acto antijudío en el festival Rototom muchos han sacado absurdamente a relucir la Inquisición.

Casi todo lo que ud creía saber sobre la Inquisición es falso”: http://citaconlahistoria.es/2014/05/25/la-inquisicion-en-espana-y-sus-falsos-mitos/

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Separatismos: circunstancias y líderes

Blog I: Recuerdos (16) Melancolía por la juventud ida: http://www.gaceta.es/pio-moa/recuerdos-sueltos-16-melancolia-juventud-ida-18082015-0754

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En 2006 decía “nacionalismos”, pero la palabra adecuada es separatismos. Y no tenía en cuenta lo bastante la influencia de un racismo estrafalario tanto en el separatismo vasco como en el catalán. Desde la derrota nazi procuran ocultar aquella manía, pero les resurge constantemente, como en su insistencia en los “hechos diferenciales”, o últimamente en la “genética”, que dice Junqueras. En realidad, sin ese racismo subayacente, los separatismos perderían toda su fuerza.

 Otro punto a destacar es el surgimiento, a principios del siglo XX,  del “regeneracionismo”, muy favorable a los separatismos por la común denigración del pasado español. En 2004 publiqué el primer estudio en profundidad de los separatismos vasco y catalán en estrecha relación con la evolución política de España. El libro se vendió muy bien, pero no dio lugar a debate alguno, y ello, unido al hecho de ser el primero en su género (y creo que sigue sin haber otro) pese a abordar cuestiones tan cruciales, indica el marasmo cultural y político de la España actual. 

Separatismos: circunstancias y líderes

LD, 23 de Junio de 2006 – 11:46:20 – Pío Moa – 141 comentarios

Los separatismos vasco y catalán fueron incubándose bajo la Restauración, en la segunda mitad del siglo XIX, cuando todavía nacionalismo y liberalismo parecían marchar unidos, salvo en Alemania. Sin embargo, en España tardaron mucho los regionalismos románticos en convertirse en separatismos, no ocurriendo ello hasta la última década del siglo, tardíamente con respecto a otros separatismos europeos, y con un tinte antiliberal.

Tanto en la población vasca como en la catalana había tenido mucha aceptación el carlismo. Sin embargo fueron sus regiones las más beneficiadas por el triunfo liberal, pues en ellas –en Barcelona y Bilbao– surgieron las minorías emprendedoras que mejor aprovecharon la estabilidad y el mercado nacional abierto por la Restauración. Por tanto cabía esperar que sus burguesías y la gente común hubieran reforzado sus sentimientos unitarios, y simpatizado con el liberalismo. En parte así ocurrió, desde luego, pero la prosperidad incluyó un fenómeno más alarmante: atrajo a Bilbao y a Barcelona a decenas de miles de trabajadores de otras regiones, mano de obra en su mayoría analfabeta, poco religiosa, a menudo desarraigada, explotada y proclive a actitudes revolucionarias. Ello despertaba en las crecientes clases medias autóctonas una sensación de peligro y desorden, mezclada, a menudo, con la añoranza por un idealizado ayer de tranquilidad y armonía.

El descontento con algunos efectos del liberalismo anclaba también en la tradición carlista, una de cuyas reivindicaciones había sido los fueros regionales o provinciales, leyes particulares de origen medieval que, entre otras cosas, fragmentaban el mercado único. Los fueros de Cataluña habían sido abolidos en 1716, tras la guerra de Sucesión, por haber apoyado la oligarquía y muchos catalanes a la dinastía austriaca, en lugar de a la triunfante borbónica; y los vascos en 1876, después de la última guerra carlista.

Por otra parte el dinamismo de Bilbao y Barcelona provocaba roces con una administración madrileña plagada de viejas rutinas semirrurales y oligárquicas, deploradas por las pujantes capas industriales y comerciales. Se extendió la idea en medios populares y menos populares de que “catalanes y vascos” eran los únicos que trabajaban, viviendo las demás  a su costa. Por supuesto, la situación podía presentarse también al revés: Cataluña y Vasconia no sólo se beneficiaban del mercado nacional (más el colonial), sino que prácticamente lo tenían cautivo merced a unos aranceles muy altos, impuestos por Madrid para proteger, precisamente, sus industrias, las industrias españolas, en definitiva. Y quienes trabajaban allí eran, en gran parte, gentes de otras regiones.

