¿”La” gran novela de los Años de Hierro?

Parece que ya puedo entrar de nuevo. Espero que los lectores también.

Blog I: Hipótesis sobre el 11-m: www.piomoa.es

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P. Cuáles son, en su propia opinión, los libros de historia más importantes que ha escrito?

R. “Nueva historia de España” y “Los orígenes de la Guerra Civil”

P. ¿Por qué?

R. El primero es una interpretación global de nuestra historia, creo que muy diferente de las que se han producido hasta ahora. En ese sentido es nueva, y en gran medida critica otras numerosas historias que se han escrito desde hace muchos decenios, algunas de las cuales han adquirido casi carta de naturaleza. En cuanto a “Los orígenes de la guerra”, ahí encontré la clave explicativa de nuestro siglo XX, clave que he desarrollado en libros sucesivos.

P. No he leído ninguno de ellos, pero sí “Los mitos de la Guerra Civil”, que me parece sobre todo un ejercicio de lógica y sentido común. Y la novela “Sonaron gritos y golpes a la puerta”. Me interesa sobre todo esta. ¿Cómo la entiende usted? ¿No es un intento de invadir un terreno que no le es propio?

R. Era un riesgo, desde luego, y casi todos los que han escrito reseñas de ella, en general muy elogiosas, han explicado que tardaron en decidirse a leerla, por pensar que un historiador no puede escribir una buena novela. Sin embargo, una vez leída su opinión cambió notablemente.

 P. Usted, lógicamente, coincide con los que piensan que es una buena novela. Pero hoy se escriben cientos de buenas novelas, quiero decir novelas entretenidas, que se dejan leer, que “te atrapan”. La suya lo es también, pero dudo de que hoy se escriban grandes novelas, yo no podría decir eso de ninguna que conozca. La publicidad de la editorial la expone como “la gran novela de los años de hierro de la historia de España” ¿Usted diría que realmente es grande, quiero decir, no solo entretenida sino realmente profunda?


R.
Hombre, me gustaría que así  fuese, pero eso no lo puedo decidir yo. Sí puedo afirmar que no se corresponde a ninguna tradición literaria española, por lo que yo sé, ni tampoco europea. Realmente no tiene ningún modelo. A mucha gente le ha desconcertado.

 P. Sí, realmente el autor es muchas veces el menos indicado para juzgar su obra, y eso es curioso. En fin, algunos le han encontrado cierto parecido con Baroja.

 R. Quizá por cierta sobriedad, no sé… Pero es un parecido superficial. Pero por un lado se aparta del costumbrismo y del realismo cutre de, por ejemplo Cela y de gran parte de la literatura actual, que es una de las principales tradiciones españolas ya desde la picaresca, incluso desde La Celestina. No digo que no se hayan escrito grandes obras en ese género, que sí se han escrito, obras realmente grandes, pero creo que está agotado y cada vez resulta más difícil hacer algo de verdadero valor en él. Cada novela refleja un espíritu, y yo no sabría calificar el de esta, pero creo que difiere de cualquier otro… claro que no he leído toda la literatura española, lógicamente, y menos aún la extranjera. En realidad he pasado muchos años sin leer prácticamente literatura. Solo cuando era muy joven leía bastante novela.

 P. Yendo a cuestiones más concretas, coincido en que el protagonista no se corresponde a modelos que yo recuerde ahora. Me ha parecido una novela en cierto modo épica, de aventuras a un nivel especial, épico ya digo, con unos protagonistas que no se corresponden con los habituales de esos géneros. Por ejemplo el principal, Alberto, termina cada una de las partes del libro con un golpe psicológico tremendo, un trauma que le desequilibra, le trastorna. Uno entendería bien que se hubiera vuelto loco, sin más, o haberse suicidado. Ese podría haber sido un posible desenlace de la narración…

