**Dice el PNV que “los vascos y las vascas”, como se apoda a sí mismo el PNV, no dan la mano a franquistas. Es lógico, porque, como ha señalado Abascal, lo propio del PNV es dar la mano a los asesinos etarras. Propio del PNV, del PSOE y del PP desde Rajoy. Una vez más se demuestra que el antifranquismo es el cáncer de la democracia.
**Los vascos siempre se han considerado españoles, y los mejores de ellos lucharon al lado de Franco. Pero llegaron unos orates y convencieron a los más torpes de ser una raza superior. De ahí una historia criminal.
**El orate Arana clamaba contra los vascos, pues según él, se sentían hermanos de una raza tan inferior como la de los demás españoles, “más parecidos a gorilas que a hombres”.
**De igual modo, la ETA nació acusando a los vascos de “un horrible pecado” al no apoyarla para luchar contra los demás españoles. ¿Por qué han cambiado estas cosas? En muy gran medida por un clero abyecto y miserable.
**La ETA gozó desde la transición de un status moral privilegiado como antifranquista de verdad, y por tanto “demócrata”. Ese status se lo reconocieron todos los demás partidos, que salvo los comunistas no habían luchado contra el franquismo. Solo Aznar aplicó el estado de derecho a los asesinos, rescatados y vueltos a reconocer por los delincuentes Zapatero y Rajoy.
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Los tres mundos de la vida.
La vida humana y la vida en general, se desarrolla en la superficie de la tierra, bajo el firmamento y sobre el subsuelo. El sentimiento de estos tres mundos, razonado o no, semiconsciente en general, condiciona necesariamente la psique. El mundo superficial está al alcance de los sentidos y la actividad humana, es visible, palpable, audible, etc., y se deja manipular en mayor o menor grado. El subsuelo, en cambio, incognoscible salvo por el ligero atisbo de las grutas y pozos, se presenta como lo opuesto al mundo superficial: denso, opaco, estático y oscuro; inquietante por ello y porque, ocasionalmente, castiga a la superficie haciéndola temblar o la abrasa con erupciones de fuego y gases. En cuanto al firmamento, contrasta especialmente con uno y otro: al contrario que el subterráneo se ofrece como un espacio inmenso y libre; al contrario que el superficial, escapa a todos nuestros sentidos salvo el de la vista, aunque a demasiada distancia para apreciar sus detalles. También al contrario que el variadísimo y movidísimo mundo superficial, se muestra casi uniforme en sus luminarias, solo variables en tamaño, y en sus movimientos diurnos y nocturnos, lentos, majestuosos y repetidos. Inasequible a las capacidades y a la manipulación humanas, el hombre percibe que, sin embargo de ese mundo depende la vida en la tierra, su propia vida. Y lo opone al subsuelo, a la tierra, de donde ha salido el hombre y adonde retornará cuando se cumplan sus días.
No es difícil entender a partir de estas evidencias el origen de la religión. El mundo superficial, en que despliega su existencia, se presenta al hombre como una variedad inmensa de seres y movimientos en un caos en el que su mente y acción deben imponer cierto orden, por lo menos el suficiente para no ser arrollado y lograr actuar con algún sentido. Pero es del inasequible mundo superior del que recibe la luz, el agua y las condiciones generales de vida, por lo que sitúa allí las divinidades que de diversos modos gobiernan su vida, las cuales le permiten tanto subsistir como orientarse en su movimiento físico y en su peripecia vital. Y es en el subsuelo donde sitúa el tenebroso mundo de los muertos. Los mitos desarrollan las interacciones y conflictos entre los tres mundos, y tratan de exponer la posición humana en ellos. La exigencia de orden y comprensión de la psique impone una jerarquía en los dioses, con alguno en la cúspide de ellos, y de ahí que se llegue finalmente a la idea de un dios único, prefigurado en la jerarquía, aunque permanezcan restos de los demás en las figuras de los ángeles.
Esta concepción se liga a un necesario antropomorfismo: si el ser humano existe, a pesar de sus enormes diferencias con los animales, solo puede deberse a que la divinidad que le ha creado ha de parecerse de algún modo a él. La necesidad permanece en el materialismo: si la materia crea al hombre, las características de este deben estar implícitas en la materia, que de algún modo, imposible saber por qué, ha decidido crear un tipo de animal dotado de consciencia y de conciencia de la propia materia. El dilema planteado por Monod, según el cual la ciencia exigiría abandonar toda pretensión de “alianza” entre el hombre y el cosmos llega a un callejón sin salida.
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Historia criminal del PSOE: Una vez derrotada la insurrección del PSOE y los separatistas catalanes en 1934, se abrió la posibilidad de una rectificación en la línea socialista a favor de la posición de Besteiro, pero esta no se produjo. Por el contrario, el PSOE desató una gigantesca campaña de calumnias al gobierno por supuestas atrocidades en la represión de Asturias. La campaña, apoyada por la II y III Internacionales y por la masonería, alcanzó gran repercusión internacional, y dentro de España envenenó de odio los ánimo en un grado que se manifestaría al reanudarse la guerra civil en 1936. Esa campaña la he analizado a fondo por primera vez en El derrumbe de la República, y en esta sesión de Una hora con la historia reproduzco parte de ella. Fue una campaña esencial para entender lo que después ocurrió en España. El PSOE había fracasado en su asalto armado a la república, pero consiguió saltar del banquillo de los acusados al estrado del fiscal, intensificando los odios sociales que impedirían el asentamiento del régimen después de la tremenda sacudida de octubre del 34, y conducirían al Frente Popular y a la reanudación de la guerra con un encono feroz: https://www.youtube.com/watch?v=jOlZ7YuOqDQ
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Criterios para distinguir grandes novelas
Varios lectores han considerado tu novela como una de las mejores que han leído, y hasta de las más importante escritas en lo que va de siglo, incluso desde mucho tiempo antes, por lo menos en español. Eso debe halagarte mucho, porque has expuesto varias de esas opiniones más de una vez.
