¿Son demócratas PP y PSOE? / La personalidad de Carmen

Blog I: ¿Qué es ser antifranquista? http://www.intereconomia.com/blog/que-ser-antifranquista-20130913

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Uno de los tópicos más repetidos por los  políticos del PP y del PSOE consiste en atribuirse la condición de demócratas.  “Nosotros los demócratas”,  dicen,  venga a cuento o no. Y no hace falta ser un lince para apreciar la falsedad.  La Constitución exige a los partidos un funcionamiento democrático, pero se trata de camarillas oligárquicas y demagógicas que monopolizan el poder dentro de sus propios partidos. Luego está su corrupción no solo económica, sino aún más intelectual y política, una “cualidad” que no refuerza precisamente la democracia, en realidad la socava. Por otra parte, un gobierno legítimo  tiene obligación de cumplir y hacer cumplir la ley, lo que tampoco ocurre. El caso peor se produce en relación con los separatistas, los cuales vienen pisoteando la ley desde hace muchos años sin que ningún gobierno nacional los haya metido en vereda. Al contrario, todos los gobiernos les han ayudado a incumplirla, quitando voz o acallando a quienes, en nombre de las libertades y de la unidad de España, protestaban contra los desafueros.  En suma, han regalado a los peores  y más declarados enemigos de España todo tipo de medios para que siguieran atacándola. O han premiado con mil cesiones los asesinatos de la la ETA, a costa del estado de derecho… Entre tantas otras fechorías. Un gobierno, un partido capaz de perpetrar tales desmanes no es democrático, sino que se deslegitima como contrario a la democracia, al estado de derecho, a la estabilidad y la unidad nacional.  Estos “demócratas” creen, al estilo bananero, que quien consigue mayoría de votos ya puede hacer cualquier cosa con la soberanía, el erario y las leyes.

Hoy, el separatismo, muy poco importante al principio de la transición, se ha convertido en la mayor y más peligrosa plaga para la democracia española. Y la causa principal de él se encuentra en la casta política, especialmente en  los dos partidos llamados por sorna “nacionales”.

El peligro ha alcanzado tal gravedad, que para salvaguardar la nación y el imperio de la ley no queda otro remedio que aplicar el artículo 155 de la Constitución, aprobada también por la mayoría de los catalanes (más que en Madrid, por ejemplo):  “Si una Comunidad Autónoma no cumpliere las obligaciones que la Constitución u otras leyes le impongan, o actuare de forma que atente gravemente al interés general de España, el Gobierno, previo requerimiento al Presidente de la Comunidad Autónoma y, en el caso de no ser atendido, con la aprobación por mayoría absoluta del Senado, podrá adoptar las medidas necesarias para obligar a aquélla al cumplimiento forzoso de dichas obligaciones o para la protección del mencionado interés general”.  La única medida que hoy parece posible para corregir los desmanes de la Generalidad es la suspensión indefinida  de la autonomía, acompañada de la corrección de todos los errores e incumplimientos legales consentidos  o fomentados hasta ahora.

Pero, ¿aplicará la ley, aplicará la Constitución el gobierno anticonstitucional y no democrático de Rajoy?  Nadie lo espera.  Al contrario, habla de acomodos y diálogos. Obsérvese que, con absoluta ilegalidad y a impulsos del gobierno de Zapatero, se impuso un segundo estatuto de autonomía, anticonstitucional y apoyado en las urnas por solo el 37% de los catalanes. Ese estatuto, como explicó Maragall dejaba en residual la presencia del estado en la región, suponía una constitución particular, permitía a la Generalitat tratar por igual con Aragón o con cualquier región europea  y autorizaba, en suma a “hacer  lo que se quiera. Y lo haremos”.  El único paso que falta para la secesión es el que se proponen dar Rajoy y Mas, quizá dejando alguna apariencia inane de unidad para engañar al pueblo.

