Parece que ya puedo entrar de nuevo. Espero que los lectores también.
Blog I: Hipótesis sobre el 11-m: www.piomoa.es
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P. Cuáles son, en su propia opinión, los libros de historia más importantes que ha escrito?
R. “Nueva historia de España” y “Los orígenes de la Guerra Civil”
P. ¿Por qué?
R. El primero es una interpretación global de nuestra historia, creo que muy diferente de las que se han producido hasta ahora. En ese sentido es nueva, y en gran medida critica otras numerosas historias que se han escrito desde hace muchos decenios, algunas de las cuales han adquirido casi carta de naturaleza. En cuanto a “Los orígenes de la guerra”, ahí encontré la clave explicativa de nuestro siglo XX, clave que he desarrollado en libros sucesivos.
P. No he leído ninguno de ellos, pero sí “Los mitos de la Guerra Civil”, que me parece sobre todo un ejercicio de lógica y sentido común. Y la novela “Sonaron gritos y golpes a la puerta”. Me interesa sobre todo esta. ¿Cómo la entiende usted? ¿No es un intento de invadir un terreno que no le es propio?
R. Era un riesgo, desde luego, y casi todos los que han escrito reseñas de ella, en general muy elogiosas, han explicado que tardaron en decidirse a leerla, por pensar que un historiador no puede escribir una buena novela. Sin embargo, una vez leída su opinión cambió notablemente.
P. Usted, lógicamente, coincide con los que piensan que es una buena novela. Pero hoy se escriben cientos de buenas novelas, quiero decir novelas entretenidas, que se dejan leer, que “te atrapan”. La suya lo es también, pero dudo de que hoy se escriban grandes novelas, yo no podría decir eso de ninguna que conozca. La publicidad de la editorial la expone como “la gran novela de los años de hierro de la historia de España” ¿Usted diría que realmente es grande, quiero decir, no solo entretenida sino realmente profunda?
R. Hombre, me gustaría que así fuese, pero eso no lo puedo decidir yo. Sí puedo afirmar que no se corresponde a ninguna tradición literaria española, por lo que yo sé, ni tampoco europea. Realmente no tiene ningún modelo. A mucha gente le ha desconcertado.
P. Sí, realmente el autor es muchas veces el menos indicado para juzgar su obra, y eso es curioso. En fin, algunos le han encontrado cierto parecido con Baroja.
R. Quizá por cierta sobriedad, no sé… Pero es un parecido superficial. Pero por un lado se aparta del costumbrismo y del realismo cutre de, por ejemplo Cela y de gran parte de la literatura actual, que es una de las principales tradiciones españolas ya desde la picaresca, incluso desde La Celestina. No digo que no se hayan escrito grandes obras en ese género, que sí se han escrito, obras realmente grandes, pero creo que está agotado y cada vez resulta más difícil hacer algo de verdadero valor en él. Cada novela refleja un espíritu, y yo no sabría calificar el de esta, pero creo que difiere de cualquier otro… claro que no he leído toda la literatura española, lógicamente, y menos aún la extranjera. En realidad he pasado muchos años sin leer prácticamente literatura. Solo cuando era muy joven leía bastante novela.
P. Yendo a cuestiones más concretas, coincido en que el protagonista no se corresponde a modelos que yo recuerde ahora. Me ha parecido una novela en cierto modo épica, de aventuras a un nivel especial, épico ya digo, con unos protagonistas que no se corresponden con los habituales de esos géneros. Por ejemplo el principal, Alberto, termina cada una de las partes del libro con un golpe psicológico tremendo, un trauma que le desequilibra, le trastorna. Uno entendería bien que se hubiera vuelto loco, sin más, o haberse suicidado. Ese podría haber sido un posible desenlace de la narración…
R. Sí, ja, ja… Creo que más de uno podría haberse desequilibrado definitivamente. Máxime cuanto que Alberto se ha criado con poco cariño, tiene algunos rasgos neuróticos bastante claros, si bien los compensa con su afición intelectual, su predisposición a la acción y su amistad con Paco. Al final de la primera parte entiende cuál ha sido la realidad de su familia y de su posición en ella. Eso casi le enferma, no sabe cómo reaccionar, rechaza el amor de Carmen, se le echa encima el mundo y solo piensa en huir, en marchar de Barcelona para buscar otro ambiente, empezar de cero, como ocurre a muchas personas que no se soportan a sí mismas y que sienten su ambiente como traumatizante. Creo que Carmen comprende su situación casi mejor que él mismo. En Madrid está próximo a hundirse por completo en la soledad y en la neurosis, aunque entre unas cosas y otras sale a flote al encontrar un grupo de alegres amigos y reanudar el trato con los hermanos Paco y Carmen.
P. Sale a flote, pero es solo para emprender una nueva huida…
R. Sí, es verdad en parte. Él toma partido en una situación general de gran violencia. Tiene un fondo de gran fortaleza psíquica, pero en realidad nunca acaba de salir a flote, es como quien está nadando al límite de sus fuerzas. Y esa nueva huida, si queremos llamarla así, termina todavía más desastrosamente, con una herida que está a punto de destruirle anímicamente y de destruir su amistad con Paco, a quien debe tanto, hasta la vida. Solo las urgencias y penalidades de la guerra le permiten superar a medias el desastre.