 R. Sí, ja, ja… Creo que más de uno podría haberse desequilibrado definitivamente. Máxime cuanto que Alberto se ha criado con poco cariño, tiene algunos rasgos neuróticos bastante claros, si bien los compensa con su afición intelectual, su predisposición a la acción y su amistad con Paco. Al final de la primera parte entiende cuál ha sido la realidad de su familia y de su posición en ella. Eso casi le enferma, no sabe cómo reaccionar, rechaza el amor de Carmen, se le echa encima el mundo y solo piensa en huir, en marchar de Barcelona para buscar otro ambiente, empezar de cero, como ocurre a muchas personas que no se soportan a sí mismas y que sienten su ambiente como traumatizante. Creo que Carmen comprende su situación casi mejor que él mismo. En Madrid está próximo a hundirse por completo en la soledad y en la neurosis, aunque entre unas cosas y otras sale a flote al encontrar un grupo de alegres amigos y reanudar el trato con los hermanos Paco y Carmen.

 P. Sale a flote, pero es solo para emprender una nueva huida…


R.
Sí, es verdad en parte. Él toma partido en una situación general de gran violencia. Tiene un fondo de gran fortaleza psíquica, pero en realidad nunca acaba de salir a flote, es como quien está nadando al límite de sus fuerzas. Y esa nueva huida, si queremos llamarla así, termina todavía más desastrosamente, con una herida que está a punto de destruirle anímicamente y de destruir su amistad con Paco, a quien debe tanto, hasta la vida. Solo las urgencias y penalidades de la guerra le permiten superar a medias el desastre.

 P. Me permitirá observar que el desdichado “affaire” con la rusa Iliena suena poco creíble.

 R. ¿Por qué? Yo lo creo verosímil. Hubo amores o amoríos entre soldados españoles y chicas rusas, y las posibilidades de los celos y de un desenlace trágico en las condiciones de la guerra se vuelven mucho más agudas. Un estudioso de la División Azul me ha hecho observar que Paco y Alberto resultan personajes inhabituales entre los que fueron allí, en su mayoría gente idealista e ingenua, algunos pícaros en buen sentido, sin grandes complicaciones morales. Seguramente es así, pero no he querido hacer una obra costumbrista. Además, por la División pasaron cerca de 50.000 voluntarios, y habría de todo. Recuerdo el diario de uno de ellos que menciona a un fraile exclaustrado que se jactaba de no creer en Dios. Y hubo muy pocos, pero sí algunos, que se alistaron con intención de pasarse al enemigo. Etc. Yo creo que el costumbrismo es una tara de gran parte de la literatura española. En mi opinión, gran parte de la novelística española falla por su falta o escasez de épica y de conflicto moral algo profundo en los protagonistas. Son personajes triviales, en general. Ciertamente Alberto y Paco son personajes complicados algunos me han hecho notar que demasiado complicados, sobre todo en la primera parte, para ser tan jóvenes, cuando están entre los dieciocho y los veintiún años. Pero yo he conocido de muy joven a muchachos bastante complicados. Una cosa es la norma, lo corriente, y otra las excepciones. En general, la literatura se fija más en las excepciones.

 P. La tercera herida, llamémosla así, al final de la novela es quizá la más espectacular. Parece como si Alberto hubiera dado un enorme rodeo vital, un periplo en sentido estricto, para volver al comienzo, a la brutal escena con que comienza el relato. Eso me ha parecido un logro novelístico importante, pero me quedo con la impresión de que no está plenamente explotado, de que podría haber alcanzado un tono dramático más agudo.


R
. Tenga en cuenta que el protagonista, que escribe su propia historia, ha pasado después medio siglo alejado de ella, en una vida normal y tranquila, procurando no recordar sus peripecias juveniles, pues las siente demasiado traumáticas. Además se ha hecho profesor de filosofía y elude el patetismo en su relato. Las escenas, por muy crudas o dramáticas que sean, procura exponerlas con objetividad y si acaso cierta melancolía. Sí, creo que hay bastante melancolía en las apreciaciones sobre sus propias aventuras. Dar a sus peripecias intensidad patética como si fueran recientes sonaría artificioso.

