El hombre como animal racional

Blog I: Males de la mediocre historiografía española:http://www.gaceta.es/pio-moa/males-mediocre-historiografia-espanola-11042015-1331

**Este domingo, en “Cita con la Historia” trataremos la relación entre Franco y Hitler en torno a la guerra mundial. 

**A partir del próximo día 14 estará en librerías  Los mitos del franquismo: http://www.esferalibros.com/libro/los-mitos-del-franquismo/

**Seguimos en campaña para obtener financiación para “Cita con la Historia”, que puede escucharse los domingos, de 4 a 5 de la tarde en Radio Inter. Por desgracia, esta emisora no puede escucharse en la mayor parte de España, pero los programas están accesibles en podcast y en you tube.

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 Una evidencia es que  los seres humanos razonan, es decir, crean conceptos y los  relacionan o combinan según ciertas exigencias que llamamos lógica, y obran más o menos en consecuencia.  De esa capacidad dependen muchas otras, como la de comunicar saberes, fabricar herramientas, etc. Viene a ser la capacidad de conocer y poner orden en el conocimiento tanto del enigmático  mundo exterior,  desvelable al menos parcial y progresivamente,  como del propio ser humano, que viene resultando más difícil. La razón creado la ciencia,  sistemas filosóficos,  ideologías, formas políticas, y podría ser la facultad humana más elevada y constitutiva, que resume o condiciona a las demás, y así ha solido juzgarse desde Aristóteles. Los animales obran por instinto, el hombre, con más o menos acierto,  por la razón, por el cálculo y la lógica, según la definición dicha. Se ha llegado a suponer, sobre todo  desde la Ilustración, que la razón, deductiva e inductiva, permite establecer principios universales con arreglo a los cuales podría y debería obrar el ser humano. Con lo que, alcanzados esos principios, el hombre podría conducirse con una seguridad semejante a la del instinto en los animales y prescindir de la religión.

   No obstante, algunas observaciones nos indican que esas aspiraciones  o pretensiones son, a su vez, poco razonables:

