Separatismo catalán (II) Miseria hermana del regeneracionismo / O. Jayam (16) ¿Y si supiéramos el sentido de la vida?

Separatismo catalán (II) Miseria hermana del regeneracionismo

Si Gaziel hubiera investigado un poco la historia, habría constatado dos cosas: que lejos de mantenerse aislada de lo que entiende por Europa, España había participado en todas las evoluciones europeas, oponiéndose solo al protestantismo. Y que al menos una de las bases de la democracia actual se encuentra en la escuela de Salamanca, así como de ciertas concepciones económicas hoy dadas por más o menos científicas,  asimismo del derecho internacional. Y que España  llevaba dos siglos y medio esforzándose por seguir aquellos rasgos más modernos que según él caracterizaban lo europeo, siendo Cataluña, junto con Vascongadas, la región que más empeñadamente se opuso a esa evolución reciente. Habría notado también que en la pugna entre liberales y carlistas, ganaron los liberales (los “europeos”, en su concepto), y que el separatismo hunde una de sus raíces precisamente en la reacción clerical contra dicho triunfo. Esa raíz se combinó curiosamente con el racismo entonces extendido por toda Europa para dar lugar a un separatismo aún más furioso por impotente. Las maldiciones de Gaziel a Hitler tienen cierta gracia, porque la base ideológica de ambos es muy pareja. Que la adopción del liberalismo en España  marcase el siglo de su mayor decadencia es otra cuestión. Desde luego, el carlismo no era la alternativa. Que los separatistas creyeran probada su superioridad en la industrialización de Barcelona es otra mistificación. Aunque los  separatistas, ajenos a dicha industrialización, se la apropiaran  para demostrar su superioridad, ella no les debe nada: se produjo por una combinación de iniciativa de  catalanes que se consideraban españoles  con una política centralista que les facilitó un mercado cautivo.

No mejor es la versión del franquismo  ofrecida por  Gaziel y que es compartida en lo esencial por Varela Ortega y los intelectuales y políticos anglómanos que venimos comentando:  Sólo quedan las terribles castas ancestrales: la milicia y la clerecía, institucionalmente hermanadas (incluso cuando parecen reñidas), forman una piña fortísima, con una mentalidad cuartelaría y seminarista, refinada por toda clase de “rasgos” autoritarios, negocios fabulosos e intereses creados [...] son todavía las castas medievales hispánicas, nunca muertas del todo, revigorizadas ahora, en pleno siglo xx, gracias a los vientos totalitarios [...] que hace algunos años surgieron en Italia y Alemania. Lo curioso del caso, sin embargo, es que, vencidos y aniquilados en toda Europa, la copia grosera que hicieron las castas españolas sigue perdurando en España. Para ellas no ha habido justicia, ni tribunal de Núremberg. Y así continúan, más soberbias que nunca, convencidas de que tiene que estallar universalmente un nuevo y todavía más grande cataclismo bélico [...] que barrerá el Renacimiento, la Reforma, la Revolución Francesa, todo lo que ha hecho Europa que ellas no pueden soportar. Con la esperanza de dejar encima de sus ruinas un nuevo imperio teocrático y militar hispánico, como el de Felipe II.”

El imperio de Felipe II ni fue teocrático ni militar, fue una enorme organización sin precedentes anteriores, un imperio que duró tres siglos, probablemente el más pacífico internamente de la historia, y que en Europa tuvo que contender con las violentas teocracias protestantes y calvinistas, con la amenaza otomana y con  mil piraterías que parecerán ilustradas  a los gazieles. Es natural que para España sea una época grande e inspiradora. España participó ciertamente en el Renacimiento; en cuanto a la Reforma y la Revolución francesa, uno no sabe si los gazieles las admiran tanto por las libertades que les atribuyen o por la  tremenda acumulación de crímenes, guerras y despotismos que las caracterizaron. No les gusta mencionarlos, pero merecerían alguna reflexión.

   En cuanto al franquismo, sus famosas “castas”, provenientes de Recaredo como las define el botarate, lejos de desear ninguna nueva guerra, mantuvieron a España al margen de la II Guerra Mundial, reconstruyeron e industrializaron  el país, crearon por primera vez una extensa clase media, expandieron la enseñanza como nunca antes, redujeron el analfabetismo a niveles marginales, mantuvieron un estado pequeño y eficiente; y aunque restringieran las libertades políticas, sobre todo para los que habían provocado la guerra civil, mantuvieron unas libertades personales que podemos envidiar ahora que el estado pretende dictar “democráticamente” hasta los sentimientos de la gente; y forjaron una sociedad con la mejor salud social de Europa, medida por los índices de delincuencia y población penal, droga y alcoholismo, fracaso y violencia familiar, etc; con una de las tres o cuatro esperanzas de vida al nacer más largas del mundo. Lo sorprendente es que todas estas transformaciones iban ya realizándose, poco a poco o aceleradamente,  ante los ojos de un Gaziel, cerrados a la realidad por su fanatismo hispanofóbico: falleció en 1964 en su odiada España franquista.

Pero el fondo de la cuestión es más amplio: se trata de la interpretación de la historia de España en su conjunto. Según  Gaziel,  ese pasado se resumía en  la historia de una familia pobre, numerosa y malavenida, con más carácter primario en sus diversos componentes que espíritu colectivo. Y que esta familia, sumergida durante largos siglos en ásperas luchas intestinas, encerrada en su redil y aislada prácticamente del resto del mundo, recibió de repente el Gordo de Navidad (descubrimiento fortuito de América), y poco después un casamiento no planeado, también fruto del azar (el de Juana la Loca y Felipe el Hermoso), la llevaron a verse comprometida en los más grandes problemas e intereses de la tierra [la cursiva es mía] [...]. Naturalmente, falta de preparación, España sólo, pudo hacer frente a tan enormes, no deseadas y desproporcionadas empresas con el impulso primario de sus hijos, una fuerza vital puramente biológica, sostenida por los tesoros del Eldorado. De aquí que la inmerecida y rápida grandeza de España comenzase a declinar fatalmente inmediatamente después de haber eclosionado [...]. Menos de un siglo después de constituido aquel inmenso imperio ya estaba hecho jirones por todas partes [...]. Pero el sueño imperial [...] dejó en el alma española un complejo morboso, del cual todavía no ha podido curarse, ni es probable que se cure. Desde Felipe II a nuestros días, cuando no dormita [...] o no vuelve a destrozarse en luchas fratricidas, España vive soñando que va a volver a tocarle el Gordo»

Esta sarta de disparates, leyenda negra incluso degradada, tiene máximo interés porque  coincide en lo esencial con la visión del grueso de las infraélites políticas e intelectuales de toda España desde el 98. La he examinado largo y tendido en Nueva historia de España, en La Reconquista y España, en Una historia chocante y muchos artículos, y no me extenderé ahora. Baste con señalar que fue imponiéndose por los “gárrulos sofistas” del regeneracionismo, y destacadamente por Ortega, Azaña, Marañón, Lerroux  y muchos más, que en su “europeísmo” puramente retórico,  incapaz de producir el menor análisis histórico de su ídolo, ni político de la situación europea del momento,  pretendían empujar a los españoles a ser masacrados en la I Guerra Mundial al servicio de Francia e Inglaterra, dos potencias siempre “amigas” de España. Fue casi un milagro que el país se librase de aquella contienda, que sumió a Portugal, satelizado por Inglaterra, en una continua convulsión interna.

