Los enigmáticos derechos humanos
La expresión “derechos humanos” es digna de consideración. En principio es una redundancia, como la de “persona humana”, pues no hay derechos no humanos. Pero tiene un sentido opuesto al de derecho o ley natural. Los derechos naturales vendrían inmersos en la propia condición humana por designio, por así decir “de fuera”, mientras que los “derechos humanos” serían una convención de la humanidad, una creación puramente humana y cambiable según circunstancias y conveniencias.
Es fácil entender que no es “la Humanidad” la que se concede a sí misma tales o cuales derechos, sino que estos son elaborados por un número ínfimo de humanos e impuestos o garantizados al resto por los aparatos de los estados. Pero este abuso permanente del término “humanidad”, siempre usurpado por algunos, está presente en todas las ideologías. Lógicamente, “la Humanidad”, lógicamente, no puede protestar.
Pero el problema tiene un fondo mayor, digno de estudio y debate: si el derecho o la ley es “natural”, entonces se asemeja a los órganos físicos. Ningún hombre, ni la humanidad entera se da a sí mismo los ojos, el cerebro, las piernas, etc., que lo caracterizan. ¿Quién se los da, y con ellos esos “derechos”? Se los da Dios, dicen unos. Se los da la evolución, dicen otros. Según estos, todo sería el resultado de infinitas variaciones al azar y sin sentido o finalidad. Sin embargo, en la propia palabra “evolución” está contenida la idea de una finalidad.
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Conocer lo que fue el franquismo es esencial para mantener la democracia y la unidad de España:
**Entender la transición: https://www.youtube.com/watch?v=1If68u97b1A
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La gran época de España
Como decía, la gran época de España ha sido analizada en la mayoría de los casos un poco a lo bruto, a menudo desde un enfoque anglosajón o francés, en el fondo denigratorio, o en un estilo nacionalcatólico muy tosco, a base de tercios, conquistadores, cruces, espadas e Inquisición. Ha habido incluso en estos cierta antipatía por la época, ya señalada por Laín Entralgo en relación con le Generación del 98: “Todos juzgan admirativamente, pero sin amor, con evidente desvío, la gloria dominadora y adusta de nuestros dos siglos máximos; todos ven en las ruinas de España la consecuencias de una adhesión terca e imposible a las formas de vida del siglo XVII”. Todo eso me parecen o tonterías o enfoques muy insuficientes y en Nueva historia de España he buscado una orientación distinta.
Aparentemente, usted está más cerca del punto de vista nacionalcatólico, o así lo juzgan muchos.
–Le pondré un ejemplo, un editorial de un periódico de Panplona en 1938, plena guerra civil: “Es necesario este Tribunal rígido de Inquisición. Hoy es la Fiesta del libro. Desde hace años funciona en nuestra España una filial o sucursal de la Editora “Espasa Calpe”. ¿Ha pasado (preguntamos) por algún tamiz el historial y los fondos editoriales de esa casa, anteriores a la guerra? ¿Es posible tener una casa en Madrid, otra en San Sebastián y otra en Buenos Aires? ¡Los triángulos nos escaman demasiado! Y vamos a precisar más, porque el escándalo es intolerable. Hoy en los escaparates de todas las librerías se expone la “Colección austral” de “Espasa Calpe”. Tiene mucho que purgar y rectificar esta Editora. Pues bien: sin enterarse por lo visto del nuevo espíritu de España nos presenta títulos como estos: Discurso del Método de Descartes, condenado por la Iglesia, en el Índice, “El matrimonio de Compañía”, de Lindsay y Evan. De Ortega y Gasset (¡cómo no!) su Rebelión de las masas y Tema de nuestro tiempo. El estúpido payaso Ramón Gómez de la Serna, Russell, y Thomas Mann…”. Imagine que el franquismo hubiera sido eso, como sus enemigos intentan hacer creer apoyándose en burradas de ese estilo. Pero muchos, incluso que se declaran franquista, también creen que fue así, y que si las cosas salieron mal fue por no haber sido lo bastante inquisitorial y represor de Descartes, Thomas Mann, Ortega y demás. Lo cual habría tenido algún sentido si, simultáneamente, aquellos nacionalcatólicos hubieran creado una gran cultura propia, capaz de rivalizar. Pero no hubo más que mediocridades.
¿No nos desviamos del tema?
–No mucho, porque el franquismo trató de inspirarse en el Siglo de oro, y fue una experiencia muy interesante y poco o mal analizada. Pero, afortunadamente, aunque fue un tanto nacionalcatólico en política –matizado por la Falange, el liberalismo monárquico y cierto catolicismo más liberal—apenas lo fue en la cultura, a pesar de una censura más patética que efectiva. Lo mismo pasa con el Siglo de oro.