  1. La razón deja fuera de sí un vasto campo de la experiencia y conducta humana: la de las emociones, sentimientos y pasiones, productoras a su vez de las artes. El arte, desde la literatura a la música, no responde a la razón ni a exigencias racionales y se le ha considerado, en todas partes, como una de las manifestaciones más propias y elevadas de la naturaleza humana. Siempre ha habido un conflicto más o menos agudo entre el sentimiento y la razón, y esta, en algunos pensadores, ha tratado de imponerse. En España el pensador aristotélico Fernández de la Mora, autor del sistema que llama razonalismo –para distinguirlo del racionalismo, que no admite límites a la razón–  defiende al logos frente al perturbador pathos  juzgando que a la larga el predominio del primero se alcanzará de modo casi absoluto. El sentimiento y sus productos, a menudo tan poco razonables o racionalizables, irán perdiendo peso hasta incluso desaparecer. El hombre  llegaría a ser así plenamente racional. Aunque admite  límites de principio, de índole religiosa, su concepción  en la práctica lleva a rechazarlos. Pero se trata de un supuesto  difícil de aceptar, que mutilaría partes esenciales de la condición humana. Curiosamente, y por una vía opuesta, Fukuyama lleva a conclusiones parejas.
  2. La razón carece de dinámica propia. Aunque se oponga a menudo a los sentimientos, ella misma solo funciona a partir de sentimientos y hasta de auténticas pasiones: la pasión por conocer y explicarse el mundo y la vida propia, combinada con otros sentimientos como el deseo de reconocimiento, de fama, de honores, de dinero, la rivalidad con otros “razonantes”, incluso el odio, etc. Estos sentimientos pueden dar lugar,  sucede con frecuencia, a fraudes y desviaciones en el uso de la razón, pero sin ellos esta no funcionaría
  3. El concepto de “animal racional” ha producido históricamente, sobre todo desde la Ilustración,  el culto a una Razón supuestamente segura e indiscutible, capaz de superar los errores y de enderezar  las muy diversas “desviaciones” de ella observadas en la práctica. Esa Razón permitiría eliminar los conflictos y divergencias entre humanos, conduciéndolos por una vía  universalmente conveniente  y comprensible para todos. Pero en la vida  corriente comprobamos que el abanico de conductas, muchísimo más variadas que las que permite el instinto,  provocan un constante rozamiento y choque entre ellas, y las correspondientes razones, hasta en los mínimos detalles de la conflictividad más cotidiana y trivial.  Las conductas humanas pueden ser muy contrarias de unos individuos a otros, lo pueden ser incluso en un mismo individuo,  de hecho eso es lo que normalmente ocurre; y al mismo tiempo todas se apoyan siempre, a priori o a posteriori, en algún razonamiento.  Incluso en las conductas que parecen más disparatadas es posible discernir una lógica profunda por la cual se producen, por la cual existen, se las acepte o no, aun si esa lógica contradice sus  argumentos justificativos. Por ejemplo, en conductas fraudulentas o delictivas — pero no solo– encontramos de un lado las justificaciones razonadas del delincuente, y del otro el razonamiento general que trata de explicar tales conductas  con otros argumentos, achacándolas a una perturbación mental, por ejemplo, o a traumas infantiles, a maltratos previos, a “la sociedad”, etc. Los abogados en los tribunales llegan a elaborar razonamientos  extraordinariamente rebuscados, y las sentencias no remiten a la razón, sino a la ley, la cual tampoco remite a la razón, sino a unas convenciones más o menos compartidas y a un poder para imponerlas.
  4. Subiendo un escalón, algo parecido ocurre con las diversas y enfrentadas ideologías que aspiran a  encauzar las conductas humanas: todas ellas vienen provistas de un arsenal de razonamientos y pretensiones de universalidad que convencen a unas o a otras personas. Y subiendo un escalón más, la historia de la filosofía, máximo ejercicio de la razón, ha dado lugar a muy diversos y opuestos sistemas, análisis y valoraciones; y, más aún, a la inversa, cada sistema aparentemente completo y logrado, ha originado divergentes interpretaciones y escuelas a partir de él. La más evidente experiencia histórica  nos muestra que la razón nunca ha operado en una dirección, excepto, hasta cierto punto, en las ciencias físicas. Encontramos, por tanto, razones y razonamientos muy variados, y hasta ahora la idea de una Razón superior  capaz de convencer y a la que podrían atenerse todos los humanos no pasa de entelequia.
  5. Desde el punto de vista del hombre como animal, podemos considerar la razón como su arma o instrumento especial y privativo de supervivencia, con un fin común a los demás animales, bajo las exigencias perentorias de alimentarse, reproducirse, luchar o huir del peligro y de la muerte (lo último en vano finalmente).  La razón sería el “órgano”  distintivo gracias al cual el ser humano se “realiza” como animal; el equivalente a las garras de los felinos  o a las pezuñas o el olfato de los herbívoros, un instrumento que le permite conocer  el entorno de modo más preciso y más diferenciado que los demás animales, y crear otros instrumentos no corporales, indirectos. La razón podría entenderse como un instrumento creador de instrumentos, siempre con el fin preciso de asegurar la supervivencia. Su manifestación más evidente y precisa es la técnica. La razón, o mejor dicho, el razonamiento, rige también las relaciones entre los humanos, con el fin, más indirecto pero evidente, de mantener la subsistencia de la especie. Este concepto de la razón como un medio especial para lograr los objetivos comunes a los animales,  puede completarse con la idea de que la razón desvaría cuando atiende  a otras cuestiones inmateriales o “metafísicas”, y es la base misma de ideologías tan variadas como el marxismo, la masonería, ciertas corrientes liberales: la historia y la naturaleza humana se explicarían por el desarrollo de la razón –de la técnica, en definitiva—para satisfacer las necesidades y deseos humanos, en  nada esencial diferentes de los animales.
  6.      De acuerdo con ese pensamiento digamos tecnocrático, cabría entender la vida humana como un esfuerzo por  satisfacer las necesidades animales mediante un consumo cada vez más complejo y refinado . Satisfacción que la renta per capita mediría grosso modo. Esa satisfacción constituiría esencialmente el sentido o significado de la vida, y en ello consistiría el progreso, al que suele asociarse la paz, la “calidad de vida” e incluso la felicidad. Con una “calidad de vida” generalizada, los humanos volverían a algo parecido al paraíso, a condición de que todos descartasen preocupaciones de otra índole, ilusoriamente “idealista” o espiritualista, y se ciñesen a la razón, o a esta clase de ella. En su  ensayo sobre “El fin de la historia” gracias al triunfo universal, que entonces pareció seguro, de la democracia liberal al caer el comunismo, Fukuyama trazaba un sombrío panorama de una humanidad centrado en la administración de la economía, donde los sentimientos y las pasiones habrían dejado de tener lugar y sentido. Nuevamente encontramos una visión extremadamente mutiladora de la naturaleza humana, y un objetivo en el fondo totalitario.
  7.  Así, la experiencia nos dice que la racionalidad no conduce necesariamente a una conclusión y conducta única y no contradictoria. Y la propia razón nos indica que ello se debe a la propia naturaleza humana, ya que de otro modo esa Razón se habría impuesto desde el principio. De modo que la definición del hombre como animal racional, sin ser errónea, es insuficiente. El hombre es algo más que eso, no puede explicarse solo por la racionalidad.
  8. Además, la idea de una Razón  universal y necesaria contradice, por otra parte, otro rasgo decisivo del autoconcepto humano: la libertad, una idea sumamente difícil de definir, pero siempre intuida de un modo u otro. Algunas ideologías han intentado armonizar las dos cosas  definiendo la libertad como “la necesidad hecha consciente”, o similares. La “necesidad” sería precisamente la conclusión universal de la razón.  Es una armonización obviamente ilusoria: la libertad no se opone a la razón, pero sí a la Razón. El culto a la Razón significa generalmente que algunas personas consideran su forma de razonar  sobre el mundo y el hombre como  la expresión perfecta de la razón, lo que deriva fácilmente al intento de imponerla por todos los medios.  Pues suena muy razonable someter, de buen o mal grado, al hombre remiso a guiarse por la Razón. El cual,  al no ser suficientemente racional para aceptar lo que le conviene, tampoco sería suficientemente humano, y por tanto sería susceptible de ser tratado en consecuencia.
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“Los mitos del franquismo”

