**So pretexto de que “las crisis globales exigen soluciones globales”, una banda de “filósofos y activistas” , obviamente “progresistas”, proponen una “Constitución mundial”. Esos individuos pretenden saber lo que conviene a todo el mundo, pero solo saben lo que les conviene a ellos, y aun eso a medias.
**La muerte de cada ser humano predice el destino de toda la humanidad y del propio cosmos.
**Dice un anuncio de “El País: “El periodismo nos ayuda a pensar”. Debería decir más bien: “Los embustes de El País dan mucho que pensar”.
**Las interminables discusiones sobre la democracia considerándola “el poder del pueblo” o sobre si “la verdad depende del número”, carecen de significado.
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Democracia (III) Oligarquías del antiguo régimen.
El Antiguo régimen en Europa, es resultado de la caída del Imperio romano , con la imposición de oligarquías bárbaras de origen germánico equilibradas por el clero cristiano. El sistema social resultante ha sido comparado al de las castas impuestas en India por los conquistadores arios: una casa sacerdotal, otra nobiliaria guerrera y política, una tercera de artesanos, comerciantes, artistas y profesiones “liberales”, y otra inferior de campesinos siervos. Con diversas y considerables evoluciones y diferencias nacionales e imperiales, este sistema se mantendría hasta las revoluciones useña y francesa.
La formación de este régimen, que suele llamarse feudal, data de la caída del Imperio romano de occidente. El derrumbe de Roma se produjo por el efecto combinado de la semiasfixia económica causada por las necesidades de mantener un estado con un ejército enorme y costoso, y la presión de los pueblos bárbaros. Es posible que esta situación procediera de pestes como la Antonina, causantes de enormes pérdidas de población, por tanto de actividad económica, volviendo mucho más gravoso el sostenimiento de un estado que, pese a sus gravámenes, garantizaba el orden y una relativa paz interna. Las revueltas, como las bagaudas, causadas por la miseria, no suponían ninguna alternativa real, pero debilitaban el entramado mientras los impuestos requeridos por la protección del imperio frente a las presiones exteriores se hacían insoportables para gran parte de la población. Reformas como las de Diocleciano, que en parte prefiguraban la servidumbre, solo conseguían detener parcialmente los efectos del círculo vicioso.
El resultado final fueron las invasiones y la sustitución del refinado sistema político y social romano por otro mucho más simple y tosco, relacionado con la destrucción o decaimiento de las ciudades, la ruralización de la sociedad y una situación de hambrunas, enfermedades y violencias por rivalidades entre los propios invasores. En tales circunstancias, el único elemento capaz de mantener un orden, por precario que fuese, era la oligarquía guerrera, civilizada más o menos pronto por influencia eclesiástica. La Alta Edad Media (expresión un tanto vacua) o Edad de supervivencia, asentó aquel sistema parecido al de las castas. La época puede llamarse también “de las invasiones”, con una segunda oleada islámica, vikinga y magiar, o de los monasterios y obispados, por la función crucial de ambos en el mantenimiento de la civilización.
Superada aquella difícil época, el sistema se mantuvo. El campesinado fue mejorando su posición, aumentaron los campesinos libres y disminuyeron los siervos (algunos autores lo atribuyen a un efecto de la Peste Negra del siglo XIV), crecieron las ciudades y cobró masa la tercera “casta” (comerciantes, artesanos, etc.), fundamentalmente urbanita y que llegaría a participar en alguna medida en el poder político por medio de la Cortes o parlamentos. Y con el tiempo se convertiría en rival de la tradicional oligarquía, cuya legitimidad se remitía a su origen germánico fuertemente matizado por la impronta religiosa romana, que la asimilaba a su modo a un designio divino.
Estas evoluciones aumentaron la población y los recursos, a pesar de las guerras y las pestes recurrentes, e introdujeron reformas importantes. Pero el sistema de orden social establecido al caer el Imperio romano, una oligarquía nobiliario-clerical con un monarca (a menudo disputado) al frente, con pocas excepciones, resistiría todos los avatares durante algo más de trece siglos. No es casual que tanto en Usa como en Francia, las respectivas revoluciones reivindicasen la Roma republicana como ideal. En cierto modo la revolución se sentía como la inversión de un proceso histórico que se quería interpretar como desdichado y perjudicial para la humanidad. Algunos autores han interpretado la Revolución francesa como una revuelta de los galorromanos contra los francos.
