Tres generaciones españolas

Blog I: ¿La UE y los políticos españoles contra España?http://www.gaceta.es/pio-moa/ue-los-politicos-espanoles-espana-09052014-1401 

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Tres generaciones españolas

  Azaña pronunció su célebre discurso “Tres generaciones del Ateneo” en 1930, cuando se preparaba para asaltar el poder e imponer la república por medio de un golpe militar (dato por el que suelen pasar de puntillas sus apologistas). En él examina la evolución del Ateneo de Madrid a lo largo de bastantes años, pero su importancia capital radica en la exposición de su concepción estratégica para la esperada república: un programa de demolición de las tradiciones católicas y más en general españolas, a su juicio estériles y negativas, para lo cual las desmedradas izquierdas republicanas debían apoyarse sobre los sindicatos y partidos obreristas. Documento clave, porque explica muy bien la conducta política posterior de Azaña, pero al que ningún historiador había dado, me parece, su extraordinaria trascendencia.

   Pero, en fin, esto tiene poca relación con lo que paso a exponer. La explicación de la historia –al menos de la historia intelectual– por generaciones,  muy del gusto de Julián Marías, ha sido muy criticada, pero yo creo que es sugestiva, aun si poco precisa. Al terminar Sonaron gritos y golpes a la puerta, me di cuenta de que esta novela podría describir a una generación.  Describirla parcialmente, claro. Alguien me la calificó de “AntiColmena”, y realmente puede interpretarse así,  sin entrar en otras valoraciones. La obra de Cela ha quedado como un retrato de la época, y lo es, pero solo de su lado cutre. Toda época, como toda persona, tiene sus facetas sombrías, ridículas o cutres, las cuales han atraído de modo especial a un gran número de novelistas, no solo españoles, Cela entre ellos, desde luego. Pero también existen facetas más luminosas y hasta sublimes, y al final es el balance entre unas y otras lo que permite definir a una generación (o a una persona) como básicamente mísera o espléndida.

  Por efecto de un cine y literatura como la de Cela, ha quedado en España una imagen realmente mísera de los tiempos de la guerra y la posguerra. A mi juicio ello es extremadamente injusto, pues si hubo una Gran Generación española en el siglo XX, fue esa (¿podríamos fecharla como generación del 44?). Para llegar a esa conclusión basta tener en cuenta los desafíos históricos a los que hubo de enfrentarse: la revolución, la guerra mundial, el maquis, el hambre, el delictivo aislamiento internacional. Desafíos de extrema gravedad, aceptados y  superados de forma incluso brillante, contra fuerzas imponentes. Si hoy se piensa lo contrario se debe a que ha terminado por predominar la propaganda de los vencidos, en los cuales lo ruin, lo falso, lo cutre, han tenido mucho más peso que entre los vencedores. Esto es lo que me parece quedar claro en mi novela, en la medida de mis talentos, aunque no fuera su intención. Algunos lectores la han calificado de novela de aventuras o de novela épica o heroica, y por mi parte puedo aceptarlo, siempre que se admita que los héroes de la misma no son convencionales ni se parecen demasiado a los de otros relatos de género más o menos similar.

   Estas consideraciones me han llevado a planear otras dos novelas para retratar, esta vez deliberadamente, a otras dos generaciones: la que podríamos llamar del 68, por cierta afinidad con la francesa de entonces, y la actual. La primera se centraría en una jornada de varios estudiantes llegados a Madrid para entrar en la universidad, y se me ocurre para ella  el título Un día de holganza. Para la segunda, un posible título sería La pocilga. No podré abordar el proyecto antes demediados del año próximo, si todo va bien, y ya se sabe que exponer planes ambiciosos es de mal augurio, porque suelen terminar en nada. Pero, en fin, en ello estamos.

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Un consejo al WSJ / Los olvidos de Adela

 

Blog I:  La “cuestión catalana” resumida”: Carta de un charnego a unos catalufos.http://www.gaceta.es/pio-moa/cuestion-catalana-resumida-07052014-2038

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**Hay en la Complutense un master en “estudios feministas”, que capacita a “los y las personas” para no sé qué memeces. La degradación de la cultura.

** Escribe Luis Sánchez  González, ingeniero aeronáutico, que tendría gran interés para la investigación sobre el atentado del 11-m examinar los restos de vagones no desguazados y descubiertos hace pocos años, para establecer si se emplearon explosivos militares o comerciales: “un explosivo militar siega las piezas de metal dejando una huella en la zona de rotura diferente de la huella que deja un explosivo comercial (como la goma-2ECO) en su zona de fractura correspondiente”. Tendría el mayor interés descartar una u otra opción, desde luego. Queda expuesta la sugerencia.

