Franco, Churchill y Roosevelt en la guerra mundial (I)

Blog I: La crueldad de Churchill, Roosevelt y Franco:http://www.gaceta.es/pio-moa/crueldad-churchill-roosevelt-franco-04092014-1448

****Este domingo recomienza “Cita con la Historia”, de Radio Inter, de 4 a 5 de la tarde. Un programa antiguo: la realidad del separatismo catalán: http://www.ivoox.com/cita-historia-el-separatismo-catalan-audios-mp3_rf_3327039_1.HTML 

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    Aparte de su despego por la democracia liberal, Franco sentía antipatía por así decir histórica hacia Inglaterra y Usa. Tradicionalmente, Inglaterra había sido más enemiga que amiga, y la pérdida de la América hispana se debió en gran medida a intrigas y apoyo militar inglés. Además permanecía Gibraltar como recordatorio ominoso de la arrogancia inglesa y la decadencia española. Y aún no había pasado medio siglo desde la guerra de 1898, agresión useña con el pretexto de la voladura del  acorazado Maine, atribuida falsamente a España. Con Alemania o Italia, en cambio, nunca había habido conflictos semejantes, por lo que la amistad resultaba más natural.

  Estas diferencias, ideológicas y nacionales, podían haber empujado a luchar al lado del Eje pero, como hemos visto, el Caudillo era renuente a la guerra en Europa occidental. Renuencia debida al temor de que España saliera destrozada apenas iniciada su reconstrucción, de que el beneficiario final fuera Stalin — el enemigo principal, en su criterio–, y de que Alemania adquiriese una hegemonía excesiva. Ya en plena contienda elaboró la teoría de las dos guerras, más tarde de las tres, incluyendo la del Pacífico en la que se inclinaba por Usa como defensora de la civilización cristiana frente a Japón. Tokio presionaba a Berlín  en pro de un armisticio con la URSS para volcarse contra el común enemigo  anglouseño, mientras que los esfuerzos diplomáticos de Franco buscaban la paz entre  Alemania y los anglosajones para frenar al comunismo. Sus propuestas fueron rechazadas con irritación por Hitler y respondidas con campañas de injurias y burlas en la prensa británica y useña.

    En Europa solo cinco países lograron permanecer neutrales: Suecia, Irlanda, Suiza, Portugal y España. Menos Portugal, que hubo de acepar la ocupación de las Azores por los Aliados, e Irlanda, demasiado expuesta a un ataque directo inglés, los otros tres países colaboraron con el III Reich. Se ha dicho que España más que ninguna, pero no es cierto. Suiza prestó a Alemania importantes servicios financieros y de otros órdenes, y la producción bélica alemana dependía en alta medida del hierro, los aceros, los rodamientos de bolas, etc., suministrados por Suecia. La cual permitió el paso de tropas alemanas hacia Noruega y Finlandia.

   La ayuda española nunca tuvo el carácter necesario que tuvieron las de Suecia y Suiza, ni permitió el paso de tropas alemanas ni devolvió a refugiados judíos… Lo más esencial fue la División Azul, y solo en el frente del este, de acuerdo con la teoría de las dos guerras. La DA debió de resultar en extremo embarazosa para Churchill, pues  suponía un riesgo de que Moscú declarase la guerra a España, lo que habría obligado a Londres a tomar medidas que habrían supuesto probablemente la pérdida de Gibraltar. Además, la perspectiva de una división instruida y armada a la alemana, utilizable contra  el Peñón, le intranquilizaba. De ahí sus presiones para la retirada de la DA. Dados los retrocesos alemanes, también a España dejó de convenirle la presencia de aquellos voluntarios en Rusia, siendo retirados en 1943-44.

    La esencial neutralidad española no benefició ni pudo hacerlo por igual a unos y otros contendientes, como ya indicamos. De hecho, sus máximos beneficiarios, y en un plano estratégico, fueron primero Inglaterra, por el peligro de perder  Gibraltar; y después, las dos potencias anglosajonas, ya que su desembarco en el Magreb –Operación Torch  (Antorcha)– , planeado para noviembre de 1942, no habría sido realizable si España se sentía amenazada  y decidía unirse a Alemania.  Churchill y Roosevelt,   bien conscientes de las  inestimables ventajas de un Madrid neutral, hicieron todo género de promesas, llegando a la obsequiosidad en vísperas de Antorcha. En octubre, el embajador inglés, Hoare, se esmeró en  convencer al gobierno español, a través del ministro de Exteriores Jordana,  de que “(1) No tenemos ninguna intención de interferir  en los asuntos internos de España, (2)  Nuestros propósitos no son  de violar el territorio español, ni en la península ni en sus posesiones de ultramar” Ni en la posguerra pensaban “imponer algún sistema de gobierno  a los países de Europa continental. Nuestro deseo era  que cada país fuera libre  de elegir su propio estilo de gobierno, y que lo que era apropiado para  uno no era necesariamente apropiado para otro”. Creían buena una monarquía, pero  de ningún modo queríamos intervenir  en asuntos españoles”[1] Casi cada frase era falsa, como se demostraría.