El próximo 14 de abril (fecha simbólica) sale a las librerías “Los mitos del franquismo”, que completa “Los mitos de la Guerra Civil”. Dedicado “a cuantos respeten la verdad y sientan la necesidad de defenderla”.

ÍNDICE

Prólogo 

Introducción: “uno de los hombres más odiados del siglo XX”. 

  1. El día en que se hundió la II República 
  2. La Guerra de España entre las guerras del siglo XX 
  3. ¿A quiénes derrotó Franco? 
  4. Falangistas, potentados, generales y obispos 
  5. Pan negro, tristeza y fusilamientos 
  6. “Esposa abnegada, madre amantísima y católica ejemplar” 
  7. ¿Por qué no entró España en la guerra europea? 
  8. Franco, Hitler, Mussolini 
  9. ¿La unidad militar más humanitaria de la II Guerra Mundial? 
  10. Los Aliados frente a España. 
  11. Franco, Churchill y Roosevelt 
  12. El mundo contra Franco 
  13. Por qué fueron vencidos  el maquis y el juanismo. 
  14. La polémica  en torno a Ortega y Unamuno, y el “páramo cultural”. 
  15. La derrota del aislamiento 
  16. Del maquis a la reconciliación nacional comunista. 
  17.  Los años 50, ¿una década perdida?
  18. El papel de España en la guerra fría
  19. Los años dorados del franquismo.
  20.  El Opus Dei se impone a la Falange
  21. “Obreros y estudiantes contra la dictadura”
  22. La ETA, el genocidio  vasco y el asesinato de Carrero Blanco.
  23. La Iglesia sacude los cimientos del franquismo
  24. Muerte de Franco y carácter de su régimen
  25. Franco entre los militares y políticos de su tiempo
  26. La Transición: ruptura contra reforma.
  27. Atifranquismo y democracia
  28. El legado del franquismo

    Apéndices

    I: Testamento político de Franco

    II. La personalidad de Franco en opiniones varias

    III. Frases del Caudillo

    IV. ¿Qué es un historiador?

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El caso Lubitz / Asesinato del padre.

**Blog I: El negocio/timo de la violencia de género: http://www.gaceta.es/pio-moa/negociotimo-violencia-genero-04042015-1243

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Un análisis sobre  el mal resultado de VOX: http://archipielagoduda.blogspot.com.es/2015/03/el-futuro-de-vox.html

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 Si Lubitz se hubiera suicidado él solo, no habría aparecido en la prensa ni interesado a nadie más que a su círculo íntimo, y eso es lo que habría ocurrido, como en miles de otros casos, si la causa hubiera sido una simple depresión. Pero, según su ex novia, aspiraba a que todo el mundo conociera su nombre, y lo consiguió asesinando con él a otras 149 personas. Ello  indica que no debía de estar en fase depresiva, sino de  euforia o manía de grandeza.

