Una huelga en la EOP (y III)

Blog Gaceta: Tres fechas decisivas: http://www.intereconomia.com/blog/presente-y-pasado/tres-fechas-decisivas-20120715-0

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(Recuerdos sueltos)

Como  es sabido, tras el fracaso del maquis en su intento de encender de nuevo la guerra civil, el PCE se orientó con la mayor desenvoltura a una táctica de  “reconciliación nacional” –el pueblo estaba casi todo él reconciliado, como prueba el propio fracaso del maquis— y de infiltración en los sindicatos, en la universidad y en el mundillo intelectual. Esa táctica ya estaba diseñada grosso modo en el informe de Dimítrof al VII Congreso de la Comintern sobre los Frentes Populares. Se trataba de disimular el verdadero carácter propio invocando consignas antifascistas y democráticas, y ganar puestos de representantes, desde los cuales sabotear más eficazmente el sistema capitalista.

De modo que me presenté a delegado. Mi curso era el tercero y por entonces el más alto, porque a nuestra promoción le correspondería estrenar el cuarto;  y según el reglamento, el delegado del último curso lo era también de toda la escuela, una norma intencionada porque se suponía que, estando ya a punto de terminar la carrera y buscar trabajo –que entonces era muy fácil–, la gente se volvía menos amiga de jaranas reivindicativas. En las elecciones solían competir unos cuantos alumnos por razones diversas: esperanza de obtener mejor trato de los profesores en los exámenes o alguna otra ventaja, vanidad, o por hacer algunas tareas poco claras con buenas intenciones de “representar a todos”, de “mejorar la escuela” y similares. Por mi parte elaboré una serie de puntos concretos a reivindicar, entre ellos que la EOP dejara el Ministerio de Información y Turismo y pasara a depender del  de Educación,  y otros que no recuerdo. También protesté del sistema de elección, pidiendo que el delegado general lo fuera tras unas votaciones de toda la escuela, algo que no ocurrió, pero no dejaba de ser un motivo para fomentar el descontento.

Diría que entonces estaba como director Bartolomé Mostaza, periodista que, por lo que leo en Internet, había pasado de la Falange  y del Arriba al Ya, y era muy europeísta, más o menos democristiano  y moderado, evolución frecuente en el régimen. Pero tal vez me equivoque y Mostaza solo estuviera como director en mis primeros años. En cualquier caso, todo el conflicto que luego resumiré tuvo lugar con Emilio Romero de director y Luis María Ansón de subdirector. El primero procedía de la Falange y dirigía el diario de los sindicatos Pueblo, y el segundo era y es un monárquico juanista muy temido por el régimen, según él mismo ha reconocido: tan temido que el régimen le encargó la formación de los futuros periodistas. Bastantes años después, Ansón me permitiría escribir en ABC, algo muy de agradecer por mi parte, aunque su orientación política nunca me infundió mucho respeto.

El funcionamiento de la escuela estaba muy reglado y no había ningún ambiente de rebeldía, como mucho cierto cinismo sobre el oficio de periodista que, “ya se sabe, es la voz del amo que le paga”; uno de los muchos tópicos tontos, pues unas veces ocurre y otras no. Me di cuenta de que, dijera la dirección  lo que dijera o quisiera lo que quisiera, yo tenía el arma del trato más inmediato con la gente, y que bastaba muchas veces comunicar a los alumnos una información de arriba, dándole  un ligero tonillo sarcástico, para desacreditarla. Por lo demás, yo preparaba  lo que debía decir en las asambleas, con moderación aparente –también es verdad que yo creía en lo que decía–, de modo que generalmente triunfaba sobre los contrincantes. Al mismo tiempo procuré movilizar a los elementos más “progres” y atraer al partido al que viera mejor dispuesto;  aunque fallé en el caso de  uno que ya estaba con los “pro chinos” y consideraba contraproducentes aquellas tácticas, porque ponían en manos de la represión a quienes las empleaban. En el PCE(r) yo también llegué a pensar así, y de hecho las CCOO y el Sindicato Democrático de Estudiantes habían sido descabezados en buena medida un año o dos antes. Pero el PCE tenía más razón: si se lograba mantener un equilibrio entre el activismo y la amenaza policial, se podía avanzar bastante en la “concienciación” de la gente y en el fomento de huelgas y otros movimientos subversivos. Además,  el régimen había aprendido que detener a representantes, sindicales o estudiantiles,  solía traer como consecuencia más agitación, noticias de prensa y mala imagen exterior. No se rendía a esas presiones, pero es obvio que le molestaban y procuraba evitarlas.

