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Blog I: Miseria del antifranquismo / El himno de Riego / ¿Detective chapuzas? http://www.intereconomia.com/blog/presente-y-pasado/miseria-antifranquismo-himno-riego-detective-chapuzas-20121119
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José Antonio, Durruti, Franco.
Los tres personajes murieron el mismo día del año, y dos de ellos también el mismo año, 1936. Se trata de una simple casualidad, pero puede dar pie a alguna comparación entre los tres. José Antonio y Durruti estaban en bandos opuestos (un hermano de Durruti militó a su vez en la Falange), y tuvieron una muerte violenta, siendo relativamente jóvenes: el líder falangista con 33 años y el anarquista con 40. Franco falleció por enfermedad con casi 83 años, en 1975. José Antonio fundó un partido con una ideología de emergencia, por así decir, de combate ante la amenaza revolucionaria cada vez más densa que se cernía sobre España Su doctrina mezclaba ideas fascistas con cierto tradicionalismo católico, lo que le alejaba considerablemente del fascismo a la italiana y mucho más del nacionalsocialismo (http://libros.libertaddigital.com/jose-antonio-en-perspectiva-1276232724.html). Aunque defendía el uso de la violencia “cuando se ofende a la justicia o a la patria”, era poco proclive a ella. Cuando los socialistas y comunistas empezaron a asesinar indiscriminadamente a militantes de Falange, desde 1933, se opuso a aplicar la misma medicina: “Una represalia puede ser lo que desencadene en un momento dado (…) una serie inacabable de represalias y contragolpes. Antes de lanzar así sobre un pueblo el estado de guerra civil deben los que tienen la responsabilidad del mando medir hasta dónde se puede sufrir y desde cuándo empieza a tener la cólera todas las excusas”). Los monárquicos se burlaban y le incitaban llamándole “Juan Simón”, por la copla. Sin embargo, la cadena de asesinatos, con un estado que no protegía con un mínimo de eficacia a los ciudadanos, le obligó a ceder a las exigencias de sus seguidores. Los atentados falangistas fueron muchos menos que los contrarios, y además de réplica a estos, pero la hábil propaganda izquierdista, secundada por numerosos historiadores ignorantes o tergiversadores, ha logrado crear la imagen contraria. Cuando llegó el Frente Popular recomenzaron los asesinatos de falangistas, con alguna represalia. El gobierno, salido de unas elecciones no democráticas, proscribió ilegalmente a la Falange, comienzo de una larga serie de ilegalidades. José Antonio fue fusilado por el Frente Popular. Parece que hubo posibilidad de canjearlo por un hijo de Largo Caballero apresado por los nacionales, pero el propio padre se opuso (el hijo saldría de prisión en 1944, y en 1948 se le permitió emigrar a Méjico). Las especulaciones sobre el interés de Franco en que fuera fusilado son solo eso: especulaciones, en general de mala fe, como las de Preston. También se dice que, estando libre, habría rivalizado con Franco. Otra especulación muy poco seria.
En cuanto a Durruti, nunca quedó claro si murió al disparársele su arma o liquidado por comunistas o incluso por compañeros suyos. Transcribo de mi novela Sonaron gritos…
–Bien…El destino juega con nuestros impulsos –la frase me sonó pomposa–. Sí, son hipócritas muchos, pero no la mayoría. Ahí tienes: nunca en Barcelona había asistido tanta gente a un entierro. Adoran a un pistolero de ideas simples, estoy seguro de que tú o yo sabemos más de anarquismo que él. O mira a García Oliver, un antiguo pistolero, y… ¡ministro de Justicia! ¡Anarquistas en el gobierno! ¡Vaya si es una revolución!
– Ya, los de a pie no son hipócritas, pero ¿qué quieren expresar levantando el puño? ¿Qué intereses? Desean cultura, saber, mejorar su vida. Yo visité una vez un ateneo libertario, la gente quería progresar, no eran simples sanguinarios. Quizá todo se calme después, y la sociedad mejore. Quizá haga falta esta convulsión para avanzar.
Mi salida, algo estrafalaria, le indignó.