P. Me permitirá observar que el desdichado “affaire” con la rusa Iliena suena poco creíble.
R. ¿Por qué? Yo lo creo verosímil. Hubo amores o amoríos entre soldados españoles y chicas rusas, y las posibilidades de los celos y de un desenlace trágico en las condiciones de la guerra se vuelven mucho más agudas. Un estudioso de la División Azul me ha hecho observar que Paco y Alberto resultan personajes inhabituales entre los que fueron allí, en su mayoría gente idealista e ingenua, algunos pícaros en buen sentido, sin grandes complicaciones morales. Seguramente es así, pero no he querido hacer una obra costumbrista. Además, por la División pasaron cerca de 50.000 voluntarios, y habría de todo. Recuerdo el diario de uno de ellos que menciona a un fraile exclaustrado que se jactaba de no creer en Dios. Y hubo muy pocos, pero sí algunos, que se alistaron con intención de pasarse al enemigo. Etc. Yo creo que el costumbrismo es una tara de gran parte de la literatura española. En mi opinión, gran parte de la novelística española falla por su falta o escasez de épica y de conflicto moral algo profundo en los protagonistas. Son personajes triviales, en general. Ciertamente Alberto y Paco son personajes complicados algunos me han hecho notar que demasiado complicados, sobre todo en la primera parte, para ser tan jóvenes, cuando están entre los dieciocho y los veintiún años. Pero yo he conocido de muy joven a muchachos bastante complicados. Una cosa es la norma, lo corriente, y otra las excepciones. En general, la literatura se fija más en las excepciones.
P. La tercera herida, llamémosla así, al final de la novela es quizá la más espectacular. Parece como si Alberto hubiera dado un enorme rodeo vital, un periplo en sentido estricto, para volver al comienzo, a la brutal escena con que comienza el relato. Eso me ha parecido un logro novelístico importante, pero me quedo con la impresión de que no está plenamente explotado, de que podría haber alcanzado un tono dramático más agudo.
R. Tenga en cuenta que el protagonista, que escribe su propia historia, ha pasado después medio siglo alejado de ella, en una vida normal y tranquila, procurando no recordar sus peripecias juveniles, pues las siente demasiado traumáticas. Además se ha hecho profesor de filosofía y elude el patetismo en su relato. Las escenas, por muy crudas o dramáticas que sean, procura exponerlas con objetividad y si acaso cierta melancolía. Sí, creo que hay bastante melancolía en las apreciaciones sobre sus propias aventuras. Dar a sus peripecias intensidad patética como si fueran recientes sonaría artificioso.
P. Su libro se presenta como novela histórica, pero no estoy seguro de que corresponda del todo al género.
R. Tiene razón. Es pura novela aunque situada con total claridad en un tiempo histórico real y en relación con él. Hay en ella muchos datos reales, pero no son ellos los que dan coherencia al relato, son solo referencias o pretextos. La coherencia del relato se basa en las características y conflictos internos y externos de los personajes.
P. Un conocido me la ha interpretado como una novela fundamentalmente de aventuras.
R. En parte sí lo es. Una novela histórico-épica, si usted quiere, con la diferencia de que estas suelen tener un toque algo grandilocuente y terminar bien para el protagonista, incluso si muere, y nada de ello ocurre aquí. Además, los protagonistas aventureros o épicos suelen ser hombres de una pieza, sin demasiadas complicaciones, y ello tampoco se da en mi novela. Desde luego, nada que ver con cantamañanadas pueriles como las de Indiana Jones.
P.- Sí, los personajes no son habituales. Paco me ha recordado un poco a uno de “Edad prohibida” de Torcuato Luca de Tena, un tipo audaz, viril, mujeriego, con pocos escrúpulos, que termina en la cárcel… O al protagonista de “La paz empieza nunca”, de Emilio Romero…
R.- Bueno, Paco podría terminar como delincuente, pero no es fácil. Es hombre de acción y aventurero, pero con serias preocupaciones intelectuales, admito que es una combinación muy rara, pero se da. Y no es propiamente mujeriego, aunque conquista con facilidad a muchas mujeres. Si las circunstancia lo favorecen, prefiere una relación estable y relativamente fiel, como la que tiene con Mercè. Tampoco es como el de Emilio Romero, un héroe falangista, aunque se apunta a la Falange. Es más complicado que eso. Él sostiene que el amor enloquece y ata, y tiene una visión ideal masculina de hombre templado y dueño de sí… No obstante es capaz de acciones sangrientas.
