El ateísmo pretende basarse en la razón, cayendo en una falacia: lo que mi razón no alcanza, no tiene realidad. En mi introducción a la historia de Europa expuse algunas de las limitaciones de la razón, que debería abocar a conclusiones inatacables y de validez universal, y en cambio ha generado ideologías antagónicas, todas ellas muy “racionales”. Otra limitación consiste en que hay muchas cuestiones esenciales, básicamente el sentido de la vida, que la razón (o su derivada la ciencia) no puede siquiera plantearse, por lo que necesita alguna idea sustitutoria a la que inevitablemente deifica. Así el progreso, el proletariado, la raza, etc.
El agnosticismo es una variación del ateísmo y resulta en cierto modo peor, se desentiende del problema del destino y la condición humana: como no podemos dar respuesta a esas cuestiones, las apartamos de nuestra mente para ocuparnos exclusivamente de las que aparentemente podemos resolver. Esto suena muy razonable, pero nuevamente da lugar a ideologías. Porque el hecho es que el elemento central de todas las culturas es una especie de presentimiento del destino humano, que implica una fe y una moral, una distinción entre el bien y el mal. La mentalidad prometeica es la manifestación más típica del agnosticismo, que reduce la existencia humana a un utilitarismo trivial en una carrera sin fin por los bienes materiales.
Por lo que hace al cristianismo, el estudio de los evangelios, incluido el quinto, de San Pablo, que es históricamente el principal, sus incongruencias son tan manifiestas que resultan inaceptables tomadas literalmente. De ahí el enorme esfuerzo de la Iglesia por solventar sus dificultades sin acabar nunca con ellas y dando pie en el proceso a divisiones, cismas y herejías. Podría descartarse entonces su doctrina, pero, paradójicamente, su mensaje ha impresionado con enorme fuerza la psique de millones de personas, incluidas algunas de las más inteligentes de la humanidad. Y ha inspirado la civilización que llamamos occidental hasta ahora mismo y de modo contradictorio. Sospecho que hemos llegado a un punto en que la religiosidad connatural al ser humano exige nuevas elaboraciones o, si se prefiere, una renovación del viejo tronco, hoy en gran parte seco y podrido.
O, para el desdichado Leopardi, “el mayor signo de la grandeza y la nobleza de la condición humana” es precisamente esa situación de incertidumbre y búsqueda, que incluye el hastío.
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*Qué diría Dante si viera cómo la belleza femenina es hoy explotada para reclamo de cualquier mercancía vulgar, incluso de las más viles…
* El feminismo se pretende representante de la mujer. Lo es al modo de los comunistas en relación con los obreros. En el fondo es su mayor enemigo.
*La victoria electoral del Doctor y sus pandillas no es producto de ninguna división de la derecha, sino del embrutecimiento causado por el antifranquismo, al que se ha sumado la derecha al poco de comenzar la transición.
* “¿Me llaman extrema derecha y fascista? Si ser fascista es defender la nación, la legalidad constitucional y la democracia, soy fascista. Si ser fascista consiste en tratar de disgregar a España, calumniar, amenazar y agredir, entonces los fascistas son ustedes”
* Pancho I de la Pampa no es el primer papa antiespañol. Pero está en condiciones de hacer el mayor daño actualmente a España.
*El plan de profanación de los restos de Franco es el primer gran ataque (de “aproximación indirecta”) a la monarquía. Suicidada en 1931 y resucitada por Franco.
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