**Por qué, contra lo que dice la izquierda, los años 40 fueron felices en España: https://www.youtube.com/watch?v=rVEX4UIpojM
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Puesto que el poder se justifica como un beneficio para la sociedad en su conjunto, el consentimiento popular hacia la oligarquía constituye su legitimación última, la sustancia misma de la democracia y la legitimidad.
Entre la oligarquía en general y el pueblo en general existe siempre una tensión implícita. Aunque la oligarquía legitime su gobierno en función del orden, la paz o la libertad y el bienestar, su monopolio de la violencia y la tendencia a aumentar los gastos estatales –a veces radicalmente, por guerras, por ejemplo– le empujan a expandir su dominio tiránicamente y a esquilmar a la población. Estos impulsos no deben llegar a causar una ruina popular que empobrecería a los mismos oligarcas, ni provocar un descontento generalizado que engendre revueltas y derrocamientos; no obstante, los dos casos se han dado no raras veces. Así, el Frente Popular, desde las elecciones, causó un grave quebranto económico, y su despotismo e ilegalidad provocaron la rebelión de extensos sectores del pueblo.
Por las razones antes expuestas, el consentimiento popular nunca es “de todo el pueblo”, sino de una fracción más o menos grande del mismo. Cuando más grande sea, mayor la legitimidad de la oligarquía y en mayor medida podemos hablar de democracia. Y tampoco esa aprobación es perenne, ya que varía con el tiempo. Pero siempre, hasta en los regímenes de máxima aprobación popular, queda un resto de rebeldía o disidencia. Y a la inversa, incluso los regímenes más impopulares representan o cuentan con el apoyo de una parte de la población, aunque sea minoritaria. En ese sentido, todos los regímenes son democráticos en mayor o menor medida.
Por otra parte, a la cabeza de las oligarquías casi siempre encontramos una sola persona (a veces, poco frecuentes, hay dos, como en la Roma republicana, Cartago o Esparta, en un intento de evitar el despotismo). Por lo tanto, puede afirmarse que monarquía, oligarquía y democracia nunca se presentan como formas separadas y más o menos puras, sino que todos los regímenes estables son a la vez las tres cosas o presentan rasgos de las tres. En breve: todo poder estable es en distintos grados o proporciones oligárquico, monárquico y democrático es decir, consentido mayoritariamente. No obstante, es la oligarquía el elemento fundamental del poder, pues sin ella no puede sostenerse ninguna monarquía ni tampoco expresarse ningún consentimiento o representatividad popular.
El consentimiento o aprobación popular puede expresarse activamente, por medio de votaciones, por lo común, o pasivamente, como ausencia o gran escasez de rebeldía. Dejamos aparte la sumisión, ganada simplemente por el miedo y la violencia, y que generalmente procede de la imposición de un pueblo sobre otro. Así, en la guerra civil, tanto los nacionales como sus contrarios encontraron un alto apoyo activo –aunque no electoral– de amplios sectores populares. Después de la guerra, el apoyo al franquismo fue sobre todo pasivo, pero muy eficaz, como demuestran la derrota del maquis y del aislamiento internacional, así como el dato de que la emigración a otros países europeos no generase ninguna resistencia especial en el interior.
No debe considerarse la aprobación popular como algo dado, como un movimiento exclusiva o fundamentalmente del pueblo a la oligarquía, sino en mayor medida al revés, tanto por los intereses de los oligarcas como porque estos son los que disponen de mayor información e ideas sobre el conjunto de la sociedad. La oligarquía, o las facciones de ella, pugnan constantemente por ganar el consentimiento de las masas, y así ocurre en todos los regímenes, mediante diversos métodos: exposición de logros prácticos, económicos o de otro tipo, poderío frente a enemigos externos, exhibición de la majestad o potencia del propio poder, silenciamiento o persecución a los disidentes, etc.
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En tuíter PioMoa1
**El drama de la política española se concreta en esto: no hay recambio para Rajoy. Los demás son iguales o incluso peores
**No consigo entender el odio de izquierda y separatistas a Rajoy ¡Si es uno de ellos!
**Es en verdad triste y repugnante ver a estas bandas de capullazos y capullazas disputándose el gobierno de España. ¡A lo que hemos llegado!
**No hay lugar más peligroso para la vida humana que los vientres de las feministas.
**Para los feministas, liquidar una vida humana en plena gestación es un derecho fundamental.
**”Por supuesto, porque las y los feministas no tenemos hijos, sólo queremos abortarlos para comérnoslos https://twitter.com/PioMoa1/status/692667587562508288 …” Los feministas no se comen los fetos: hacen negocio con ellos, como Planned parenhood.
**Los feministas no creen que un feto sea una vida humana, sino una especie de tumor.
** La raíz del abortismo es el feminismo. Y hay más hombres que mujeres partidarios del aborto.
