Democracia (III) La oligarquía del antiguo régimen / Una historia de España nueva

**So pretexto de que “las crisis globales exigen soluciones globales”, una banda de “filósofos y activistas” , obviamente “progresistas”, proponen una “Constitución mundial”. Esos individuos pretenden saber lo que conviene a todo el mundo, pero solo saben lo que les conviene a ellos, y aun eso a medias.

**La muerte de cada ser humano predice el destino de toda la humanidad y del propio cosmos.

**Dice un anuncio de “El País: “El periodismo nos ayuda a pensar”. Debería decir más bien: “Los embustes  de El País dan mucho que pensar”.

**Las interminables discusiones sobre la democracia considerándola “el poder del pueblo”  o sobre si  “la verdad depende del número”, carecen de significado.

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Democracia (III) Oligarquías del antiguo régimen.

El Antiguo régimen en Europa, es resultado de la caída del Imperio romano , con la imposición de oligarquías bárbaras de origen germánico equilibradas por el clero cristiano.  El sistema social resultante ha sido comparado al de las castas impuestas en India por los conquistadores arios: una casa sacerdotal, otra nobiliaria guerrera y política, una tercera de artesanos, comerciantes, artistas y profesiones “liberales”, y otra inferior de campesinos  siervos. Con diversas y considerables  evoluciones y diferencias nacionales e imperiales, este sistema se mantendría hasta las revoluciones useña y francesa.

La formación de este régimen, que suele llamarse feudal,  data de la caída del Imperio romano de occidente. El derrumbe de Roma se produjo por el efecto combinado de la semiasfixia económica causada por las necesidades de mantener un estado con un ejército enorme y costoso, y la presión de los pueblos bárbaros. Es posible que esta situación procediera de pestes como la Antonina, causantes de enormes pérdidas de población, por tanto de actividad económica, volviendo mucho más gravoso el sostenimiento de un estado que, pese a sus gravámenes,  garantizaba el orden y una relativa paz interna. Las revueltas, como las bagaudas, causadas por la miseria, no suponían ninguna alternativa real, pero debilitaban el entramado mientras los impuestos requeridos por la protección del imperio frente a las presiones exteriores  se hacían insoportables para gran parte de la población. Reformas como las de Diocleciano, que en parte prefiguraban la servidumbre, solo conseguían detener parcialmente los efectos del círculo vicioso.

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   El resultado final fueron las invasiones y la sustitución del refinado  sistema político y social romano por otro mucho más simple y tosco, relacionado con la destrucción o decaimiento de las ciudades, la ruralización de la sociedad y una situación de hambrunas, enfermedades y violencias por rivalidades entre los propios invasores. En tales circunstancias, el único elemento capaz de mantener un orden, por precario que fuese, era la oligarquía guerrera, civilizada más o menos pronto por influencia eclesiástica. La Alta Edad Media (expresión un tanto vacua) o Edad de supervivencia, asentó aquel sistema parecido al de las castas. La época puede llamarse también “de las invasiones”, con una segunda oleada islámica, vikinga y magiar, o de los monasterios y obispados, por la función crucial de ambos en el mantenimiento de la civilización.

   Superada aquella difícil época, el sistema se mantuvo. El campesinado fue mejorando su posición, aumentaron los campesinos libres y disminuyeron los siervos (algunos autores lo atribuyen a un efecto de la Peste Negra del siglo XIV), crecieron las ciudades  y cobró masa  la tercera “casta” (comerciantes, artesanos, etc.), fundamentalmente urbanita y que llegaría a participar en alguna medida en el poder político por medio de la Cortes o parlamentos. Y  con el tiempo se convertiría en rival de la tradicional oligarquía, cuya legitimidad se remitía a su origen germánico fuertemente matizado por la impronta religiosa romana, que la asimilaba a su modo a un designio divino.  

Estas evoluciones aumentaron la población y los recursos, a pesar de las guerras y  las pestes recurrentes, e introdujeron reformas importantes. Pero el sistema de orden social establecido al caer el Imperio romano, una oligarquía nobiliario-clerical con un monarca (a menudo disputado) al frente, con pocas excepciones, resistiría todos los avatares durante algo más de trece siglos. No es casual que tanto en Usa como en Francia, las respectivas revoluciones  reivindicasen la Roma republicana como ideal. En cierto modo  la revolución se sentía como la inversión de un proceso histórico que se quería interpretar como desdichado y perjudicial para la humanidad. Algunos autores han interpretado la Revolución francesa como una revuelta de los galorromanos contra los francos.

   Aunque el antiguo régimen se presenta a veces como un modelo de estabilidad, incluso como el sistema ordenado por Dios, no fue, desde luego muy estable, pues su historia está cuajada de luchas por el poder, intrigas, crímenes y guerras civiles. De hecho, los revolucionarios creían que iban a solucionar esos problema ya que, argüían, las guerras procedían de los intereses de unas oligarquías ilegítimas. En esto fallaron, porque las guerras continuaron y se hicieron más masivas y mortíferas; pero en otro sentido las revoluciones supusieron una liberación real. Por ejemplo, abolieron oficialmente la servidumbre que aun persistía, incluso muy extendida en algunos países como Alemania; en Rusia la situación era mucho más dramática, pues la servidumbre equivalía a práctica esclavitud.

El antiguo régimen era un sistema de derechos desiguales, privilegios, estamentos poco permeables, con oligarquías basadas en una supuesta superioridad natural y hereditaria acorde con el designio divino. Su larga supervivencia demuestra que no respondía a la mera violencia (aunque todo poder político se asiente en ella), como a menudo se le describe, sino que respondía a alguna necesidad histórica. La misma que lo abolió, aunque en los dos casos sea difícil de discernir esa necesidad.

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Historia criminal del PSOE: Derrumbe de la insurrección en Asturias: https://www.youtube.com/watch?v=JATEZvIeJoQ

PSOE: Los socialistas huyen con el botín (a partir de las 21.00: https://www.youtube.com/watch?v=T05LLzB22-c

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Nueva historia de España: de la II guerra púnica al siglo XXI (Bolsillo (la Esfera))

Según vemos, cuando usted tituló “nueva”  su historia de España, es claro que no hablaba en vano. Sí, es original, pero original no es lo mismo que bueno. Muchas originalidades no pasan de disparates. Y en historia hay muchas versiones…

Por  eso mismo es preciso el debate, porque nadie puede arrogarse la pretensión de tener la verdad absoluta. Es  el debate el que permite afinar las ideas y avanzar en el conocimiento del pasado. No tengo “la verdad”, pero la verdad existe y creo que me aproximo a ella bastante más que  otros.  La prueba es que no se atreven a debatir.

