Antifranquismo contra democracia. La pesadilla totalitaria: https://www.youtube.com/watch?v=5NmnO7rrSSM
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Dice usted que la exhumación de Franco es una declaración de guerra. ¿En qué sentido debe interpretarse?
–Es una declaración de guerra en el sentido de que vacía de contenido la democracia decidida por abrumadora mayoría en 1976 y lo hace atacando precisamente al estadista que la hizo posible. Y que ilegitima a la monarquía y de hecho a la Iglesia. La jerarquía eclesiástica ha perdido la sindéresis, la capacidad moral, hasta el extremo de contribuir al ultraje a quien la salvó del exterminio y colaborar con quienes se sienten herederos de los exterminadores. Se trata, desde luego de un hecho del simbolismo más profundo, pero no meramente simbólico, pues sus efectos políticos son igualmente profundos. La victoria de Franco salvó la unidad de España, la cultura católica y muchas cosas más. El ultraje a su memoria culmina un proceso contrario de disgregación y totalitarismo comenzado hace mucho, pero impulsado especialmente con Zapatero y Rajoy. La declaración de guerra está ahí y debe reconocerse. La gran cuestión es saber si la sociedad será capaz de aceptar el desafío.
¿Propugna usted una insurrección o cosa así?
–Esta gente, PSOE, comunistas y separatistas, nos vuelven a llevar a la guerra civil, como en 1934 y 1936. El proceso puede detenerse de todas formas, en primer lugar reconociendo el hecho, en segundo lugar recobrando la memoria, y en tercer lugar atacando con todos los medios disponibles, por ahora los de la razón y la palabra, a los guerracivilistas. Debe quedar muy claro que algunos, ignoro si muchos o pocos por ahora, no estamos dispuestos a aceptar la disolución de España y de nuestra libertad en función de las aspiraciones cada vez más enloquecidas de PSOE, separatistas y comunistas. Si se da impresión de debilidad en este sentido, el proceso guerracivilista se agravará hasta degenerar probablemente en violencia general.
¿Concretamente?
–Yo no tengo poder para imponer una línea de acción a otros, pero puedo decir lo que vengo haciendo desde hace mucho tiempo, que es la recuperación de la memoria histórica frente a la burla grotesca antidemocrática y antiespañola que es esa ley. Esa recuperación es un elemento fundamental para reaccionar. Los guerracivilistas entendieron muy bien desde el principio la importancia de la memoria para ir falseándola, apenas decidido el referéndum del 76, y socavando la democracia acordada popularmente, al mismo tiempo que la unidad y soberanía de España. La derecha no ha entendido nada por práctica ausencia de sustancia intelectual, es una derecha de señoritos atentos a su bolsillo ante todo, y que creen que el dinero los resuelve todo. Quizá mi papel ha sido el de Casandra, espero que no. En todo caso investigar y defender la historia frente a la falsificación sistemática que venimos sufriendo, y en concreto el significado de Franco y el franquismo, es algo que seguiré haciendo e invito a unirse a esa defensa a cuantos entiendan su importancia. Por otra parte, ha aparecido un fenómeno nuevo que es VOX. Le faltan cosas pero por ahora es nuevo, quiero decir, ya no es la basura política que llevamos soportando desde hace tantos años.
¿Qué debería hacer VOX, en su opinión?
–De momento, algo muy simple: convertir la profanación del Valle de los Caídos y de la tumba de Franco en un eje, quizá no el único pero sí un gran eje de la campaña electoral y después de ella. La fechoría de los guerracivilistas no debe olvidarse en ningún momento. Si finalmente consiguen profanar la tumba debe declararse sin ambages que los restos de Franco deben volver al Valle. No a la Almudena, al Valle. Y que el Doctor y los jueces prevaricadores deben ir a la cárcel. Esto no va a conseguirse fácilmente ni de la noche a la mañana, pero debe ser un punto bien claro e insistido. Porque se trata de un delito gravísimo, y no solo ni principalmente contra el derecho de las familias, sino contra la convivencia en paz y libertad de los españoles. Es preciso también insistir con máxima energía en el carácter criminal del PSOE.
¿Se supone que todos los socialistas son criminales?
