Este sábado recomenzaremos “Una hora con la historia” en “Decisión Radio (102.1 para Madrid, y en youtube), analizando críticamente las fuertes divisiones internas del franquismo en el verano-otoño de 1942, ante la evolución de la guerra mundial, que aún ofrecía posibilidades de victoria a Alemania. España estaba en una verdadera encrucijada.
La interrupción de los programas durante agosto ha hecho pensar a bastantes oyentes que el programa dejaba de existir, y por lo tanto las aportaciones de las que depende la continuidad del mismo han bajado, volviéndonos a una situación difícil, de la que a decir verdad nunca acabamos de salir. Por eso insistimos en el programa de 300 por 10, trescientos nuevos suscriptores que aporten 10 euros mensuales a Una hora con la Historia. Que no es un chiringuito financiado con dinero público, como tantos.
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Sobre la aventura
(De tertulia)–Cuando decía lo de ameno no quería decir el puro entretenimiento. El Quijote es una de las más grandes novelas que se han escrito, y es muy amena.
–Claro, cae de su peso. Veo en tu blog que te interesa mucho Pío Baroja, sobre todo como persona, porque como novelista… Me quedó grabada la expresión de Josep Pla: “Sus novelas son ridículas. No conoce los trucos ni las astucias ni las maneras escandalosas que tienen los novelistas de componer novelas. Sus novelas no tienen el menor interés”. Es curioso, porque Pla lo admiraba como memorialista y descriptor de paisajes y gentes.
–Sí, lo admiraba mucha gente, desde Hemingway al propio Cela, siendo tan distintos. Baroja era muy sensible, tenía espíritu de artista y no soportaba el ambiente que le tocó vivir, mezquino, romo, pretencioso, tosco en una palabra; es decir, chabacano lleno de cuquería y necedad. Pero, pese a lo que diga Pla, fue el mejor novelista español del siglo XX, junto con el primer Cela, diría yo. Pla despreciaba a los novelistas.
–¿Pero era realmente el ambiente social e intelectual tal como Baroja lo describe? No vivió en una gran época cultural, en lo que Mainer llama “la edad de plata de la literatura española”?
–¡Joder, era el ambiente sórdido entonces y lo es ahora! Solo que ahora con más dinero. Ya no hay bohemia, aquellos escritores que vivían en los cafés y en las buhardillas, solo interesados en la literatura. Ahora se interesan en el marketing.
–Baroja tenía mala opinión de la mayoría de los escritores y artistas contemporáneos suyos, y lo dice sin remilgos. Desde Unamuno o Galdós o Blasco Ibáñez a los bohemios. También creía que el nivel literario había descendido mucho en el siglo XX con respecto a gigantes del XIX, como Dickens, Stendhal, Dostoievski, Tolstoi, Balzac, Verlaine… El otro día cité en el blog su opinión sobre los bohemios…: “Al pensar en muchos de aquellos tipos que pasaron al lado de uno con sus sueños, con sus preocupaciones, con sus extravagancias, la mayoría tontos y alocados, pero algunos, pocos, inteligentes y nobles, siente uno en el fondo del alma un sentimiento confuso de horror y de tristeza”.
–Se ve que era muy sensible a los rasgos menos agradables de la vida. También eso de su vida sin aventuras, por el camino trillado y mediocre. En la guerra civil tuvo ocasión de aventura, pero le pilló ya viejo. Y llevar una vida mediocre, sin grandes alteraciones y en un medio vulgarote, muchos lo envidiarían, en realidad es el ideal de casi todos, y dejar las emociones fuertes para las películas. Casi nadie desea lo de Rusia y tal, en tu relato el de los años de hierro. Baroja habría querido ser un hombre de acción, por eso tituló lo de Aviraneta Memorias de un hombre de acción, y escribió varias novelas de aventuras. No serán grandes novelas, pero en la literatura española hay más picaresca que aventura, y Baroja, por lo menos, lo intentó y algo bueno hizo.
–¿Qué es la aventura? La vida está llena de ellas, porque se orienta o se tuerce por cualquier azar. ¿La aventura es buscar el azar, quizá, en vez de contentarse con el que ya la vida nos trae por sí sola? En tu novela Sonaron gritos etc., creo que Alberto busca el azar, el peligro de muerte y rechaza la vida tranquila pero mediocre que le ofrece Carmen. ¿Por qué busca ese peligro y se mete en unos berenjenales que habría podido evitar? ¿Cómo se entiende?
