La política y el poder / Narcís o Narciso,

Blog I.  Liberalismo, catolicismo y ley natural: http://www.intereconomia.com/blog/presente-y-pasado/liberalismo-catolicismo-y-ley-natural-20131118

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(Debo advertir que estos artículos vienen a ser esbozos o tanteos de un ensayo que espero escribir sobre el poder y la democracia; de ahí que no estén muy elaborados, esperando que las críticas de los lectores ayuden a mejorarlos)

——-Poder y política:————–

El poder, en las sociedades civilizadas, consiste en un aparato institucional más o menos complejo, basado en la autoridad y la potestad, por seguir la división romana. Ese aparato está ocupado o dirigido por una oligarquía (el poder, por definición, lo ejercen unos pocos  sea cual sea el modo como llegan y se mantienen en los puestos de mando).  La oligarquía, a su vez, está jerarquizada, no es un grupo de iguales, y casi siempre está dirigida por una sola persona.

Cuando decimos que el objetivo del poder es asegurar el orden social, entendemos por orden los medios para que la sociedad obre como un conjunto y no se desarticule en movimientos internamente desgarradores. La sociedad debe funcionar como un todo, por encima de las discrepancias internas particulares y con vistas a defender los intereses propios frente a otras sociedades o grupos humanos (diplomacia y guerra exterior). Pero no es el poder, como aparato, el que lo garantiza, sino su ejercicio, es decir, la política.

No son lo mismo política y poder. Este se presenta como una burocracia más o menos impersonal, racional y eficiente, incluso al margen de ideologías (a veces cambia un régimen, pero el aparato estatal permanece con pocas variantes); en cambio la  política es un arte, y como tal depende enormemente de las personas al cargo: de sus luces, voluntad, experiencia y conocimiento de las realidades sociales y externas. El ejercicio del poder presenta, además,  una constante aparición de problemas y de desafíos mayores o menores muy difíciles de predecir. Por ello un estado  eficiente no garantiza la estabilidad social ni su propia permanencia si  los políticos al cargo obran de manera desacertada. Un buen ejemplo lo encontramos en la república, que heredó un estado pasablemente sólido, pero cuyos políticos lo destrozaron con actitudes demagógicas por no decir demenciales, como creo haber expuesto en Los personajes de la república vistos por ellos mismos.

La política persigue, por supuesto, el mantenimiento del estado, del  poder, pero utilizando este, ante todo, como instrumento que permita el funcionamiento y acción de la sociedad como un todo. Cuando se convierte en mero instrumento del autosostenimiento estatal, termina por descomponer la sociedad y al propio estado. Peligro permanente, por cuanto toda oligarquía aspira a perpetuarse en el control del poder. Vemos esa dinámica en momentos avanzados de la decadencia romana, cuando la política llegó a cifrarse esencialmente en mantener un ejército fuerte y satisfecho, sin importar el coste para la sociedad. Actualmente percibimos algo así en la llamada “casta política”, que ha llevado al país a una crisis política, nacional y económica, de la que no se hace en absoluto responsable. En cualquier caso existe siempre una tensión entre los intereses de la oligarquía en el poder  y los presentes en la sociedad, entre la tendencia del poder a convertir a la sociedad en un ente meramente pasivo y las tendencias centrífugas siempre actuantes en la sociedad. Esta tensión y los equilibrios resultantes, nunca muy estables, condensa la esencia de la política. A su vez muy relacionada con tensiones externas derivadas de amenazas o conflictos con otras sociedades.

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Un personaje importante en la trama de Sonaron gritos…  es el tío de Alberto, Narcís o Narciso, según los momentos. Se trata de un personaje muy típico. Alberto lo describe como un separatista  que ve con muy malos ojos el matrimonio de su hermano José  o Josep con la almeriense  Soledad, tanto por ser  esta  “charnega” como por su origen  humilde.  Siendo niño Alberto, Narcís visitaba a su hermano de vez en cuando, y trataba a su sobrino  con hostilidad y desprecio. El protagonista cuenta que  una vez se vengó de su tío untando de cola la pesada silla de roble donde este iba a sentarse y ocasionándole la  rotura del pantalón. Alberto le oía sus invectivas nacionalistas antiespañolas, y esa era una de las razones por las que detestaba el separatismo: lo personificaba en Narcís.

De ahí el enorme desconcierto de Alberto cuando, terminada la guerra, vuelve a su casa paterna y allí encuentra a su tío con camisa falangista, en plan de amo y señor del piso y con el nombre de Narciso.  No menor es el desconcierto de este, pues daba por muerto a su sobrino, junto con los demás miembros de la familia. Narciso es el primero en reponerse, y ante las exigencias de propiedad  de Alberto, informa triunfante a este de su más que incómoda historia familiar. Queda clara la ingenuidad  del sobrino,  a quien no han hecho sospechar  otros indicios como la actitud de su abuelo  cuando van a organizar el contrabando por los Pirineos. Cabe deducir la discreción de sus padres.  Con dificultad, Alberto se repone y contraataca recordando a Narciso su pasado y lo sospechoso de su nuevo entusiasmo falangista.  He aquí el choque entre el joven  ingenuo a quien la guerra ha espabilado, pero  quizá no del todo,  y el maduro superviviente nato, capaz de adaptarse a las más variadas situaciones. Tal como lo presenta Alberto, y  aparte de la repugnancia que le profesa, Narciso resulta un hombre inteligente, adaptable, con habilidad para  negocios de muy variado carácter y que, sorprendentemente, sabía ser encantador cuando le convenía.

Pero después de todo, ¿no ha hecho Alberto algo semejante a Narcís?  También él ha vivido con un falso carnet de la CNT, ha  espiado y traicionado a los padres de su amigo Paco, ha engañado a su amante Luisa…  De hecho él y Paco  se plantearán, en Rusia, el mismo problema: “¿Acaso no hacemos unos y otros  cosas muy parecidas?”.  Pero hay diferencias. Narcís cambia de chaqueta para trepar en la situación de posguerra, destreza en la cual demostrará talento. Alberto ha engañado, traicionado y usado identidad falsa,  no para desenvolverse en la revolución, sino para combatirla. En un caso hay adaptabilidad, en el otro riesgos muy graves.  Es discutible quién pueda tener razón desde un punto de vista digamos darwiniano.  Eso sí, Narcís, a la defensiva,  ha de aguantar por un tiempo las imposiciones de su sobrino y convertirse casi en sirviente suyo. Lo cual, cabe suponer, no le agrada lo más mínimo.