Resumiré, como digo, en parte porque apenas recuerdo los detalles. Junto con alguno que entró por entonces en el PCE y otros del sector progre, organizamos una huelga que creo fue la primera en la historia de la escuela. Resultó muy instructiva la demagogia de Emilio Romero y más todavía la de Ansón, que procuraba dividirnos elogiando mucho, contra mí, a algunos de mis seguidores, procurando aislarme. No lo logró, la huelga salió a la calle y llegó a la prensa, hubo cierto barullo y finalmente la dirección cedió. La policía anduvo en torno pero no hizo nada. En una asamblea, entre las risas de todo el mundo, incluida la mía, Romero me ofreció hacer las prácticas de verano  en el diario Pueblo, cosa que acepté. Conseguimos total libertad para exponer carteles, lo que utilizamos a fondo,  criticando desde la guerra de Vietnam hasta las numerosas casas desocupadas existentes;  un fondo para conseguir y vender libros a bajo coste, que eran siempre de tinte marxista, incluyendo algunos prohibidos como La función del orgasmo, de Reich; traer a conferenciantes de nuestra cuerda y  unas prácticas de radio en la propia escuela que se convirtieron en un continuo ataque “antifascista”;  etc. La mayoría de los alumnos aceptaba aquello con bastante pasividad, aunque el ambiente iba cambiando considerablemente en sentido izquierdista. Algunos rezongaban, pero eran totalmente incapaces de dar la batalla con carteles o actividades contrarias.

Otra aparente ganancia de la huelga fue que Romero nos permitió formar una comisión para trazar unos planes de estudio con vistas al paso al Ministerio de Educación. Incluso la escuela nos  pagó algunas “comidas de trabajo”. Enseguida entendí la trampa: una comisión de profesores hacía lo mismo en paralelo, y, desde luego, no iban a hacer el menor caso de nuestras propuestas. Además, hubo un desacuerdo fundamental: yo quería que Periodismo funcionase como una escuela especial con tres cursos muy prácticos, y mis compañeros de comisión estaban embelesados con la perspectiva de una facultad de cinco años (que diseñaban los profesores) y la convalidación del título. Para entonces yo estaba algo cansado, también de la falta de seriedad, manía de titulitis y caradura de otros compañeros que, después de haberse mostrado reticentes a la huelga –sin entender, claro, quiénes estábamos detrás—ahora eran los primeros en querer aprovecharse de los resultados conseguidos.  Además, para entonces yo dudaba mucho de la línea carrillista después de leer  La revolución proletaria y el renegado Kautski, de Lenin, así que fui desentendiéndome,  burlándome un poco de todo el asunto, mientras me aproximaba a la OMLE, como relato en De un tiempo y de un país.

Es sorprendente la cantidad de progres e izquierdistas salida de los estudios de periodismo. En parte al menos, el proceso tuvo su inicio entonces.  Yo diría que donde recogió más fruto la táctica de infiltración y agitación del PCE no fue en las fábricas, desde luego, sino en la universidad. El clima creado en la Transición por la agitación de izquierdas, la actitud de la mayor parte de la prensa, el respeto casi general al marxismo y la parálisis de ideas de la derecha fueron sus mayores logros. Pero, ironías del destino, sería el PSOE, un grupo entonces insignificante que no hacía casi nada práctico contra Franco, quien recogiera los frutos de la empeñada labor comunista. Y aún más irónico que el PSOE fuera promocionado por todos los medios, por la derecha misma, a fin de oponerlo al temido PCE.

 

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Una huelga en la EOP (II)

Blog Gaceta:  El asesinato de Calvo Sotelo: http://www.intereconomia.com/blog/presente-y-pasado/asesinato-calvo-sotelo-20120713

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Antes de continuar con este pequeño recuerdo, comentaré brevemente la paradoja de aquellos años, que ya traté en un ensayo, “Cenizas del 68”, publicado en  La democracia ahogada.  La paradoja consiste en la rebelión de aquella generación de jóvenes –es decir, de su parte más inquieta– contra los que se llamaba “el sistema” o el establishment… que precisamente les permitía ser la generación joven más privilegiada probablemente de la historia, antes o después. En el caso español se atribuye a veces al  hecho de haber perdido el régimen un discurso ideológico propio, o de limitarlo cada vez más a una mezcla de tecnocratismo y europeísmo;  pero lo llamativo es que la misma rebeldía cundió, y a escala mucho mayor, por muchos países occidentales. No solo los jóvenes vivían con más comodidades, ingresos y expectativas de todo género que nunca, sino que, en Europa,  tenían delante la dudosa alternativa del muro de Berlín y la frontera erizada de puestos de ametralladoras erigida por los países comunistas, no para impedir ataques o emigración incontrolada desde el oeste, sino para impedir que sus súbditos huyeran. Pues bien, a pesar de ello, se extendió el descontento, la protesta y la rebeldía, la acusación de belicismo a los gobiernos occidentales, particularmente el useño,  en medio de una simpatía a veces vaga, a veces muy concreta,  hacia los regímenes socialistas, así como un pacifismo que exigía el desarme frente al bloque soviético o la agresiva expansión  comunista por Asia.  Aquellos movimientos se dejaban manipular e infiltrar fácilmente por organizaciones marxistas, que a veces los creaban directamente,  pero en su mayoría surgían espontáneamente.