P. Su libro se presenta como novela histórica, pero no estoy seguro de que corresponda del todo al género.

 R. Tiene razón. Es pura novela aunque situada con total claridad en un tiempo histórico real y en relación con él. Hay en ella muchos datos reales, pero no son ellos los que dan coherencia al relato, son solo referencias o pretextos. La coherencia del relato se basa en las características y conflictos internos y externos de los personajes.

 P. Un conocido me la ha interpretado como una novela fundamentalmente de aventuras.

R. En parte sí lo es. Una novela histórico-épica, si usted quiere, con la diferencia de que estas suelen tener un toque algo grandilocuente y terminar bien para el protagonista, incluso si muere, y nada de ello ocurre aquí. Además, los protagonistas aventureros o épicos suelen ser hombres de una pieza, sin demasiadas complicaciones, y ello tampoco se da en mi novela. Desde luego, nada que ver con cantamañanadas pueriles como las de Indiana Jones.

 P.- Sí, los personajes no son habituales. Paco me ha recordado un poco a uno de “Edad prohibida” de Torcuato Luca de Tena, un tipo audaz, viril, mujeriego, con pocos escrúpulos, que termina en la cárcel… O al protagonista de “La paz empieza nunca”, de Emilio Romero…

 R.- Bueno, Paco podría terminar como delincuente, pero no es fácil. Es hombre de acción y aventurero, pero con serias preocupaciones intelectuales, admito que es una combinación muy rara, pero se da. Y no es propiamente mujeriego, aunque conquista con facilidad a muchas mujeres. Si las circunstancia lo favorecen, prefiere una relación estable y relativamente fiel, como la que tiene con Mercè. Tampoco es como el de Emilio Romero, un héroe falangista, aunque se apunta a la Falange. Es más complicado que eso. Él sostiene que el amor enloquece y ata, y tiene una visión ideal masculina de hombre templado y dueño de sí… No obstante es capaz de acciones sangrientas.

 P. Como usted ha dicho, prefiere el cariño al amor, y usted lo castiga al final al hacerlo enloquecer por Iliena y desatar una historia de celos y venganzas que está a punto de convertir en enemigos a los dos amigos, a él y Alberto, y termina en tragedia. Pero el personaje de Iliena me parece un tanto irreal. Puedo admitir el enamoramiento repentino de Alberto, pero parece que ella se enamora de él casi tan repentinamente, y eso no me suena… Y que prefiera a Alberto y no a Paco, siendo este mucho más atractivo para una mujer, tal como usted lo ha pintado. A eso me refería antes al decir que era inverosímil.

 R. Iliena es un personaje peculiar, pero no es irreal. Lo he pintado, como usted dice, sobre alguien que he conocido. Vive sin ilusiones ni ambiciones especiales, “viendo pasar la vida” en un ambiente que ni le gusta ni rechaza, el único que conoce. Resulta muy atractiva para “cierta clase de hombres”, lo sabe y lo acepta sin mucha ilusión. En cierto sentido es la antítesis de Carmen, más aún que la promiscua Luisa. Carmen sabe lo que quiere y lucha activamente por ello, es capaz de arrostrar los peligros de la Quinta Columna, aunque no por gusto sino por sentido del deber, detesta la violencia y quiere fervientemente fundar una familia normal con Alberto, de quien soporta muchas cosas, aunque en algún momento esté a punto de romper. Habría bastado con que Alberto fuera un poco más, digamos, normal, para que la historia de los dos, después de la guerra civil, resultase tranquila y previsible, aunque no necesariamente convencional. Iliena, pese a su aparente abulia, es capaz de amar, es sensible y culta, cree ver en Alberto una nobleza que parece no haber encontrado nunca antes. Y pese a haber tenido algunos amoríos sin mucha ilusión, como digo, no es una mujer fácil ni le gustan los hombres del tipo de Paco ni sus artimañas para embaucar a las mujeres. Obviamente, el personaje podría dar para una novela aparte, pero hay que condensar…

P. Bien, es cuestión de interpretaciones. Desde luego, el relato tiene una gran variedad de personajes y situaciones. Me ha sorprtendido también la crudeza de varias descripciones de violencia, como cuando ensarta en la bayoneta a un enemigo ruso y creyéndose seriamente herido va a la enfermería, que describe bevemente pero en unos tonos horribles.

