Blog I: El doble secreto de la Transición / El PSOE, de problema a pesadilla http://www.intereconomia.com/blog/presente-y-pasado/doble-secreto-transicion-20130529
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El ataque a Teruel por el ejército rojo, en diciembre de 1937, fue, como sus ofensivas anteriores, en especial las de Brunete y Belchite, un intento por arrebatar la iniciativa a los nacionales, pero esta vez alcanzó su objetivo, y la ciudad cayó después de una heroica resistencia. El éxito fue explotado masivamente por la propaganda izquierdista internacional y suponía un grave revés, al menos en principio, para los nacionales, apenas dos meses después de haber coronado la toma de la franja cantábrica. Franco pudo haberse concentrado, a pesar de todo, en el objetivo de Madrid, pero debió de suponer que era peligroso atacar al ejército enemigo del Centro, que ya había probado su capacidad defensiva, mientras a su espalda otro ejército rojo, el de Levante, acababa de demostrar su potencia. Y seguramente se percató de que si lograba desbaratar quienes habían conquistado Teruel, podría descender con bastante facilidad sobre el Mediterráneo, relativamente próximo: con ello cortaría en dos al territorio del Frente Popular y aislaría Cataluña y la parte de Aragón en manos izquierdistas. En todo caso eso es aproximadamente lo que se propuso. Hasta entonces había frenado las ofensivas contrarias sin intentar invertirlas (salvo en Brunete), pero ahora haría lo contrario.
Y una vez más, el “mediocre” general batió a sus enemigos: envolvió Teruel en una maniobra de flanqueo para, una vez recuperada y sin dar tiempo a reponerse al ejército contrario, emprender una contraofensiva por Aragón y hacia el Mediterráneo. La rapidez con que volvió a desplegarse y atacar sorprendió por completo a sus adversarios. En una campaña muy maniobrera, los nacionales ocuparon todo Aragón y Lérida, y más al sur avanzaron por el Maestrazgo, cortaron en pedazos a las tropas contrarias, impidiéndoles coordinarse, y alcanzaron el Mediterráneo por Castellón el 15 de abril de 1938, prácticamente en el séptimo aniversario de la instauración republicana. En menos de mes y medio Franco había destruido cuantiosas tropas enemigas y hecho decenas de miles de prisioneros a un coste mínimo en bajas propias. Y además había ocupado un extenso territorio y aislado las tres provincias catalanas aún en manos de la izquierda y los separatistas.
Yagüe y otros habrían querido ocupar Cataluña, un objetivo al parecer fácil en aquellos momentos, en lugar de rodearla por Castellón: de ese modo toda la zona centro se encontraría rodeada y aislada del resto de Europa por tierra y prácticamente por mar, lo que habría decidido su caída en plazo no muy largo. Pero Franco optó por la decisión que parece militarmente menos provechosa. Creo que solo puede entenderse por el carácter no solo militar, sino también político, de su estrategia. En contra de lo pretendido por historiadores poco serios, le interesaba terminar la guerra cuanto antes, lo mismo que a Negrín y los suyos les interesaba alargarla. Pero manejarse en las condiciones europeas de aquellos meses requería una extrema cautela. Así como Negrín trataba de involucrar a Francia e Inglaterra en el conflicto, Franco buscaba justamente evitarlo. Por ello debía tener muy en cuenta el fuerte caldeamiento de la olla europea debido a la unión de Austria a Alemania en el mes de marzo y al envenenado problema de los Sudetes. Francia solo podía recelar del triunfo, en su propia retaguardia, de un bando apoyado por Alemania. Por esa razón y por simpatía con las izquierdas españolas le convenía mucho más la victoria del Frente Popular, y la llegada de los nacionales a su frontera por Cataluña podía decidirla a intervenir. La razón de esta y otras decisiones que tomó Franco a lo largo de 1938, consiguiendo victorias importantes pero sin explotarlas a fondo, parece que solo puede tener relación con sus informes y sospechas sobre las actitudes francesas. Por ello, también, una vez llegado al Mediterráneo, no giró hacia el norte, hacia Barcelona, sino hacia el sur, hacia Valencia, un objetivo militarmente inferior.
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En LD,
Amigos de la guerra civil
Un sector importante de la izquierda siempre ha sido propenso a la guerra civil. Por remontarnos sólo a 1933, el grupo dominante del PSOE vio en ella la bendita antesala del socialismo soñado. En consecuencia, organizó muy en serio la contienda, la ensalzó sin hipocresía (no como la Ezquerra catalana, que la preparaba sin nombrarla) y la desencadenó en octubre de 1934, contra un gobierno legal y democrático de centro derecha. Los comunistas han sentido la misma atracción. Lenin definió el marxismo como una escuela de guerra civil, y trató de “pedantes redomados o momias sin sentido común” a quienes deploraban tal experiencia bélica, como recordó el líder de la Comitern, Dimitrof, justo cuando planteó, en 1935, la nueva táctica de los frentes populares.
La primera fase de la pugna española, en octubre del 34, fracasó. Al comienzo de la segunda etapa, en 1936, las izquierdas tuvieron al principio todas las de ganar, hasta que perdieron la franja cantábrica, a causa de la incompetencia militar de Franco –a ese tipo de izquierda le encanta la idea de haber sido derrotada por un inepto–. En ese momento la guerra pudo haber terminado. Azaña y otros muchos lo deseaban, pero los amigos de la guerra civil impusieron una resistencia a ultranza, con el aún muy importante apoyo soviético. Azaña creía que tal obstinación multiplicaba las penalidades y el derramamiento de sangre y enconaba los odios sin esperanza de éxito. En cambio, los socialistas de Negrín y los comunistas tenían una esperanza, enlazar con la ya próxima guerra mundial. Entonces las penalidades y la sangre aumentarían, pero el Frente Popular obtendría por fin la victoria. Alcalá-Zamora cuenta cómo, tras la derrota y con la contienda mundial en marcha, numerosos exiliados deseaban “el monstruoso horror de un resurgimiento de la guerra civil complicada con la externa. Era inútil cuanto yo les dijera sobre el loco crimen que eso suponía”.
Terminada la guerra mundial, los comunistas creyeron posible resucitar la civil por medio de acciones guerrilleras, el llamado “maquis”. Trataban de imponer un gobierno parecido al del Frente Popular, como paso intermedio a un régimen de tipo estalinista. Fracasaron, sobre todo, porque la población rechazaba nuevas violencias civiles. Pues bien, ¡incluso ahora los amigos de la guerra civil siguen en sus trece! En diversas comunidades se empeñan, a menudo con éxito y con apoyo del PP, en exaltar oficialmente al “maquis” estaliniano como una lucha por la libertad. Es difícil imaginar algo más necio, marrullero y contrario al espíritu de la democracia. Pero la realidad, como de costumbre, supera a la imaginación.