Espero que en algún momento no tardío los Rajoy, Zapatero, Mas y compañía tengan que comparecer ante los jueces para dar cuenta de sus bellaquerías contra España y contra la democracia. Porque si esto no ocurre, esos corruptos sinvergüenzas acabarán con todo.

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La situación de Carmen

ZGZNA:  A mí me cuesta creer que Carmen lo echara (a Alberto)  porque le costara contener sus impulsos sexuales cuando era una chica muy joven, sin experiencias previas y con una moral como la suya.

Debe tenerse en cuenta que el anciano Alberto, ex profesor de filosofía, decribe los sucesos con sobriedad, sin emplear retórica emocional ni explicaciones largas, por lo que el trasfondo de los sucesos queda a veces poco evidente.  Carmen explica sus reacción de dos maneras: por principios morales y porque “otros están peor (que Alberto)  y espabilan”. La segunda expresión encierra una dosis de orgullo: ella, una adolescente de 16 o 17 años, está en cierto modo peor y ha espabilado. Cuando se habla de edades, en una novela o relato personalizado, conviene huir de las generalidades sociológicas según las cuales, “los adolescentes”  son así o se comportan asá. No es lo mismo una adolescencia en una familia pobre que en una rica o media. Menos aún en una situación normal y pacífica que en otra de guerra o revolución,  cuando todos los principios se trastocan. Además, en todas las edades hay personas que destacan mucho de la media  en un sentido u otro. Carmen ha debido  desenvolverse en condiciones muy arduas, que la  han hecho madurar  de forma inusual en muchos aspectos.  Es rebelde, y por aversión al comunismo de sus padres no quiere volver con ellos, y se expone ayudando  en la quinta columna. Trabaja en la cocina del Ritz, donde ha de bandearse con “moscardones y jefecillos” que  se creían con derecho de pernada. Puede hacerlo  sin excesivos percances porque Paco  se presenta allí como su amante, tiene prestigio y es de los que se hacen respetar. Aun así, ella vive prácticamente sola, porque su hermano, aunque visite con frecuencia el piso, no es seguramente una gran compañía.  Así que si ella puede soportar tales circunstancias, Alberto también debe. Quizá haya un impulso inconsciente de someterle a prueba.

Alberto debió de ser un consuelo para su semisoledad, hasta que ella se descubre atraída por él. Pero, como católica cuyo fervor se refuerza en un medio radicalmente hostil a la religión, rechaza la sexualidad fuera del matrimonio. Si bien a esas edades, y a pesar de la efervescencia hormonal,  la relación amorosa está muy idealizada, quizá más en las chicas, ella siente el impulso físico,  es sincera consigo misma, y para escapar al peligro adopta aquella decisión.  Claro que el pudor le impide llevar hasta ese punto su explicación a Paco.

Hegemon: “Al inicio, Carmen  tiene unos principios que parecen irrenunciables pero se van amoldando y flexibilizando según transcurren las cosas a su alrededor en general y con Berto en particular. Acepta la historia sexual de Berto con su otra hermana. Y luego con la rusa cuya reacción, al enterarse, sorprende al propio Berto. Muchas mujeres de su condición no lo hubieran aceptado. También se acuesta con él sin ninguna pasión, casi obligada”.   Es preciso tener en cuenta las circunstancias de cada caso. Carmen percibe que no puede exigir a Alberto que comparta plenamente su moral, esa es una tensión  inevitable: no la hace feliz, pero la acepta con realismo.  Si cede, un tanto desesperada, a la demanda de Alberto de acostarse con ella, es por el momento en que teme perderlo definitivamente. Y en cuanto a lo de Alberto con su hermana Luisa,  a ella le tranquiliza saberlo un asunto meramente sexual, no amoroso, aparte de ocurrir antes de que hubiera ningún compromiso entre los dos.  Y sobre la rusa, el mismo Alberto lo piensa: si Iliena no estuviera muerta, la reacción de Carmen no sería tan “comprensiva”.

