Catolicismo, España e ideologías
De sus tesis cabe deducir que el catolicismo sería un elemento secundario en la historia de España
–No cabe tal cosa. Pero la historia de España es ante todo una historia política, enormemente agitada, dramática y cambiante como es la política, y limitada a un país concreto, mientras que el catolicismo abarca mucho más que España. Además, el catolicismo, como doctrina, apenas tiene historia pues los dogmas, ritos y normas morales que lo caracterizan permanecen con pocos cambios siglo tras siglo, aunque sus empeños por universalizarse sí tienen una historia compleja. Habría también una historia dramática del catolicismo en sus contienda con las herejías, con el islam y con el protestantismo. En esas contiendas España desempeñó el papel decisivo a favor del catolicismo en los siglos XVI-XVII (la Reconquista tuvo un carácter más localizado); fueron los siglos de mayor auge de España en todos los sentidos, y por eso se ha querido identificar a España con la Iglesia. Pero luego vino una larga decadencia. En el XVIII el país fue satelizado en gran medida, política y culturalmente, por la vecina Francia, que por entonces era otra gran potencia católica. Y desde principios del siglo XIX, la decadencia se profundizó mucho más, a pesar de que el país seguía siendo socialmente católico, pero sin capacidad para contrarrestar ideas y políticas contrarias. Y ya hemos visto el resultado que dio al franquismo su excesiva identificación con la Iglesia.
¿Tendría el catolicismo, pese a todo, la virtud de renovar las mejores energías de la sociedad española, visto que la descatolización del país está dando frutos tan poco satisfactorios?
–Yo no sé si podría o no. De momento no se aprecian indicios de que pueda. Y la experiencia histórica debe ser examinada, tanto como el análisis crítico de los retos del siglo XXI. Esto no puede hacerse a base de tópicos superficiales. Y una cosa es denunciar ciertos males y otra presentar alternativas que valgan la pena. Hay además otro hecho, al que he aludido en Nueva historia y en Europa: las violencias y atrocidades de la Revolución francesa y las subsiguientes guerras napoleónicas podrían haber servido de experiencia que validase el Antiguo régimen. Sin embargo no ocurrió nada de eso: no hubo vuelta atrás, la nueva situación resultó irreversible, y aunque no pudo imponerse por completo, el propio catolicismo tuvo que ir amoldándose a ella. El problema es de lo más complicado, salvando la evidencia de que en todas las empresas humanas lo bueno y lo malo vienen mezclados. También en el Antiguo régimen confesionalmente católico.
No obstante, usted ha criticado fuertemente las ideologías.
–He tratado de analizarlas. Mi tesis, expuesta en los dos libros, sobre todo en el de Europa, es que las ideologías son religiones sucedáneas cuya fe es en definitiva la abolición de la moral, por cuanto el ser humano sería bueno por naturaleza y solo echado a perder por unas malas circunstancias sociales nacidas de la ignorancia y la impotencia técnica. Al negar la maldad implícita en el ser humano, buscan crear sociedades-guarderías, aniquilando la libertad y la responsabilidad personales. Esta es mi tesis. La expansión de las ideologías ha ido acompañada de una expansión gigantesca de la ciencia y de la técnica, pero también de convulsiones extremas culminadas en la II Guerra Mundial, la guerra de las tres ideologías. Derrotado el nacionasocialismo y luego el comunismo soviético, pareció llegado el triunfo aplastante e inevitable de la democracia liberal, y hoy vemos cómo esta ha provocado guerras que ha perdido y surgen nuevas superpotencias, en particular China… Pero, en fin, no quiero divagar. Mi tesis es esa: el ser humano es un animal moral, por tanto un animal de fe, un animal religioso. Las ideologías pretenden afirmarse en la razón y la ciencia, pero inevitablemente generan ideas contradictorias y necesitan sus propias fes, que depositan en una especie de nuevas divinidades. La historia de las ideologías debe ser examinada con especial atención. Yo solo he presentado algunos esbozos.
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Paradojas de la SGM
Si se contempla la II Guerra Mundial en su conjunto, se observa como su máximo efecto general el paso de Europa a una profunda decadencia: de ser algunas de sus potencias poco menos que las dominadoras del mundo, a quedar dividida en dos protectorados, soviético y useño. Esta consecuencia estaría quizá implícita en el juego de fuerzas mundiales, pero resultaría completamente inimaginable para quien viviera en 1939, dentro o fuera del continente.
La guerra comenzó con un pacto entre soviéticos y nazis. Suele recordarse, por su profundo significado; pero se recuerda menos que continuó hasta el final en una estrecha alianza de comunistas y democracias anglosajonas. Y esto es también significativo, pero se ha pensado menos sobre ello.
Tras la I Guerra Mundial, Max Weber se lamentaba de que los anglosajones hubieran prevalecido en Europa sobre los alemanes, pero al mismo tiempo lo creía un mal menor comparado con “el látigo ruso”, del que Alemania habría salvado al continente. En la II Guerra Mundial, paradójicamente, fueron los soviéticos quienes, al derrotar a los nazis, obligaron y permitieron a los anglosajones el desembarco en Normandía, evitando que una parte del continente cayera en manos soviéticas.
Por otra parte fue la resistencia alemana la que impidió que el ejército soviético llegara al Canal de la Mancha o incluso traspasara los Pirineos. Este es también un tema digno de reflexión.
Puede (y debe) decirse que el único país de importancia que se libró tanto de los nazis como de los soviéticos o de la hegemonía anglosajona fue España. Hasta el punto de ser capaz de desafiar y resistir las presiones y amenazas conjuntas de los vencedores en la guerra mundial. Es otro tema digno de reflexión.
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¿Por qué la muerte de Franco supuso el final de un régimen que había afrontado y vencido tantos retos históricos? ¿Y por qué no consiguió renovarse en las nuevas situaciones históricas creadas precisamente por él? En “Una hora con la Historia”: https://www.youtube.com/watch?v=qyAbrra2F3k
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El lado oscuro de la psique
“Acerca de su novela “Sonaron gritos” y de “Adiós a un tiempo”. De la primera poco que decir. A unos les gusta, a otros no, pasa como con todo. Lo que me interesó fueron las comparaciones con otras literaturas, con “El Jarama” o con la “Odisea”. ¿No podrían seguir por ahí? ¿Tiene usted una teoría de la novela? Sobre sus “toques autobiográficos” y siguiendo lo que sugiere “Lector”, para mí los recuerdos más interesantes son el primero “Flan con nata” y el de “La noche quedó atrás”. ¿Por qué? Pues porque revelan algo de eso que a usted le obsesiona tanto, esas profundidades de la condición humana que se imponen a la conciencia. No sé por qué, lo relaciono con algo que he leído sobre internet: además del internet abierto y accesible a todo el mundo existe un “internet profundo”, oscuro, en el que funciona el mal, la delincuencia, y que, es mucho más amplio que el “superficial”. Usted titula, si mal no recuerdo, una parte de la novela como “El mayor misterio para el hombre es el hombre mismo”. Es terrible, y así es.
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