La batalla de Lepanto en 1571 forma , con la de Lisboa en 1589 y la de Cartagena de Indias en 1741, el trío de combates navales decisivos de la historia de España. El primero es comparable a la batalla de Salamina entre griegos y persas, en el sentido de que Turquía perdió la hegemonía naval en el Mediterráneo y la posibilidad de amenazar a Italia y a la propia España. De hecho fue decisivo para toda Europa, pues de haber sido contrario el resultado, todo el Mediterráneo europeo se habría visto bajo una presión insoportable, que de paso habría animado la progresión otomana hacia el centro del continente. El segundo compensó el fracaso de la llamada “invencible”, aseguró la supremacía española en el Atlántico, la unión de Portugal y el tráfico con América, llevando a la corona inglesa a la ruina. El tercero, naval-terrestre, también contra los ingleses, garantizó la supervivencia del Imperio español durante más de setenta años, hasta las consecuencias de la invasión francesa. Un país que contase con tales hechos en su pasado no dejaría de recordarlos como motivo de autoconfianza e identificación con sus antecesores. Pero el de Lepanto se recuerda poco, a menudo tergiversándolo; el de Lisboa sigue siendo prácticamente desconocido por los mismos historiadores; y el de Cartagena de Indias estaba olvidado para la inmensa mayoría hasta hace quince o veinte años, y sigue siendo poco recordado. Este mero hecho testimonia la profunda decadencia moral, política y más generalmente cultural del país.
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Cuenta The Economist, revista ultraliberal, hispanófoba y típica de la corrección política, que la democracia se ve amenazada en todo el mundo, sobre todo en China, Turquía y Rusia. Trump también es una amenaza, lo mismo que Maduro y Orban. En este totum revolutum puede entrar cualquiera. Realmente es en los gobiernos LGTBI de la UE donde la libertad está realmente amenazada y en retroceso, donde unas burocracias-mafias fuertemente ideologizadas elaboran sin tregua normas que aspiran a controlar hasta los sentimientos de las personas. En cuanto a China, nunca fue una democracia, Turquía lo fue de manera peculiar, controlada por el ejército, y Rusia tiene probablemente más democracia que los países LGTBI. Por lo que se refiere a España, que la revista no menciona, sus gobiernos practican el despotismo LGTBI, imponen la historia desde el poder, colaboran con la ETA y los separatismos y engordan la intolerable invasión de Inglaterra por Gibraltar, entre otras fechorías. Lógicamente, para The Economist es una democracia ejemplar, lo “corroboran” diversos estudios internacionales del mismo signo.
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Durante años he apoyado a VOX como una posible alternativa a la democracia-basura actual. Parece que está ya rompiendo claramente el muro de silencio con que la ha cercado el duopolio oligárquico PSOE-PP, y en particular el segundo, que tanto ha promocionado a Podemos con típico maquiavelismo de tienda de chorizos. Si VOX consigue dotarse de un discurso potente y de alcance estratégico, no decepcionará. Un aspecto crucial en todo ello será la toma de posición respecto al franquismo, también respecto a la UE, la OTAN e Hispanoamérica. Se entiende que una toma de posición brusca sobre estas cuestiones puede ser contraproducente, dada la larga labor del duopolio contra los intereses de España, pero es preciso ir avanzando en esos terrenos.
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Por un despiste no ha podido ponerse en YouTube la úlima sesión de “Una hora con la Historia. Espero que sea posible el lunes. Tratará del auge de Aragón y la hegemonía de Castilla.
Hoy: Las catástrofes apocalípticas del siglo XIV y la guerra de los cien años: https://www.youtube.com/watch?v=Gz90i9nKF_s






