Los amigos de la ETA / Jayam 29. Los tres mundos de la vida humana / “Mejor novela del siglo XXI”

 **Dice el PNV que “los vascos y las vascas”, como se apoda a sí mismo el PNV, no dan la mano a franquistas. Es lógico, porque, como ha señalado Abascal, lo propio del PNV es dar la mano a los asesinos etarras. Propio del PNV, del PSOE y del PP desde Rajoy. Una vez más se demuestra que el antifranquismo es el cáncer de la democracia. 

**Los vascos siempre se han considerado españoles, y los mejores de ellos lucharon al lado de Franco. Pero llegaron unos orates y convencieron a los más torpes de ser una raza superior. De ahí una historia criminal.

**El orate Arana clamaba contra los vascos, pues según él, se sentían hermanos de una raza tan inferior como la de los demás españoles, “más parecidos a gorilas que a hombres”.

**De igual modo, la ETA nació acusando a los vascos de “un horrible pecado” al no apoyarla para luchar contra los demás españoles. ¿Por qué han cambiado estas cosas? En muy gran medida por un clero abyecto y miserable.

**La ETA gozó desde la transición de un status moral privilegiado como antifranquista de verdad, y por tanto “demócrata”. Ese status se lo reconocieron todos los demás partidos, que salvo los comunistas  no habían luchado contra el franquismo. Solo Aznar aplicó el estado de derecho a los asesinos, rescatados y vueltos a reconocer por los delincuentes Zapatero y Rajoy.  

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Los tres mundos de la vida.

   La vida humana y la vida en general, se desarrolla en la superficie de la tierra, bajo el firmamento y sobre el subsuelo. El sentimiento de estos tres mundos, razonado o no, semiconsciente en general, condiciona necesariamente la psique. El mundo superficial está al alcance de los sentidos y la actividad humana, es visible, palpable, audible, etc.,  y se deja manipular en mayor o menor grado. El subsuelo, en cambio, incognoscible  salvo por el ligero atisbo de las grutas y pozos, se presenta como lo opuesto al mundo superficial: denso, opaco, estático y oscuro; inquietante por ello y porque,  ocasionalmente, castiga a la superficie haciéndola temblar o la abrasa con erupciones de fuego y gases. En  cuanto al firmamento, contrasta especialmente con uno y otro: al contrario que el subterráneo se ofrece como un espacio inmenso y libre; al contrario que el superficial, escapa a todos nuestros sentidos salvo el de la vista, aunque a demasiada distancia para apreciar sus detalles.  También al contrario que el variadísimo y movidísimo mundo superficial, se muestra casi uniforme en sus luminarias, solo variables en tamaño, y en sus movimientos diurnos y nocturnos, lentos, majestuosos y  repetidos. Inasequible a las capacidades  y  a la manipulación humanas, el hombre percibe que, sin embargo de ese mundo depende la vida en la tierra, su propia vida.  Y lo opone al subsuelo, a la tierra, de donde ha salido el hombre y adonde retornará cuando se cumplan sus días. 

   No es difícil entender a partir de estas evidencias el origen de la religión. El mundo superficial, en que despliega su existencia, se  presenta al hombre como una variedad inmensa de seres y  movimientos  en un caos en el que su mente y acción deben  imponer cierto orden, por lo menos el suficiente para no ser arrollado y lograr actuar con algún sentido.  Pero es del inasequible mundo superior del  que  recibe la luz, el agua y las condiciones generales de vida, por lo que sitúa allí las divinidades que de diversos modos gobiernan su vida, las cuales le permiten tanto subsistir como orientarse en su movimiento físico y en su peripecia vital. Y es en el subsuelo donde sitúa el tenebroso  mundo de los muertos. Los mitos desarrollan las interacciones y conflictos entre los tres mundos, y tratan de exponer la posición humana en ellos. La exigencia de orden y comprensión de la psique impone una jerarquía en los dioses, con alguno en la cúspide de ellos, y  de ahí que se llegue finalmente a la idea de un dios único, prefigurado en la jerarquía,  aunque permanezcan restos de los demás en las figuras de los ángeles.

Esta concepción se liga a un necesario antropomorfismo: si el ser humano existe, a pesar de sus enormes diferencias con los animales, solo puede deberse a que la divinidad que le ha creado ha de parecerse de algún modo a él. La necesidad permanece en el materialismo: si la materia crea al hombre, las características de este deben estar implícitas en la materia, que de algún modo, imposible saber por qué, ha decidido crear un tipo de animal dotado de consciencia y de conciencia de la propia materia. El dilema planteado por Monod, según el cual la ciencia exigiría abandonar toda pretensión de “alianza” entre el hombre y el cosmos llega a un callejón sin salida.

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Historia criminal del PSOE: Una vez derrotada la insurrección del PSOE y los separatistas catalanes en 1934, se abrió la posibilidad de una rectificación en la línea socialista a favor de la posición de Besteiro,  pero esta no se produjo. Por el contrario, el PSOE desató una gigantesca campaña de calumnias al gobierno por supuestas atrocidades en la represión  de Asturias. La campaña, apoyada por la II y III Internacionales y por la masonería, alcanzó gran repercusión internacional, y dentro de España envenenó de odio los ánimo en un grado que se manifestaría al reanudarse la guerra civil en 1936. Esa campaña la he analizado a fondo por primera vez en El derrumbe de la República,  y en esta sesión de Una hora con la historia reproduzco parte de ella. Fue una campaña esencial para entender lo que después ocurrió en España. El PSOE había fracasado en su asalto armado a la república, pero consiguió saltar del banquillo de los acusados al estrado del fiscal, intensificando los odios sociales que impedirían el asentamiento del régimen después de la tremenda sacudida de octubre del 34,  y conducirían al Frente Popular y  a la reanudación de la guerra con un encono feroz:  https://www.youtube.com/watch?v=jOlZ7YuOqDQ

Los Mitos Del Franquismo (Historia)Por Que El Frente Popular Perdio La Guerra Civil

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Criterios para distinguir grandes novelas

    Varios lectores han considerado tu novela como una de las mejores que han leído, y hasta de las más importante escritas en lo que va de siglo, incluso desde mucho tiempo antes, por lo menos en español. Eso debe halagarte mucho, porque has expuesto varias de esas opiniones más de una vez.

Bueno, eso han dicho algunos. Yo, humildemente,  me limito a estar de acuerdo.

Ya, pero una cosa es decir “me gusta” o “es muy importante”, y otra justificarlo.

Tienes razón. No encuentro un criterio preciso para decir en literatura: esto es mejor que lo otro. Apenas podemos ir más allá de “esta me gusta más”.  Claro que podría buscarse un criterio científico, por ejemplo, ¿cuál tiene más metáforas u otras figuras? La que tuviera más sería la mejor.

Bien, también es cierto que una misma obra puede tener las críticas más benévolas y las más corrosivas por parte de aquellos a quienes no ha gustado. Ha pasado con obras que luego se han considerado maestras. ¿No ha pasado con la tuya?