   El ansia de fama, de  destacar y alcanzar una gran importancia,  ha sido y es una motivación poderosa detrás de muchas conductas y acciones,  no solo las consideradas habitualmente meritorias, sino también otras malvadas: “Sive bonum, sive malum, fama est”. La fama proporciona algo parecido a la inmortalidad, aunque solo sea del nombre –al que tan unido va el propio yo–, el cual no desaparece de la memoria social.   Ante la duda sobre la inmortalidad general de las almas,  la de los nombres en el medio social ofrece al menos cierta garantía. En algunas épocas, como el Renacimiento, fue exaltada la relativa inmortalidad de la fama, y hoy percibimos el mismo impulso en formas degradadas como la plaga del  famoseo, logrado a costa, generalmente, de la propia vergüenza: una forma de inmortalidad, pues queda reseñada en los periódicos y demás medios, mientras que las vidas y acciones de la inmensa mayoría quedarán subsumidas en la corriente inmensa del anonimato.

   Pero matarse asesinando para sobrevivir en la memoria de los demás, sin ningún otro motivo adicional (ideológico, por ejemplo), revela en su perturbación  extrema  el sinsentido aparente de la vida: Lubitz  no podrá gozar de su fama como suelen los “famosos”, aunque  tampoco podrá ser castigado por su acción. La cual revela así dos datos, deliberados o no: dependencia total de la opinión de la sociedad, a la que impone el reconocimiento de su nombre; y absoluto desprecio por la sociedad misma, que ya no podrá hacer justicia con él. Como si dijera, insolentemente: “Mal que os pese  hablaréis y especularéis sobre mí sin tasa en el mundo entero, y no podréis vengaros por un acto que  calificaréis de crimen horroroso”. Probablemente, Lubitz no  creía en un más allá,  quizá se habría educado, como hoy tantos, en la doctrina del Imagine de Lennon: “No hay cielo ni infierno”. Por tanto, si la vida aquí nos va mal o simplemente  no nos satisface, si la sociedad no nos proporciona lo que deseamos, cualquier  reacción es posible y lógica. Nadie, desde esos parámetros, podría juzgar el caso Lubitz de otro modo que como una eventualidad perfectamente inteligible.

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Leída su novela. Clave: la muerte (¿asesinato?) del padre por el protagonista. Como si las peripecias de Berto y su amigo fueran una larga odisea inconsciente para vengar el crimen inicial,  cuando el padre mata a la madre y está a punto de hacer lo mismo con el propio Berto, o sea, con su hijo, a quien no conoce.  Llegado el desenlace, Berto averigua que va a matar a su padre y se escaquea  (¿cobardía?). Pero no hace el menor intento de salvarlo. Para comparar la cosa: en cambio se ha esforzado por salvar al jefe comunista de Vigo, y eso que solo libraría  al comunista de alguna paliza y de la cárcel. Él no tiene el menor remordimiento por la muerte del padre,  él ha organizado la operación, sin saber quién era, y cuando lo sabe está plenamente de acuerdo hasta el final: solo quiere evitar tener  su sangre  sobre sí, y en realidad la tiene, le guste o no.  Desde luego, el padre ha matado a  su amante, la madre de Berto, y solo ese crimen podía justificar  la venganza del hijo, aparte la oposición ideológica.  

Cuando Berto se entera  de quién va a ser su víctima, “se cae de culo”, como quien dice, una reacción muy vulgar.  Solo más tarde la tragedia se le hace presente y le provoca una crisis nerviosa: en su padre se reconoce, ha matado a quien le ha engendrado, a quien le ha empujado a la vida, ha matado a la mitad de sus genes, la mitad de sí mismo.  Choque es tan fuerte que ahí acaban sus aventuras. Su único asidero es Carmen, pero aceptar la vida tranquila, doméstica, burguesamente productiva que ella trata de imponerle significa renunciar también a sí mismo.  Tiene algo de suicidio. Uno juraría que si sus hijos le salen tan poco como él quisiera se debe a que él ha renunciado a ejercer su misión de orientador paterno.