Los separatismos iban a crecer, pues, en ese ambiente, explotando el orgullo por la prosperidad económica, el descontento con la pesada administración central, la inseguridad introducida por la inmigración, el miedo a los brotes revolucionarios, la aversión tradicional al liberalismo, y la nostalgia por un pasado ideal concretado en los fueros, en cuya abolición veían o querían ver el fin de la “libertad” catalana y vasca.

Sentimientos un tanto contradictorios, porque el progreso material se asentaba, precisamente, en la mano de obra barata llegada del resto del país y en la eliminación de los fueros, que, al ampliar los mercados, había dado alas a la industria textil catalana y la metalúrgica vizcaína. Volver a los fueros habría traído la ruina económica, por lo que su invocación funcionaba más bien como una querencia sentimental del pasado, justificadora del disgusto con las dificultades del presente. Y los defectos de la administración central podían verse como productos irremediables de una institución a destruir, o como males transitorios, superables mediante reformas.

Peculiaridad importante de estos separatismos fue la impronta clerical en su gestación. El nacionalismo catalán tuvo una raíz fundamental en medios de la Iglesia, aunque al principio no pasara en ellos de regionalismo. En Vascongadas se trató más bien de un acogimiento eclesiástico de las doctrinas, de matiz teocrático, elaboradas por Sabino Arana. En ambas regiones diversos seminarios, monasterios y parroquias llegaron a convertirse en focos de separatismo. Y mucho más tarde, por los años 60 del siglo XX, bajo el régimen de Franco, el clero iba a desempeñar de nuevo un papel crucial en el resurgimiento de los separatismos, aunque en un contexto muy diferente y por causas también diferentes.

Choca a primera vista el nacionalismo clerical, pues España había desempeñado durante siglos el papel de adalid del catolicismo en Europa y en medio mundo. ¿Cómo, de pronto, unos católicos fervientes desvalorizaban esa tradición y pugnaban por romper la vieja unidad hispana? Una explicación reside en las quiebras sociales y políticas del siglo XIX y en el triunfo final del liberalismo. Esta ideología había llegado con la invasión napoleónica, inspirándose en la revolución francesa y con un componente antirreligioso y violento muy pronunciado, alzando contra ella un frontal rechazo en los ambientes más católicos, que por reacción se anclaron en una ortodoxia anquilosada. Al triunfar el liberalismo, diversos clérigos pensaron salvar lo salvable en sus propias regiones, donde tan fuerte había sido la influencia carlista. No insinúo una continuidad entre carlismo y separatismo. Por el contrario, el carlismo había defendido firmemente la unidad española, aun si la concebía al modo descentralizado del antiguo régimen; por lo tanto el nacionalismo suponía una ruptura con él. La relación es más bien indirecta y producto del ambiente. Las repetidas derrotas carlistas dejaban a finales del siglo poca esperanza de volver al antiguo régimen, y el nacionalismo clerical, considerando a Cataluña y Vasconia regiones privilegiadamente católicas, quería salvarlas de la general degradación. Hasta cierto punto los separatismos  vasco y catalán nacieron como reacción regional contra el liberalismo triunfante en el conjunto del país.

Esta explicación resulta, no obstante, insuficiente, por cuanto la Restauración había creado un sistema moderado, ajeno a las antiguas exaltaciones, pronunciamientos militares y ataques a la religión, haciendo posible una convivencia espinosa, pero aceptable, entre la Iglesia y el estado. Pero fue precisamente entonces cuando tomaron cuerpo los movimientos anarquistas y marxistas, confirmando en apariencia la vieja crítica al liberalismo como puerta abierta a esas ideologías, que irrumpían prometiendo textualmente la sangrienta abolición de la religión, la propiedad privada y la familia.