La mía es demasiado modesta para recibir tal atención de la gente entendida. Con pocas excepciones como Aquilino Duque, que es un escritor muy reconocido. Además “se” han considerado maestras, pero no por todo el mundo. Ya conoces lo que Tolstoi pensaba de Shakespeare. Nabokof ha hecho críticas muy negativas del Quijote. Leí hace poco una crítica feroz de Anna Kariénina, no recuerdo de quién, en plan feminista… ¿Cómo podía un hombre entender la psicología femenina? Algo así.

Tú has recogido la idea de Maeztu, que citaba como máximas figuras literarias españolas, auténticos mitos, al Quijote, a Don Juan y a La Celestina. ¿No hay más? 

Quizá haya más en aquella época… Pero desde entonces la  cultura española no ha producido nada comparable. 

¿Ni siquiera tu novela?

Esa es la excepción, según opiniones expertas que yo estimo muy acertadas, ya lo he dicho. Pero, vamos, tu pregunta es claramente malintencionada. ¿A ti qué te parece? ¿Quieres sorprender mi púdica modestia?

¿Ni siquiera Galdós? ¿En qué lo fundamentas? 

En nada,  es difícil fundamentar los sentimientos que provoca un autor o una obra en unos o en otros. Galdós resulta demasiado doméstico, demasiado costumbrista para mi gusto. Claro está que para otros es maravilloso, así que ya ves. Si lo comparamos con Tolstói, le falta épica, a pesar de los Episodios Nacionales, que de todos modos son una contribución literaria original. Le falta también la penetración psíquica, moral, de  Dostoievski o del propio Tolstoi, me refiero a la cuestión del bien y el mal, sobre la que giran los dos rusos. En  Galdós y en la mayor parte de la literatura española es un tema menor o tratado de forma un tanto convencional. Y le sobra cierto progresismo, que rebaja un poco el conjunto. Pese a todo lo considero un autor de gran importancia,  aun si no ha creado personajes tan emblemáticos como los del siglo de oro. Tiene otros méritos.

Otra vez, ¿y tu novela?

Yo la defendería así. Primero,  todos los comentarios, con muy rara excepción, coinciden en que es muy amena;  claro que hay novelas muy amenas y que tienen muy poco valor aparte de ese. Segundo, también coinciden casi todos en que es un relato muy original; claro que también hay muchas originalidades que no pasan de disparates. Tercero: la acción no es arbitraria o disparatada, es  bastante verosímil para quien conozca las circunstancias de la época,  aunque choque a quien solo la conoce por novelas tipo La Colmena. Cuarto, aunque hay una base de costumbrismo en la descripción de ambientes y algunos personajes, sus protagonistas no son costumbristas ni banales o planos; si bien eso no significa que sean necesariamente interesantes. Quinto, casi todo el mundo coincide en que en este caso sí son interesantes, aunque habrá otros gustos. Sexto, la acción y los personajes se apartan de las convenciones literarias hoy dominantes: para mí  es un mérito, pero admito que muchos lo verán como un defecto. Séptimo: el relato tiene un  trasfondo filosófico implícito, a veces también explícito, pero sin abusar, no es una mera novela de aventuras, de la acción por la acción… 

O sea, que contra lo que decías al principio, sí hay algunos criterios para apreciar la calidad de una obra de arte. ¿Acaso no escribió Harold Bloom un “canon occidental” de la literatura? ¿O no hay nada más que subjetivismo en Steiner o Hauser o Lukács…? Las justificaciones de tu novela que ofreces quedan un poco vulgares. A cada uno de ellos se le puede criticar de muchas formas, pero revelan un intento muy serio de superar el mero subjetivismo del “me gusta” o “no me gusta”.

Bueno, Bloom tenía sus preferencias, principalmente anglosajonas, y menospreciaba la literatura hispánica, incluido Cervantes. Como marxistas,  Hauser o Lukács querían una comprensión científica de la literatura, y lo que hicieron permite entender más de marxismo que de literatura. De otros muchos autores posteriores, desconstructivistas y demás, prefiero no perder el tiempo leyéndolos, me basta con alguna referencia tipo wiki. En todo caso, los criterios de unos no siempre son aceptables para otros.  Mi tesis es que la literatura desciende del mito, como la filosofía desciende de la religión. Por eso me ha halagado, como usted dice, que algunos –dos, creo, pero bastan– me dijeran que Sonaron gritos recuerda a un mito. Claro que los mitos son muy sintéticos, y una novela de 600 páginas se explaya mucho. Pero una novela no es un mito, aunque parta de él, como la filosofía no es religión. En cuanto a la novela, un  amigo dudoso me comentó: “Bueno, de todas maneras tú no eres un Cervantes”. “Es muy cierto –le dije–, pero si ahora apareciera un Cervantes no creo que tú te dieras cuenta”.

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Ahora todo es “fake” / Democracia (VIII) Poder y democracia / El horizonte y el bosque / Arte y valor

** Ahora ya nada es falso, o defectuoso o inútil. Todo es “fake”. Los periodistas enriquecen el idioma. Y es verdad, todo es “fake” en la política española, empezando por su lenguaje.

**Si el franquismo fue una tiranía genocida, entonces la ETA, el GRAPO y Carrillo tenían razón. Y los antifranquistas de después de Franco eran cómplices del “genocida”.

**Ángel Viñas, sin ir más lejos, ha combinado sabiamente su complicidad como funcionario de cierta confianza del franquismo con su intento actual de derrocarlo. Hay mucha gente tan sabia.

**¿Por qué será que los antifranquistas pertenecen o simpatizan con los partidos más corruptos,  totalitarios y separatistas? ¿Por qué será, hombre, por qué será?

**El rajoycete Casado intenta colaborar con el Doctor aprovechando la peste para volver al bipartidismo-separatismo. Con ese objetivo aguanta insultos y salivazos. Mas parece que el Doctor prefiere colaborar con el Coletas.

**A la decisión del Doctor y el Coletas de aprovechar la peste para bolivarizar el país se añade el miedo a terminar en la cárcel. Se aferrarán al poder con uñas y dientes. 

