La importancia de saber transgredir / En torno al Grapo

Blog I. La visión cristiano-progre de la historia reciente: http://www.intereconomia.com/blog/presente-y-pasado/vision-cristiano-progre-historia-reciente-20131204

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Héroes de nuestro tiempo: Transgredir y forrarse.

–A ver, a ver, a ver…  ¿Qué tienes contra el manuscrito?  He seguido tus instrucciones, tío,  ¿no decías que la cosa tenía que ser transgresora, que si no, no vendía?  Pues no vas a encontrar nada mejor que esto en el mercado, tío, un novelón, la hostia.  Y original. A ver dónde sale un obispo madrileño que hace misas en honor de Hitler, que follaba con su madre y  luego que muere la tía… la madre…  descubre que es homosexual y pederasta, un sádico que se carga a no sé cuántos niños…, y sale del armario,  se pone morado de viagra y no deja una oveja virgen en el rebaño de un tío suyo. Y luego se carga en una sesión sadomasoquista al periodista que estaba investigando sus cabronadas, hasta que viene la novia del periodista, una abogada  que practica boxeo y tiro  al plato y es bisexual, le da a la cocaína… no me dirás que no están bien dibujados los personajes, joder, en especial el obispo y la abogada… y no me digas que no es original y transgresor, coño… Y va la abogada y muele a hostias al obispo y a dos curas fascistas secuaces suyos,  y los machaca…  Joder, si esto no es transgresor… Es lo que me aconsejaste, tío, no sé a qué vienen esas pegas para publicármelo. Pura novela negra, transgresora, feminista y todo eso, no le falta un detalle.  ¿Qué más puedes pedir? Nos forramos, joder, nos forramos.

–Sí…sí. Pero recuerda demasiado a la del sueco ese, ya sabes, el de  milenium y tal. Y las imitaciones es raro que funcionen, tengo ya experiencia… No te digo que no, ¿eh?, pero hay que pensarlo. Ya sabes como está el panorama. La crisis, en fin… La editorial anda algo jodida… Y con los libros nunca sabes si van a funcionar o no.  Es un riesgo, en fin.

–Pero vamos, tío, no me jodas. ¡Qué riesgo y qué carajo de imitaciones! Tiene su toque, sí,  con lo de Larsson, pero todas las obras tienen alguna influencia, ¿no?  ¿O acaso no tienen influencias el Quijote, o qué sé yo, o… o el Larsson mismo? Alguna tendrán, digo yo. Pero  dime una en la que salgan tantos elementos nuevos, la Iglesia y su hipocresía…

–Bueno, bueno, eso está ya muy visto.

–¿Un obispo que se tira a su madre?

–Vale, si yo no te digo que tu novela no tenga mérito, en fin,  a ver si me entiendes, eso no te lo niego… Además hay un fallo: parece que pones al obispo como homosexual como si eso  fuera malo…

–Es por la hipocresía de los curas, ya te dije. Son más maricones que nadie y van de finolis por la vida… o qué sé yo. Y predicando virtud y esos rollos…

–Sí, de acuerdo,  pero puede dar una idea equívoca, ¿comprendes? Parece como si fuera un elemento progresista, sexualmente liberado. Como si fuera uno de los nuestros… Y una especie de atleta sexual, además, en fin, qué envidia.

–Qué va, qué va. Ya te dije que el tío es un nazi, y que cuando consagraba metía en el cáliz una medalla con la jeta de Hitler. ¡Armaría un escándalo de tres pares de cojones, hombre! Ya me veo a las beatas rezando el rosario delante de las librerías, a los fachas poniendo el grito en el cielo, a los obispos largando encíclicas y excomuniones… Y seguro que saldría una serie en televisión, yo conozco a uno de la tele que…  ¡Te digo que nos forrábamos! Joder, estamos cambiando los papeles: tú, que no sabes escribir dos folios seguidos,  me dices cómo tengo que escribir la cosa, y cuando la escribo vas y te achantas.  Y yo, que no soy empresario,  te digo cómo debe actuar un empresario, saber arriesgarse, coño, joder, conocer el mercado, sus tendencias… Hay que ser emprendedor, ya sabes que la ocasión la pintan calva, y las ocasiones no vuelven… Voy a ti porque somos amigos, bueno, más que amigos…, pero si me rechazas la novela, rompo la relación y me voy a buscar a otro…

–Vale, tío,  la crisis esta de los cojones es que me tiene frito. No vendo una escoba. Pero me arriesgaré. Solo sea por ti.