   La esencia del relato la veo así: el padre mata a la madre y el hijo mata a su vez al padre.  Como una Orestiada con los personajes algo cambiados. Solo que la justicia o venganza no es aquí voluntaria, sino que se produce después de una larga  e indirecta peripecia y de forma inconsciente, llega a ocurrir por azar. Un azar bajo el que nos parece alentar una  lógica  extraña, vamos a decir, misteriosa. La novela me ha asombrado. En la literatura española del siglo XX creo que no hay un argumento parecido. Antonio Pérez (sin broma) 

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Los mitos de la Inquisición española

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  El viernes pasado se cumplió el aniversario del encarcelamiento  de fray Luis de León (dos años y medio) por la Inquisición, debido a falsas denuncias de  otros clérigos (las rivalidades entre órdenes religiosas  llegaban a ser feroces). Como escribió la víctima, Dios nos libre de un necio tocado de religioso y con celo imprudente, que no hay enemio peor, o  Es fuerte cosa un necio que presume de santo, que todo le escandaliza y en todo halla su parecer qué reñir. Pero fue también una época de extraordinaria vitalidad religiosa en España, que se anquilosaría ya entrado el siglo XVII.

   Desde luego, esas injusticias han pasado, pasan y pasarán en todos los países y épocas, no son privativas  de la Inquisición o de España, como cree tanto majadero palurdo (Hace algún tiempo salieron de prisión, en Inglaterra, unos irlandeses que habían pasado muchos años en la cárcel acusados falsamente de un crimen del IRA en el que no tenían que ver. Un caso entre muchos en cualquier país). Y no es menos importante el hecho de que  el fraile e intelectual fuera absuelto y reintegrado a su cátedra.   

   Un inflagaitas va soltando por ahí que la “la marca España es la Inquisición”, la cual también atribuye al franquismo. Pero, ojo al dato, el fulano en cuestión es cuñado de Esperanza Aguirre y diplomático con treinta años de carrera, en la que habrá estado insultando y desprestigiando a España allí donde haya ido. Creo recordar que Fernández de la Mora ya se refería en sus memorias a la  degradación de nuestra carrera diplomática, antaño tan prestigiosa.

    Bien, el viernes, en el programa de Javier Esparza tratamos la cuestión de la Inquisición, cuyos puntos resumiré:  

  1. La Inquisición debe entenderse en el clima de la época en toda Europa, cuando la cuestión religiosa iba muy estrechamente ligada a la política, lo que daba lugar a todo tipo de persecuciones. Los protestantes, por ejemplo, realizaron verdaderas matanzas de católicos en Inglaterra, Alemania, Francia y otros lugares, junto con destrozo de templos y robo de bienes eclesiásticos y de católicos recalcitrantes. No tuvieron una institución como la Inquisición, pero ello significaba simplemente que las garantías jurídicas eran mucho menores que en España, y las víctimas muchas más.
  2. Contra una leyenda persistente, la Inquisición empleó la tortura mucho menos que los tribunales habituales en toda Europa. O que la frecuente en el siglo XX en países totalitarios y también democráticos (Francia o Usa, la han empleado ampliamente en sus guerras coloniales o en la de Vietnam o actualmente).
  3. Contra otra leyenda persistente, el número de muertes causadas por la Inquisición fue relativamente muy bajo: un millar bien documentado y probablemente no más de otro millar  que no consta en los archivos. Las policías políticas de muchos países en el avanzado siglo XX y ahora pueden hacer muchas más víctimas en un año o en menos, que la Inquisición en tres siglos largos.
  4. Contra otra leyenda, la Inquisición no perseguía a los no católicos, sino a los que se fingían tales mientras en la práctica “judaizaban” o mantenían la religión musulmana. También a los  católicos que se hacían protestantes (pocos en España).
  5. En un plano más positivo, la Inquisición libró a España de la espantosa caza de brujas  (y brujos, en menor proporción) que  persistió en gran parte de Europa  durantes tres siglos, con especial crudeza en el XVI. Se han calculado en torno a 100.000 brujos y brujas quemados o asesinados de otras formas en Europa (hay que los eleva a varios millones, pero no es creíble). En España, tras algunos episodios iniciales, la Inquisición dictaminó que se trataba de simple histeria, librando al país de tales atrocidades.
  6. En el siglo XVI y XVII, sobre todo, las guerras de religión causadas por el expansionismo protestante causaron enormes daños y víctimas en Francia y Europa central (en otros países, como Inglaterra, no hubo guerras civiles porque los anglicanos se impusieron desde el primer momento aplastando toda oposición). La Inquisición contribuyó a librar a España de tales plagas.
  7. Contra otra leyenda urbana, la Inquisición no paralizó el pensamiento ni la vida  intelectual o, más ampliamente, cultural en España. La máxima actividad inquisitorial se produjo en el siglo XVI, que fue también el de máximo esplendor artístico, intelectual y de pensamiento que haya vivido jamás el país. En cambio, en el siglo XVII y sobre todo el XVIII, en que la actividad inquisitorial decae drásticamente, fue también una época de decadencia cultural, no digamos el XIX, en que la Inquisición desapareció. Obviamente, no se puede decir que el esplendor del Siglo de Oro  se deba a la Inquisición, pero tampoco que esta haya obstaculizado la cultura.