Historia criminal del PSOE: Una vez derrotada la insurrección del PSOE y los separatistas catalanes en 1934, se abrió la posibilidad de una rectificación en la línea socialista a favor de la posición de Besteiro,  pero esta no se produjo. Por el contrario, el PSOE desató una gigantesca campaña de calumnias al gobierno por supuestas atrocidades en la represión  de Asturias. La campaña, apoyada por la II y III Internacionales y por la masonería, alcanzó gran repercusión internacional, y dentro de España envenenó de odio los ánimo en un grado que se manifestaría al reanudarse la guerra civil en 1936. Esa campaña la he analizado a fondo por primera vez en El derrumbe de la República,  y en esta sesión de Una hora con la historia reproduzco parte de ella. Fue una campaña esencial para entender lo que después ocurrió en España. El PSOE había fracasado en su asalto armado a la república, pero consiguió saltar del banquillo de los acusados al estrado del fiscal, intensificando los odios sociales que impedirían el asentamiento del régimen después de la tremenda sacudida de octubre del 34,  y conducirían al Frente Popular y  a la reanudación de la guerra con un encono feroz:  https://www.youtube.com/watch?v=jOlZ7YuOqDQ

Los Mitos Del Franquismo (Historia)Por Que El Frente Popular Perdio La Guerra Civil

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Poder y democracia

Recapitulando:

 a) Decimos que el poder se genera naturalmente en toda sociedad humana, aunque puede tomar muchas formas.  La causa de este fenómeno es la necesidad de mantener cierta cohesión social por encima de la diversidad de intereses, sentimientos, ideas, etc., connatural a toda sociedad humana. La ausencia de poder solo es concebible en una sociedad homogénea de individuos iguales en intereses y demás, y guiada por algo semejante al instinto, al modo de las hormigas o las abejas. Por ello el anarquismo ataca un aspecto esencial de la misma naturaleza humana, llevaría al totalitarismo máximo, y en la práctica genera una dispersión de poderes particularmente despóticos. Por cierto que es muy común entre los intelectuales adoptar una pose de condena al “poder” en general.

b) El poder lo ejerce siempre una pequeña minoría u oligarquía. La distinción tradicional entre monarquía, aristocracia y democracia es artificiosa y carece de realidad histórica. Todo poder estable es ejercido por una oligarquía, generalmente con un monarca o presidente a su cabeza, y debe contar con un grado más o menos alto de consentimiento en el pueblo (o, si se prefiere, el resto del pueblo). Esa aceptación se consigue, generalmente, por una combinación de propaganda –más o menos veraz– y de violencia, que puede ser abierta y llegar al terror,  o implícita, disuasoria de oposición con su sola presencia organizada.

c) Al igual que pasa con el pueblo (o el resto de él), las oligarquías nunca son homogéneas, sino diversificadas en partidos, camarillas o grupos de presión, entre los cuales la lucha por hacerse con la hegemonía ha solido ser muy violenta, provocando desde el asesinato del “monarca” hasta las guerras civiles con apoyo mayor o menor en el resto del pueblo.

d)  Dado que las oligarquías tienden por su misma naturaleza a expandir su poder y hacerlo más absoluto (tiranía o despotismo, “ley de hierro de las oligarquías”), el pensamiento político europeo, desde Isidoro de Sevilla  al menos,  ha desarrollado una tradición antitiránica, en busca de métodos o sistemas políticos que limiten o impidan  la tendencia absolutista, garanticen un grado de estabilidad sin querellas sangrientas ni guerras civiles,  y libertad considerable a las personas corrientes sobre quienes se ejerce el poder.  La solución hasta ahora más elaborada y fructífera, aunque no en todos los casos, es la que se ha llamado democracia.

e) Tomado en sentido etimológico, el concepto de democracia es un oxímoron. Realmente habría que cambiarlo por otro, pero por una parte está tan arraigado que es muy difícil el cambio; y por otra, la idea de “poder del pueblo” ejerce un influjo psicológico tan fuerte que renunciar a esa bandera es condenarse políticamente. Por eso hasta los regímenes más liberticidas se proclaman democráticos. Pasa como con la “igualdad”, todo el mundo aspira a ella a pesar, no solo de su imposibilidad, sino de sus consecuencias nefastas, que no se meditan. Por poner un ejemplo (entre miles) la canción de Lennon Imagine,  tan divulgada entre toda clase de grupos políticos y religiosos como un verdadero himno, aspira a que “todos seamos uno”, lo que en realidad significa abolir la libertad. Pero Lennon y quienes hacen de la canción un himno, se proclaman demócratas.

f) En la práctica, la democracia debe entenderse como un método de selección de oligarquías, o, si se prefiere, de lograr para ellas un alto grado de consentimiento popular limitando su poder. El método consiste en el sufragio universal periódico. El sufragio implica a su vez las libertades políticas y la separación de poderes o  estado de derecho, sin las cuales el sufragio se volvería automáticamente fraudulento.

g) La democracia, como cualquier otro sistema de gobierno, no es ninguna panacea ni un sistema perfecto, sino que trae consigo muchos problemas, que es preciso analizar. Porque el término se convierte en una palabra mágica, con virtudes fantásticas, de la que todo el mundo puede adueñarse para  imponer su voluntad. Voluntad de poder. No tenemos más que mirar a los partidos españoles para entenderlo. 

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El horizonte y el bosque

Usted ha comparado la historia del pensamiento a un viaje hacia el horizonte, que nunca puede alcanzarse pero permite descubrir paisajes nuevos.  ¿Sería lo mismo la propia historia en general? Yo lo comparo más bien a un inmenso bosque en que estamos perdidos. Intentamos salir de él pero siempre terminamos dando vueltas para llegar al punto de partida. 

No está mal. No obstante, en el bosque siempre podemos orientarnos, de noche por la estrella polar y de día por la marcha del sol. Claro que para eso tenemos que mirar hacia arriba. ¿No es asombroso que nuestros pasos por el suelo tengan que orientarse por esos astros tan lejanos y ajenos a nosotros y a la tierra misma? Y la marcha hacia el horizonte, si nos mantenemos en un mismo paralelo, o en un mismo meridiano, nos lleva inevitablemente al punto de partida también.

Y si vamos cambiando de paralelo o meridiano, la marcha se vuelve infinita, vemos paisajes, tropezamos continuamente con obstáculos y los salvamos mejor o peor, pero nunca llegamos a un final. Termina resultando un esfuerzo por el esfuerzo, un movimiento por el movimiento, que finalmente aburre y nos hace perder el interés por lo que vamos descubriendo, por la propia vida, tan fatigosa para nada.

Muy bien, ¿y qué se puede extraer de ahí? De todas formas el esfuerzo termina con la muerte de cada uno, y finalmente de toda la humanidad. Realmente el mundo está terminando de modo constante y por millones de veces para la gente que fallece y  que ya no puede apreciarlo y para la que parecía tener algún sentido.

Eso es. Y repito su pregunta, ¿qué podemos deducir o inducir de eso?