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Dice el Wall Street Journal (WSJ) que Otegui dirige un “grupo vasco” defensor de una cultura prelatina, y que quiere la paz. Algo así dijo en su momento el actual jefe de Gobierno español. Y no dejan de tener razón uno y otro. La ETA siempre ha querido la paz, es decir una paz sobre la base de la quiebra de la democracia, el Estado de derecho y la unidad de España. Por otra parte, sus asesinatos nunca han logrado quebrar una paz básica en España, pero esa es otra cuestión.

Lo de Otegui se parece mucho a lo de Ben Laden. ¿Quiere el WSJ conseguir la paz con Al Qaida? No tiene más que persuadir al Gobierno useño de que ceda a la mayoría de las exigencias del islamismo, que, como sabemos, defiende también una cultura y una lengua predemocrática, si así queremos poner las cosas.

Resulta muy irritante la manía de los medios anglosajones de pontificar sobre los asuntos internos españoles, que en general conocen mal y sobre cuya historia tienen multitud de prejuicios. Para ellos (la BBC por ejemplo) la ETA suele ser simplemente un “partido separatista”, denominación que convierte en injusta o antidemocrática la persecución policial contra él. El apelativo de terrorista lo reservan para el IRA o para los grupos que atentan contra Inglaterra o Usa, cuando la verdad es que el IRA hunde sus raíces, en gran medida, en una secular opresión y discriminación contra los irlandeses católicos, con una historia de conquista a sangre y fuego, cosas que ni por lo más remoto han ocurrido en España con las provincias Vascongadas.

Claro que el problema viene mucho menos de medios de masas como los mencionados, que de nosotros mismos. La ETA disfrutó de increíble apoyo propagandístico, político y moral de toda la oposición antifranquista (nunca democrática), durante el régimen anterior y bastante después. Apoyo que se hizo más indirecto, pero no menos efectivo con la “solución política”. Y que ha renacido con una multitud de concesiones absolutamente ilegítimas por parte de un gobierno que en buena medida se siente identificado con los etarras: no en vano se trata de un gobierno ferozmente “antifranquista”, una condición que, como vemos, une mucho a los Josu Ternera, los Otegui y los Rodríguez Zapatero. Unión que no por casualidad se traduce en el ataque a la unidad española y al estado de derecho.

El desprecio que muestra el WSJ por la identidad democrática y la unidad de España podría, insisto, llevarle a preconizar la misma política en Usa. No solo con respecto a Al Qaida: también hacia Irán, Corea del Norte y otros regímenes también deseosos de paz y defensores de culturas particulares.

(en LD, 29-12-2010)

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Los olvidos de Adela

Sobre la ilegalización de Batasuna, la corresponsal de The Economist en Madrid, Adela Gooch informa así a sus lectores: la medida trata de “silenciar a los secesionistas”, y está motivada porque el gobierno de Madrid “cree que es hora de dejar de sentirse culpable por el pasado de España bajo Franco”, aunque también podría tratarse de una venganza de Aznar, resentido por el atentado contra él por parte de ETA hace años. El resultado será la rotura de los cauces de negociación y el alejamiento de las “aperturas políticas”, a juicio de The Economist inevitables, puesto que “la represión sola no resolverá el problema vasco”. La ilegalización “no servirá de nada para acabar con el terrorismo”, aunque sí, de momento para “agitar un avispero” y tensar las relaciones entre los partidos. “Los vascos, entre tanto, temen que las elecciones municipales, en mayo, resulten sangrientas”. En resumen, la proscripción contra Batasuna es una “equivocación”.

No hay que ser un lince para ver la posición del PNV a través de las palabras de la corresponsal. Sin embargo ésta olvida algunos datos esenciales: el PNV y EA son también secesionistas, y nadie los silencia. Por tanto, Batasuna no es perseguida por secesionista, sino por ser parte del entramado terrorista, como Adela Gooch sin duda sabe, aunque prefiera no inquietar a sus lectores con tan mala noticia.

¿Algunos vascos temen episodios sangrientos en las elecciones? Quizá, pero tales hechos no son nada nuevo, y las elecciones en Vasconia se desarrollan desde hace muchos años en un clima de acoso, amenaza y chantaje, que rompe la igualdad de condiciones y perturba seriamente su carácter democrático. Esto también lo sabe la corresponsal, pero se ve que no quiere herir la sensibilidad de sus lectores recordándolo.

Tal situación no la ha creado solamente ETA-Batasuna, sino también la interesada permisividad, por así llamarla, de los nacionalistas supuestamente democráticos y moderados, y de ella se benefician todos ellos, como no puede ignorar la señora Gooch, aunque juzgue inoportuno prestar atención a esa minucia.