Desde luego, la protesta era muy compleja y variada (sus componentes y estilo variaban también considerablemente de un país a otro), manifiesta en el jipismo, en tendencias ácratas,  en la proliferación de drogas, en marxismos-leninismos y trotskismos… Diversos autores marxistas influyeron claramente en ella, desde los clásicos Marx, Engels, Lenin, Bakunin, etc., que habían pasado una larga etapa semiolvidados, hasta algunos de la Escuela de Frankfurt, en particular Marcuse,  o Mao.  El freudismo revivió asimismo con extraordinario vigor y en combinación  harto forzada con el marxismo. Pero estas influencias no explican demasiado, pues constantemente aparecen pensadores  de lo más diverso, que no logran prender en la sociedad. La cuestión de por qué a tan considerables masas juveniles de posición económica desahogada y con estudios superiores les dio de pronto por la rebeldía y la simpatía con doctrinas utópicas y totalitarias,  sigue en pie, ya que tradicionalmente se ha creído que los utopismos totalitarios brotaban de forma natural de condiciones de vida proletarias y deterioradas. Parece como si el bienestar material y las ideologías derivadas de él fueran insuficiente para calmar la psique humana, necesitada de otros elementos. Dejaré aquí la cuestión.

Trataré ahora de describir el ambiente en la EOP, dentro de lo que me permite la memoria. Creo recordar que cuando entré en el PCE, ya en tercer curso, estaba de director Bartolomé Mostaza, periodista del diario Ya y que, por lo que leo en Internet, había pasado de la Falange  y del Arriba al Ya, y era muy europeísta y moderado, evolución frecuente en el régimen. Pero tal vez me equivoque y Mostaza solo estuviera como director en mis primeros años. En cualquier caso, todo el conflicto que luego narraré tuvo lugar con Emilio Romero de director y Luis María Ansón de subdirector. El primero procedía de la Falange y del diario de los sindicatos Pueblo, y el segundo era un juanista tan temido por Franco, según él mismo ha reconocido, que el régimen le encargaba la formación de los futuros periodistas. Bastantes años después, Ansón me permitiría escribir en ABC, algo muy de agradecer, aunque su orientación política nunca me convenció.

En cuanto al alumnado, era escaso.  Diría que en mi curso éramos unos sesenta, puede que hasta ochenta,  aunque había otros que estudiaban por libre, y  a los cursos inferiores afluían cada año más aspirantes a periodistas. El grueso amplio del alumnado apenas tenía inquietudes políticas, sino más bien profesionales con un muy leve tinte progresista. No recuerdo más que a un probable falangista y si había más no se hacían notar,  y tengo una vaga  idea de dos carlistas. Había en cambio un núcleo progre, no citaré nombres, en el que al principio, antes de mi ingreso en el PCE,  podríamos estar siete u  ocho entre los tres cursos. Algunos de ellos derivarían más tarde a partidos maoístas, y uno estaría muy cerca de ser fusilado en 1975. Su actividad en la EOP era nula. Daban por supuesto que en aquel centro no se podía hacer nada políticamente útil, dada la a su juicio bajísima calidad política y hasta personal de los estudiantes. Solían criticar el consumismo que alejaba a la gente de la necesaria revolución, cuyo contenido no quedaba nunca ni medianamente claro, pero que desde luego pasaba por el derrocamiento del franquismo, en el que tampoco creía nadie seriamente; compraban, pagando con cierta generosidad, los Mundo obrero que por alguna vía llegaban, aunque los encontraban poco radicales para lo que convenía. Uno del grupo era el compañero sentimental de una chica que ya había acabado la carrera y pertenecía al PCE. Una vez le oí a ella un argumento que ya entonces me sonó gracioso: un  estudiante sostenía que lo importante es  la obra bien hecha, hacer las cosas profesionalmente con una elevada calidad. La chica le replicó: “Claro, eso puede aplicarse a un torturador, que hace bien su trabajo”. Se refería, obviamente, no a los chekistas, sino  a los franquistas, torturadores que además explotaban bestialmente a obreros y campesinos y fracasanban en todos sus planes de desarrollo, aumentando la miseria general, como predicaba la propaganda. Entre nosotros circulaban libros marxistas, en su mayoría legales, leíamos a Freud y a Castilla del Pino, alguno era muy forofo de Erich Fromm y su Arte de amar, que solo hojeé sin que me convenciera gran cosa. Se solía escuchar a Joan Baez, a Raimon, a Pi de la Serra, a cantantes revolucionarios suramericanos, incluso corridos mejicanos de tiempos de Pancho Villa, etc., y la gente se calentaba y  cabreaba satisfactoriamente  por lo mal que se vivía en España y por  las inconmensurables fechorías del régimen. Recuerdo una reunión en una casa donde estaba Gloria Fuertes y se cotilleaba de todo tipo asuntos asimismo progresistas…

Bien, el ambiente venía a ser el mismo que luego hallaría en la mili y que he descrito en De un tiempo y de un país: un círculo de “progres” muy contentos de serlo, y que por serlo se sentían muy superiores a quienes no lo eran, y muy poco dispuestos a correr riesgos, por entonces no muy graves, para difundir las buenas doctrinas y movilizar un poco a aquellas decepcionantes  bandas de consumistas. Aquellas cosas me parecían una pérdida de tiempo.