  Al parecer no le consideran a usted un rival de categoría.

Razón de más para que lo hicieran, pues mis enfoques atacan de raíz a los suyos y además se leen, por lo general, más que los suyos, cosa que les ha dolido mucho. Así que en un debate intelectual podían darse la satisfacción de aplastarme ante el público. Sería una batalla que ganarían fácilmente y les resarciría de otras cosas. Pero, ya ve usted, han respondido pidiendo la censura y con la ley de memoria histórica.

La ley de memoria histórica no le ha impedido a usted seguir publicando.

Así es. A finales del siglo pasado ya creían tener la batalla ganada sin necesidad de ley específica alguna,  sobre todo por incomparecencia del adversario o aislamiento de los pocos opuestos. Por eso, a raíz de Los mitos de la guerra civil se asustaron y pidieron la censura, y no solo la izquierda, también el democristiano Tusell.  Pero pedir la censura en un sistema democrático ya denuncia sus versiones como lo que efectivamente son. ¿Qué han hecho, finalmente? invocar la democracia contra la libertad, que es su táctica habitual: ley de memoria histórica. Esto debía amilanar y de hecho ha amilanado a muchos, pues pesaba como una espada de Damocles sobre la labor investigadora. Yo seguí, y algunos más se animaron (sin citarme casi nunca, es cierto), y los de la “memoria” han visto necesario dar un paso más, amenazando ya con multas y cárcel.

 Pero en Alemania, por ejemplo, está prohibido negar el Holocausto.

En Alemania sí, por la razón que sea, pero no en otras democracias como Usa o Inglaterra. Esa prohibición será a la larga un bumerán. Aparte de eso, ni España es Alemania ni los sucesos históricos se parecen. Yo no soy especialista en el asunto del Holocausto, que creo por lo que leo que existió, sean mayores o menores las cifras. Soy especialista en temas de España, y, ya ve usted, resulta que aquí los mayores perseguidores de las libertades políticas y de lo que entendemos generalmente por democracia, fueron los partidos del Frente Popular, como recuerdo en mi reciente libro al respecto. Y vuelven a serlo los que se proclaman sus herederos. La farsa debe terminar de una vez.

Pero si prácticamente toda la universidad está contra sus teorías, tiene que se por algo. No se trata de analfabetos ni de ignorantes.

Por Que El Frente Popular Perdio La Guerra Civil

Mire, son otra cosa: son grupos de intereses que han montado su carrera académica sobre unas enormes y demostrables mentiras, y no van a dar marcha atrás, porque tendrían que abandonar la enseñanza. Son gente a la que le va muy bien la “memoria histórica”, la aceptan, la difunden y desean que se aplique estrictamente. Eso sí, en nombre de la democracia. En Por qué el Frente Popular perdió, señalo que esos autores no nos informan de la historia real, pero sí de lo que entienden por democracia: la censura y aplastamiento de las libertades. Es la perversión sistemática del lenguaje. Han destruido el verdadero espíritu universitario. No merecen más que desprecio de toda persona de espíritu libre.

Se diría que usted está muy dolido, y de ahí su reacción tan radical.

Personalmente no me duele nada: sigo siendo más leído que ellos, mantengo mi independencia y en cierto modo me halaga que mis libros desaten esa furia censora,  silenciosa o abierta. Pero sí me duele que la universidad esté así. Como señalo en Nueva historia de España, cosa que tampoco leerá usted en muchos otros libros de ese tipo, la universidad y más en general la enseñanza superior tuvo un papel fundamental en el Siglo de oro. La decadencia de España puede medirse por la decadencia de su enseñanza superior. Y esa decadencia se ha acentuado nuevamente en la actualidad. Eso debería dolerle a todo el mundo, pero la mayoría, y no me refiero a la gente común, sino a las llamadas élites”, ni siquiera toman conciencia del asunto. Son los “demócratas” que tenemos.

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O. Jayam 22: Adán y Prometeo / El “espíritu” de España / El crimen erótico

Adán y Prometeo

Ya que las preguntas de Omar Jayam carecen de respuesta racional, la psique humana trata de superar la angustia implícita explicándolas con ayuda de la imaginación. Vale la pena examinar las dos respuestas más próximas culturalmente a nosotros, la griega y la judía, adoptada por el cristianismo. La condición humana es descrita por su origen,  obviamente un origen fuera de las capacidades del propio hombre, el cual no puede crearse a sí mismo, sino que es creado por una fuerza externa, “divina”. En el mito del Génesis,  Dios lo crea con arcilla y lo sitúa en un paraíso sin mal, y por tanto sin bien, es decir, sin moral una situación de inocencia primaria. Se trata de una situación puramente imaginaria que sirve de contraste ilustrativo sobre  la situación real del hombre, sometido al bien y al mal y a la libertad. Esta situación es imaginada como una caída, pues anteriormente Adán y Eva vivían en inocencia perfecta, igual que los animales. La advertencia de Dios es: si coméis de esa fruta, moriréis. También por contraste es imaginada una situación previa en la que no morirían,  con lo que, nuevamente, la moral sería innecesaria. ¿Qué quiere decir realmente? Lo que consigue el hombre es, no la muerte, sino la consciencia de la muerte, que nuevamente lo diferencia del animal. Las consecuencias de su posición real quedan claras: el varón se encargará de conseguir trabajosamente el alimento,  “con el sudor de su frente”, lo que implica la técnica,  y  la mujer “parirá con dolor”, mostrando el carácter de la diferenciación más profunda de los sexos, uno centrado en la nutrición y el otro en la procreación.   

