**Sería un gran error creer que en España “no puede pasar lo de Venezuela”. No creo que llegue a pasar, pero no porque no pueda, dado el embrutecimiento del votante medio.
**Cita con la Historia: La Inquisición: https://www.youtube.com/watch?v=vCVe8BhXTI4
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(Opinión de un desconocido, llegada por correo a LD)
… Su novela Sonaron gritos y golpes a la puerta es muy entretenida, pero no es solo entretenida. Entra en el catálogo de las novelas importantes porque trata con cierta profundidad el destino humano, cosa hoy día muy rara. El tratamiento del destino parece pesimista, ya que todos los esfuerzos y luchas de los personajes terminan en fracaso: ¿la vida como pasión inútil, según decía Sartre? Pero a pesar de eso la novela no deja una impresión triste o deprimente, más bien deja una impresión de nostalgia: ¿cómo es posible? ¿Como si el valor de la acción fuera superior a su fracaso? Es al revés del título de Shakespeare “Bien está lo que bien acaba”. Aquí diríamos que bien está la acción aunque acabe mal. El trasfondo de Guerra y paz de Tolstoi es cristiano, pero el de su novela me parece un tanto pagano. Lo que más me ha impresionado, por debajo de la acción general, es la doble revelación del padre biológico del protagonista, Alberto, como asesino de su padre social, de su madre y de su hermana, y el encuentro final con el mismo asesino. Y se da cuenta de que tiene muchas afinidades de carácter con aquel asesino a quien en definitiva debe la vida y al que va a causar la muerte. No conozco ninguna novela con un tema semejante, aunque eso no dice mucho porque no soy un gran lector de novelas. Recuerda, bien que muy transformado, el mito de Orestes. La manera de relatar no “destroza el corazón” a pesar de sus escenas tan duras, el protagonista-narrador no quiere provocar sentimentalismos. Hay como una distancia intelectual con lo que se va narrando, pero eso lo hace todo más problemático y desconcertante que si tratase de exaltar los sentimientos de indignación o de compasión. El tema, como casi todos los temas de la novela, está tratado de un modo muy sobrio, incluso esquemático, eso no sé si es bueno o malo. Desfilan muchos personajes, me parecen bien dibujados, aunque con trazos sobrios también, a veces se echa de menos más detenimiento en las escenas. El protagonista parece un joven desconcertado e inseguro, traumatizado y temeroso del amor y que encuentra una salida a sus problemas personales en la violenta acción a que le llevan las circunstancias. Y en su amistad con un gran amigo… el cual termina desencadenando la tragedia. Y sin la inspiración del amigo, Alberto termina hundiéndose en una vida seguramente productiva pero anodina como profesor de filosofía, en compañía de la paciente Carmen hermana de aquel amigo…
T. M. R.
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(En LD, 28-11-2011, Después de aquellas elecciones)
El pasado y el futuro del PSOE
Si la historia del PSOE fuera bien conocida, casi nadie le votaría. Parlotean las izquierdas de un inexistente pacto de silencio, en la transición, para ocultar las fechorías franquistas, cuando la realidad es la inversa. Lo que se ocultó fueron sus méritos, extraordinarios en los últimos cuatro siglos de nuestra historia, mientras que la marca “antifranquista” funcionó como salvoconducto a la mentira y la calumnia más desaforadas. Y se ocultó, sobre todo, el pasado de socialistas, comunistas y separatistas, y ello al punto de que aún hoy, creo, el único estudio conjunto de los nacionalismos vasco y catalán en relación con la evolución histórica de España, sigue siendo mi Una historia chocante. Me han sugerido abordar asimismo la historia del PSOE, pero dejo a otros la tarea. Con todo, he expuesto abundante material al respecto en varios libros, y en El derrumbe de la república me ocupé de las doctrinas políticas que han orientado a unos y otros: dato imprescindible para entender la historia, pero que ha sido desatendido casi sistemáticamente por los historiadores, lo que explica muchos dislates. Algo así hizo Gerald Brenan en su Laberinto español, aunque de forma básicamente errónea.
Como he mostrado en La Transición de cristal, el PSOE, partido insignificante bajo el franquismo, fue convertido en una potencia por el esfuerzo (y el dinero) coordinado de poderes internacionales, medios de prensa y la propia derecha española, a fin de contrarrestar al PCE. Se suponía que el PSOE del posfranquismo ya no era el de la república y la guerra, pese a mantener radicalismos obscenos y reivindicar todo su pasado, incluso la revolución del 34. Y pareció ir en el buen camino cuando, tan tarde como 1979, el PSOE renunció, dicen, al marxismo. Pero no es verdad, lo mantuvo “como instrumento crítico y método de análisis”, y su programa máximo siguió impregnado de marxismo. Además, este no fue sustituido por nuevas ideas coherentes. Peor aún, la renuncia parcial no se fundamentó sobre el necesario examen del pasado, solo fue una operación de maquillaje electoralista.
En La Transición… señalaba: “La cuestión del marxismo en el PSOE es una de las de más calado histórico en la España del siglo XX, aunque la inmensa mayoría de los historiadores apenas le ha prestado atención”. Ese marxismo, aun si elemental y tópico, está en la raíz del impulso perturbador, demagógico y guerracivilista del PSOE, desde la huelga insurreccional del 17 o la insurrección del 34 al rupturismo del 76, culminado por Zapatero desde 2004. Muerto Franco, nunca dejó de constituir una amenaza para la democracia e, insisto, sus semejanzas con la ETA siguen siendo demasiado profundas. Tras el descalabro de las elecciones últimas, al PSOE se le ofrece la oportunidad de una refundación partiendo de la crítica sobre su pasado y de la efectiva sustitución del marxismo por unas ideas clara e inequívocamente democráticas. ¿Aprovechará la oportunidad? Me temo que no, porque, además, se trata de un partido harto corrupto. No obstante, la oportunidad sigue ahí, esperando al Besteiro que la aproveche.