   Por su parte, el presidente useño Roosevelt escribió a Franco su célebre carta: “Querido general Franco:  por tratarse de dos naciones amigas, en el mejor sentido de la palabra, y por desear sinceramente tanto usted como yo  la continuación de tal amistad para nuestro  bienestar mutuo, quiero manifestarle sencillamente las razones  que nos han forzado   enviar una poderosa  fuerza militar americana  en ayuda de las posesiones francesas en el norte de África. Tenemos información precisa de que los alemanes intentarán  en fecha próxima la ocupación del norte de África (Esto era falso) (…)  Espero que Vd confíe plenamente en la seguridad que le doy  de que en modo alguno  va dirigido este movimiento  contra el gobierno o el pueblo español ni contra Marruecos u otros territorios españoles (…) España no tiene nada que temer de las Naciones Unidas”. Tampoco estas palabras resultarían ciertas.

   Después del éxito de Antorcha, ni Churchill ni Roosevelt tenían ya que preocuparse de cualquier reacción española, y el lenguaje fue cambiando.  En febrero de 1943 se habían rendido los alemanes en Stalingrado, y en mayo lo harían en el norte de Túnez, abriendo paso a la invasión de Sicilia y de Italia. Entonces las cortesías con Franco dieron paso a presiones, amenazas e injerencias. La prensa anglosajona producía falsas informaciones sobre la España “fascista”, presentándola como un peligro. En mayo, el embajador español en Washington, Cárdenas, notificaba a Gil-Robles, convertido en antifranquista y juanista acérrimo: “El ambiente contra España es terrible,  hasta el punto de que  en varias ocasiones  ha tenido el mismo Roosevelt que transmitir  las órdenes  de que se cargaran  los buques petroleros españoles”. Todo ello recordaba a las campañas de prensa de Randolph Hearst para calentar a la opinión y prepararla para la guerra del 98.  Carrero Blanco señalaba a Franco que un ataque aliado a España vendría precedido por una campaña de desprestigio.[2].

   Como quedó dicho, Alemania solo obtuvo en la práctica algunas ventajas tácticas de la neutralidad española, como aprovisionamiento de algunos submarinos o facilidades de espionaje. Estas últimas también las disfrutaban los Aliados. Según Hayes: “El Gobierno español estaba perfectamente enterado de lo que llevábamos a cabo, por medio de su magnífico servicio secreto (…) Podía haberlo impedido fácilmente o al menos dificultado, y sin duda lo habría hecho de haber decidido servir a los intereses del Eje (…) Lo único sobre lo que nos vigilaban estrechamente y estaban dispuestas a impedírnoslo en todo momento era el contacto con elementos subversivos del interior de España o que nos dedicásemos a actividades hostiles hacia el régimen”[3].

  Pues, olvidando las promesas de no injerencia, menudearon los intentos  aliados de subversión en España. Poco antes del desembarco en Normandía, al año siguiente, Jordana  protestó a Hayes por los manejos de Bill Donovan, jefe de la OSS, precursora de la CIA, que habían costado la vida a un inspector de policía español. Detenidos varios agentes de Donovan, se supo que este entrenaba en Marruecos a grupos  de saboteadores para actuar en España, que el consulado useño en Barcelona  financiaba la entrada de agitadores y saboteadores por los Pirineos,  y que un agente inglés había  intentado montar una base guerrillera en la zona astur-leonesa.  Claro que los Aliados anglosajones  estaban por entonces demasiado ocupados en otros frentes para prestar mucha atención a España, aunque hubo tentaciones de invadirla ante la dificultad de avanzar por Italia, según M. Platón en Hablan los militares  (Hablar con Platón)[4].

 

  Otro momento crítico fue, en octubre de 1943, el asunto de un telegrama de cortesía remitido por Jordana al hispanófobo José Laurel, jefe del gobierno títere impuesto por Japón en Filipinas. Laurel había informado a Madrid de la constitución de su gobierno, y Jordana respondía le respondía deseando mantener buenas relaciones, sin ofrecer reconocimiento oficial. Por lo demás, Madrid prefería allí a Usa, como dijimos, y venía protestando por el maltrato japonés  a los intereses culturales y económicos españoles en Filipinas. Pero Washington tomó el telegrama como pretexto para una fuerte campaña de intimidación, a partir de The New York Times. Se decía que España enviaba suministros a la república mussoliniana de Saló,  que la División Azul tenía orden de continuar en Rusia, o que los barcos españoles llevaban contrabando al Eje. Corrieron rumores de represalias y de una posible  agresión armada a España. El curso de la guerra hizo que el escándalo se fuera disolviendo por sí solo.

   No mejores augurios ofrecían los tratos ingleses con monárquicos juanistas, deseosos de sustituir a Franco por  Don Juan. En diciembre del 43, Franco había conocido una carta del pretendiente al conde de Fontanar, hombre de su confianza. Don Juan le informaba de que, según lord Mountbatten, personaje próximo a Churchill,  este estaba resuelto a expulsar a Franco, con probable invasión, e instalar al rey.  Por otra parte aumentaba la agitación comunista que llevaría a crear el maquis.

   Londres y Washington crearon un gran escándalo por la venta de volframio español a Alemania. El volframio, como aleación del acero, servía a la industria bélica germana, pero su venta entraba en los derechos de los neutrales, como el cromo turco o el hierro sueco. De hecho, Portugal vendía más volframio al Reich y no fue sometido a tal acoso. Para España era una fuente importante de divisas, pues los Aliados lo compraban sin necesitarlo, para restringir  los envíos a Alemania, lo cual hacía subir los precios. Pero a finales de 1943, la exigencia de cese total de las ventas se hizo imperiosa. Otros puntos clave eran la retirada de voluntarios de Rusia, presentada como conveniente para Madrid a fin de resistir las presumibles presiones soviéticas cuando terminase la guerra; y el cierre del consulado alemán en Tánger, activo centro de espionaje – como los consulados anglosajones—. El punto flaco del servicio secreto español era que los británicos habían quebrantado sus códigos y los de los alemanes, por  lo que  los Aliados conocían muchas medidas secretas hispanogermanas.

