La ley de memoria histórica es un ataque a las libertades de todos y debe ser resistida por cuantos estimen la democracia y la verdad. Una hora con la Historia es una manifestación de la resistencia necesaria, y depende exclusivamente de sus oyentes. Estamos en campaña para conseguir que el mayor número de ellos difunda y comente el programa en las redes sociales, y que unas 300 personas contribuyan con 10 euros al mes. Sea usted uno de los resistentes. La cuenta es: BBVA “tiempo de ideas”, ES09 0182 1364 3302 0154 3346
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Píldoras contra el mareo
**En la universidad no saben si la ley de memoria histórica es norcoreana o soviética. Llevan años de intenso debate intelectual, sin ponerse de acuerdo.
**Preston, Viñas, Moradiellos, Juliá, Casanova y mil más enseñan que el Frente Popular era la república y la democracia. Con eso no aprendemos nada de historia, pero sí de lo que ellos entienden por democracia.
**La ley de memoria histórica puede llamarde de la cheka. Su contenido básico consiste en ensalzar como demócratas a los asesinos y torturadores chekistas. Tan demócratas como los autores de la ley.
**Nada más revelador que el plan de profanar la tumba de Franco haya de apoyarse en una ley totalitaria y prochekista.
**¿Por qué no recuerdan al actual jefe de gobierno su carácter fraudulento llamándole siempre Doctor? Porque el fraude es casi generalizado en la política y en la Triple M.
**Unidas Podemas y el PSOE están llenos de machirulos, es decir, de marimachos.
**No por necio deja de ser peligroso Pablo Mansiones, aunque ya va a menos. ¿Cómo ha podido tener tal carrera? Porque, salvo alguno que otro, los demás políticos no son mejores.
**Algunos felicitan al Doctor por estar toreando a Pablo Mansiones. Es un cabestro toreando a otro cabestro.
**Las machirulos de Unidas Podemas PSOE y PP están meditando sobre si exigir igualdad en la construcción, las minas y el asfaltado. Aún no lo tienen claro.
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Cuestiones de historia de España.
Todas las historias de España empiezan por el paleolítico o al menos el neolítico, refiriéndose a lo que se sabe de aquellos pueblos y migraciones. Eso parece lógico, porque usted mismo ha mencionado estudios genéticos que demuestran que fue entonces cuando se formó la amplia masa del pueblo español, en la cual han influido poco las invasiones.
–Eso sería así si consideramos a España como un término meramente geográfico. Cosa que por lo demás hacen muchos, algunos para negar la realidad histórica de España, otros por pura inconsciencia. Entonces la historia sería la de los pueblos que han habitado la península ibérica, de los que por otra parte se sabe muy poco, y tampoco se diferenciaría gran cosa de la de otros pueblos del occidente europeo, con los que la población española está genéricamente muy emparentada. Pero eso ni siquiera sería historia, sino un estudio biológico-geográfico. España es un concepto fundamentalmente cultural nacido de Roma. En ese sentido tampoco sería muy diferente del Imperio de occidente, habría que historiarlo como simple parte de él. Pero además España es un concepto político desde Leovigildo. Si hubiéramos de hablar de los “padres de España”, uno sería Escipión del Africano y otro Leovigildo. Sin las victoria de Escipión sobre Cartago y la formación del Imperio romano, la historia, no solo de España sino de Europa, habría sido muy diferente. Esta tesis, que me parece evidente una vez expuesta (y a menudo la evidencia tarda mucho en verse) es una de las razones por las que Nueva historia de España es realmente nueva, lo cual no quiere decir, obviamente, que no se apoye en muchísima parte de la historia anterior o la desmienta. Pero la reenfoca de modo fundamental. En cuanto a Leovigildo, fue quien diseñó un estado propiamente español, con lo que inició una historia diferenciada del resto del antiguo Imperio romano y de otros reinos creados sobre la ruina del imperio.
En ese caso nos encontramos con que ninguno de los padres de España era español…
Esto es muy común. La conquista de Julio César configuró culturalmente la Galia, Clodoveo no era galo, sino un invasor germánico, y Francia tardó mucho aún en unificarse políticamente. En Francia y España la cultura latina se mantuvo y absorbió a la germánica. En Inglaterra, en cambio, la cultura latina fue anegada, pero los conquistadores no consiguieron crear un estado, es decir, una nación propiamente dicha, hasta Alfredo el Grande, y de modo muy precario. En realidad es la invasión normanda en el siglo XI la que irá dando verdadera forma a Inglaterra, pese a que los normandos no se molestaran en hablar inglés. Si queremos ir al otro extremo, la primera Rusia, la de Kíef, fue fundada por invasores vikingos. En cambio ni Italia y Alemania lograron configurarse como naciones hasta muy recientemente. En fin, la historia fue como fue, y si España, aun bañada culturalmente por diversas influencias, forma con todo un conjunto político-cultural con fuertes rasgos propios, se debe a unos procesos iniciados por Escipión de manera inconsciente y por Leovigildo de manera deliberada. Esos fuertes rasgos son los que explican la Reconquista, un hecho muy particular en la historia de Europa, y hasta del mundo.