R. ¿Diría usted que las descripciones son truculentas?

 P. Ahora pregunta usted… No sé qué decirle.

 R. Creo que no son truculentas, o eso espero. Creo que son realistas, me he basado en diversos testimonios reales. No me gustan los relatos en los que la violencia o la crueldad se exageran en plan efectista. Creo que si he pecado es más bien de parco. No me gustan los tremendismos. Claro que una cosa es lo que uno quiere y otra lo que consigue.

 P. Volviendo a la última escena del relato, tiene algo de tragedia clásica: el padre y el hijo, el padre biológico, que no se conocen, en el maquis. El padre desconfía de que el hijo sea un traidor y el hijo se entera de quién es el otro cuando ya no tiene más remedio que llevarle la muerte…

 R. La situación no fue premeditada desde el principio. En efecto, el padre, Antonio, es el único que en aquel grupo de maquis desconfía de Alberto, su hijo, sin saber su relación digamos biológica y pone a Alberto en una situación difícil, que podría llevar a que lo matasen, y de la que Alberto sale un poco por los pelos. Después, cuando ya está puesta a punto la emboscada que acabará con Antonio, el hijo se entera de quién es este por una conversación casual sobre Rusia. Lo único que puede hacer ya es negarse a participar en aquella última acción, para no presenciar o no participar directamente en el homicidio. No explica su extraña actitud a los homicidas, lo guarda todo para sí e Intenta mantenerse frío. Después de todo nunca conoció a su progenitor, cuyo carácter brutalmente egocéntrico y vengativo le parece detestable; pero es muy consciente de ser el principal causante de la violenta muerte de quien le ha traído a la vida. Consciente, además, de lo mucho que se le parece en tantos aspectos de inclinación y carácter. Y finalmente cae en un trance podríamos decir místico, con una confusa, pero demoledoramente intensa percepción de la extrañeza de la vida, no solo de su vida sino de la vida en general, de la misteriosa relación entre los sucesos…

 p. ¿La muerte freudiana del padre?

 R. No, hombre, no tiene la menor relación. Nada que ver, puesto que Alberto se entera de la realidad, que le afecta en lo más íntimo, solo en el último momento: tiene ya 28 años y solo ha visto a su padre unos breves momentos, cuando este asesina al hombre que Alberto había tomado por su padre real durante dieciocho años, y por quien siente cierto respeto, pero escaso afecto. Observe que el protagonista está afectivamente en el aire, por así decir, inseguro, con un único asidero en su amigo Paco, pero incapaz de comprometerse con Carmen, cuyo amor le da cierta seguridad, pero al mismo tiempo le atemoriza… Si usted quiere, la escena final puede tener un simbolismo social o histórico, pero a decir verdad, yo creo que es más precisamente humano, como en esas obras que nos impresionan al margen de su posible significación política. O eso espero. Porque los simbolismos políticos o sociales, aunque sean posibles, no dejan de limitar la significación de un relato y en muchas ocasiones lo vuelve banal y limitado al momento.