P. Como usted ha dicho, prefiere el cariño al amor, y usted lo castiga al final al hacerlo enloquecer por Iliena y desatar una historia de celos y venganzas que está a punto de convertir en enemigos a los dos amigos, a él y Alberto, y termina en tragedia. Pero el personaje de Iliena me parece un tanto irreal. Puedo admitir el enamoramiento repentino de Alberto, pero parece que ella se enamora de él casi tan repentinamente, y eso no me suena… Y que prefiera a Alberto y no a Paco, siendo este mucho más atractivo para una mujer, tal como usted lo ha pintado. A eso me refería antes al decir que era inverosímil.
R. Iliena es un personaje peculiar, pero no es irreal. Lo he pintado, como usted dice, sobre alguien que he conocido. Vive sin ilusiones ni ambiciones especiales, “viendo pasar la vida” en un ambiente que ni le gusta ni rechaza, el único que conoce. Resulta muy atractiva para “cierta clase de hombres”, lo sabe y lo acepta sin mucha ilusión. En cierto sentido es la antítesis de Carmen, más aún que la promiscua Luisa. Carmen sabe lo que quiere y lucha activamente por ello, es capaz de arrostrar los peligros de la Quinta Columna, aunque no por gusto sino por sentido del deber, detesta la violencia y quiere fervientemente fundar una familia normal con Alberto, de quien soporta muchas cosas, aunque en algún momento esté a punto de romper. Habría bastado con que Alberto fuera un poco más, digamos, normal, para que la historia de los dos, después de la guerra civil, resultase tranquila y previsible, aunque no necesariamente convencional. Iliena, pese a su aparente abulia, es capaz de amar, es sensible y culta, cree ver en Alberto una nobleza que parece no haber encontrado nunca antes. Y pese a haber tenido algunos amoríos sin mucha ilusión, como digo, no es una mujer fácil ni le gustan los hombres del tipo de Paco ni sus artimañas para embaucar a las mujeres. Obviamente, el personaje podría dar para una novela aparte, pero hay que condensar…
P. Bien, es cuestión de interpretaciones. Desde luego, el relato tiene una gran variedad de personajes y situaciones. Me ha sorprtendido también la crudeza de varias descripciones de violencia, como cuando ensarta en la bayoneta a un enemigo ruso y creyéndose seriamente herido va a la enfermería, que describe bevemente pero en unos tonos horribles.
R. ¿Diría usted que las descripciones son truculentas?
P. Ahora pregunta usted… No sé qué decirle.
R. Creo que no son truculentas, o eso espero. Creo que son realistas, me he basado en diversos testimonios reales. No me gustan los relatos en los que la violencia o la crueldad se exageran en plan efectista. Creo que si he pecado es más bien de parco. No me gustan los tremendismos. Claro que una cosa es lo que uno quiere y otra lo que consigue.
P. Volviendo a la última escena del relato, tiene algo de tragedia clásica: el padre y el hijo, el padre biológico, que no se conocen, en el maquis. El padre desconfía de que el hijo sea un traidor y el hijo se entera de quién es el otro cuando ya no tiene más remedio que llevarle la muerte…
R. La situación no fue premeditada desde el principio. En efecto, el padre, Antonio, es el único que en aquel grupo de maquis desconfía de Alberto, su hijo, sin saber su relación digamos biológica y pone a Alberto en una situación difícil, que podría llevar a que lo matasen, y de la que Alberto sale un poco por los pelos. Después, cuando ya está puesta a punto la emboscada que acabará con Antonio, el hijo se entera de quién es este por una conversación casual sobre Rusia. Lo único que puede hacer ya es negarse a participar en aquella última acción, para no presenciar o no participar directamente en el homicidio. No explica su extraña actitud a los homicidas, lo guarda todo para sí e Intenta mantenerse frío. Después de todo nunca conoció a su progenitor, cuyo carácter brutalmente egocéntrico y vengativo le parece detestable; pero es muy consciente de ser el principal causante de la violenta muerte de quien le ha traído a la vida. Consciente, además, de lo mucho que se le parece en tantos aspectos de inclinación y carácter. Y finalmente cae en un trance podríamos decir místico, con una confusa, pero demoledoramente intensa percepción de la extrañeza de la vida, no solo de su vida sino de la vida en general, de la misteriosa relación entre los sucesos…
p. ¿La muerte freudiana del padre?
R. No, hombre, no tiene la menor relación. Nada que ver, puesto que Alberto se entera de la realidad, que le afecta en lo más íntimo, solo en el último momento: tiene ya 28 años y solo ha visto a su padre unos breves momentos, cuando este asesina al hombre que Alberto había tomado por su padre real durante dieciocho años, y por quien siente cierto respeto, pero escaso afecto. Observe que el protagonista está afectivamente en el aire, por así decir, inseguro, con un único asidero en su amigo Paco, pero incapaz de comprometerse con Carmen, cuyo amor le da cierta seguridad, pero al mismo tiempo le atemoriza… Si usted quiere, la escena final puede tener un simbolismo social o histórico, pero a decir verdad, yo creo que es más precisamente humano, como en esas obras que nos impresionan al margen de su posible significación política. O eso espero. Porque los simbolismos políticos o sociales, aunque sean posibles, no dejan de limitar la significación de un relato y en muchas ocasiones lo vuelve banal y limitado al momento.