También podría describirse la curiosa  familia de Paco, en fin, a través de los trazos sueltos que ofrece el protagonista.

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Intereses internacionales de España / Atracción sexual y atracción amorosa.

Blog I:  “Diada”: la farsa dentro de la farsa / Diez años de “Los mitos de la guerra Civil”: http://www.intereconomia.com/blog/presente-y-pasado/diada-farsa-farsa-diez-anos-los-mitos-guerra-civil-20130910#comments

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La cuestión de Siria, como antes las de Irak y Afganistán, ponen sobre la mesa la ausencia de una política internacional  de España, más allá de los beatos fervores “europeístas” y de la supeditación a las decisiones de Usa. La ignorancia de nuestros políticos y de mucha gente dice que de otro modo nos separaríamos de “Europa”, nos aislaríamos. Otros afirman que es mejor que nos gobiernen desde Bruselas o Berlín, porque con los políticos que tenemos… Pero los políticos de fuera no son mucho mejores, y obviamente mirarán por los intereses de sus países, no del nuestro: la confusión y falta de criterio por aquí no tienen límites. El hecho es que España, dentro de Europa, es un país excéntrico, como Inglaterra o Suecia; que tiene un ámbito cultural amplísimo, sobre todo en América, al que debe atender; que solo tiene un enemigo potencial, Marruecos, agresivo pero afortunadamente débil, y frente al cual no son ninguna garantía la UE ni la OTAN. Estos datos, muy desarrollables, señalan unos intereses españoles fuertemente diferenciados de los de otros países vecinos, lo que implica una política internacional propia, no enemiga pero tampoco subordinada a las otras potencias europeas. El éxito de España en el siglo XX – y fue un éxito realmente magnífico–, consistió en mantener la neutralidad en las dos guerras mundiales. Neutralidad solo parcial e inevitablemente rota durante la guerra fría, mediante una relación particular y mutuamente beneficiosa con Usa, sin subordinación (Cuando Johnson pidió el envío de tropas a Vietnam, Franco se negó, y le vaticinó la derrota –mandó un grupo de 12 sanitarios, nada más). Terminada la guerra fría, opino que esa relación debe mantenerse, aunque con otras formas, y utilizándola también, e igualmente a la OTAN,  como presión para la devolución de Gibraltar. Hace años escribí este artículo, contra los que hablaban de aislamiento, de salir de “Europa” y similares:

¿Está Suiza en Europa?

Los suizos siempre han tenido fama de aficionados a las armas, hasta el punto de que solían alistarse en otros ejércitos como mercenarios; a veces en ejércitos enemigos entre sí, y, según cuentan, en las treguas se reunían suizos de uno y otro bando a beber y comentar los incidentes de los combates. Todavía observamos ese carácter en la seriedad con que se toman la preparación militar. Pero, como país, es el que ha disfrutado de más larga paz en Europa, permaneciendo neutral en todos los conflictos que han devastado el continente en los últimos dos siglos.

Esa neutralidad ha tenido algunos costes, y en la última guerra mundial el comportamiento suizo en relación con, por ejemplo, los judíos, distó de ser modélico —mucho mejor fue el de Franco, por poner un caso—. Pero el balance de conjunto es inmensamente positivo, y no sólo para la propia Suiza, país elegido como sede de la Sociedad de Naciones, donde nació la Cruz Roja, y donde numerosos estados contendientes han firmado o negociado el fin de sus querellas. Suiza es, además, una de las más antiguas y prestigiosas democracias del mundo. Es una considerable potencia industrial y también científica —superior a España, por cierto— y artística; la célebre opinión reflejada en “El tercer hombre” simplemente no pasa de tontería. Y es quizá el país más sólidamente rico de Europa.