   A principios de 1944, con Alemania a la defensiva en todos los frentes, las amenazas de los Aliados arreciaron.  El 20 de enero, Usa cortó unilateralmente el suministro del vital petróleo a España. La medida, extremadamente grave, parecía excesiva para las tres exigencias citadas: podía llevar al colapso a gran parte de la economía y dejar sin reservas al ejército ante una posible invasión, temida por muchos. Como fuere, la invasión no ocurrió. Autores como Suárez, De la Cierva o Ansón, creen que se debió a Stalin, molesto por el estancamiento de sus aliados en Italia y la tardanza en abrir un segundo frente por Francia, para lo que un ataque a España sería un embrollo y pérdida de tiempo. Habría sido una de las muchas paradojas de la guerra que Stalin hubiera librado a España de tal prueba. Pero no se han descubierto documentos ingleses o useños que demuestren decisión invasora.

     Lo único claro es que  Hayes, como representante de Roosevelt, deseaba llevar el boicot hasta poner a Madrid de rodillas, haciéndole ceder  por completo. Churchill, por contra, temía empujar a España a un caos de salida imprevisible cuando estaban preparando la invasión de Francia por Normandía. El 27, Hoare visitó a Franco para exponerle perentoriamente las exigencias aliadas: cese del  negocio del volframio y del espionaje alemán, y retorno de la Legión Azul. A cambio, tentaba al Caudillo con esperanzas de relaciones halagüeñas de posguerra con los ya más que previsibles vencedores. Franco volvió a irritarle al mostrarse poco impresionado y hablarle “con la voz suave y tranquila de un médico de familia que desea tranquilizar a un paciente excitado”. Pensaba que los Aliados intentaban forzarle a volverse contra Alemania, como hacían con Turquía o Argentina, a lo que no estaba dispuesto.

   Sin embargo sabía que se encontraba en una posición crítica y fue necesario hacer concesiones, aunque demorándolas todo lo posible. Por acuerdo del 2 de mayo, el retorno de la Legión Azul se hizo firme, aunque siguieron permaneciendo voluntarios españoles en Rusia; el consulado alemán en Tánger fue cerrado, así como la agregaduría militar japonesa en Madrid, y la venta de volframio restringida a 40 toneladas  mensuales.  Berlín protestó por el incumplimiento del tratado comercial de 1943, pero se le respondió que tampoco España había recibido las armas alemanas acordadas. Bajo cuerda, las medidas fueron aplicadas de forma lenta y parcial.

     Algunos sectores del régimen, en particular falangistas, consideraron aquellas concesiones  una humillación intolerable e innecesaria, pues, promesas de ocasión aparte, los Aliados se declaraban claramente incompatibles con la continuidad del franquismo. En estas circunstancias aumentaron las maniobras juanistas.

   También el gobierno useño se resintió por el acuerdo, pues deseaba una rendición completa del gobierno español, impedida por Churchill al advertir que en último extremo, Inglaterra vendería petróleo a España, con lo que forzó la “capitulación del Departamento de Estado”, en frase de Hayes. El caso produjo descontento y frialdad entre useños  e ingleses.  Para el Caudillo se trataba de ganar tiempo hasta que la amenaza soviética cobrara tal fuerza  que forzase a Churchill y Roosevelt a cambiar de estrategia. En todo caso salió  del trance muy reforzado en España, y poco después visitaba Bilbao, donde recibió una acogida popular  aún más calurosa de lo habitual.

     Pese a los actos hostiles por parte de España, Churchill entendía bien lo que debía a la no beligerancia hispana en momentos en que la suerte de su país pendía de un hilo, y el  24 de mayo  defendió la no injerencia y fue más allá: “No simpatizo  con quienes creen inteligente, incluso gracioso, insultar y ofender al gobierno español en cualquier ocasión”. Esas frases levantaron ampollas en la prensa y el Parlamento ingleses, muy antifranquistas, y a  Roosevelt, deseoso de acosar sin contemplaciones a España. Churchill tuvo que explicarle: “No me importa Franco, pero no quiero una península ibérica hostil a los británicos después de la guerra”.

    El 6 de junio comenzaba el desembarco en Normandía,  y según marchaba adelante crecía el acoso a España. La BBC anunciaba una escalada de exigencias, entre ellas el cese de todo comercio con Alemania –imposición ilegal, aunque en la perturbación creada por los bombardeos en el transporte por Francia ya casi impedía ese comercio–. Y la prensa sembraba bulos sobre  unidades secretas nazis en España  e insistía machaconamente con el volframio. En el Congreso useño se oían propuestas de ruptura con Madrid y apoyo a las guerrillas.