Lo importante reside en la tentación. ¿Por qué Adán y Eva, hechos de arcilla, comen de aquella fruta “desobedeciendo” a Dios? Porque piensan convertirse en dioses,  emanciparse de su creador, deberse solo a sí mismos (esta viene a ser la intención de las ideologías, dicho sea de paso). En el mito judío, Dios es el espíritu y la arcilla la tierra, y la caída se presenta como la ilusoria rebelión vanidosa de la tierra (la serpiente que se arrastra por ella sin lograr elevarse)  contra el espíritu, de los impulsos corporales y terrenales contra las exigencias divinas plasmadas en la moral. La condición humana se presenta como una continua tensión entre ambas inclinaciones presentes en su ser. El hombre es un ser caído: caído en la condición moral, de la que no puede escapar pero que no consigue controlar.

En el caso de Prometeo, la lógica interna es bastante paralela. El hombre es creado también de tierra, pero no  directamente por algún dios, sino por un titán, él mismo hijo de la tierra en rebeldía contra los dioses. Prometeo enseña a los hombres  a burlarse de los dioses, es decir, del espíritu, negándoles los honores debidos, por lo que Zeus les negó a su vez la técnica (el fuego),  que Prometeo consigue devolverles mediante un robo. El castigo de Prometeo (del hombre) es acorde con su elección: la imposibilidad de elevarse espiritualmente, simbolizada por su encadenamiento a la roca, “a la trivialidad” en terminología de Paul Diel. La técnica le ayuda a satisfacer las necesidades y deseos corporales pero el rechazo del espíritu le condena a una vida roma y sin sentido, con una moral invertida.

 La cuestión de la moral aparece de otra forma. Prometeo,  “el previsor”, “la razón”, tiene un hermano, Epimeteo, “el que piensa después”. Con él se expresa una doble característica del ser humano: la necesidad de prever y la imposibilidad de hacerlo más allá de un corto plazo, incluso para los más sagaces. Prometeo no puede impedir que su hermano (su otra cara u otro yo), se deje seducir por Pandora, mujer sin alma e irónicamente llamada “dadora de todo”, símbolo de los deseos terrestres, cuya consecuencia son todos los males, dejando en su lugar solo la esperanza. Prometeo  promete un bien sin mal, quizá la inocencia a través de la técnica, lo que se revela ilusorio. Advierte a su hermano contra los dones de Zeus, pero Pandora, como la roca,  es la consecuencia lógica de su elección. Zeus simboliza aquí la legalidad de la vida.  

Los dos mitos definen al hombre como desgarrado entre los deseos “materiales”, “terrenales”,  y los “espirituales”, concretados estos en la moral,  y que en difícil equilibrio actúan sobre la psique humana y la definen.  La cuestión del espíritu y la materia ha dominado gran parte del pensamiento occidental. Los movimientos gnósticos se han obsesionado con el espíritu, como el bien, contra la materia como el mal, pero hay otro gnosticismo contrario, y también iniciático: el de la materia (la técnica) como el bien,  contra el espíritu como el mal;  presente en la masonería y más en general en las ideologías.

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Nueva historia de España: de la II guerra púnica al siglo XXI (Bolsillo (la Esfera))

El espíritu de España

Tal como usted lo describe en Nueva historia de España, los logros del Siglo de oro son verdaderamente asombrosos. ¿Cómo explica entonces que haya prevalecido una visión negativa?

En parte es fácil de explicar. España representó entonces a Europa y al cristianismo occidental, que era católico, contra el islam otomano, los protestantes, Francia e Inglaterra. Entonces se inventó también la propaganda moderna, en la que la verdad y la falsedad no se distinguen, y la inventaron los enemigos de España.

Me refiero a que aquí mismo se haya extendido de tal manera esa visión negativa.

La cosa viene de antiguo, de la pérdida de la hegemonía y comienzo de la decadencia, que produjo  una reacción de autocrítica obsesiva que ya denunciaba Quevedo. ¿Cómo era que España estaba siendo vencida ¡incluso por los portugueses ya separados, y de modo especialmente sangriento!? Si los éxitos anteriores se explicaban por una especie de predilección divina, cabría pensar que Dios había pasado su predilección a los enemigos de España. Si dejamos aparte la cuestión divina, el fracaso conduce muchas veces a suponer que el contrario es superior también en un sentido moral, y que los anteriores logros valían en realidad poco. Lo  mismo ocurrió con el “desastre” del 98.

   Pero en su libro, usted admite que en el siglo XVIII se superó aquella decadencia.

 Se superó en un sentido material, el país siguió siendo una de las grandes potencias  y se modernizó en muchos sentidos, pero en gran medida se hizo contra la época anterior. Incluso Julián Marías ha sido un gran admirador del XVIII español,  sobre todo de Carlos III, que cometió graves errores.  Pese a muchos avances,  política y culturalmente España se vio sometida a cierta satelización por Francia. Esto significa mucho, porque el nuevo espíritu era  más bien francés, y Francia  había sido el mayor y más peligroso enemigo de España, si acaso después del Imperio otomano, y había soportado una infinidad de derrotas por parte de España, cosa que no olvidaba. El XVIII fue ya un siglo de denigración implícita o explícita de la anterior época española. No fue todo negativo, ni mucho menos, pero el menosprecio de lo anterior era y es hoy bien visible, incluso entre los que podíamos llama españolistas.

¿Hay, pues, un espíritu español y un espíritu francés?

Sí, claro, se aprecia muy bien a simple vista. Voltaire y los enciclopeditas lo señalaban, sintiéndose vencedores de él. La cuestión es que España decayó profundamente a partir de la Guerra de los Treinta Años, que estuvo muy cerca de desintegrar a la propia España. Cataluña estuvo cerca de pasar a  Francia y Portugal se separó e infligió a las tropas españolas algún desastre peor que el de Rocroi. Fue una crisis de grandes dimensiones, que había de crear un sentimiento de frustración e inferioridad.

Y, según usted, ese espíritu podría recuperarse.

