Crónica
**En la transición se empezó a hablar de la “pornopolítica”. Hoy la política es puro porno. Incluso en la imagen de la prensa. En los medios, la política y los políticos siempre aparecen mezclados con fotos de prostitutas semidesnudas o desnudas, y noticias de sus profundas reflexiones.
**La mezcla permanente de prostitución y política empezó con El País participando en el negocio mediante anuncios de “contactos”. El resto de la prensa no quiso quedarse atrás. Hoy ya no participan en el negocio: son ese negocio
**Tener de presidente a un doctor fraudulento, antes ligado familiarmente al negocio de la prostitución “guey” es quizá la mejor descripción de la situación actual del país.
**El Marlasca, decía la Delgado, es maricón. ¿Lo decía en el sentido de que era homosexual, o de que era una mala persona? ¿Y el resto del gobierno?
**No olvidar la profanación de la tumba de Franco. Los restos del mayor estadista de España en siglos, ultrajados por la turba de pornopolíticos y marlascas, con la venia de monárquicos, clérigos y los que se dicen demócratas. Otra descripción de la situación.
**Alguno pensará: la pornopolítica y la pornoprensa son buenas, son una economía productiva, dan dinero y puestos de trabajo, no hacen daño a nadie. Que lo digan explícitamente.
**Mandeville explicó que los vicios privados redundan en virtudes públicas, porque dan puestos de trabajo. En cambio las virtudes privadas debilitan el mercado. La delincuencia da todavía más puestos de trabajo: un delincuente da más que un libertino, como entonces se decía.
**¿A qué llamamos delincuencia? Siguiendo ciertos modos de razonar al uso, a la desobediencia a leyes impuestas por unos cuantos que se dicen representantes de todos.
**El delincuente causa víctimas, dicen. Pero, ¿no dicen que es también una víctima? De la sociedad. La sociedad, culpable de todo, responsable de nada.
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Historia criminal del PSOE (22): Stalin interviene en España https://www.youtube.com/watch?v=_zx_yQXDs28
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¿Maniáticos del sentido?
¿Has leído El reino, de Emmanuel Carrère? Es una investigación sobre los orígenes del cristianismo. Te transcribo unas frases: “Nuestra conversación siempre acaba confrontado su visión de las cosas, que yo llamo metafísica, y la mía, que es histórica, novelesca, agnóstica. Mi posición en síntesis es que buscar el sentido de la vida, el lado oculto de esta realidad última a la que con frecuencia se designa con el nombre de Dios, es, si no una ilusión, al menos una aspiración a la cual algunos son propensos y otros no. Los primeros no tienen más la razón ni están adelantados en la vía de la sabiduría que los que se dedican a escribir libros o generar puntos de crecimiento. Es como ser rubio o moreno, que te gusten o no las espinacas. Dos familias espirituales: la del que cree en el cielo, la del que no cree; la del que piensa que estamos en este mundo cambiante y doloroso para encontrar una salida, la del que considera que el mundo es cambiante y doloroso, pero que eso no implica que exista una salida” ¿Qué se puede decir de eso?
En realidad podemos decir que las personas, en su inmensa mayoría, no se preocupan de estas cuestiones, prefiere darlas por resueltas de algún modo, bien por fe religiosa, por creencia en una u otra ideología, o meramente están tan absortos en los afanes de la vida práctica que no piensan en más cosas que en arreglar asuntos prácticos y evitar la angustia entreteniéndose el resto del tiempo. Para eso la industria del entretenimiento se ha vuelto gigantesca. Si me permites una digresión, el entretenimiento actual está falto de otro contenido que no sea la diversión misma, en el sentido de que desvía la atención de otras cosas. En Grecia tenían, entre otras cosas, el teatro, que era diversión en el sentido de que producía alguna forma de satisfacción, fuera la risa en las comedias o el asombro ante lo insondable de la vida en las tragedias. A mí me sorprende que pudieran ser populares esas obras, porque para el público actual resultan un pestiño, o va a verlas por un esnobismo de pasar por culto. Pero vamos: que el mundo es doloroso es la primera de las “cuatro nobles verdades” del budismo. Lo cual me parece un principio falso. En la vida hay algo más que dolor. Aunque podríamos decir que el dolor es lo predominante y más característico, puesto que todo acaba en la muerte, pero aún así…
Hay también la ideología de quienes deliberadamente excluyen la cuestión del sentido, por ser demasiado vaga e inalcanzable, y propugnan que la vida se centre exclusivamente en la satisfacción de las necesidades y deseos. Creo que a eso va Carrère, y tengo la impresión de que es la orientación que sigue la civilización actual.