Suiza ha seguido, en general, el camino de apoyarse en sus propias fuerzas y en su propia experiencia, evitando mimetismos y sin aislarse, no obstante, del exterior. Pese a las fuertes presiones para que se sume a la corriente, ha declinado entrar en la Unión Europea. Obviamente, no muestra el menor complejo por ello, ni a ningún político se le ocurre presentarla como ajena a Europa. Al contrario, los suizos tienen la impresión de ser en muchas cosas más bien un modelo para el resto del continente. Que un país tan pequeño muestre tal confianza en sí mismo es un hecho destacable, pero mucho más el que esa confianza se haya demostrado tan justificada.

Nuestro caso es casi justamente el contrario. Parece que estuviéramos siempre dispuestos a olvidar o menospreciar nuestra propia experiencia, a no darnos a nosotros mismos un margen de confianza, a buscar fuera, con espíritu milagrero, algún bálsamo de Fierabrás a nuestras heridas. Cuando oigo referencias al “orgullo español”, por parte de franceses o ingleses, me quedo perplejo. No sé si habrá ahora mismo en Europa un pueblo más servil y falto de confianza en sí mismo. Autodesconfianza tan justificada como la confianza suiza, pues, en círculo vicioso, engendra sus propios males.  (LD, 11-5-2003)

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Sobre una extraña reacción de Carmen: 

En el capítulo V,  Alberto emprende su nueva vida sin estar aún repuesto,  empujado por Carmen a buscarse la vida fuera de la casa ocupada por ella y su hermano Paco. Sus otros avatares, en los que se mete un tanto a desgana pero sin poder  evitarlo, haciéndose con un carné de la CNT, que le facilita su amigo,  e ingresando en un cuartel de milicias, solo son hechos no demasiado infrecuentes por entonces en Barcelona, salvo el segundo. Es decir, en medio del caos de los primeros meses, mucha gente, de derechas o indiferentes, se hacía con algún carné de cualquier grupo político de izquierdas,  pero no para combatir, sino para andar con alguna seguridad por las calles o enchufarse en alguna labor cómoda de retaguardia.  La  cuestión es por qué  Carmen expulsa a Alberto, algo que solo se aclarará más adelante. Siendo Carmen un tanto “beata” según la descripción de su hermano, se siente aparentemente perturbada por tener que vivir en la misma casa con un amigo:   “Son sus principios morales –le informa Paco—Te aceptó porque estabas en las últimas, y como ya has mejorado  debes arreglarte por tu cuenta, dice que otros están peor y espabilan. Ella misma, tan joven y sin  experiencia, bandeándose en el Ritz con moscardones y jefecillos déspotas…”

Obviamente, ni  el sagaz Paco ni, sobre todo, Alberto,  aún con la resaca de su anterior desdicha, interpretan mal la situación y los motivos de Carmen. Paco, porque está atento a otras cuestiones: acepta el despotismo de su hermana porque no quiere disputas con ella que pongan en peligro el piso, su refugio. Y Alberto marcha, resentido y débil, para enfrentarse a unas tareas que por entonces no habría podido sobrellevar sin la tutela de su gran amigo, tan nietzscheano, según lo ve zgzna y otros.

   Hay dos tipos de atracción, la puramente sexual, es muy amplia, quizá más en el varón, y la amorosa, mucho más complicada y exclusiva, de origen  total o casi totalmente inconsciente: la leyenda de Tristán e Isolda lo representa con la pócima mágica, que se impone a la voluntad.  Como sabremos más tarde, Alberto se había sentido atraído ya de niño por Carmen. Es difícil decir cómo se compagina esto con su actitud frustrada ante la expulsión del piso. Cree haber hablado poco con la chica y sin ningún interés especial. Estaba todavía un tanto fuera de sí, pero ella quizá  había considerado menos anodinas las charlas diarias al volver del Ritz.  De todas formas, en adelante serán las empresas aventuradas las que tiren de él. Esto es un tópico en cierta literatura épica, donde el personaje elige la acción heroica por encima de la vida amorosa o doméstica.  Aquí, la elección le viene impuesta por la mujer, sin quererlo en realidad ninguno de los dos.