El paso del regionalismo al nacionalismo entrañaba otro cambio radical. Como en todos los países, había existido siempre una rivalidad entre las regiones. El “contrario”, en Cataluña y, en menor medida en el País Vasco, había sido Castilla. Sin embargo la decadencia castellana en el siglo XIX era manifiesta, y su hegemonía en la política y la cultura se había desvanecido de mucho tiempo atrás. Los nacionalistas vascos y catalanes mostraban animadversión hacia Castilla, cuya historia y hegemonía pasadas zaherían y menospreciaban, pero considerarla una “nación opresora” sonaba por lo menos exagerado. Aunque la unidad española bajo los Reyes Católicos había mantenido una considerable diferenciación entre los reinos, especialmente el de Castilla y el del Aragón, esa diferencia se había ido diluyendo desde el siglo XVIII, como también la antigua preeminencia demográfica y económica castellana. Aun así, los separatismos vasco y catalán exacerbaron las quejas y diferencias, y dieron el paso de la tensión con Castilla a la oposición a España.

De todas formas, durante el último decenio del siglo XIX, ambos separatismos atraían a muy poca gente. Quedaban en cosa de algunos intelectuales y clérigos y, sobre todo en Cataluña, se confundía con el mero regionalismo cultural. Pero a finales de esa década, en 1898, ocurrió uno de los sucesos psicológica y políticamente más determinantes de la historia contemporánea española: la derrota frente a Usa, y la pérdida de las últimas colonias. Como se ha resaltado a menudo, el “desastre” no lo fue en el terreno económico –resultó incluso beneficioso desde ese punto de vista– pero sí en el orden moral: quebró la confianza y la seguridad de España en mayor grado todavía que las de Francia por su derrota frente a Alemania en 1870. Inundó el país una marea de autodesprecio y fueron puestas en cuestión la historia y la cultura españolas, y el valor mismo de su unidad. Ese momento psicológico marca el auge y consolidación de los separatismos catalán y vasco.

Siendo así, cabe preguntarse por qué cobró impulso el separatismo en esas dos regiones, y no en otras tan diferenciadas como Valencia, Baleares, Navarra, Galicia o Andalucía. Algunos encuentran la causa en la industrialización, la “burguesía”. Quizá, pero ambos separatismos tuvieron mucho de reacción a la industrialización, o más bien a uno de sus efectos principales: la llegada de una masa de inmigrantes. Y ambos enraizaron más bien en capas medias y campesinas que en el medio empresarial, sobre todo en el caso vasco. Además el progreso industrial fue previo al  separatismo y no debió nada a éste, del cual sólo podía esperar peligros, al implicar una fuerte restricción del mercado para las empresas regionales.

A mi juicio, no basta con la existencia de condiciones generales u “objetivas” más o menos favorables para que una idea política cuaje. Hace falta un liderazgo lo bastante hábil y empeñado para explotar esas condiciones y superar los obstáculos. Y la presencia de líderes inspirados, enérgicos y tenaces no es algo previsible o automático en unas circunstancias económicas, sociales o culturales dadas. Es un producto azaroso de mil circunstancias, muchas de ellas estrictamente personales e impronosticables. Ese liderazgo no surgió en la mayoría de las regiones, pero sí en Vasconia con Sabino Arana, y en Cataluña con Prat de la Riba y Cambó. Los dos primeros elaboraron sendas teorizaciones sobre sus respectivas regiones, así como, más o menos explícitamente, sobre España. Y, no menos importante, combinaban con su dedicación teórica una completa devoción a la causa y la verdad que creyeron descubrir. El cambio real de regionalismo a nacionalismo se produce ya a finales del siglo XIX, y muy ligado a la obra de Arana y de Prat de la Riba, y por ello le daré en este ensayo mayor relieve que a disquisiciones eruditas sobre los antecedentes, inspiraciones o variantes de sus doctrinas.

No porque tales disquisiciones y estudios sean vanos, ni mucho menos. Al contrario, a menudo –aunque no siempre– clarifican las cosas, pero por no ser indispensables al objeto de este libro, me extenderé poco sobre ellas. Así, apenas trataré temas como la actual polémica dentro del nacionalismo catalán sobre la importancia relativa de Almirall y de Prat, o las implicaciones demo-orgánicas de las Bases de Manresa, o las raíces del mesianismo vasquista “limpiador de la tierra” desde Larramendi, estudiadas por M. Azurmendi, etc. Dicho en otros términos, parto del supuesto, a mi juicio evidente, de que fueron las ideas y fuertes personalidades de Arana y Prat, enfrentadas a un medio poco propicio, las fundadoras e impulsoras de ambos separatismos; y de que atendiendo a ellas podemos entender suficientemente –no exhaustivamente, claro, si eso fuera posible– los rasgos de cada uno y muchas claves de su desarrollo y repercusiones a lo largo del siglo XX.