–Yo creo que no se entiende, solamente es una realidad, hay hombres así. Los hay. O los ha habido, sobre todo cuando la sociedad se desmorona. ¿Por qué? ¿Y por qué hay lo contrario, casi todo el mundo prefiere el camino trillado y mediocre? A Baroja le causa pesar esa mediocridad, esa tosquedad que sin embargo no impide vivir a la mayoría, aunque sea algo apagadamente.
–¿Cómo se entiende? Se entiende por esa inquietud elemental de la vida, como una salida a la angustia esencial y como un escape al camino trillado, que es lo que la mayoría quiere, y gracias a eso la sociedad funciona, pero que a alguna gente le causa horror y tristeza. Alberto solo se somete a la trivialidad, a Carmen, diríamos, cuando recibe aquel choque…
–¿Como si dijéramos, cuando comprende que los dos bandos de la guerra civil eran esencialmente iguales?
–No, nada que ver. Eso volvería la novela muy tópica, de ideología barata. Es otra cosa.
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**”Demuestran la conexión rusa con el separatismo catalán” ¿Y la conexión alemana, belga, useña, etc.? esta es la realmente importante, porque se trata de nuestros “aliados”. En cambio los pandilleros del PP y el PSOE llevan años provocando a Rusia por cuenta de esos y otros “aliados”. Normal que los rusos se muestren poco amistosos.
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Galería de charlatanes (XL) El silencio miedoso y encabronado
Javier Cercas no pretende ser historiador, sino novelista, pero con una capacidad sorprendente para condensar todas las falsedades del clan de la memoria histórica. Por eso lo traigo aquí. Sobre su calidad literaria ha escrito el crítico Íñigo Lomana un artículo recomendable.
(En LD, 20-12-2005: “Informando a Cercas”)
Recientemente han publicado los escritores Javier Cercas y Jordi Gracia sendos artículos en El País en los que se nos alude directa o indirectamente, a César Vidal y a mí. Yo habría mandado una réplica al periódico de marras, si no fuera porque ya tengo experiencia de cómo las gastan los “demócratas” que mandan o mangonean en esa publicación. Por consiguiente no perderé el tiempo y contestaré aquí.
El señor Cercas empieza hablando de un “pacto de silencio” –o más bien de “aparcamiento”, aclara–, en torno a la guerra y el franquismo, un pacto injusto, aunque necesario para la Transición; y que va siendo hora de superar, nos urge el señor Cercas. Bueno, para su satisfacción le informaré de que el injusto pacto ya está superado, pues nunca existió. Si tiene alguna duda, eche un vistazo a la enorme bibliografía generada en estos años sobre tales temas. El asunto es muy otro: la izquierda y los separatistas pretenden hacer ahora un “juicio político” al franquismo, idea excelente si por tal cosa entendemos establecer un balance histórico basado en los hechos.
¿Quieren eso el señor Cercas y sus amigos? No estoy muy seguro, porque al enjuiciar al franquismo también resultarán inevitablemente procesados sus jueces, y eso, sospecho, les hará poca gracia. Como observé ante el mismo designio expuesto por el admirable enterrador de Montesquieu, don Alfonso Guerra, la consideración del franquismo incluirá necesariamente la del PSOE, organizador de la guerra civil, del expolio masivo de bienes públicos y privados durante la guerra, de la entrega de las reservas financieras españolas a Stalin y de una corrupción salvaje en torno al suministro de armas, entre otras cosas. Un partido que, vuelto al poder en 1982, ha honrado a España con una nueva oleada de corrupción rampante, terrorismo de estado, ataques a la libertad de expresión y a la independencia judicial, etc. Todo lo cual, bien expuesto a la luz, ayudará sin duda a los españoles a entender en profundidad la república, la guerra y el franquismo. No parece el señor Cercas muy al corriente de estos detalles, pero puede informarse al respecto, si quiere, pues existe ya bastante bibliografía veraz y documentada. Entre otros, mis libros, perdón por la inmodestia, le serían de gran ayuda.
