En “Una hora con la Historia”: El único elemento que unía a los cuatro partidos o familias del franquismo fue el catolicismo, y por ello se declaró católico. Y al final la Iglesia resultó ser el adversario más demoledor del franquismo. https://www.youtube.com/watch?v=G_w97VLaW78
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Parece que el Doctor y su pandilla convocarán elecciones y casi todos los analistas andan muy alterados. Si el Doctor convoca elecciones es porque cree que podrá ganarlas, obviamente. Y tal vez las gane. Pero ¿qué cambiará eso? ¿Qué ha hecho el Doctor que no haya hecho el Registrador de la Propiedad? Los dos se han apoyado en los separatistas y a su vez los han apoyado y financiado; los dos han seguido la política de ZP de premiar los crímenes de la ETA y convertirla en una potencia política; los dos, es decir, el PSOE y el PP, han favorecido a Gibraltar declarándose “aliados confiables” de la potencia que invade nuestro territorio; los dos han aplicado la ley antidemocrática de género y la totalitaria de memoria histórica; los dos han promocionado al islam, el multiculturalismo, la histeria feminista y el aborto; los dos han demostrado una completa falta de conciencia nacional y democrática, desde siempre, no desde los últimos años. Ahora mismo el punto estrella del Doctor y su banda es la profanación de la tumba de Franco, y nadie quiere darse por enterado de lo que ella entraña, de su simbolismo y más que simbolismo como ataque a la monarquía, a la Iglesia y a la democracia. Si gobierna el Doctor, intentará ir más allá, el PP hará una oposición de farsa y si vuelve al poder seguirá haciendo lo que hacía el PSOE.
¿Ha cambiado el PP, como muchos quieren vendernos? ¿Se ha vuelto más patriótico y democrático con el sucesor del Registrador? En realidad, el PP es ya un partido confederal, como el PSOE, y desde su misma estructura tiende a confederalizar España, liquidándola como unidad nacional. Que ese designio lo presenten en nombre de España es una nueva estafa, como la de promover la ley de memoria histórica en nombre de la democracia y tantas otras fechorías realizadas por los dos partidos embelleciéndolas con palabras de mercadeo (marketing) publicitario.
¿Qué cambiará, pues, si gana las elecciones el Doctor con un electorado embrutecido por las políticas seguidas año tras año por PP y PSOE? No cambiará nada especial, simplemente la involución y putrefacción de la política seguirán empeorando mientras no se produzca una reacción potente y firme de las fuerzas patriotas y democráticas.
Por eso, el único elemento importante en el escenario es VOX. Mucho va a depender de que acierte. Y para ello debe aprovechar estos meses e intensificar al máximo su presencia y proyección por todo el país, frente a los intentos de elevar en torno a él un nuevo muro de silencio. Si no acierta a diferenciarse de la patulea de los demás partidos, habrá perdido una ocasión importante. Importante no tanto para el partido como para España.
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Dice Cebrián que vivimos en “graves circunstancias, con amenazas a la unidad del Estado (no dice España), a la continuidad de la monarquía parlamentaria y hasta de la propia democracia”. Si lo sabrá él, uno de los mayores enemigos de las tres.
Dice también Cebrián que la postura de Podemos ha sido “sensata, constructiva y coherente para la constitucionalidad democrática”. Pues como la del propio Cebrián. La estupidez y la canallería, que discernía Gregorio Marañón en otros como este fulano.
En Los mitos del franquismo expuse el papel de Cebrián y Ansón en la creación de un Himalaya de falsedades sobre aquel régimen, del que proceden y en el que prosperaron de forma privilegiada. La farsa dentro de la farsa.
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Ud dice que la Reconquista fue una empresa política y no religiosa.
–Ha entendido mal. Fue una empresa política sin duda, pero guiado por una concepción religiosa. Fue al mismo tiempo un proceso político de carácter propiamente español pero con alcance europeo (por el cristianismo) e islámico: los musulmanes todavía lo recuerdan. Las guerras tienen un contenido político (unos objetivos políticos que orientan la acción militar), pero a su vez la política va orientada por lo que, en sentido amplio, llamaremos ideología.
De ese modo, los reinos españoles deberían haber funcionado al unísono, guiados por el cristianismo, y lo mismo Al Ándalus, pero hubo muy frecuentes riñas y guerras internas en ellos, como usted subraya en el libro y por lo demás es cosa sabida.