Es esencialmente el punto de vista liberal, agnóstico. El agnosticismo no niega en la teoría la cuestión de Dios, sí en la práctica. Simplemente prescinde de ella para centrarse en los asuntos prácticos. La libertad de ganar dinero, diríamos, con el que resolver nuestros problemas “reales”.
Eso no deja de ser una caricatura del liberalismo. La libertad individual va más allá de lo de ganar dinero.
En cierto modo sí. Pero ganar dinero es lo básico, es la esencia de la libertad, porque sin dinero las demás libertades se disuelven en la impotencia, se evaporan. Y, paradójicamente, es una práctica muy poco libre: está sometida socialmente a mil regulaciones sociales necesarias. Y no solo socialmente: está sometida a unas exigencias en cierto modo metafísicas, que aseguran la desigualdad. Por eso la llamada ciencia económica no cesa de evolucionar y ofrecer teorías diversas. El liberalismo proclama la libertad de creer lo que uno quiera, pero en la práctica ha de someterse a las leyes económicas, supuestas leyes objetivas, naturales. Eso por una parte, Y a las normas sociales que te persiguen si, por ejemplo, asesinas a alguien para quedarte con su dinero, y que llegan a ser pesadamente detalladas.
¡Y, no obstante, te dices liberal!
Sí, porque el liberalismo es la mejor solución, hasta ahora, al problema de la relación entre el individuo, la sociedad y el estado. Permite un equilibrio no demasiado opresivo, menos opresivo que otros sistemas. Pero, claro, no es una panacea y puede funcionar desastrosamente. El liberalismo, como cualquier otra ideología, precisa de una crítica que, como en el caso del comunismo, solo se ha hecho sobre aspectos parciales, y es a menudo falsa.
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Los yoes y el yo
Repasando algunos breves recuerdos de Adiós a un tiempo, veo el referente a una foto: un grupo de quince o veinte jóvenes volvemos de recoger lúpulo para la Guinness. La foto debo de haberla hecho yo, porque no estoy entre ellos, y me preguntaba: ¿qué habrá sido de cada uno? Es del año 1965 o 1966, yo tendría 17 o 18 años. A algunos todavía los identifico, a la mayoría no, la relación entre nosotros terminó entonces y cada cual habrá seguido su camino. El de alguno habrá terminado ya, ¿por enfermedad o accidente?, ¿por suicidio?; pero casi todos seguirán vivos, ninguno pasará de los ochenta años. Se habrán casado, tenido hijos, divorciado, alguno sería homosexual… Ya se le notaba algo a uno, colombiano con un nombre peculiar como los que suelen ponerse por allá, buen chico, de trato agradable, algo derrochador, que te pedía dinero prestado y a continuación te invitaba a beber. De esas personas que inspiran una mezcla de cabreo y de ternura. Tiempo después hablé con alguien que lo había visto en Londres dedicado a la prostitución. Quizá haya muerto de sida, quién sabe. Estas cosas, el destino personal de la gente, siempre me llamó la atención como un hecho misterioso. Todos tratamos de moldear nuestro destino, algunos deponen las armas y se dejan arrastrar como las hojas muertas de Verlaine, pero el destino se nos impone en todo caso, sin dejarnos ver nunca su verdadero rostro.
Y cuando uno dice “yo”, parece referirse al último átomo de su personalidad, a lo más seguro e indivisible. Pero, como pasa con el átomo de Demócrito, es cualquier cosa menos indivisible. En lo más íntimo, el yo es complicado, con sus deseos y anhelos contradictorios, y va tomando formas distintas con las experiencias de la vida y con influencias de otros yoes. Es lo que quería decir en relación con Adiós a un tiempo: tengo buena memoria y sé que, básicamente, son recuerdos fiables, pero apenas me siento reflejado en ellos. Y, para acabar, el yo no procede de nosotros mismos. Decimos “mi cuerpo”, cosa falsa porque el cuerpo funciona a su aire, al margen de la voluntad o deseos del yo. Pero el yo ¿a quién pertenece? Tampoco nos lo hemos dado nosotros. Cuando se oyen frases como “sé tú mismo”, me río. En definitiva, uno sabe que si le pegan, le duele, pero no sabe quién es él mismo.
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Tusell o la miseria de la historiografía universitaria https://www.clublibertaddigital.com/ilustracion-liberal/21-22/el-descredito-de-la-historiografia-universitaria-pio-moa.html