   El 30 de junio, Hoare indicaba a Jordana que Londres miraba a España como “uno de los pilares para garantizar la paz futura en Europa”, y no deseaba inmiscuirse en los sus asuntos, pero…  el franquismo debía dejar paso a un sistema que los anglosajones pudieran defender ¡ante los soviéticos!; pues estos, de otro modo, impondrían en España un gobierno de izquierda. Se pensaba en una monarquía. Jordana le replicó que el franquismo era la mejor garantía de estabilidad para Europa. El Caudillo entendió que Londres trataba de intimidar al régimen para que se disolviera por su cuenta y España se convirtiese en satélite inglés por evitar, supuestamente, serlo soviético. Por tanto, instruyó  a Jordana para que comunicase a Hoare que sus palabras constituían una injerencia inadmisible, y que las daba por no dichas. La reprimenda irritó aún más al embajador, y a los pocos días la prensa anglosajona “descubría” que la Gestapo reclutaba ex miembros de la División Azul para operar en el sur de Francia. Entre tales intimidaciones y provocaciones, el Vaticano ayudó a Franco ante los Aliados definiendo su régimen como “sinceramente católico. El gobierno provisional italiano, inquieto por el creciente poder comunista, agradeció gestiones a Madrid, que le transfirió la deuda contraída por España con Mussolini (la deuda sería pagada a precio de saldo con una lira muy devaluada).  Franco, por su parte, insistía en negociaciones en el oeste para limitar las tremendas destrucciones en Europa.

   El 19 de septiembre, Carrero entregaba a Franco unas  Consideraciones sobre el mundo próximo. La segura victoria aliada supondría una catástrofe para Europa, vaticinando acertadamente que Usa y URSS saldrían como los poderes dominantes,  pero no Inglaterra. Después especulaba vanamente sobre un importante papel internacional para España,  posiblemente decidido por Dios.



[1] En E. Sáenz-Francés,  Entre la Antorcha y la Esvástica, Madrid 2009, p. 285

[2] J. M. Gil-Robles, La monarquía por la que yo luché, Madrid, 1976, p. 39. M. Platón, Hablan los militares,  Barcelona 2001, p. 78

[3] C. Hayes, Misión… p. 163

[4]

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El rancio españolismo

Blog I: “Nueva historia de España: “Nueva historia de España”:http://www.gaceta.es/pio-moa/nueva-historia-espana-03092014-1631 

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Abogadas feministas pilladas en la colaboración de denuncias falsas de maltrato http://youtu.be/miDBpFh_x-c

@FrayJosepho  ·  28 de ago. Solo el rancio españolismo critica la visión empresarial de los Pujol y su capacidad para rentabilizar empresas. http://www.libertaddigital.com/espana/2014-08-28/una-empresa-de-jordi-pujol-jr-gano-42-millones-sin-facturar-un-euro-1276526850/ 

Si la ETA tuviera alguna vergüenza, agradecería a ZP y a Rajoy los magníficos servicios que le han prestado.

La banda de corruptos, proetarras, separatistas, abortistas, etc. llama “asesino y genocida” a Franco.

Los etarras llaman “gorrinos” a los socialistas: el desprecio de los jabalíes por sus congéneres domesticados.

El “progresismo” es pro pederasta, pro etarra, pro separatista, abortista, homosexualista y básicamente hispanófobo.

Al “progresismo” le encanta el corrupto y tiránico régimen de Hamás. Y detesta a Israel, país democrático.

A los progres les escandaliza que Israel ose defenderse de sus enemigos terroristas.

Los “progresistas” se cachondean del genocidio anticristiano que realizaron los suyos en España. Y algunos piden más.

#NuevaHistoriaDeEspaña analiza el pasado español relacionándolo con la historia europea y, en plano más amplio, mundial.

España comunicó por primera vez todos los continentes habitados.Imprescindible pra entender su historia #NuevaHistoriaDeEspaña

Es curioso que teniendo España los mayores navegantes de la historia, los libros apenas lo reseñen #NuevaHistoriaDeEspaña

España descubría océanos y continentes cuando ingleses u holandeses no pasaban de piratería o tráfico negrero #NuevaHistoriaDeEspaña

España tiene el historial marítimo más decisivo de la humanidad. Más que el inglés o cualquier otro #NuevaHistoriaDeEspaña

Cuando, desde  los años 60, gran parte de la Iglesia patrocinaba a los que la habían masacrado, no ponía la otra mejilla, sino otra parte del cuerpo

Cierta derecha confunde política y religión. Católica era Francia, y era otro país

No acaban de oírse las estruendosas condenas de los árabes primaverales a las atrocidades el EI en Siria e Irak

Los progres alzan enorme revuelo contra las bestialidades del EI en Irak y Siria. Lástima que no se les note

Las feministas están que trinan con las matanzas y violaciones de cristianas. Pero disimulan, por discreción.

¿Es una locura sospechar que a los admiradores de Hamás en Gaza tampoco les caen mal los degolladores de Siria y Líbano?

El próximo domingo, a las 16,00,recomienza “Cita con la Historia” en Radio Inter. Un programa anterior: la Inquisición http://www.ivoox.com/cita-historia-la-inquisicion-audios-mp3_rf_3326991_1.html 

 

 

 

 

 

 

 

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La vida sigue…

Blog I: Por qué el PP es proetarra:http://www.gaceta.es/pio-moa/pp-proetarra-01092014-1535

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El próximo domingo recomienza “Cita con la Historia”. Un programa anterior: http://www.ivoox.com/cita-historia-la-caida-de-audios-mp3_rf_3353458_1.html 

Una derecha intelectual y políticamente inane recoge la terminología, las leyes y las actitudes de la izquierda. Rajoy sigue a ZP

Aznar llevó a la ETA al borde del precipicio. ZP y Rajoy la han rescatado brillantemente: http://www.libertaddigital.com/opinion/pio-moa/lagrimas-de-gratitud-61602/ 

Si la ETA tuviera alguna vergüenza, agradecería a ZP y a Rajoy los magníficos servicios que le han prestado.

