Hace pocos años Joseph Pérez publicó hace siete años un libro “Para entender la historia de España”. Así quiere entenderla él (lo comenté en su momento):
Joseph Pérez, sospecho que como respuesta indirecta a mi Nueva historia de España, ha publicado un libro de altos propósitos no sé si muy logrados: Entender la historia de España. En sus propias palabras, ¿Puede hablarse, en rigor, de España antes de la invasión árabe de 711? Tengo mis dudas (en realidad no tiene ninguna: lo niega). En 711 la Península Ibérica queda dividida entre dos civilizaciones: moros y cristianos. Estos acaban venciendo en 1492, pero siguen divididos en distintas comunidades políticas que acaban configurando tres coronas (…) Los Austrias inauguran una nueva era que termina con los tratados de Westfalia (1648), era de hegemonía en Europa y en el mundo, era de gloria, si se quiere (no me parece que Pérez lo quiera demasiado), pero ¿para quién y para qué? La que ocupa entonces el primer puesto en Europa no es precisamente España, sino la dinastía reinante. Manuel Azaña lo vio claramente; tal vez, como buen conocedor de la historia de Francia, se haya acordado de lo que (…) aprendían los alumnos franceses en la escuela (…) Francia se enfrentó, no tanto con España, sino con la Casa de Austria. La hegemonía era cosa de la dinastía, pero a los españoles les costó caro: les impidió desarrollar sus intereses propios como nación. La llegada de los Borbones, a principios del siglo XVIII, cambia muchas cosas. Aparentemente, España pierde territorios, pero territorios que no eran hispánicos (Flandes, Italia); en cambio conserva las posesiones peninsulares y el imperio de América, lo que la convierte en la tercera potencia de Europa, después de Inglaterra y Francia; en contra de lo que se escribe a veces, la España del siglo XVIII no es una nación decadente. La decadencia y la marginación son posteriores, son consecuencia de la Guerra de Independencia, de las guerras civiles del siglo XIX y de la emancipación del imperio colonial. Entonces sí es cierto que España pasa a ser una nación de segunda categoría (…) La recuperación viene mucho más tarde, a mediados del siglo XX y se confirma después de la muerte de Franco. Con una economía renovada, una sociedad moderna y un régimen político semejante al de las demás democracias, España se reincorpora a Europa; vuelve a ser una de las grandes potencias, con todos los inconvenientes que ello supone en el mundo de hoy. Estos van a ser los ejes principales de mi reflexión (…) siguiendo a mi manera (…) la pauta de mi maestro Perre Vilar: importa menos dar a conocer que dar a entender lo que ha pasado”.
Tiene interés explicitar qué quería “dar a entender” su maestro Pierre Vilar: trataba de divulgar una visión marxista (es decir, lisenkiana, como he explicado en otras ocasiones) de la historia. Me temo que ninguno de los asertos de Pérez resiste una crítica algo rigurosa, o bien deben ser muy matizados como iremos viendo.
España no existe “en rigor” antes de la invasión musulmana (aunque el reino hispanogodo se llamara España) . ¿Aparece España gracias a la invasión árabe? Tampoco, solo hay “dos civilizaciones” (una de las cuales hablaba continuamente de España y el reino perdido, pero eso carece de importancia). ¿Aparece España, por fin, al expulsar a la otra “civilización”? Pues tampoco, sigue habiendo tres coronas. ¿Y con los Austrias? Pues tampoco todavía, porque lo que hay es una dinastía extranjera que no pasa de perjudicar a España impidiéndole desarrollar sus propios intereses nacionales (intereses de una nación que sigue sin existir). ¿Cuándo aparece España, por fin? Aparece después de la Paz de Westfalia, propiamente con los Borbones y obviamente gracias a Francia. (Azaña vio bien todas estas cosas, dice incidentalmente. Quizá por ello llevó al país a la guerra civil). Y aparece como tercera potencia europea porque conserva un gran imperio (que viene de cuando los Austrias se dedicaban a perjudicar los intereses de una nación “n rigor” inexistente ). Al surgir España como nación en la historia, sufre algunas pérdidas territoriales en Europa, pero como no eran hispánicas, no pasa nada en ese aspecto. No hay decadencia en el siglo XVIII, aunque en la práctica España quede como satélite político y cultural de Francia. Luego, sí, en el siglo XIX encontramos una decadencia real, que se prolonga hasta que la muerte de Franco permite a España volver a ser una “gran potencia” (aunque más satelizada cultural y políticamente que nunca).
Bien, Joseph Pérez tiene los siguientes títulos y premios: Príncipe de Asturias (donde empezó la Reconquista que según él no existió) Premio Ciudad de Alcalá de las Artes y las letras (en Alcalá nació Cervantes, un agente de la antinacional dinastía de los Austrias) Gran cruz de la Orden de Alfonso X el Sabio (un rey en una España inexistente), Comendador de la Orden de Isabel la Católica (que seguía sin ser española “en rigor”). Y otras cuantas distinciones más. La oficiosidad y la miseria de la universidad y las instituciones supuestamente culturales españolas. ¿No saldremos de ahí?
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Hace siete años: Dice Esperanza Aguirre que hay que ser patriota sin duda ni complejos. Y ella lo es, claro: patriota… anglosajona. Empeñada en meternos inconstitucionalmente el inglés como segundo idioma desde la infancia y colaboradora en su imposición como primer idioma en la cultura superior (y no solo). Un patriotismo lacayo. He dicho, e insistiré aquí, en que la amenaza para nuestra lengua y cultura no viene tanto de las pequeñas fechorías de los separatistas como del entusiasmo de los políticos en general por desplazar el español a favor del inglés a todos los niveles. Uno se asombra de la penetración del inglés en cualquier ámbito público y no se asombra menos de la falta de denuncia y resistencia hacia tal fenómeno, indicio de un pueblo estéril y estragado, es de esperar que no por completo. Insistiré más en ello, porque la confusión al respecto es enorme.
Y le dice García Margallo a Hillary Clinton, “¡España ha vuelto!”. Inconscientemente uno espera la continuación: “… a ponerse a sus órdenes”. Este Margallo, que insiste en la recuperación de Gibraltar, quiere al mismo tiempo hacer desaparecer a España como nación independiente convirtiendo a la UE en federación entregando “grandes toneladas de soberanía. El mayor peligro para España viene ahora mismo de la derecha con su “patriotismo” impostado y contradictorio.
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Una hora con la historia no consigue salir a flote. Los sucesivos llamamientos en petición de apoyo económico y difusión de los programas tienen muy escaso resultado, salvo por un pequeño grupo de valientes. Parece una labor casi imposible hacer comprender la necesidad de acción a un gran número de gente que prefiere la queja inane. No sea usted de esos. La cuenta para colaborar es BBVA “tiempo de ideas” ES09 0182 1364 3302 0154 3346
Una hora con la Historia. España en la guerra fría. Franco: “Nos necesitan más que nosotros a ellos”: https://www.youtube.com/watch?v=_pFTC1ppRLI