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Dificultad de la literatura

El arte es la expresión de los sentimientos. Aunque todo el mundo participa de los mismos sentimientos básicos, estos se presentan en cada persona en proporciones muy diversas, y ello hace muy difícil, quizá imposible, conseguir una valoración objetiva del arte, desde la música o la literatura a la escultura. La ciencia aplicada al arte no puede ir más allá del análisis de las técnicas utilizadas para expresarlo, pero la expresión misma se le escapa. ¿Es el objetivo del arte expresar la belleza? Gran parte de él expresa cosas no demasiado bellas, como la soledad, la desesperación, el odio, la crueldad, la angustia… Pero quizá hay también belleza en todo ello, habría que dar una definición de esa cualidad. Un profesor me decía que lo que faltaba a “Sonaron gritos…” era un final feliz, que a su juicio es indispensable para dar sentido y belleza  al relato: ¿por qué se habían arriesgado y sacrificado tanto los protagonistas? ¿Para nada? Ello privaba de sentido a la narración, le parecía un relato masoquista, o pesimista, o algo como el teatro del absurdo. Le dije que el fracaso es una parte importante de la vida y que, en mi opinión, el éxito no es la medida del valor de la vida. Hay fracasos y fracasos, como hay éxitos y éxitos. El valor se encuentra más en las decisiones y acciones para enfrentarse a un hado hostil, que en el final feliz del esfuerzo. Me pregunté cómo sería la Odisea si el protagonista no hubiera llegado finalmente a Ítaca o si hubiera perecido en la lucha con los pretendientes. Me lo sigo preguntando.

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Bulos / Franco y Negrín, un problema moral / O. Jayam (28) Moral y libertad /Novela y mito

El programa Una hora con la Historia también se ve algo afectado por el coronavirus. Mantenemos la campaña 300 por 10. Un grupo de Facebook que yo no conocía, de “Apoyo a Pío Moa” con más de 4.500 miembros, parece que va a intentar que estos den un euro al mes para el programa. Eso nos permitiría salvarlo definitivamente. La cuenta para colaborar es: BBVA Taller de ideas, ES09 0182 1364 3302 0154 3346

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**Dice la dirección general de la Guardia Civil: La labor de monitorización que realizan las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, y en las que participa la Guardia Civil, está destinada exclusivamente a detectar aquellos bulos y desinformaciones que generan un gran nivel de estrés y alarma social, especialmente en temas de salud.

¿Estrés y alarma social, o estrés y alarma gubernamental? ¿Por qué no “detectan”, entonces,  los bulos del gobierno sobre el “machismo” y similares? Eso sí que perjudicó especialmente la salud de los españoles. Y los bulos del gobierno no han cesado desde entonces, como recordaba Santiago Abascal. Dirigente del único partido democrático existente hoy en España.

**La Celaá dice que  el gobierno no puede aceptar que haya mensajes negativos. Los  mensajes negativos para el gobierno son buenos para la salud y la libertad de los españoles.

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Franco, Negrín y un problema moral

Contra la beatería de los  contempladores del futuro derechistas, la izquierda y los separatistas tienen toda la razón al dar vueltas constantemente a la cuestión de Franco. Porque es, precisamente, la cuestión clave de la democracia. O se acepta el origen de esta en el franquismo, o la democracia seguirá enferma, y con ella sociedad.

Junto con la condena radical a Franco fue durante años un ensalzamiento descomunal de Azaña como el gran estadista español. Eso ya quedó algo atrás, y creo que mis estudios han tenido algo que ver, al poner la figura política de Azaña más en su sitio por encima de mitos. Pero desde hace años ha venido algo más radical: la mitificación de Negrín como el gran estadista español del siglo XX.

En todo esto existe una gran confusión. Negrín fue, innegablemente,  el político que envió el oro español a Stalin, haciendo de él prácticamente el amo del Frente Popular. Y fue también el que organizó el saqueo en masa de bienes públicos y privados, artísticos e históricos.  Sin contar otras acciones “menores” como su participación en el asalto izquierdista-separatista a la república en 1934. Estos son hechos absolutamente objetivos que no admiten discusión en serio.

Franco no solo derrotó a Negrín e indirectamente a Stalin. Realizó una serie de proezas sobre las que no voy a extenderme aquí porque ya lo he hecho en libros y artículos. Básicamente evitó la guerra mundial, reconstruyó al país, lo industrializó, y dejó una sociedad próspera, reconciliada y pacífica. Estos son hechos también absolutamente objetivos.

La cuestión moral de fondo es esta: ¿atacan a Franco a pesar de sus logros? No, lo atacan precisamente por ellos. ¿Exaltan a Negrín a pesar de intentar supeditar España a la URSS y de organizar el mayor robo sistemático de su historia? No, lo exaltan precisamente por eso. Parece una inversión total de los principios morales.  ¿Cómo es posible?

Es posible porque  aquí entra la cuestión de la legitimidad, clave casi siempre dejada de lado en la historiografía de derecha, y que he tratado en Por qué el Frente Popular perdió la guerra: los actos de Negrín se justifican porque habrían sido necesarios para  “defender la democracia” y salvar a España del fascismo. Los actos de Franco perderían todo valor porque se hacían para imponer el fascismo. Aquí pasamos de la perversión moral a la perversión intelectual. Pues  la “democracia” de Negrín consistía precisamente en aquellos actos mencionados, y el “fascismo” de Franco en los contrarios.

Esta perversión intelectual basada en la manipulación de los conceptos, es entonces la cusa de la perversión moral.   Y de la perversión política que llevamos años sufriendo, con los “demócratas” imponiendo leyes totalitarias a base de la falsificación de la historia. Y por eso importa tanto poner en su sitio a Franco y a Negrín, porque de esa consideración depende mucho de nuestro futuro colectivo.

Los Mitos Del Franquismo (Historia)Por Que El Frente Popular Perdio La Guerra Civil

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Moral y libertad

Podemos entender la moral como el esfuerzo por capturar en redes de normas al Proteo del bien y el mal, conceptos en constante transformación y apariencia según la perspectiva con que se los contemple.  Un esfuerzo nunca concluyente por completo, según muestra la historia humana y las distintas sociedades. La moral no existiría sin la consciencia de la muerte, que nos obliga a intentar valorar la vida y sus sucesos como “buenos o malos”: algo muy complicado cuando pasamos del concepto de la utilidad personal, e incluso limitándolo a esta, pues no pocas veces la utilidad se convierte en lo contrario; implica también el  carácter “futurizo” del hombre, que decía Julián Marías, siempre volcado en proyectos y expectativas cuya bondad o maldad, ligadas al acierto y al error, solo pueden calcularse de forma nebulosa.

La moral tampoco existiría sin la libertad, un concepto sumamente elusivo. En un sentido fundamental, la libertad es constitutiva en el ser humano. La esclavitud es vista como el mal radical, porque anula la personalidad, pero no lo hace por completo, de modo que incluso en esa  situación  puede el  sujeto optar por varias salidas: la resignación, la rebelión personal o colectiva, matar al amo, engañarle, acomodarse y sacar de ella algún beneficio, trabajar para emanciparse… De hecho todas estas opciones se han practicado en la historia: Espartaco acaudilló una gran rebelión, los prisioneros cántabros mataron a sus amos y volvieron a su tierra, muchos consiguieron emanciparse, algunos se convirtieron en consejeros de sus amos, otros muchos se resignaron a una vida corta y llena de sufrimientos… Cada una de esas opciones podía resultar mejor o peor, el sujeto nunca lo sabía por anticipado. La rebelión de Espartaco culminó en un sangriento fracaso, pero siempre ha quedado como un ejemplo de lucha por la libertad y de libertad en sí misma. Sería la mejor opción moral, aunque llevase consigo el sacrificio de la propia vida. Esto ha ocurrido muchas veces en la historia: personas y grupos que se han sacrificado por su libertad o lo que consideraban tal,  como un bien superior a la propia vida.