Con olvidos de este calibre, la impresión que saquen los lectores de The Economist no puede ser muy realista, aunque a cambio permita llegar a conclusiones como las allí expuestas. Pero ¿es una equivocación proscribir a ETA-Batasuna, responsable directa de la violencia y la mutilación de la democracia en Vascongadas? Seguramente lo es más permitirle seguir su criminal actividad. ¿No servirá de nada para acabar con el terrorismo? Nadie ve en la ilegalización la panacea que acabe definitivamente con el terror, pero lo dificultará sin duda alguna. ¿Tendrá que haber negociaciones finalmente? De ningún modo. The Economist, como lo hace interesadamente el PNV, confunde la situación de Vasconia con la del Ulster, cuando son radicalmente distintas, salvo por la presencia de los atentados.

Por fin, ¿se han sentido los gobiernos de Madrid culpables por los agravios del franquismo? Si así es, mala cosa. El franquismo no causó en Vasconia más agravios que en el resto del país, y junto a ellos habría que poner los beneficios. Por citar uno solo, al terminar aquel régimen, las tres provincias vascas eran las de mayor renta per capita de España, posición que no han recuperado desde entonces con el concierto económico. Y la democracia no ha llegado en España por el terrorismo de ETA, como quieren pensar los nacionalistas y otros, sino que partió de aquel régimen, a la muerte de Franco. Pero quizá no haya que culpar a la corresponsal de su visión de la historia, pues está muy difundida dentro de España. Si bien no por tan difundida deja de ser distorsionada.

 (En LD, 6-9-2002)

 

 

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Antiliberalismo separatista y separatismos menores

Blog I. Ante el fin de un ciclo histórico: http://www.gaceta.es/pio-moa/ciclo-historico-06052014-1356 

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No deja de resultar  chocante que los forjadores del los nacionalismos vasco y catalán hayan unido el racismo a un ferviente catolicismo, pese a la dificultad racional de combinar ambos y al carácter católico de España. La causa puede encontrarse en la victoria del liberalismo y la consiguiente derrota del tradicionalismo en la última y definitiva guerra carlista, en los años 70 del siglo XIX. Habiendo sido Cataluña y Vascongadas  dos de las regiones más intensamente partidarias del Antiguo Régimen, surgió en algunos sectores de ellas la decepción hacia una España en la que una y otra vez triunfaban los liberales, y la idea de ser ambas regiones las más auténticamente católicas. Como decía Arana,  Antiespañol y antiliberal es lo que todo bizkaíno debe ser“. La “raza” vasca sería constitucionalmente católica, rasgo que volvía a separarla decisivamente de los maketos, según explicaba:  “¡Católica España! Y ¡afirmarlo ahora que cualquiera (…) lee periódicos y libros! (…) No es posible, en breve espacio, mencionar siquiera concisamente los hechos pasados y presentes que prueban bien a las claras que España, como pueblo o nación, no ha sido antes jamás ni es hoy católica”.  Desde tiempo inmemorial, los vascos habrían impuesto la moral católica a las capas dirigentes, mientras que las capas dirigentes españolas habrían fracasado en hacer realmente católica a la masa de maketos. Y el  nacionalismo catalán fraguó en buena medida en círculos eclesiales que veían en el liberalismo una amenaza y reivindicaban la tradición religiosa catalana. No obstante, debe tenerse en cuenta que  el carlismo era, y en general es, fuertemente españolista y defendía los viejos fueros  como propios de la unidad española, en contraste con el centralismo traído de Francia. Así, debe destacarse la ausencia de evolución separatista, por entonces, en Navarra o Álava y otras zonas de fuerte influencia carlista.  

   También influyó  en el antiliberalismo la llegada de trabajadores de otras regiones, bastantes de ellos desarraigados e ignorantes, alejados de la religión por el debilitamiento o pérdida de lazos familiares,  la explotación y   las condiciones de vida, con frecuencia miserables. En ellos prendieron las doctrinas socialistas y anarquistas que les prometían un mundo feliz y les señalaban un enemigo. Muchos vascos y catalanes de clase media miraban a esos obreros como fuente de inmoralidad,  subversión y violencia, y, si bien se beneficiaban de ellos,  les oponían un pasado ideal de catolicidad  y moralidad estrictas, aún persistentes en sus regiones, pero  supuestamente  perdidas en el resto del país. Parte considerable del clero  desempeñó un papel importante en el auge nacionalista en las dos comunidades.

