Blog I: ¿Qué es ser antifranquista? http://www.intereconomia.com/blog/que-ser-antifranquista-20130913
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Uno de los tópicos más repetidos por los políticos del PP y del PSOE consiste en atribuirse la condición de demócratas. “Nosotros los demócratas”, dicen, venga a cuento o no. Y no hace falta ser un lince para apreciar la falsedad. La Constitución exige a los partidos un funcionamiento democrático, pero se trata de camarillas oligárquicas y demagógicas que monopolizan el poder dentro de sus propios partidos. Luego está su corrupción no solo económica, sino aún más intelectual y política, una “cualidad” que no refuerza precisamente la democracia, en realidad la socava. Por otra parte, un gobierno legítimo tiene obligación de cumplir y hacer cumplir la ley, lo que tampoco ocurre. El caso peor se produce en relación con los separatistas, los cuales vienen pisoteando la ley desde hace muchos años sin que ningún gobierno nacional los haya metido en vereda. Al contrario, todos los gobiernos les han ayudado a incumplirla, quitando voz o acallando a quienes, en nombre de las libertades y de la unidad de España, protestaban contra los desafueros. En suma, han regalado a los peores y más declarados enemigos de España todo tipo de medios para que siguieran atacándola. O han premiado con mil cesiones los asesinatos de la la ETA, a costa del estado de derecho… Entre tantas otras fechorías. Un gobierno, un partido capaz de perpetrar tales desmanes no es democrático, sino que se deslegitima como contrario a la democracia, al estado de derecho, a la estabilidad y la unidad nacional. Estos “demócratas” creen, al estilo bananero, que quien consigue mayoría de votos ya puede hacer cualquier cosa con la soberanía, el erario y las leyes.
Hoy, el separatismo, muy poco importante al principio de la transición, se ha convertido en la mayor y más peligrosa plaga para la democracia española. Y la causa principal de él se encuentra en la casta política, especialmente en los dos partidos llamados por sorna “nacionales”.
El peligro ha alcanzado tal gravedad, que para salvaguardar la nación y el imperio de la ley no queda otro remedio que aplicar el artículo 155 de la Constitución, aprobada también por la mayoría de los catalanes (más que en Madrid, por ejemplo): “Si una Comunidad Autónoma no cumpliere las obligaciones que la Constitución u otras leyes le impongan, o actuare de forma que atente gravemente al interés general de España, el Gobierno, previo requerimiento al Presidente de la Comunidad Autónoma y, en el caso de no ser atendido, con la aprobación por mayoría absoluta del Senado, podrá adoptar las medidas necesarias para obligar a aquélla al cumplimiento forzoso de dichas obligaciones o para la protección del mencionado interés general”. La única medida que hoy parece posible para corregir los desmanes de la Generalidad es la suspensión indefinida de la autonomía, acompañada de la corrección de todos los errores e incumplimientos legales consentidos o fomentados hasta ahora.
Pero, ¿aplicará la ley, aplicará la Constitución el gobierno anticonstitucional y no democrático de Rajoy? Nadie lo espera. Al contrario, habla de acomodos y diálogos. Obsérvese que, con absoluta ilegalidad y a impulsos del gobierno de Zapatero, se impuso un segundo estatuto de autonomía, anticonstitucional y apoyado en las urnas por solo el 37% de los catalanes. Ese estatuto, como explicó Maragall dejaba en residual la presencia del estado en la región, suponía una constitución particular, permitía a la Generalitat tratar por igual con Aragón o con cualquier región europea y autorizaba, en suma a “hacer lo que se quiera. Y lo haremos”. El único paso que falta para la secesión es el que se proponen dar Rajoy y Mas, quizá dejando alguna apariencia inane de unidad para engañar al pueblo.
Espero que en algún momento no tardío los Rajoy, Zapatero, Mas y compañía tengan que comparecer ante los jueces para dar cuenta de sus bellaquerías contra España y contra la democracia. Porque si esto no ocurre, esos corruptos sinvergüenzas acabarán con todo.