La elección del mal puede hacerse en función del bien. No puede decirse que Stalin eligiera el mal: él estaba convencido de que su política significaba el bien para su pueblo y para la humanidad entera. Y desde su perspectiva, fue así: industrializó al país, derrotó la invasión alemana y liberó del nazismo directa o indirectamente a toda Europa. De Hitler no puede decirse lo mismo, hablando en un plano utilitario, porque fracasó. Pero indudablemente él  quería lo que consideraba el bien no solo para Alemania sino para la “raza aria” y para toda Europa. Como en el reino animal, el bien de unos supone a menudo el mal de otros.

Más al fondo, la libertad significa la posibilidad de elegir el mal, no solo por error involuntario sino por decisión deliberada. Nos parece que nadie puede querer el mal por sí mismo, pero no es así. Hay  un fondo oscuro en la psique humana que se manifiesta, por ejemplo, en esos tiroteos indiscriminados finalizados en suicidio, o en el sadismo gratuito sin ninguna perspectiva de utilidad o en cierto tipo de suicidios. El deseo de hacer mal revela  también una especie de rebelión metafísica, digámoslo así, una reacción a su vez oscura contra la oscuridad del destino humano que Omar Jayam expresaba. Él optaba por “el vino y las mujeres”, pero la otra posibilidad quedaba abierta.

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Novela y mito

Me escribe un profesor mejicano de la universidad de Puebla: “Leí hace unos pocos días su novela “Sonaron gritos y golpes a la puerta”. Me ha gustado mucho y la he leído en muy poco tiempo, señal de que estaba yo enganchado. Me parece percibir en Alberto, protagonista de la novela, el discurrir de sus pensamientos ante la vida, la muerte, la historia y el futuro que ya estamos viviendo.  Me he identificado mucho en algunas de las reflexiones allí plasmadas, con mucha agudeza, a preguntas perennes”. 

En mi opinión, cualquier novela que no sea de mero entretenimiento lleva implícitas “preguntas perennes”. El problema está en no hacerlas demasiado explícitas para no convertir la novela en un tratado menor de filosofía o de historia. Conseguir que la acción muestre ese tipo de conflictos íntimos y sociales es lo que caracteriza la literatura. Algunas buenas novelas pueden salir perjudicadas por discursos moralistas o históricos o sociológicos. Para mi gusto, la mayor parte de la literatura desde hace muchos años, o es de puro pasar el rato o viene lastrada por esos contenidos inevitablemente ideológicos. En la novela debe ser el discurrir de la acción, del choque de personalidades y de lo imprevisible,  lo que ponga de manifiesto algo de lo que llamaba P. Diel “la insondable profundidad de los mitos”. Pues la literatura desciende del mito; y por eso también la literatura ideológica suele ser pesada y de poco valor.

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Democracia (VII): Franco y la democracia / Coronavirus, política y economía

Franco y la democracia

En 1930 Franco escribía a su botarate hermano Ramón que lo mejor para el país era una democratización en orden. Luego pudo asistir a la creciente epilepsia de la república, a pesar de lo cual y de los perjuicios arbitrarios que sufrió, mantuvo hacia el régimen una especie de lealtad descontenta. De hecho fue el único entre los personajes importante, políticos o militares, que no conspiró contra la república, algo que no puede decirse de Azaña, Gil Robles, los líderes republicanos, no digamos los socialistas o los separatistas. Y ayudó de forma muy significativa a defender el régimen frente al asalto socialista-separatista apoyado por los republicanos, de octubre de 1934. Esto resultará muy chocante a quien solo se guíe por la bazofia de la historiografía dominante desde hace mucho, pero fue exactamente así. Solo  después de las elecciones de febrero del 36, cuyo carácter fraudulento denunció, comenzó a conspirar, buscando todavía que fuera el gobierno el que pusiera coto al empuje revolucionario. Sólo cuando el asesinato de Calvo Sotelo llegó a la conclusión de que resultaba ya totalmente inmoral servir a un gobierno y a un régimen semejante. Muy consciente de la abrumadora inferioridad con que comenzó la rebelión, exigió “fe ciega en la victoria”,  y consiguió infundirla a sus seguidores.

Es evidente que Franco, después de aquella experiencia, concluyó que la democracia podría servir para otros países, pero no para los españoles, que a primera vista parecían demasiado indisciplinados y violentos. Esto fue sin duda un error, aunque no sin una base real: la democracia no funciona bien en sociedades de miseria, ignorancia y  odios políticos exacerbados, como era la república. Pero la causa no estaba en “los españoles”, sino precisamente en los jefes de partidos que se decían democráticos, demagogos guiados por la ficción de que la democracia era el “poder del pueblo”, y que cada partido era el representante natural del pueblo, cuando no el pueblo mismo. Y tales élites resultaban las más ignorantes y convulsas en sus ansias de poder, con las que no respetaban ni la propia legalidad que habían impuesto ellos mismos. ¿Qué tiene eso que ver con “los españoles”? Es como los que achacan los crímenes del Frente Popular “al pueblo indignado”. El “pueblo” eran los mismos dirigentes, que envenenaban de demagogia al pueblo real.

   Franco llegó a la conclusión de que los partidos eran nefastos porque anteponían sus intereses a los generales de la nación –lo que había ocurrido en la república y ya antes en la Restauración–, por lo que era precisa otra forma de gobierno, se llamase democracia orgánica, dictadura, fascismo o corporativismo. Gobiernos  que por entonces se ensayaban en casi toda Europa, a menudo en respuesta a la incapacidad de las democracias para resistir la subversión comunista.  Por supuesto, en todos esos regímenes seguían existiendo partidos, pues estos existen forzosamente en todo tipo de regímenes, sea en forma de camarillas en torno al poder o de corrientes de opinión. Y el franquismo, que nunca fue una ideología precisa, tenía nada menos que cuatro partidos, rebautizados ”familias”, muy difíciles de armonizar entre sí, cada una con su sector contrario a Franco. Y  con ellas era preciso reconstruir el país y convertirlo en una gran potencia, una aspiración permanente del Caudillo.