Narcís reaparece cuando Alberto le comunica su marcha a Rusia. De acuerdo con el sobrino,  la conversación –telefónica—no puede ser más instructiva. El tío, con falso fervor, le asegura que él también se iría si fuera más joven y no estuviera a punto de casarse con una viuda de guerra, de la buena sociedad.  Hipócritamente le  dice que pensaba invitarle a la boda, pero ya que se marchaba… Narcís estaba ganando dinero con el estraperlo y otros negocios,  su matrimonio le iba a proporcionar buenos agarres, y “con un poco de suerte, su estúpido sobrino se dejaría la piel en Rusia, alejando la negra nube que le amargaba la existencia (…) Por qué  no? –me puse mentalmente en su lugar—Los bienes se enlazan como las cerezas, igual que las desgracias. Con qué gozo recibiría, sin duda, la noticia de mi muerte. El mal de unos trae la fortuna de otros”.

Todo cambia cuando la guerra mundial está próxima a terminar y casi todo el mundo da por hecha la liquidación del franquismo. Narciso ha estafado a Alberto mientras este estaba en la División Azul,  y responde altanero y amenazador  a la furia de su sobrino: “Caramba, qué humos.  ¿Te ascendieron a sargento chusquero en Rusia o qué?  Las cosas han cambiado mucho, noi, y tus chulerías me las paso por la entrepierna (…) A lo mejor vas a ser tú quien tenga que esconderse y disimular dentro de poco (…) A la gentuza como tú le queda ya muy poco, así que ándate con ojo, gilipollas, y trátame con más respeto o yo haré que alguien te clare las ideas…”.

Alberto consigue pararle los pies   con ayuda de Andrés, su viejo contacto en la quinta columna.  Pero finalmente no se ensaña con él.  Le  obliga a devolver el dinero  y, una vez logrado, prefiere olvidarlo: “Narcís, cómo nos empeñamos en complicarnos la vida. Podríamos hacerla más llavadera” –dije, concilicador, al marcharme–  Intentó disimular su rencor y solo le salió un rictus: Leí sin dificultad su pensamiento:” “Espera a que vuelvan los nuestros. Entonces ya te arreglaré yo a ti”.

Alberto vuelve a dejar clara su posición ante un matrimonio joven, invitado a su boda.  El marido le critica sarcásticamente:

“Una cruz de hierro debe de costar muchas de madera, ¿no?” Tardé unos instante en comprender la alusión. “Ni una sola. Los soviéticos no ponen cruces en sus tumbas” “Ya… pero viene a ser lo mismo”.  “Sí, cuando llega la guerra, hay muertes. Estarás enterado, supongo”. “Claro, claro, por eso yo estoy en contra de todas las guerras. Soy pacifista”.  “Te felicito, eres hombre lleno de virtudes. Pero no todo el mundo es tan bueno como tú. Stalin piensa de otro modo, y a la mayoría de los políticos y a mucha otra gente les ocurre lo mismo”. “Oh, Stalin, el comunismo, esas cosas… No hay que tomarlo tan por la tremenda. Si se tomaran las cosas con más calma, de forma más razonable, no habría pasado nada. Ni en España ni en Europa”. “Por lo menos a personas como tú no les habría pasado nada. Estoy seguro de que te habrías adaptado sin problemas al comunismo, al nazismo y a lo que fuera, y treparías en cualquier situación. Porque virtudes como las tuyas siempre obtienen recompensa”. Nos tirábamos dardos envenenados con aparente tranquilidad y los demás  circunstantes se removían en los asientos. Carmen me daba pataditas bajo la mesa. “Te equivocas. Yo tengo mis convicciones y no transigiría con ninguna dictadura”. “Pues me han dicho que te va muy bien con esta que tenemos en España. Que te estás forrando, vamos que no eres ningún pelagatos. ¿O no es una dictadura?”.  Su mujer no sabía adónde mirar.  “Lo es  pero… Total, para lo que va a durar ya, no merece la pena hacer sacrificios, no sería razonable…”.

La conversación puede parecer muy actual, pero por aquellos días, finales del 44, ambientes así menudeaban.  Luego, el franquismo  permaneció y aquellas euforias  quedarían un tanto olvidadas. Me ha parecido interesante recordarlas en la novela.

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La ignorancia como fundamento de la libertad / Gimnasia española / Reseña entusiasta.

Blog I: ¿Qué es democracia real? / e-cristians, poco cristiano: http://www.intereconomia.com/blog/presente-y-pasado/que-democracia-real-poco-cristiana-e-cristians-20131114

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Libertad e ignorancia.

Pocas veces se ha relacionado la libertad con la ignorancia, pero cabe sostener que esta es la base de aquella. Si conociéramos todas las consecuencias de nuestros actos, así como, en general, el pasado, el presente en un sentido más amplio que el personal, y el futuro, no podríamos ser libres, ya que obraríamos con una seguridad mucho mayor que la que proporciona el instinto a los animales. Por así decir, elegiríamos siempre lo correcto, aunque la palabra elegir está aquí de sobra, y en ese sentido dejaríamos de ser seres morales. Pero, en realidad, nos movemos en un mundo de incertidumbres, en el que ignoramos demasiadas cosas no solo sobre el exterior, sino sobre nosotros mismos. Ello ocurre incluso en un terreno tan trivial como la elección de una marca de cualquier mercancía. Si tuviéramos la certeza de que una de ellas es mejor y más barata que las demás, la compraríamos sin plantearnos dudas (y las demás se arruinarían rápidamente, si es que llegaban al mercado). Así, la libertad de elección incluye un grado de ignorancia. Claro está que se trata de una ignorancia relativa, pues una ignorancia absoluta nos haría movernos a ciegas, sin libertad a su vez. Pero también cabe decir que en la medida en que nuestra ignorancia disminuye, disminuye también nuestra libertad. Esta sería finalmente “la necesidad hecha consciente” en formulación clásica (y contradictoria), muy del gusto de las ideologías ciencistas o cientifistas.