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La situación de Carmen
ZGZNA: A mí me cuesta creer que Carmen lo echara (a Alberto) porque le costara contener sus impulsos sexuales cuando era una chica muy joven, sin experiencias previas y con una moral como la suya.
Debe tenerse en cuenta que el anciano Alberto, ex profesor de filosofía, decribe los sucesos con sobriedad, sin emplear retórica emocional ni explicaciones largas, por lo que el trasfondo de los sucesos queda a veces poco evidente. Carmen explica sus reacción de dos maneras: por principios morales y porque “otros están peor (que Alberto) y espabilan”. La segunda expresión encierra una dosis de orgullo: ella, una adolescente de 16 o 17 años, está en cierto modo peor y ha espabilado. Cuando se habla de edades, en una novela o relato personalizado, conviene huir de las generalidades sociológicas según las cuales, “los adolescentes” son así o se comportan asá. No es lo mismo una adolescencia en una familia pobre que en una rica o media. Menos aún en una situación normal y pacífica que en otra de guerra o revolución, cuando todos los principios se trastocan. Además, en todas las edades hay personas que destacan mucho de la media en un sentido u otro. Carmen ha debido desenvolverse en condiciones muy arduas, que la han hecho madurar de forma inusual en muchos aspectos. Es rebelde, y por aversión al comunismo de sus padres no quiere volver con ellos, y se expone ayudando en la quinta columna. Trabaja en la cocina del Ritz, donde ha de bandearse con “moscardones y jefecillos” que se creían con derecho de pernada. Puede hacerlo sin excesivos percances porque Paco se presenta allí como su amante, tiene prestigio y es de los que se hacen respetar. Aun así, ella vive prácticamente sola, porque su hermano, aunque visite con frecuencia el piso, no es seguramente una gran compañía. Así que si ella puede soportar tales circunstancias, Alberto también debe. Quizá haya un impulso inconsciente de someterle a prueba.
Alberto debió de ser un consuelo para su semisoledad, hasta que ella se descubre atraída por él. Pero, como católica cuyo fervor se refuerza en un medio radicalmente hostil a la religión, rechaza la sexualidad fuera del matrimonio. Si bien a esas edades, y a pesar de la efervescencia hormonal, la relación amorosa está muy idealizada, quizá más en las chicas, ella siente el impulso físico, es sincera consigo misma, y para escapar al peligro adopta aquella decisión. Claro que el pudor le impide llevar hasta ese punto su explicación a Paco.
Hegemon: “Al inicio, Carmen tiene unos principios que parecen irrenunciables pero se van amoldando y flexibilizando según transcurren las cosas a su alrededor en general y con Berto en particular. Acepta la historia sexual de Berto con su otra hermana. Y luego con la rusa cuya reacción, al enterarse, sorprende al propio Berto. Muchas mujeres de su condición no lo hubieran aceptado. También se acuesta con él sin ninguna pasión, casi obligada”. Es preciso tener en cuenta las circunstancias de cada caso. Carmen percibe que no puede exigir a Alberto que comparta plenamente su moral, esa es una tensión inevitable: no la hace feliz, pero la acepta con realismo. Si cede, un tanto desesperada, a la demanda de Alberto de acostarse con ella, es por el momento en que teme perderlo definitivamente. Y en cuanto a lo de Alberto con su hermana Luisa, a ella le tranquiliza saberlo un asunto meramente sexual, no amoroso, aparte de ocurrir antes de que hubiera ningún compromiso entre los dos. Y sobre la rusa, el mismo Alberto lo piensa: si Iliena no estuviera muerta, la reacción de Carmen no sería tan “comprensiva”.
También podría describirse la curiosa familia de Paco, en fin, a través de los trazos sueltos que ofrece el protagonista.