De hecho hubo un intento de recuperarlo en el franquismo, creo que con una interpretación parcial,  insuficiente,  de lo que había sido el “siglo de oro”, demasiado militar y eclesiástica, a menudo retórica y grandilocuente pero sin verdadero análisis. Igual que la Reconquista, interpretada también en un plano excesivamente religioso. Desde ese punto de vista, la Reconquista habría concluido con la toma de Granada. Pero desde el punto de vista político no había concluido en absoluto. Quedaba Navarra, todavía en la órbita francesa, y consolidar la unión de Aragón y buscar la de Portugal, que finalmente no se logró, y creo que ya no es un objetivo razonable, como recuerdo en La Reconquista y España.  Pues no debe olvidarse que, políticamente, el ideal de la Reconquista era el reino hispanogodo de Toledo. Desde el punto de vista de Roma, bastaba con la expulsión del islam, aunque España quedase dividida en unos cuantos reinos poco amigos entre sí, pero cristianos.  No obstante, el intento del franquismo me parece que fue magnífico en líneas generales, necesita ser más estudiado, pues solo lo ha sido por sus enemigos. Y ese espíritu se abandonó progresivamente en la transición, que supuso una nueva oleada de leyenda negra.  En Nueva historia de España dejo planteados estos problemas.

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El crimen erótico

Me llegaron por amazon sus dos novelas hace días. Empecé con “El erótico crimen del Ateneo”  y quiero comentarle.  Cuando lea “Sonaron gritos y golpes a la puerta “se lo comentaré también. Cuando va a Amazon, uno trata de orientarse por las valoraciones de la gente, y estuve a punto de dejarlo, porque solo hay tres valoraciones y dos son muy negativas. Por probar… y me di cuenta de que esos dos comentarios venían de gente sin el menor sentido del humor. No sé si me he reído más en la parte de la novela o en la de las peleíllas entre los nacionalistas gallegos y demás. Tiene usted un humor muy gallego, una ironía que entre castellanos y catalanes no se encuentra, y seguro que las valoraciones desfavorables vienen de por ahí. También es un humor muy distinto del andaluz,  que se basa en la exageración. Con su ironía va usted al meollo de las cuestiones… (Pelícano)

El erótico crimen del Ateneo: La novela negra como la vida misma que arrasa en el mundo de [Pío Moa, Ul-Sih Moh]https://www.amazon.es/El-er%C3%B3tico-crimen-del-Ateneo-ebook/dp/B07GD83ZN8

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Coronavirus: manifiesto / Democracia (II) Toda oligarquía es de partidos / La gran época de España

**Mi amigo J. J. Calaza me envía este manifiesto contra el confinamiento por el coronavirus: https://contraelconfinamientodelapoblacion.wordpress.com/

**Si el Coletas está en el gobierno es porque el Doctor lo quiere. Y si lo quiere es porque comparte con él lo esencial de un proyecto político (venezolano y antifranquista, esto es, antidemocrático). Pero muchos piden al Doctor que se vuelva “bueno” y prescinda del Coletas.

**¿Por qué el antifranquismo es radicalmente antidemocrático? ¿Cuesta mucho entenderlo?

**¿Por qué el antifranquismo es esencialmente antiespañol? Tampoco debe ser difícil entenderlo.

**Dice el Coletas que hay que imponer más restricciones “por el interés general”. El interés general del Coletas.

Por Que El Frente Popular Perdio La Guerra Civil

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  Democracia (II) Toda oligarquía es de partidos

Como decíamos, el poder es connatural a todas las sociedades humanas, aunque puede adoptar muchas formas. Desde Aristóteles, esas formas suelen entenderse como tres:  monarquía, aristocracia y democracia, con sus respectivas degeneraciones. Sin embargo esa división resulta poco útil. Todo poder es ejercido necesariamente por unos pocos (oligarquías), al margen de la bondad o habilidad de sus miembros; generalmente a su cabeza se encuentra una sola persona, llámese rey, presidente o de cualquier otro modo y en ese sentido es también monárquico; y debe contar con la aquiescencia, obtenida por diversos medios, del pueblo,  de al menos una parte significativa de él, y en ese sentido es también democrático. Es decir, en todas formas de poder encontramos los tres elementos, pero el fundamental es siempre el oligárquico: ningún monarca puede gobernar sin la oligarquía, ni el pueblo puede ser gobernado sin ella.

 La palabra “pueblo”  atañe en principio a toda la población de un país,  al margen de posiciones  sociales. Pero a efectos de la política podemos dividirlo sumariamente entre la oligarquía que manda (más o menos) y el pueblo que obedece (también más o menos). Sin embargo, ni una ni otro son homogéneos, sino que en su seno bullen numerosas tendencias diversas u opuestas.

   Por lo que respecta a la oligarquía, nunca conforma un grupo social unánime, sino que en su seno las divisiones suelen ser muy agudas.  La historia da testimonio de las luchas por el poder, muy a menudo sangrientas,  entre sectores oligárquicos o partidos. Numerosos monarcas y sus fieles han sido destituidos o asesinados por facciones contrarias.  En algunas épocas y regímenes el poder ha sido una profesión de muy alto riesgo, pensemos en la decadencia de Roma o en los reinos bárbaros posteriores. Ese riesgo, sin embargo, nunca disuadió a unos u otros partidos de tratar de conseguirlo por cualquier medio, incluida la guerra civil.

  Las oligarquías se justifican apelando  al interés general,  suponiéndose que gobiernan en beneficio del pueblo; pero más allá de las invocaciones generales como servicio a la justicia, el orden o la libertad,  resulta muy controvertible en qué consistan en concreto dichos servicios. Y sea cual sea el grado en que realmente se correspondan con la práctica, bajo esas invocaciones circulan siempre intereses muy diversos, de grupo o partido, de riqueza y de mando particular, incluso meramente personales por vanidad de “pasar a la historia”, etc. La historia de cualquier país resulta bien ilustrativa al respecto.

No obstante, es cierto que algunos partidos  han servido mejor que otros al interés general –aunque este solo existe en forma mayoritaria: siempre habrá otros intereses minoritarios que lo desafían y pueden no obstante alcanzar el mando–. La historia refleja, asimismo un esfuerzo permanente, teórico y práctico, por conseguir formas de poder que armonicen de algún modo la libertad y el orden, y permitan una estabilidad social que evite los efectos más destructivos de la lucha por el poder.

