**La importancia de la corrupción en España quedó de relieve cuando la pandilla de Rajoy fue expulsada del poder. ¡En España no se tolera la corrupción! Lástima que el partido que lo expulsó sea más corrupto todavía. He aquí el panorama real.
**Otro aspecto del panorama: después de sus innumerables abusos, PP y PSOE siguen consiguiendo millones de votos. 40 años de embrutecimiento progresivo.
**La sentencia sobre los ERES, después de que una juez prevaricadora alargase cuanto pudo el proceso, no deja de ser un chiste de los habituales en la antidemocrática ”justicia” española: 6 años por más de 800 millones de euros. Que apenas se cumplirán, y sin devolución de lo robado.
**Con ser grave la corrupción, lo son mucho más otros datos: España cuenta con los únicos gobiernos del mundo que favorecen y financian por sistema los separatismos, se declaran amigos y aliados de la potencia que invade un punto estratégico de su territorio y regalan alegremente la soberanía nacional.
**Otro dato de la putrefacción de una seudodemocracia: en España el PP no ha sido oposición, sino auxiliar del PSOE y los separatismos.
**Obsérvese el exquisito respeto de nuestros políticos hacia los estafadores: ninguno recordó en la campaña electoral el doctorado del sujeto. Ni el negocio de las saunas.
**Dos puntos esenciales a sostener y difundir, al margen de los partidos: la memoria de Franco y el carácter criminal del PSOE. Sin claridad en la historia de ambas, la democracia se pudre. Putrefacción bien a la vista
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En Por qué el Frente Popular perdió la guerra, usted empieza la parte de las semblanzas de sus dirigentes por la de Azaña, pese a que antes insiste en que su papel fue de mero adorno.
–Así es, sirvió de adorno o más propiamente de disfraz al carácter cada vez más comunista del Frente popular. Sin embargo Azaña y Prieto son sus verdaderos fundadores. No con ese nombre, claro, solo como coalición de izquierdas. El nombre de Frente Popular es comunista y muy pronto también lo fue su contenido. Además. Azaña cumplió un papel fundamental, precisamente como disfraz de una realidad totalitario-separatista. Ese disfraz, que era parte de la estrategia comunista, no funcionó pero creó una enorme confusión política e histórica en España y en Europa, una confusión que se mantiene, y permite a totalitarios y separatistas presentarse como demócratas. Gracias a los equívocos sobre Azaña y otros republicanos.
Pero a Azaña no se le puede considerar totalitario ni separatista…
–No. En realidad era un liberal digamos exaltado, jacobino pese a estar dispuesto a aliarse con los separatistas y los totalitarios, a quienes creyó poder dirigir. “La inteligencia republicana dirigiendo a los gruesos batallones populares”, o algo así era su programa. Este programa de acción, que no solo era político, sino también vital, biográfico, lo expuso en 1930, en vísperas del golpe militar que debía traer la república.
Usted sostiene que en realidad fueron los batallones populares, es decir, los sindicatos y partidos marxistas, quienes dirigieron a la “inteligencia republicana”.
–Eso es. Más que dirigirla, la arrastraron. Por otra parte esa inteligencia nunca existió, y nada mejor que el propio Azaña para demostrarlo. Él decía cosas tremendas de sus colegas republicanos: “rodeado de imbéciles, gobierne usted si puede”, y cosas parecidas. Sin embargo él mismo demostró poca inteligencia al pensar que podría dirigir a fuerzas mucho más potentes y motivadas que la suya. Nunca entendió el marxismo, por ejemplo, pese a que por entonces en toda Europa era el marxismo una presencia política de enorme influencia. Lo mismo ocurría con Ortega.
Pero en su libro, usted concede importancia fundamental a su discurso “Tres generaciones del Ateneo”, de 1930 más bien que a sus diarios de guerra. ¿No es una contradicción?
–No, porque lo interesante de Azaña, desde el punto de vista de su evolución, es que siempre se mantuvo en la línea conceptual y de estrategia política que expuso en aquella conferencia. Se mantuvo en ella pese a que cada mes iba comprobando su fracaso, como expone en sus diarios de la república. Para él, lo esencial era la “empresa de demoliciones” de la España tradicional, lo que se traducía en la práctica en impedir gobernar a la derecha, aunque esta ganara las elecciones. Con todo, cada vez estaba más preocupado por el rumbo que seguían los acontecimientos, y ya durante la guerra quedó preso en su propia trampa: no tenía alternativa, pues si los nacionales lo apresaban, lo fusilarían probablemente. Tuvo que desempeñar hasta el final el papel que él mismo había elegido. Y lo hizo entre gemidos de impotencia, como revelan sus diarios de guerra.
Según usted, en su libro sobre las causas de la derrota del Frente Popular, el caso de Azaña tiene, desde el punto de vista biográfico, unos rasgos especiales.
–Son los que he dicho: su tenaz adhesión a una línea de acción no solo política, sino vital, que diseñó mucho antes de la guerra, y que condujo a ella en la práctica, obviamente sin que él lo quisiera deliberadamente. Digamos que él creía que al menos medio país iba a someterse, lloriqueando pero sin lucha, a su programa de demoliciones junto con marxistas y separatistas. Pero calculó mal.
Por tanto, usted aspira a demoler las versiones izquierdistas sobre Azaña…
– Las izquierdistas o más bien progres (Marichal y otros) llegan a presentarlo como un estadista incomparable en España, a la altura de Churchill o de Adenauer y en la misma línea política liberal. Esto es simplemente grotesco, y el mismo Azaña se habría quedado perplejo. Sin embargo han sido aceptadas por gran parte de la derecha que quiere ir de liberal. Las versiones digamos franquistas son también demasiado simples y hasta simplonas, no llegan a entender la lógica profunda del personaje.
La república estuvo muy controlada por la masonería. ¿Era Azaña masón?
–Una cosa es decir que había una proporción muy alta de masones entre los políticos republicanos y otra que controlasen el régimen. La masonería llegó a considerar la república como un régimen suyo, y hay mil detalles de su influencia, pero también es verdad que pronto se les escapó de las manos, sobre todo al llegar la guerra, en que son los comunistas, muy poco amigos de los masones, los que llevan cada vez más la batuta. El programa de demoliciones de Azaña era seguramente compartido por la mayoría de los masones, pero cuando Azaña lo diseñó no estaba en esa sociedad. Entró más tarde en la masonería por puro interés político momentáneo, pero sus ritos le parecieron ridículos, lo expone en sus diarios, y nunca más frecuentó una logia. Más interés tiene su peculiar relación con Prieto, que tampoco era masón (dijo que prefería una misa a los barrocos ritos masónicos).
¿Cómo juzgar el caso de Prieto?
Prieto venía a ser la antítesis de Azaña. Era hombre visceral, muy inculto y poco intelectual, aunque algo leído, sin nada parecido a un diseño de vida y política como el de Azaña. Creo que dijo una vez que sus memorias, las cuales no escribió, las titularía “Una vida a la deriva” o cosa así. Azaña es interesantísimo por la lógica de su evolución, y Prieto por sus derivas. Sin embargo formaron un verdadero equipo entre los dos, y el origen del frente popular fue una sola de las aventuras en que se embarcaron juntos. Sugiero en el libro que un historiador serio aborde el tema de las relaciones entre Azaña y Prieto, que tan decisivas fueron en la evolución de la república y de la guerra. Porque fue una relación verdaderamente asombrosa por sus efectos y sus maquinaciones. Entender estas cosas es fundamental para entender a su vez la política actual y sus peligros.