 

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Una huelga en la Escuela Oficial de Periodismo (I)

Otro blog: Todos contra España: http://www.intereconomia.com/blog/presente-y-pasado/todos-espana-20120710

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Recuerdos sueltos

Con el paso de los años la memoria pierde mucha precisión, y para recordar cuándo entré en el PCE he debido recurrir a De un tiempo y de un país, mis viejas  memorias de aquel tiempo, por entonces más frescas. Tuvo que ser en el verano de 1969, en Vigo, cuando ya llevaba dos cursos en la EOP.  Yo había decidido estudiar periodismo entre otras cosas porque solo duraba tres años, pero justo cuando me matriculé los habían ampliado a cuatro,  lo que siempre me pareció excesivo.

Por entonces yo era el único miembro del PCE en la escuela y me organizaba en una célula llamada “de centros asimilados”, que incluía las escuelas de  Cine, Bellas Artes y no sé si alguna más, posiblemente Arquitectura, porque en cada una de ellas solo había uno o dos militantes. El total de afiliados al partido en la Complutense estaba en unos 120, y tras la desarticulación del Sindicato Democrático de Estudiantes trataba de atraerse , con éxito limitado, a los  estudiante no comunistas en una “Junta de Estudiantes”, naturalmente “democrática”.  Los comunistas siempre tenían la palabra “democrática” en la boca. Había unos cuantos grupos más, todos marxistas y más radicalizados que el PCE, al que  tachaban de “revisionista”, pero mucho menores, con entre tres o cuatro y treinta o cuarenta miembros. Aparte de ellos estaban algunos grupos “ultras”, como FES o Defensa Universitaria, cuya actividad, en contraste con la de los comunistas, era insignificante y su discurso muy pobre y simple. La Universidad Complutense contaba ya con más de 40.000 alumnos, por lo que las cifras de los antifranquistas podrían parecer insignificantes, pero se movían constantemente distribuyendo octavillas, colocando grandes carteles en las facultades, promoviendo asambleas que solían terminar en manifestación, y haciendo frecuentes llamamientos a huelgas. Estos llamamientos no solían ser seguidos, pero tenían relativo éxito en ocasiones, quizá una entre diez, aunque solo con eso merecían la pena. Las asambleas rara vez reunían más de un diez por ciento del alumnado de un centro, pero con 150 asistentes y menos era posible organizar una protesta.

Las manifestaciones, en las que participaba también cierto número de los que ya entonces se llamaban “progres”, algo despectivamente ( en mis dos primeros cursos de la EOP yo podría ser catalogada vagamente como tal) ,  seguían esta mecánica: se salía de la facultad gritando consignas como “Libertad!” “¡Franco asesino!” “¡Abajo la dictadura!” “¡Obreros y estudiantes!” y similares. No tardaban en aparecer los “grises”, si es que no estaban esperando fuera, y recibían todo tipo de denuestos: “¡Desertores del arado!”, “¡Hijos de puta!” “¡El teniente se acuesta con tu mujer!” , “¡luchamos por vuestros hijos!”, y otros por el estilo. Entonces la manifestación se dividía en tres partes: unos pocos, entre veinte y treinta, nos acercábamos lo más posible a los guardias para arrojarles piedras, otro grupo más nutrido, de hasta cien, permanecía detrás gritando, y normalmente se formaba otro grupo aún mayor y a mayor distancia que se dedicaba a contemplar la escena por curiosidad. De pronto la policía recibía orden de cargar y la gente salía corriendo en desbandada,  y algunos rezagados recibían una buena cantidad de porrazos. La mayoría de las manifestaciones se hacía en el espacio entre las facultades de Letras, más raramente entre las de Ciencias, también ante los comedores baratos (15 pesetas la comida) que seguían llamándose “del SEU”, el sindicato falangista que había desaparecido un par de años antes, o en Medicina, enfrente de los comedores. Inmediatamente, o bien antes, los organizadores avisaban a la prensa, que normalmente daba versiones exageradas de los sucesos.

La manifestación más grande que recuerdo fue la organizada con motivo de un recital de Raimon en la entonces facultad de Económicas y hoy creo que Filosofía B. Resultó un festival de consignas comunistas del más variado tipo, Raimon dedicó una canción al Che Guevara, etc. El recital fue autorizado y no había policía a la salida, por lo que se organizó una manifestación que subió dando gritos hasta la altura de Medicina, donde dos jeeps de la policía se bastaron para dispersarla. Previamente, los asistentes se habían dividido entre una masa de mirones y otra menor de verdaderos participantes.  La he contado en otro lugar y no insistiré ahora. Manifestación importante fue también la realizada con motivo de la visita de Servan Schreiber, director de la revista francesa L´Express, que acababa de publicar su ensayo El desafío americano y venía a promocionarlo en España. Quiso hacer un poco de demagogia antifranquista en la universidad (aunque se había entrevistado antes con Fraga, creo) y la experiencia le salió muy mal. Acudieron entre 1.000 y 1.500 estudiantes, gran parte de ellos a oírle, pero la masa progre consideró que su libro era tecnócrata, o imperialista o no recuerdo bien qué, y apenas le dejó abrir la boca, interrumpiéndole con las consignas y gritos de rigor.  La policía no se presentó hasta mucho después, cuando el “agente del imperialismo” o lo que fuera, había llevado su merecido. La revista Triunfo publicó algunas fotos (en una aparezco yo) ¡tratando al pobre ensayista de provocador!

