En abril de 1945, ya muy próximo el fin de la guerra en Europa, fallecían tres de sus principales protagonistas: Roosevelt, Mussolini y Hitler. En esta sesión tratamos los dos primeros: 216 – Muerte de Roosevelt y Mussolini | Tiranía LGTBI – YouTube
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La táctica de la agresión
A los españoles nos conviene recordar la táctica utilizada una y otra vez por Usa para perpetrar sus agresiones: consiste en pintar a la víctima designada como culpable de horrenda tiranía y crímenes contra otros o contra su propio pueblo. Esa fue la táctica con que encubrieron su “Destino manifiesto” de apoderarse de un trozo de Cuba y satelizar el resto, y de invadir Puerto Rico y Filipinas, donde cometieron un verdadero genocidio. Más recientemente, hacia el fin de la SGM, y como advirtió Carrero Blanco, Usa puso en marcha la misma táctica que hacía temer una nueva agresión, si bien no llegó a producirse por razones expuestas aquí en varias ocasiones, aunque en su lugar instrumentó, junto con la URSS, un criminal aislamiento de España. El mismo sistema se utilizó más recientemente contra Sadam Husein, Gadafi o Al Asad: como eran unos tiranos, Usa y sus aliados, de modo especial Inglaterra, se reservaban el derecho a destrozar sus países, como lo han hecho, aunque en Siria la intervención rusa salvó lo salvable. En relación con Rusia, repiten la jugada: Putin es un tirano, no es un demócrata, por tanto Usa, Inglaterra y su instrumento la OTAN, tienen derecho a rodear el país de bases militares, introducirse en Ucrania, entrometerse en los asuntos internos rusos e imponerle sanciones que empobrezcan a su población. Lo de que Putin “no es un demócrata” se repite machaconamente, como si el problema, real o falso, no correspondiera afrontarlo a los propios rusos.
Y dado el espíritu de lacayo propio de los politicastros españoles, el argumento se esgrime en toda ocasión: “Putin no es demócrata, hay que acabar con esa anomalía”. Los dicen unos partidos que están imponiendo un régimen de nuevo tipo, precisamente un régimen LGTBI, que atacan las libertades de los españoles, hasta la libertad de sentimientos, que han fomentado los separatismos, satelizado España a los intereses representados en Gibraltar, sacrificado la soberanía española y montado un ejército dedicado a acciones en interés ajeno, bajo mando ajeno y en lengua ajena. Esas pandas de delincuentes quieren democratizar a Rusia por las buenas o por las malas. Increíble, pero así estamos.
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SGM (III) El arte profético
La visión del mundo del liberalismo del siglo XIX, tan añorada después de la I Guerra Mundial, era amplia, ordenada, moral y psíquicamente satisfactoria. El cosmos era euclidiano y newtoniano, infinito y eterno, organizado como un reloj por la ley de la gravedad. La sociedad, como la vida en general, era darwiniana, basada en una evolución que garantizaba la supervivencia y dominio de los mejores: la raza blanca, y dentro de ella la germánica, era superior a las demás, sobre las que debería ejercer un dominio quizá duro, acaso exterminador en casos extremos pero en el fondo civilizador. Dios podía “existir” o no, pero si existía lo hacía fuera del mundo, después de haber impreso en él las leyes que lo hacían funcionar; y en todo caso la religión era una creencia particular perfectamente tolerable siempre que no incidiera en la política. También en política se imponía la tolerancia, al menos entre partidos que admitiesen derechos básicos y no pretendiesen destruir el sistema. La economía se basaba en el interés de los particulares, que por sí solo producía un equilibrio general con el enriquecimiento de los más aptos para satisfacer el mercado; y el estado no debía regular los mercados más allá de hacer cumplir normas básicas de “decencia” contra el robo y el engaño. La moral se guiaba por la razón utilitaria y por la decencia en el terreno sexual. Naturalmente, todo ello se cumplía solo parcialmente, pero sí en medida suficiente para mantener la sociedad en un buen orden que no dejaría de progresar hacia una mayor perfección gracias a los espectaculares avances de la ciencia y la técnica.
Ya la “paradoja de Olbers” había notado una incoherencia en aquel universo infinito, eterno, ordenado como un reloj y modelo de lo que debería y podría ser la sociedad; y a principios del siglo XX comenzó a percibirse que precisamente la gravedad impedía aquel orden majestuoso y ejemplar y abría la percepción de un universo de fuerzas y sucesos de violencia inimaginable. La ciencia había avanzado sobre el concepto de “átomo”, que también se volvía problemático. E incluso el marco temporal de la física perdía su rigidez y tomaba formas extrañas. El “darvinismo social”, con su racismo, reducía al ser humano a una especie más, si bien dotado de una razón cuyo objeto era, como en en cualquier animal, el de sobrevivir, lo cual creaba la sospecha de abocar a un nihilismo moral y metafísico. Si Marx encontró en las necesidades del estómago la clave de la evolución social, que echaba por tierra las pretensiones liberales de haber establecido una economía científica, Freud descubrió que el comportamiento humano no se explicaba solo ni principalmente por la razón, sino que esta, la consciencia, era como una isla en medio de un mar de impulsos inconscientes. Y vio en la inquietud sexual otra clave de apariencia científica, que negaba como hipócritas y represoras la convencional decencia liberal, “burguesa”.