 Así pues, podemos considerar tres principios: a) el poder es connatural a todas las sociedades humanas, por lo que la idea utópica de suprimirlo solo produce las tiranías más completas.  b) El poder es ejercido  siempre por una oligarquía, casi siempre con un “monarca” a la cabeza, y teóricamente al servicio del pueblo, el “demos”.  c) Las oligarquías nunca son homogéneas, se dividen siempre en partidos que pugnan, con diversos medios, por imponerse a otros, lo cual refleja la dificultad de definir el bien común, salvo de modo general y un tanto abstracto.

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Nueva historia de España: de la II guerra púnica al siglo XXI (Bolsillo (la Esfera))

 La gran época de España

Esta pregunta la habrá oído más de una vez: ¿Por qué ha escrito Nueva historia de España, algo a lo que solo se atreven historiadores de mucho fuste, y en qué sentido es nueva?

Bueno, realmente se han atrevido historiadores de muy poco fuste, ese no es un problema. Me propuse escribirla frente a lo que percibía de tiempo atrás como distorsiones fundamentales, herencia en parte de la leyenda negra, en parte de una respuesta a ella bastante pobre.  Me llamaba la atención especialmente el poco aprecio, incluso de los digamos españolistas, por la época más brillante de nuestro pasado, del que siempre destacan las tachas y fallos, sin apenas percibir aquello que la hizo precisamente grande, increíblemente grande.

Más o menos lo que decía Menéndez Pelayo…

No exactamente. Menéndez Pelayo confundía demasiado la religión con la política, entre otras cosas. Su desafío a los “gárrulos sofistas”  era muy necesaria, y casi profética sobre las consecuencias de sus “demoliciones” como pretendía Azaña, y que dieron lugar a la guerra civil. Pero su visión alternativa era por eso deficiente, en mi opinión, y un tanto plomiza. Presentaba a España como un hecho puramente religioso, especie de emanación de la Iglesia en el que la política quedaba como una adherencia secundaria. Por otra parte los “gárrulos sofistas” no han desaparecido, al contrario, hoy dominan la universidad. Por eso me propuse escribir el libro.

Pero esa visión, la de Menéndez Pelayo,  fue la del franquismo, que usted defiende.

No lo fue. Fue si usted quiere, la más oficial sobre todo en los años 40 y 50, aunque no muy seguida en la práctica, no muy productiva tampoco.  Pasó como con la cultura en general: había una cultura franquista, en algunos aspectos muy meritoria, pero muy distinta de la cultura “en” el franquismo, que fue mucho más amplia, variada  y en conjunto más meritoria.  Había una gran confusión. Por ejemplo, en la polémica sobre Ortega y Unamuno, los falangistas discrepaban de la postura menendezpelayista de sus opositores, que pretendían desterrar de la nueva cultura  a dichos pensadores y otros muchos escritores. Es curioso también que la Falange aceptase de Ortega una guía tan disparatada como su España invertebrada. Confusión muy considerable.

Sin embargo, la idea de Menéndez Pelayo sigue prevaleciendo entre gran parte de los grupos que se consideran herederos del franquismo, incluso si aceptan los cambios de la Iglesia desde los años 60. No puede usted negar la verdad de su definición de España como “evangelizadora de medio mundo, espada de Roma, luz de Trento, martillo de herejes, cuna de San Ignacio”. Esta es una verdad histórica.

Es parte de la verdad, pero proponerla  como modelo a imitar, ya en su época, principios de siglo XX,  resultaba absurdo. No guardaba la menor relación con lo que había llegado a ser España. Por supuesto, el franquismo no se propuso ser la espada de Roma ni la luz de ningún Trento. En realidad, su intervención en el Vaticano II fue más bien lastimosa, y tampoco su crítica a los “herejes”, desde el separatismo al marxismo, resultó muy aguda.

¿Cómo lo plantea usted entonces?

España tuvo dos siglos increíblemente productivos, más teniendo en cuenta que no era el país más rico ni poblado de Europa, aunque sí el que prestaba mayor atención a la enseñanza superior y el mejor organizado en muchos aspectos. Estos dos aspectos, la enseñanza superior y la organización,  casi nunca aparecen en las historias al uso, sean de una tendencia u otra. Aquella España defendió  a Europa del islam turco, defendió al catolicismo frenando  el expansionismo protestante, al tiempo que contendía con Francia, Inglaterra y Holanda, protagonizó el despliegue naval más decisivo en la historia humana, descubriendo América, cruzando los océanos más vastos y dando la vuelta al planeta, realizó  conquistas inverosímiles, generó un gran pensamiento y un arte y literatura originales y de gran altura, revolucionó el arte de la guerra,  evangelizó  y civilizó América y Filipinas, construyó en América las ciudades más bellas de las que aún dispone el continente, fundó universidades allí y en Filipinas, desarrolló el derecho internacional… Todo esto, aquí muy resumido, es sencillamente impresionante.

Pero tenía sus puntos negros: las quiebras presupuestarias, la pobreza…

El esfuerzo fue gigantesco, pero la pobreza era común a todo el continente, y más difícil de soportar en países húmedos y fríos. Quiebras también las tuvieron los demás. Lo que importa es el balance.  En fin, todo eso lo despachaban los regeneracionistas con lo de “anormal”, “enfermo” “descarriado vagar” y memeces por el estilo. Y por esas memeces se guía gran parte de la historia que se fabrica hoy. ¿Y quiénes eran los regeneracionistas que se echaban encima la labor titánica de fundar otra nación como si esta nunca hubiera existido? Pues no tenían nada de titanes ni de héroes. Ante todo  procuraban “arreglarse la vida” mediante alguna oposición que les incorporase al funcionariado de la “necrocracia” para verter impunemente sus prédicas desde esa posición segura y aprovechando las libertades del régimen de la Restauración. Respondían más bien al tipo del “señorito” frívolo y desconocedor de los rigores de la vida, aficionado a juzgar arbitrariamente de todo en sus tertulias de café. Lo cual desmiente asimismo lo de la “herencia temperamental” tan cara a Sánchez Albornoz. Hay que admitir que los españoles, como los demás pueblos, cambian mucho en su carácter o temperamento de unas épocas a otras.

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1 de abril de 1939: ganaron los buenos / La “anormalidad” de España.