Cuanto más corruptos o proterroristas, más antifranquistas.

El oficioso y lacayuno PP va a dedicar una plaza de Madrid a Margaret Thatcher. La de “Bombardeemos Madrid”.

Los únicos con autoridad moral para proclamarse antifranquistas son los que lucharon contra Franco: comunistas y terroristas.

¿Es casual que los gobiernos colaboradores de la ETA lo sean también de la colonia inglesa de Gibraltar? ¿Y que sean tan corruptos?

La izquierda y separatistas españoles tienen en su haber una persecución anticristiana mucho peor que la de los yijadistas en Irak y Siria.

“No hace tanto, la izquierda asesinaba a curas y a monjas tras violarlas.No es de extrañar que ante los degollados de Iraq mire a otro lado”

¿Es casual que todos los corruptos de PP, PSOE y separatistas sean antifranquistas furibundos?

La “ley de memoria democrática”, fabricada por los más corruptos y antidemocráticos partidos.Hasta cuándo la farsa http://www.gaceta.es/pio-moa/memoria-democratica-los-chekistas 

Antifranquistas ilustres: De Juana, Arzallus, Zapatero, Cebrián, los de los EREs falsos, Rajoy, Dienteputo, Carod, Roldán, Mienmano…

Más antifranquistas distinguidos: Carrillo, Cándido Méndez, Josu Ternera, Freddy Faisán, las Sorayas, Aido, Pajín, “Mobutu”, Mas, Urkullu… Buena gente.

Reparto de papeles. @PSOE y separatistas atacan a España y la democracia. El PP impide la defensa.

Podemos es solo un resultado de la putrefacción traída a la política por PP y PSOE.

Los líderes de VOX deben comprender que están ante una ocasión histórica. Y ante una necesidad histórica

El problema no es que PP y PSOE pierdan votos. Es que pierden demasiado pocos.

Mientras no se entienda que el problema del separatismo tiene más raíces en Madrid que en Barcelona o Bilbao, no se entenderá nada.

Después de tantas fechorías del PP, seguir votándole es hacerse cómplice.

“Podemos” avanza. Buena noticia para el PP

 

 

 

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Divagaciones, el amor y la práctica.

XI y XII

 

FABRICIO.- He aquí un buen problema, amigo Sulpicio, pero afortunadamente de solución no muy complicada. Mises dice dos cosas que no veo por ninguna parte: que el ahorro es un sacrificio voluntario y que gracias al sacrificio de generaciones pasadas pueden vivir mejor las siguientes, debido a que ese ahorro se canaliza a la inversión de bienes de capital. Ahora, piensa un poco: tú ahorras de tus ganancias una cantidad y la metes en el banco. Pero en realidad no sacrificas nada. Ahorras lo que te parece superfluo, no les quitas el pan a tus hijos para ahorrar. Claro que ese ahorro significa una posibilidad de consumo de bienes que ya existen en el mercado y que tú no compras, pues si no existieran esos bienes del llamado consumo, ¿qué mérito tendría el ahorrar su compra? ¿Qué pasa con esos bienes? Pues que se echan a perder, en su mayoría. Y al año siguiente igual, etc., y nuevos bienes perdidos.

MAURICIO.- O sea, gran hombre, que el ahorro perjudica la economía.

FABRICIO.- La perjudicaría, magnífico Mauricio, si todo el mundo ahorrase. Pero es preciso que esos bienes se consuman, es decir, que se paguen, para que no haya quiebras en cadena. Y ya te expliqué cómo ocurre en realidad: lo que los ahorradores dejan de consumir, otros desahorradores lo consumen a crédito. Porque es una falacia que el dinero ahorrado se transforme exclusivamente en los llamados bienes de inversión. Muchas empresas no recurren al crédito, o solo parcialmente, sino que reinvierten sus beneficios. Y una parte importante del crédito se va a bienes de los llamados de consumo. Una casa ¿qué es? ¿Inversión o consumo? ¿Y un coche? ¿Y el que pide un crédito para llegar a fin de mes? ¡Hasta el que roba aumenta el consumo, porque obliga a otros a consumir más de lo que tenían previsto!

MAURICIO.- Pe…pe…pero, ¡qué burradas hay que oír!

FABRICIO.- Venga, Mauri, que es lo de Robinsón elevado a nivel social: Robinsón dedica tiempo a cazar pajaritos a pedradas, pero le queda tiempo de sobra para construir también un arco y cazar con más eficacia. En la sociedad, unos cazan los pajaritos, por así decir, y otros hacen los arcos, y dedican el tiempo libre a distraerse. Y, por cierto, todos comen. Por eso te digo que el análisis basado en el ahorro, el consumo y la inversión juega con conceptos equivocados y no puede tener buen resultado. Ni hay sacrificio en el ahorro ni una generación vive del sacrificio de la precedente. Por cierto, eso de sacrificar a una generación era lo que decía Stalin. Recuerda cómo empezó la discusión: muy pocos economistas la vieron venir, y casi ninguno en toda su amplitud, por tanto hay que plantearse si el análisis está bien fundado. Y recuerda también que han dado el premio Nobel a economistas que sostenían una teoría y a otros que sostenían la contraria.

SULPICIO.- ¡Y tú vas a solucionar ese problema, pastor ensoberbecido y cojitranco!