¿No se contradice Laín al denunciar el poco amor de los del 98 por la “gloria dominadora y adusta” de los dos siglos de oro? ¿Cómo se puede amar una dominación adusta?
–Es verdad. Es un contrasentido. Que proviene también de un mal enfoque. A España le pesa aquella época por las malas comprensiones o por ciertas pomposidades y metáforas como la de García Morente cuando habla de la conquista y civilización de América como “un rasgo que brota de lo más profundo del alma española”, “un parto de una madre llena de fecundidad vital” “Un impulso hacia fuera, que la lleva a extraverterse, como Don Quijote, en donde la llaman y donde no la llaman”. Esta mitología barata del Quijote y esa especie de exaltaciones místicas es cierto que me repelen, una cuestión meramente subjetiva, pero es que tienen poco que ver –algo quizá sí, pero muy poco—con la verdad. No son análisis mínimamente serios. Equivalen en cierto modo a las exaltaciones místicas por “Europa”, sobre la que no hacían el menor estudio solvente. Si esa fuera “el alma española”, ¿por qué no siguió siendo así y vino la decadencia? ¿Por qué los que sueltan esas tiradas grandilocuentes son en la práctica real casi todo lo contrario de lo que pregonan, es decir, gente más bien funcionarial y timorata?
¿Niega usted la importancia de los tercios, conquistadores, cruces, espadas, el Quijote, la Inquisición y demás?
–Si usted lee Nueva historia de España , verá que no es así. Les doy una gran importancia. Lo que niego es esa mística de baratillo en torno a ellos. Fueron muy importantes, por cierto, pero se apoyaban en otras cosas, por ejemplo en una gran libertad cultural, en un gran pensamiento político y teológico, en el gran número de estudiantes de enseñanza superior, mayor que en el resto de Europa, en una capacidad organizativa realmente asombrosa, desde los tercios a la administración y comunicación de un enorme imperio transoceánico, en la prosperidad de gran parte del país durante largo tiempo, que suele negarse, en esos aspectos que dejan de lado tanto los místicos como los denigradores. Si se olvida esta parte, no se entiende lo demás. Los descubridores y conquistadores o los capitanes de los tercios, por ejemplo, o la intensa vida cultural, no salían de una sociedad aherrojada por la ignorancia y la opresión y sumida en la miseria, como suele exponerse, de acuerdo a menudo con “explicaciones” de origen anglosajón o francés; ni fue la conquista y civilización de América un genocidio propio de gente brutal, codiciosa, supersticiosa e ignorante, como pretende la leyenda negra.
Pero ¿no es el Quijote una exposición, una metáfora si usted quiere, del esfuerzo español de aquellos tiempos como una especie de locura? ¿Y no fue la Inquisición la que aplastó el pensamiento libre y provocó finalmente la decadencia y el atraso con respecto a los países punteros de Europa?
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El voto consecuente
**Si quiere ud. que sigan mandando los partidos que vienen impulsando y financiando los separatismos, y perjudicando la lengua española, también en beneficio del inglés, puede ud. votar indistintamente a PP y PSOE.
** Si le parece bien que desde el poder se nos dicte lo que debemos creer sobre la historia de la guerra civil, el franquismo o la de España en general, lo lógico para ud será votar a PP, PSOE, C´s o Podemas. Cualquiera de ellos le vale
** Si cree ud. conveniente que adoctrinen a los niños en homosexualidad y similares, puede elegir entre PP, PSOE, Podemas y C´s: todos están de acuerdo.
** Si está ud de acuerdo en promocionar una inmigración salvaje que rebaje los sueldos y nos imponga costumbres y comportamientos ajenos, tiene donde elegir: PSOE, PP, Podemas o C´s.
**Si ud cree que conviene al país entregar su soberanía a la burocracia de Bruselas y disolver su cultura en un magma multicultural con el inglés como lengua superior, puede elegir, nuevamente, entre C´s, Podemas, PP y PSOE.
**Si ud está a favor de la unidad de España, de su soberanía, de su cultura, de la familia y la división natural hombre/mujer, de una enseñanza no ideologizada, de las libertades de expresión y cátedra… entonces parece más razonable votar a VOX.
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La profanación de la tumba de Franco y del Valle de los Caídos, pretendida por el gobierno de un estafador y los separatistas contra el estado de derecho mediante una ley totalitaria de “memoria histórica”, es un ultraje político de tal calibre a la democracia, la historia y la identidad de España, que su denuncia debe ser uno de los ejes principales, si no el principal, de la campaña electoral en curso. Ninguna otra cuestión tiene actualmente más relevancia. Es preciso situar en el centro de la política la regeneración democrática, y si VOX acierta a encabezarla, será posible detener el acelerado proceso de destrucción de la libertad, el estado de derecho y de la propia nación. No debe repararse en esfuerzos para conseguirlo.
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