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La cuestión de Ucrania

Blog I: Miserias del europeísmo (I): http://www.gaceta.es/pio-moa/miserias-europeismo-i

Ucrania es una nación dividida, con una población en acusado descenso (volviendo a niveles de casi 50 años atrás) y una corrupción e ineficiencia económicas muy extendidas. En cierto modo es la madre de Rusia (la Rus de Kíef, de origen sueco), pero la mayor parte de ella habla ucraniano, muy emparentado con el ruso, tiene una larga tradición de lucha independentista y antisoviética, es abiertamente antirrusa y trata de acercarse a la UE y la OTAN, incluso integrarse en ellas, cosa que Moscú mira con extremo recelo. Otra parte muy considerable del país –no solo Crimea, región rusa regalada a Ucrania por el ucraniano Jruschof cuando el Imperio soviético parecía destinado a durar indefinidamente, sino gran parte del sur y el este– habla ruso y se siente pro rusa. Las zonas más ricas parecen también, en general, las más rusificadas. Por consiguiente, el país siente una fuerte tensión entre la UE y Moscú. Ambas poblaciones podrían convivir pasablemente, pero ello, que nunca fue fácil, se vuelve cada vez más difícil después de las jornadas de motines populares que han llevado a la expulsión del pro ruso Yanukóvich. La acción no tiene mucho de legal ni de democrática, tiene algo de golpe de estado, y hoy es claro que las dos partes del país se sienten mutuamente amenazadas.

¿Se desgarrará Ucrania? Cuando se desatan acciones de este género, se vuelven difíciles de controlar. Pero por medio están los intereses de la UE y de Rusia. A la primera no le interesará demasiado integrar a un país muy grande y poblado pero acremente dividido, máxime cuando al lado está una potencia, Rusia, que va tomando auge y confianza en sí misma, y de la que varios países de la UE dependen fuertemente en asuntos de tanto peso como la energía. Una presión excesiva –muy dudoso que se dé— sería costosa para la UE y podría aumentar todavía la división emocional en Ucrania, lo que haría de esta un miembro incómodo y peligroso. No creo que a Moscú le interese tampoco dividir el país. Su política mira a más largo plazo, y probablemente preferirá mantener la unidad nacional, utilizando la presión de los amplios sectores pro rusos e incluso la ocupación de Crimea como moneda de cambio para provocar un mayor acercamiento a Rusia y alejamiento de la UE (y de la OTAN). No debe olvidarse, por otra parte, que Rusia es parte de Europa, y que la UE suele emplear el calificativo de “europea” de forma algo usurpatoria.

En cuanto a Usa, cuya intervención armada reclaman muchos, culpando a Obama de tibieza, solo puede moverse con pies de plomo. Pese a disponer de unos gigantescos presupuestos militares, sus intervenciones (y las de países europeos) en Irak, Afganistán, Libia y otros lugares, han terminado en fracasos o semifracasos muy costosos en dinero y prestigio; y de Rusia dependen también en gran medida sus abastecimientos en Afganistán. En Siria, Usa ha ayudado a provocar una guerra civil cuyo resultado solo puede ser la victoria de Asad o un nuevo caos al estilo de Egipto. En fin Rusia es mucho más que Siria, Irak, Afanistán, etc., juntos. No es probable, por tanto, que las sanciones useñas o de la UE a Rusia vayan mucho más allá de la retórica, lo que sería un golpe a su prestigio, pero un coste inevitable si quieren evitar males mayores.

Como digo, estos sucesos se sabe como empiezan pero es difícil prever cómo acaban. Con todo, mi impresión es la arriba indicada: Rusia ganará la partida con algunos costes menores y sin dividir a Ucrania.

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La peligrosa UE

A modo de prueba, reinicio el blog, al que por motivos técnicos no he podido acceder estas semanas.
hace 5 h
Una interpretación de la UE a tener muy en cuenta:

http://www.youtube.com/watch?v=jvhCQnYXx8w …

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Un rasgo clave de Al Ándalus /Seminario sobre la Guerra Civil (I)

Blog I: El triste ambiente intelectual español: http://www.intereconomia.com/blog/triste-ambiente-intelectual-espanol-20140213
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(LD,  

Un rasgo clave de Al Ándalus

Con permiso de Serafín Fanjul, el mayor especialista español en Al Ándalus, expondré una observación que no he visto muy comentada sobre aquella nación que otrora llegó a ocupar casi toda la península.