–¡Pues ahora tienes la oportunidad, tronco, anímate!  Venga, dame un beso.

 

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Un viejo artículo:http://www.ilustracionliberal.com/13-14/en-torno-a-de-un-tiempo-y-de-un-pais-pio-moa.html

 

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Gran debate intelectual en los años 40-50

Creo que ya está en la librerías “Los nacionalismos vasco y catalán en la guerra, el franquismo y la democracia”

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Blog I: Frivoliberales  http://www.intereconomia.com/blog/presente-y-pasado/frivoliberales-20131202

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Un gran debate intelectual en los años 40 y 50

El historiador Antonio Martín Puerta ha escrito un interesante estudio en Ediciones Encuentro:  Ortega y Unamuno en la España de Franco, sobre el debate en torno a los dos pensadores dichos. En síntesis, pugnaron  por un lado falangistas como Laín, Tovar o Ridruejo a favor de Ortega y la recuperación de figuras de la cultura más o menos identificadas  con el bando perdedor de la guerra; y por el lado contrario religiosos o figuras ligadas a la jerarquía eclesiástica, como Calvo Serer,  García Escudero, Pérez Embid, Fernández de la Mora, V. Marrero y otros.  De forma algo desfigurada, podría considerarse como una polémica entre la Falange y el Opus Dei,  entre  las cuales siempre habría relaciones poco amistosas.  Algo desfigurada, porque Julián Marías, nada falangista, también  reivindicó enérgicamente a su maestro Ortega,  e intervinieron en sentido contrario diversos intelectuales jesuitas, como J. Iriarte, iniciador de la polémica  en 1942 y otros no ligados al Opus.

La polémica tiene muchas facetas interesantes, aparte de la puramente filosófica, en la que los argumentos de unos y otros distan de ser superficiales. La discusión giraba en torno a si Ortega y Unamuno, especialmente el primero, tan admirado por los falangistas, era adecuado para la nueva España como maestro de las jóvenes generaciones.

Al respecto debemos situarnos en la época: la república primero, y la guerra después,  habían aunado a marxistas, separatistas, incluso anarquistas, con republicanos de izquierda, estos caracterizables como  próximos al liberalismo en su vertiente jacobina. La derrota de este  conjunto había sido mucho más que militar: también moral e intelectual, como queda de relieve en los escritos y testimonios de ellos mismos, empezando por  los de Azaña; y en las constantes traiciones, persecuciones y hasta enfrentemientoos armados entre ellos mismos. Aquel conjunto de fuerzas e ideas solo tenía en común algo negativo: el rechazo a la Iglesia católica, contra la cual habían perpetrado un verdadero genocidio; y  también el desprecio, cuando no odio descarnado, a la España histórica.

Habiendo vencido los partidarios de la continuidad de España y de la tradición cristiana, se les planteaba  qué camino seguir en materia cultural. Si las ideas marxistas, anarquistas y separatistas quedaban descartadas,  el liberalismo era también duramente criticado, por tres cosas:  haber dominado un siglo XIX inestable y decadente, luego una Restauración mediocre, caciquil y fracasada, y finalmente haber alumbrado una república convulsa en camino a una violenta revolución totalitaria. Ortega, en parte Unamuno, se asimilaban a aquel liberalismo, acusado de ir contra la religión y la propia España.

Sin embargo, los ideólogos falangistas, con cierto liberalismo cultural,  propiciaban una apertura e integración, en lo posible, de la cultura anterior. A ese efecto crearon la revista Escorial, una iniciativa que los intelectuales del bando vencido, exiliados muchos de ellos, desdeñaron sectariamente; aunque logró reunir a muchos de los más importantes de España por entonces.

En cambio,  los sectores eclesiástisos –no todos—, con la revista Arbor del CSIC, dirigida por el Opus Dei, consideraba que la experiencia política y bélica había sido lo bastante dura y concluyente, y rechazaba cualquier aperturismo. España había sido declarada confesionalmente católica y maestros tan poco religiosos como Ortega o heterodoxos como Unamuno, estaban de sobra. La alternativa era Menéndez Pelayo en su versión más tradicionalista.

La polémica  persistió hasta finales de los años 50 y, pese a algunas actitudes amenazantes de los sectores eclesiásticos, si algo testimonió  fue la inexistencia de un régimen totalitario: posturas muy encontradas pudieron expresarse, a veces con acritud de un lado y otro.