     En Vascongadas, el PNV mantuvo un intenso antiliberalismo, que,  en una rama de él,  la ETA, concluyó en un revolucionarismo de tipo marxista. En Cataluña la evolución siguió otro rumbo: el nacionalismo  de Prat, bajo el liderazgo de Cambó evolucionó lentamente hacia un regionalismo españolista, y sus contradictorias aspiraciones, imperialistas derivaron hacia un liberalismo templado. También Arana prohijó hacia el final de su vida una transformación en apariencia españolista, al parecer planeada para fomentar otros separatismos que pudieran terminar disgregando a España. Fuera esa la intención o no, sus seguidores persistieron en la orientación inicial, aunque a lo largo del tiempo oscilaran con fases menos radicales.  El nacionalismo catalán de izquierda cuajará en 1931 en la fusión de tres partidos menores en la EsquerraRepublicanade Catalunya. Al comenzar la República, la Esquerra desbancó al catalanismo de derecha y radicalizó su separatismo, tomando un tinte jacobino, exaltadamente anticlerical, aunque admitía a algunos católicos.

Otros separatismos

    Como efecto de la crisis del 98, surgieron nacionalismos menores en otras regiones. Mencionaré brevemente el andaluz y el gallego. Un notario malagueño, Blas Infante, pergeñó una doctrina no mejor ni peor que las de Prat o Arana. Preconizaba “Vivir en andaluz, percibir en andaluz, ser en andaluz y escribir en andaluz”. Según él, “el lenguaje andaluz tiene sonidos los cuales no pueden ser expresados en letras castellana. Al “alifato” (alfabeto árabe), mejor que al español, hay necesidad de acudir”.  Por tanto había que “reconstruir un alfabeto andaluz  reflejo de “una gran cultura pretérita”, para separarlo del español. Admitía tres grandes naciones andaluzas en la historia: Tartesos, la Bética romana y Al Ándalus, finalmente arrasadas por la miseria y opresión españolas. La Andalucía islámica debía servir de modelo para recuperar la “conciencia andaluza”.  Como Arana inventó una bandera peculiar, Infante ideó otra “andaluza”, con los colores de los omeyas y almohades. Ante las burlas y críticas, declamó: “¡Qué gobierno, qué país! Llegar a sentir alarma por el flamear de una bandera de inocentes colores blanco y verde! Le hemos quitado el negro como el duelo después de las batallas y el rojo como el carmín de nuestros sables, y todavía se inquietan!”.  Enfervorecido por Al Ándalus (que no designaba a Andalucía, sino al conjunto de la península en poder musulmán) parece haberse convertido al islam, peregrinó a Marruecos y escribió dramas en honor de Al Motamid y Almanzor. Al terminar la I Guerra Mundial escribió: “Sentimos llegar la hora suprema en que habrá de consumarse definitivamente el acabamiento de la vieja España.  Declarémonos separatistas de este Estado que  (…) conculca sin freno los fueros de la justicia y del interés y, sobre todo,  los sagrados fueros de la Libertad (…) Avergoncémonos de haberlo sufrido y condenémoslo al desprecio”.  Fusilado por los nacionales en la guerra civil,  el notario fue  declarado en la transición “padre de la patria andaluza”, y su bandera musulmana la de Andalucía, por los partidos de izquierda y derecha. La región se convirtió en “nacionalidad histórica y en un estatuto posterior, “realidad nacional”, con apoyo de PP, PSOE, IU, partidos cuya evidente hispanofobia queda de relieve.

   El nacionalismo gallego fue teorizado sobre todo por Vicente Risco. Galicia debía superar su desgraciada historia en España recobrando su raíz céltica que la hermanaba  con Irlanda, Bretaña o Escocia. También reivindicó el reino suevo y un “atlantismo” que unía a Galicia con Portugal: “La misión histórica de Galicia y Portugal  es la de oponer al mediterraneísmo el atlantismo, fórmula de la Era futura. Detrás de nosotros, España entera, infestada de mediterraneísmo (…) se incorporará a la civilización atlántica”. Los nacionalistas catalanes loaban el mediterraneísmo como compendio de orden, serenidad y espíritu, pero Risco los juzgaba “razas ya sin fuerza creadora”. Había, en fin, que “restaurar a Atlántida”. Risco, intelectual no vulgar, terminó apoyando a Franco. Es difícil saber si se creía realmente sus nebulosas construcciones céltico-atlantistas, pero Arana y Prat sí se creían las suyas, y quizá Infante también.  Como fuere, ni el nacionalismo gallego ni el andaluz ni otros como el canario o incluso el castellano, han cundido tanto como el  vasco y el catalán. 

En resumen,  los dos nacionalismos aquí tratados  han cambiado sus expresiones por motivos de oportunidad política, especialmente después de la II Guerra Mundial. Un cambio importante en los separatismos de derecha ha sido su parcial abandono del catolicismo, aunque el PNV ingresó en la Democracia Cristiana, y parte importante del clero vasco y catalán ha seguido apoyando el separatismo, incluso el ateoide de la ETA. Las derivas terroristas en los separatismos ya se manifestaron en los años 20, y con la ETA alcanzarían su máximo.