Cuando, entrado el siglo XI, el califato de Córdoba se vino abajo, y no por la presión de los reinos españoles sino por sus propios conflictos internos, se formaron las numerosas taifas de todos conocidas, reinos en su mayoría pequeños y a la greña entre ellos, dominados unos por oligarquías árabes y otros por magrebíes y eslavas. Y aquí está una clave de la mayor importancia para interpretar la historia de Al Ándalus: ninguna taifa, al parecer, fue gobernada por los muladíes, es decir, por los antiguos españoles cristianos que se habían transformado en andalusíes islámicos, con un radical cambio cultural, religioso e idiomático. El hecho es muy llamativo, por cuanto los muladíes constituían para entonces el grueso de la población autóctona, ya que la proporción de quienes habían permanecido cristianos –los mozárabes– había decaído fuertemente en los tres siglos anteriores hasta hacerse minoritaria.

Tampoco durante el emirato y el califato omeyas de Córdoba había sido muy halagüeña la posición de los muladíes, como no lo había sido la de los magrebíes o bereberes (los moros propiamente dichos), menos todavía la de los eslavos, que generalmente habían llegado a Al Ándalus como esclavos capturados por los vikingos en el este de Europa y traficados por mercaderes judíos desde Francia; estos esclavos constituían, con los también esclavos negros, el grueso del ejército andalusí. Quienes, con los omeyas, habían detentado el poder de modo casi general y absoluto eran los integrantes de la pequeña minoría árabe, convencidos de su superioridad racial, los cuales oprimían por igual a muladíes y a moros, cuyas revueltas aplastaban de forma despiadada. A su vez, los árabes estaban divididos en clanes muy mal avenidos entre sí. Por todo ello la historia de Al Ándalus puede describirse como una guerra civil casi permanente.

La razón de que eslavos y moros tomasen el poder en diversas taifas radicaba en su posición en el ejército. Debido a la desconfianza de los clanes árabes hacia la población local, el ejército andalusí era en parte mercenario y en parte esclavo, y siempre odiado por los andalusíes comunes. La parte mercenaria se componía sobre todo de moros de origen magrebí, también de algunas tropas cristianas; y entre los esclavos, una élite eslava llegó a convertirse en una especie de guardia pretoriana con aspiraciones políticas (a veces había sido masacrada por ello).

 

 

 

El fenómeno interesante, ya digo, es que a la caída de Córdoba los muladíes, la población realmente autóctona, permanecieron como la masa oprimida y sin apenas derechos, diríamos que como ciudadanos de segunda en su propio país, si el término ciudadano tuviera algún sentido en aquellas circunstancias. El dato ayuda a explicar cómo un país tan rico, poderoso y en algunos aspectos avanzado como Al Ándalus, resultaría al final vencido por durante varios siglos pequeños y pobres reinos españoles, formados en gran medida por campesinos guerreros, con muchos más derechos y mucho más identificados con su propio poder y misión de reconquista.

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Seminario sobre la Guerra Civil. Resumen primera sesión: Enfoque ideológicos

La realidad no se nos presenta como una acumulación de datos y hechos, sino que en ellos pone orden la mente, de forma inmediata, relacionándolos, jerarquizándolos e incluyéndolos en teorías o ideologías más amplias. Entre las teorías y los hechos siempre existe una tensión más o menos fuerte, pues ninguna parece capaz de ordenar y encajar adecuadamente la multitud de hechos que se nos presentan. Pero la exigencia psíquica de ese orden es tal que a menudo preferimos quedarnos con la teoría, por mucho que esta falsee o deforme los hechos.

