Historia criminal del PSOE. 1934: Franco defiende la República: https://www.youtube.com/watch?v=aBVMI4dw7i4&feature=youtu.be
Presentación de libro Franco en imágenes, por fin, en Sevilla: https://www.elcorreodemadrid.com/libros/174461369/Acto-de-presentacion-en-Sevilla-capital-del-libro-Franco-en-imagenes-SND-editores-Parte-II-Estamos-aqui-porque-nos-da-la-gana.html
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**Según el PP y el PSOE, apoyar y financiar los separatismos y marginar cualquier resistencia a ellos es política centrista o progresista. Denunciar tales cosas es de “extrema derecha”
** Según PP y PSOE, satelizar a España cultural, política y militarmente a intereses ajenos es una política de progreso y libertad. Denunciarlo es de “extrema derecha”.
**Según PP y PSOE, las leyes totalitarias de memoria histórica y de género son una gran manifestación de la democracia. Denunciarlas es de “extrema derecha”.
**Según PP y PSOE, fomentar la inmigración salvaje es beneficioso, porque esos inmigrantes pagarán nuestras pensiones. Denunciarlo es de “extrema derecha”.
Etc.
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Iturgaiz, que se ha pasado la vida embelleciendo la política proseparatista del PP con una aparente oposición y sin descolgarse en ningún momento del partido, dice ahora que no hay unidad de la derecha porque VOX no quiere. Pretende que el PP y VOX están en lo mismo, por lo que VOX sería innecesario y fagocitable. VOX tiene ahí, como en Galicia, una magnífica oportunidad para explicar breve y claramente, lo que le separa de ese partido nefasto.
Para entender lo que es y ha sido el PP solo hay que atender a su historial. Fraga trató de imitar a Suárez para ganar votos, y solo el hundimiento de UCD le permitió adquirir cierta relevancia, pero manteniendo una línea próxima a la anterior. Pese a su aparente energía, Fraga demostró escasa talla política, como examiné en La Transición de cristal. Terminó en Galicia con una orientación cada vez más parecida a la de Pujol en Cataluña, y dejando a su partido en un embrollo monumental. Luego, Aznar pareció cambiar de línea. Llegó al poder a impulsos de la crisis (3 millones de parados) y de las denuncias de corrupción al PSOE. Entonces se habló de “regeneración democrática”, que debía incluir una actitud más combativa hacia los separatismos. Pero inmediatamente se abandonó esa molesta consigna, se aceptó de hecho la corrosión de la independencia judicial (la muerte de Montesquieu), todas las corrupciones del PSOE , y la colaboración con los separatismos prácticamente se disparó. Hay que poner en el haber del PP aznarino una política europea algo más independiente, incluso el recuerdo, aunque inane, de Gibraltar, y sobre todo el cese de la colaboración de hecho con la ETA que había sido hasta entonces (hasta su segundo mandato) la política seguida por los gobiernos de UCD y PSOE. Sin embargo estos aciertos no impiden un balance negativo: impulso a los separatismos cuando había experiencia de sobra de lo que eran y querían y degradación de la política, culminada en la abyecta condena del 18 de julio, es decir, de la propia democracia salida del referéndum del 76. Con ello Aznar regalaba íntegra la interpretación de la historia, por tanto del presente, al nuevo frente popular en ciernes. Condena acompañaba, y no es casualidad, de una generalizada denigración de España.
La corrosión de España y de la democracia en el PP era indirecta: consistía en centrar toda la atención en la economía y hacer como si los demás problemas (la democracia y la unidad nacional) no existiesen o no tuvieran importancia. Para aquella gente con mentalidad de señoritos, como ha sido tradicional desde hacía más de un siglo, tampoco la cultura tenía mayor interés, así que la regalaron íntegra, junto con la enseñanza, a la izquierda y los separatistas. En su visión de las cosas, “España es centrista”, idea traducida en “la gente no quiere líos ni problemas, lo que quiere es dinero”. Y siempre habría un amplio espacio electoral que se negaría a votar al PSOE, por lo que no tendría más remedio que votar al PP, pasara lo que pasara: El voto “útil”. La democracia consistiría en un reparto del poder y el dinero con el PSOE y la financiación de los separatismos, a ver si estos se calmaban un poco. Una “democracia de amigotes”, en fin.