El eje del debate fue, pues,  la relación entre religión, cultura y política. Simplificando, los tradicionalistas condenaban el eclecticismo de los falangistas y daban por vano y perjudicial su intento de armonizar  el catolicismo con pensamientos como el de Ortega, acusado este no solo de arreligioso, sino de insuficiente y mal fundado en el terreno filosófico. El problema era que, a pesar de sus críticas, a menudo agudas y bien argumentadas, no consiguieron formar una corriente intelectual fructífera sobre Menéndez Pelayo o de otra forma. De hecho, tendían a asfixiar  la vida cultural dando por supuesto que ya la tradición cristiana había resuelto todos los problemas esenciales, limitando la actividad intelectual a la erudición, el comentario y la cita, como venían a acusarles sus contradictores. Y tampoco la iniciativa falangista generó una corriente intelectual capaz de competir con el marxismo o las formas de liberalismo o socialdemocracia predominantes en Europa después de 1945.  Fue un  debate de fondo y ciertamente interesante. No cumplió la aspiración  implícita en ambos contradictores de impulsar una gran cultura española, una nueva edad de oro  que muchos creían anunciada por la gran victoria de 1939. Pero en varios aspectos el debate permanece actual y podría retomarse con la vista puesta en la experiencia histórica.

Como observa  el autor del libro, es curioso comprobar cómo la polémica se disolvió casi repentinamente cuando  llegaron los nuevos vientos eclesiales que darían lugar  al  Concilio Vaticano II, mientras la Falange se anquilosaba como un aparato burocrático. Y no menos curiosa la evolución de varios de los contendientes, en especial los más defensores de la tradición y contrarios a cualquier apertura, que llegarían a coquetear con tendencias liberales e incluso comunistas. El propio régimen se hizo cada vez más tecnocrático y menos ideologizado, privando de base a todos ellos, y los elementos dirigentes de la Iglesia adoptaron una creciente hostilidad al franquismo, que incluía el apoyo a comunistas, separatistas e incluso terroristas. Júzguese como se quiera, sin esa deriva eclesiástica serían menos  las fuerzas que han llevado al país a la grave crisis histórica actual.

Viene aquí al caso  otro libro,  en su tiempo muy comentado: El maestro en el erial, de Gregorio Morán. Lo que soprende en Morán es  su absoluto desdén hacia toda la producción intelectual de los años 40-50, acusando a Ortega de lo que él presenta como complicidad con un régimen nefasto y liquidador de cualquier cultura seria. Pero en aquellos años Ortega y muchos otros intelectuales pudieron trabajar con libertad considerable y  buen rendimiento, mientras la tan ponderada cultura del exilio languidecía y en todo caso fue muy inferior a la desarrollada en España. No hubo, ni de lejos, un “erial” o un “páramo”, como Julián Marías se encargó de aclarar documentadamente… cosa que importa un bledo a los impertérritos difusores de la patraña.

Estuve a punto de calificar de “olímpico” al desprecio mostrado por Morán –y tantísimos más–; pero ¿a qué Olimpo intelectual representan los desdeñosos? ¿Qué han producido en estos decenios en que la dominado la vida cultural del país? Me temo que sus frutos son  realmente pobres y  sí puede hablarse  hoy de páramo.  Un desdén vacuo, de pose, a menudo teñido de moralina barata o de cursilería. Actitudes ciertamente muy poco fértiles.

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Para aire céltico: http://www.youtube.com/watch?v=MO7bUhJlAek

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Sexualidad y decadencia

Blog I: El club de los antifranquistas distinguidos: http://www.intereconomia.com/blog/club-los-antifranquistas-distinguidos-20131129

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Sexualidad y decadencia  

Si  en muchos animales la actividad sexual se limita al período de celo, en el hombre es permanente, lo cual  provoca una tensión entre sus funciones como medio de placer y como medio de reproducción. ¿Podría decirse que las épocas de decadencia están relacionadas con  una tendencia a la exclusividad de la primera función que dejaría muy en segundo plano la segunda, junto con la educación de la prole?  La decadencia helenística y  las épocas de decadencia romana, mejor o peor superadas, parecen ligadas a una especie de explosión sexual desinteresada de la procreación, según diversos testimonios y literaturas de esos tiempos.  Considerados los hijos más como una carga fastidiosa que como una fortuna, y la sexualidad  solo como fuente de placer, debieron de extenderse mucho la homosexualidad y las relaciones  no estables ni fértiles, junto con una mentalidad pesimista hacia el valor de la vida humana y su futuro, volcada en aprovechar las ocasiones de placer  del presente.  No sé si hay estudios sobre fenómenos semejantes  en épocas de decadencia de otras culturas u otros países, de modo que la relación entre sexualidad y decadencia o eclosión cultural queda como una hipótesis de trabajo.