Ganaron los buenos

Hace 81 años el célebre y sobrio parte de Franco dio por terminada la  guerra civil. ¿Qué puede decirse de ella a estas alturas? Por lo menos lo siguiente:

1. Que la contienda enfrentó por una parte a quienes querían implantar  en España un régimen soviético y/o disgregarla en estaditos  manejables por otras potencias, y por otra a quienes no estaban dispuestos a consentirlo.

2. Que en ella no se jugó la democracia sino la unidad de la nación, la cultura y familia cristianas, la libertad personal y  la propiedad privada, defendidas por los nacionales y atacadas por el Frente Popular, pacto de totalitarios y separatistas.

3. Que la democracia quedaba fuera de cuestión. En el Frente Popular, unos, los más fuertes, aspiraban a implantar un régimen de tipo soviético; otros, despotismos separatistas;  y unos terceros les hacían el juego voluntaria o involuntariamente. Los nacionales, después del caos republicano y las elecciones fraudulentas del 36, no creían que la democracia pudiera contener el alud revolucionario-separatista, y buscaron otras salidas. En 1930, Franco todavía recomendaba la democracia y se resistió a rebelarse mientras hubiera esperanza de reconducir un régimen cada vez más epiléptico.

4. El Frente Popular se presentó como defensor de la república, cuya legalidad había asaltado en 1934, planeando la guerra civil,  y había acabado de destruir desde las elecciones fraudulentas de febrero de 1936, aplastando sangrienta y  tiránicamente la libertad. La falsedad de la reivindicación izquierdo-separatista, masivamente difundida, es la causa de que aún hoy la guerra civil siga sin ser asimilada por la sociedad española. Es también la causa por la que he escrito recientemente Por qué el Frente Popular perdió la guerra.

5. La guerra fue un suceso doloroso, pero en ella ganó la causa más justa. Que volvió a justificarse al ganar también la paz, reconstruyendo la nación frente a mil dificultades y hostilidades exteriores, manifiestas en un aislamiento criminal;   y dejando una herencia de reconciliación y prosperidad, con una sociedad muy superior  en todos los sentidos a la de miserias y odios republicanos causantes de la guerra. Esta es su doble legitimidad, de origen y de ejercicio. Precisamente el Frente Popular desacreditó la idea de la democracia para muchos años. Y no es casual que los partidos que se consideran herederos de él,  nuevamente totalitarios y separatistas, estén destruyendo la democracia decidida en 1976 a partir de la legitimidad del franquismo.

6. La mentira sobre la guerra y el franquismo, sostenida por los herederos del Frente Popular con el auxilio de una derecha abyecta y sin ideas, capaz de identificar democracia con antifranquismo,  es la causa profunda de que la sociedad no logre aprender de la experiencia y tienda repetir lo peor de su pasado, como decía Santayana de los pueblos que olvidan su historia.

7. En este aniversario es preciso que todos recordemos qué fue realmente aquella contienda, quiénes la planearon y provocaron, por qué la perdieron, por qué el pueblo decidió una democratización en orden partiendo de la herencia franquista, y por qué esa decisión ha venido siendo saboteada utilizando la falsedad histórica para transformar el régimen, introduciendo leyes totalitarias como las de “memoria histórica”, de género y similares.

8. Como dirigente máximo en la guerra y la paz –que dura aún hoy, cada vez más amenazada por golpismos y leyes liberticidas–, y por la categoría de sus logros, el general Franco entra en la historia de España con la talla del mayor estadista que ha producido el país  en varios siglos. La reciente profanación de su tumba por los delincuentes que hoy gobiernan la nación deberá ser revertida en su momento. Una sociedad incapaz de respetar a quienes la liberaron de la tiranía y la disgregación se condenaría a sí misma. Restablecer la verdad es una necesidad absoluta para garantizar la permanencia de España y curar una democracia hoy enferma y en gran parte fallida. 

Por Que El Frente Popular Perdio La Guerra CivilUNA HORA CON LA HISTORIA
133 – Historia criminal del PSOE (13): Los insurrectos en Asturias entran en crisis. https://www.youtube.com/watch?v=Wa_-VTEs_5k

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La “anormalidad” de España.

Usted descarta el carlismo como solución general en España. Sin embargo fue uno de los ingredientes fundamentales del franquismo y en la guerra civil

Nueva historia de España: de la II guerra púnica al siglo XXI (Bolsillo (la Esfera))

Sí, fue uno de ellos pero ni de lejos el principal. El franquismo no fue un régimen de partido único, sino de cuatro partidos o “familias”, y en general poco tuvo que ver con el carlismo; y  la evolución posterior de este  ratificó su incapacidad como alternativa a la democracia liberal. Es difícil definir con precisión ese movimiento. Por una parte quería volver a la sociedad estamental y de privilegios, regida por la nobleza y el clero con un rey sacralizado, cosa que interpretaba como el orden social querido por Dios. Querían mantener el antiguo régimen, que en España imitaba a la monarquía absolutista  francesa desde comienzos del XVIII, es decir, no era demasiado tradicional español. Y  por otra parte parecía querer ir más allá, a la época de la Reconquista, con los viejos fueros y demás. Por ello detestaban al liberalismo, que preconizaba la unión nacional bajo las mismas leyes, con igualdad ante la ley y  abolición de los privilegios. A pesar de que les ayudaba la mediocridad, corrupción y crímenes de los liberales, no eran una alternativa, desde luego. Y perdieron las guerras en buena medida por la ineptitud e intrigas de la corte del “sacro” pretendiente.  Esto también lo explico en Nueva historia de España, perdone que insista.

Pero el liberalismo ha fracasado a su vez. En el XIX trajo inestabilidad, los pronunciamientos militares, en el XX fue incapaz de contener las tendencias revolucionarias, contribuyó, usted mismo lo dice, al caos republicano y a la guerra civil. Ahora mismo, muchos políticos que han ayudado al proceso de descomposición política actual se consideran liberales. Los democristianos también lo son…

Tal como han ido las cosas, son dos movimientos fracasados en España, el carlismo en el siglo XIX y el liberalismo en el XX. Sin embargo del liberalismo hay elementos irrenunciables como la unidad nacional, los derechos políticos, la igualdad ante la ley. Tanto es así que nadie se atreve a declararse en contra, lo aceptaba hasta Torrente Ballester cuando era ideólogo de la Falange. Bueno, excepto en lo de la unidad nacional,  contra la que parecen estar casi todos, herencia del regeneracionismo.