–Así es. Encontramos al mismo tiempo orientación y disonancias entre ideología y política, y lo mismo pasa en el plano militar, donde las necesidades y sucesos bélicos enturbian o trastornan los objetivos políticos. Por no hablar ya de las rivalidades personales y entre partidos, que tantas veces conducen a la traición a los objetivos generales. Por esta razón, la historia positiva ha tendido a menospreciar los aspectos ideológicos o a mirarlos como simples pretextos o farfolla moralista para encubrir las acciones prácticas; y por eso suele centrarse exclusivamente en estas acciones. Desde luego, la conducta de los reinos cristianos tuvo a menudo muy poco de cristiana si atendemos a las exigencias morales de la doctrina.
En tal caso, ¿podemos definir la acción de esos reinos como cristiana?
–En efecto, es un problema. No podemos recurrir a un simple balance, como calcular cuántas veces obraron como cristianos y cuántas veces no lo hicieron. O comparar la tendencia a la guerra civil en Al Ándalus y en España. Desde luego, el guerracivilismo fue mucho menor en España que en Al Ándalus, lo que ayuda a explicar la victoria española, pero eso no solventa el problema. Es como las personas: se confiesan católicas, o protestantes, o liberales, o musulmanes o de cualquier ideología, pero si analizamos sus actos, ¿hasta qué punto son coherentes con sus doctrinas? Sin embargo es con arreglo esas doctrinas como tratan de dar un sentido general a sus actos y a su propia vida, que sin ellas se convertiría en un embrollo de sucesos sin verdadera finalidad.
¿Y no podría ser así en realidad, y la ideología una ilusión?
–La ideología o la religión, orientan moralmente a sus adeptos, pero en el hombre existen otras fuerzas instintivas que a menudo se imponen a cualquier norma moral con una fuerza ciega, utilizando luego la especulación moral para justificarse. Por ejemplo, en los reinos cristianos, en España y fuera, las luchas por el poder o por la riqueza llevaban frecuentemente a contiendas y asesinatos, parricidios y acciones de gran crueldad. ¿Qué valor tiene entonces la ideología y la moral adjunta a ella? ¿Hemos de considerar la moral como una manifestación elaborada y sublimada o racionalizada del instinto, o como una exigencia contra el instinto, que vendría marcada desde fuera? Está además la insuficiencia de la moral, que hace necesaria la ley, se supone que la moral inspira la ley, pero entre las dos cosas hay una fuerte tensión. La tragedia de Antígona gira en torno a esa disonancia. En la historia, y particularmente en una historia tan dramática como la Reconquista, esos problemas se aprecian con especial acuidad. Sin embargo, la orientación general permanece. Por eso he dedicado unos capítulos a establecer diferencias básicas entre el islam y el cristianismo. Por encima de todos los conflictos, esas diferencias básicas han dado lugar a unos tipos de sociedad y dinámicas sociales muy diferentes a su vez. Esto no puede negarse. Entre España y Al Ándalus no hay solo una oposición político-militar en la que podríamos decir que todos eran parecidos en cuanto a querellas internas, traiciones y crímenes (por lo demás, reducir todo a querellas, traiciones y crímenes es una gran estupidez. Si fuera así, la victoria o la derrota dependerían solo de la fuerza y la habilidad, y no habría otro criterio para juzgar el proceso. Pero también hubo heroísmos, conductas muy coherentes con las doctrinas o con concepciones morales elevadas, etc.; y por encima de todo ello, ya digo, el islam y el cristianismo originan sociedades y dinámicas históricas muy diferentes, como salta a la vista. Este es el fondo que a menudo queda difuso en muchas historias, y que he querido subrayar en mi libro
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En Adiós a un tiempo me ha interesado dejar constancia, más que de mi peripecia personal, de los ambientes sociales o de algunos de ellos, que se ha llevado el tiempo nadie sabe adónde. Otros, en cambio, persisten. Uno de los cambios más fuertes fue el de la Transición. La intensa politización, generalmente procomunista, en sectores de la juventud, se fue esfumando con rapidez, dando lugar al fenómeno del “pasotismo” y el “desencanto” –que necesitarían algún análisis–, ligados a la expansión del consumo de drogas, al alcoholismo y la delincuencia común; y a un puterío extendidísimo en los medios socialistas (“lo lúdico”, que decía Mienmano). Son fenómenos a los que me he referido en La transición de cristal, pero que realmente tienen muy poco que ver con Adiós a un tiempo, donde procuro evitar el análisis político. Personalmente, el análisis político me cansa y fastidia, aunque no haya más remedio que tratarlo. Me parece más interesante recordar el pasado vivido desde un punto de vista entre literario y biográfico
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