Debido a esa ignorancia, relativa pero esencial, son precisas unas normas morales que orienten en la vida a las personas, permitiéndoles una conducta más o menos estable, impidiendo que nos veamos arrastrados a cada paso por deseos e impresiones del momento, que nos conducirían con facilidad al desastre. Los animales tratan de cumplir sus apetitos sin mayor reflexión, mientras que el hombre ha de valorar sus deseos en función de una idea más o menos clara del bien y el mal. La moral puede entenderse como  un destilado de la experiencia de generaciones sobre una inclinación o necesidad innata;  pero no supone un conocimiento preciso, por lo que sus reglas nunca tienen un carácter absoluto, sino solo como regulador flexible de la conducta. Sin que sea claro el grado de flexibilidad  necesario para hacer la vida soportable. Y la moral puede hacerse rígida y obsesiva, llegando a sacrificar los deseos hasta un ascetismo insoportable e innecesario.

También cabe pensar que todo el mundo obra con idea de hacer el bien, interpretado de un modo u otro. Sería la ignorancia lo que la llevaría al mal. La libertad  tendría, pues, un fundamento en la ignorancia, pero no es ella misma ignorancia, del mismo modo que esta no es el mal, como los utopismos pretenden. Ahora bien, ¿es cierto que todo el mundo obra pensando en el bien?  ¿Podría una persona  orientarse al mal,  aun suponiéndola dueña de  ese total  conocimiento exclusor de  la  ignorancia?  ¿Consiste la libertad, en definitiva,  en la capacidad humana de elegir el mal a pesar de cualesquiera conocimiento u objeciones razonables? Un problema es que el mal y el bien resultan dinámicos y cambiantes: de un mal puede nacer un bien y viceversa; lo que alguien entiende como un mal otros lo ven al contrario; el mal de unos puede ser el bien de otros… Y la razón ayuda poco al respecto. El mito del pecado original lo expresa, según creo: el hombre muerde la fruta del árbol bien y el mal,  pero no llega a digerirla bien.

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****Gimnasia española
Blog, OJ: Tengo gran interés en el tema. No obstante, pocas veces he tenido la oportunidad de tratarlo en este blog donde los temas desaparecen, resurgen y vuelven a desaparecer. He visto que se ha tocado muchas veces. Se ahondó en él, principalmente, en 2006 y 2007.
Además, veo que ha despertado gran interés en
alguna ocasión últimamente.
Como este es un blog en el que, como vemos, la actualidad y la historia mandan, he pensado en crear una página web y/o foro, de forma totalmente desinteresada, en el que podamos extendernos sobre la “gimnasia española”. Muchos aspectos se prestan a la discusión, y pueden salir nuevas ideas. Mi pregunta: ¿hay personas interesadas en el tema? Montar la web o el foro es fácil, cuestión de algunas horas. Yo mismo me ofrezco a hacerlo. Lo difícil es encontrar la colaboración, a la hora de sugerir ideas y contenidos, cambios, bibliografía, etc.
En Navidad se emitió en La 2 de Televisión Española una entrevista de Eduard Punset a un monje budista (hijo, por cierto, de Jean-François Revel). En la última parte, Punset le pregunta por algún método de focalización de la atención. El ejercicio, totalmente sencillo, destinado a alcanzar calma, claridad y establidad mental, consistía en la estabilización por medio de un objeto o una imagen. (
http://youtu.be/uhc750plltc ). Todo lo que cuenta podría ajustarse a este plan de la “gimnasia española”, sin lugar a dudas, sin llegar al extremo de falsos espiritismos. El ejercicio no es otro que una actividad mental de preparación para otras tareas.
Por otro lado, he tropezado con la web de un colaborador de LD, Francisco Capella, en la que se encuentra una sección interesante: “Aprende a pensar / Ejercicios”:

Lo esencial de estos ejercicios es intentar resolverlos personalmente, pensar acerca de los posibles métodos de solución. Mirar directamente la respuesta es desperdiciar una buena oportunidad de aprender a pensar, de descubrir y superar las propias limitaciones, los bloqueos a la imaginación, las restricciones innecesarias, las suposiciones implícitas incorrectas.
Lo pueden ver aquí: http://www.intelib.com/
Son recursos, de los muchísimos que hay en Internet, que, junto con algunos libros, podrían configurar el contenido de la “gimnasia española” sobre las bases que ha expuesto Moa (“Gimnasia española” y “Una derivación…”), un pequeño plan de ejercicios que se puede difundir y proponer en la red.
Y para este fin, un foro de opiniones, como he comentado, podría ser mucha utilidad.
(En blog  LD, 14 de enero de 2011)

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Una reseña de Paco Linares:

Nunca hice una crítica literaria, pero la novela-historia escrita por Pío Moa “Sonaron Gritos y Golpes a la Puerta” me ha conmovido con reales, auténticas y veraces sensaciones de todo tipo, epidérmicas y anímicas que deseo compartir. Leer esta novela es como un concierto, contiene tantos matices, tantas notas, que para describirla me obligan a compararla con una sinfonía.

  La primera lectura se me hizo muy corta, tiene muchas tesituras distintas perfectamente acopladas con precisión matemática, el suspense y la aparente improvisación, sólo aparente insisto, me sonaron a una audición de Jazz, todo es correcto, todo parece espontáneo. Pensé en el  inicio  de las primeras páginas en el estilo de Millennium de Stieg Larsson o como Los Pilares de la Tierra de Ken Follett, la terminé con prudente velocidad porque cada paso llamaba a otro como cuando subes una montaña, tenía la impresión de que algo me dejaba atrás.

  La segunda lectura la disfruté bastante más, como un concierto de música clásica, cada situación, cada personaje tiene una tímbrica diferente, a veces “molto agitato”  trepidante, otras “allegro ma non tropo” rápido pero no demasiado, había momentos que dejaba de leer para pensar sobre el contexto descrito o admirar la destreza del autor, Pío Moa. El escenario tiene cientos de fondos, guerra civil española y su correspondiente post conflicto bélico, Barcelona, Madrid, Francia, Alemania,  Rusia, ciudades, campos, aldeas. Cualquier página está llena de contenido, incluso los párrafos “molto espressivo” en una segunda lectura me daban que pensar, ¡qué concierto! no te aburres ni en los “adagio” porque tienen un fondo para la reflexión muy activo. Terminé por entender todo, parece que el autor lo vivió en primera persona.