Lógicamente, si tal había sido la historia de España, los separatistas tenían sobradas razones para abandonar un barco tan cochambroso.  Y esa es la concepción que ha vuelto a prevalecer desde la Transición, y en ella se encuentra el germen de todos procesos destructivos  y liberticidas que viene sufriendo el país… ¡siempre en nombre de una “democracia” tan quimérica como su “Europa”!

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Omar Jayam (16). ¿Y si supiéramos los porqués de la vida?

Creo que Eugenio D´Ors solía contar un viejo cuento: un curioso contempla a tres obreros  atareados  con unas grandes piedras. “¿Qué haces?” preguntó a uno: “¿No lo ves? Estoy deslomándome tallando estos bloques para poder comer”. Preguntó al siguiente lo mismo: “Estoy preparando las piedras para hacer una columna, esperando que me paguen”. El tercero contestó: “Estoy construyendo una catedral”. Los tres hacían lo mismo, pero con perspectivas diferentes: solo el tercero sabía o sentía  realmente para qué trabajaba,  o se interesaba por ello más allá del interés inmediato.

Si extrapolamos el cuento a las cuestiones de Omar Jayam, nos encontraríamos que el tercero  sería el único que vislumbrase, si no el por qué de su llegada y partida del mundo, al menos el para qué de su estancia en él. Desde luego, si la condición del hombre le permitiera saber el porqué o el paraqué de su vida, perderían su razón de ser las angustias y esfuerzos resultantes por orientarnos en ella, es decir,  la moral, la religión, la filosofía, el arte. El hombre sería como los demás animales, pero con la consciencia real, la consciencia  del sentido de su vida. Esa situación puramente teórica no tendría por qué ser, sin embargo, satisfactoria. Aunque la vida tenga muchas satisfacciones, lleva consigo una carga muy fuerte, no pocas veces abrumadora, de pesares. Quizá la verdad de la existencia humana fuera precisamente un mal a cuya realidad procuramos no asomarnos, pero que percibimos vagamente en nuestras pesadillas. 

  Abarcara lo que abarcara esa consciencia, algo compartiría sin embargo con la deficiente consciencia del ser humano presente: la de que su vida, en todos sus aspectos fundamentales, dependería de una fuerza exterior a él. Conocer el sentido de su vida pasaría por el conocimiento de esa fuerza, que dejaría de ser misteriosa. Si la llamamos Dios, podríamos pensar, bien que es un ser bueno o que es malvado, aunque, al menos, podremos dirigirnos a él, para rogarle o para maldecirle, ya que, de algún modo, se parecería a sus criaturas. Si la llamamos “necesidad” o “ley” (cósmica), entonces la vida humana es un mal insoportable: como una apisonadora, la necesidad termina destruyéndonos de manera ineluctable y por completo insensible  a nuestros deseos y sentimientos, volviendo estos absolutamente irrelevantes. ¿Cómo salir de estos dilemas?

 

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Y de pronto… la peste / Tesis sobre el franquismo / Por qué tenemos una universidad basura

Y de pronto… la peste

De repente, la vida que considerábamos libre y normal se altera profundamente, al extremo que se pide, y en algunos sitios se impone, no salir de casa; y todas las noticias y la atención pública giran en torno a la nueva amenaza. Cabría pensar que se trata de un fenómeno de pánico colectivo, quizá inducido por intereses oscuros, pero no parece ser así. Ningún interés político o económico sale indemne de la pandemia. Las pestes tradicionales solían ser bacterianas, mientras que esta es vírica, y tiene peor arreglo. Es una peste global, como lo fueron la de Justiniano y la Peste negra. Desde luego no es nada probable que vaya a hacer ni remotamente tantas víctimas como aquellas, quizá  la gripe corriente haga más víctimas, aunque pudiera no ser así. El problema es más bien su carácter explosivo y repentino, su duración incierta, la falta de medicamentos adecuados y el desbordamiento de los medios hospitalarios. Otra peste reciente, el Sida, afectaba muy mayoritariamente a homosexuales y drogadictos, pero esta obra sin discriminación.

Y las consecuencias económicas. Millones de negocios tendrán que cerrar por más o menos tiempo, muchos de ellos quebrarán, provocando millones de desempleados, penurias y probables disturbios. Ya antes del coronavirus decían bastantes economistas que se acercaba una crisis quizá peor que la iniciada en 2008. Otros en cambio lo negaban, así García Domínguez; aunque, también en LD, Daniel Rodríguez la pronosticaba con casi certidumbre, por no haber aprendido de la experiencia ni efectuado reformas estructurales de verdadero calado. Por tanto el coronavirus no haría sino agravarla. Los remedios fiscales y monetarios, señala García Domínguez, están agotados, por lo que la crisis, que ahora atribuye al coronavirus, promete una gravedad extrema.

No hay que ser agoreros, pero ante la gran depresión de los años 30 Hayek preconizaba un “dejar hacer”, que según él recompondría la economía en plazo más o menos corto o largo. Pero que daría lugar entre tanto a unos costes e inestabilidad sociales difíciles de asumir. Keynes era partidario de la política de gasto e intervención pública que se adoptó en la práctica. Sin embargo, la crisis no se superó en toda la década, sobre todo para Usa,  hasta que la guerra mundial le puso fin.

Europa (Historia)

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Campaña por la verdad: Tesis sobre el franquismo. Dado que la mayoría de los jóvenes han perdido la costumbre de leer textos algo largos, puede tener la máxima utilidad difundir  en las redes esta campaña en “píldoras”.

**El franquismo libró a España del Frente popular, es decir, del comunismo y la disgregación, así como de la guerra mundial. Solo por eso entra con letras de oro en la historia de España.

**El Frente Popular comenzó el terror ya antes de la guerra, y cometió tales crímenes y tan sádicos, que se impuso un castigo severo a sus sicarios, a quienes abandonaron sus jefes, que huyeron llevándose todo lo que habían robado.

**Al librar a España de la guerra mundial, España se convirtió en el único país de Europa sin deuda moral, política o económica con los ejércitos useño y soviético ni con las finanzas useñas.