  Pero, cualesquiera formas hayan adquirido, permanecen dos ideas clave: a) vascos y catalanes serían esencialmente distintos de los demás españoles, es decir, no serían españoles; y b) España sería un ente  fundamentalmente opresivo, atrasado y nefasto.  La diferencia atribuida a vascos y catalanes,  se exponga como racial, lingüística, o de cualquier otra forma, implica superioridad, pues de otro modo no tendría mucho sentido. Vascos y catalanes, superiores racial, cultural o europeamente,  estarían por tanto  sojuzgados por gentes agrupadas en España, un estado poco definido pero caracterizado por una inferioridad y maldad esencial. Basta atender  a la propaganda de estos movimientos para percibir un permanente ensañamiento denigratorio hacia España que recoge y amplifica los tópicos de la Leyenda Negra. Propaganda necesaria, por otra parte, para cambiar la mentalidad de vascos y catalanes, pues estos,  durante siglos, se han sentido y considerado españoles.

  Que las concepciones separatistas carezcan de apoyatura histórica no es muy importante, porque la propaganda siempre puede moldear  el pasado para adaptarse a ideas preconcebidas, máxime si la crítica que recibe es floja o reducida, como ha sido el caso. En esencia, estos separatismos  combinan el narcisismo de creerse distintos y mejores, con el victimismo de sentirse avasallados por poderes que les impiden llegar a ser la maravilla que imaginan. Esta combinación puede alcanzar una fuerza extraordinaria entre las masas, baste recordar el nacionalsocialismo alemán.

 La consecuencia práctica de estos nacionalismos es doble. Por una parte tienden a separar y crear hostilidad entre unas regiones y otras, y por otra a dividir a la población regional entre “buenos” y “malos”, según acepten o no sus doctrinas.  Los separatistas se proclaman automáticamente representantes del pueblo, piense lo que quiera la mayoría de él. Ello tiene, desde luego, poca relación con la democracia tal como normalmente se concibe. Con tal enfoque, las elecciones, por ejemplo, son un método aprovechable, pero nunca serán admitidas las votaciones adversas. Ocurre algo parecido con los comunistas, autoproclamados representantes del proletariado, voten lo que voten los obreros, y que utilizan las elecciones de modo similar.