PATRICIO.- Hola, camaradas, ¡salud pública! Está cayendo tal chaparrón que no habría venido si no estuviera seguro de encontraros aquí, pase lo que pase. Vengo oyéndoos desde la puerta y, si queréis que os diga la verdad, Salicio tiene una cabeza bien amueblada, siempre lo he dicho y aquí vuelvo a comprobarlo: mientras vosotros parloteáis, divagáis sobre abstrusos misterios, él se dedica a las cosas prácticas. ¡Tres veces ha vaciado el vaso en su gaznate mientras yo caminaba despacio desde la puerta, observándoos!

SULPICIO.- ¡Salud, Patricio, bravo zapatero remendón y poeta!..

FELICIO.- ¡Claro, Salicio está a lo suyo y por eso no dice esta boca es mía! El tío bebe para olvidar los desdenes de su Amartilis. Está enamorado, qué le vamos a hacer.

SULPICIO.- Y como es hombre práctico, aprovecha para comer a dos carrillos, ¡nos está dejando sin nada!

FABRICIO.- Es que es un filósofo y sabe muy bien que las penas con pan son menos.

SALICIO.- Con vuestras chorradas me limpio lo que yo sé.

PATRICIO.- ¿También te has vuelto zerolo, Salicio? ¡Por las musas, que me espanta modernidad tanta!

MAURICIO.- Qué suerte, tener aquí a nuestros dos poetas, Picio el tabernero y Patricio el remendón. Ya nos soltaréis algunas de vuestras inspiradas composiciones, vates… Pero explícanos, Fabricio, ¿qué está haciendo ahora Salicio? ¿Consume? ¿Invierte? ¿Ahorra? ¿O ninguna de esas cosas? Porque según tú son conceptos equivocados…Fabricio insiste en refutar a Mises.

FABRICIO.- Te diré, hombre nada excepcional, lo que hace Salicio: consume, como es obvio; al mismo tiempo invierte, porque aunque coma y beba sin necesidad, así se siente mejor, invierte, digamos, en su propia felicidad, que le permite o ayuda luego a producir, tal como el aceite y la gasolina permiten producir a una máquina. Decís que el consumo es un fin en sí mismo y la inversión no, pero no hay ningún fin en sí mismo, como acabamos de ver. Y también ahorra Salicio, si bien indirectamente, porque lo que él se zampa ya no se lo podrán zampar otros, ya dijo Sulpicio que nos está dejando sin nada que comer ni beber mientras nosotros charlamos amigablemente. Así que, considerada la situación en su conjunto, está ahorrando, consumiendo e invirtiendo, todo a un tiempo.

PICIO.- ¡Eh, eh, que más raciones serviros puedo, mis amigos queridos!

SULPICIO.- ¡Claro que puedes! Y nosotros a pagar.

PICIO.- El negocio hundirme no querréis, digo yo, ¿adónde ibais a reuniros entonces? Tabernas como esta no hay, vosotros mismos habeislo reconocido.

MAURICIO.- No puedes negar, Fabricio, que manuelp el del blog te está hundiendo en la miseria.

FABRICIO.- Lo cree él, porque no acaba de ver el problema. Mises y Keynes operan con los mismos conceptos, ahorro, inversión, consumo… aunque les dan valores y sentidos diferentes, y lo que yo digo es que esos conceptos son por lo menos confusos, y eso explica por qué, entre otras cosas, no se ponen de acuerdo sobre las crisis y sobre tantas otras cosas.

MAURICIO.- ¡Pero el keynesianismo ha fracasado!

FABRICIO.- ¿Ha fracasado? Durante años y años antes y después de la guerra mundial, todo el mundo se volvió keynesiano, la economía funcionaba, no se hundía y los economistas, bueno, la mayoría de ellos, decían que las crisis eran cosa del pasado, que ya podían dominarse gracias a las recetas de Keynes. Sí, podrás decir que a la larga han fracasado, pero ¿por qué no fracasaron mucho antes? Además, todo en la vida se desarrolla en el tiempo, y todos fracasamos cuando morimos, pero entre tanto… ¿eh? Eso es lo que importa, el tiempo: todo dura y todo se acaba. ¿Por qué la posguerra mundial, al menos desde principios de los 50, vio la mayor expansión económica de la historia? ¿Por el keynesianismo o a pesar de él? Es lo que os decía: una teoría de la crisis tiene que explicar también la prosperidad precedente. Si no, cojea.

SULPICIO.- ¿Entonces vale tanto lo del Keynes como lo del Mises? ¡Mauricio, saca la cayada y vamos a darle su merecido a este enreda jorobeta y tartaja, que yo le atizaré con el zurrón, que me lo he traído porque no pasé antes por casa! ¡A ver si le hacemos entrar en razones!

PATRICIO.- No te exaltes, Sulpicio, no te exaltes. Eres hombre de certezas y te molestan los problemas, te comprendo bien… Pero yo diría, caros amigos, que deberíamos imitar a Salicio consumiendo, invirtiendo y ahorrando todo a una, no vaya a ser que no nos quede ni una rodaja de chorizo ni una gota de vino, que este Picio es amistoso, pero pesetero como buen poeta.

MAURICIO.- ¡Ah, y otra cosa, Fabricio, no creas que olvido tu aserto, tan ridículo como los demás, de que los conflictos internacionales no los causa el nacionalismo, sino el Derecho. Que me lleve el diablo si he oído en mi vida majadería semejante.

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Fabricio insiste en rebatir a Mises

Fabricio insiste en refutar a Mises.
IX

FELICIO.- Pero en tan amena conversación, mis dilectos amigos, la tarde ha cumplido su amigable tarea y se despide. Tendremos que imitarla nosotros, recoger los ganados y dejarlos estabulados cual conviene. ¿Nos vemos luego en la taberna del Bauprés, como de costumbre?