**Al derrotar al maquis y a un aislamiento criminal, diseñado para hambrear masivamente a los españoles, y al reconstruir el país contra todos los chantajes y hostilidades,  el franquismo contrajo otro mérito de carácter histórico.

**El franquismo no tuvo otra oposición que la comunista y terrorista. Y ha sido esa oposición la que ha elaborado la versión “memoria histórica” de la guerra y el franquismo, adoptada después por cierto liberalismo de pandereta y anglómano.

**No había demócratas en las cárceles franquistas, solo marxistas y terroristas. Los más o menos demócratas y liberales prosperaron como el resto de la población en el régimen, a menudo en su aparato de estado.

**Si el franquismo hubiera sido tal como lo describe la historiografía lisenkiana y anglómana, entonces los comunistas, la ETA y el GRAPO habrían tenido razón. Y los “liberales” que adoptan sus versiones habrían sido cómplices de una tiranía criminal.

**El hecho de que para atacar al franquismo precisen sus enemigos imponer una ley totalitaria explica por sí solo la ligazón histórica entre democracia y franquismo. Sin este, la democracia habría repetido el caos de la república. Lo que intenta el nuevo frente popular.

**Es muy significativo que la mayoría de los que se descubrieron “antifranquistas” a la muerte de Franco y sin haberle hecho oposición, optaran por apoyar o  adherirse al PSOE, el partido de historia más criminal del siglo XX y lo que va del XXI

Los Mitos Del Franquismo (Historia)

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Una universidad basura. (Tertulia)

De los lectores de Por qué el Frente Popular perdió, ¿cuántos calculas que son jóvenes?

–No puedo decirlo con precisión, pero sí puede medirse por la difusión en las redes sociales: parece que los jóvenes son una proporción muy baja, no creo que llegue al 10%.

No debe extrañarte, porque es un hecho que hoy los jóvenes, me refiero a los universitarios, apenas leen libros, y menos libros serios, a no ser que les obliguen para aprobar.

–No creo que ocurra solo en la actualidad. En mis tiempos, la gran mayoría de los universitarios hacía lo mismo. Bien es verdad que había una minoría, que hoy no se aprecia apenas, que sí leía cosas enjundiosas. Desde Sartre a Mao, pasando por Freud, Fromm, Marx, Althusser, Reich, y un largo etcétera. Alguno que otro estaba prohibido, pero se conseguía con facilidad. Los chicos no eran todos marxistas o freudianos, pero leerlos era  y es imprescindible para conocer gran parte de la cultura del siglo XX. Hoy, según veo en las redes, esas minorías no existen o apenas. Los jóvenes están muy condicionados desde la infancia por los juegos, la enorme cantidad de bazofia de internet, la pornografía, etc. Algunos se salen de ese ambiente, pero reconozco que no es fácil.

No obstante, tu libro sobre el Frente Popular va por la tercera edición. Si solo lo lee un 10, o incluso un 5 por ciento de universitarios, ya se demuestra que hay una minoría interesada. ¿O es que en tus tiempos era una proporción mayor?

–Ahora que lo dices, no, no creo que fuera mayor. Sin embargo había una diferencia: esa pequeña minoría era la que daba el tono, por así decir, a la universidad. Es cierto que causó muchos estragos en ella, pero tenía cierta excusa, porque fuera de esa minoría el ambiente intelectual era bastante rutinario y anodino. Hoy tenemos una experiencia histórica que ya no justifica tales cosas, pero no ha sido analizada. Es una universidad mangoneada por caciques y basada en una ley norcoreana, que no afecta solo a la historia. Es un enorme retroceso. Una universidad basura, para hablar con claridad. He escrito el libro sobre el Frente Popular no solo para reenfocar la historia pasada, sino para hacer comprender que la falsificación del pasado envenena el presente. En España la experiencia histórica pasa sin el menor análisis o con versiones falsas, por lo que los errores se repiten como vemos. Hoy tenemos un nuevo frente popular que ha impuesto un golpe de estado permanente y amenaza muy seriamente la integridad nacional y las libertades, como ocurrió en los años 30

¿Se puede juzgar al enorme aparato universitario por esa ley? Resulta muy excesivo.

–No lo es. Naturalmente, están las facultades y escuelas técnicas y científicas, que tienen un nivel pasable, pero ese nivel puede conseguirse con facilidad, basta dedicarles suficiente dinero sin demasiados derroches o corrupción. Pero en lo que se refiere al pensamiento y las humanidades en general, aceptar y explotar  la ley de memoria histórica es reconocer  una especie de gangsterismo de la cultura.  Y no me refiero solo a los departamento que difunden esa porquería, sino también a los que, sin aceptarla abiertamente, no se rebelan contra ella, no protestan. El nivel moral, intelectual y democrático, está por los suelos. A menudo se ha criticado, yo también lo he hecho, que la UCD y el PP hayan abandonado la universidad renunciando a la batalla cultural, a la batalla de las ideas. He tardado en percatarme que para dar esa batalla hay que tener ideas, y esa derecha carece por completo de ellas. Se proclama “centrista” lo que en la práctica solo significa seguir las ideas del PSOE y los separatistas, lo viene haciendo desde hace muchos años. 

Por Que El Frente Popular Perdio La Guerra Civil

Es usted un héroe”, le dijo Dencàs a Companys cuando la sublevación separatista del 34. En historia criminal del PSOE:   https://www.youtube.com/watch?v=aYczf_Ojg-g

 

 

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Miseria del separatismo catalán (I) / Eslava Galán o los “demócratas” sanguinarios.

Es usted un héroe”, le dijo Dencàs a Companys cuando la sublevación separatista del 34. En historia criminal del PSOE:   https://www.youtube.com/watch?v=aYczf_Ojg-g

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Miseria del separatismo catalán

El artículo de Linde sobre Gaziel es muy interesante en cuanto expone  ciertas opiniones del sujeto sobre Churchill y la guerra mundial, no muy compartidas hoy, y más aún por sus opiniones sobre España en general y Cataluña en particular, actualmente muy divulgadas, con más o menos matices entre las élites –infraélites más bien–  culturales y políticas españolas.  En cuanto a  Churchill,  no solo habría sido el gran traidor responsable de la supervivencia del régimen de Franco  (como Varela Ortega y compañía, cree que la actitud y actividad de Franco fue un dato irrelevante al efecto),  sino también de la II Guerra Mundial al “encender toda Europa y todo el mundo a sangre y fuego porque Hitler estaba haciéndole, con violencia, un pequeño recorte a Polonia en 1939″. No deja de ser una interpretación de lo más llamativa, baste aquí con exponerla.