Un error garrafal de aquel PP fue meter a España en la guerra de Irak, con un espíritu de absoluta subordinación y satelización a Usa en un conflicto completamente ajeno a nuestros intereses. Lo hizo además sin dar ninguna explicación ni combatir la demagogia de la izquierda, que bien supo explotar el malestar popular por la fechoría. El pago fueron los atentados del 11-m de 2004. El problema consistió en a quién atribuir el crimen: si a la ETA, el PP ganaría las elecciones. Si a los islámicos, ganaría el PSOE. Y fueran quienes fueren los autores, la impresión casi generalizada, promovida hábilmente por la izquierda, es que se trató de un atentado islámico en respuesta a la implicación de España en Irak. El resultado fue la subida de un delincuente como Zapatero al poder, el rescate y premio a la ETA por sus crímenes, un impulso redoblado a los separatismos, y la imposición subrepticia de un nuevo régimen de frente popular con las leyes totalitarias de memoria histórica y de género y de la ideología lgtbi. Todo ello fue posible tranquilamente porque el PP había desarmado previamente cualquier oposición. Se le ha acusado de no haber dado la batalla de las ideas, injustamente porque el PP carecía de cualquier idea que no fuese utilizar la economía a modo de soborno y repartirse el poder con sus socios. Eso ha sido siempre la democracia para estos señoritos cutres, incultos y chanchulleros, contempladores de futuros y ansiosos por parecer demócratas a los ojos del nuevo frente popular, el conjunto de partidos más liberticidas que ha sufrido España desde los años 30.
Y de nuevo volvió el PP al poder empujado por la crisis económica y por la indignación de los votantes ilusos que creían que Rajoy enmendaría las leyes y delitos del PSOE. Cualquiera con dos dedos de frente, que analizara la política anterior y la retórica del momento de ese partido, sabría que no iba a ocurrir nada de eso. El PP prosiguió los recortes y subida de impuestos ya comenzados por Zapatero, y mejoró algo la economía, sin hacer ningún milagro. Pero su orientación siguió siendo la misma: desarticular progresivamente a España financiando y apoyando los separatismos y marginando cualquier resistencia a ellos, por una parte, y satelizando política y culturalmente a España en la UE y en la OTAN, sin atisbo de política independiente. Y, por supuesto, manteniendo el frente popular zapateril, al cual se incorporó de hecho, pese a las coces y el merecido desprecio que al mismo tiempo recibía de los zapateristas. Su herencia ha sido el gobierno del Doctor, que ha echado al PP del poder por corrupción siendo él más corrupto aún. Toda una descripción de la situación actual, junto con el golpe de estado permanente desde Barcelona y Madrid.
Este es el PP y esta es su trayectoria, su escuela y sus ideas –por llamarlas así– políticas. Sus aparentes cambios actuales, como una retórica seudopatriótica o maniobras como la de Iturgaiz, no obedecen a ninguna renovación ideológica, sino al miedo al auge de VOX, que les quita votos, y por tanto poder y dineros. Iturgaiz soltará palabrería sin ningún fondo, y seguramente logrará atraer un número de votos que deberían ir a VOX, mientras en Galicia el prepotente Feijoo continúa con mayor entusiasmo la línea que han llevado los separatistas abiertos en Cataluña o Vascongadas, y por el estilo en Valencia o Baleares. Y siempre, por supuesto, la satelización integral, cultural y política, del país.
Lo que se plantea hoy no es simplemente quién mande, sino problemas de mucho más calado: es la democracia, la demolición del régimen de frente popular con sus leyes totalitarias, y el reforzamiento de la unidad nacional: todo lo cual exige una política diametralmente opuesta a la seguida hasta ahora por el PP, y la que aspira a continuar con un poco de disfraz una vez reduzca a VOX a un apéndice suyo, como pretende. Ahora se irá viendo la destreza de Abascal y su partido para evitar el contagio de la mofeta y dejar las cosas claras ante la mayoría de los españoles. La gran tarea del momento es derrotar al nuevo frente popular y sus auxiliares en el terreno de las ideas y la política.


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