El gobierno reaccionaba a veces excesivamente a manifestaciones o huelgas, cerrando tales o cuales facultades, incluso la universidad entera, lo que venía de perlas a los grupos agitadores. La policía no demostraba mucha efectividad, a pesar de que la mayor parte de los líderes estudiantiles, por consigna del PCE de “ganar la legalidad” o algo así, actuaba en las asambleas muy a la luz y eran bien conocidos. Algunos fueron detenidos o se les prohibió el acceso a la universidad, y como solían ser de buenas familias, a veces iban a estudiar a universidades prestigiosas de Usa. Los comunistas utilizaban las detenciones para promover una mayor agitación protestando contra la “represión franquista”. También se solía informar a los corresponsales extranjeros, para dar la mayor repercusión a los sucesos.

Otras acciones consistían en la quema pública de periódicos cuando su modo de informar no nos satisfacía, o en los llamados “comandos” o “manifestaciones relámpago”.  Quedábamos  de acuerdo, sin publicidad, grupos de entre cincuenta y doscientos estudiantes, y “saltábamos” en medio de una calle importante, cortándola y tirando panfletos, avanzábamos cien o doscientos metros y nos disolvíamos. A veces se rompían escaparates de tiendas de aspecto consumista, o se arrastraban coches aparcados para estorbar el tráfico, o se volcaba alguno demasiado ostentoso y “capitalista”.  La policía casi siempre llegaba tarde y no lograba detener a nadie. Luego solíamos informar a la prensa por teléfono presentándonos como simples testigos y  exagerando los hechos, a fin de crear la impresión de que el régimen no lograba controlar la protesta social. Alguna prensa era favorable, como los tres periódicos del Opus Dei (Madrid, Nuevo Diario y ¡El Alcázar!, por entonces), también a menudo el Ya  y revistas como Cuadernos para el Diálogo y Triunfo.  En De un tiempo y de un país he expuesto estos métodos y las rivalidades  entre grupos que surgían de ellos.

Como decía, éramos unas ínfimas minorías, y sin embargo nuestra agitación sin apenas respuesta de una masa pasiva y de una derecha torpe, y la explotación de los medios, creaba una impresión de que la universidad era nuestra. Es más, se han escrito libros con títulos como La universidad contra Franco siguiendo la tónica de la propaganda marxista. Recuérdese que aquel régimen no tuvo oposición democrática digna de reseña seria, sino que la realmente actuante fue siempre totalitaria.  

Hay que tener en cuenta, además, que movimientos universitarios parecidos se extendían por toda Europa, unos más y otros menos controlados por los comunistas, pero todos simpatizantes o desinteresados de lo que había tras el muro de Berlín. En Italia, Francia, Alemania, algo menos en Inglaterra y más en Usa con motivo de la guerra de Vietnam, la agitación era incesante y causaba algunos muertos. En España nunca llegó, ni de lejos,  a los niveles de esos países, por no hablar del “mayo francés”; pero el hecho de oponerse a un régimen “fascista” le daba una especial popularidad fuera de España y, como pasaba con los asesinatos de la ETA, comenzados en el 68, toda la oposición antifranquista colaboraba con entusiasmo a embellecer y y dar máxima propaganda las algaradas estudiantiles.

 

 

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Generación del 36. La Legión Cóndor. Vender soberanía por toneladas.

(Como siempre, ruego a mis sufridos lectores den la mayor difusión posible a estos artículos, como un modo de luchar contra la manipulación y falsificación predominantes)

Blog de Gaceta: “monopolizar el ser y el sentir de los catalanes”: http://www.intereconomia.com/blog/monopolizar-ser-y-sentir-los-catalanes-20120705

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El método de las generaciones literarias ha sido muy discutido, pero creo que, en general, es fructífero, y debería aplicarse a contextos más amplios que el literario. Así, cuando he mencionado, en relación con mi novela, la “generación del 36”, lo hice en un sentido distinto del acuñado por Ricardo Gullón.  He querido  — o más bien ha resultado sin previa intención—hacer un retrato de esa generación en los personajes de Alberto, Carmen, Paco, Ramírez y otros frecuentadores de tertulias de café, etc.,  con un breve contraste, en el epílogo,  con la generación siguiente, hija de aquella y a la que podría pertenecer yo mismo. Ya he señalado que la de 36  fue la más interesante del siglo XX español, pues le tocó rebelarse contra un proceso revolucionario de orientación totalitaria, esquivar la guerra mundial, afrontar el maquis y las posibilidades de invasión al final de dicha guerra, así como el aislamiento, habiendo salido triunfante de todos esos desafíos. ¿Y desde el punto de vista intelectual? Ha sido menospreciada a menudo por “franquista” o “fascista”, pero ha sido muy superior a las posteriores. Baste recordar a Delibes, Cela, Celaya, Marías,  Buero Vallejo, Torrente Ballester, J. A. Maravall, Vicens Vives, Cunqueiro, Tovar, Aranguren, Blas de Otero, Ferrater y tantos más.  No solo sus obras y evolución intelectual son llamativas, sino también sus biografías: los más característicos, aunque no todos,  derivaron de la identificación con el franquismo, a menudo en la Falange, a un alejamiento progresivo, hasta simpatizar con las izquierdas incluso totalitarias. Es una evolución que no ha sido bien estudiada y que, en la mayoría de los casos, se dio sin clandestinidad y con pocos sacrificios, dentro de la España franquista, a cuyas ventajas crecientes nunca renunciaron y dentro de la cual recibieron premios y atenciones; o bien algunos residieron más o menos tiempo, por comodidad que luego quisieron presentar como “exilio”, en otros países, particularmente Usa; o se presentaron con la mayor caradura como inmersos en un “exilio interior”. Sería del mayor interés estudiar esas evoluciones, que en muchos casos tienen que ver con la rápida crisis ideológica de la Falange, que trataré someramente en algún otro comentario.