–Vamos a ver, es obvio que entre los socialistas los hay decentes y demócratas, cada vez más horrorizados por los rumbos de su partido, como Besteiro en los años 30. Pero es evidente también que son pocos y carecen de poder. Luego está la masa de los socialistas, que generalmente no saben nada de nada, empezando por la historia real de su partido. Simplemente “se sienten socialistas” porque creen que ese partido “representa a los trabajadores” o al “progreso” o a lo que sea. Es preciso que la masa de la población, o al menos una parte muy amplia de ella, entienda lo que es ese partido y la amenaza que siempre ha sido para la paz y la libertad de los españoles. Solo con eso podrían los besteiros neutralizar a los largocaballeros de hoy y civilizar al PSOE. Naturalmente, ello supone la denuncia del PP como auxiliar y cómplice del PSOE y los separatistas. No olvidemos que fue Aznar quien condenó oficialmente el alzamiento de julio que libró a España de tantas desgracias y miserias, incluida una guerra mucho peor, la mundial, a la que aspiraba con todas sus fuerzas el Frente Popular, con idea de salvarse él a costa de un nuevo río de sangre y probable disgregación del país.
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Dice Solzhenitsin que la literatura debe “luchar contra los conceptos equivocados, contra las imágenes falsas, contra el mito, contra la ideología hostil al hombre, luchar por la memoria. Y usted ha citado a George Steiner cuando habla de la literatura como una lucha heroica por introducir el orden en el caos de impresiones de la vida. ¿Coincide usted con esas apreciaciones? ¿Diría usted que sus dos novelas pretenden eso?
–Las palabras de Solzhenitsin creo que se refieren más bien a una labor ensayística o historiográfica, y lo mismo las de Steiner. Sin embargo incluyen la literatura, me refiero a la literatura artística. Pero la incluyen de otro modo. La historia y el ensayo se hacen con la razón, mientras que la novela se hace con otras facultades, el sentimiento y cierto don que suele llamarse inspiración, la voz de las musas. Creo que esto último es muy real, sobre todo en las obras realmente grandes. Si Cervantes o Shakespeare hubieran sabido la repercusión universal e interpretaciones de sus obras seguramente se habrían sorprendido mucho. “¿He querido yo decir todas esas cosas que me atribuyen? ¿Esas ideas a menudo contradictorias están en mis escritos? Pues debe de ser así”.
¿Lo ha buscado usted en sus obras?
–Aquí hay dos aspectos. Tengo la seguridad de que mis libros de historia son mejores que los que se han venido escribiendo en España o sobre España desde hace mucho. Esto es algo que puede probarse con criterios objetivos. Pero para la literatura no hay tales criterios: vienen del sentimiento y se analizan siempre a partir del sentimiento. No puedo decir que mis dos novelas sean mejores que cualesquiera otras, aunque puedo decir que son originales en el sentido de que se distancian mucho de las abundantísimas que hoy se escriben. Pero la originalidad no es por sí sola un valor. La mayoría de las originalidades son solo eso, a menudo cosas estrafalarias. A algunos, El erótico crimen les ha parecido eso, un ejercicio estrafalario. De Sonaron gritos… nadie que yo sepa lo ha dicho. Pero yo no podría valorarla, inevitablemente serán otros quienes lo hagan y realmente no podría contradecirles más allá de mostrarles algunas claves en ella. En cambio con los libros de historia sí puedo contradecir, a los críticos, que prácticamente no los ha habido con un poco de lógica.
Las palabras de Solzhenitsin contra los mitos contrastan con lo que usted ha dicho de ellos.
–Sí. La palabra mito se emplea en doble sentido, como embuste artificiosamente construido con propósitos generalmente ideológicos, o como lo que entendemos al hablar de los mitos religiosos. En este segundo caso, la literatura desciende claramente del mito, y crea nuevos mitos, sobre todo la gran literatura. Maeztu hablaba de los tres grandes mitos literarios del Siglo de oro, la Celestina, el Quijote y Don Juan. Estoy de acuerdo y lo he razonado un poco en Nueva historia de España. Porque la literatura, la gran literatura, tiene mucho de religioso. No obstante, esos mitos literarios no proceden de un trabajo intenso de investigación y cálculo, al modo de los libros de historia o ensayos u obras de pensamiento, como he dicho. El “yo” del escritor resulta en cierto modo disociado de su obra. Alguien me preguntaba si tenía una teoría de la novela. Esto puede servir como esbozo.

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