Gaziel  era un separatista, moderado solo por la impresión de que la secesión era inviable en fecha previsible. Cataluña estaba amarrada a España, pero él había escrito a Companys Lo dramático de nuestros días para nosotros, los catalanes, es esto: ¿durará la República lo suficiente en España para permitirnos hacer frente a su inevitable caída? ¿Tendremos tiempo de reforzarnos y organizarnos antes de que se hunda, y de hacerlo suficientemente para que, cuando venga el inevitable derrumbamiento, no se derrumben también nuestras libertades? A decir verdad, los separatistas venían pronosticando desde el 98 el inevitable derrumbe de España, y siguen en las mismas 120 años después. Es su máxima obsesión: el hundimiento de España abriría el paso a las “libertades” de  una Cataluña de vocación “europea”.

Una historia chocante: Los nacionalismos vasco y catalán en la historia contemporánea de España (Ensayo)

   Porque España y Europa no solo eran diferentes, sino opuestas: España es esencialmente antieuropea (…). Europa es un concepto [...] que, arrancando de Grecia y de Roma, comenzó a plasmarse en su forma actual con el Renacimiento, se expandió con la Reforma y acabó de concretarse con las revoluciones democráticas y liberalizadoras de Inglaterra y Francia. España –que ya durante lo que llamamos Edad Media estuvo un poco separada, fue una rueda excéntrica del engranaje de la cristiandad– siempre ha combatido en los tiempos modernos contra los principios fundamentales de Europa: racionalismo, ciencia, técnica, libertad de pensamiento, libertad política [...] si Europa sigue existiendo y prosperando, tarde o temprano la España tradicional –la misma hoy que en tiempos de Recaredo – volverá a quedarse al margen de lo que continuará siendo esencialmente europeo. Por lo visto los concilios de Toledo, embrión de los parlamentos;  el Fuero y las Cortes de León, primeras declaración de derechos  y parlamento europeos; la Reconquista, que fue también una barrera de defensa de Europa; la defensa posterior del continente frente al Imperio otomano;  la exploración y descubrimiento del mundo y expansión de la cristiandad… son hechos insignificantes. Por lo demás, España participó más tarde, aunque en posición de segundo orden, en el racionalismo, la ciencia, la técnica y las libertades posteriores; en todo lo cual Cataluña resultó durante siglos una de las regiones más atrasadas. Y si en el XIX y XX Barcelona destacó en la industria,  junto con Bilbao, fue gracias a un proteccionismo excesivo impuesto por Madrid, que perjudicaba al resto del país, y sin inventiva ni espíritu de innovación, gracias al mercado cautivo por dicha protección. “El catalán es copista”, decía Josep Pla, es decir, carecía de originalidad. También lo ha sido el resto de España, bien es cierto. 

La Reconquista Y España (Historia)

Según el sentido que Castilla le ha dado a España y ha impuesto a todos los pueblos peninsulares, con la sola excepción de Portugal, los catalanes no son españoles, pontifica Gaziel. Estamos aquí ante el mito de la España castellana, expuesto a su vez por Ortega en una de sus frases vacuas: “Castilla hizo a España y la deshizo”. Empeorada si cabe por Sánchez Albornoz: “Castilla hizo a España y España deshizo a Castilla”. Como salta a la vista de quien quiera alejarse de tales fraseomaquias, ni Castilla hizo a España ni la deshizo,  ni fue a su vez deshecha: basta echar un vistazo  desprejuiciado a la Reconquista y su precedente el reino de Toledo. Solo en una fase bastante avanzada de la Reconquista, Castilla, después de obstaculizar la unidad,  se convirtió en hegemónica política, económica  y culturalmente, amplió su ámbito hacia el sur  y se hizo común su lengua, a la que han contribuido todas las regiones y posteriormente América. También Cataluña, cuya cultura regional expresada en la lengua común es bastante más importante, cuantitativa y cualitativamente, que en la lengua regional.  En cambio Castilla perdió importancia económica en el siglo XVIII, y también en su aportación cultural y política, a las que contribuyeron en mayor medida las regiones periféricas sobre la base del tronco ya común a toda España.

La rupestre mitología del separatismo catalán, con su desaforada mezcla de narcisismo y victimismo, como da a entender Linde, se asienta en un doble mito: una España denigrada y calumniada sin limitación alguna, y una Europa tan idealizada como irreal y conocida solo por tópicos, y a la que en la península ibérica pertenecería solo Cataluña. Trataremos estos aspectos con más extensión aprovechando el brillante artículo de Linde. Baste señalar de momento dos cosas: las ideas que expresa Gaziel son las mismas, en lo esencial, que defendían los regeneracionistas y particularmente Ortega; y a pesar del grave problema que han supuesto los separatismos en España durante más de un siglo, hasta mi estudio sobre los dos principales “nacionalismos”  dentro de la evolución de España en ese tiempo, no ha habido un solo estudio medianamente serio y abarcador (sí algunos, muy meritorios, sobre aspectos parciales) y poco después los trabajos de Jesús Lainz. Este hecho ya revela mucho de por qué los separatismos han resurgido una y otra vez: por ausencia de nivel intelectual en España, a pesar de la “edad de plata” y del franquismo, que los derrotó en la práctica, mas no en las ideas.

Europa (Historia)

El detective separatista Francesc Bofarull i Bofarull pone en su sitio a la separatista andaluza Aixa Modrejón Cogolludo (http://blogs.libertaddigital.com/presente-y-pasado/el-toque-carolingiopujolico-4070/ ). En El erótico crimen del Ateneo: Un detective catalán penetra en el sórdido mundo de la intelectualidad organizada madrileña. Una novela negra como la vida misma:

  El erótico crimen del Ateneo: La novela negra como la vida misma que arrasa en el mundo de [Moa, Pío, Moh, Ul-Sih]

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Eslava, o los demócratas sanguinarios  

Dice este relativo historiador que si España hubiera entrado en la guerra mundial, habría sido invadida, con lo que felizmente en 1945 se habría instaurado una democracia y el país disfrutado del Plan Marshall.  “Olvida” señalar la cantidad de muertos, destrucciones y probablemente una nueva guerra civil que habría costado tanta dicha en un país que se estaba reconstruyendo de otra guerra. Eso le da igual. Estos “demócratas” siempre han sido  así de liberales con la sangre y los bienes de los españoles, ya en la I Guerra Mundial ansiaban enviar a ella abundante carne de cañón hispana. En España, es sabido,  son “demócratas”, es decir, antifranquistas, desde la ETA al PP pasando socialistas, comunistas y demás. Excepto  VOX.

   A VOX le  tildan de extrema derecha por oponerse a las leyes totalitarias de memoria “histórica” y de género, y a los chanchullos con los separatistas. Así son los miembros de ese club político político-intelectual del que forma parte el buen Eslava. Tenemos prácticamente una democracia de partido único, porque todos vienen a ser lo mismo. Muy corruptos también. ¿Y qué habría sido el Plan Marshall en manos de esos sanguinarios? No es difícil imaginarlo: un festival de la corrupción. Eso sí, el país estaría satisfecho,  invadido y con esos “demócratas” disfrutando de la sangre y los bienes ajenos.