http://www.libertaddigital.com/opinion/pio-moa/quien-no-es-mejor-que-su-propia-biografia-52609/

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El PSOE de Madrid ha presionado a la embajada alemana para que retirase  una placa conmemorativa de la Legión Cóndor en el cementerio de La Almudena. Y lo han conseguido, aunque no sé si la embajada puede obrar así en un cementerio español.  Dos jefes  socialistas, Lissavetzki y Lozano, han señalado  en carta a la embajada que “los demócratas españoles agradecemos encarecidamente  la diligencia, seriedad y sensibilidad democrática demostrada” por ese acto: “Una vez más la Alemania democrática reitera su solidaridad con la España democrática”, concluyen.

Hay en la misiva dos tipos de error, uno en referencia a la ideología y otro a la historia.

Con respecto al primero, cabe recordar que el PSOE distinguió al régimen stalinista del muro de Berlín, mientras este duró, como la “Alemania democrática”, lo que introduce un peligroso equívoco. El equívoco se agrava por cuanto el PSOE se proclama ahí representante de los demócratas españoles, en una usurpación  precisamente totalitaria  y plenamente antidemocrática. Y aún empeora el fraude por cuanto el PSOE, como he demostrado reiteradamente, nunca fue un partido democrático y, por supuesto, sigue sin serlo (http://www.intereconomia.com/blog/presente-y-pasado/comunistas-y-socialistas-sobre-sonaron-gritos-guernica-bublichki-20120425. Es más bien un partido que aprovecha, o propiamente parasita, un régimen democrático que no le debe nada, como ocurre con los separatistas, con quienes suele formar causa común.

En el aspecto histórico, los  errores, llamémosles así, no pueden ser más gruesos, pues se da a entender que la Legión Cóndor vino a España a ayudar a aplastar la democracia y las libertades… cuando estas habían sido destruidas de raíz por el Frente Popular, y de manera muy especial y notable por el propio PSOE.  La Legión Cóndor, por tanto, no hizo nada de eso: simplemente ayudó a la causa de quienes querían mantener a España como nación unida y en ella la cultura cristiana y la propiedad privada entre muchas otras cosas. El bando nacional no defendía la democracia porque había constatado que esta era imposible con partidos energuménicos como los que compusieron el Frente Popular y de forma destacada, una vez más, el PSOE.

La propaganda stalinista y separatista ha acusado a la Legión Cóndor de bombardeos sobre la población civil, principalmente el de Guernica. Sobre este asunto ya Jesús Salas Larrazábal ha puesto las cosas en claro, destruyendo los mitos propagandísticos en un libro recientemente reeditado, en el cual me basé para Los mitos de la Guerra Civil.  Ello aparte, en mi libro he reproducido algunos de los partes de guerra rojos en que se jactaban abiertamente de sus bombardeos aéreos y artilleros sobre la población civil en Oviedo, Huesca y otros puntos.

Por otra parte, el hecho de que la Legión Cóndor fuera enviada por la Alemania hitleriana no debe llamar a engaño: por entonces Hitler no se había embarcado en los genocidios perpetrados durante la II Guerra Mundial, ni tuteló en ningún momento a Franco,  mientras que los rojos recibían ayuda y tutela, y más que tutela,  de un Stalin que ya acumulaba sobre sí una cordillera de cadáveres. En ese sentido, la ayuda alemana fue infinitamente más aceptable, desde cualquier punto de vista moral o político, que la soviética.

De modo que la Legión Cóndor sirvió en España a la buena causa, y no deben protestar de su falta de democracia unos partidos mucho menos democráticos que el bando nacional. Además, su comportamiento con los civiles españoles fue excelente, y llevaron a Alemania una consideración que se mostraría luego en el entusiasmo popular, un poco sorprendente, como indico en Sonaron gritos…, por la División Azul.

Con su fechoría, el corrupto PSOE puede jactarse de un triunfo. El triunfo de la mentira, ran habitual en los tipos de los “cien años de honradez”. Tales suelen ser sus tristes victorias.

