Blog I, Un disparate de Juan Pablo Fusi. http://www.gaceta.es/pio-moa/disparate-juan-pablo-fusi-24112014-1240
“Cita con la historia” domingo pasado, en Radio Inter Los comienzos de la Reconquista: http://www.ivoox.com/podcast-radio-inter-cita-historia_sq_f1126428_1.html
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–Vamos a ver, Santi, tu argumento parece sólido, pero no lo es. Empiezas diciendo que si hay Dios, quienes no creen en él cometen un error. Y hay que suponer que será un error de envergadura, porque atañe nada menos a que a Dios. Pero enseguida dices que en todo caso el error no tiene importancia, porque a Dios ¿qué puede importarle que el hombre crea en él o no? Pero a Dios tiene que importarle el producto de su creación, aunque hablar en estos términos sea abusivo, ya que hacemos de Dios un ser parecido a nosotros…
– Exactamente, Pepe, exactamente: al inventar un Dios preocupado por nosotros, es decir, antropomorfizado, ya estamos abusando de la idea misma de Dios y rebajándolo de su omnipotencia. Lo cual tiene mucho que ver con la idea de que necesite que lo adulemos para obtener de él gracias y beneficios. Que por cierto, eso es lo que hacen todos los pueblos. Y si se le piden tales cosas es por una conciencia de que nuestra vida, o gran parte de ella, es miserable, es sórdida, está llena de penas. Es decir, que a Dios debemos agradecerle y debemos alabarle por habernos traído a la vida; pero como a menudo es una vida perra, tenemos que implorarle que tenga piedad de nosotros y nos dé algunas facilidades. Pero con la misma lógica podríamos maldecirle por hacernos la vida tan incómoda o con tantos sufrimientos.
– Dejemos eso ahora, si te parece. Tu segundo argumento para quitar importancia a ese error de los ateos es que en la práctica vemos cómo unos ateos se portan bien y unos creyentes de portan mal. Y luego hablas de las muchas morales que existen en el mundo y cómo cambian también con la época. Bien, entonces reconoce que decimos que alguien se porta bien o mal de acuerdo con unos principios que nos han inculcado en nuestra cultura, que es casualmente una cultura cristiana. Por tanto, si un ateo se porta bien, lo hace en el sentido de la moral cristiana, y lo mismo si un creyente de porta mal. Pero entonces un ateo es incoherente al aceptar esos principios y no obrar de modo contrario a ellos, puesto que los principios cristianos se basan en la creencia en Dios. Si tú te reconoces ateo debes obrar “como si cualquier cosa fuera posible”, pues los crímenes y demás no dejarían de ser puras convenciones, que cambian con las sociedades. Y que dentro de cada sociedad cambian con el tiempo.
– Está bien, pero me estás haciendo trampa, diría yo. Cuando hago o dejo de hacer una cosa, ¿pienso en órdenes del Dios cristiano o cualquier otro, o en órdenes de la sociedad, en órdenes del estado, que ese sí que es tangible y te castiga por unas cosas, aunque rara vez te premie por otras? El tío que se dedica a robar a lo mejor cree en Dios, pero no anda preocupado por lo que diga o crea que dice Dios, sino por si la policía lo pilla y va a purgar su delito, su llamado delito, a la cárcel. Claro, dirás que está haciendo un daño a la sociedad, pero también puede mirarse de otra manera: está haciendo un bien a la policía, a los abogados, a los jueces, a los constructores que hacen las cárceles… Dudo mucho de que haya una actividad que dé tantos puestos de trabajo como la llamada delincuencia. Luego, lo que llaman delito no es tan malo, al menos para mucha gente. Qué paradoja: el ladrón se porta como un ateo, y da de comer a un montón de personas. Parece un chiste, ¿verdad?
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Sr. Moa, ha dejado Vd sin contestar una de las preguntas que le hacía sobre su novela, la de en qué género la encuadraría usted. Además, me gustaría que la valorase dentro de la producción literaria actual, por más que ya comprendo que eso puede quedar ridículo en un autor. Y algo más, realmente hay muchas cuestiones relacionadas, pero no he entendido bien la discusión entre el todo y la nada, cuando un personaje dice que la esencia de las matemáticas es el signo de igualdad y que así equipara finalmente todas las cosas en según qué proporciones y condiciones (no tengo el texto presente ahora), y Paco replica que si todo es igual a todo, también es igual a nada. ¿Es un comentario casual y superficial, o quiere Vd darle alguna relevancia en la novela? J. P. B.
Sería divertido que cada autor valorase sin tapujos su propia obra y la comparase sin inhibiciones con las de otros autores. Tendría algo de cómico, como usted dice, pero sería un ejercicio de sinceridad y daría lugar a muchas querellas graciosas. Por mi parte no puedo comparar Sonaron gritos… con otras, porque apenas leo literatura actual, y de ella tengo una impresión muy mala., aunque me arriesgo a ser injusto por leerla tan poco. Ni siquiera leo las reseñas desde hace muchos años, porque la mayoría son tan malas y tan pretenciosas como las obras reseñadas. Las novelas “históricas” que se centran en un personaje real, antiguo o menos antiguo me parecen de entrada una estafa ya sin necesidad de leerlas: el autor proyecta sobre el personaje sus propios prejuicios e ideas que hoy predominan, en especial la plaga del feminismo, etc. Del realismo cutre ya he hablado, creo que también se cultiva hoy; lo mismo del tremendismo, o la literatura “social”, todo eso no me interesa. Ni la violencia gratuita o las tramas en torno al dinero, tan típicas de la literatura anglosajona. La novela negra me parece una colección de trucos con un fondo social tópico, aunque por su propia temática suela ser entretenida. Luego está la novela rosa mezclada con detalles escabrosos o más o menos pornográfica… que tanto se vende hoy. En fin.
Creo, sin leer gran cosa, es cierto, y sin querer por eso sentar cátedra, que la literatura pasa por horas bajas en España y en casi todo el mundo. Es casi toda ella una literatura “de consumo”, trivial y sin mayor alcance. En cuanto a Sonaron gritos… se aparta de todo eso, lo cual no la convierte necesariamente en una obra maestra como a mí, claro está, me gustaría. Para eso el criterio del autor vale poco y no quiero hacer el ridículo aunque fuera divertido. La novela transcurre en una época muy dura de la historia reciente de España, que unos han tratado en plan de realismo cutre, o de lucha de clases y similares, o intimista, y yo con una concepción de fondo más bien épica.
De lo del todo y la nada, ya hablaremos. No me había planteado la cuestión. Son ideas que surgen al hilo de la acción, a veces sin que uno mismo sea muy consciente de sus implicaciones.