Los dos personajes fueron prácticamente coetáneos, con diferencia de cinco años. Los dos murieron prematuramente, Arana con 38 años, en 1903, y Prat con 46, en 1917. Había entre ellos otras muchas semejanzas. Si, desde el punto de vista intelectual, nadie podría considerarlos brillantes, suplían esa deficiencia con el instinto, por así llamarlo, de los fundadores; con la convicción sin fisuras en sus ideas, cuya verdad redentora para sus pueblos tenían por irrefutable; y con una tenacidad extraordinaria, nacida de esa convicción. Ambos poseían dotes de organización y propaganda muy notables, y, considerando la unidad española perjudicial para vascos y catalanes, retrotraían a tiempos pasados, a veces un tanto brumosos, el ideal de plenitud nacional, para cuya recuperación habría sonado la hora. Eran, además, muy católicos.

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Nacionalismos /El terrible señor Rajoy

Blog I: Recuerdos (15) Luchas por el poder en el Ateneo: http://www.gaceta.es/pio-moa/recuerdos-15-luchas-ateneo-17082015-0843

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Nacionalismos

27 de Junio de 2006 – 08:46:13 – Pío Moa – 234 comentarios

La crisis española actual puede presentarse como una pugna entre nacionalismos: el nacionalismo español y los nacionalismos periféricos. Siendo el nacionalismo un mal, según diversas doctrinas, la salida resultaría siempre insatisfactoria.

Aunque las naciones, propiamente hablando, se formen en Europa y como resultado de la caída del imperio romano, y vayan adquiriendo forma precisa en la edad moderna, podemos definir el nacionalismo en dos sentidos. En primer lugar como el sentimiento natural de patria, de identificación con un grupo social amplio y su territorio –sentimiento que puede ser incluso más fuerte que el de identificación con la propia familia, el grupo más elemental—. Y en segundo lugar como el concepto de que la soberanía reside en la nación (el “pueblo”), y no en el rey u otra autoridad no elegida directamente por la nación, idea mucho más moderna, con poco más de dos siglos de existencia.

No es difícil ver por qué la unión de ese sentimiento y ese concepto ha permitido extender el nacionalismo por todo el mundo en el último siglo, a grupos humanos que nunca habían sido naciones, excepto en el sentido primitivo usado por los romanos.

Sin embargo no todos los nacionalismos son lo mismo, como no son lo mismo todos los estados (excepto para los anarquistas) o todas las formas de hacer negocio. Para empezar, hay naciones con profundas raíces históricas y culturales, y las hay que son más bien invención de oligarquías locales ambiciosas de poder; y hay nacionalismos ligados a la democracia y los hay ligados a la tiranía.

El terrible señor Rajoy

30 de Junio de 2006 – 08:10:46 – Pío Moa – 367 comentarios

El señor Rajoy vuelve a tomar el pelo a los ciudadanos:

“Y, por tanto, mientras las condiciones no cambien y mientras no se den esas garantías a las que antes he hecho referencia, nosotros no podemos apoyar al Gobierno, sobre la base de que para el Partido Popular será siempre un objetivo nacional la recuperación de la libertad y derrotar a la organización terrorista ETA”.

Terrible lenguaje. El gobierno, la ETA y los demás separatistas, empeñados en un proceso acelerado de destrucción de la Constitución, ¡y resulta que el señor Rajoy no los va a apoyar! ¡Qué miedo, qué desolación sentirán la ETA y el gobierno, privados de ese imprescindible apoyo! ¡Qué tremendo este Rajoy!

Ese “no apoyo” en lugar de la denuncia y el ataque a fondo a los liberticidas es sólo una forma de colaboración con el proceso. ¿En qué se manifestará esa colaboración? En lo que se viene manifestando: la desmovilización y desmoralización de los ciudadanos. Tal es el papel de Rajoy.

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Nunca entro en bares o locales con nombres en inglés. Nunca compro artículos que se anuncian en inglés. Nunca compro ropas o artículos con grafismos en inglés. Creo que va siendo hora de protestar y boicotear esas cosas.

