Mientras crecían las amenazas contra España, Europa se hallaba en ruinas, y ello iba a influir en el desarrollo de los acontecimientos. De Yalta a Potsdam, en pocos meses, la situación había cambiado para el régimen, sin que muchos se dieran cuenta.173 – España en una Europa en ruinas – YouTube
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Crónica Lenguas regionales
**Vascos y españoles siempre fueron y se sintieron españoles, hasta que unos orates convencieron a los más bobos de ser una raza superior, y su lengua regional contraria al español común.
**”Gallego, vascuence y catalán son estimables lenguas regionales españolas. Pero ustedes pretenden oponerlas al español común, con el que no pueden compararse en densidad cultural y proyección internacional. Es como oponer un bonito apartamento en la playa a un palacio”.
**Un valenciano separatista me decía que antes que español, él preferiría hablar inglés (lo hablaba bastante mal) “Usted puede preferir lo que le dé la gana, pero el inglés siempre será lengua extranjera en Valencia. El español, no”.
**Los separatistas dicen defender la lengua regional. La defienden contaminándola de falsedad, rencor, despotismo y tontería. No han creado en esas lenguas una sola obra de valor. Con tales defensores, esas lenguas no precisan atacantes.
**La cultura catalana, o vasca, o gallega, en español común es mucho más importante y valiosa que en cada lengua regional.
**Lo diré de otro modo: el español no es extranjero en Cataluña ni en ninguna región. Aunque de origen castellano, todas las regiones han contribuido a su formación y evolución. Atacar el español es atacar la identidad y los intereses de cada región.
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Ah, libertad…
¿Hombre libre? Jajá, qué gracioso / Áspera y peligrosa es la libertad / en perpetuo choque con el capricho ajeno /¡y con el propio!/ En riesgo continuo por las consecuencias./ Todos la invocan / y en fin de cuentas solo soportan / algún remedo de ella.
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Torturadores y filósofos
Fleming entiende que, más allá de que los contextos históricos sean poco comprensibles para el lector de hoy, El cero y el infinito, aborda temas perennes, y es lo que la convierte en una gran novela. Uno de ellos es el del conflicto entre medios y fines, que no ha dejado descansar a la mente humana, por muchos que haya querido tranquilizarse definiéndose por una posición u otra. En un momento, el interrogador Ivánof expone al preso protagonista, Rubashof: “Solo existen dos concepciones de la ética y están en polos opuestos. Una es cristiana y humana, declara sacrosanto al individuo y afirma que las reglas de la aritmética no se aplican a las unidades humanas. La otra se funda en el principio de que el fin colectivo justifica todos los medios y no solo permite, sino que exige que el individuo se subordine y sacrifique en todos los aspectos a la comunidad, la cual puede disponer de él como de cobaya chivos expiatorio. La primera concepción podría llamarse moralidad antivivisección, la segunda moralidad de vivisección”.
Que un chekista se dedique a filosofar con alguien condenado a muerte por anticipado, en lugar de torturarlo hasta destrozarlo física y anímicamente, es una idea extraña, aunque no imposible en algunos casos. Recuerdo que en el secuestro de Oriol le hicimos llegar el relato de Menájem Beguin (líder del grupo Irgún) sobre los interrogatorios que sufrió por la policía soviética debido a su activismo sionista, y que le llevaron al Gulag. Tampoco aquí hubo torturas, y sí una insistencia en consideraciones político-filosóficas para convencerle de que el sionismo era una aberración reaccionaria, o algo por el estilo. Queríamos convencer a Oriol de la superioridad moral del comunismo, pues la tortura solo la utilizaban los “fascistas” de la policía de Franco. La realidad era bien distinta, como sabemos por las sádicas torturas del SIM, las chekas y la policía soviética en la guerra de España. Pero parece que en algunos casos las cosas iban por ahí: los bolcheviques juzgados en el Gran Terror no mostraban signos de torturas físicas. Por otra parte la nómica de torturadores intelectualizados debía de ser escasa.