 Cada personaje tiene su personalidad, su forma de hablar, el lector no tiene que compartir pensamientos, pero los comprende.  Las personas o situaciones,  cada uno de los que aparecen en  “Sonaron Gritos y Golpes a la Puerta” tienen su razón de ser, su propia personalidad,  su forma de pensar y hablar. Con algunos empatizas y me horrorizó observar  cómo se traicionan a sí mismos y a los demás, la descripción es tan real que pienso que igual me podría pasar a mí y me doy miedo. La verdad es que si hablo de un solo protagonista (conste que algún folio he roto por hacerlo) traicionaría la sorpresa del lector, el más bellaco puede llegar a ser el más honesto y generoso, todo depende de la batuta que mueve el director de la orquesta  más  la iniciativa de los profesores que en esta obra tienen su propia parcela de autonomía.

A Pío Moa, las situaciones y los personajes  muchas veces se le escapan, como a un periodista que escribe un diario, se apasiona y se sorprende con lo que él mismo ve, no con lo que ha compuesto. Cuenta una sinfonía que ha dirigido con la partitura de otro. En este torbellino hay brevísimos momentos de paz, como cuando en una tarde ves caer una fina lluvia de otoño sobre la mar en calma. Sin esperarlo, como el rayo,  nos cae un párrafo “molto agitato con fuoco”, trepidantemente ardiente. Subrayo, nunca he hecho una crítica literaria  pero recomiendo a quien no le guste demasiado leer que lo intente con este libro y al que encuentre placer en la lectura, estoy casi seguro que lo pasará bien. Espero que no me suelten gritos ni golpes a la puerta por expresar estas opiniones aunque en el fondo, como he escrito lo que siento, de veras me da igual. Porque digan lo que digan es formidable el contenido y es  fascinante el uso magistral que hace del metrónomo. ¡Solo soy un lector! Pero lo recomiendo, deseo que más gente disfrute de este trabajo, da placer, te hace pensar, enseña y entretiene.

Paco Linares.

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Debo advertir que no fui capaz de terminar la novela de Ken Follett, y la de Stieg Larsson me pareció una peste, entretenida pero una peste:

http://blogs.libertaddigital.com/presente-y-pasado/los-suecos-no-aman-a-las-mujeres-i-franco-vicioso-5116/,  y

http://blogs.libertaddigital.com/presente-y-pasado/los-suecos-no-aman-a-las-mujeres-ii-sintomas-y-causas-5118/

 

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Poder e igualdad / La finura de la Churry

Blog I:  Franco, desde el liberalismo: http://www.intereconomia.com/blog/presente-y-pasado/franco-liberalismo-20131112

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Poder e igualdad

Puesto  que el poder consiste en la capacidad de unos pocos (oligarquía) de hacerse obedecer por la mayoría,  implica una desigualdad esencial, y de ahí que en nombre de la igualdad  haya sido el poder tan denostado. Por otra parte, esa desigualdad se presenta igualmente entre la misma  oligarquía, siempre mejor o peor jerarquizada, y también entre los que  obedecen. Y aunque la igualdad parece una aspiración fundamental del ser humano, la realidad empírica muestra una  gran desigualdad entre individuos,   en todos los campos: en dotes intelectuales o físicas, en trabajos, en ingresos, en aficiones e intereses, en fuerza de carácter, en capacidades, en sensibilidad, iniciativa, valor físico o moral… Estas desigualdades naturales crean por sí  afinidades y jerarquías sociales, élites, privilegios… y una insatisfacción que da origen a veces a revueltas sociales.

¿En qué sentido, por tanto, se habla de igualdad, cuando es algo obviamente ajeno a la experiencia? Una igualdad básica nos permite identificar  a los seres humanos como tales, por muchas variaciones que encontremos  entre ellos,  de modo análogo a como identificamos a los leones o a las hormigas. Pero ¿qué deducir de ahí? Generalmente se deduce una igualdad de derechos, aunque sea en un plano ideal. Para una persona religiosa, “todos somos hijos de Dios”, y en ese sentido iguales, aunque el pecado original haya introducido grandes desajustes prácticos. En cuanto a la igualdad de derechos o igualdad ante la ley, se trata de un deseo nunca cumplido, si bien con diversos grados de realización.

Las diferencias individuales no impiden la existencia de sociedades ni de agrupaciones particulares muy variadas dentro de una misma sociedad –todas ellas con un grado más o menos fuerte de poder–. Encontramos una distribución por grandes grupos, llamados generalmente clases, nacida de la necesidad económica. En todas las sociedades civilizadas esa distribución está bastante clara: una capa muy reducida de personas ostenta el poder político y militar, estrechamente ligada a otra capa de carácter religioso— cuando no son las mismas personas–, y una amplia masa dedicada a la producción de los bienes materiales: campesinos, jornaleros, artesanos, comerciantes, criados,  esclavos en muchas sociedades, etc. Esta distribución y la desigualdad consiguiente han sido vistas como algo natural, hasta que el ansia de igualdad ha permitido entenderlo como una imposición por la fuerza de los intereses de los poderosos sobre los débiles, imposición en la que la religión desempeñaría el papel de “opio”,  para contentar con su suerte a los de abajo. Lo cual presupone, a su vez, una igualdad esencial (al menos de “intereses”) entre los miembros de cada una de esas clases sociales.

Esta concepción no distingue básicamente al hombre de los animales, determinados todos ellos por la necesidad “material” de sobrevivir, aunque lo hagan de distinto modo. Sin embargo, lo característico del ser humano, lo que le distingue de los animales, es el elemento que normalmente llamamos espiritual, y que en esta concepción resultaría solo un engaño al servicio de los poderosos.

El marxismo ha desarrollado este enfoque de la manera más completa. Examinando la historia de las fuerzas económicas y las “superestructuras” institucionales e ideológicas correspondientes, ha concluido que en el pasado  las revueltas igualitarias estaban condenadas al fracaso, mientras que la igualdad comunista sería posible  tras la abundancia traída por el desarrollo capitalista. En la práctica, sin embargo, la aplicación del marxismo ha generado una desigualdad máxima, entre una oligarquía dueña literalmente de todo y una masa sin derechos. Lo cual indica que los diversos sistemas y regímenes sociales no son modos de explotación de unos por otros (aunque suelan implicar explotación), sino modos de organización social a partir de unas desigualdades forzosas. Puede decirse que el poder  maneja de diversas formas, la inevitable desigualdad, por lo que el intento de abolir esta lleva consigo la máxima polarización del poder.