No se debe a que deteste la cultura anglosajona, admiro muchos aspectos de ella. Se debe a que esa cultura sabe defenderse muy bien, y no precisa mi ayuda. En cambio la cultura hispana se defiende muy mal, y no deberíamos ahorrar esfuerzos por cambiar tal situación. Sufrimos una auténtica colonización cultural, cuyos principales agentes son españoles. Incluidos los más gritones antiuseños

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Alfilerazos contra estocadas / Decadencia del Ateneo

*En “Sin complejos”, de Luis del Pino. La hispanofobia como enfermedad política y social. El antifranquismo como disfraz de la hispanofobia:  http://esradio.libertaddigital.com/fonoteca/2015-08-15/involucion-permanente-espana-tiene-mal-concepto-de-si-misma-90936.html

**Blog I: Recuerdos sueltos (14) Excursiones arqueológicas por Cuenca: http://www.gaceta.es/pio-moa/recuerdos-14-excursiones-arqueologicas-cuenca-16082015-0906

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Sobre el primer comentario, apoyé  en su día la invasión de Irak, advirtiendo que había tantos argumentos a favor como en contra, y que, como miembro de la OTAN, España debía… Creo que fue un inmenso error. Aun así, una vez cometido, el PP debió haber defendido su posición con uñas y dientes ante la opinión pública, en vez de dejar esa iniciativa a la izquierda. Hoy sigue sin saberse quiénes fueron los autores del atentado del 11-m, un atentado que empeoró drásticamente las derivas políticas que Aznar había ya acentuado, con la excepción de su política hacia la ETA.

En LD: Alfilerazos contra estocadas

31 de Mayo de 2006 – 09:32:35 – Pío Moa – 397 comentarios

Rajoy ha hecho un discurso parlamentario de esos que no conmueven gran cosa a la población ni al gobierno. Ha señalado “incertidumbres” y hechos “preocupantes”, o “alarmantes”, o lo que sea, en un buen discurso para circunstancias normales. Pero los tiempos no son normales. Porque no es normal que un gobierno colabore con una organización terrorista y esté liquidando la Constitución de acuerdo con ella y con los separatistas. No es normal que un gobierno democrático diseñe un plan de alianza con las dictaduras y dé premios al terrorismo islámico, bautizándolos a todos como “civilizaciones”, con la misma descarada perversión del lenguaje con que llama “proceso de paz” al proceso de destrucción de la ley. No es normal que un gobierno intente dar por cerrado el más grave atentado de nuestra historia, en el cual casi todos los implicados son confidentes policiales y otras personas controladas por unos policías que habían abandonado esos controles justo antes del atentado; unos policías cuyo comportamiento en relación con las pruebas y la justicia resultan cuanto menos extrañas; un atentado, en fin, al que debe el poder ese mismo gobierno. No es normal que desde el poder se esté presionando para silenciar las voces críticas o desacreditar a las víctimas más directas del terrorismo, o realizando detenciones ilegales…

Ni tantas otras cosas, estocadas a la democracia, a las que Rajoy responde con alfilerazos, tal vez porque no se percata con claridad de la situación. Como tampoco se percata de estar lidiando con el partido de los “cien años de honradez”, con el partido del GAL y de Filesa, nunca retractado, ni regenerado… Y al cual, por tanto, no puede arrebatar la iniciativa.

El Iluminado, más habilidoso y eficaz, ha hecho un canto a sus logros económicos. Ni aun ahí ha estado Rajoy a la altura. Ha hablado, en abstracto, de “un ciclo de crecimiento”, como si el mismo no tuviera relación con la política económica de Aznar, lo único que no ha variado sustancialmente el gobierno actual. La falta de referencia de Rajoy a la etapa de Aznar ya me llamó la atención en su campaña electoral, cuando el actual líder de la derecha se presentaba haciendo mil promesas vacuas, como si viniera de la oposición.

¡Ah, e Iraq, Iraq, la marca de la cobardía del PP…! Nunca acabarán de pagar su falta.

En fin… Esperemos que el futuro de España no dependa de todos ellos. Es la hora de los ciudadanos.