Podríamos seguir, pero basten estos hechos para situar en su justo punto lo que fue la Inquisición,  que no fue algo extraño en las condiciones político-religiosas de Europa, y si lo fue se debió a su mayor garantismo. Sus leyendas, creadas por una desaforada propaganda sobre todo protestante, a la que, como es tradicional, han contribuido bastante española,  están siendo drásticamente revisadas por varios especialistas extranjeros (los de aquí, con excepciones, siguen en sus estúpidas leyendas, como el botarate diplomático aludido. Es el nivel que predomina en nuestra universidad y medios de masas. La misma BBC, tan hispanófoba en general, admitía en un documental que las ideas corrientes sobre la Inquisición eran mitos en un 99%).

He tratado el tema con cierta amplitud en Nueva historia de España. Hace unos años el padre del actual primer ministro israelí, Netaniahu, afirmaba la tesis racista de que la Inquisición no perseguía a falsos conversos, pues se trataba de judíos que efectivamente se habían convertido al catolicismo, y que de lo que se trataba era de asesinarlos y expoliarlos por envidia y odio a sus superioridad cultural o algo así. García Olmo le contestaba en el  libro Las razones de la Inquisición española, muy recomendable.  Lo hemos tratado aquí también: http://blogs.libertaddigital.com/presente-y-pasado/de-judios-e-ideologias-6473/

 

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Pastores de Porriño, economía y poesía.

Blog I: Hace nueve años, y como si fuera hoy mismo. http://www.gaceta.es/pio-moa/9-anos-fiuera-hoy-26032015-1802

 **El mes de abril está salvado para “Cita con la Historia”, gracias a las generosas aportaciones de varios oyentes (alguna de 100 y 200 euros). Pero sería muy conveniente garantizar el resto del año. Se trata de que muchos contribuyan cada uno con poco,, a partir de 5 euros.  El programa vive muy directamente de sus oyentes, y no solo en el aspecto económico, sino en el de su divulgación. Aspiramos a llegar a cientos de miles de personas, sobre todo en la universidad, y para  ir alcanzando esas cifras bastaría con que unos mil de nuestros oyentes dieran a conocer los programas en su círculo y sobre todo asiduamente en las redes sociales. De esta manera romperíamos el muro del gueto en que los grandes medios y partidos intentan  encerrarnos.

Repetimos el número de cuenta para ingresar aportes: Es09 0182 1364 33 0201543348

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PATRICIO.- Antes de continuar nuestros sesudos debates, ¡oh talludos muchachos!,  permitidme que os recite otros versos más, que he  compuesto en honor a nuestro tema. Versos modestos por venir de quien vienen, mas que no por ello desdeñables. Espero os  deleiten tanto como a mí componerlos:  

¡Oh ciencia, de las ciencias la más seria!

¡La más pura, la más mercantilista!

¡Dechado de virtudes, humanista!

¡Clarividente, ajena a toda histeria! 

¡Oh Economía!, tú haces millonistas

A los pueblos de esta áspera Hesperia.

¡Oh dulce santo y seña de las ferias!

¡Ignora su fulgor tan a la vista, 

Y sufrirás, oh ganso, la miseria!

Quiera Zeus que no venga el comunista

Con recetas del campo de Siberia

Que si a algo aspiramos los artistas,

Es siempre a hacer rentable la quimeria. 

¿Eh? ¿Qué os parece?

 SALICIO–Bueno….vale…Le falta un verso, diría yo. Y no dice nada interesante ni nos enseña a salir de la crisis. Y eso de las “quimerias”….