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La cloaca:

****El parlanchín Margallo avisa: “Habrá que ceder toneladas gigantescas de soberanía“.  Es decir, el personaje y los suyos están empeñados en vender por “toneladas”, la soberanía española, como si se tratase de una propiedad particular suya. ¡Y lo dice con la mayor tranquilidad del mundo, el elemento! ¿Es así de tonto, o está convencido de que España es ya una filfa  sin valor ninguno, y que nadie protestará?  La “nueva Europa” exige la destrucción de España como país independiente.  ¡Estos son peores que Zapatero! Es preciso un nuevo partido y una clara amenaza de procesamiento a semejante chusma política. Es preciso un Movimiento por la Reforma Democrática contra unos partidos convertidos en mafias.

****La Pajín deja por un rato la política: noticia de primera plana en la prensa. El nivel político y mediático de un país estragado.

****Ante Aznar, la anglómana  Aguirre llamó a recuperar la Historia de España como base para solucionar los problemas actuales: “No se tiene interiorizada“.  Parece repetir mis palabras. Supongo que querrá que nuestra historia se enseñe en inglés, que hace más culto y moderno.

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La batalla literaria. No compren Adidas. Europeísmo carpetovetónico.

Blog Gaceta: Más España: http://www.intereconomia.com/blog/presente-y-pasado/mas-espana-20120703#comments

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La batalla literaria

Hace mucho tiempo que el franquismo y, lo que es más grave, la verdad histórica, perdieron la fundamental batalla literaria. Una batalla más fundamental todavía que la historiográfica, pues deja una impronta más profunda en la mentalidad de la gente que los libros de historia, por lo común mucho menos leídos. Creo, como ya he dicho, que esa derrota empezó con La Colmena de Cela, buena como novela, aunque políticamente desvergonzada e históricamente falsa. Gironella, Agustí o Emilio Romero cambiaron esa derrota solo a medias y por un tiempo. Conforme pasaban los años y el régimen se liberalizaba y registraba sus mayores triunfos políticos y económicos, Gironella y Agustí evolucionaron o zascandilearon hacia una derecha antifranquista (juanista) y la novela de Romero tuvo siempre un toque  banal que la condenaba a testimonio menor de una época. Y no digamos tantos otros, de modo que ya desde antes de la Transición predominaba netamente en la literatura, el cine y otras medios de masas una visión radicalmente denigratoria de la generación que venció la revolución, salvó a España de la guerra mundial y venció al maquis y al aislamiento. Los peores han juzgado y calificado a los mejores. Me ha preguntado un lector, con cierta irrisión,  si Sonaron gritos y golpes a la puerta pretendía invertir esa masiva corriente. Pues sí, lo pretende y creo que, literariamente, lo consigue. Otra cosa es que su influencia político-intelectual llegue a ser grande, eso no depende de mí.

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–Oigo ¡en Intereconomía! una “información” sobre la candidata de Bildu, que es presentada “asépticamente” como una intelectual, citando sus palabras de crítica a la democracia española por insuficiente y por tener “presos políticos” (que los tiene: así lo han declarado implícitamente los sucesivos gobiernos de la “salida política”), y hablando de su perfil  “académico”.  Eso es simplemente propaganda para la ETA, y falsea radicalmente la realidad: esa señora es cómplice política y moral –por lo menos– de 800 asesinatos cobardes y mil daños más, y la palabra democracia es en su boca sinónimo de crimen y de las rentas  políticas que espera obtener de él. No señalar este aspecto fundamental y decisivo es manipular la información en favor de los más criminales enemigos  de España y la democracia.  Y luego hay quien llama descerebrados a los etarras. Los descerebrados están en otra parte.  

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Europeísmo carpetovetónico

Creo que fue Cela quien inventó el –injusto— calificativo “carpetovetónico” para designar algo paleto,  cutre y ramplón. El adjetivo  viene al pelo al europeísmo español. Resulta que España es el país más “europeísta” del mundo. Lo que significa que es el que está más dispuesto a perder su soberanía. Y más aún, su cultura, y a reducir a nivel inferior su propio idioma. ¿A cambio de qué? De unas ventajas materiales que espera le proporcionen otras potencias. Es difícil concebir algo más estúpido,  pero no podría esperarse menos de un país sometido durante más de treinta años al imperio de la mentira y la farsa política disfrazada de democracia.

Aparte, ese europeísmo se apoya en una ignorancia profunda de lo que ha sido Europa y la propia historia de España; empezando por la ignorancia de nuestros políticos. Precisamente por ello escribí Nueva historia de España con un enfoque muy diferente de la mayoría o de la totalidad de los que normalmente se han escrito, como si España no estuviera, o apenas estuviera en Europa. Un buen ejemplo del caso es la ridícula crítica a los Austrias por habernos metido en asuntos europeos que supuestamente no nos concernirían. Otra,  la cantidad de sandeces que circulan, por obra de historiadores y políticos baratos, sobre la posguerra civil.