Elecciones en el Ateneo de Madrid

27 de Mayo de 2006 – 09:05:17 – Pío Moa – 323 comentarios

  Da lástima y algo de desprecio contemplar la decadencia de la institución cultural española más original y en muchos aspectos más creativa de los últimos dos siglos, un modelo nacido en Madrid, que se extendió desde Barcelona a Manila. Hoy, ni sombra de lo que fue. Un símbolo de los tiempos

   “Y he aquí un cuarto rasgo del Ateneo, sugerido por su propio nombre, alusivo a Atenea y a la ciudad que más disfrutó de su patrocinio. A la diosa de la sabiduría y de la guerra, del intelecto combativo, en síntesis, pues nunca la búsqueda de la verdad ha sido buena compañera de la complacencia ni de la componenda. Las polémicas ateneístas han sido famosas en sus mejores horas, y aunque poco de ello ha quedado escrito, su influjo invisible, formador de actitudes y afinador de ideas, ha sido con seguridad poderoso en la obra de muchos pensadores. También la discusión abierta y el contacto intelectual directo fueron características de la cultura griega.

   Esa actitud vivaz, emprendedora e inquisitiva, presta a poner en tela de juicio las ideas, ha existido también en el Ateneo. En él se ha llegado a combinar la investigación con la discusión y la tertulia, una tradición mediterránea, particularmente helénica”

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La estupidez y la listillería /Don Julián hoy

Blog I Recuerdos sueltos (13) Búblichki.  Prisión naval de Caranza: http://www.gaceta.es/pio-moa/recuerdos-sueltos-13-bublichki-prision-naval-caranza-15082015-0905

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La estupidez y la listillería

30 de Mayo de 2006 – 08:45:46 – Pío Moa – 310 comentarios

No recuerdo quién dijo que el peligro en política es que una buena causa sea defendida por líderes mediocres y una mala causa por políticos brillantes. No es exactamente el caso actual en España. Aquí, la sangrante mediocridad de la derecha se corresponde con una mezcla,  en la izquierda, de estupidez de fondo y habilidad de superficie. Hay una inmensa estupidez en el designio de destruir la Constitución y reducir España a un amasijo de “naciones” inventadas por demagogos; y una habilidad o listillería práctica en la forma como el ilegal gobierno  está llevando adelante el proceso. Una combinación nada infrecuente.       

Azaña: “¿Tendremos que resignarnos a que España caiga en una política tabernaria, incompetente, de amigachos, de codicia y botín, sin ninguna idea alta?”   O aún: “Lo que me ha dado un hachazo terrible, en lo más profundo de mi intimidad, es, con motivo de la guerra, haber descubierto la falta de solidaridad  nacional. A muy pocos nos importa la idea nacional”.

   Omitamos la contribución del propio Azaña a tales desdichas: no dejó de pintar un buen  retrato de su gente. Y de la gente que hoy intenta arrasar lo construido en España desde la Transición.

“Don Julián, hoy”

29 de Mayo de 2006 – 08:32:00 – Pío Moa – 327 comentarios

Juan Goytisolo, en su reivindicación del conde famoso, formuló el antiespañolismo visceral de gran parte de la izquierda: “la negación del suelo patrio, de las tradiciones, de la moral convencional, incluida la heterosexualidad… Quizá esta última nota fue la menos celebrada: se tomó como un dato puramente personal aun cuando la consigna de Goytisolo era bien clara: la revolución total, la traición total, el entreguismo total pasaba por la reconversión sexual” (César Alonso de los Ríos: “Don Julián, hoy)

Resulta en extremo apropiado que la defensa intelectual,  por así llamarla de la colaboración con los asesinos de la ETA,  recaiga en profesionales de la homosexualidad, de la telebasura o del cine basura. Tal colaboración sólo podrían encontrarla adecuada unos profesionales de la degradación moral.

Una descripción precisa: “Rosas blancas para la ETA. Una roja para Zapo el Rojo”.