MAURICIO.- Por supuesto, faltaría más. Pero tú, ¡oh Salicio!, haz el favor de no traerte la zambomba o te la romperé en la cabeza. No soy violento, bien lo sabéis, pero todo tiene un límite.

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FELICIO.- En verdad que no sé si habrá fuera de nuestro Porriño, en el mundo entero, otra taberna con tales méritos como esta. Amplia, con una penumbra que no impide, sin embargo, leer, con estas vigas de noble maderamen, dice el dueño, don Picio, que están hechas con baupreses de barcos antiguos…

SULPICIO.- Y yo lo creo, Felicio, lo mismo si me dice que son de baupreses que de palos de mesana o de cedros del Líbano del templo de Salomón. Decía un personaje de nuestro añorado Cunqueiro: “Créeme, Paquiño, tienes que creerme, total ¿qué te cuesta?”. A mí no me cuesta nada, y en cambio salgo ganando: el dueño, Picio, se esponja de satisfacción cuando le felicito por sus vigas de bauprés, y me da alegría verle a su vez contento, aparte de que, a cambio de ese elogio nos trata mejor, nos da buenos vinos y no nos cobra más de lo conveniente, aunque alguna rara vez hayamos terminado borrachos como cubas y él habría podido saquearnos a placer… Hago un bien con mi credulidad, y recibo otro bien, ¿Qué más hay que rascar? Pero he aquí que se acerca nuestro bravo tabernero. No le aduléis más de la cuenta.

PICIO.- Hola, camaradas, como veis, hoy solo por clientes tengo a aquel par de labriegos que cabe aquella retirada mesa sus posaderas asientan, y con la lluvia que ha empezado a caer, seguro que no vienen más. Discutir a voces, pues, podéis libremente, y cantar destempladamente cual soléis, aunque otras veces haya tenido que regañaros, no porque me disguste, voto a bríos, sino por las de la clientela protestas, pues, como sabéis, el negocio he de cuidar.

MAURICIO.- Descuida, Picio, poético tabernero, que somos pastores cultivados y de honor, y cuando alguna vez nos pasamos de rosca, sabemos rectificar. Pero estábamos diciendo que esta es la taberna más espléndida que existe en todo el ancho mundo. No es que yo conozca todo el mundo, claro está, pero es que no concibo ninguna mejor. Estuve hace poco en una realmente maravillosa en Lübeck, donde fui por un negocio lanero, una taberna marinera que dicen viene de tiempos de la Liga Hanseática, pero, sin quitarle méritos, la encontré algo recargada. Y esa de Bayona, ¿cómo lle chaman? Non macordo agora, está moi ben, pero é algo cativa, no tiene esta amplitud espacial…

FABRICIO.- Pero esas grandes telarañas que adornan los rincones, ese hollín que tapiza las paredes, esta oscuridad que el fuego de la chimenea a disipar no alcanza… Las mujeres no entrarán aquí, Picio.

SULPICIO.- ¡Coño, mira a Fabricio, el ligón! ¡Cómo si alguna mujer fuera a fijarse en ti, hombre excepcional!

PICIO.- As mulleres e as tabernas non fan boa mistura, Fabricio. Pra elas inventáronse as cafeterías.

FABRICIO.- A una mujer tonta le gustarán los tontos como tú, bellaco Sulpi. Estoy seguro de que ligas muchísimo, pues de esas hay muchas. Pero a una inteligente le gustará un hombre inteligente, a pesar de … de excepcionalidades como las mías. Cierto que no he conocido a ninguna de mi agrado, pero estoy seguro de que algún día…

PICIO.- Esas querellas a un lado dejemos, rapaces, ¿Qué queredes?

MAURICIO.- Lo de siempre: queso, chorizo, jamón, aceitunas, buen vino…¡Ah, y filloas, que es la temporada!

PICIO.- ¿Filloas con mermelada?

SULPICIO.- ¡Qué mermelada ni qué…! Filloas de sangre y de las otras, sin más caralladas. Y luego ven a sentarte con nosotros, que disfrutemos de tu conversación amena. ¡Picio! En verdad los tópicos mienten a menudo, porque eres hermoso como un dios griego, y no menos ocurrente.

FABRICIO.- Me siento solidario de Picio. Es, en efecto, como un dios griego bizco, de nariz como un bauprés, dientes mellados, panzudo, calvo a la Anasagasti…

MAURICIO.- La belleza es según quién la contempla, Fabricio. Por cierto, de paso para aquí, entré un momento en la peña pastorácea, y me dieron otro mensaje de manuelp, que vuelve a atacarte con el ariete de Von Mises, y esta vez me parece que entre todos haremos pedazos el muro de sofismas y falacias tras el cual parapetas tus dislates.

X

FABRICIO.- Venga ese ariete, Mauricio, que tendré sumo gusto en hacerlo astillas.

MAURICIO.- Ja, ja, pues nos es chulo el tartaja… Sobre tu argucia de que “no puedes ahorrar la carne o la leche de hoy para consumirla dentro de cinco años, por ejemplo”, dice manuelp: “A mí me lo pueden decir, que en 1976, en el campamento militar, comía carne de Uruguay sacada del frigorífico con un sello que ponía fecha de producción 1947.