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Dos revoluciones sexuales

Blog I: Aborto, eternidad de España y VOX:
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La sexualidad, dijo el clásico, es un potro muy malo de domar, que te derriba a las primeras de cambio. Tradicionalmente se trataba de encauzarla a través del matrimonio, el cual, se suponía, descansaba en el amor, la comprensión y la fidelidad mutuos, y fructificaba en los hijos. Esta venía a ser la teoría en la cultura cristiana. En la práctica, la cosa funcionaba a veces muy bien, a veces muy mal y en la mayoría de los casos sólo pasablemente, como ocurre en todas las empresas humanas. En todo caso quedaban marcados unos valores a aplicar en lo posible y un freno al llamado libertinaje.
En los años veinte del siglo pasado cambió bastante la teoría y la práctica. Desde una interpretación del psicoanálisis, no la única posible, cundió el enfoque de la sexualidad como una necesidad fisiológica a satisfacer, so pena de enfermar psicológica e incluso físicamente. Como beber un vaso de agua cuando se tiene sed, exponían algunos didácticamente. Así mirado, el otro miembro de la pareja perdía relieve, y los viejos valores de amor, comprensión y fidelidad pasaban a segundo plano o podían fácilmente convertirse en rémoras, al igual que los hijos. La idea no era nueva, pero su vestimenta cientifista la hacía muy atractiva, y originó una auténtica revolución, en el sentido de que conductas antaño marginales se extendieron masivamente. Mucho influyó también la quiebra moral producida por la Gran Guerra. Millones de jóvenes renegaban de los usos y prédicas de sus mayores, considerándolos hipócritas. No es seguro, sin embargo, que de ahí saliese una mejora en la salud física y mental de la gente. Hasta cabe sospechar que ocurriera justamente lo contrario.
La segunda revolución sexual, de los años 60, tuvo algunas diferencias con la anterior. Más que como necesidad física, la sexualidad, ayudada por la difusión de la píldora anticonceptiva, aparecía como diversión. En aquellos años la diversión subió muchos puntos en la estimación de la gente, y hasta se alzó como el valor máximo. Una canción, de los Beatles, creo, contaba cómo una chica escapaba de casa de sus padres. ¿Por qué se iba, si éstos la habían atendido y dado de todo? Porque, lamentablemente, no le habían dado bastante “fun”, y cuando no hay “fun”, pues ya se sabe. Aunque distintas en sus matices, las dos revoluciones tenían similares efectos. La familia y los antiguos valores perdían interés o se tornaban obstáculos, como perdía interés el o la oponente sexual cuando su grado de diversión bajaba. Esa actitud tenía algo que ver, supongo, con la ideología de la seguridad social, concebida como una mano materna que cuidaba de la gente desde la cuna a la tumba, haciendo de la sociedad un parque infantil donde todos podíamos pasar la vida jugueteando, ajenos a la responsabilidad, la culpa y otros sentimientos enfermizos, susceptibles de cura, afortunadamente.
En realidad estas formas de pensar y actuar siempre existen, aunque predominen sólo en algunos períodos, a los que dan carácter. Podría expresarse así su diferencia con las actitudes tradicionales: en estas últimas, la diversión o la satisfacción individual, por importantes que sean, se dan por sobreentendidas y derivadas. En cambio ocupan el centro en las concepciones revolucionarias, quedando la fidelidad, la comprensión, los hijos, etc., como elementos no desdeñables, más o menos convenientes, pero subordinados a la satisfacción o diversión particular. Desde ese punto de vista la homosexualidad, en rigor cualquier práctica sexual, con animales o con niños, tiene igual valor que la considerada normal todavía hoy.
Pero las exigencias “revolucionarias” traen efectos menos agradables de lo previsto, pues, por suerte o por desgracia, la sexualidad suele ir ligada a sentimientos muy intensos, exige la participación de otra persona con sus propias necesidades, imposible de reducir a simple objeto de satisfacción o diversión, y rara vez coinciden los dos miembros de la pareja en apreciar cuándo la relación ha dejado de ser divertida. Si además han cometido el error de tener hijos, el coste emocional llega a resultar elevadísimo.
Los obispos han sido muy criticados por señalar un lazo entre la revolución sexual y la violencia doméstica. Yo no creo que anden muy descaminados. Las dos revoluciones sexuales han socavado profundamente a la familia, y parece clara su relación con el creciente fracaso matrimonial, del que la violencia es una manifestación. Y con otros muchos fenómenos, como la multitud de niños despojados de un ambiente familiar, la extensión apabullante de la prostitución en todas sus manifestaciones, incluyendo buena parte de la publicidad comercial, la telebasura o las redes de pederastia, etc. etc. ¿De dónde podría venir todo eso, si no?
Sobre los malos tratos familiares aseguran algunos expertos que siempre han existido con igual o mayor intensidad, sólo que ahora se denuncian. Aunque los malos tratos en la intimidad del hogar no suelen trascender, podemos hacernos una idea aproximada de su extensión. Tal como deducimos la amplitud del hambre por el número de personas que mueren de ella (que indican un número mucho mayor de hambrientos, aunque no lleguen a morir), podemos colegir la extensión de los malos tratos por sus manifestaciones más extremas e indisimulables, las muertes. El número de muertes por maltrato doméstico aumenta en muchos países, desde los escandinavos a España. Tras muchas décadas de pesado adoctrinamiento feminista –muy relacionado con las revoluciones sexuales– debería ocurrir lo contrario por lo que no parece achacable esa tendencia al machismo residual, como decía no sé qué señora política.
Un maltratador de Barcelona, tan bergante como espabilado para halagar a los progres, pedía al juez la atenuación de su pena por haberse criado bajo el franquismo, cuando, decía, el maltrato a las mujeres era fomentado como una virtud. Él no tenía la culpa de haber recibido tan mala educación. Pero en el franquismo había sin duda mucho menos maltrato que ahora. Una canción de los años 50, tan denostados por nuestra ridícula progresía, aconsejaba:
“Para ser un buen marido, el hombre tiene que ser
generoso, complaciente y amable con la mujer
Ser un poquito celoso, a saber, quiere decir
cuando debe estar despierto y cuando debe dormir.”
Le faltaba decir cómo debería ser la mujer. Bueno, son consejos algo simples y pasados de moda, pero tal vez no del todo insanos en estos tiempos revolucionarios, tan apreciados por el camarada Zapatero, feminista radical, el hombre.
(En LD, 13-5-2004)
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César Vidal, Pilar Urbano y otros golfos

 

(Con motivo de esta entrada  he constatado una vez más,  en Facebook  y twitter  la existencia de un tipo de personas especialmente despreciables, las que ante una agresión brutal exigen al agredido que se comporte con toda cortesía. Son los clásicos auxiliares del matón. A estos memos suelo bloquearlos.
Y ya me he encontrado con determinados “franquistas” o “católicos” que me acusan de chaquetero, reconvertido o algo así, jactándose de que ellos siempre han defendido a Franco, no como yo, etc. etc. Yo no defiendo a Franco, sino la verdad histórica en lo que esta nos sea accesible; y esos cretinos más valiera que no defendieran a Franco ni a ninguna otra cosa, porque lo que defienden, lo hunden)