En cualquier caso,  desde los años 60 la concepción de la sexualidad como simple medio de placer se ha extendido en los países occidentales con ímpetu extraordinario, alentado por los avances técnicos que hacen mucho más fácil evitar el embarazo. El homosexualismo se ha convertido en una enorme fuerza política, las uniones ocasionales y fuera del matrimonio –el cual implica en principio un compromiso vital—se han extendido  de forma masiva, así como los abortos, y millones de parejas deciden deliberadamente evitar la descendencia.  Incluso hay corrientes favorables al exterminio indoloro de la especie humana mediante  una renuncia voluntaria y generalizada a la procreación, dado que, aun con los placeres asequibles gracias a la opulencia económica, la vida humana permanece inevitablemente  llena de frustraciones.

¿Suponen estas corrientes una decadencia de Occidente?  ¿O nacen más bien como remedio de la especie, inconsciente, al espectacular aumento de la población en el siglo XX,  susceptible de volverse muy peligroso  y ecológicamente insostenible?  La caída de la natalidad en muchos países anuncia muy serias dificultades económicas, como aquí ha recordado Alejandro Macarrón en un estudio importante –aunque esas dificultades tal vez podrían paliarse o resolverse mediante el desarrollo técnico y la ampliación de la esperanza de vida en condiciones saludables–. Pero, más allá de la economía, acaso el problema clave sea de orden moral o más ampliamente cultural. Si concluimos que el objetivo del ser humano en la tierra consiste en obtener el mayor placer posible, y ese objetivo resulta alcanzable solo en proporción escasa, debido a las limitaciones de la propia condición humana, entonces  la ideología sexualista y antinatalista  no sería una respuesta de la especie a un previo exceso de población, sino una clara tendencia autodestructiva.  He aquí una interesante  cuestión a debatir.

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Mi participación en tele-5

Blog I: ¿Franco asesino? Nota para Anasagasti: http://www.intereconomia.com/blog/presente-y-pasado/franco-asesino-nota-para-anasagasti-20131124

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1.-Tele5 es una más de las televisiones que prosperan con la basura, la puntera, incluso, en ese género. No creo que haya nade ofensivo en decirlo, es una mera descripción.  La escandalera sexual, la exhibición de intimidades, etc., forman  el grueso de su programación,  y no son tan inocentes que no lo sepan. Tampoco lo hacen por inclinación natural, sino porque da dinero. Es lo que diríamos una opción rentable.

2.- La basura moral es rentable porque a su vez una masa de gente opta por ella. Lo cual refleja el grado de incultura y de degradación moral de gran parte de la sociedad española. No por nada somos la primera potencia europea en botellón, alcoholismo, juvenil, consumo de porros y de cocaína, fracaso escolar, etc. Pero esta es la realidad hoy por hoy, y a ella debemos atenernos.

3.- La basura sube de tono cuando entra en la política, a menudo pornopolítica,  generalmente en medio de una algarabía de interrupciones, insultos, etc. Yo he rehusado algunas invitaciones a programas de ese tipo como “La Noria”, pero siempre queda la duda: ¿habré hecho bien? Porque los programas de televisiones  más serias a los que (muy de vez en cuando) me llaman,  alcanzan como máximo a unas decenas o pocos cientos de miles de oyentes, mientras que Antena3, o Tele5 llegan a millones. Es una audiencia en su mayoría poco culta, a la que impesionan más los adjetivos y las invectivas que los datos, y que sigue con dificultad un razonamiento algo complejo. Pero es también la ocasión de ofrecer a esas personas algunos datos y argumentos distintos de los que normalmente les llegan. La decisión no es clara.

4.- En este caso, Francisco Franco fue invitado a un programa sobre su abuelo en Tele5. Él puso dos  condiciones: que fuera yo, y que enfrente hubiera personas de un mínimo de solvencia y no  otras como Pilar Rahola, Elisa Beni, Antonia Iglesias, el enreda Carmona  y demás estrellas de este tipo de programas. Aceptaron y decidí ir.