Bueno, eso han dicho algunos. Yo, humildemente, me limito a estar de acuerdo.
Ya, pero una cosa es decir “me gusta” o “es muy importante”, y otra justificarlo.
Tienes razón. No encuentro un criterio preciso para decir en literatura: esto es mejor que lo otro. Apenas podemos ir más allá de “esta me gusta más”. Claro que podría buscarse un criterio científico, por ejemplo, ¿cuál tiene más metáforas u otras figuras? La que tuviera más sería la mejor.
Bien, también es cierto que una misma obra puede tener las críticas más benévolas y las más corrosivas por parte de aquellos a quienes no ha gustado. Ha pasado con obras que luego se han considerado maestras. ¿No ha pasado con la tuya?
La mía es demasiado modesta para recibir tal atención de la gente entendida. Con pocas excepciones como Aquilino Duque, que es un escritor muy reconocido. Además “se” han considerado maestras, pero no por todo el mundo. Ya conoces lo que Tolstoi pensaba de Shakespeare. Nabokof ha hecho críticas muy negativas del Quijote. Leí hace poco una crítica feroz de Anna Kariénina, no recuerdo de quién, en plan feminista… ¿Cómo podía un hombre entender la psicología femenina? Algo así.
Tú has recogido la idea de Maeztu, que citaba como máximas figuras literarias españolas, auténticos mitos, al Quijote, a Don Juan y a La Celestina. ¿No hay más?
Quizá haya más en aquella época… Pero desde entonces la cultura española no ha producido nada comparable.
¿Ni siquiera tu novela?
Esa es la excepción, según opiniones expertas que yo estimo muy acertadas, ya lo he dicho. Pero, vamos, tu pregunta es claramente malintencionada. ¿A ti qué te parece? ¿Quieres sorprender mi púdica modestia?
¿Ni siquiera Galdós? ¿En qué lo fundamentas?
En nada, es difícil fundamentar los sentimientos que provoca un autor o una obra en unos o en otros. Galdós resulta demasiado doméstico, demasiado costumbrista para mi gusto. Claro está que para otros es maravilloso, así que ya ves. Si lo comparamos con Tolstói, le falta épica, a pesar de los Episodios Nacionales, que de todos modos son una contribución literaria original. Le falta también la penetración psíquica, moral, de Dostoievski o del propio Tolstoi, me refiero a la cuestión del bien y el mal, sobre la que giran los dos rusos. En Galdós y en la mayor parte de la literatura española es un tema menor o tratado de forma un tanto convencional. Y le sobra cierto progresismo, que rebaja un poco el conjunto. Pese a todo lo considero un autor de gran importancia, aun si no ha creado personajes tan emblemáticos como los del siglo de oro. Tiene otros méritos.
Otra vez, ¿y tu novela?
Yo la defendería así. Primero, todos los comentarios, con muy rara excepción, coinciden en que es muy amena; claro que hay novelas muy amenas y que tienen muy poco valor aparte de ese. Segundo, también coinciden casi todos en que es un relato muy original; claro que también hay muchas originalidades que no pasan de disparates. Tercero: la acción no es arbitraria o disparatada, es bastante verosímil para quien conozca las circunstancias de la época, aunque choque a quien solo la conoce por novelas tipo La Colmena. Cuarto, aunque hay una base de costumbrismo en la descripción de ambientes y algunos personajes, sus protagonistas no son costumbristas ni banales o planos; si bien eso no significa que sean necesariamente interesantes. Quinto, casi todo el mundo coincide en que en este caso sí son interesantes, aunque habrá otros gustos. Sexto, la acción y los personajes se apartan de las convenciones literarias hoy dominantes: para mí es un mérito, pero admito que muchos lo verán como un defecto. Séptimo: el relato tiene un trasfondo filosófico implícito, a veces también explícito, pero sin abusar, no es una mera novela de aventuras, de la acción por la acción…
O sea, que contra lo que decías al principio, sí hay algunos criterios para apreciar la calidad de una obra de arte. ¿Acaso no escribió Harold Bloom un “canon occidental” de la literatura? ¿O no hay nada más que subjetivismo en Steiner o Hauser o Lukács…? Las justificaciones de tu novela que ofreces quedan un poco vulgares. A cada uno de ellos se le puede criticar de muchas formas, pero revelan un intento muy serio de superar el mero subjetivismo del “me gusta” o “no me gusta”.
Bueno, Bloom tenía sus preferencias, principalmente anglosajonas, y menospreciaba la literatura hispánica, incluido Cervantes. Como marxistas, Hauser o Lukács querían una comprensión científica de la literatura, y lo que hicieron permite entender más de marxismo que de literatura. De otros muchos autores posteriores, desconstructivistas y demás, prefiero no perder el tiempo leyéndolos, me basta con alguna referencia tipo wiki. En todo caso, los criterios de unos no siempre son aceptables para otros. Mi tesis es que la literatura desciende del mito, como la filosofía desciende de la religión. Por eso me ha halagado, como usted dice, que algunos –dos, creo, pero bastan– me dijeran que Sonaron gritos recuerda a un mito. Claro que los mitos son muy sintéticos, y una novela de 600 páginas se explaya mucho. Pero una novela no es un mito, aunque parta de él, como la filosofía no es religión. En cuanto a la novela, un amigo dudoso me comentó: “Bueno, de todas maneras tú no eres un Cervantes”. “Es muy cierto –le dije–, pero si ahora apareciera un Cervantes no creo que tú te dieras cuenta”.
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