La guerra civil y los problemas de la democracia en España: 9 (Nuevo Ensayo)

Viene esto a cuento de una novela en la que dicho escritor quiere retratar a Franco y su política durante la guerra mundial, recogiendo los tópicos, sin faltar uno,  de la propaganda, fundamentalmente comunista (él es más bien anglómano, pero aprovecha todo). Uno no acaba de sorprenderse del empeño que esa gente tiene en retratar a Franco como si fuera uno de ellos. Quizá quepa observar que, dado ese retrato del personaje y su régimen,  puede considerarse a Eslava cómplice de los mismos, pues hizo una fácil carrera de hijo de familia acomodada en aquel terrible régimen, para convertirse oportunamente al antifranquismo,  como tantos otros héroes de la “democracia”, palabra mágica que en España encubre cualquier cosa.

 Esta última novela le ha valido una intensa promoción en los medios, de izquierda y de derecha, empezando por el ABC monárquico (la monarquía lo debe todo a Franco, no se olvide). Me permito recordar el boicot generalizado  en esos medios, en la universidad  y en muchas librerías  a mi obra Por qué el Frente Popular perdió la guerra. En la España “democrática” de pandereta y  memoria histórica. 

Por Que El Frente Popular Perdio La Guerra Civil

 

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Miseria del separatismo catalán / Jayam

El artículo de Linde sobre Gaziel es muy interesante en cuanto expone  ciertas opiniones del sujeto sobre Churchill y la guerra mundial, no muy compartidas hoy, y más aún por sus opiniones sobre España en general y Cataluña en particular, actualmente muy divulgadas, con más o menos matices entre las élites o antiélites culturales y políticas españolas.  En cuanto a  Churchill,  no solo habría sido el gran traidor responsable de la supervivencia del régimen de Franco  (como Varela Ortega y compañía, cree que la actitud y actividad de Franco fue un dato irrelevante al efecto),  sino también de la II Guerra Mundial al “encender toda Europa y todo el mundo a sangre y fuego porque Hitler estaba haciéndole, con violencia, un pequeño recorte a Polonia en 1939″. No deja de ser una interpretación de lo más llamativa, que aquí basta con exponer.

Y Gaziel lo era, si bien moderado exclusivamente por la impresión de que la secesión era imposible: «Según el sentido que Castilla le ha dado a España y ha impuesto a todos los pueblos peninsulares, con la sola excepción de Portugal, los catalanes no son españoles». Estamos aquí ante el mito de la España castellana, expuesto a su vez por Ortega en una de sus frases vacuas: “Castilla hizo a España y la deshizo”. Empeorada si cabe por Sánchez Albornoz: “Castilla hizo a España y España deshizo a Castilla”. Como salta a la vista de quien quiera alejarse de tales fraseomaquias, ni Castilla hizo a España ni la deshizo,  ni fue a su vez deshecha. Basta echar un vistazo  desprejuiciado a la Reconquista y su precedente el reino de Toledo. Solo en una fase bastante avanzada de la Reconquista, Castilla, después de obstaculizar la unidad,  se convirtió en hegemónica política, económica  y culturalmente, amplió su ámbito hacia el sur  y se hizo común su lengua (también en Cataluña cuya cultura expresada en el español común es más importante que la expresada en la lengua regional), a la que han contribuido todas las regiones y posteriormente América. En cambio perdió importancia económica en el siglo XVIII.

Pero es muy importante entender la rupestre mitología en que se basa el separatismo catalán, fundamentalmente construido sobre dos mitos en los que coincide totalmente con Ortega y los regeneracionistas: España no es Europa, tiene una historia y cultura “anormales”, “enfermas”. Solo difiere en una cosa: Cataluña, sin embargo, sí es “europea”. Estas ideas están implícitas o explícitas  no solo en los separatismos, sino  también en las élites culturales y políticas españolas (Varela Ortega, al que venimos tratando, es otro ejemplo)  y explican las derivas sufridas por el país desde la transición. Ni la idea de España ni la idea de Europa tienen en estas corrientes otro valor que el de mitos imaginativos y singularmente toscos. Y revelan de paso también uno de los fenómenos más demostrativos de la decadencia cultural de España –a pesar de la “edad de plata”– es la escasez, cuando no nulidad para afrontar intelectualmente fenómenos del calado de  los separatismos.

La guerra civil de España en 1936, la provocaron, de un lado, la ineptitud gubernamental de las izquierdas españolas, mediatizadas progresivamente por el anarquismo social y el filosovietismo político; y, de otro lado, la obtusa cerrazón de las derechas, ceñudamente reaccionarias ante el régimen republicano, que prefirieron el riesgo de destruirlo al esfuerzo de atemperarlo [...]. La primera de estas inepcias inyectó en España un fermento convulsivo y catastrófico; y la segunda proyectó sobre el país la sombra maligna de Hitler y de Mussolini. Y, una vez estallada la lucha civil –más por iniciativa de la reacción que por ganas de la revolución [la cursiva es mía]»9, acusa a «las derechas» de haber iniciado el camino hacia el desastre por su ceguera antirrepublicana, que empezó a ser patente cuando la República tenía sólo semanas de vida, con el pretexto, dice, de «unas pocas quemas de conventos [la cursiva es mía]»

«Sólo quedan las terribles castas ancestrales: la milicia y la clerecía, institucionalmente hermanadas (incluso cuando parecen reñidas), forman una piña fortísima, con una mentalidad cuartelaría y seminarista, refinada por toda clase de “rasgos” autoritarios, negocios fabulosos e intereses creados [...] son todavía las castas medievales hispánicas, nunca muertas del todo, revigorizadas ahora, en pleno siglo xx, gracias a los vientos totalitarios [...] que hace algunos años surgieron en Italia y Alemania. Lo curioso del caso, sin embargo, es que, vencidos y aniquilados en toda Europa, la copia grosera que hicieron las castas españolas sigue perdurando en España. Para ellas no ha habido justicia, ni tribunal de Núremberg. Y así continúan, más soberbias que nunca, convencidas de que tiene que estallar universalmente un nuevo y todavía más grande cataclismo bélico [...] que barrerá el Renacimiento, la Reforma, la Revolución Francesa, todo lo que ha hecho Europa que ellas no pueden soportar. Con la esperanza de dejar encima de sus ruinas un nuevo imperio teocrático y militar hispánico, como el de Felipe II [la cursiva es mía] [...]. El pueblo español vive condenado a escuchar exclusivamente a los oráculos oficiales que son la voz de su amo, igual que pasaba en Italia y Alemania en tiempos de Mussolini y Hitler, igual que sigue pasando en la Rusia de Stalin»18.