Mantener el equilibrio entre esas cuatro familias, partidos u oligarquías, exigía una habilidad de estadista que no se daba en España desde hacía siglos. Un equilibrio inestable y cambiante según las circunstancias, pero en el  que Franco dio más peso, que se demostraría excesivo, al grupo o familia  más ligado al  episcopado,  lo que a la larga se demostraría su mayor error político. Con el Vaticano II, el régimen quedó sin futuro, pues ninguna de las otras tres “familias”, la falangista, la carlista o la monárquica, estaba en condiciones de heredar claramente al régimen una vez falleciera Franco. Lo cierto es el  franquismo no podía continuar, y no solo porque la figura de Franco fuera irrepetible,  sino porque el propio régimen, que siempre había sido ecléctico, no tenía una caracterización ideológica definida: la principal era el catolicismo, y la Iglesia le había dado la espalda. No solo le había dado la espalda,  promocionaba activamente las tendencias derrotadas en 1939 y que habían estado a punto de exterminar a la propia Iglesia. Son cosas difíciles de entender, pero así fue.  En todo caso Franco y  el sector católico representado por figuras del Opus Dei y democristianos,  se inclinaron por la monarquía que esperaban distinta de la que representaba Don Juan,  y para lo que prepararon a Juan Carlos; sin demasiado éxito, como se vería; pero nadie puede predecir el futuro. Una cosa es prepararlo y otra que salga según los preparativos.

Ya a partir de la petición de entrada en el Mercado Común, en 1962,  el franquismo aceptaba implícitamente una evolución – por lo demás innecesaria, entonces ya que las circunstancias eran distintas–  hacia  una integración en Europa occidental; lo que implicaba a plazo más o menos largo una democratización imitativa.  En otro sentido,  el franquismo había transformado profundamente la sociedad. en la nueva,  la miseria desaparecía con rapidez, los odios republicanos estaban olvidados para la mayoría, y el analfabetismo había quedado en cifras marginales. El peligro comunista seguía siendo  real (la única oposición reseñable al régimen) pero impotente, y los separatismos carecían de fuerza. La situación parecía muy razonablemente adecuada para la “democratización en orden” que Franco había querido en 1930. Y con esa perspectiva se inició la transición.  El referéndum de 1976  apoyó de forma abrumadora la democracia basada en la legitimidad histórica del franquismo, frente a las pretensiones de legitimarla en el Frente Popular. Después, esa decisión sería progresivamente minada hasta llegar a la actual situación de golpe de estado permanente; pero esa es otra historia.

 En la nueva situación cada una de las familias o partidos del régimen podía desenvolverse como un partido más. Ninguna lo supo hacer bien. La familia principal, más o menos democristiana, fue la que configuró a la UCD- AP- PP como un partido crecientemente vaciado de ideas, convertido en una máquina de reparto de puestos, explotando la necesidad de una masa de población,  siempre traicionada, de oponerse a las derivas socialistas y separatistas. La ideología del PP se convirtió en la del “voto útil”, nunca se supo bien para qué, salvo para seguir las iniciativas socialistas y separatistas.

No tiene caso discutir si a Franco le habría gustado o no lo que pasó. Él cumplió su papel de modo casi increíblemente acertado mientras vivió. Su  último servicio a España fue impedir un derrumbe como el de Portugal. En el vecino país fue el ejército el que derribó al salazarismo, abriendo una crisis próxima a la guerra civil. En España pudo ser la Iglesia la que cumpliera ese papel, minando al franquismo por dentro y fomentando a los herederos del Frente Popular. Si tal cosa no ocurrió, fue por el prestigio del propio Caudillo y por la sociedad estable, moderada, próspera y con la mejor salud social de Europa construida bajo su gobierno. Su herencia fue la posibilidad de una democracia en paz y en orden. La responsabilidad de las derivas posteriores recae plenamente en sus lamentables protagonistas.

Los Mitos Del Franquismo (Historia)Por Que El Frente Popular Perdio La Guerra Civil

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Coronavirus, política y economía

Usted no toma partido en relación con el confinamiento por el coronavirus.

–No lo tomo porque no tengo suficientes elementos de juicio. Si la mayoría de los países sin distinción de ideologías adoptan esa medida, pese a su tremendo coste económico, tiene que ser por algo. No creo que a todos les haya entrado el pánico o que estén manejados por fuerzas invisibles. Dicho eso, me siento algo asombrado.

 –Pero no todos los países toman las mismas medidas. ¿De qué se asombra?

– Ante todo de los números. Parece que más del 80% de los muertos corresponde a personas de más de 70 u 80 años. Por tanto la medida de Boris Johnson en Inglaterra, parecía correcta: el confinamiento solo para los mayores de esa edad, porque los muertos entre los más jóvenes resultan inferiores a los de una gripe común. Sin embargo ha tenido que aceptar una medida mucho más amplia, y no creo que sea por pánico. Alguien capaz de sacar a Inglaterra de la UE –que no de Europa–, demuestra tener muchas agallas. Por otra parte, los efectos de este virus son mucho más insoportables que los de una gripe, aunque no te maten. Francamente, no sé a qué carta quedarme.

–El confinamiento atenta, además, contra los derechos constitucionales más evidentes.

–Sí, pero es un caso especial y transitorio. Si te están amenazando con una pistola no te dedicas a invocar tus derechos. Es lo que está haciendo el virus. El problema principal va a ser el económico. Y en España, además, el político.

–¿Cree usted que prosperarán las querellas contra “los ministros y las ministras”?

–Aquí el gobierno es culpable de una negligencia criminal al priorizar sus demagogias políticas o ideológicas sobre una prevención de la enfermedad cuya urgencia conocía de sobra. Además no cesa de cometer fraudes y chapuzas en sus medidas. Pero lo peor es que intenta, igual que los separatistas, aprovechar la situación para profundizar en su marcha bolivariana, que no es solo el Coletas sino principalmente el Doctor. Tendrían que ir a la cárcel, porque nos amenazan a todos. Pero tenemos una justicia-basura en gran parte, así que cualquiera sabe. 

¿Qué haría usted si estuviese a cargo del gobierno?

–Creo que tomaría medidas menos drásticas, a fin de dañar lo menos posible la economía, y limitar el confinamiento estricto a los ancianos. Claro que es hablar por hablar. Y, al margen de la política, España es especialmente vulnerable a causa del turismo y de que su nivel de endeudamiento, debido sobre todo a Rajoy, es ya gigantesco. Según algún economista, lo que ocurrirá es que se asumirá esa deuda y finalmente no se pagará, cosa que ha ocurrido algunas veces, con Alemania o con Grecia, por ejemplo. Habrá que reenfocar la economía en otra dirección, con menos turismo y menos ladrillo. El turismo ha llegado a un nivel invasivo y el ladrillo también. Pero esto son divagaciones. En mi opinión, el único partido que lo está haciendo bien es VOX. Porque es además  el único partido democrático, es decir, respetuoso con los derechos, que hay en España. El único que se opone a las medidas y leyes totalitarias y a la falsificación del pasado. Porque estas cosas siguen contando, no debe quedar ocultadas por el virus.

  –¿Debería entenderse VOX con el PP?