 PATRICIO–Pero tú, ignaro y prosaico sorbegrelos, ¿has oído hablar alguna vez de las licencias poéticas? Esta es una composición novedosa, “soneto cojo”, lo he bautizado. ¿Y acaso la poesía tiene que decir cosas interesantes? La poesía no es asunto de intereses, siempre bajos. No. Solo cuenta que los versos estén bien medidos y rimen. El arte es así.

 PICIO–Permíteme discrepar, si bien amistosamente, ¡oh vate colega! Ni la rima ni el ritmo precisa hoy la poesía. Cuenta solo el  contenido. También yo, como sabéis le doy al arte de Erato y de Calíope…

 MAURICIO–Le das, ciertamente, le das…

 PICIO–¡Soy poeta, y a mucha honra! Pero, si me es permitida la expresión, más moderno y sofisticado que Patricio. Escuchad y comparad:

   De la luna caen gatos maullantes

Sobre la calva de Hayek

Y en las melenas de Marx florece el plomo

¡Aaaaaaaaaaaaaaaaah!

La osadía de la ostra asombra al heroinómano

¡Nuestro amigo Aristóteles nos valga!

¿Te devora el pantano de la crisis?

Tira con fuerza de tus cabellos hacia arriba

El calvo aprenderá los misterios del subsuelo.

Telúrico consuelo.

 MAURICIO –Chico, nos apabullas. ¿Qué carajo quiere decir todo eso?

 PICIO–Bien se ve, hombre tosco y rupestre, que no has leído Poeta en Nueva York. De otro modo lo entenderías sin dificultad. En él me he inspirado.

 SALICIO–Mas dejemos la poesía, por mucho solaz y gozo que nos proporcionen, pues la crisis, con sus plúmbeas zarpas, nos tiene cogidos, y mucho temo que la poesía no ayude en tan recio trance… En suma, Sulpicio, ¿pretendes que la inflación beneficia a la economía?

 SULPICIO–¿Cómo voy a pretenderlo, muchacho, si empiezo por negar la inflación? Los precios tienden a subir, cierto es, con lo cual pueden ocurrir tres cosas: que los medios de compra y salarios suban al mismo ritmo, y entonces todo queda igual; que suban los medios más aprisa que los precios, que es lo que, en general, ha ocurrido, y entonces la subida de precios nada significa; o que los precios de las cosas suban más que los medios para comprarlas, y entonces viene la crisis y el rechinar de dientes. Podríamos hablar de inflación en este último caso, como de una cosa mala. Pero aun entonces el problema no reside en esa inflación, sino en sus causas.

 SALICIO–Pero, ¿acaso no es cierto que la inflación arruina a los ahorradores? Su dinero pierde capacidad de compra día a día.

 SULPICIO–Bueno, según Fabricio no existe el ahorro. Pero sea como dices: los ahorradores pierden, lo que es lamentable, mas se trata de un hecho sectorial. Tomando la sociedad como un todo, lo que ellos pierden lo ganan otros y la cosa se equilibra, siempre que la producción se mantenga. La subida de precios sin que suban también los salarios, tiene dos efectos simultáneos y opuestos: estimula la producción, porque el empresario espera vender a mejor precio; pero al mismo tiempo  la desestimula, pues la posibilidad de compra de la gente se mantiene igual o baja, y los productos encontrarán menos salida. 

 SIMPLICIO–Pero entonces, ¿no sería preferible un tipo de economía en que precios y medios de compra se mantuviesen fijos, sin ese juego diabólico de la inflación, que redistribuye constantemente las fortunas y posibilidades, sea de forma arbitraria o intencionada?

 SULPICIO–No lo creo preferible, Simplicio amigo. Las oscilaciones de precios supongo que tienen que ver con la introducción de nuevas mercancías, de nuevos inventos, innovaciones, mejoras, intentos fallidos, quiebras, etc. Y con la alteración entre las existencias de cada producto y los cambios de preferencias de la gente. Por eso los precios no pueden ser estables. No solo expresan la relación entre oferta y demanda de cada bien, sino la relación entre los diversos bienes y las preferencias o necesidades de unos y de otros. Así es en la economía individualista.  Una economía como la que dices sería una economía carcelaria y sería peor el remedio que la enfermedad, ¿capiscas?

SIMPLICIO.- No sé, no sé… Esas explicaciones me suenan muy reaccionarias.