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¿Qué se busca en Siria? / Tipos de relatos de acción.

Blog I Al despertar del sueño olímpico… http://www.intereconomia.com/blog/despertar-sueno-olimpico-20130908

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**Si fuera cierto el dicho napoleónico de que las guerras se ganan con dinero, dinero y dinero, Usa habría ganado en Vietnam (y Franco habría perdido la Guerra Civil)

**Usa fue la primera superpotencia desde 1945, y la única desde 1991. Sin embargo ha fracasado en Vietnam, Líbano, Somalia, Afganistán, Irak, Egipto,  que recuerde ahora. Y se dispone a fracasar en Siria.

**La agresión a Siria haría que Usa luchara hombro con hombro con Al Qaida. La de las torres gemelas.

**A Usa y a la anticristiana UE, el destino de los cristianos sirios no les importa en absoluto.

**Con su apoyo a la agresión contra Siria, Rajoy demuestra una vez más su carácter lacayuno.

**A España no se le pierde nada en Siria. Como no se le perdía en Vietnam. Por eso Franco se negó a enviar tropas y vaticinó a Johnson la derrota.

**España no debe resignarse a ser un satélite de Usa o del eje París-Berlín. Sería un gravísimo error. Los satélites cargan con las malas consecuencias y no entran en las ganancias

**Es difícil imaginar algo más contrario a los  derechos humanos que los rebeldes de Siria (muchos de los cuales no son sirios), alentados por Obama y la UE.

**Pocas cosas más contrarias al ideal de democracia que los integristas islámicos, a quienes apoyan la UE y Usa.

**¿Está en juego, en Siria, el armamento nuclear que está desarrollando Irán?  No parece.

**¿Está en juego en Siria el petróleo? Ni lo está ni lo estuvo en Irak

**¿Existe en Siria un  problema de rivalidad e influencias entre Usa y Rusia (o China)?  Suena más probable.

**Confieso que no acabo de entender el embrollo de Siria, ni me convencen los contradictorios análisis que leo.

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Aunque Paco, Alberto y Carmen son muy maduros, o la guerra les hace madurar muy aprisa, conservan ciertos rasgos infantiles. Se alegran demasiado y esperan consecuencias decisivas de las informaciones sobre victorias nacionales;  Alberto se entusiasma con las aventuras que le  cuenta Paco del frente de Zaragoza; Paco dice creer en el destino (piensa que le está reservado un destino importante, o al menos está decidido a intentarlo, ya que ha llegado al mundo sin intervención de su voluntad, aunque esto no es demasiado infantil).  En el relato de Paco sobre su paso por las brutales trincheras  hay algo incongruente, que me señaló un militar: cuando alguien se pasaba al bando nacional y se ofrecía a trabajar para él en la retaguardia enemiga, no se le aceptaba de buenas a primeras, sino que era interrogado, pasaba por un campo de prisioneros y era sometido a vigilancia antes de aceptarlo.  No obstante, Paco es aceptado después de solo unos interrogatorios. Sin embargo, esto ocurría al principio de la contienda, cuando en los dos bandos reinaba cierto caos y muchas decisiones se tomaban sobre la marcha, cuadraran a las ordenanzas o no. Aparte de que en situaciones así ocurren los hechos más inesperados.

De su experiencia y primer fervor revolucionario, Paco ha cosechado una amarga decepción, no precisamente teórica, sino práctica y, de acuerdo con su espíritu animoso y confiado, está dispuesto a contribuir cuanto pueda a la derrota del Frente Popular.  Aun sin identificarse claramente con los ideales del bando nacional, que tampoco conoce bien. Pero no piensa integrarse del todo en la quinta columna,  sino que mantiene frente a ella cierta de razonable distancia, por temor a caer en alguna redada general, y que efectivamente le será útil.  Alberto sigue convaleciente, con la mente confusa, pero se interesa. A pesar del asesinato de su padre y desaparición de su madre y hermana, tiene todavía ciertas dudas y reticencias, y es la confianza en su amigo y un vago deseo de acción lo que le empuja. Los dos se conocen y saben por dónde respira cada uno.