De su enfoque se desprende que las resistencias encontradas por la invasión romana carecerían de sentido y de importancia. Viriato, Numancia, cántabros y astures…
–Esa es una conclusión completamente falsa. Fueron luchas épicas de unos pueblos que se negaban a someterse. Y que dejaron una impronta ejemplar o moral en la mentalidad de los españoles, una vez asumidas así. Piense en el historiador hispano Orosio, de finales del siglo IV a principios del V, cristiano y gran defensor de la Roma cristiana. Pese a ello ensalza a los lusitanos y a los numantinos con orgullo patriótico hispano, contraponiendo su valor y su justicia a los abusos y cobardías de los romanos. Sin embargo, los pueblos que resistían a Roma eran paganos y desde luego solo podía llamárseles hispani en el sentido de que habitaban en la península. Naturalmente que podemos estimar mucho aquellas resistencias épicas y hacerlas nuestras, como Orosio, pero solo hasta cierto punto. La Reconquista se hizo reivindicando el reino hispanogodo, pero también surgieron invocaciones a los prisci hispani, españoles primigenios, como la inspiración que debía ser más auténtica para la recuperación de España. Era un absurdo, claro está. Ni cultural ni políticamente tenían nada que ver los prisci con los españoles que luchaban contra los moros o los que conocemos hoy: eran pueblos con culturas y lenguas muy diversas y a menudo en lucha entre ellos. Con esa inspiración, la Reconquista habría culminado en una completa balcanización.
¿Cómo es que nadie se ha planteado ese enfoque de nuestra historia? Porque historiadores, y muy buenos, no han faltado en España.
Es verdad que ha habido historiadores excelentes, con trabajos a menudo muy minuciosos y detallados, completamente necesarios al estudioso. Y sin embargo me parece que a casi todos se les han escapado estas evidencias generales. Ya he dicho que a menudo la evidencia es lo último que se ve. Pero observe usted, no ya la historia en general, sino la actual sobre la guerra civil, la mayoría de ella parte de un enfoque simplemente ridículo: el Frente Popular como continuación de la república y defensora de la democracia. Esto, en cuanto a la república, lo acepta casi toda la historiografía, incluida la contraria al Frente Popular, que presenta a este como “el bando republicano”. A menudo los árboles impiden ver el bosque, se hila muy fino en los detalles y se pierde la visión de conjunto, que resulta tosca o falsa. Otro pequeño ejemplo: las discusiones secundarias sobre el si oro enviado a Rusia fue debidamente consumido, o si fue una operación legal y demás. En cambio no leerá usted casi nunca que el oro convirtió a Stalin en el amo, literalmente, del Frente Popular. Y que fue una operación de los socialistas, no de los comunistas españoles. Y esta doble cuestión es absolutamente esencial para entender la guerra, que vista de otro modo se convierte en un galimatías de detalles generalmente bañados en una moralina ideológica bastante turbia. Le pongo estos ejemplos más actuales para que se percate de cómo la historia puede ser expuesta con mucho detalle pero con unos enfoques falsos, que adulteran en gran medida el resto, que a menudo solo es aprovechable como material de desguace.
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Sobre narcisismo y lucha contra la muerte
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**”Lo que noto en sus escritos de Adiós a un tiempo es una casi constante preocupación por la muerte. Y de ahí deduzco que usted quiere superarla dejando huellas de su vida para las generaciones posteriores. Más claro, que quiere usted pervivir en la memoria de algunas personas por lo menos. Que otros vean en usted un modelo un ejemplo. Porque si no es así, ¿para qué contarles sus anécdotas y sus experiencias? A eso lo llamo narcisismo. Y también mentira. La vida real de la gente, del 99% de ella, pasa sin dejar rastro. Bueno, sí un rastro en la memoria de quienes les conocieron, un rastro débil y que va a desapareciendo de una generación a otra. Luego hay otros que dejan un rastro larguísimo, por sus acciones o por sus obras, pero no han escrito nada sobre sí mismos. Por lo tanto, se ven sometidos a lo que digan de ellos los demás. Ahí tiene usted a Stalin o a Picasso o a Cervantes, que ahora les da a muchos por discutir que si era homosexual y todo eso. Pero algunos quieren ser ellos los que juzguen sobre su propia vida, y es un empeño irrisorio, porque digan lo que digan, se presenten como se presenten, otros los conceptuarán de forma distinta. Pasar a la posteridad de una forma determinada por el autor es una gran tontería, ¿no le parece?” Julio González