– ¡Qué locura! Eso creí yo al principio, lo de Marx: la violencia es la partera de la historia. Y la guerra la madre de todas las cosas, dice La Celestina, ¿no citaba a Heráclito? –éramos capaces de expresarnos así, un tanto pedantescamente–. Pero aquí es la madre de la miseria y el delito. ¿Hacía falta el asesinato de tu familia? No te engañes –hablaba nervioso, contra nuestra costumbre de especular sin enfadarnos–, ellos tienen intereses, claro: mandar y derrochar dinero. Creen que lo han ganado con su sudor y que se lo han robado. Para ellos no cuentan la iniciativa y el riesgo de gente como tu padre. Sus crímenes no son el coste de un mundo mejor, son la medida de esos deseos de cultura, como los llamas. Sí, todo el mundo quiere saber, mejorar, valer más y todo eso… Y también lo contrario, no pensar, dejarse gobernar por los bajos instintos y sentirse dioses. ¡Recuerda a nuestros compañeros de estudios! Nos miraban como a bichos raros porque discutíamos y leíamos cosas que ni entendían ni les preocupaban. Y eran de “buena familia”. Les jodía que no fuéramos como ellos, y si no hubiéramos sacudido a más de uno, nos habrían amargado. Pues con la revolución, peor. Las cuentas no les han salido y tienen hambre. Y echan la culpa a los fascistas.
–No olvido lo de mi familia. Pero me gustaría tener una visión más amplia. Tú lo has dicho de nuestros compañeros de clase: ¿son mejores esos ricos vacíos, viciosos y estúpidos? Y los de abajo lo perciben. Se dicen que esa gente no es mejor que ellos y no comprenden cómo puede estar por encima y gozando de tanto lujo…
– En todas partes hay buenos y malos, pero después de sufrir su revolución creo que lo que quieren, lo que envidian, son los lujos y los vicios de los ricos. Después de ocupar y dejar como pocilgas los antros y clubes de los ricachos, les han llegado las vacas flacas, mientras a sus jefes no les falta de nada.
– Durruti era un jefe y no un aprovechado. Se batió como el primero.
–Aprovechado no, ¡demente!
– Bien, no es momento de discutir… Pero todo me parece como si no me ocurriera a mí. ¡Acabar con el presidente de la Generalidad…! Me da mareos.
– ¡Pues claro que no es momento! Meterse a esas averiguaciones solo nos debilita. Debemos hacer lo nuestro y olvidar lo demás. Lo que ha de ser, ha de ser, no vayas a echarte atrás ahora, por favor (…)
–¡Hasta tengo la impresión de parecerme a Durruti! –insistí.
–¡Burradas! Durruti habría acabado con la sociedad civilizada. Nosotros, al contrario.
–Él no lo consideraría así.
–¿Y qué importa? No cuenta cómo lo considere cada cual, sino cómo es de verdad. A tu familia quizá la han exterminado. ¿Y por qué? ¿Hacía algún mal tu padre con su taller? Al contrario, daba trabajo a unos cuantos, pero los durrutis lo consideran un crimen.
–Ya sé, hombre, ya sé. Pero te lo repito: vivo como en sueños. Si no estuvieras tú tan firme y tan seguro, lo dejaba. No temas, iré cueste lo que cueste. Lo que no quiero es descender a una rufianería como la de Mario.
En cuanto a Franco, no hará falta repetir sus méritos, que quieren ignorar sus enemigos. Salvó a España de muchas catástrofes y dejó un país en las mejores condiciones. No tuvo oposición democrática y murió en cama, tras una penosa agonía con la que tanto se han regocijado sus ruines enemigos. Después, sus herederos han resultado no menos ruines casi todos. Unos, incapaces de defender su memoria, otros confundiendo la reconciliación popular, lograda de mucho tiempo atrás, con una reconciliación falsa con quienes habían llevado a España al borde del abismo.
Tres personajes definitorios de una época histórica.
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“Sepalanes”, “sepascos”.
Me sugiere un amigo que es muy fastidioso tener que decir a cada paso “nacionalistas catalanes” o vascos, o lo que sea, y que por eso la gente prefiere decir simplemente “catalanes”, “vascos” etc., lo que es mucho peor, porque introduce una falsedad esencial. Como se trata de separatistas, propone que en adelante se habla de “sepalanes”, sepascos”, “sepallegos”, “sepaluces”, etc. Con lo que quedarían englobados en una sola palabra que daría más ligereza al discurso. Me parece una propuesta muy plausible. En adelante la emplearé aquí. Como todos los neologismos, suenan un poco raros al principio (así “useño”, por ejemplo), pero el uso los vuelve normales.