Que el actual régimen español se aferra como a una tabla de salvación a la necesidad de emprender una tercera guerra mundial contra el comunismo se entiende perfectamente. Nacido de la guerra y de la antidemocracia, es un régimen que si se mantiene la paz y la democracia estará perdido más pronto o más tarde»20.

la España de Franco es la mayor y más fuerte reacción, jamás vista, contra las bases o fundamentos de la Europa moderna –contra la Reforma religiosa, contra la Revolución francesa, contra todo liberalismo, contra el sufragio popular, contra la libertad individual y la soberanía colectiva, contra todas las abominaciones que ellos dicen anticristianas– no son pamplinas [...] sino realidades enormes, tan anacrónicas y tan monstruosas como se quiera, pero pétreas»22.

España es esencialmente antieuropea, hablando políticamente. Europa es un concepto [...] que, arrancando de Grecia y de Roma, comenzó a plasmarse en su forma actual con el Renacimiento, se expandió con la Reforma y acabó de concretarse con las revoluciones democráticas y liberalizadoras de Inglaterra y Francia. España –que ya durante lo que llamamos Edad Media estuvo un poco separada, fue una rueda excéntrica del engranaje de la cristiandad– siempre ha combatido en los tiempos modernos contra los principios fundamentales de Europa: racionalismo, ciencia, técnica, libertad de pensamiento, libertad política [...] si Europa sigue existiendo y prosperando, tarde o temprano la España tradicional –la misma hoy que en tiempos de Recaredo [la cursiva es mía]– volverá a quedarse al margen de lo que continuará siendo esencialmente europeo»23.

La Historia de España podría resumirse diciendo que es la historia de una familia pobre, numerosa y malavenida, con más carácter primario en sus diversos componentes que espíritu colectivo. Y que esta familia, sumergida durante largos siglos en ásperas luchas intestinas, encerrada en su redil y aislada prácticamente del resto del mundo, recibió de repente el Gordo de Navidad (descubrimiento fortuito de América), y poco después un casamiento no planeado, también fruto del azar (el de Juana la Loca y Felipe el Hermoso), la llevaron a verse comprometida en los más grandes problemas e intereses de la tierra [la cursiva es mía] [...]. Naturalmente, falta de preparación, España sólo, pudo hacer frente a tan enormes, no deseadas y desproporcionadas empresas con el impulso primario de sus hijos, una fuerza vital puramente biológica, sostenida por los tesoros del Eldorado. De aquí que la inmerecida y rápida grandeza de España comenzase a declinar fatalmente inmediatamente después de haber eclosionado [...]. Menos de un siglo después de constituido aquel inmenso imperio ya estaba hecho jirones por todas partes [...]. Pero el sueño imperial [...] dejó en el alma española un complejo morboso, del cual todavía no ha podido curarse, ni es probable que se cure. Desde Felipe II a nuestros días, cuando no dormita [...] o no vuelve a destrozarse en luchas fratricidas, España vive soñando que va a volver a tocarle el Gordo»24.

España, tal y como Castilla la ha hecho y la ha orientado a lo largo de varios siglos, es «radicalmente incompatible» con una República democrática, tan incompatibles como lo son la Monarquía absoluta española y una Cataluña libre. Por eso –pensaba Gaziel en 1936– España no pararía hasta hacer caer a la República, es decir, al régimen democrático. Los caminos de España y Cataluña tienen que separarse, porque sus intereses y objetivos son distintos y, en algunos sentidos, opuestos. Después, sorprendentemente, Gaziel acreditaba la implantación de la Segunda República y su supervivencia después del 18 de julio a los catalanes, a «Cataluña». Escribe a Companys: «Lo dramático de nuestros días para nosotros, los catalanes, es esto: ¿durará la República lo suficiente en España para permitirnos hacer frente a su inevitable caída? ¿Tendremos tiempo de reforzarnos y organizarnos antes de que se hunda, y de hacerlo suficientemente para que, cuando venga el inevitable derrumbamiento, no se derrumben también nuestras libertades? [...] Lo único que detiene el golpe de Estado y la reacción antidemocrática y anticatalana es la incógnita de Cataluña, el miedo a su actitud [...]. Ahora que Cataluña tiene un gobierno propio, produce espanto un alzamiento en nuestra tierra, una rebelión cruenta, una vuelta a una posible –pero apenas probable– guerra de sucesión»27.

«Cataluña podría sentirse plenamente española en una España que se pareciese a Suiza: trabajadora, menestral, burguesa, ordenada, pacífica, casera y de composición política federativa. Pero una España semejante, que no ha existido nunca, sería para los verdaderos españoles –los castellanos y los castellanizados– todavía más absurda y más incompatible con ellos de lo que la España actual lo es para los catalanes. Y como Cataluña no ha tenido, ni es probable que tenga nunca, fuerza suficiente para darle la vuelta a este estado de cosas, a esta realidad granítica, de ahí viene la tragedia

 

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Varela Ortega 8: Franco, el mediocre favorito de la suerte y un discurso de Churchill

La ridícula heroicidad de Companys y  los separatistas catalanes en octubre del 34.    https://www.youtube.com/watch?v=aYczf_Ojg-g

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V. O. 8: Franco, el mediocre favorito de los hados.

Varela no tiene más remedio que constatar que Franco fue, efectivamente, uno de los militares y políticos más victoriosos del siglo XX en Europa o América, quizá el más notable teniendo en cuenta las dificultades, los enemigos, las  hostilidades que por un tiempo parecieron casi universales,  que hubo de superar. ¿Cómo explicarlo, si al mismo tiempo resulta ser, según los anglómanos, un ser mediocre, bruto, sanguinario  y hasta cursi? Obviamente, esta interpretación destruye cualquier explicación racional, y si algo demuestra es la mediocridad intelectual y espíritu cutre de tales análisis. El  único mérito que adjudican al Caudillo, una inteligencia primaria, propiamente astucia mezquina, aldeana o gallega, solo útil para asegurar su poder a toda costa, no le habría hecho llegar muy lejos.

Es precisa otra explicación, y la encuentran: ¡la suerte! Franco habría sido un personaje esencialmente pasivo y opaco, a quien, misteriosamente, la suerte le sonreía una y otra vez sin que él realizara acción alguna digna de recordarse (aparte de sus torpezas y crímenes, se sobrentiende). En la guerra civil, tuvo la fortuna de que sus enemigos al parecer no valían nada y él pudo haber acortado la lucha todo lo que quiso, pero la prolongó por gusto de hacer sufrir al país. Luego quiso meter a España en la guerra mundial, pero de un modo u otro el propio Hitler se lo impidió. Su momento más crítico fue al terminar dicha contienda, cuando los vencedores habrían podido barrerle con un soplo… ¡Ah, pero entonces vuelve a intervenir la baraka!: los vencedores empiezan pronto a enemistarse entre sí y gracias a eso Franco sobrevive.  Naturalmente, sobrevive condenando al pueblo a una miseria espantosa debido a sus ideas económicas infantiles. No obstante, la guerra fría vuelve a sacarle del apuro: cede unas bases militares a Usa, que no solo le concede algunos préstamos sino que, más importante aún, va empujando al régimen a liberalizar la economía, de modo que Usa vuelve a salvar a Franco, pero de manera muy positiva, “civilizando” por así decir, su régimen, modernizándolo económicamente (una versión parecida la sostiene el franquismo servil de, por ejemplo, Luis Suárez). Y así, Franco puede morir en la cama pero con su régimen  en trance de pasar a la democracia. Y colorín colorado.

