Ceuta y la putrefacción de un régimen
**El episodio de Ceuta, fraguado entre Rabat y el gobierno español, es el más grave hasta ahora de la putrefacción del régimen del 78. Esta putrefacción se desarrolla en un contexto más amplio y similar en la UE, la OTAN, y de crisis de la democracia. Esta es la tercera gran crisis, después de las dos guerras mundiales, que he querido analizar en El franquismo ayer y hoy, las dos Españas y las crisis europeas
** El monarca que firmó la amnistía golpista pasa de unas alegres vacaciones mientras invaden territorio español, a reivindicar el papel de España en la fundación de Usa. Usa, que protege a Marruecos y considera, a través de la OTAN, que Ceuta y Melilla no son ciudades españolas.
**VOX es el único partido que está denunciando la invasión de Ceuta como lo que es, y promoviendo la movilización. El PP no es que quiera la entrega de Ceuta y Melilla a Marruecos, pero en el fondo no le importa mucho, después de que la OTAN las desprotegiese.
**En cuanto a las simpatías de VOX por Netanyahu, era natural que, después de la incursión de Hamás hace tres años, se adhiriese a él por la defensa de Israel. Pero esa adhesión no puede sostenerse ante las actividades genocidas de Israel en Gaza, etc., y de su obsesión por destruir Irán y desencadenar nuevas guerras con Turquía y Egipto. En cuanto al apego a Trump, estaba justificado en su primer mandato, cuando rechazó las ideologías woke y evitó nuevas guerras. Su segundo mandato está siendo desastroso.
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Sionismo y judaísmo (I)
Netanyahu ha arrastrado a Trump a la guerra de Irán con la esperanza de lograr en tres días, máximo tres semanas, lo que eufemísitcamente llamaban “cambiar el régimen de Teherán”. El inesperable efecto ha sido poner a Usa cerca de su expulsión de Oriente Próximo y a Israel en el mayor peligro desde su fundación. Pero además ha empujado el mundo entero al borde de una gran crisis económica y de alimentos. Mientras se plantea una posible escalada a guerra nuclear. En este sentido, el sionismo de Netanyahu se ha convertido en una amenaza global. Por lo tanto importa examinarlo, como tal amenaza y en relación con el judaísmo en general.
El judaísmo no es políticamente homogéneo, y dentro de él el sionismo es solo una corriente históricamente muy poco antigua. No obstante, el sionismo se ha convertido en la tendencia principal, pues aunque hay minorías judías que lo rechazan como doctrina, la gran mayoría lo apoya con mayor o menor ilusión, por ver la eventual destrucción de Israel como una probable catástrofe genocida. A su vez, en el sionismo hay varias tendencias y versiones, pero no abordaremos ahora el tema, sino el tronco judaico del que procede.
Después de su expulsión de Israel por los romanos (o por sus propias culpas según la interpretación teológica hebrea), la historia de los judíos parece desafiar la lógica. Se vieron reducidos luego en el mundo cristiano y en el islam a pequeñas minorías, generalmente marginadas y despreciadas, bastantes veces perseguidas sangrientamente hasta la más reciente de la Alemania nazi, obligados a soportar leyes ajenas y asimilarse parcialmente a las culturas en que vivían. Por ello deberían haber desaparecido por asimilación total o decadencia como ha ocurrido en estos dos mil años con numerosos pueblos otrora poderosos, empezando por el romano.
Menos esperable aún es que esas pequeñas minorías hayan influido de modo tan desproporcionado en las culturas que las acogían y rechazaban a un tiempo. En la cultura occidental el número de pensadores, científicos y artistas judíos, incluso a veces políticos, no guarda relación con su tamaño demográfico. Otro aspecto de su actividad ha sido la subversión y degradación de los valores considerados generalmente cristianos, en la cual encontramos asimismo muchos judíos. Einstein y Epstein podrían verse como la cara y la cruz de esa influencia. También han destacado por su manejo del dinero mediante el comercio y la usura. Habilidad originada probablemente en la propia dispersión de gupos judíos por toda Europa y el Mediterráneo, que facilitaba la creación de redes comerciales.
¿En qué radica entonces esa capacidad judaica de sobrevivir en las circunstancias menos favorables e influir en la cultura occidental? A mi juicio, en su propia religión, en la que, aparte ritos y liturgias de aire un tanto obsesivo, destacan cuatro puntos esenciales: el Dios creador y único, heredado por el cristianismo; la autovaloración como el pueblo elegido por Yavé; la Tierra Prometida; y el Mesías. Todo ello concentrado en un relato, la Biblia, que sería la propia palabra de Dios. Cada uno de estos puntos exige al menos un breve esbozo.
La idea de un dios único y creador no parece haber existido en al ámbito cultural en que fue tomando forma la doctrina hebrea. Los dioses de los pueblos de su vasto entorno eran numerosos, aunque generalmente hubiera alguno por encima de los demás, u otro venerado como especialmente protector del pueblo. Los dioses eran los ordenadores del mundo, pero no sus creadores.
El dios de Israel, Yavé para resumir, era radicalmente exclusivista y celoso, y ordenaba a sus creyentes destruir toda creencia y representación de otros dioses, considerando la transgresión de esa orden motivo para los más duros castigos. Yavé protegía a los judíos, pero, pero estos, “pueblo de dura cerviz”, prevaricaban con frecuencia, y Yavé los golpeaba severamente con derrotas militares, destierros, luchas internas o pésimas muertes particulares. De modo que en la historia narrada por la Biblia son probablemente más abundantes los castigos que las recompensas.
Yavé exigía a sus creyentes una fe y amor absolutos, por encima de cualquier circunstancia o avatar desastroso o favorable de la vida, y esa fe es sin duda una de las causas de su extraordinaria resistencia. Claro que siempre hubo judíos ateos o descreídos (“piensa el necio en su corazón: no hay Dios”) y de conducta nada conforme a los mandamientos divinos, pero a pesar de ello y de sus desarrollos masivos en el siglo XX (el ateísmo marxista en particular), las ideas religiosas conformaban actitudes culturales y modos de pensar característicos.