César Vidal, Pilar Urbano y otros golfos

Hace unos días me advirtió un amigo de que en su mala novela sobre el el 23-f, Pilar Urbano sugería que yo habría sido un agente franquista infiltrado en el GRAPO.  Digo mala novela sin haber leído el libro, porque me bastaron algunas catas de él  en una librería para darme cuenta de que se trataba de una mezcla de medias verdades y fabulaciones;  y se me pasó la página en que me mencionaba. Ahora, por twitter, me manda alguien una reseña muy oficialista de César Vidal en la que reproduce el invento sobre mí. Dice don César: “Con todo, el libro también relata alguna cosilla que no era tan conocida. Por ejemplo, Pilar Urbano señala que Pío Moa, a la vez que formaba parte de la organización terrorista GRAPO, era un agente de la policía franquista. Urbano, citando nada más y nada menos que al general Sáenz de Santamaría como fuente, señala que “el grapo Pío Moa era un infiltrado de Conesa”. Para los que no lo sepan, Conesa – al que algunos llamaban con cierta guasa “el superagente” – era el jefe de la sección de la policía franquista encargada de la represión política. ¿Decía la verdad Sáenz de Santamaría y Moa no fue nunca sino un agente de la dictadura disfrazado de terrorista y sirviendo por tanto a los intentos de imposibilitar la Transición hacia la democracia y luego desestabilizar la democracia una vez nacida? Si fuera así explicaría, ciertamente, muchas cosas. Por ejemplo, el hecho de que Moa haya podido escribir libros notables sobre la Segunda República – sucedió también con otros policías de Franco – pero, a la vez, haya difundido una versión indocumentada y ciegamente positiva del franquismo o que haya dado repetidas muestras de un desconocimiento rampante de la Historia de España sustentado en afirmaciones del reaccionarismo más rancio y carente – ¡una vez más! – de un conocimiento elemental de las fuentes. Pero esa coincidencia ciertamente notable no implica una relación causa y efecto y yo no la afirmaría jamás. Insisto: ignoro si Moa fue un agente doble como se recoge en el libro de Pilar Urbano y la verdad es que me importa un bledo.

Don César usa mucho ese método de tirar la piedra y esconder la mano. Por ejemplo cuando señalaba que él nunca había dicho que hubiese adulterio entre dos personas de Es-radio: con eso ya lo dejó dicho. Es muy típico de su estilo  hipócrita. Si  la cuestión le importa un bledo, ¿por qué le dedica un párrafo considerable? Evidentemente le importa, y salta a la vista el intento de hacer daño, porque sabe que la acusación es muy peligrosa no solo para el crédito  intelectual del acusado (un servidor)  sino incluso para su propia vida. Replicando a otra de estas calumnias que surgen de vez en cuando, aquella vez por parte de Alfonso Guerra, Sartorius, Carrillo o  el ex falangista Diego Carcedo, escribí hace años en el artículo  “El espíritu de la checa”: Podemos plantearlo así: si fuera cierto, yo habría echado por tierra uno de los atentados terroristas más graves de la transición. Por lo tanto, deberían estarme agradecidos, por un lado, y por otro no deberían decirlo, porque ello equivale a poner mi vida en peligro. Pero, en primer lugar, no lo dicen como un elogio, sino todo lo contrario, lo sitúan en un contexto sórdido. Y en segundo lugar, lo que dicen supone una auténtica colaboración con los terroristas, ofreciéndome a su venganza.  Esto tiene que resultar muy claro a un analista tan agudo como don César, a quien no pueden escaparse las implicaciones de su infundio. Como está claro asimismo que él tiene motivos de venganza contra mí, por las polémicas que tuvo conmigo en Libertad Digital  sobre el homosexualismo, el franquismo y alguna otra cuestión, de las que su poderosa vanidad salió harto tocada, como cualquiera puede comprobar. Tanta reprobación y rechifla suscitaron sus comentarios entre los lectores, que él mismo intervenía con el seudónimo “Sergei”, pidiendo, por ejemplo, que se me expulsase de la publicación.  El hombre es así.