Esta es en suma la versión de Varela y de tantos otros historiadores de ese nivel, muy útiles  para los políticos de tres al cuarto que venimos sufriendo tantos años, y que han precisado de una ley totalitaria para intentar garantizar  la “veracidad” del  cuento. Ya volveré sobre la iniciativa  y el protagonismo, realmente intenso, de Franco en los sucesos que le dieron tanta “suerte” pese a ser tan anodino y  vulgar.

Pero cambiando  a medias de tema, y en relación con Churchill, he leído en Revista de libros    un interesante artículo de Luis M. Linde, “La traición de Churchill, España, Cataluña”. Se trata de una amplia reseña de Meditacions en el desert. 1946-1953, de Gaziel (el periodista Agustín Calvet, director de La Vanguardia durante unos años). Las citas extraídas por Linde muestran la semidemencia del catalanismo, incluso moderado como era el de Calvet, que no llegaba al separatismo, aunque en parte lo suponía, y que merecerá comentario aparte. El caso es que Calvet, que, como Cambó, había apoyado a Franco durante la guerra, le cobraría luego un odio apasionado, así como a España misma, en la que ve una anomalía de Europa frente a una Cataluña definida como parte de la tradición europea según él la entiende. Pero ahora viene al caso por sus comentarios sobre Churchill y Usa  a quienes ve como autores de  una “gran traición”… ¿A quienes? A los “demócratas españoles” y en especial, claro, a los catalanes, que en la práctica serían los únicos auténticos. Ya hablaremos de esos “demócratas”, a quienes me he referido también en Por qué el Frente Popular…

   Se supone que la traición habría consistido en no invadir España al terminar la guerra mundial e imponer una democracia liberal bajo las orugas de los tanques y de los aviones useños e ingleses. La complacencia con el franquismo  habría comenzado ya con el discurso de Churchill en el Parlamento inglés, el 24 de mayo de 1944, poco antes del desembarco en Normandía. En él, Churchill  expresó su gratitud por la neutralidad de España, defendió a Franco contra  ”quienes creen inteligente, incluso gracioso,  insultar y ofender al gobierno español”, y se refirió a España  como necesaria para conservar la paz y el equilibrio en el Mediterráneo al acabar la guerra (transcribo abajo los párrafos dedicados al asunto en Años de hierro) .  Linde considera que el discurso adelantaba lo que sería la política de los Aliados hacia el régimen de Franco después de la guerra, pero en mi opinión no fue así. Roosevelt se mostró complaciente y respetuoso con Franco en vísperas de la Operación Torch por razones obvias, para cambiar poco después a una actitud ofensiva y chantajista; y lo mismo ocurriría con Inglaterra después del discurso de Churchill. Todo dependía de las conveniencias en las cambiantes situaciones de la guerra.

Por lo que respecta a Franco, sabía muy bien que aquellas promesas y  respetos valían poco, como le señaló a un ingenuo Don Juan cuando este creía que los tanques  anglosajones iban a llevarle en triunfo a Madrid: “No hagáis caso de lo que en el extranjero puedan insinuaros; las promesas a Polonia, al rey Pedro de Yugoslavia, al de Grecia, a Víctor Manuel, a Giraud y a tantos otros se esfumaron ante las realidades”.  ”Las naciones se guían por su propio interés y no por sentimentalismos, pesan las realidades y no las ficciones”.   Es cierto que Churchill simpatizó en cierta medida con Franco y su régimen, pero no sería esta ni mucho menos la actitud dominante entre los anglosajones.

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Por Que El Frente Popular Perdio La Guerra Civil

   Con ruego de difusión:

Con motivo de la alarma social suscitada por el coronavirus, se aplaza la presentación de Por qué el Frente Popular perdió la guerra, hasta que la alarma cese.  Parece mentira que un bichito “que si se cae se mata”, pueda paralizar gran parte de la vida social.

El libro va por la tercera edición a pesar del boicot que le han hecho los grandes medios, numerosas librerías y los caciques de la universidad. Es un libro concebido para acabar de una vez por todas con la “cultura” del embuste sobre nuestro pasado –por tanto sobre nuestro presente– instalada en España desde que, en 2002, el PP decidió criminalizar el alzamiento de julio del 36, escupiendo sobre las tumbas de sus propios padres y abuelos, y entregar la historia, por tanto la cultura y la universidad, en manos del nuevo frente popular de PSOE y separatistas. 

No obstante su intención, el libro no es de ninguna manera un panfleto, ni en su análisis ni en su lenguaje. Se trata simplemente de rescatar la historia real y dar un golpe decisivo, al menos en el plano intelectual y espero que también en el político, a la infame ley de la cheka, llamada “de memoria histórica” o, más injuriosamente, “de memoria democrática”, y que amenaza muy seriamente la libertad de todos.

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   Sobre las posturas anglosajonas en  vísperas de Normandía, extracto aquí, aunque sea algo largo, los párrafos dedicados en Años de hierro, que creo que en lo esencial reflejan la situación:

 ”Franco, bien al tanto, en líneas generales, de las intenciones y preparativos aliados para invadir Francia, percibía cómo la atención de estos se desviaba de España, dándole un respiro. El 23 de marzo, Eden elogió ante la Cámara de los Comunes la actitud española cuando Inglaterra estaba luchando sola y afirmó que “no se ha pedido a España más que una neutralidad estricta y honrosa”. Lo que falseaba un tanto la realidad, pero venía muy bien a la propaganda del régimen.

   “Con este nuevo clima comenzaron el 22 de marzo, en Madrid, las negociaciones para un acuerdo comercial que resolviese la crisis entre España y los anglosajones. El criterio británico, más flexible que el useño,  buscaba evitarse un enemigo mientras preparaba Overlord (la invasión de Francia), y terminó por imponerse, introduciendo una fisura en el frente anglosajón. Ya el 2 de abril Churchill indicó a Roosevelt que era preciso suavizar  el bloqueo y que, si no se hacía así, Inglaterra “concluiría un acuerdo con España proporcionándole petróleo, lo que revelaría al mundo la división entre los aliados de habla inglesa. El resultado fue la capitulación del Departamento de Estado”, señala Hayes. Roosevelt quería forzar una suspensión total del comercio de volframio hasta julio, por lo menos, y acababa de conseguir de otro neutral, Turquía, la interrupción de las ventas de cromo, un mineral también de gran valor en las aleaciones de acero, muy necesitado por la industria bélica alemana. Sin embargo, los ingleses preferían admitir las ventas, pero en cantidad muy baja.