Así, a principios del siglo XX las tranquilizadoras ideas que habían fundamentado la concepción liberal de XIX entraban en crisis, alumbrando un mundo incierto. La razón busca enmarcar el mundo en unos conceptos generales que lo hagan comprensible y le den sentido, pero los mismos marcos se volvían inseguros y problemáticos. Según el marxismo, ello resultaba precisamente del desarrollo de las “contradicciones internas” del capitalismo, base económica, esto es, material y real, de la ideología liberal, cuyo papel consistía precisamente en encubrir tales contradicciones. Las cuales no progresaban hacia la paz y la seguridad pretendidas, sino, entre otras cosas, hacia una gran guerra imperialista por los mercados. Por lo demás, ya antes de llegar ahí, el siglo XIX había presenciado en Europa y sus colonias bastantes guerras y atrocidades y crisis económicas, a consecuencia de la dinámica del sistema en busca de ganancia.
También se percibe la crisis de finales del siglo XIX en el arte. Si puede concebirse el arte como expresión de los sentimientos del mundo y la vida en la psique humana, cabe imaginarlo también como reflejo de la situación histórica con cierta capacidad profética. Y realmente es significativo que el nuevo mundo inconexo e inquietante surgido paradójicamente de la aparente regularidad de las layes del mundo y la sociedad, rompiera con las normas anteriores. La música cultivó las disonancias, la pintura abandonó la búsqueda de la belleza y el orden para cultivar formas extrañas y chocantes, y la literatura de vanguardia cobró un carácter pesimista y caótico.
¿Qué tenía que ver todo ello con la catástrofe de 1914? Aparentemente nada. La guerra venía a ser lo contrario de todo aquel caos. Por el contrario, movilizaba a masas humanas invocando ideales elevados, por la civilización, la nación, el progreso, etc. Y las movilizaba en un orden muy racional para buscar la mayor efectividad con vistas a establecer un mundo nuevo mucho más tolerable.
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(D. T.) ¿Creó la Reconquista a España?
Afirmas en tu libro que la Reconquista formó o creó España, una tesis que no tiene nada de nueva.
–No. España ya estaba formada, culturalmente desde Roma y políticamente desde Leovigildo. La Reconquista fue un proceso orientado ideológicamente por la idea de restaurar aquella nación. Son cosas diferentes, porque muchas historia empiezan con la invasión musulmana, lo que es un error que desvirtúa de entrada el significado histórico.
Pero no se puede negar que en aquellos ocho siglos no se formó un solo reino, sino varios, y muy a menudo en guerra entre ellos. ¿Cómo puede decirse que se trataba de restaurar algo anterior? Los nacionalismos periféricos niegan, precisamente, esa idea de Reconquista y de España, lo consideran una elaboración ideológica tardía del nacionalismo español
–Durante toda la Reconquista fue permanente la imagen de España, la España perdida, la España hispanogoda. este es un hecho indudable. Sin embargo, las circunstancias de una lucha tan larga y con tantos cambios de época hacían improbable, ciertamente, que se restaurase aquella unidad, aparte de que en todas las sociedades existen tensiones integradoras y desintegradoras. Muy en resumen, las integradoras terminaron imponiéndose sobre las desintegradoras, con la excepción menor de Portugal. Y que esa integración no ha sido un invento sin base lo demuestra su duración de cinco siglos largos hasta ahora, y con las fronteras más estables de Europa.
Sin embargo no se puede ignorar que la enseñanza está casi copada por los enemigos de la reconquista, y que los partidos políticos los apoyan o se muestran indiferentes. Quizá ello pueda parecernos muy mal, pero en la historia se producen hechos que luego se vuelven irreversibles, y la verdad es que si consideramos los últimos 40 años, la idea de España, según tú ligada a la Reconquista, no ha hecho más que retroceder.
–Como digo, en toda sociedad se producen corrientes desintegradoras, que en España quieren “progresar” hacia la llamada edad media. Esas corrientes tomaron impulso a raíz del “desastre del 98″ frente a Usa. y más que a ello han debido su fuerza a la ignorancia casi generalizada, y no me refiero al pueblo, sino a intelectuales, políticos e historiadores, sobre lo que fue la Reconquista. No hay más que pensar en alguien tan influyente como Ortega y Gasset, o en Costa pidiendo cerrar con doble llave la tumba del Cid y cosas así ¡Y se proclamaban defensores de España! De una España ahistórica, es decir, fantasmagórica. Desde la transición, la cosa no ha hecho más que empeorar. Pretenden reducir España a un amasijo de estaditos impotentes e inevitablemente hostiles entre sí, que serían manipulados por potencias extranjeras más fuertes y menos estúpidas. Por eso debemos defender resueltamente la integración, denunciar las maniobras e intenciones de los separatistas y los gobiernos que los amparan y estudiar la Reconquista.



