Blog I: Gibraltar: una conferencia que alarmó a llanitos y lacayos de la colonia. http://www.intereconomia.com/blog/presente-y-pasado/gibraltar-problema-grava-20130610
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A.L.G. (en twitter): Usted ha publicado muchas opiniones sobre #GritosyGolpes, pero me gustaría saber cómo analiza usted su propia novela.
– Sospecho que el autor no es quien más agudamente interpreta su propia obra. Aun así: yo tenía una intención, no muy precisa, de novelar la época a mi juicio más apasionante de la historia de España en el siglo XX, y evitar el tono más frecuente, es decir, lastimero, costumbrista, cutrista o tremendista y muy a menudo falsario históricamente; y rehuyendo tópicos sensibleros tipo “lucha fratricida” (todas las guerras lo son, si vamos a eso). Reflexionando, quizá me motivó la obra “canónica”, La Colmena de Cela, o El tiempo entre costuras, de Dueñas, aunque esta solo la leí (parcialmente) cuando ya tenía en marcha mi relato. Costuras es de un servilismo anglómano y un antiespañolismo de fondo realmente nauseabundos, además de contener todas las monsergas de lo políticamente correcto. Creo que se ha leído tanto porque es entretenida y porque la llamada corrección política ha calado mucho, aún más en el público femenino, así que tenía muchas papeletas para triunfar. Sin embargo, si uno quiere hacer literatura “contra” otras obras, casi seguro le saldrá un bodrio. Por ello he procurado evitar ese condicionamiento más allá de una vaga reivindicación de la que considero –muy a contracorriente—la mejor generación española del siglo pasado Así, Gritos y golpes tiene su propia dinámica, del todo ajena a las otras mencionadas. El tono, al menos en mi intención, yo lo definiría como épico-aventurero. Podría incluso tipificarse como novela de aventuras, pero he procurado elevarla sobre sobre el nivel trivial frecuente en ese género, lo haya conseguido o no.
Los personajes principales, Alberto, Paco y las dos hermanas de este, Carmen y Luisa, viven en una época y sociedad precisas, pero dentro de ella son muy poco habituales, nada tópicos. ¿Se puede descubrir una época y sociedad a través de personajes “raros”? Creo que sí porque, con su rareza, están inmersos en la corriente tumultuosa de entonces, cuya agitación favorecía el surgimiento de hechos y caracteres extraños. Los dos amigos son hombres de acción y al mismo tiempo con preocupaciones intelectuales y filosóficas manifiestas al hilo de sus actos. A sus cuestiones he procurado no darles solución, moral ni intelectual, dejándolas abiertas. ¿Por qué han ocurrido tales crímenes y por qué han reaccionado ellos con actitud de lucha y no de huida o de lamentación? ¿Por qué sus lucubraciones sobre la vida, el amor, etc., en particular las de Paco, terminan chocando con sus actos reales y causando el desastre? ¿Por qué son tan amigos, pese a ser tan distintos? Alberto puede interpretarse como el clásico niño criado sin afecto, con muchos problemas psicológicos y de relación social, a quien quizá le salva una innata dificultad para odiar, heredada de su madre, y finalmente el amor de Carmen; Paco, clásico joven bien dotado física e intelectualmente, lleno de confianza en sí mismo, ingenioso y fuerte, simpático a las mujeres, termina derrumbándose por un encuentro fortuito que le hace perder su autodominio. Alberto se da cuenta al final de cuánto se parece a su padre biológico, más de lo que le habría gustado: las características comunes están en el padre llevadas al grado de la psicopatía, y él podría no estar muy seguro de que le ocurriera lo mismo.
En cuanto a las hermanas, Luisa y Carmen, representan dos tipos opuestos: una, cristiana, la otra comunista; una sexualmente depravada –o desconcertada, más propiamente—, la otra algo puritana y tradicional; una idealista a su modo, la otra práctica. Hay más diferencias: Luisa ama a su padre, con quien compartirá un mal destino, y desprecia a su madre, mientras que Carmen parece harto despegada de ambos, cuya militancia atea y comunista le repugna. Aunque la oposición tiene algo de superficial. En el fondo se parecen, las dos inteligentes y decididas, aman algo: una el comunismo, si bien entre dudas emocionalmente perturbadoras, que no se confiesa y entrevistas por Alberto; y la otra ama a Alberto, por quien sufre una especie de fijación que, como ocurre a menudo, es difícil de explicar y contrasta con su carácter por lo demás pragmático. Las dos son a su vez muy distintas de Iliena, la cual parece existir en una medio ensoñación, contemplando pasar la vida y como al margen de ella. La belleza exótica de la chica atrae a los dos amigos, pero también, aunque no esté explícito, esa actitud de ella, que la asemeja a un fantasma seductor en medio de la “atroz penitencia” de la guerra.
En fin, todos los personajes son a la vez coherentes e incoherentes, como creo que ocurre en la vida real. Podría extenderme mucho sobre mis intenciones y los resultados que creo apreciar a posteriori (las intenciones de un autor literario rara vez coinciden con los resultados). Pero por no aburrir, lo dejo. Cada cual, como vengo viendo, interpreta la novela a su modo, pasa casi siempre con este tipo de obras.
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Y ya que los lunes venimos hablando de la religión, el sentido de la vida y demás: Carmen y Luisa son religiosas, cada una a su modo. La primera, firme católica, aunque a veces exprese ideas no muy ortodoxas. Su hermana profesa la que podríamos llamar religión comunista, con algo menos de firmeza, y así, a ratos detesta hablar de la sempiterna política, y cuando descubre que Alberto está en el otro lado, al encontrarlo casualmente en la calle le amenaza y rechaza, pero no lo delata como habría sido su deber. En todo caso, cada una encuentra en su fe seguridad y coherencia. Con Paco y Alberto no ocurre lo mismo. Paco, escéptico y crítico, podría caer en el nihilismo si no lo sostuviera su firme confianza en sí mismo y en su destino, su decisión de actuar más contra una cosa que a favor de otra, cierto patriotismo. A esas rocas se aferra en medio de un mar de incertidumbre. Alberto carece de esas rocas, percibe la indiferencia del mundo hacia sus actos y deseos, reflejo acaso de la indiferencia de su familia. Zarandeado por los acontecimientos, le sostiene el impulso juvenil a la acción, residuos de las creencias que le inculcaron de niño, y sobre todo la amistad de Paco y la conciencia del amor de Carmen, mirada como una balsa no lejana, a la que agarrarse cuando el esfuerzo de nadar en el “mar de incertidumbre” le agote. Se considera, por su suerte con Carmen, afortunado sin merecerlo.
Más en general: en los personajes la angustia de la existencia se presenta de muchas formas, según las circunstancias y carácter de cada cual. Ninguno triunfa salvo, con muchas dificultades, Carmen. No creo haber compuesto una obra trágica, aunque podrían entenderse así los finales de Paco , Luisa y el padre de ambos, quizá los de Iliena e Irina. Tampoco los personajes secundarios tienen mucha suerte: los dos grandes amigos de Rusia, Crates y Contreras, quedan allí, como tantos otros; Tenreiro cambia su ambición literaria por el bienestar material de un pequeño potentado de provincias, Luis el actor deseoso de una vida tranquila y mediocre, se ve envuelto en un embrollo amoroso que lo anonada, y así otros. A pesar de todo, creo haber compuesto un relato de fondo optimista: sin explicitarlo, todo tiene un sentido, no es la expresión de un absurdo.