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Héroes de nuestro tiempo: La finura de la Churry

Todo el mundo pasa por malas rachas y, claro,  trata de salir de ellas como Dios le dé a entender; eso es parte de la vida, porque así estamos hechos,  incluso las personas más distinguidas, para qué hablar del común de los mortales, de ti o de mí, sin ir más lejos…  Así le ocurre, pongo por caso, a Paloma Castiñeiras, ya sabes,  Churry  Smith, cantante feminista muy popular en momentos no tan lejanos en el tiempo,  y conocida por su afición a tener amantes no masculinos, que hasta ahí podían llegar las bromas. Tú la conociste un poco también, ¿no es cierto?  Ya anda algo  cascadilla físicamente, sí… No es que haya perdido facultades,  pero ya se sabe la clase de gentuza que pulula  por el mundillo artístico,  gente  envidiosa y aprovechada, en cuanto sale una joven enseñando la pechuga ya…  Pero, para qué te voy a contar, si tú algo la conoces también.  Bueno, hay que reconocer que ella no es de las que se amargan, tiene un  modo de ser generoso… El otro día  nos contaba a un grupo de amigos:  “Qué vidorra me he pegado!  Si volviera a nacer, repetiría”.  Lo malo es que  había allí una pareja que la cabreó mucho. Churry no dijo nada de momento, por educación, porque eso sí, es muy educada, pero luego , joder, no paraba de echar pestes: “¿Serán gilipollas el tío y la tía esos?  ¡Mirándome con una sonrisilla como de cachondeo los dos…! ¡La madre que los parió! ¿Y qué hacían allí?  Creí que eran todos amigos”. Yo le explicaba: “Son amigos  de la Paqui, que tenían ganas de conocerte, mujer, tampoco te pongas así”.  Y ella, venga y dale, y venga y dale, que no paraba la tía  echándome la culpa porque como representante suyo ya podía tener más vista y tal y qué sé yo.  La verdad, ya me estaba calentando la cabeza, menos mal que lo primero que aprendí en el oficio es que las artistas son muy temperamentales,  y hay que saber aguantar marea. Así que procuré calmarla. ¿Por qué veía ella cachondeo en la sonrisa de aquellos…? A lo mejor eran sonrisas de admiración, le dije. Yo es que ni me había fijado, ¿entiendes? Pero ella,  como una tigresa, vamos, que no atendía a razones.  “Bueno, pues si no es de admiración, será de puta  envidia—le dije–. Porque anda que no te tienen envidia ni ná, tantos mierdas fracasados, con esas vidas sórdidas y aburridas que llevan, tanto quiero y no puedo”.  Ahí ya di en el blanco. Estuvo totalmente de acuerdo. “El soplapollas, con su pinta de chuloputas reprimido… Que eso, chuloputas es lo que le habría gustado ser, pero no tiene cojones… Y la tía, menuda puta barata… Si es que los miras y ya sabes cómo son, no hay más que verles la cara. A mí me van a engañar…”  Yo creo que ella estaba alterada porque, ya te dije, pasa una mala racha. Llevaba tiempo que no la llamaban ni para cantar en las fiestas de Bollullos de Abajo… ¡Coño! Y la tía, no te creas que tiene un pelo de tonta. Ya venían las elecciones generales, así que de pronto me espeta: “Si gana el PP, yo vuelvo a exiliarme”. Y yo: “¿Pero qué chifladura se te ha ocurrido?” Pero de chifladura nada, macho, la tía es que tiene vista. “Sí, me exilio, porque es como si Franco volviera”.  Yo no acababa de verlo: “Pero si esos del PP son ahora más antifranquistas que tú misma, mujer. Además, ¿adónde vas a irte ahora, con tu edad…” Y ella, con una sonrisa de pícara, va y me lo aclara. “Que no, tío, que no es eso. Tú avisa a la prensa. Es lo que voy a decir: que vuelvo a exiliarme si ganan esos fachas.  Como la otra vez, ¿entiendes?  Solo que ni de coña me voy fuera, es solo para que la prensa hable, joder, a ver si vuelven a acordarse de mí”. Yo, como tonto, voy y le digo: “Pero si en tiempos de Franco te largaste por el pufo aquel  que dejaste…”   Las joyas aquellas, no sé si recuerdas, salió en la prensa. Ni me dejó terminar  “Mira, qué coño importa eso. Yo diré que me fui porque no soportaba la dictadura, y ya está. ¿Quién va a andar escarbando en esas cosas? Y si alguien se sale con historias, será porque es un puto facha, así que no hay problema. Tú mira bien de traer a prensa fiable, prensa seria, progresista y tal, no vayas a colarme a hijoputas como la pareja aquella…” ¿No es fina la Churry? Es que las mujeres son más listas que nosotros, eso se sabe desde siempre. Ahora, no sé cómo saldrá la cosa. Yo creo que bien. Traeré a los de PRISA, esos siempre responden bien…  

(inspirado en hechos reales)

 

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La moral del poder /Enseñanza primaria

Blog I: Neurosis y trivialización: http://www.intereconomia.com/blog/presente-y-pasado/neurosis-y-trivializacion-20131107

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Poder y religión (II)

Recapitulando, decíamos que el poder surge espontáneamente en las sociedades, debido a la necesidad de asegurar un orden y continuidad de las mismas frente a las tensiones disgregadoras producto de la individuación humana, con sus diversos y a menudo conflictivos intereses.  Así, el poder no es bueno ni malo, sino solo una realidad inherente a la condición humana, como la división del trabajo o la técnica y su transmisión, por ejemplo. En segundo lugar,  sosteníamos que el poder no puede funcionar o justificarse por sí mismo, sino que necesita una fundamentación moral (la justicia) que le viene de la religión,  y de ahí la asociación íntima de poder y religión a lo largo de los siglos.

Ha habido otras concepciones, la más conocida la de Maquiavelo, que racionaliza el poder al margen de la religión y su moral. Esto no quiere decir que su teoría sea inmoral o amoral, conceptos equívocos, pues el ser humano siempre tiene como referencia el bien y el mal, y trata de obrar en consecuencia, siendo, por tanto, inevitablemente moral. Maquiavelo se ocupa del poder tal como se le presenta, sin especular sobre su fundamento, y considera bueno todo lo que contribuya a conquistarlo y mantenerlo, y bueno al príncipe que lo  consigue; y malo (equivalente aquí a torpe), lo contrario. Es la moral del éxito, al cual debe aspirar el político sin otra restricción. Es una moral racional y ajena a concepciones de la justicia que se presentan como nebulosas e innecesarias, y conducentes al fracaso. Sin embargo, como todas las morales racionales hasta la fecha, fracasa: el príncipe solo triunfará si sus contrincantes se reprimen por consideraciones religiosas –supersticiosas en este caso–  o por pura ineptitud. Pero si todos los príncipes aplican las recetas de Maquiavelo, el resultado será una lucha generalizada y sin esperanza de éxito para nadie. En todo caso, el éxito vendría por causas distintas de los métodos de Maquiavelo.