En la literatura y el cine más frecuentes, sobre todo los useños, los personajes de acción son solo de acción, tipos duros movidos sobre todo por  codicia de dinero o de poder, o por el sexo, y su inteligencia no pasa de ahí, de la habilidad para actuar en su provecho y adelantarse a sus rivales. Si hay un problema moral,  suele ser simple y quedar implícito; muchas obras tienen también pretensiones  amorales. En El padrino,  queda de relieve con especial calidad. El comunismo, en cambio  ha creado hombres “de una pasta especial”, como decía Stalin, que unían el interés y disciplina teóricos a la capacidad de acción, aunque, paradójicamente, no por el dinero o por algún bien material (La noche quedó atrás, de Jan Valtin, lo refleja bastante bien. Incluso El cero y el infinito). Es otro tipo de gente de acción. En el fascismo es distinto, la acción resulta más despótica, con ideales de apariencia más simple, y quizá por eso no ha dado pie a una literatura de mayor  interés, o al menos no la conozco, aunque la adopción del dicho de Nietzsche “Vive peligrosamente”, debiera haber tenido el efecto contrario. En el bando nacional y en la Falange, el elemento católico milita contra la aventura, que cuando se da aparece distorsionada por cierto buenismo y falta de verdadera tensión: se sabe demasiado fácilmente quiénes son los malos y quienes los buenos, movidos por una bondad convencional. La única excepción que conozco (en cuanto a la religión) es La paz empieza nunca, de Emilio Romero  cuyos personajes, no obstante,  aparecen demasiado simples en mi recuerdo. Yo diría que los personajes de Sonaron gritos difieren bastante de los tipos anteriores, se aproximan más al comunista, sin encajar tampoco gran cosa en él

 

 

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Por una España emprendedora / Verosimilitud de Paco, Alberto y Carmen

Blog I: ¿Por qué se luchó en la Guerra Civil? http://www.intereconomia.com/blog/presente-y-pasado/por-que-se-lucho-guerra-civil-20130906

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Las épocas de auge y decadencia de los países pueden  medirse por su capacidad emprendedora, tanto en el terreno  de la alta cultura como en el económico o el político. En el siglo XVI, España exploró y descubrió medio mundo, y su historial naval  queda sin duda como el más destacado de la humanidad: baste señalar que fue el primer país en cruzar el Atlántico y el Pacífico, los mayores océanos, y en dar la vuelta al mundo, entre muchas otras proezas. Ello no había podido hacerse sin una depurada técnica y preparación de pilotos y especialistas, en general. Dejo aparte las empresas militares, inevitables y necesarias contra la cuádruple hostilidad de turcos, protestantes, franceses e ingleses, pero que terminaron por agotar la capacidad financiera al cabo de un siglo largo  (por otra parte, hoy es impensable para España  nada parecido). España disponía de gran número de universitarios y de dos universidades prestigiosas, en las que bullía un pensamiento y una vida intelectual de gran altura, y fue capaz de fundar universidades, además de ciudades, en los países descubiertos y colonizados. Al mismo tiempo, su arte y literatura tienen una gran originalidad, dentro de la cultura europea.

