**Este martes, 14 de abril, sale al público Los mitos del franquismo, en editorial La esfera de los libros
Blog I. 14 de abril, República y Franquismo:http://www.gaceta.es/pio-moa/14-abril-republica-franquismo-13042015-1007
**Actualmente disponemos de medios para mantener Cita con la Historia durante abril y la mitad de mayo. Necesitamos un apoyo mayor, no solo en forma de aportación económica, sino también de difusión del programa, que pueden hacer nuestros oyentes. Queremos insistir en ello, porque Radio Inter, desgraciadamente, tiene una cobertura escasa que le impide llegar a toda la gente que de otro modo sería posible. Las redes sociales pueden desempeñar un buen papel en ello.
Sesión del último domingo: Franco y Hitler en torno a la guerra mundial: https://www.youtube.com/watch?v=A174UBjvUIY
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Simplificando, podemos decir que el sentimiento produce el arte y en cierto modo la religión; y la razón las ideologías y la ciencia. Como decíamos, la esfera del sentimiento queda fuera del terreno de la razón, aunque ello no impide que la razón se ocupe del sentimiento, por ejemplo en la crítica literaria. Pero la crítica, por razonable que resulte, es algo muy distinto de la creación literaria, y muy a menudo no consiste en otra cosa que en la exposición de sentimientos mejor o peor disfrazados de razonamiento. La inversa también se da: el impulso razonador se basa en sentimientos, pero sus resultados deben emanciparse hasta cierto punto de estos, para tener validez.
Hay otro extenso ámbito fuera del terreno de la razón: la moral. Para entenderlo conviene recordar que no existe “La Razón”, sino muchas y variadas razones, y por tanto, cuando se intenta basar en ellas la moral, el resultado son morales diversas. Tradicionalmente, la moral partía de la religión como parte de ella, pero las ideologías han tratado de elaborar morales acordes con sus propios principios, y así existen una moral comunista, una moral liberal, una moral nazi, fascista, etc., que llegan a oponerse radicalmente. La moral comunista, como la nazi, afirman partir de la ciencia, y sus resultados no parecen muy alentadores. Curiosamente, ambas decían encontrar en elk darwinismo uno de sus pilares.
Examinando la historia, vemos que la moral surge espontánea y necesariamente de la sociedad humana, lo mismo que ocurre con la religión, el arte, el poder o la técnica. Todos esos “territorios” están muy interrelacionados, pero son autónomos y no pocas veces chirrían y chocan entre sí. Como el ser humano vive desde el pecado original en la esfera de la moralidad, del bien y el mal, sabemos que los productos humanos, como el poder, el arte o la técnica, pueden tener y a menudo tienen derivaciones malvadas, y son las concepciones y principios morales los que deciden al respecto. Pero ¿sobre qué principios pueden hacerlo? No sobre la razón, por la causa dicha. Tampoco sobre la convención mayoritaria, pues siempre quedará una minoría (susceptible de convertirse en mayoría según las ocasiones) que rechazará las normas y leyes decididas por la mayoría ocasional.
¿A qué puede atenerse entonces la moral? Tradicionalmente se hacía referencia a una ley natural, no escrita ni escribible, pero que de un modo u otro debe inspirar las normas sociales y la valoración de las conductas y productos humanos. Sin embargo, la invisibilidad de la ley natural, no emanada de la razón aunque más o menos perceptible para esta, hace dudar de esa ley, también por su implícito carácter religioso (ley insertada por Dios en la naturaleza humana), y a esa cuestión alude el libro coordinado por Francisco J. Contreras y escrito en gran parte por él, El sentido de la libertad. Contreras encuentra una continuidad entre la ley natural y los derechos humanos aunque, como hemos observado, se les llama “humanos” y no “naturales”, precisamente para imponerles un principio racionalista y teóricamente no religioso. Esos derechos parten de una convención entre la gente, no de una imposición religiosa no racional. Lo cual vuelve a llevarnos , en círculo vicioso, al problema de quién decide esos derechos (y su garantía, aunque este es otro problema, parece que Usa y la UE han decidido erigirse en árbitros de los derechos humanos, con lo que de momento han creado caos y guerras civiles en el mundo islámico). Porque la idea parte de, o lleva implícito, el aserto de que todos somos iguales. Por tanto, nadie tiene la obligación de acatar leyes y derechos decididos por otros, aunque sean la mayoría.
Así pues, el carácter moral del hombre –como su carácter racional– debe remitir a otro rasgo humano, debe encontrar una fundamentación fuera de sí mismo. En ese sentido nos aproximamos a la tesis de principio, del hombre como animal religioso, que fundamentaría las demás características. Pero ello presenta asimismo serios problemas.
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Fukuyama:
“El fin de la historia será un tiempo muy sombrío. La lucha por la fama, la capacidad de arriesgar la vida por un fin abstracto, la lucha ideológica mundial en que se manifiesta bravura, coraje, imaginación e idealismo serán sustituidos por cálculos económicos, por una perenne solución de problemas técnicos, por las preocupaciones sobre el medio ambiente y la satisfacción de demandas refinadas de los consumidores. En el período post-histórico no habrá arte ni filosofía, solo la permanente vigilancia del museo de la historia humana.Puedo sentir en mí y observar en otros una profunda nostalgia por el tiempo en que existía la historia. Esa nostalgia continuará alimentando por algún tiempo la competición y el conflicto incluso en el mundo post-histórico. Aunque reconozco su inevitabilidad, tengo sentimientos muy ambivalentes hacia la civilización creada en Europa desde 1945 con ramales en el Atlántico Norte y en Asia. Quizá esta misma perspectiva de siglos de aburrimiento en el fin de la historia permita hacer que la historia comience una vez más.”
En cierto modo, la tesis de Fukuyama venía adelantada por Fernández de la Mora en su obra El crepúsculo de las ideologías.