Otras ideas del poder y su lazo con la religión se han expuesto,  sobre todo desde la Ilustración, por algunas de sus corrientes. Estas teorías partían de dos principios básicos: la interpretación del poder como un mal –superable mediante el ejercicio de la razón–; y de la religión como un encubrimiento justificativo, irracional y por tanto supersticioso del poder. Al revés que Maquiavelo, estos ilustrados aspiraban, con más o menos coherencia, a abolir el poder, concebido  como el mayor enemigo de la libertad y la igualdad; enemigo también de la fraternidad, que surgiría de forma natural cuando la opresión materializada en el poder, en el estado, fuera abolida. De ahí diversas corrientes posteriores, como el marxismo, el anarquismo, algunas formas de liberalismo, etc.

Pero la moral implícita en esas condiciones era profundamente irracional, por más que invocara constantemente la razón a su favor. En efecto, su base descansaba en la negación del pecado original, por así decir: en el supuesto de que los hombres son por naturaleza buenos y fraternales,  siendo solo las instituciones sociales ligadas al poder las que lo corrompen. Se trata de un contrasentido manifiesto, por cuando esas instituciones malvadas han sido creadas por los hombres mismos, tan buenos. Además, la experiencia más elemental probaba que el espíritu de fraternidad entre la gente, incluso entre quienes compartían tales ideas, era muy relativo, por decir algo.

Si definimos la religión como una concepción del mundo y del destino humano que sobrepasa las capacidades de la razón tal como es concebida por los racionalistas, entonces está claro que las ideas antes expuestas tienen algo, al menos, de religiosas, aunque se las llama preferentemente ideologías –en un sentido muy distinto del de Marx–. Las ideologías pueden interpretarse como religiones que pretenden basarse exclusivamente en la razón, cosa que nunca llegan a cumplir.  Existe, por ejemplo, una religión laicista empeñada en desplazar a las demás, y particularmente a la cristiana, que ha fundado la cultura occidental. Una religión, por supuesto, muy orientada hacia el poder, al cual aspira a condicionar decisivamente. Al intentar superar una religión, crea otra, mejor o peor (por sus frutos…) . Solo si la comprensión de nuestro destino y del mundo como un todo fuera accesible plenamente a los instrumentos de la razón, sería posible otra cosa.

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Enseñanza primaria

Es fácil entender que, en principio, la enseñanza es la inversión más importante que puede hacer una sociedad, pues supone dotar a sus miembros de  capacidades en aumento. Pero puede haber una gran inversión y malos resultados,  como ocurre en España. Y no solo son malos los resultados en cuanto a fracaso escolar y conocimientos concretos, sino, sobre todo, en cuanto a cultura. Basta  deambular por las  redes sociales para constatar  lo extendido, no solo de las faltas de ortografía (la “educación” progre  las ha considerado con benevolencia), sino  la dificultad de expresar ideas algo complejas por parte de la gran mayoría,  la tendencia a sustituir el argumento por el adjetivo, la gracieta chocarrera o el insulto.  A menudo esas redes parecen el reino de la estupidez triunfante y contenta de sí.

Por cultura pueden entenderse ciertos conocimientos generales, no específicos, pero que sirven para encuadrar los específicos;  hábitos de convivencia; interés o al menos respeto por la actividad intelectual;  y cierta capacidad  expresiva, crítica y razonante. Conforme la enseñanza va  subiendo de grado se vuelve más especializada, por lo que la cultura, o las bases de ella, se absorbe sobre todo en la enseñanza primaria.  Pero a menudo suenan quejas sobre  la indefinición de objetivos en esta etapa, en la que se repiten año tras año materias  a un nivel muy bajo, apenas se presta atención  a los diferentes  intereses y aptitudes de los alumnos o se marcan orientaciones triviales para la vida.  Así, gran número de niños cobran rechazo a la cultura, la entienden como algo opresivo y tedioso, actitud empeorada por los excesivos deberes impuestos en muchos centros, que  a los niños cumplidores les privan de vida social y a los no cumplidores les desinteresan aún más de la enseñanza.  Combinado ello con la influencia de la gran educadora de nuestros días, la televisión,  mayoritariamente basura  programada por  gentuza, no podemos extrañarnos de  tener tal abundancia de adolescentes botelloneros, por resumir en eso una degradación intelectual y moral difundidísima.

Por mi parte propongo algunas medidas para reorientar  la enseñanza primaria (de los 6 a los 11 años):

  1. Crear hábitos de  convivencia, higiene y ejercicio físico y mental (“gimnasia      española”) que ayude a desarrollar las capacidades innatas.
  2. Prestar especial atención a la lengua, centrándola      en la  lectura de textos literarios adecuados  a cada edad, acompañados de preguntas que  ejerciten la comprensión  y      el análisis. La gramática no sería esencial en los primeros cursos.  Asimismo, redacciones y exposiciones orales muy frecuentes, pues  la expresión oral y escrita se aprende esencialmente con la práctica.
  3. Atención especial también a la historia, no solo  la historia política del país, sino como introducción a las ciencias en general  u otras materias. Un enfoque histórico de      estas, a base de breves relatos biográficos, suscita el interés y mejora la  comprensión  de los niños.
  4. Las matemáticas y la informática  completarían  el esquema.
  5.  La  instrucción religiosa –cristiana—para quienes la quisieran,  podía seguir el esquema clásico de  historia sagrada  y catecismo, acaso  con una selección de películas de calidad con ese  tema. He constatado que la enseñanza  religiosa actual difiere muy poco de la ética “progre”, y en lo que  difiere resulta menos atractiva.
  6. La enseñanza de lenguas extranjeras no empezaría  antes de los  9 años (creo que en Finlandia ocurre así), y se excluiría el pretendido  bilingüismo en inglés,  cuyo      objetivo real, aun si inconsciente en muchos casos, es desplazar el  español a favor de otro idioma presentado como “indispensable”, como la lengua  de la cultura.
  7. Debería favorecerse la enseñanza separada de  niños y niñas.  En poco tiempo se      vería la calidad comparándola con los centros mixtos.  En Inglaterra son los colegios de  enseñanza separada los que obtienen mejores resultados, y seguramente   también ocurriría en España.
  8.   Las   clases  constarían de explicaciones breves y claras, dedicando la mayor parte del tiempo a preguntas y  ejercicios sobre ellas.  Pocos deberes para casa.  Se estimularían  cualidades particulares en que destacara cada alumno, sea en trabajos  manuales, matemáticas,  literatura, música,  deportes, etc., mediante actividades a propósito.