¿El regeneracionismo estaba contra la unidad nacional?

No estaba contra la unidad, pero favorecía los factores que podían destruirla, empezando por su denigración de la historia. La idea de que España tenía una historia “anormal” implica, naturalmente, que otros países la tendrían “normal”. En concreto la tendría normal “Europa”, mientras que España, ya en la Reconquista habría mostrado síntomas de enfermedad, que en gran parte de manifestarían en una “tendencia congénita a la guerra civil”, al “cainismo”, a la “persecución del pensamiento libre”, luego materializada en la Inquisición, etc. En contraste supuesto con “Europa”, es decir, con la Europa occidental, o más propiamente Francia e Inglaterra, que constituían el horizonte fundamental de  los europeístas, y sobre las cuales demostraban no conocer más que tópicos ni tener deseos de ir más allá. Era una doble ignorancia o más bien distorsión: de España y de Europa. No se puede construir sobre arenas tan movedizas. Era la aceptación de la leyenda negra combinada con un patriotismo a su modo: como españoles, los regeneracionistas se sentían ultrajados por el atraso de España con respecto a Francia e Inglaterra. Lo malo es que creían poder superar ese atraso rápidamente con fórmulas mágicas, básicamente con la destrucción del régimen liberal de la Restauración. ¡El caso es que casi todos se proclamaban liberales! En Por qué el Frente Popular perdió la guerra examino esta peculiaridad del liberalismo español, siempre enfrentado internamente  a muerte, o casi.  Los liberales como enemigos del liberalismo, podríamos decir, exagerando no demasiado.

Aun así, las líneas generales eran correctas: querían una democracia de libertades.

Algunos querían un dictador, un “cirujano de hierro”.  Paradójicamente, España fue probablemente el país o uno de los países  internamente más estables de Europa durante más de tres siglos y el que aún hoy  mantiene unas fronteras más estables; y constructor de un imperio también más pacífico, estable y duradero que cualquier otro europeo; y la Inquisición fue un tribunal mucho más garantista que cualquier otro de Europa, mucho  menos sanguinario que las diversas inquisiciones protestantes, y coincidió con la época cultural e intelectualmente más importante de la historia de España.  Las guerras civiles, el “cainismo” y el estancamiento intelectual han sido en España, más bien, una herencia de la Revolución francesa a través de la invasión napoleónica. Recordar y examinar estas cosas, a contracorriente de la mayor parte de la historiografía al uso, es parte de lo que he hecho en Nueva historia de España.

Pero usted tampoco ofrece una alternativa.

Eso tienen que hacerlo los políticos. Pero cualquier alternativa pasa por el saneamiento, digámoslo así, del pasado. En Nueva historia he expuesto cómo en todas las sociedades existen tendencias integradoras y disgregadoras en difícil  equilibrio. Ahora bien, si partimos de la idea de un pasado negativo de España, las tendencias disgregadoras prevalecerán, como está ocurriendo. Hay dos puntos sobre los que incidir: la gran época de España, siglos XVI-XVII, y el franquismo.  Más allá de clarificarlos en lo posible,   ¿podemos extraer de ellos ideas que nos sirvan para el presente? Lo primero es, precisamente, restablecer la verdad o acercarnos lo más posible a ella desde la consciencia de que lo que hoy prevalece es la falsedad, y de que esta nos está causando grandes males.  

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“Una historia enferma” / Una obra maestra del espionaje y la pericia naval

**El Doctor, el Coletas, el Torra y otros cuantos deben ir a la cárcel, si no queremos que conviertan en cárcel al país

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“Una historia enferma”

Nueva historia de España: de la II guerra púnica al siglo XXI (Bolsillo (la Esfera))

Usted es probablemente el único que ha cargado contra el movimiento regeneracionista, que sin embargo ha sido aceptado por tirios y troyanos como un noble intento de regenerar una España tísica y que ha movido a muchas de las personalidades políticas a intelectuales españolas más valiosas del siglo XX.

 En primer lugar, España no estaba tan tísica: se estaba recuperando de un siglo XIX desastroso, aunque no todo en él fuera malo. El problema es que los regeneracionistas encontraban que España había tenido una historia enferma o anormal, como decía Ortega, un pensador importante pero que en cuestiones políticas e históricas desbarraba con gran autoridad.   Y, al contrario, solían ver en el siglo XIX, ¡precisamente!  una época “vital”,  de buen espíritu, aunque terminara frustrado por la Restauración.

El mundo al revés, según usted. ¿Lo bueno era lo anterior al siglo XIX? ¿Lo malo era la europeización?

Empecemos por lo último. En Nueva historia de España, en los libros sobre la Reconquista y Europa, he intentado responder a esas cuestiones, que generalmente se plantean desde una distorsión de la historia de España y una ignorancia básica de la europea. España es directamente hija de Escipión y de Leovigildo, si se quiere personificar así; es decir, es parte de Europa desde los orígenes. Quiero decir de Europa occidental, porque hay tres Europas bastante distintas.  Con la invasión islámica pudo haber ingresado en el Magreb, pero la Reconquista hizo volver la península a Europa.  Ha participado, con rasgos propios, como las demás naciones, en los grandes movimientos culturales, desde el monástico o el románico hasta las ideologías salidas de la Ilustración, en las que estamos.

Lo que se entendía en el regeneracionismo por europeización consistía esencialmente en cosas como el impulso a la ciencia, la secularización social, la democracia, la alfabetización… Eso se entendía y no otra cosa, nadie en su sano juicio se opondría.

Claro que nadie se opondría, pero…

Sí se oponía una corriente que en definitiva quería volver al Antiguo Régimen, a la España católica martillo de herejes, a la desconfianza del pensamiento y la ciencia, “de cerrado y sacristía, de Frascuelo y de María, de charanga y pandereta, como bien resumía Antonio Machado.

