**El nivel intelectual, moral y democrático de la universidad española se puede calibrar por su aceptación, entusiasta en unos casos y torpemente resignada en otros, de la ley de memoria histórica. Un nivel infame.
** Hago un llamamiento a todas las personas que amen la libertad y la verdad para una movilización que derogue la ley de tipo norcoreano llamada de memoria histórica. La democracia y la universidad no pueden tolerar una ley así.
**Preston, Viñas, Moradiellos, el Doctor y tantos más admiran a Negrín. ¿Lo admiran a pesar de haber prolongado innecesariamente la guerra, con propósito de enlazarla con la mucho más sangrienta guerra mundial? No. Le admiran precisamente por eso.
**Negrín disfruta de la admiración de Preston, Viñas, Juliá, Moradiellos, el Doctor y cia. ¿Lo admiran a pesar de que fue el mayor ladrón de bienes privados y públicos en varios siglos de España? No. Le admiran justamente por eso.
**Negrín redujo al Frente Popular a satélite de Stalin, al enviar ilegalmente el oro español a Rusia. ¿Le admiran a pesar de eso Preston, Viñas, el Doctor y tantos ilustres próceres más? No: le admiran por eso, exactamente.
** Bajo el poder de Negrín, la economía acabó de desarticularse y la zona del Frente Popular sufrió un hambre atroz. Por eso le admiran los Preston, Viñas, el Doctor y tutti quanti. En esas estamos.
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Estoy leyendo el libro del historiador portugués José Luís Andrade Revoluçao! Das internacionais às ditaduras militares: Portugal e Espanha ( 1864-1926), al que sigue Ditadura ou revoluçao? A verdadeira história do dilema ibérico nos anos decisivos de 1926-1936. Los dos forman un ensayo historiográfico de gran valor, en la línea de recuperar la historia real frente al alud de lo que Julián Marías llamaba “profesionalización de la mentira”, que sufren las sociedades europeas y quizá más marcadamente España y Portugal. Ya iré comentando algunos aspectos, pero me interesa ahora uno de ellos, el de la intervención portuguesa en la I Guerra Mundial.
Como se recordará, hubo entonces una especie de guerra interna en España, afortunadamente solo de tinta y papel, entre los germanófilos y los aliadófilos, y el país, casi por milagro permaneció neutral. En realidad a España le era difícil entrar al lado de Alemania, que entonces era otra nación liberal, pero menos difícil hacerlo al lado de Francia e Inglaterra. Así que, lógicamente, los más belicistas eran los aliadófilos, desde Azaña a Ortega, pasando por Romanones, que si se resignaron a la neutralidad fue con el argumento, de estupidez supina, de la “impotencia de España”. Por lo visto Portugal era un país más potente, porque envió tropas que sirvieron de carne de cañón a Inglaterra y Francia (otros países igual de potentes entraron en la contienda, por cierto).
Todavía hoy escuchamos “análisis” en el mismo sentido, lamentando no haber participado, porque, dicen, de haberlo hecho se habría logrado un gran consenso nacional contra los separatismos y otras tendencias amenazantes. La realidad de tales análisis, entre frívolos y sanguinarios, la revela el caso portugués. La mayoría de la población estaba en contra de una aventura en que a Portugal no se le perdía nada, pero diversas camarillas del gobierno querían participar para provocar un “movimiento patriótico” que reforzase una república distinguida por su corrupción y demagogia, e incluso “ahogase en sangre” a los “reaccionarios”. Inglaterra vacilaba porque temía que la intervención lusa provocara otra de sentido contrario en España, a la cual, al parecer, Alemania había prometido vía libre para anexionarse Portugal y recobrar Gibraltar. Londres quería solo que Portugal no se declarase neutral en espera de alguna ocasión de beligerancia. La ocasión llegó, sin embargo, a finales de 1915 cuando los ingleses sugirieron a Lisboa que se incautase de 70 u 80 mercantes alemanes y austríacos en puertos portugueses. Los belicistas portugueses, encabezados por Afonso Costa, aprovecharon la oportunidad a principios de 1916 y Alemania declaró la guerra a Portugal. Costa y los suyos enviaron al frente de Flandes a más de 50.000 soldados, entre el descontento popular. Al año siguiente, el neutralista Sidonio País subió al poder mediante un golpe de estado, pero ya no pudo enmendar la situación. En lugar de aquel “patriotismo” artificialmente provocado en una “unión sagrada”, lo que hubo fue una división creciente, País fue asesinado a finales de 1918, y el país entró en un período convulso que solo concluiría en 1926 con el derrocamiento de aquella república demagógica.