Aunque el antiguo régimen se presenta a veces como un modelo de estabilidad, incluso como el sistema ordenado por Dios, no fue, desde luego muy estable, pues su historia está cuajada de luchas por el poder, intrigas, crímenes y guerras civiles. De hecho, los revolucionarios creían que iban a solucionar esos problema ya que, argüían, las guerras procedían de los intereses de unas oligarquías ilegítimas. En esto fallaron, porque las guerras continuaron y se hicieron más masivas y mortíferas; pero en otro sentido las revoluciones supusieron una liberación real. Por ejemplo, abolieron oficialmente la servidumbre que aun persistía, incluso muy extendida en algunos países como Alemania; en Rusia la situación era mucho más dramática, pues la servidumbre equivalía a práctica esclavitud.
El antiguo régimen era un sistema de derechos desiguales, privilegios, estamentos poco permeables, con oligarquías basadas en una supuesta superioridad natural y hereditaria acorde con el designio divino. Su larga supervivencia demuestra que no respondía a la mera violencia (aunque todo poder político se asiente en ella), como a menudo se le describe, sino que respondía a alguna necesidad histórica. La misma que lo abolió, aunque en los dos casos sea difícil de discernir esa necesidad.
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Historia criminal del PSOE: Derrumbe de la insurrección en Asturias: https://www.youtube.com/watch?v=JATEZvIeJoQ
PSOE: Los socialistas huyen con el botín (a partir de las 21.00: https://www.youtube.com/watch?v=T05LLzB22-c
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Según vemos, cuando usted tituló “nueva” su historia de España, es claro que no hablaba en vano. Sí, es original, pero original no es lo mismo que bueno. Muchas originalidades no pasan de disparates. Y en historia hay muchas versiones…
Por eso mismo es preciso el debate, porque nadie puede arrogarse la pretensión de tener la verdad absoluta. Es el debate el que permite afinar las ideas y avanzar en el conocimiento del pasado. No tengo “la verdad”, pero la verdad existe y creo que me aproximo a ella bastante más que otros. La prueba es que no se atreven a debatir.
Al parecer no le consideran a usted un rival de categoría.
Razón de más para que lo hicieran, pues mis enfoques atacan de raíz a los suyos y además se leen, por lo general, más que los suyos, cosa que les ha dolido mucho. Así que en un debate intelectual podían darse la satisfacción de aplastarme ante el público. Sería una batalla que ganarían fácilmente y les resarciría de otras cosas. Pero, ya ve usted, han respondido pidiendo la censura y con la ley de memoria histórica.
La ley de memoria histórica no le ha impedido a usted seguir publicando.
Así es. A finales del siglo pasado ya creían tener la batalla ganada sin necesidad de ley específica alguna, sobre todo por incomparecencia del adversario o aislamiento de los pocos opuestos. Por eso, a raíz de Los mitos de la guerra civil se asustaron y pidieron la censura, y no solo la izquierda, también el democristiano Tusell. Pero pedir la censura en un sistema democrático ya denuncia sus versiones como lo que efectivamente son. ¿Qué han hecho, finalmente? invocar la democracia contra la libertad, que es su táctica habitual: ley de memoria histórica. Esto debía amilanar y de hecho ha amilanado a muchos, pues pesaba como una espada de Damocles sobre la labor investigadora. Yo seguí, y algunos más se animaron (sin citarme casi nunca, es cierto), y los de la “memoria” han visto necesario dar un paso más, amenazando ya con multas y cárcel.
Pero en Alemania, por ejemplo, está prohibido negar el Holocausto.
En Alemania sí, por la razón que sea, pero no en otras democracias como Usa o Inglaterra. Esa prohibición será a la larga un bumerán. Aparte de eso, ni España es Alemania ni los sucesos históricos se parecen. Yo no soy especialista en el asunto del Holocausto, que creo por lo que leo que existió, sean mayores o menores las cifras. Soy especialista en temas de España, y, ya ve usted, resulta que aquí los mayores perseguidores de las libertades políticas y de lo que entendemos generalmente por democracia, fueron los partidos del Frente Popular, como recuerdo en mi reciente libro al respecto. Y vuelven a serlo los que se proclaman sus herederos. La farsa debe terminar de una vez.
Pero si prácticamente toda la universidad está contra sus teorías, tiene que se por algo. No se trata de analfabetos ni de ignorantes.




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