Con la decadencia,  el espíritu de empresa involucionó a otro conservador, burocrático y rutinario, con aversión a las novedades. La universidad y la enseñanza degeneraron, incapaces de incorporarse a la ciencia y de generar un pensamiento influyente.  El siglo XIX fue el fondo del estancamiento, plagado de luchas internas y declive económico relativo, de enseñanza y universidad insignificantes, e ineptitud para entrar en la revolución industrial, exceptuando algunos atisbos en Barcelona y Bilbao.  Solo hacia el final del siglo hubo una progresiva, pero lenta recuperación económica, política (mayor estabilidad) e intelectual y literaria. Después de las convulsiones y la guerra civil del siglo XX, España demostró un nuevo espíritu: fue capaz de derrotar una revolución que sumió  en la tiranía y el estancamiento económico a un tercio de la humanidad; de desafiar  con éxito el injusto aislamiento impuesto por los vencedores de Alemania; de  vencer una peligrosa guerra de guerrillas que aspiraba a recobrar la tradición de guerras civiles; de crecer económicamente como nunca antes, recobrando gran parte del terreno perdido con respecto a la Europa rica; y de generar una vida cultural, si no brillante sí bastante original y prometedora.

La transición cumplió una necesidad de la época, pero la cumplió mal. En economía, el ritmo de desarrollo se ralentizó, el paro fue haciéndose masivo, la desigualdad social aumentó y empeoró la salud social; la universidad se expandió, pero su calidad  y productividad bajó en el terreno del pensamiento y la invención –aunque mantuvo un buen nivel técnico en muchas materias– . Culturalmente, el país entró en el páramo que absurdamente se achacaba al franquismo, con muy pocos autores u obras de algún interés y seguimiento mediocre de  modas foráneas;  la historiografía, sobre todo la del pasado reciente, se convirtió en una fábrica de distorsiones… Solo en algunas ramas de la economía (banca, construcción, textil,  diversas empresas de servicios de proyección internacional) permanece un espíritu de empresa, aunque culturalmente ya no sea español en la mayoría de los casos, desplazado por la moda anglosajonizante.

Un efecto de la decadencia cultural ha sido el desprecio sistemático a los ayeres de España, ya desde el regeneracionismo, solo corregido parcialmente en el franquismo y reforzado en la transición. Ello solo puede socavar las capacidades  de  la sociedad.   Hoy, sometida a tensiones disgregadoras, crisis económica, mal futuro demográfico  e involución democrática, España parece al borde del desmoronamiento, como titulaba Recarte un estudio  de la situación. Se percibe un clima de desilusión y apatía, pero precisamente por eso es más necesario que  nunca recuperar el espíritu emprendedor en todos los planos. Si la reacción se produce, el tiempo lo dirá, pero algún partido debiera tratar estas cuestiones con un realismo optimista.

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En el tercer capítulo de  Sonaron gritos y golpes a la puerta, Alberto, tras un breve episodio o recaída psicótica, va siendo capaz de mantener alguna conversación, y así se entera  por Paco de la guerra en curso, de la que no sabía nada. A lo largo de su aventura se equivocarán casi siempre en sus  análisis y expectativas sobre la marcha del conflicto, lo que a veces les lleva al desaliento y la abulia, aunque en general mantengan el ánimo.  Lo más significativo es probablemente la conversación con Carmen. Paco presenta a su hermana, un poco en broma, como una “beata”, y ella somete a Alberto a un pequeño interrogatorio para saber si es ateo  como parece ser su hermano. Alberto no sabe realmente lo que es,  pero adopta una pose desenvuelta que decepciona a la chica: “Los que han matado a tu padre tampoco creían en Dios”, murmura. Ella se había rebelado contra el marxismo al que habían evolucionado sus padres, y se aprecia que es una chica con carácter y convicciones sólidas.