–El PP es la mayor basura política que tenemos en España. Lo he argumentado muchas veces y no voy a extenderme ahora. Mucho peor que el PSOE o los separatistas, porque siempre ha sido el mamporrero de ellos.  Entenderse con él, salvo para acciones muy puntuales, sería contaminarse inevitablemente.

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Blog mayo-junio 2012:

31 de mayo: Carta abierta a un mamarracho (y II). https://www.piomoa.es/?p=347

4 de junio: Necesidad de partido y programa / La farsa de las fosas del franquismo. https://www.piomoa.es/?p=360

6.  Cretinismo anglómano / tres guerras sin buen fin. https://www.piomoa.es/?p=364

11. Cuatro grandes crisis históricas / La reforma de la justicia. https://www.piomoa.es/?p=373

14.  Trasfondo histórico en  “Sonaron gritos…” / Liberales contra liberales en el siglo XIX  https://www.piomoa.es/?p=380

 

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¿Qué cambiará el coronavirus?/ Portugal-España (y V): ¿Dictadura o revolución? / Enfoque de la Guerra de Independencia Previsiones y paradojas

¿Qué cambiará el coronavirus?

Especulan muchos sobre los cambios que traerán consigo las medidas contra la peste actual. Unos creen que provocará un profundo cambio económico, social y político planetario; otros prevén transformaciones de fondo, pero no tanto, y  hay quienes creen que la vida volverá poco a poco a la “normalidad”, es decir, a una situación muy parecida a la actual. Pocos tienen en cuenta la posible radicalización de la gente ante el semiderrumbe económico que afectará a muchos países, entre ellos España, uno de cuyos puntales económicos, el turismo, quedará tremendamente afectado, al menos por un año. Oigo decir que la economía expulsará al Doctor, como expulsó al ZP. Eso no es forzosamente así. Además, la crisis económica  también impulsó a Podemos, la radicalización ultraizquierdista del PSOE y los separatismos, no debe perderse de vista.

Quizá el precedente de la Peste Negra en el siglo XIV nos dé alguna orientación:

 ”Una calamidad tan exterminad0ra hubo de tener efectos ideológicos y económicos profundos. Aún más que cuando la Gran Hambruna europea, creció la desconfianza hacia los poderes seculares y el Papado, incapaz este de explicar la razón de tan terrible castigo; se popularizaron las “danzas macabras” o de la muerte y cundieron movimientos heréticos, místicos y reformistas. Se agilizó la promoción social y surgió una nueva capa nobiliaria. Las oligarquías, por compensar la reducción de sus ingresos, impusieron mayores cargas a los campesinos, ocasionando revueltas. La caída de la mano de obra estimuló la innovación técnica; también la guerra, con el empleo de armas de fuego. Se ha supuesto que los marcos políticos y culturales saltaron, causando una reestructuración social y cultural, preludio del Humanismo (que solo ocurrió en Italia) y hasta del Renacimiento, pero la ruptura no debe exagerarse. Las instituciones, desde la Iglesia a los estados y las relaciones señoriales, aun quebrantadas, resistieron, y Europa permaneció católica.

   Tampoco cesaron las guerras, que se hicieron más amplias y violentas. Así entre las ricas ciudades de la Liga Hanseática y Dinamarca, entre eslavos y la Orden Teutónica, de franceses y otros contra los turcos, que ya habían puesto pie en los Balcanes y Bulgaria, dejando a Constantinopla casi encerrada . La contienda más dura y larga fue la de los Cien Años entre Inglaterra y Francia, con repercusión sobre España”

(de Nueva historia de España)

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Portugal y España: ¿Dictadura o revolución?

Como detalla José Luís Andrade en sus dos libros citados, el gran dilema político, tanto en España como en Portugal desde el último tercio del siglo XIX se centraba entre una supuesta democracia convulsa y revolucionaria, y una dictadura, originariamente militar. En los dos países los movimientos revolucionarios autodenominados democráticos trajeron un gran desorden, violencias, peleas internas y charlatanería basadas en una idea de que la democracia era el poder del pueblo, y que el pueblo lo constituían o representaban cada una de las facciones enfrentadas.  Quizá nadie acertó a expresarlo mejor que Azaña, indignado con los suyos: “política tabernaria, incompetente, de amigachos, de codicia y botín sin ninguna idea alta”. En la I República lo había  expresado más concisamente su primer presidente, Figueras: “Estoy hasta los cojones de todos nosotros”. En Portugal, la república de 1910 vino a ser algo parecido, en particular con el Partido Democrático, la “dictadura de la calle”, las milicias Formiga Branca y la intervención subversiva de carbonarios y masones. El asesinato de Sidonio Pais rompió una posible corrección de las demagogias, que a continuación empeoraron.

Todo lo cual se complicó, después del triunfo bolchevique en Rusia, con movimientos dichos “obreros” aún más radicalizados e inspirados en el marxismo o el anarquismo, ambas doctrinas de la guerra civil por naturaleza. El resultado en Portugal fue el golpe militar de 1926,  en el cual impuso cierto orden financiero Oliveira Salazar, que  seis años después, ya como jefe del gobierno, puso en pie el Estado Novo, que desde luego  garantizó una época de mucha mayor estabilidad, aunque siempre tuvo que enfrentarse al golpismo revolucionario. La evolución en España tuvo bastantes semejanzas: el régimen liberal de la Restauración llegó a un callejón sin salida en 1923, bajo la presión del terrorismo anarquista, de unos separatismos en pleno auge, de las huelgas revolucionarias  y de los desastres en la guerra de Marruecos. La solución fue el golpe militar de Primo de Rivera, acogido  con satisfacción por casi todo el mundo, y que con gran rapidez curó los tres males de la Restauración, verdaderos cánceres: el terrorismo, la guerra de Marruecos y las audacias separatistas, al tiempo que el país vivió los seis años de mayor prosperidad desde la invasión napoleónica. Y todo ello con amplias libertades personales y políticas y hasta con la colaboración del PSOE, que hasta entonces había sido precisamente uno de aquellos cánceres. Los resultados del Estado Novo  no fueron tan brillantes, pero sí más duraderos.

   En la caída de Primo de Rivera tuvieron gran peso la acción del rey, que le había apoyado al principio, y la actitud de unos intelectuales que antes habían querido meter a España en la I Guerra Mundial y que, seducidos por un concepto abstracto de libertad o democracia, despreciaban los grandes logros de la blanda dictadura de Primo de Rivera y se ponían nuevamente en plan revolucionario, ilusionados con una república o concepto de ella tan “humoso” como su europeísmo. 