5.- El programa resultó,  en parte, también basura: empezó con casi tres cuartos de hora concedidos a una señora que había escrito cierta pornografía sobre Franco, creyendo describir a este cuando en realidad se describía a sí misma. Luego quedó una hora y cuarto para un debate que se presumía serio. Al menos no hubo insultos ni gallinero de interrupciones, pero fue poco tiempo, porque las cuestiones a aclarar  eran de fondo histórico y demasiado amplias y a veces complejas.

6.- En el debate, la basura no vino de la presentadora, que obró con profesionalidad y bastante neutralidad, aun dando por hechas cosas como “los crímenes del franquismo”.  La basura, en este caso intelectual, vino de Anasagasti, Antón Losada, Verstringe y Massiel. Massiel hizo una brillante y premiada carrera artística en el franquismo, pero en algún momento se descubrió antifranquista; y Verstringe más o menos lo mismo, hasta dar con las maravillas doctrinarias de Trotski y la necesidad de reparar la expulsión de los moriscos. Losada  solo tenía nueve años al morir Franco, pero era ya igualmente antifranquista, pues  se percató enseguida, como Verstringe y Massiel, de  la “pobreza y la tristeza” de aquel régimen, habiendo nacido en su casa y no en un centro de la Seguridad Social, etc.  Las tonterías de Massiel son perfectamente excusables, pero en profesores de universidad como Verstringe y Losada resultan chocantes… mientras uno no recuerda el bajo nivel de nuestras universidades,  nivel ya ínfimo en los departamentos de historia y de políticas. Siempre con las excepciones de rigor, pocas. Frente a estos señores son inútiles los datos que Francisco Franco, el profesor Bárcena y yo dábamos sobre los índices de renta, de paro, de población reclusa, de condiciones de la construcción del Valle de los Caídos, de realidad del Frente Popular y de la represión franquista y roja,  etc.  Inútil frente a ellos, creo, pero no frente a una buena parte de los televidentes, a quienes al menos debieron suscitarles algunas dudas sobre la versión oficial. Así pues, en definitiva valió la pena.

7.-  El debate despertó gran interés en la audiencia, que de todas formas quiere enterarse del pasado  para no mirar vacuamente al futuro, como preconiza el PP. Terminó abruptamente con una intervención de Anasagasti: quise  contestarla y ya no pude, por lo que lo hago ahora con una nota en el blog de la Gaceta. Anasagasti, fue privilegiado en el debate, pues lo abrió, intervino varias veces y lo cerró. No es un dato anecdótico que sea él  un dirigente de un partido  caracterizado por la colaboración con la ETA, experto en sacar rentas políticas de sus asesinatos  (la “recogida de nueces” de Arzallus).

8.- Aparte de las consideraciones dichas, hay otra de más calado: lo que Gregorio Marañón llamaba la insoportable y constante mentira de  los rojos. Deja a uno apabullado el envenenado desafío a los hechos por parte de Losada, Anasagasti o Verstringe. Es algo realmente llamativo. He calificado a la izquierda española como la más descerebrada y violenta de Europa, siempre ligada al terrorismo.  Una izquierda muy dada a la corrupción,  de consigna y griterío, guiada por una inextinguible sed de poder a cualquier precio,  solo capaz de una política “incompetente, de amigachos, codicia y botín, sin ninguna idea alta”, como la definía Azaña. E  inepta para producir un solo pensador de algún fuste en sus propias doctrinas  –marxistas, anarquistas o separatistas—, pues no pasa de vulgarizar y a menudo distorsionar ideas  surgidas en otras latitudes, sin saber aplicarlas siquiera a la realidad concreta de España, de cuya historia tienen solo una caricatura. Cabría atribuirlo a una característica española, pero la derecha tanto la tradicionalista como la más o menos liberal, sí ha producido un pensamiento muy considerable: Donoso Cortés, Balmes, Menéndez Pelayo, Maeztu, Ortega, Unamuno, Amor Ruibal, Zubiri, Julián Marías, Eugenio D´Ors, etc. (Otra cosa es que la derecha política haya mostrado casi siempre una especial mezquindad y desprecio por las ideas). Dejo abierta la cuestión  de por qué “disfrutamos” de una izquierda tan cutre.