He distinguido, muy grosso modo y admitiendo muchos matices y tendencias intermedias, tres enfoque principales: marxista, moralista-sentimental y franquista. El primero se basa más o menos en la lucha de clases y entiende la guerra como un choque entre las  aspiraciones progresistas y democráticas de la clase obrera o del conjunto del “pueblo trabajador”, representados por la república, y una minoría oligárquica explotadora y oscurantista, empeñada en defender sus opresivos privilegios ancestrales. El resultado es una historia de buenos muy buenos y malos sin remisión.  Esta corriente ideológica dispone de una teoría ordenadora extraordinariamente fuerte, por mucho que deforme los datos o excluya una multitud de ellos. Su fortaleza interpretativa hizo de ella el enfoque más extendido, incluso hoy, pero hace años parecía imponerse de manera casi absoluta. Encontramos en ella a autores como Tuñón de Lara, Juliá, Viñas y muchísimos más, y extranjeros como Preston, Malefakis, Pierre Vilar, Southworth, Jackson, Beevor, etc.

Estas versiones encuentran desde hace doce o trece años una creciente oposición que ha demostrado, entre otras cosas, la falsedad de la idílica versión de la república y el Frente Popular.  Como la idea de invertir los buenos y los malos era excesiva después de varias décadas de aplastante versión marxista,  ha cundido la versión moralista-sentimental: como las guerras son malas y las civiles peores, los dos bandos habrían sido malvados, –aunque generalmente se encuentran agravantes para los nacionales y atenuantes para la alianza izquierdista-separatista–.  He expuesto este enfoque mencionando a Eslava Galán, a García de Cortázar  y a Pedro J. Ramírez; este último porque, pese a no ser historiador, orientó una historia de la contienda y expone muy bien lo esencial de esa tendencia, que también especula con una “tercera España”. Al contrario que el enfoque marxista, el sentimental-moralizante carece de cualquier rigor teórico, y su fuerza viene sobre todo de la emocionalidad de una autoatribución de sentimientos profundos y éticos, que negarían a los demás.

El enfoque franquista –tomando la definición, como las otras, con cierta flexibilidad– considera justificada, con más o menos énfasis,  la rebelión derechista de 1936. Así los hermanos Salas Larrazábal, Ricardo de la Cierva, Luis Suárez, Martínez Bande y bastantes otros, que habían sido sometidos a cierto ostracismo por las triunfantes corrientes anteriores. Al revés que el enfoque marxista, este presta gran atención al examen de los hechos, pero en cambio no ha acertado a englobarlos en una teoría satisfactoria, por diversas razones. Debido a esa insuficiencia, y por mucho que establezca los hechos con gran claridad,  queda casi siempre a la defensiva frente a la audacia teorizante o emocionalista de sus contrarias.

En este seminario trataremos de ofrecer una versión alternativa sobre las causas del conflicto y sus consecuencias, así como sobre otras cuestiones importantes.

 

 

 

 

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“Los mitos de la Guerra Civil”, reeditados / Descrédito de la historiografía universitaria.

Blog I: memoria de una gesta española en el siglo XX: http://www.intereconomia.com/blog/presente-y-pasado/una-gesta-espanola-siglo-xx-20140210

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Se ha reeditado Los mitos de la Guerra Civil con triple motivo: porque retiene todo su valor, cosa infrecuente, once años después de su publicación; porque coincide con el 75 aniversario del final de aquella guerra;  y porque es quizá el mejor antídoto contra la sistemática desvirtuación del pasado que solo con ironía puede llamarse “memoria histórica”.

   El libro tiene tres partes, una primera de semblanzas de los principales personajes de la república y sus concepciones políticas que abocaron al conflicto bélico; una segunda parte de ocupa de sucesos  emplemáticos de la guerra, como la “matanza de Badajoz”, Guernica, el Alcázar de Toledo, la persecución religiosa, el cruce del Estrecho,  la batalla de Madrid, etc. Una tercera parte aborda a los  máximos dirigentes (Negrín y Franco)  y la significación histórica de la guerra,  sobre la que todavía hay mucho que decir.