 Esa oposición fue común a toda Europa. Es claro que el Antiguo Régimen había cumplido su misión, si lo queremos ver así,  no tenía futuro  desde finales del siglo XVIII. Pero empezó a ser demolido mediante una orgía de sangre y terror en la Revolución francesa y luego en las guerras  napoleónicas, que en España fueron especialmente catastróficas. Es natural que suscitaran una oposición, aunque luego las ventajas del nuevo régimen, el liberal esencialmente, fueran imponiéndose con mayores o menores dificultades. En España igual que en la mayoría de las naciones. 

  Pero en España siguieron predominando las viejas capas dominantes, no hubo una verdadera revolución.

Oigo esa historia a menudo:  ¡Siempre es la reacción, la derecha, la que manda, pase lo que pase,  ya desde Recaredo o desde los comuneros! ¡A ver cuándo le toca al pueblo, a sus verdaderos representantes! Esa simpleza  está en la base de las demagogias del PSOE o del republicanismo de izquierda del siglo XX. Pero es lo contrario. La “derecha” si así queremos llamarla,  el Antiguo Régimen, fue derrotado en el siglo XIX por la izquierda, que eran precisamente los liberales, y lo fue en guerras, especialmente la primera, que equivalía a una verdadera revolución. A continuación se copiaron mejor o peor las instituciones francesas o inglesas.  Los mayores problemas del siglo XIX no fueron entre liberales y carlistas, sino entre liberales moderados y exaltados. El liberalismo funcionó bastante mal, España quedó como potencia casi insignificante en Europa –no en África– y para arreglarlo surgieron en el siglo XX nuevos movimientos revolucionarios, que conducían al totalitarismo y a la guerra civil, y que vuelven a amenazar lo logrado, mucho o poco, con el liberalismo, fundamentalmente las libertades políticas y la propia unidad nacional.  Hay que tener cuidado con esos “análisis” tan frecuentes, que más que simplificaciones son simplezas de las que ya tenemos experiencia.

Usted pretende, en resumen embellecer un estado de cosas anterior a la Revolución francesa…

Yo no embellezco nada. El Antiguo Régimen es lo que hubo durante siglos, probablemente sus raíces están en el modo como cayó Roma y la imposición de reinos bárbaros germánicos. Pero reducir a eso toda la historia es absurdo. ¿Qué vamos a decir, que toda la historia desde entonces ha sido un error o un crimen hasta que hemos dado con la receta definitiva? Ni ha sido un error ni hemos dado con una receta definitiva. Baste recordar que desde la Segunda Guerra Mundial, Europa  ha pasado a segundo término en los terrenos político, militar y cultural en el mundo. Europa, y con ella España,  han evolucionado a través de movimientos culturales y políticos de gran calado. En unos países les ha ido mejor, en otros peor, es lo normal. ¿Por qué en España ha funcionado  mal, hablando en general, el liberalismo? Es una cuestión interesante, que abordo de modo indirecto en Nueva historia de España, pero que vendría bien tratarse de modo directo, partiendo del hecho de que el carlismo estaba condenado. 

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Una obra maestra del espionaje y la pericia naval.

En agosto de 1780 los ingleses prepararon un extraordinario convoy con todo tipo de provisiones, armas, soldados  y una enorme suma de dinero destinados a la India y sobre todo a sofocar la guerra de independencia de lo que sería Usa. Se trataba de 52  barcos de carga (armados pero con débil potencia de fuego), escoltados por un solo navío de línea y dos fragatas. La debilidad de la escolta para una carga tan valiosa, se debía a que el año anterior una flota franco española bajo mando francés, después de haber desbaratado a una flota inglesa,  había tenido ocasión de desembarcar en Inglaterra, en cuya costa sur de desató el terror. Pese a los apremios del jefe español Luis de Córdova, el superior francés, Guillouet, vaciló, a los pocos días se desató una peste en los navíos y la escuadra tuvo que volver a Francia.  Sin embargo el gobierno inglés quedó tan alarmado que prefirió dedicar el grueso de su armada a la protección de la isla.  Por esa razón, el gran convoy iba poco protegido, y para no ser detectado se le dio orden de navegar lejos de la costa y de las rutas habituales.

   El espionaje español en Inglaterra consiguió enterarse en líneas generales y pudo advertir  a España.  Así una flota hispanofrancesa al mando, esta de vez, de Luis de Córdova y  de José de Mazarredo, partió en búsqueda de los ingleses, perdidos en la gran extensión del mar. El convoy fue localizado el 9 de agosto  en inmediatamente se dio la orden de ataque. La escolta inglesa, al constatar la superioridad de la flota enemiga (27 navíos de línea españoles y 9 franceses), se dio a la fuga dejando a su suerte el valioso cargamento; los demás barcos trataron de huir a su vez, dispersándose. Sin embargo fueron todos (52) capturados sin resistencia, salvo los tres de protección, que fueron los primeros en desaparecer. El botín fue uno de los mayores, si no el mayor, de la historia naval: armas, municiones, vestimenta y otros pertrechos, y  un millón de libras esterlinas, suma extraordinaria para la época, además de 3.000 prisioneros. Fue el mayor desastre logístico de la historia inglesa  y causó otro desastre financiero, hundiendo la Bolsa de Londres.

   Importa señalar además otra consecuencia: la fuerza inglesa en Usa quedó inevitablemente debilitada, lo que hubo de influir en su capitulación al año siguiente en  Yorktown, después de una batalla que fue poco más que una escaramuza. Por su parte, Bernardo de Gálvez había expulsado a los ingleses de Florida y bloqueado su  paso  por el Misisipi, impidiéndoles atacar a los insurrectos por el oeste.

Fue sin duda una operación maestra del espionaje y de la pericia de la marina española, y quizá  el último de sus grandes éxitos. Veinticinco años más tarde, en Trafalgar, se acabó aquella trayectoria, la más importante de la historia naval humana. Y con la invasión francesa el país pasaría a potencia de segunda o tercera clase.

Estaría bien un documental o serie de ellos que relatasen la historia naval española desde, por ejemplo,  la Guerra de los Cien Años hasta Trafalgar. A ver si alguien tiene la iniciativa.

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Por Que El Frente Popular Perdio La Guerra CivilUNA HORA CON LA HISTORIA
133 – Historia criminal del PSOE (13): Los insurrectos en Asturias entran en crisis. https://www.youtube.com/watch?v=Wa_-VTEs_5k

 

 

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