   En su libro, Ditadura ou revoluçao? A verdadeira história do dilema ibérico nos anos decisivos de 1926-1936 José Luís Andrade va explicando con lujo de detalles esta evolución en los dos países. La II República española resultó un caos que Azaña pretendió extender al vecino país apoyando conspiraciones y violencias contra el salazarismo, con la idea de llegar a una unión política, un episodio poco conocido del gran público. En estas  conspiraciones actuaron como intermediarios el industrial Horacio Echevarrieta y el escritor mejicano Martín Luis Guzmán. El primero,  afecto a Prieto, también colaboró en el alijo de armas del Turquesa en preparación de la guerra civil planeada por el PSOE en 1934. Guzmán, admirador y colaborador de Pancho Villa, exiliado luego, fue el hombre de mano de Azaña en otros asuntos, como el intento de formar un grupo periodístico afecto al jefe republicano español.  

Hay dos diferencias importantes en la evolución de los dos países: en Portugal no cuajaron los racismos que dieron forma a los separatismos españoles, y allí, una vez derrocada la monarquía, esta dejó de ser una cuestión política de importancia. Como dijo el ideólogo del PSOE Araquistáin, “En el siglo XX, cuando una monarquía cae, ya no vuelve”. España sería la excepción, por obra de Franco. El cual, no obstante, tomó buena nota de la experiencia de Primo de rivera y luego de Mussolini: mientras él viviera, ningún rey conspiraría contra él. Fue sin duda uno de sus aciertos políticos.

   Queda también la cuestión de por qué los liberales y demócratas en los dos países han sido tan demagogos, inoperantes y violentos. Probablemente viene ello de un error intelectual de fondo sobre el poder y la democracia,  que sería muy útil analizar.

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Nueva historia de España: de la II guerra púnica al siglo XXI (Bolsillo (la Esfera))

El marco y enfoque de la Guerra de Independencia

Desde luego, el nombre de aquella guerra ya indica cierta confusión, porque España no ganó, sino que defendió su muy vieja independencia, y su resultado fue precisamente una pérdida considerable de ella, al quedar el país excesivamente  supeditado a Inglaterra , luego también a Francia, por obra de unas “élites” que demostraron tener muy poco de tales, si por tal concepto entendemos minorías selectas en el poder. Los ingleses intervinieron en aquella contienda, que para ellos es la “guerra peninsular”, atribuyéndose el papel principal, con los propios españoles como auxiliares, a menudo anárquicos y contraproducentes. Esta versión es apoyada hoy no solo por historiadores anglómanos de la escuela de R. Carr, sino que también ha calado en medios militares, donde la anglomanía se ha extendido mucho. 

Creo que para enfocar debidamente aquel conflicto pueden ser útiles los puntos siguientes:

1. En España, al revés que en el resto de Europa, hubo una poderosa reacción popular contra la invasión francesa.
2. La reacción popular se manifestó en un nuevo tipo de guerra, la de guerrillas, que en su tiempo impresionó a todo el continente,  y en el hecho de que el ejército continuara luchando una y otra vez, pese a las derrotas.
3. La lucha de los españoles impidió a los franceses dominar el territorio y coordinarse adecuadamente, lo que a su vez permitió a Wellington mantenerse en Lisboa hasta que las condiciones generales mejorasen
4. La mejora definitiva llegó cuando Napoleón fue derrotado en Rusia. La importancia de esa derrota, no por indirecta dejó de resultar decisiva para España. 
5. Los ingleses fueron unos aliados muy poco fiables: aparte de sus desmanes, al mismo tiempo que ayudaban en España  tramaban todo tipo de maniobras para destruir el Imperio español y reducir a la nación a una posición subordinada.
6. Era natural que Wellington mandase a los portugueses, después de todo Portugal no dejaba de ser un satélite inglés, que debía ser protegido. Solo el notable servilismo de  Cádiz hizo que le otorgaran el mando supremo, lo que satelizó España a Londres, situación que en buena medida persistiría después de la guerra. La “ayuda” inglesa derivó a  la pérdida del imperio y la  continua injerencia inglesa en la política española.
7. De haber limitado al ejército angloportugués a un papel auxiliar en España, sin dar a Wellington el protagonismo máximo, el desenlace habría sido el mismo, sobre todo después de Rusia.
8. Cabría añadir que el doble servilismo de los afrancesados y de los anglómanos decidió para España su siglo de mayor decadencia.

En fin, este es el marco estratégico general que da sentido a aquella guerra. Por supuesto, en su desarrollo, como siempre pasa, ocurrieron mil avatares diversos y contradictorios. Pero si olvidamos la situación de conjunto todo se convierte en un galimatías de hechos confusos y demasiado opinables. Como cuando olvidamos el carácter del Frente Popular al estudiar la guerra civil, como vienen haciendo casi todos los historiadores y he tratado de aclarar en Por qué el Frente popular perdió la guerra.

  Cabe añadir la importancia de la guerra de guerrillas, que hoy se intenta desprestigiar o poner en muy segundo plano. Las guerrillas obligan al ejército enemigo a aumentar constantemente sus tropas y dispersarse en operaciones infructuosas en su mayoría, moviéndose a menudo a ciegas y obligándose a mantener grandes efectivos de guarnición. Esto fue lo que convirtió a España en un “infierno” para los franceses y permitió a los ingleses esperar hasta el momento propicio. La experiencia sea repetido en el siglo XX: es lo que obligó a los useños a salir desastrosamente de Vietnam, dejando de paso Camboya y Laos. Es lo que obligó a los franceses a retirarse catastróficamente de Argelia. Claro que no siempre triunfan las guerrillas. En España el maquis fracasó. En Grecia también, pero obligó a Inglaterra a tirar la toalla, teniendo que intervenir Usa con muchas más fuerzas.

   Puede decirse que el sistema de guerrillas, tan aplicado posteriormente por fuerzas menores contra fuerzas mayores, fue una invención española de la Guerra de Independencia, una contribución al arte militar, y así fue apreciado en toda Europa y teorizado incluso por Gneisenau.  Hoy todos los ejércitos tienen unidades de operaciones especiales, infiltración, etc., que son una imitación o desarrollo particular  de las guerrillas españolas de entonces.

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Previsiones y paradojas

La I guerra mundial se libró fundamentalmente entre potencias liberales y parlamentarias. Y fue característicamente económica. Curiosamente, estaba muy extendida la idea de que una guerra tal sería imposible, porque las economías y la propiedad industrial y financiera estaban muy entrelazadas entre las distintas potencias, de modo que  todos saldrían perjudicados de la contienda. Quienes la preveían eran los marxistas, que en eso acertaron, como en la II Guerra Mundial, aunque esta tuvo un carácter completamente distinto de la Primera. Otra paradoja: la socialdemocracia, que había denunciado las guerras como operaciones de los capitalistas, se unió en todas partes a sus gobiernos burgueses, salvo los bolcheviques. Y otra paradoja más: Lenin llamó a convertir la guerra imperialista en guerra civil. Y gracias a eso pudo hacer su revolución… mediante la ayuda del imperialismo alemán.

   Es así cómo se percibe la debilidad previsora del ser humano y la fragilidad de las buenas intenciones, como venimos tratando en los comentarios a Omar Jayam.  Ello aparte, de vez en cuando surge lo imprevisible, como ahora con el virus.

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