La nueva edición añade un prólogo que enmarca más claramente  el conflicto, y algunas modificaciones menores, la más importante quizá la fecha de la destrucción de la República, que en la edición anterior situaba en el 18 de julio del 36 y en este en las elecciones de febrero del mismo año, que marcaron el derrumbe de la legalidad republicana.

Como se recordará, el libro y una entrevista que me hizo Carlos Dávila en TVE2, suscitaron una inmensa furia en los medios  autodenominados progresistas, de izquierda y de derecha. Tusell, desde El País, clamó por una censura contra semejante “revisionismo”, y el diario la aplicó negándome el derecho de réplica. Los sindicatos UGT y CCOO hostigaron a Dávila en la televisión y acudieron a las Cortes para protestar del “desafuero”. Hubo incluso una campaña de la izquierda para meterme en la cárcel y “reeducarme”. Podría hacer un muy largo recuento de estas actitudes en Madrid y en gran parte de España, que revelan muy bien la autenticidad del talante democrático de nuestra lamentable izquierda. En la SER, Gabilondo y sus tertulianos pasaron días despotricando contra la obra, naturalmente sin llamarme a contestar,  hasta  que alguno recomendó, por más eficaz, la táctica del silencio. Y esa táctica fue ampliamente aplicada, y, curiosamente, más aún por la derecha próxima al PP que por la izquierda, que de vez en cuando me recordaba para lanzarme alguna descalificación. Todas estas cosas revelan la baja calidad de nuestra democracia, tan mal servida por unos medios y unos políticos que nunca supieron muy bien en qué consistía.  

 Lo peor, desde un punto de vista más académico, fue la contribución de numerosos historiadores. Stanley Payne, en una tradición de libertad y crítica intelectual, señaló:  “La obra de Moa es innovadora e introduce un  chorro de aire fresco  en una zona vital de la historiografía contemporánea española, anquilosada desde hace mucho tiempo en angostas monografías formulistas, vetustos estereotipos y una corrección política determinante desde hace mucho tiempo. Quienes discrepen de Moa necesitan enfrentarse a su obra seriamente y demostrar su desacuerdo en términos de una investigación histórica y un análisis serio que retome los temas cruciales en vez de dedicarse a eliminar su obra por medio de censura de silencio o de diatribas denunciatorias más propias de la Italia fascista o la Unión Soviética que de la España democrática“. La razonable exhortación de Payne no fue atendida, desde luego, lo que dice mucho del los ambientes universitarios que han ido formándose en estos años. Numerosos historiadores lanzaron andanadas de descalificaciones contra mí, o adoptaron una irrisoria pose de enterados que no aceptaban el debate con alguien “inferior”, sin ser capaces en ningún momento de rebatir mis tesis.

   Y eso es lo más importante: frente a ataques a veces inverosímiles por lo extravagantes, la obra mantiene todo su valor, lo que justifica plenamente su reedición.  Un valor acrecentado por su utilidad frente a la totalitaria ley de memoria histórica, que, como en regímenes tipo castrista, intenta imponer  desde el poder una determinada versión de la historia. Una ley que amenaza a los investigadores independientes y convierte la falsificación del pasado en un negocio con dinero público, subvencionando y sobornando “investigaciones” fraudulentas.  Los mitos de la Guerra Civil tuvo en su momento una difusión extraordinaria. Después del escándalo de la “memoria histórica” sospecho que  se le opondrá un muro de silencio mediático, como viene ocurriendo con mis libros desde hace años.  Tendría el mayor interés que ayudasen a superarlo los interesados en una mayor clarificación del pasado, tan necesaria para el presente.

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Un viejo artículo que sigue actual. Tusell y el descrédito de la historiografía universitaria: http://www.libertaddigital.com/opinion/pio-moa/el-descredito-de-la-historiografia-universitaria-19604/

 

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