Citaré las palabras de Beguin: “Al oír estas palabras, el rostro del ruso se puso colorado y palideció después. Dejó de ser el cortés oficial, cerró los puños y gritó: “¡Déjese de tonterías, estúpido abogado! ¿Cómo se atreve a citar la Constitución de Stalin? Se está comportando como aquel perro rabioso, aquel enemigo de la Humanidad, aquel espía internacional llamado Bujarin. Habla exactamente igual que el traidor Bujarin, que solía citar a Marx y a Engels para probar que tenía razón. Pero es inútil. Stalin nos enseñó que que las lecciones de Marx y de Engels constituyen una unidad y no pueden citarse prescindiendo del contexto –lanzó una carcajada burlona– Al parecer, ha surgido un nuevo genio en Vilna, que trata de convencerme con un artículo tomado de la Constitución” (…) Desde luego, tenía razón en un aspecto. Las citas fuera de su contexto se emplean a menudo para engañar. Le repliqué que aunque la Constitución sea una unidad, hay cláusulas que expresan una idea completa, independientemente de las otras cláusulas (…) Mi argumento no produjo el más ligero efecto. El hombre insistió en su comparación con el “espía internacional Bujarin”.
“Cuando advertí la vehemencia con que este discípulo de la revolución comunista hablaba del famoso autor del ABC del Comunismo, empecé a comprender muchas cosas que me habían intrigado. Comprendí cómo Bujarin y otros como él se habían visto forzados a confesar que eran espías y enemigos de la sociedad soviética.
“Todos hemos leído que los rusos empleaban drogas misteriosas para hipnotizar a sus presos y hacerles bailar al son impuesto por sus carceleros. Pero llegué a la conclusión de que todo eso es pura fantasía. Entonces, ¿qué? ¿Cómo lo hacen? ¿Por presión física? ¿A base de palos? Sólo puedo decir que durante todo el tiempo de mis interrogatorios, no levantaron un dedo contra mí, a pesar de que era un importante criminal político“.
Las conclusiones de Beguin son interesantes, no las mencionaré ahora, pero lo que interesa aquí es la disyuntiva ética que plantea Ivánof, porque en ella se encuentra probablemente la clave de la conducta de los acusados.
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Intelectuales solitarios
Sobre tu última observación sobre las élites o minorías selectas, su dispersión en España, en relación con los comentarios de ayer motivados por tu novela “Cuatro perros verdes”, me ha recordado el tratamiento de los filósofos españoles del siglo XX por Fernández de la Mor. Para él, los cinco más importantes eran, por orden de importancia, Zubiri, Amor Ruibal, Ortega, D´Ors y Morente: “Cinco solitarios por su independencia de escuelas, por su autodidactismo y por la peculiaridad de sus posiciones afirmativas. Pero solitarios también porque, salvo Ortega, los demás fueron incomprendidos por sus contemporáneos y combatidos tanto por sus adversarios como por sus afines. Amor Ruibal y Zubiri fueron dos clérigos recibidos sospechosamente por sus correligionarios y despectivamente marginados por los agnósticos. D´Ors fue silenciado por sus coterráneos catalanes y relegado por la izquierda intelectual de todo el país. Y los suyos no le entendieron o lo minusvaloraron so pretexto de su esteticismo y su extravagancia. Y Morente corrió la suerte de todos los conversos: resentimiento de los unos y recelo de los otros. Excepto en el caso de Ortega, que conoció en vida un éxito solo comparable al de Feijoo, los otros cuatro, que nacieron independientes, fueron, además, aislados por su circunstancia”. (Filósofos españoles del siglo XX, 1987) Me pareció sugestivo, porque Ortega era el que más insistía en la ausencia de “minoría selectas”, a pesar de su éxito” (J. R. T)






