Crónica: antifranquismo contra libertad
**El hecho de que el antifranquismo, el ataque a un régimen y una persona desaparecidas hace más de cuarenta años, se haya convertido en la principal seña de identidad del actual régimen zapateril, demuestra la farsa gigantesca en que se desenvuelve la política española
**El hecho de que para atacar al franquismo, el régimen zapateril tenga que atacar las libertades políticas, base misma de la democracia, revela la realidad tiránica y totalitaria del antifranquismo.
**El hecho de que el antifranquismo una desde la ETA-Bildu al PP, pasando por el PSOE, comunistas, separatistas y socialistas, ya demuestra la clase de democracia que une a todos ellos.
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Sentido de la historia
En sus libros sobre Europa y España, usted ha expuesto una concepción de la historia y de la política que casi ningún autor académico va a aceptar. Me refiero a la idea de que es la religión el factor explicativo fundamental de la historia humana.
Bien, la concepción fundamental de la historia desde hace varios siglos es la económica. Esto ocurre con el liberalismo, el marxismo, en el fondo también con el fascismo, aunque más indirectamente. La razón es muy simple: la religión enlaza con un mundo espiritual, algo invisible e impalpable y muy difícil o imposible de medir o de cuantificar, mientras que el dinero, por decirlo simplificadamente, y sus efectos, están bien a la vista, parece más accesible a la ciencia.
Por lo tanto, la interpretación religiosa o espiritual será necesariamente muy nebulosa. El PIB y su evolución pueden seguirse, al menos de manera aproximada, pero ¿cómo seguir la evolución del espíritu religioso?
Aquí topamos con la evolución. Ya en la biología hay una disyuntiva: ¿debemos considerar la evolución como una serie de cambios al azar, sin finalidad ni sentido alguno, en la que la propia existencia del hombre carece de cualquier significado, salvo la constatación de que ha llegado a estar ahí, como los gatos o las amebas… ¿o bien debemos pensar que la presencia del hombre entraña una finalidad, que la evolución debía llegar al hombre aunque solo entendamos a medias sus mecanismos? La religión da un sentido a la vida humana, el dinero no, aparte de la afición del hombre a poseerlo, como el ciervo la tiene a comer hierba.
Pero la religión pone ese sentido, no en el ser humano mismo, sino más allá de él, en fuerzas que le superan y le condicionan de modo radical, a las que suele llamar Dios, o dioses o divinidades o espíritus. Esto implica una contradicción pues si el sentido está fuera de nuestro alcance, ¿cómo podemos hablar de él? A efectos prácticos es como si no existiera.
De ahí la fe, ¿no? Si admitimos que la presencia del hombre carece de sentido o significado, entonces la historia se convierte en un galimatías absurdo, tan bien expresado por Shakespeare en Macbeth: un relato de ruido y de furia contado por un loco y que no significa nada. Pero es verdad que si creemos lo contrario nos encontramos con muchos problemas, entre otros el que ha señalado usted. Si existe un sentido, pero está fuera de nuestro alcance entenderlo, es como si no lo hubiera. Nuestra vida estaría determinada por fuerzas muy ajenas a nosotros, y para nosotros no tendría sentido. Sin embargo todas las culturas han hecho de la religión, de un modo u otro, el núcleo mismo de su existencia.
Que la religión, según como se considere, sea valorada tan alto, no significa que sea cierta, también se tiene intuitivamente la idea de que la tierra es plana y de que el sol gira en torno a la tierra. La expansión de la razón en la época ilustrada, dio buena cuenta de las ideas religiosas y de las supersticiones y supercherías que las acompañaban.
Es cierto. Pero podríamos decir que el objetivo de la razón era llegar a principios o conclusiones universalmente aceptables a ella misma y por tanto a toda la humanidad, ya que el hombre, como ser esencialmente racional, llegaría, por la lógica y el conocimiento científico, a esas conclusiones. Esto no dejaba también de ser una fe. Sin embargo encontramos ahí una doble paradoja: el ejercicio de la razón no ha producido esos principios forzosos e inequívocos, sino que, por un mecanismo extraño, ha engendrado ideologías abiertamente hostiles entre sí. Y, peor todavía, ha llegado a la conclusión en principio científica, de que la propia aparición y existencia humana carecían de finalidad, es decir, de sentido. Como consecuencia, la historia, con todas las teorías sobre ella elaboradas por el hombre, carecerían asimismo de cualquier sentido, serían finalmente gratuitas. A no ser que llamemos sentido a una carrera sin fin por tener más dinero, por decirlo algo vulgarmente.
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Filosofía y literatura, o razón y sentimiento
Ampliando la cuestión de la filosofía y la literatura: la filosofía aborda la condición humana desde la razón y sus exigencias lógicas, mientras que la literatura la enfoca desde el sentimiento. El sentimiento que nos produce la contemplación de la vida, de nuestros propios impulsos, de las peripecias de tal o cual personaje. Pongamos el caso de Chano en Perros verdes: es el personaje más ingenuo, aunque muy inteligente como demuestra su espíritu crítico. Su aventura aquel día, que termina en un desdichado accidente de resultado incierto (los accidentes tienen mucha importancia en la vida), debe despertar en el lector sentimientos particulares, sobre todo si de alguna forma se ha identificado con él. Es decir, debe despertarlos si el relato está logrado artísticamente, cosa que no me corresponde decir. Luego, según sea el lector, tenderá a identificarse con uno u otro de los cuatro protagonistas, o de los otros secundarios, porque describen –al menos lo he intentado– distintas formas de ser y actuar de las personas. Además, los personajes expresan su condición más que en sus pensamientos, en sus acciones, una novela excesivamente concentrada en los pensamientos me parece mala como filosofía y como literatura. La poesía concentra todavía más que la novela sentimientos que en definitiva se refieren siempre a la situación humana. Recuerdo un poema que aprendí de memoria hace muchos años, aunque no estoy seguro de reproducirlo ya fielmente, algo así: “Cabalgaste lejos –nadie te siguió–/ llegaste a un paraje extraño, amenazante / Arropado en tu raído manto, gritaste: ¿quién soy yo? / Te contestó burlón/ el silbido de un viento gélido”. Kavafis tiene algún poema realmente profundo al respecto. Llamamos profundo a lo que nos conmueve porque nos sitúa ante el misterio, aunque es sabido que a unos les conmueven unas cosas y a otros otras.
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