Sigue nuestro pedagogo: “Ganó Franco, quien impuso un régimen sin libertades, injusto e ilegítimo, que fue una prolongación de la guerra por otros medios y duró 40 años. Eso es todo. Claro, es un relato simple, incluso simplista, pero ni una sola de las palabras que lo integran es, me parece, falsa, ni traiciona la verdad de la historia”. De nuevo el señor Cercas se manifiesta tan optimista como mal informado. Se ajustaría más a los hechos si dijera: “Ninguno de los bandos defendió, por tanto, la democracia. Franco ganó la guerra e impuso un régimen autoritario, muy preferible en todo caso a las opciones totalitarias y disgregadoras de sus enemigos”.
Y concluye el adoctrinador: “Políticamente no hay dudas: los buenos -los que tenían la razón política- perdieron la guerra; los malos -los que no tenían la razón política- la ganaron”. De lo cual deducimos que el conglomerado de marxistas revolucionarios, anarquistas, separatistas de Companys, golpistas de Azaña y racistas del PNV, todos ellos bajo la protección de Stalin, son los buenos. ¿Y por qué no? Eso va en gustos. Pero entonces el señor Cercas debería explicarnos un poco mejor eso de que aquella buena gente defendía la democracia y el estado de derecho. Le insto a hacerlo, a ver si convence a quienes no somos ya tan jóvenes e indocumentados… A él le horroriza, en cambio, otra posible versión, profetizada irónicamente por Vázquez Montalbán, comunista de pro, sobre Franco: ‘Gobernante autoritario que salvó a España de la Segunda Guerra Mundial y de la amenaza comunista, que puso las bases para el desarrollo económico y la entrada en Europa’. Para Cercas, ese juicio constituiría un catastrófico fracaso histórico. Va en gustos, nuevamente, pero pruebe a demostrar que hay una solo dato falso en tal descripción. Todos le quedaríamos muy agradecidos (Lo de “entrar en Europa” es solo un tópico progres, demostrativo de ignorancia histórica o de simple estupidez).
Tras una divagación confusa y banal, muy carpetovetónica, en torno a unas frases de Isaiah Berlin, nuestro instructor de juventudes asegura: “El hecho es que durante la Transición todos los partidos políticos consideraron que el triunfo absoluto de la justicia, que hubiera significado el retorno de la legitimidad republicana, el juicio de los responsables del franquismo y la reparación de sus víctimas, hubiera acarreado la absoluta derrota de la convivencia y la libertad”. Pero treinta años después “es hora de reparar esa injusticia flagrante” ¿De veras? La transición se hizo por iniciativa del franquismo reformista, y a ninguno de sus partidos se le ocurrió que hubiera justicia alguna en enlazar con la legitimidad republican, destruida entre 1934 y 1936 por las izquierdas. Tal idea sólo podía ocurrírseles a comunistas, socialistas, separatistas y quizá a los anarquistas, es decir, a los herederos de quienes habían liquidado violentamente la legalidad republicana. También a la ETA, claro… Gentes muy amantes de la justicia todos ellos.
Y por fin cae Cercas en el argumento sentimental: las víctimas franquistas fueron honradas durante la dictadura; ahora les toca a las del otro lado. Pero vuelve a fallarle la memoria, pese a su juventud. En los últimos 30 años puede decirse que las víctimas honradas han sido casi exclusivamente las de izquierda. Cabe condensar el hecho en García Lorca, homenajeado hasta el hartazgo, también por la derecha, mientras otros intelectuales asesinados por las izquierdas han recibido el silencio, el desprecio, y ni la menor solidaridad de las izquierdas. Y vuelve a fallar estrepitosamente la memoria del buen Cercas cuando asegura que las víctimas izquierdistas “sufrieron por defender la democracia”. ¿La democracia de Stalin, quizá? Otro fallo de la memoria: ¿y los muchos izquierdistas masacrados por otros izquierdistas? Ni los menciona. ¿También defendían la democracia? Sin duda nos lo aclarará pronto.
Tengo la impresión de que, al proponer el adoctrinamiento de la juventud, el señor Cercas no ha medido bien sus fuerzas ni sus conocimientos. Claro que una generosa aportación de dinero público puede reducir a la insignificancia tales problemas. Después de todo, ¿qué es la verdad? Lo importante es el control del erario.
(No hará falta decir, que, como los anteriores charlatanes, Cercas respondió con un silencio entre miedoso y “encabronado”. Por algo han necesitado esas leyes liberticidas para proteger sus cuentos y sobre todo sus dineros)