  ” A su vez Franco, partidario de resistir al chantaje del volframio, hubo de ceder. El 2 de mayo se firmó un acuerdo “comercial” más que comercial en la práctica, entre España, Usa y Gran Bretaña. Las ventas de volframio quedaron restringidas a cuarenta toneladas mensuales, pero además sería cerrado el consulado alemán en Tánger, suprimida la agregación militar japonesa en Madrid, confirmado el retorno de los últimos voluntarios de Rusia y arbitrada una decisión sobre el número de barcos italianos, mercantes y de guerra, refugiados en puertos españoles.

“El acuerdo suponía un golpe moral y económico, pues España había ganado con el volframio la alta cantidad de 170 millones de dólares y aún más marcos; e imponía una neutralidad relativamente favorable a los aliados, admitida a regañadientes. Pero también traía ventajas al régimen, empezando por un reconocimiento implícito del mismo y un abandono, aun si provisional, de la causa monárquica, además de un trastorno para los exiliados. De paso facilitaba un mayor comercio con los anglosajones.

“A la hora de dar publicidad al acuerdo volvieron a surgir divergencias entre Londres y Washington. Los useños, malhumorados por sus cesiones, querían achacarlas a sus socios, y Hayes, para quien la larga crisis del volframio había sido “realmente agotadora”, protestó, alegando que se trataba de una victoria diplomática y no de una derrota, y que debía atribuirse a Usa, promotora del boicot del petróleo, y no a los ingleses. Cordell Hull le contestó: “Una transacción ahora con España no sería popular, ni la salvaría de la crítica el hecho de sernos favorable (…) Debo informar a nuestro pueblo de que, debido a la insistencia de los ingleses, llegamos a un acuerdo sobre bases inferiores a nuestros deseos”.

Años de hierro - España en la posguerra 1939-1945 (Bolsillo (la Esfera))

   “Pese a sus considerables cesiones, Franco salió de la prueba como adalid de la independencia nacional frente a las abrumadoras presiones extranjeras, y su popularidad aumentó. Unas semanas más tarde, su presencia en Bilbao fue acogida con más calor popular aún de lo habitual.

   “El acuerdo entrañaba una nueva estrategia franquista ante unas potencias mundiales incontrolables para España. El gobierno hizo concesiones mientras ganaba tiempo esperando que el peligro soviético cobraría total evidencia y forzase a las democracias a reconsiderar sus ideas sobre el franquismo, único régimen capaz, en su propia  opinión, de sostener un país sólido en la retaguardia continental. Su diplomacia, siempre hábil, pasó a ponderar los beneficios, invalorables en momentos críticos, de su neutralidad para quienes por fin se iban alzando con el triunfo.

  ”Pese a su cambio estratégico, Franco evitó traicionar a los alemanes, aun si su simpatía hacia ellos se le estaba volviendo gravosa e incluso peligrosa. Siguió favoreciéndoles dentro de lo que entendía posible, retrasando las medidas acordadas con los Aliados, permitiéndoles mantener gran parte de sus redes de información y espionaje, y una preferencia en la prensa. El contrabando de volframio continuó, si bien ya poco llegaría a Alemania debido a la desarticulación de los ferrocarriles y carreteras franceses por los bombardeos.  También aprovechó para obtener primero una sustancial rebaja en la deuda a Alemania, cuya valoración por parte de Berlín siempre le había parecido excesiva, y luego darla por cancelada unilateralmente.

   “El 24 de mayo la rectificación franquista obtenía un resonante triunfo propagandístico cuando Churchill, ante la Cámara de los Comunes, expresó gratitud por la conducta española durante los años en que la suerte de Inglaterra había pendido de un hilo, defendió la no injerencia en los asuntos hispanos y fue más allá (…)  No hablaba del régimen, pero  sus palabras  sonaban respetuosas hacia él, por lo que enfriaron el entusiasmo de la oposición antifranquista y ampliaron la brecha en el frente anglosajón con respecto a España, pues Usa seguía propugnando un duro hostigamiento.  En Inglaterra las declaraciones levantaron una polvareda en la prensa  y en las instituciones: “La sola evocación de los asuntos españoles tenía todavía capacidad de provocar violentos incidentes en el Parlamento”, señala Hoare. Roosevelt declaró no compartir los tiernos sentimientos de Churchill hacia España, y también su esposa, Eleanor, expresó su malestar. Churchill se vio en el caso de explicar a Roosevelt: “No me importa Franco, pero no quiero una península ibérica hostil a los británicos después de la guerra”.

   “Si Hayes y el Departamento de Estado useño sintieron el acuerdo con Madrid como una parcial claudicación, dentro del franquismo la mayoría de los falangistas lo entendió como una cesión humillante, si bien Jordana y otros los vieron como una tabla de salvación.  El disgusto de una parte del gobierno fue en aumento y el ministro del Ejército, Asensio, poco antes promotor de la unidad militar en torno al Caudillo, escribió a este una larga misiva protestando por la línea de Jordana. Las concesiones eran vejatorias y además inútiles, porque los anglosajones “se consideran incompatibles con nuestro régimen”. Sin embargo, de modo incoherente, concluía que había que entenderse con don Juan “para que no siga haciendo daño” y acelerar la vuelta del trono (…) La propuesta del general era sorprendente, porque ni los Aliados ni don Juan ni sus consejeros admitían una monarquía auspiciada por el régimen (…)

   “Antes de contestar, Franco consultó con Carrero, para quien (…) “Don Juan es garantía para los americanos pero no para España. España no tiene por qué caer en una u otra influencia”. Franco, amablemente, indicó a Asensio: “Si puedo estar conforme en parte con las premisas, no lo estoy con la mayoría de las deducciones”. Para él, las expectavias de don Juan y las promesas de los Aliados valían muy poco: una monarquía contraria al Movimiento no se sostendría y abocaría probablemente a una guerra civil. Tampoco podía confiar en una restauración hecha por el Movimiento, pues las presiones externas hacían muy verosímil que el rey derrocase al Caudillo y hasta lo encarcelase, como había hecho Víctor Manuel con Mussolini (…) Y explicó a Dieckhoff (…)  “España resistiría sin duda una agresión anglosajona, pero su ejército estaba mal armado y Alemania no estaba en condiciones de armarlo en grado suficiente, como tampoco podía suministrar petróleo o alimentos. Él quería hacer por Alemania todo lo posible, pero no había otra solución”.

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