Sigue quedando la nefasta influencia de la televisión y similares, pero, en fin… Por proponer que no quede.

 

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Poder y religión / Un personaje secundario

Blog I: Por qué hay que superar el antifranquismo: http://www.intereconomia.com/blog/presente-y-pasado/por-que-hay-que-superar-antifranquismo-citas-20131105

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Poder y religión

El poder, incluso el más arbitrario y tiránico, se justifica implícita o explícitamente en la necesidad de orden social. Justificación esencialmente pragmática que, como tal, no  puede funcionar sin un sustrato más sutil y más firme al mismo tiempo, generalmente identificado como la justicia. Esta consiste en alguna forma de equilibrio entre las diversas tendencias e intereses sociales, y el poder ha de servir a ese equilibrio para ser aceptado y no suscitar  demasiada rebeldía. Tal equilibrio es por naturaleza inestable, ya que el peso o fuerza relativa de unos y otros intereses varía con el tiempo.

Obviamente, la desintegración social no podría contenerse si el ser humano estuviera dominado solo por las tendencias centrífugas de un individualismo ciego o un espíritu de partido exacerbado. Pero existen contratendencias como el sentimiento innato de la justicia, por más que este choque tan a menudo con el ímpetu de cada interés particular: en los conflictos, todos pretenden tener razón, esto es, tener la justicia de su lado.

La justicia no puede consistir, por tanto, en el mero orden o en  la mera voluntad o el capricho de quien o quienes ostentan el poder (pese a haberse teorizado el poder absoluto del monarca, en la monarquía francesa). A la justicia se la supone por encima de los intereses particulares, incluidos los de los poderosos. Estos tienen a menudo la tentación de imponerse con la fuerza, algo que suele provocar rebelión o bien resignación, pero nunca acuerdo o consentimiento real de la mayoría. Porque la idea de la justicia no nace de los intereses particulares ni siquiera de la conveniencia de poner orden entre ellos. Se trata de una idea religiosa. ¿En qué sentido es religiosa? En el de que resulta inaccesible a la mera razón. Esta puede discurrir tanto la justificación de un orden social mediante la imposición del más fuerte como mediante la imposición del mayor número o de otras maneras. Pero la justicia se presenta como una imposición de la divinidad (lo que también se ha llamado ley natural) por encima de las leyes elaboradas por el propio poder  (recuérdese, nuevamente, el conflicto de Antígona).

¿Y qué es la religión, en definitiva? Quizá ayude a entenderlo la siguiente consideración: la vida está llena de exigencias prácticas, cotidianas, rutinarias e indispensables para la supervivencia, en las que la razón y los conocimientos prácticos son siempre o casi siempre suficientes. La  religión apenas desempeña un papel en ellas, al menos aparentemente (un cocinero no piensa en Dios cuando prepara un plato, o un carpintero hace una mesa, o un empleado de banca maneja papeles, etc.). Pero en un plano más general, todas las actividades corrientes y particulares de cada uno se integran en un conjunto  enigmático y por ello angustioso, donde la razón y la habilidad práctica apenas sirven de algo. Con mayor o menor claridad, las personas intuyen su extraña condición: el mundo las ha traído a sí en el nacimiento,  las apega a él con la potente fuerza del instinto de conservación,  les otorga un período de lo que llamamos vida, más o menos largo,  más o menos feliz o  desdichado;  y finalmente las extingue, es decir, las mata, pese a haber suscitado en ellas el intenso deseo de permanecer vivas. ¿A qué responde todo ello? ¿Qué finalidad tiene?

Este destino lo compartimos con los animales, pero en el hombre hay algo más: la capacidad de pensar sobre su propio destino y sobre el mundo. Pues hay más: el propio mundo se ofrece al hombre como una multitud de impresiones caóticas y cambiantes, causa de innumerables engaños, errores, azares imprevisibles y peligros. Por tanto, le obliga a un gran esfuerzo por establecer algún sentido general que haga a ese mundo manejable por un lado y comprensible por otro. El conocimiento práctico, la experiencia y la técnica le permiten desenvolverse en la vida corriente, manejando parte de las cosas en función de la subsistencia;  pero la comprensión global no puede alcanzarse por las mismas vías. Al igual que en relación con nuestro destino, no hay modo de aclarar el problema con las mismas herramientas (la razón, la experiencia, la técnica) de que nos valemos para explicarnos cómo y para qué se cocina un plato, o se construye un puente o funciona la gravedad. Aquellas preguntas no tienen una respuesta con el mismo nivel de claridad, y la psique solo puede intentar responderlas con otras herramientas, como la intuición, la imaginación o la analogía. Y el resultado serían las religiones.

Así, cabe definir las religiones como respuestas a la angustiosa necesidad psíquica de encontrar un sentido al mundo y a la vida humana en él. Y de esa respuesta depende la justificación (la moral)  incluso de los actos normales de la vida diaria, que aparentemente no necesitarían otra explicación que la más banalmente práctica. Pues la religión, una vez establecida, “baña de sentido”, por así decir, a la actividad práctica y rutinaria de las personas, que de otro modo darían la impresión –tan frecuente aunque en general subterránea—de  esfuerzos absurdos.

De ahí, también, que un fenómeno tan decisivo socialmente como  el poder, siempre haya necesitado la religión como respaldo. No sé si cabe sostener que en todas las sociedades  han ido unidos religión y poder, pero me aventuro a creer que sí. Porque el poder, como decía al principio, no puede justificarse por sí mismo salvo en tiranías extremas y brutales, que dudo se hayan dado de forma tan desnuda.  ¿Ocurre lo mismo en las sociedades occidentales, que hoy presumen de su laicismo? Por supuesto, también ellas descansan en creencias indemostrables racionalmente, como la fe en la ciencia (de la que la inmensa mayoría tiene ideas muy sumarias y a menudo equivocadas), o en la capacidad humana para “decidir” su futuro y el sentido de su existencia, lo que solo puede sostenerse sin pensarlo mucho. Podría hablarse entonces de una religión laicista, cuya bondad superior  al cristianismo tradicional está por ver. En todo caso es uno de los grandes temas de nuestro tiempo.