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El individuo imaginario

Blog I: Tesis sobre Franco. http://www.intereconomia.com/blog/presente-y-pasado/tesis-sobre-franco-20131120  

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En mi próximo libro  Los nacionalismos vasco y catalán en la guerra, el franquismo y la democracia, expongo este razonamiento: “Renan rechazaba el nacionalismo alemán argumentando que  “El individuo no pertenece a su lengua ni a su raza: no se pertenece más que a sí mismo, puesto que es un ser libre y moral”. Un nacionalista alemán podría replicarle: “Yo, como ser libre y moral,  estoy convencido de que la raza y la lengua son elementos constitutivos  y fundamentales de mi nación y de mí mismo”. Renan caía en lo una contradicción al apropiarse de la noción de individualidad, libertad y moralidad y excluir de ella a quienes piensen de otra forma…  Llevada  la pretensión al extremo, hasta podría privarse a otros de libertad arguyendo que no son lo bastante libres y morales para disfrutar de ella… pese a que son tan individuos como el individualista. Es típico de las ideologías apropiarse de rasgos positivos para excluir de ellos a los demás.

Esta falacia está hoy extendidísima. A izquierdas y derechas vemos invocar al individuo como la suma de todas las virtualidades y derechos, oponiéndolo a la sociedad, al poder, al estado o a los competidores ideológicos…  No solo ocurre con los seguidores de Ayn Rand o de Rousseau, también con muchos sedicentes liberales,  extrema izquierda, anarcocapitalistas, etc. La sociedad (o la competencia) se presenta como un mal, ya que impone al individuo mil coerciones. Desde ese punto de vista, las personas menos exaltadamente  individualistas no serían propiamente individuos y se les podrían quitar sus derechos.

Pero claro está que esos individualistas nos toman el pelo. Casi ninguno de ellos sería capaz de poner al individuo (a él mismo), por encima de cualquier consideración de identidad o interés social. En realidad, solo los delincuentes serían entonces adecuadamente libres y por tanto  “individuos”, o a la inversa. No es una caricatura: las corrientes anarquistas siempre han simpatizado con los bandidos y sus crímenes, como hombres y acciones “auténticamente libres”. Baste recordar a Bakunin o a Stirner. El problema tiene su lado metafísico, por así decir, pero lo trataré de forma más práctica: salvo ese tipo de ácratas, ningún individualista está dispuesto a obrar al margen de las leyes y costumbres que le imponen, claramente, unas conductas determinadas y no elegidas por él. De ser consecuente, debería admitir que si no se vulnera la ley es solo porque  sabe que esta tiene a su servicio la suficiente dosis de violencia como para  meterle en vereda. Por no hablar de las influencias familiares, de trabajo, de conocidos, jefes etc., que a menudo contrarían los deseos de cada cual y condicionan su vida de forma poco agradable.

Se trata, pues, de un individuo puramente imaginario, dueño de todas las potencialidades, cuyos deseos y aspiraciones nadie tendría derecho a coartar, y menos que nadie el poder. Se atribuye a los individuos todas las capacidades de progreso, ideas  brillantes, o simplemente posibilidades de autorrealización que harían progresar a la humanidad. Lo cual tiene algo de cierto, porque las buenas ideas, el arte, las invenciones, etc., surgen de individuos, no nacen colectivamente. Pero también es cierto que esas ideas y aspiraciones son a menudo simples caprichos o extravagancias, o que chocan con los deseos y aspiraciones de otros individuos, o que fracasan por su propio error, sin que sea posible culpar a la sociedad, al poder  o a otras personas.

El  individuo real no puede concebirse siquiera al margen de la sociedad, lo que significa también del poder. Nadie tiene tanta autonomía como para elegir su lugar y época de nacimiento, ni su familia o la posición social de esta, ni  la lengua materna, ni la tradición cultural en la que se formará, ni el tipo de enseñanza que recibirá, ni sus dones físicos e intelectuales. Casi nunca podrá tampoco elegir su trabajo, su forma de ganarse la vida,  a no ser entre opciones mucho más  limitadas que las teóricamente posibles o deseables. Ni su familia.  Para colmo, gran parte de sus mismos deseos  e ideas tienen un componente no consciente que escapa a la voluntad de su yo. Y todas esas cosas condicionan y modelan profundamente a los individuos y sus conductas.

Parece que el individuo es un ser libre y por tanto moral, pero su autonomía es harto más limitada que la  pretendida por tales individualistas. La  relación entre él y la sociedad o su mero entorno inmediato  es muchísimo más compleja e interesante de lo que sostienen los apóstoles del individuo como suma y medida de todas las cosas.

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