Desde luego, no hay nada inocente en los infundios de don César y doña Urbano, pero voy a ponerme en la mente de un ciudadano corriente, ignorante de los hechos y a quien impresiona a primera vista la acusación. Las especulaciones son fáciles, como tantas sobre el asesinato de Carrero Blanco o alguna construible sobre el 11-m: dado que el principal beneficiario del atentado fue el PSOE, podríamos concluir que este fue el verdadero autor; cosa no imposible, claro, pero sumamente improbable, y que en todo caso no puede afirmarse sin pruebas.  En relación conmigo, el infundio procede del periodista manipulador Diego Carcedo.  Sobre él escribí en su momento: Carcedo escribe como el clásico intoxicador chekista, poniendo en boca del general Sáenz de Santamaría unas palabras que tendrá que demostrar que las dijo el general. Si el general, que parece exculpar al GAL, dijo eso, es que era un completo inepto, pues sus palabras están llenas de inexactitudes y habla en base a suposiciones que él, como jefe de la lucha contra el terrorismo, no puede hacer: o sabe o no sabe.  Son palabras provocadoras, insinuantes, típicamente chequistas, apoyándose en el comisario Conesa, que, claro, nunca podrá desmentirle porque ha muerto, como el propio general. Y ciertamente Saenz fue un jefe antiterrorista muy poco efectivo, digo ahora, y aya usted a saber, siguiendo esa lógica malintencionada, si su ineptitud no era una forma solapada de desestabilizar la democracia. Después de todo, había hecho toda su carrera en el franquismo).

El ciudadano impresionado puede hacerse esta reflexión definitiva: si la acusación fuera cierta, debería estar probada documentalmente y no con habladurías. Por la sencilla razón de que el Ministerio del Interior estuvo en manos del PSOE durante trece años, en los que pudo disponer de la documentación policial, de los archivos de la Brigada Político Social, de diversos presos  y de numerosos policías ansiosos de congraciarse con los nuevos amos. Por fuerza tendría que estar documentada mi supuesta infiltración, como parece que fue documentada en su momento cierta colaboración del escritor checo  Milan Kundera con la policía comunista. Durante años se dijo que el GRAPO estaba infiltrado y manipulado por la policía franquista y la extrema derecha, pero el socialista Barrionuevo, en sus memorias de sus años en Interior, explica con precisión que no hubo nada de ello, a pesar de que el PSOE era uno de los más empeñados en difundir la especie. Al no tener en cuenta esta obviedad, don César da también la medida de su categoría como historiador.

Y no solo no  han podido aportar ningún documento probatorio – porque no puede haberlo–, sino que, ¡casualmente!, han sido algunos que hablaban de infiltración en el GRAPO los que después exigieron la destrucción de los archivos de la BPS con el pretexto de que se trataba de una policía dictatorial.  El motivo no podía estar más a la luz: esos archivos no solo podían interesar mucho a los historiadores, también a quienes querían destruirlos, porque probablemente estos u otros relacionados con ellos sí habían sido chivatos de la policía y les interesaba “democratizar” sus biografías. Es difícil pensar otra razón para tan extraordinaria exigencia. Y, por cierto, no sé que ha ocurrido con tales archivos, sospecho que fueron efectivamente destruidos.

Pero como no soy ingenuo, entiendo bien que esta gente no  suelta sus historietas  por pura estupidez inocente. Lo hacen porque mis libros  y escritos les perjudican mucho. Y les perjudican porque nunca han podido rebatirlos, así de sencillo. Señalaba Stanley Payne su asombro ante los ataques a mis trabajos por medio de una suerte de censura de silencio y de diatribas denunciatorias más propias de la Italia fascista o de la Unión Soviética que de la España democrática”. Como vemos, se ha quedado corto: hay más que diatribas.

Ocurre, además, que desde la transición  ha cundido en España una verdadera oleada de travestismo político. Miles de periodistas, políticos e intelectuales han cambiado de ideas, a veces del modo más repentino y sorprendente. Está bien, todo el mundo tiene derecho a cambiar. Pero una persona pública debe molestarse en explicar con claridad qué motivos y reflexiones le han llevado a ese cambio. Casi nadie lo ha hecho, por eso hablo de travestismo y no de evolución razonada. Yo también he cambiado, desde luego, en un proceso largo y a ratos penoso, que he explicado abundantemente.  Quienes quieran saber qué fue el PCE(r)-GRAPO y mi actuación en él, pueden encargar en librerías  mis memorias de entonces, De un tiempo y de un país, editorial Encuentro. Todos los lectores coinciden en que no solo son claras, sino también muy amenas.  

En fin, por seguir la lógica de don César cuando dice que el cuento de la infiltración “explicaría” nada menos que mis libros, diré que  he oído varias veces que este buen señor es un homosexual reprimido. Ello “explicaría”, a su vez, por qué antes detestaba furibundamente a los pecaminosos homosexuales, para pasar de repente a defenderlos, eso sí, sin acabar de salir del armario. En fin, la argumentación convertida en un chiste. O en golfería intelectual.

 

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