**En los mitos el agua, o alternativamente el fuego, es símbolo de purificación. El diluvio purifica la tierra de los pecados humanos, y es común a muy diversas culturas. El bautismo, símbolo de purificación, “Yo os bautizo con agua, pero el que vendrá después de mí os bautizará con fuego” (Juan el bautista). “He venido a traer el fuego a la tierra”, dice Jesús. Lavar los pies, que a su vez son el símbolo del alma, es otro ejemplo.
** Los dioses griegos no eran eternos, tenían un principio y no habían creado el mundo sino que surgían de él, del caos. Simbolizaban el orden y sentido de la vida. El mito de Prometeo tiene gran semejanza de fondo con el del paraíso: el hombre se burla de los dioses (desobedece, en el Génesis), y su castigo va implícito en su elección.
Hay una diferencia importante y significativa entre el mito judío y el griego. En el griego, los dioses no crean al mundo. En el mito judío, Dios crea el mundo y le da sentido. Es el logos, como dice el Evangelio de San Juan. El logos es el sentido. Esta es una interpretación ya griega, pero parece coherente con el mito judío.
Ahora bien, el “logos” del Dios judío tiene muy poco que ver con el logos griego. Yavé es arbitrario: elige por las buenas a un pueblo entre todos, un pueblo que le desobedece cada dos por tres y al que castiga terriblemente con derrotas, destrucciones, destierros y diásporas. Y al que unas veces ordena unas cosas y otras las contrarias. La fe, en definitiva, consiste en creer que todo, a pesar de tales avatares, tiene un sentido. El cristianismo, inevitablemente, se apoya en la inmortalidad del alma y en el juicio que se restablecerá la justicia, tan echada a perder en el mundo terrenal. Hay en él un fondo de optimismo.
El Dios judío es arbitrario, y Jesús también lo era. Lo que puede interpretarse de muchos modos, puesto que, en definitiva, los designios de Dios escapan a las capacidades racionales humanas (algo así explica Dios a Job). Si no fuera así no haría falta la fe.
De este modo, en el mito griego, como en los mitos germánicos, hay un pesimismo de fondo: si los dioses no crean el mundo, este, con su sinsentido terminará imponiéndose. Es lo que viene a decir cierta célebre “oración” de Bertrand Russell que hemos comentado en otras ocasiones y que criticaba Ramiro de Maeztu, quizá de manera insuficiente.
**Dostoyevski decía que si Dios no existe, todo está permitido. Pero también cabe sostener lo contrario: que si Dios existe todo está permitido, pues en el mundo real vemos todo tipo de actos que nos causan un horror instintivo y que no podrían ocurrir sin permiso divino.
**Se puede sustituir el concepto de Dios por el de naturaleza o materia, como hacen los panteístas y los ateos en general. Esto trae al menos un problema: a Dios se le puede rogar, adorar, etc. A la naturaleza no. Y la moral desaparece porque en definitiva, como explica Spinoza, el mal es solo una apariencia a nuestros ojos limitados, pero que planteada “sub specie aeternitatis” carece de sentido. El creyente considera que por encima de los mil avatares y contradicciones de la vida Dios vela por nosotros y da sentido. El ateo ha de llegar a la conclusión de que la vida es “una pasión inútil” y el ser humano un animal más, con muchas peculiaridades que no cambian nada esencial.
**El hombre puede rogar a Dios en las enormes angustias y dificultades que llega a encontrar en su vida. Pero rogar a la naturaleza, o a la materia, parece un disparate ya de entrada.
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Este sábado trataremos en “Una hora con la Historia” el tema de la Inquisición. En el anterior: el reinado de Enrique IV de Castilla fue un tiempo de descomposición política y social que auguraba el naufragio de la Reconquista en una “balcanización” peninsular con cuatro reinos cristianos y uno musulmán, todos hostiles entre sí e impotentes, expuestos a servir de satélites a potencias exteriores. Contra todo pronóstico, la situación fue superada por los Reyes Católicos, y España se convirtió en pocos años en una potencia mundial: https://www.youtube.com/watch?v=sSUGg1Hn9eQ
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**En el caso de Rusia importa tener esto en cuenta: la guerra exigió tan terribles sacrificios que solo un líder tan despiadado como Stalin podía haberlos impuesto y salir victorioso. Creo que casi cualquier otro habría desfallecido. Y Stalin no solo hizo eso, sino también un servicio invalorable a Inglaterra y Usa, y a la Europa occidental, pues sin aquellos tremendos sacrificios el desembarco en Normandía habría sido imposible. Como recuerdo y hay que recordar, el único país libre de esas deudas con Usa y con Stalin es España.
**Los soviéticos siempre sospecharon que los anglosajones retrasaban cuanto podían el segundo frente con el fin de que Rusia se desangrase lo más posible. Como decía Churchill, ayudar a Rusia es la mejor inversión (siempre el cálculo en términos de inversiones). La guerra se desarrolló realmente en Rusia en un 80% o más.
**Sin un líder tan despiadado como Stalin no habría sido posible derrotar a Alemania arrostrando sacrificios terroríficos, y por tanto le deben agradecimiento también los anglosajones porque les permitió librar una guerra con pocas bajas propias, y las democracias occidentales porque sin las victorias rusas no habría sido posible el desembarco en Normandía. Este es un hecho evidente. No constituye una justificación, pero atañe al tema que venimos tratando, el del bien y el mal, siempre mezclados y en transformación: sus dificultades y su carácter moralmente atormentador.
**Sobre la moral y la culpa: en una película de la serie de Montalbano, un anciano mafioso, autor de muchos crímenes, dice algo así como esto: “Ya me arrepentiré ante Dios, y ojalá tarde; pero ante los hombres nunca” (cito de memoria). Por esto: ¿cómo puedo sentirme culpable ante otros que en definitiva son como yo? He aquí un problema grave que refiere al origen extrahumano de la moral.
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