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Un personaje secundario.

Cuando Paco decide pasar de anarquista a infiltrado en la CNT, contacta con Andrés, que dirige una pequeña red de la quinta columna. Alberto presenta a este Andrés como un obrero falangista (en la Falange, y contra la leyenda, la mayor parte de los militantes  era de procedencia trabajadora), antiguo ugetista y algo ingenuo. Andrés no sospecha de un comunista infiltrado, que ocasionará la caída de su red y la detención de su familia,  aparte de  anular los frutos del espionaje  de Alberto y de Paco sobre los padres de este.  El infiltrado sale poco y sin personalidad en la narración, porque Alberto y Paco lo tratan muy brevemente. También ellos lo consideran un ingenuo o un tonto fastidioso, pero no se ven afectados por la redada comunista, pues han tenido la precaución de trabajar con total independencia de Andrés, no por desconfiar de él, sino por  simple precaución que al propio Andrés le parecía excesiva, pero que agradecerá cuando le salven.

Andrés aparece como un personaje de trato difícil,  y cuando se entera de que su mujer ha sido detenida y sus hijos enviados a Rusia, se vuelve fanático y sediento de venganza. Carmen no simpatizará con él por esa razón, aunque Alberto lo acepta y siente cierta amistad o más bien camaradería, debido a los sacrificios compartidos.  El protagonista narra varios sucesos con  Andrés. Por ejemplo, en uno de ellos celebran haber escapado por los pelos de una emboscada tendida por Sabater, un policía del SIM  obsesionado con capturar a Paco.

“Nos adormilamos sentados de cualquier manera, vencidos por las emociones y el alcohol. Al entrar y vernos en tal estado, Carmen se asustó. Nos despabilamos, aún bajo el efecto del coñac, y la invitamos al vino y los pasteles.

–¿Qué os pasa? ¿Estáis en vuestros cabales?

–Celebramos tu vuelta al Ritz.

–Y algunas otras cosillas. ¿Se las contamos?

–No, hombre, no se vaya a impresionar

–¡Qué va! ¡Es una chica peleona! ¿Se come el mundo!

–Esto es inaudito. Estáis borrachos.  ¿No os da vergüenza?

La indignación de Carmen y la euforia etílica de los demás  cambian por completo cuando Paco  advierte: “ Estamos de fiesta y olvidamos a Mercè. ¡Qué le habrán hecho esos bestias para que descubriera el piso!”.  En aquel piso habían estado Andrés y Alberto a punto de ser  detenidos o muertos por  los hombres de Sabater.

En otra escena significativa  sorprenden a un grupo de chekistas que, al huir de Barcelona ante la llegada de los nacionales, se llevan a un grupo de prisioneros con el propósito de fusilarlos (la escena está inspirada en hechos reales, como  el asesinato colectivo del que se libró por milagro Sánchez Mazas, novelado en Soldados de Salamina, pero con final muy distinto en Gritos y golpes). En esta ocasión, los dos amigos y Andrés, vestidos con uniformes militares del enemigo,  consiguen sorprender a los chekistas  y aniquilarlos, liberando a los presos. Es su primer éxito real, aparte de las evasiones por los Pirineos. Algún crítico ha considerado el suceso inverosímil, pero no lo es. En las operaciones especiales  (comandos y demás) se dan acciones parecidas, una vez lograda la sorpresa.  Entre los presos liberados está la esposa de Andrés. Sabater es el jefe de los chekistas, y es capturado vivo. Confuso por los uniformes, les insulta y  amenaza con fusilarlos,  pero enseguida le hacen caer en la cuenta, y Paco, muy ufano se le da a conocer, jugando con él al gato y al ratón:

“–¿Qué crees que debemos hacer contigo? Dínoslo, Sabater. ¿Lo mismo que tú hiciste con Mercè, por ejemplo?”

Y sigue un diálogo entre irónico y amenazante que evidentemente debía terminar mal para Sabater, pero en esto se acerca Andrés:

“–¿A qué viene esa palabrería?  Démosle su merecido de una vez”.

Y sin más, quita al chekista u arma y lo mata con ella. A continuación, ordena: “Paco, vamos a buscar a los presos. Tú Gregorio (nombre de  guerra de Alberto), vigila a estos”

Y Alberto reflexiona. “No acostumbrábamos aceptar mandatos de nadie y me sorprendí a mí mismo obedeciendo; y no me sorprendió menos que Paco lo hiciera. Acaso porque las órdenes tenían sentido” Los dos se alejaron entre los muertos y heridos gimientes, cuyas armas recogían…”  Evidentemente, a pesar de todas sus experiencia y aventuras, seguía habiendo en los dos amigos un resto infantil, tan jóvenes eran.

Al registrar el cadáver de Sabater, le encuentran  joyas y dinero francés y español y la documentación  “Su fotografía con anteojos redondos y bigotillo le daba aire de señorito chulo. En otra posaba al lado de una mujer de aspecto corriente, su esposa, imaginamos, y en una tercera aparecían los dos, ella de pie y él en cuclillas pasando afectuosamente el brazo por los hombros de una chica sonriente de diez u once años, con rasgos de retraso mental.

–Debe de ser su hija.

–Qué vida habrá llevado este… este… ¡Bah! –comentó pensativo Paco. Parecía encontrar difícil insultarle”.

La victoria no traerá gran felicidad a Andrés. Sus hijos han desaparecido camino de Rusia,  y su mujer sufre trastornos mentales. Él mismo se convierte en un perseguidor implacable de los rojos  que no han logrado escapar de Barcelona.

Sucesos  y evoluciones parecidas hubo muchos por aquellos tiempos. Pero no me interesa destacar la mayor o menor verosimilitud del relato, sino  lo complicado de las motivaciones y actitudes de los personajes. Por ejemplo, un chekista se justificaba más o menos así: “Mi trabajo es menos lucido y menos glorioso que el de quienes combaten en el frente. Pero no es menos necesario, incluso lo es más”.

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