El modelo Gadafi
Estamos viendo cómo políticos y periodistas de la Triple M se lanzan de lleno sobre Putin, un tirano amenazador contra una Ucrania inocente que solo quiere ser libre…, con un gobierno salido de una sospechosa “primavera” al estilo de las árabes; gobierno antirruso que quiere extender la OTAN a pesar de que una parte muy considerable de la población ucraniana es rusa o prorrusa. Uno solo tiene que recordar la campaña contra Gadafi, casi calcada: de repente salieron grupos en Libia contra Gadafi y todos los periodistas y políticos mangantes clamaban contra aquel tirano horrendo que oprimía a su propio pueblo. El resultado fue la destrucción de un país próspero y bastante ordenado, guerra civil permanente, decenas de miles de muertos, miseria generalizada y cientos de miles de “migrantes”, nueva intervención de otras potencias…
Vale la pena recordar el vídeo de la peligrosa chiflada Hillary Clinton riéndose del espantoso asesinato de Gadafi. España fue obligada por su gobierno a participar en el brutal crimen contra Libia, naturalmente en nombre de la democracia y colaboración con nuestros “amigos y aliados”, los de Gibraltar y similares. El método de manipulación de la opinión pública se repitió para destruir a Siria, salvada a medias y en último extremo por Rusia de un islamismo degollador contra el que durante largo tiempo no hizo nada la OTAN. Nadie en la OTAN o la UE ha pedido perdón o dado excusas por estos criminales atropellos con cientos de miles de muertos y millones de desplazados. Por lo visto, esas organizaciones se creen con derecho a perpetrar tales masacres y destrucciones impunemente, porque se dicen democráticas, entendiendo por democracia la ideología LGTBI, multiculturalista, anticristiana y cada vez más totalitaria. Y ahora repiten el mismo esquema con Putin y Rusia.
España no puede impedir que otras potencias cometan tales fechorías, pero sí debe desvincularse de ellas. Cosa que no harán de ningún modo sus gobiernos, sean PP o PSOE, apoyados por la Triple M. ¿Qué se puede hacer contra eso? Crear opinión pública, cosa que en mayor o menor medida está al alcance de cada persona consciente de lo que se juega. Ciertamente, el poder de la Triple M es abrumador, pero tenemos por lo menos un ejemplo, el de Trump, que logró vencerlo una vez y demostrar luego que la mitad de la población useña no se deja engañar por los “científicos” de la manipulación. Es el reto que hoy tenemos en España.
Putin responde a una arrogante-repugnante periodista: Vladimir Putin: “Deberían haber tratado a Rusia como un aliado. Ha sido al revés” – YouTube
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Tolstói (II) ¿Lágrimas y risas?
Seguía Tolstói explicando: La misión de artista no es la de resolver con éxito un problema, sino la de hacer que la gente ame la vida en todas sus infinitas, inagotables manifestaciones. Si me dijeran que puedo escribir una novela gracias a la cual se establecerían de manera irrefutable los puntos de vista sociales que me parecen correctos, no le dedicaría ni dos horas de trabajo; pero si me dijeran que lo que escribo lo leerán dentro de veinte años los que hoy son niños y les hará llorar y les hará reír y les hará que amen la vida, le dedicaría toda mi vida y toda mi energía.
Dudo mucho que obras de Tolstói como Anna Karénina, El poder de las tinieblas, La muerte de Iván Ilich, Sonata a Kreutzer o incluso Guerra y paz, hagan que los lectores lloren y rían, o amen demasiado la vida. Verdaderamente, la vida tiene demasiadas manifestaciones, muchas de las cuales hacen llorar mucho más que reír, o lisa y llanamente son terroríficas. Si Tolstói hubiera sido consecuente, probablemente habría escrito historias superficiales, quizá un poco angustiosas pero con final feliz, que es la receta predilecta de Hollywood. Sin embargo, lo que hace literariamente grandes sus obras es que no rehúye la parte de horror de la vida, aunque no caiga en un pesimismo radical (se le aproxima), como gran parte de la tradición europea ya desde antes de la I Guerra mundial.
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“España musulmana”
La expresión es un auténtico oxímoron, y sin embargo se ha empleado muy a menudo hasta por historiadores de fuste como Sánchez Albornoz o Menéndez Pidal, no digamos una cohorte de otros menores. Y, por supuesto, la emplean mucho los políticos: ahora mismo tenemos en Andalucía a unos estafadores que han hecho “padre de la patria andaluza” a Blas Infante, que adoraba al islam andalusí, y no precisamente a España. El empleo de “España musulmana” por historiadores importantes suele responder a un patriotismo barato o patriotería, que intenta apropiar a España las glorias, parte de ellas inventadas, de Al Ándalus. Cuando en realidad introduce una radical confusión de principio. La Reconquista no fue una guerra entre “dos Españas” en tensión, sino entre España y Al Ándalus, dos fuerzas antagónicas en religión, ideologías, política, o más ampliamente en cultura y civilización. El antagonismo hacía que, o se imponía una o la otra. Al final se impuso España. Miles de botarates y analistas romos lo vienen lamentando desde hace tiempo. Si la historia no empieza por dilucidar estos conceptos absolutamente básicos, tendrá poco que ver con la realidad. Como, viniendo a tiempos más recientes, cuando se entiende la guerra civil como una lucha entre un “bando republicano” y otro “fascista” o “nacionalista”.
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Está por hacer un verdadero estudio de la cultura española en los años 60. Un pequeño apunte en “Una hora con la historia”: 213 – Cultura española en un Europa en llamas | Importancia del año 1492 – YouTube