 APARICIO.- Permitidme, caros amigos, intervenir en tan docto cuanto sugestivo debate. Opino que juzgáis el dinero desde un punto de vista unilateral, a la par que superficial. Es cierto que mediante el dinero medimos el precio de las mercancías y que, si solo fuera eso, todo estaría claro. Mas observad, por favor: podemos definir el dinero, en principio, como una mercancía que sirve para comprar y vender otras mercancías.  Pero la mercancía se compra y se vende. ¿Acaso se compra y se vende el dinero? ¿Con qué se compraría o vendería? ¿Con supradinero? Eso no existe.

 SIMPLICIO.- Cuando yo trabajo por un salario, ¿no estoy comprando dinero con mi esfuerzo? Cuando vendo una vaca ¿no estoy comprando dinero?

 APARICIO.- En cierto modo es así, en efecto. Pero nadie vende dinero, porque ¿qué recibe a cambio?

 SULPICIO.- No hay tal: ¿acaso el usurero no te vende dinero? ¿Y con qué te lo cobra? Con más dinero.

 APARICIO.- ¡Ah, menudo lío! Pero tendréis que admitir que el dinero es una cosa muy rara.

 SALICIO.- Y tanto. Compramos una mercancía cualquiera y la utilizamos a nuestra voluntad, nos hacemos dueños de ella. Pero parece como si el dinero nos utilizara a nosotros, como si gobernase nuestra voluntad. No solo mide el precio de las mercancías, convierte todo en mercancía: la libertad, la dignidad, el valor, el sexo, la familia… Todo ello puede reducirse a un cálculo de coste y beneficio. Todo lo compra,  todo lo mide, a todo pone precio  ¿Quién no se arrodilla ante el dinero? Ha sustituido a los dioses. Cuando Moisés bajó del Sinaí con las tablas de la ley, vio como el pueblo se había volcado en la adoración del becerro de oro. ¿Y qué hizo? Esto es muy misterioso. Rompió las tablas de los Diez Mandamientos, que contenían valores universales y la alianza de Dios con Israel. Y Dios, enfadado, sustituyó los mandamientos anteriores por otros diez, en las correspondientes tablas, que casi nada tenían que ver con los anteriores.

 FABRICIO.- Carajo, eso no me lo enseñaron en el talego.

 SALICIO.- Pues fíjate en los nuevos mandamientos: Primero: no hagas alianzas con los pueblos de la Tierra Prometida y destruye sus dioses y sus altares y no te mezcles en matrimonio con ellos. Segundo: no te postres ante dioses extraños, porque el Señor es un Dios celoso. Tercero: no hagas imágenes de divinidad alguna en metal fundido. Cuarto: guarda la fiesta de los ácimos. Quinto: todos los primogénitos son míos, animales que debes sacrificar e hijos que debes rescatar. Sexto: trabajarás durante seis días  y el séptimo descansarás, incluso en tiempo de la siega. Séptimo: al comenzar la siega del trigo, harás la fiesta de las semanas  y al final, la de la cosecha. Octavo:  todos los varones se presentarán ante el Dios de Israel tres veces al año. Noveno: si cumples con la presentación tres veces al año, arrojaré de ti a las naciones y extenderé tus fronteras y nadie intentará apoderarse de tu tierra.  Décimo:  no ofrezcas juntos el pan con levadura y la sangre que sacrifiques ni conserves para el día siguiente nada del sacrificio de la pascua;  lleva al templo lo mejor de los primeros frutos de la tierra;  no cuezas el cabrito en la leche de su madre.

 SIMPLICIO.- ¡Cuántas cosas has estudiado, amigo Salicio, y nosotros convencidos de que, enamoradizo, solo sabías tocar la zambomba!

 FABRICIO.- Todo eso está muy bien, ¡oh Salicio! Pero dime a qué viene ahora ese cuento.

 SALICIO.- Es una pequeña digresión, camaradas. Una reflexión que me hago. ¿No habremos sustituido a los dioses por un dios único llamado Dinero? Y de paso la Biblia habla de dos alianzas muy distintas con el pueblo de Israel. No sé cómo interpretarlo.

 SULPICIO.- ¡Ah, queridos amigos!, ¡cómo damos vueltas al asunto  y saltamos de un lado al otro, de una rama a otra, que si galgos, que si podencos, mientras la crisis se cierne sobre nuestras cabezas cual galerna desatada!

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