Fernando Pessoa, el más importante escritor portugués del siglo XX, diagnosticó: “Qué diablos de independencia nacional tiene un desgraciado país que es internacionalmente un feudo de Inglaterra , y nacionalmente un feudo del antiportugués Afonso Costa. Un Portugal donde internacionalmente solo se puede ser inglés; donde nacionalmente solo se puede ser francés”. Y rechazó los argumentos en que se quiso justificar la intervención: “Dejemos el asunto y esos “derechos” y “justicias” a los que forzaron a los chinos al comercio del opio, estrangularon a bebés irlandeses con los cabellos de sus madres o dejaron morir a las mujeres bóers en los campos de concentración del Transvaal”. A Costa lo pintaría Pessoa como “el perfecto salteador político (…) uno de los mayores bandidos que hayan aparecido en la política lusitana” (¿no recuerda al Doctor?). Otro militar republicano, Machado Santos, lo retrataba como “el más audaz, el más inepto y el más inmoral de todos los tiranos” (Parecía estar hablando de Negrín).
En España, Romanones, uno de los personajes más nefastos de la Restauración y gran ayuda para la expulsión de la monarquía en 1931, estuvo a punto de meter a España en la guerra, al lado de Francia e Inglaterra, por medio del hecho consumado aprovechando las vacaciones parlamentarias. Le disuadió Alcalá-Zamora haciéndole ver los enormes peligros de semejante decisión. En 1917 España sufrió una huelga revolucionaria por parte del PSOE, los republicanos, anarquistas y varios separatistas: se sospechó que buscaba solapadamente comprometer a España en la guerra.
España hizo un gran negocio con la neutralidad. Ciertamente, ello no impidió la descomposición del régimen, pero no cabe duda de que la intervención habría empeorado y hecho más violentas todas las divisiones internas, las cuales no habrían dejado de ser explotadas por los beligerantes.
Cabe recordar, finalmente, que el caso de Portugal no fue único. Italia sufrió las consecuencias de ponerse a las órdenes de Francia e Inglaterra, y mucho peor fue aún el caso de Grecia.
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En “Una hora con la Historia”: El único elemento que unía a los cuatro partidos o familias del franquismo fue el catolicismo, y por ello se declaró católico. Y al final la Iglesia resultó ser el adversario más demoledor del franquismo. https://www.youtube.com/watch?v=G_w97VLaW78
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Azares de la Reconquista

En su libro sobre la Reconquista, usted plantea que la misma reconstruyó España, no que la construyó, como sostienen otros.
–Hay dos puntos radicalmente claves: uno es la romanización, seguida de la cristianización, que creó en la península una cultura bastante homogénea. El otro es el estado hispanogodo a partir de Leovigildo. Es decir, existía una cultura y un estado, es decir, una nación, que fueron destruidos por la invasión islámica. Si prescindimos de ello, no entenderemos nada. Para Américo Castro y sus seguidores, resulta que Séneca o los godos no tenían nada de españoles, y en cambio los árabes y los judíos sí. A pesar de que Séneca y demás hablaban la lengua de la que desciende el español, la inmensa mayoría se declara o declaraba cristiana, y España había vuelto a existir como nación. A ese nivel ha llegado la tontería historiográfica. Porque negar la evidencia es signo de tontería más que de otra cosa.
Pero también es verdad que España, sean cuales sean sus raíces, en definitiva, no existe hasta el siglo XVI, con la incorporación de Navarra. Antes era un conglomerado de estados, hasta cinco, y uno permaneció como Portugal.
–Esa es una interpretación falsa. Políticamente es verdad que la reunificación no fue completa y que, en lo que hoy tenemos, data de principios del XVI. Pero esa política se apoyaba en una cultura y tradición que, como digo, data de Roma, de Jerusalén y de Toledo. Sin el reino hispanogótico no habría habido resistencia al islam, no habría habido conciencia de España, y hoy la península sería un estados islámico. La reunificación mayoritaria y que estuvo muy cerca de lograrse por completo, fue posible porque aquellos precedentes, romanización y estado, eran tan fuertes que lo inspiraron y consiguieron. La secesión de Portugal fue obra precisamente de factores en buena medida externos: la influencia de Borgoña y del Papado, y posteriormente de Inglaterra.
¿Cabría deducir de su punto de vista que la Reconquista está por concluir mientras no se integre Portugal?
–No lo creo. La independencia de Portugal es un hecho consumado y muy asentado, no tiene vuelta atrás, y creo que casi nadie en España piensa de otro modo. Azaña tuvo algunas tentaciones anexionistas, que fueron un disparate. Ya tenemos bastantes problemas con los actuales separatismos, o más propiamente con la colaboración de los gobiernos con los separatismos, para buscarnos otros nuevos.
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![Adiós a un tiempo: Recuerdos sueltos, relatos de viajes y poemas de [Moa, Pío]](https://images-eu.ssl-images-amazon.com/images/I/41x%2B9j5cNIL.jpg)