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No compren Adidas

Habrán visto cómo Adidas utilizaba el triunfo de la selección española para meternos más inglés. ¿Por qué lo hace? Pues por lo mismo que el “patriótico” barrio de Salamanca, de Madrid, está plagado de publicidad en inglés, y varias tiendas anuncian que abrirán pronto “opening soon”, etc. O por lo mismo que miles de memos llevan camisolas con frases, generalmente idiotas, en inglés, incluso, patriotas ellos, con la palabra Spain . Porque todos ellos creen que el español no es apropiado para estas cosas (el propio CEU tiene una “Business School”,  porque “Escuela” y “negocios”  les suena mal, por lo visto. Y porque dan por hecho que la masa española está lo bastante aborregada, esnobizada  y desarraigada para aceptar, incluso con gusto, el desplazamiento de su idioma y cultura. Por cierto, los planes de estudio del PP tienden a aumentar ese desarraigo cultural e histórico y a un mayor desplazamiento del español.

El remedio no es demasiado difícil. Yo, por cierto, nunca entro en locales con nombre en inglés (no me importa hacerlo en otros con nombre italiano, alemán, francés o chino, porque estos no representan ningún peligro y al mismo tiempo hacen más variada la oferta)  ni compro ningún producto ni a ninguna empresa que se anuncie en inglés, e invito a mis lectores a hacer lo mismo. Pero esto es insuficiente. En la mayoría de los casos –excepto en las empresas anglosajonas–  estos anuncios en inglés no tienen ninguna intención digamos colonialista o gibraltarizante, sino que responden  al hecho de que, hoy por hoy no tienen respuesta ni críticas y creen que así venden más. Si ustedes se preocupan de enviar a esas empresas cartas protestando por este colonialismo, y reciben suficiente número de ellas, probablemente reconsiderarán su postura. Lo ideal serían campañas más amplias en la calle, pero eso, hoy por hoy y dada la escasísima combatividad de los patriotas, sería pedir peras al olmo.

Ello aparte, las empresas anglosajonas, sean del tipo que sean y al revés que las españolas, sí practican una intensa y agresiva promoción de su lengua.

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Más sobre un  programa de urgencia

1)      Procesar a los responsables políticos y económicos de la actual ruina de España. No se trata ni de buscar chivos expiatorios ni de creer que la crisis se resuelve así. Se trata de un problema moral y político de primer orden: un sistema en el que los políticos son irresponsables de la ruina que provocan con sus demagogias y corrupciones, es un sistema detestable y corrupto en sí mismo.

2)      Reducir  el número de políticos profesionales, que probablemente pueda hacerse en más de la mitad disminuyendo los diputados en todos los niveles, los ayuntamientos y el número de concejales. Lo mismo con respecto a los coches oficiales, dietas y pensiones de los políticos en general. Es difícil decir si eso sería “el chocolate del loro” o una reducción sustancial, pero contribuiría a reducir el despilfarro.

3)      Reducir progresivamente, pero con bastante rapidez, el número de funcionarios y empleados públicos, con vistas a dejarlos en torno a dos tercios de los actuales.

4)      Considerar en serio la salida del euro. Es evidente que este se ha convertido en una especie de arenas movedizas en las que nos hundimos más y más. Salir del euro tendría un coste muy alto, que debería estudiarse, pero permanecer en él también lo tiene, y recuperar nuestra soberanía económica es importante si no queremos convertirnos en satélites de otras potencias europeas. Recarte, un economista solvente que vio los peligros del euro en su momento, afirmaba a finales de 2010 que era difícil que el euro sobreviviese cuatro o cinco años, pero recientemente señalaba estos peligros para España: Estando endeudados como lo estamos, habría que devolver la deuda en euros mientras la peseta se devaluaría un treinta por ciento. Lo que antes era una deuda de diez billones pasarían a ser quince billones. (…) A las familias, se le doblaría prácticamente la cuota hipotecaria. Y el Estado tendría que pagar un cuatro o cinco por ciento del PIB en intereses, en lugar de un tres. Habría que restringir mucho más los gastos públicos y habría que subir los impuestos. Hay otra consecuencia, positiva, y es que con esa devaluación la economía sería mucho mas competitiva y facilitaría las exportaciones. Habría que ver a largo plazo qué es mejor y peor, pero a corto plazo es una hecatombe. Al cabo de ese tiempo, dependería de cómo lo hiciera el gobierno de turno. Si fueran virtuosos y frugales la economía española iría mucho mejor. (…) Pero el Gobierno que saldría sería una coalición de PSOE, IU, y sectores del 15-M y no creo que fueran a tomar decisiones virtuosas, lo que hace que la salida del euro sea para mí el peor de los escenarios posibles. Habría que considerarlo en serio, pues las predicciones de los económicas no suelen cumplirse, y menos en situaciones inciertas.

5)      España debe asumir sus deudas, pero las grandes potencias europeas deben asumir, a su vez, su responsabilidad por una política de favorecer ciegamente el endeudamiento. Es decir, hay una responsabilidad común y compartida, y los acuerdos deben partir de ese principio.

De todas formas, el eje de la acción podría estar en la reducción de personal político y del empleo público. Ello es fácilmente comprensible por la población, que considera a nuestros desvergonzados políticos (con las excepciones de rigor) una causa principal de nuestros males. Y no es una política populista –aunque, como todo, dependería de cómo se plantease.

 

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