FABRICIO.- ¿Y eso te parece un argumento, Mauricio? ¿Dónde esta esa poderosa capacidad de raciocinio que todos te concedemos y que te impide echar un polvo? Si dejas de comer carne ahora y la comes treinta años después, supuesto que sobrevivas, lo que haces no es ahorrar en 1947, puesto que la has pagado a tus proveedores, y en cambio en 1976 estás impidiendo que otros proveedores te suministren una carne seguramente en mucho mejor estado. El ahorro lo haces en 1976, y contra tu propio interés.

MAURICIO.- Bueno, eso lo dice seguramente por lo que tú decías de ahorrar el consumo de hoy…

FABRICIO.- Eso lo dice Mises, y muy mal dicho.

MAURICIO.- Dejémonos de detalles escabrosos, y atiende ahora: “Cuando la gente desea iniciar procesos productivos de más dilatado período de producción, tiene forzosamente que comenzar por acumular mediante el ahorro los bienes de consumo precisos para satisfacer durante el período de espera todas aquellas necesidades que considera más importantes que el incremento de bienestar que considera más importantes que el incremento de bienestar que confían en obtener de ese proceso que requiere un mayor consumo de tiempo…”

FABRICIO.- Parece un trabalenguas, pero si mal no lo entiendo quiere decir lo mismo que antes: para dedicarte a empresas de largo alcance tiene que acumular cosas de consumo más urgente, porque si no, antes de concluir la gran empresa puedes morirte de hambre. Por ejemplo, los que preparaban un largo viaje a las islas de las especias tenían que acumular en el barco gran cantidad de víveres. Pero acumular no es lo mismo que ahorrar, yo diría que es lo contrario: tienes que hacer un esfuerzo y un gasto mucho mayores que el consumo habitual, para distribuirlo en un largo período, ¿no te parece? Es concentrar en poco tiempo el gasto que normalmente harías en más tiempo.

SULPICIO.- No juegas limpio, Fabricio, has interrumpido a Mauricio, déjale que siga.

MAURICIO.- Sigo: “La acumulación del capital se inicia al almacenar bienes de consumo destinados a ulterior empleo. Cuando tales excedentes simplemente se acumulan, guardándose para posterior consumo, constituyen tan solo meras riquezas o, más exactamente, reservas para épocas de carestía o situaciones de emergencia, quedan fuera del mundo de la producción. Se integran –en sentido económico, no en sentido físico– en la actividad productiva solo cuando son aprovechados por los trabajadores dedicados a esos procesos que exigen un mayor lapso temporal. Así gastados, físicamente, son riquezas consumidas. Desde un punto de vista económico, sin embargo, no puede decirse que hayan desaparecido. Se han transformado, primero, en los productos intermedios del proceso que exige un período productivo más dilatado y, luego, en los bienes de consumo que son el fruto final del proceso en cuestión” ¡Chúpate esa!

FABRICIO.- En un sentido económico, Mauricio, los bienes de consumo acumulados para posterior uso son bienes de inversión lo mismo que los empleados para construir un galeón. Son inversión en el ser humano y se han transformado en él mismo y su capacidad productiva. Ya te he dicho que, económicamente, el ser humano es como una máquina: su consumo es en último extremo un consumo de energía, es decir, una inversión, ya que esa energía se utiliza para transformaciones diversas. Sin esa inversión básica no funcionaría ninguna otra. Ya sabes el lema de la Hansa: Navigare necesse est, vivere non est necesse.  Es un gran lema, pero en el fondo inaplicable. Como dijo Stalin, el hombre es el capital más preciado.

MAURICIO.- ¡Gran economista Stalin, tío!

FELICIO.- ¿Pero vas a desmentir tú, un pobre aun si meritorio pastor, a alguien como Von Mises? ¡Has perdido la chaveta!

FABRICIO.- Ten en cuenta, honrado Felicio, que no somos unos pastores cualesquiera, somos pastores de Porriño, y eso marca una diferencia… Sigo: piensa en Robinson Crusoe. Quizá, movido por el hambre del primer momento, intente cazar pájaros a pedradas. Pero pronto se dará cuenta de que más le vale hacerse con un arco, o bien preparar trampas. Tú puedes decir: el tiempo que dedica a preparar esos bienes de capital tiene que detraerlo del tiempo y esfuerzo que dedique a comer. Pero no es verdad. Pongamos que, tras un largo esfuerzo, mata seis pajarillos a pedradas y se los come. Tiene todavía tiempo para construirse un arco o unas trampas o un arco. No puede pasarse el día comiendo pájaros, por muchos que cace. Con esto de la inversión pasa lo mismo: es preciso consumir la producción, sea como inversión inmediata para satisfacer el hambre sea como bienes de capital para satisfacer las necesidades con menos esfuerzo. Y es lo que realmente ocurre. En la sociedad, lo que hace Robinson él solo, lo hacen gentes muy diversas. Aquí, en nuestro Porriño, por ejemplo, nosotros dedicamos nuestro tiempo y esfuerzo a los animales, para conseguir carne, leche y lana, y otros se dedican a fabricar ordeñadoras mecánicas, medicinas para el ganado y todo eso. Ellos tienen que comprarnos lo nuestro y ellos lo suyo. ¿Dónde está el ahorro? Si nosotros ahorrásemos, ellos nos venderían menos trastos, y si ellos ahorran, nos comprarían menos leche y demás.

SULPICIO.- Pero vamos a ver, majadero, ¿cómo explicas que tanta gente, en lugar de gastar todo lo que gana, deje algo y lo meta en el banco o en una cuenta de ahorros? ¿Qué significa eso?     

 

 

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