Para coordinarse contra el proceso de arrasamiento de la Constitución: odiseus48@wanadoo.es

Bibliotecas para nada

28 de Mayo de 2006 – 10:09:27 – Pío Moa – 292 comentarios

La historiografía  o, más en general,  las ciencias sociales, deben mucho al marxismo,  he oído más de una vez a profesores de derechas. ¿Qué le deben?  La atención a la economía, se supone. Pero “economía” no significa lo mismo en el lenguaje de Marx que en el corriente, y, tomada como base “material” explicativa  de la historia, es perfectamente falsa. Por lo común, quienes, desde la derecha, adoptan tal postura, demuestran tanto su ignorancia como su deseo de pasar por personas “moderadas” y “de mente abierta”… a costa del respeto a la verdad. Y  del espíritu crítico. Quien haya seguido las polémicas que he mantenido con diversos intelectuales habrá podido comprobar lo poco que importaba la veracidad a la gran mayoría. Vulgarizando el marxismo a su nivel, cabría sostener que el eje oculto de su argumento consiste, sin más,  en la defensa de sus intereses “materiales”, económicos, de disfrutadores del dinero público.

El marxismo,  sólo aprovechable como material de derribo, sigue presente en nuestra universidad simplemente porque quienes antes se proclamaban con orgullo marxistas o hacían ostentosas reverencias a la doctrina (Tusell, el modelo),  nunca entendieron por qué cayó el muro de Berlín. Sorprende cómo un enfoque doctrinal falso de raíz ha producido, y sigue produciendo, miles  y miles de libros, tesis e “investigaciones”. Pura farfolla casi todo. Bibliotecas enteras para nada.

Siempre lo olvidamos

26 de Mayo de 2006 – 08:19:50 – Pío Moa – 208 comentarios

Serafín Fanjul:

“En 1571, tras la derrota de Lepanto, Uluch Alí, alias Kapudan Bajá, almirante turco escribía: “La flota del imperio divinamente guiada se encontró con la escuadra de los malditos infieles, y la voluntad de Allah se volvió del otro lado”. Así se salvaron los europeos de la época, culminando el choque con la cristiandad occidental (a excepción de Francia, que siempre se ha desentendido de los intereses generales) iniciado en 1501 con la entrada de Kemal Rais en el Mar Tirreno. Una larga ristra de asaltos, invasiones, rapiñas, captura de habitantes para venderlos, que se prolongaría durante tres siglos e imposibles de reseñar aquí ni someramente. No obstante, en un país tan desmemoriado como el nuestro no huelga recordar que en Hungría sí rememoran la triste derrota de Mohács (1526), que en el este de Europa tampoco olvidan los dos asedios otomanos a Viena (1529 y 1683), que en Belgrado y Budapest todavía a fines del siglo XVII había bajás turcos, o que las incursiones de los piratas musulmanes alcanzaron a la misma Islandia (1627), después de haber asolado las costas de Inglaterra e Irlanda. De las de Granada, Málaga o Valencia ni hablamos; ni del saqueo de Ciudadela (Menorca) por Piali Rais en 1558; ni del exterminio de los armenios ya en pleno siglo XX. Nuestro descuido de la Historia, que viene de atrás que y los gobiernos socialistas se han preocupado de agravar, nos induce a mantener posturas absurdas. Me explico.

Está fuera de discusión que los acontecimientos del pasado no pueden encastillarnos en actitudes determinantes de la política económica, cultural o militar de la actual Unión Europea, pero tampoco resulta conveniente decretar amnesia general, en España y en Europa entera, desconociendo (véase la Constitución europea de Giscard y Rodríguez) los orígenes y los elementos básicos de homogeneización de nuestro continente y, a la par, abriéndose seráficamente rebozados en almíbar al enemigo de ayer (para los armenios el asunto queda muy cerca, no son consejas del siglo XV) que, por su parte, no ha renunciado a ninguno de los factores de confrontación con nosotros; sólo quieren beneficiarse de la economía de la Unión, por lo demás no les interesamos. Y con un gobierno islamista, menos: recuérdese el veto turco al paso de tropas americanas por su territorio en 2003. Y, sin embargo, el Parlamento europeo ha aprobado el inicio de negociaciones con Turquía con vistas a su ingreso en la Unión, basándose en el muy discutible argumento de que el 4 % del territorio turco se halla en el continente europeo. La geografía como única guía es mala consejera porque, entonces, cabe preguntar qué pintan las Antillas francesas o Canarias en la Unión, o por qué no damos la razón a Marruecos y les entregamos atados de pies y manos a ceutíes y melillenses”

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