El problema implícito es el de los efectos de la fe  religiosa. Esta, para los creyentes, es necesaria para sostenerse en la vida y para obrar  con sentido y lo que suele llamarse bondad. Sin embargo, Paco y Alberto, en su peculiar agnosticismo, serán capaces de afrontar los desafíos de aquella situación turbulenta, y si no siempre sus acciones pueden calificarse de bondadosas,  tampoco lo son muchas veces las de los creyentes. Por lo demás, aparece ya una diferencia profunda entre los dos amigos. Alberto tiene algunos toques neuróticos, lo que cabría atribuir a su reciente experiencia y al efecto de su semipérdida de la razón, aunque al final de la primera parte nos enteraremos de que había otras razones anteriores, de las que no era consciente, para sus problemas psíquicos. Paco, en cambio, es bien parecido,  desenvuelto, jovial, con gran autoconfianza y afición al peligro;  desenvuelto y exitoso con las mujeres, frecuentaba prostitutas casi desde la pubertad y tenía una amante, con 18 años.  Para este personaje me inspiré, en parte,  en un amigo de la adolescencia, que con 16 años era el chulo de una prostituta joven. Este tipo de personas suele ser extremadamente trivial y “macarril”,  y en general sin mucha inteligencia, pero Paco  tiene la peculiaridad, desde luego infrecuente, de una gran curiosidad y afición por el pensamiento, las teorías  Una especie de filósofo y hombre de acción al mismo tiempo, cosa, ya digo, poco habitual.

La amistad de los dos personajes nace de esas comunes aficiones, y también de un afán de aventura que en Alberto podría interpretarse también como una huida de sí mismo, al menos en parte.  Por lo demás, como sabremos más adelante, Alberto  se había encontrado con Carmen dos o tres veces cuando eran niños, y se había sentido muy atraído por la chica. Esto tampoco es muy corriente, pero desde luego se da.

La guerra va a moldear de un modo peculiar la relación entre los dos amigos, muy compenetrados a pesar de sus diferencias psíquicas o anímicas. He recibido críticas por haber atribuido a unas personas tan jóvenes tales aficiones filosóficas y otras complejidades psicológicas. Pero por experiencia y recuerdos del colegio, sé que hay adolescentes con esas características. Por lo demás, ya he dicho que, salvo algunos casos, no he querido imaginar personajes convencionales o costumbristas.

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Por una España reconciliada / Misterios económicos /Coherencia literaria.

 

Recuerdo un artículo de El País, hace muchos años, comentando el desconcierto de muchos supuestos expertos europeos sobre España por la forma tranquila como la masa de los españoles  llevaba el cambio democrático. No había grandes revueltas ni ansias de “venganza”  por haber sufrido tanto del franquismo,  etc.  Y esa es la verdad. Y fue  esa actitud muy mayoritaria la que permitió realizar la transición  a unos políticos de escasa talla, de “vuelo corraleño”,  cuyos errores e incapacidad para corregirlos han desembocado en la profunda depresión actual.

El secreto de la  relativa facilidad de la transición fue la reconciliación casi general conseguida bajo el franquismo, y que hizo posible que de este, y no de sus enemigos, saliera la democracia. Esa reconciliación se consiguió ya en los años 40 de forma negativa: las masas que habían apoyado y después padecido el Frente Popular, no tenían ya la menor ilusión por volver a algo parecido. El “Himalaya de mentiras” de que hablaba Besteiro se había aplanado. Y poco a poco, los extraordinarios logros del régimen (realmente extraordinarios si los comparamos con cualquier otro anterior desde la Guerra de Independencia)  volvieron la reconciliación más  positiva. La inmensa mayoría de la gente progresó,  desapareció el hambre y quedó en marginal el analfabetismo, España entró en el selecto club de los países de mayor renta per capita, había una gran libertad personal con un estado pequeño, y libertad política restringida, pero no inexistente. Quienes se consideraban demócratas o liberales se adaptaban bien a la situación, en la que prosperaban incluso en el aparato del  estado (no hubo oposición democrática: la real fue  sobre todo comunista y terrorista).  Etc.    Hay que recordar estas obviedades una y otra vez, porque la negación de ellas está cimentando un nuevo clima de odios.

Por supuesto, quedaban irreconciliables entre los marxistas, los terroristas y los separatistas, y se daba también la paradoja de que  según el régimen se liberalizaba, la oposición se volvía más cerril y radical. Pero eran minorías con poca influencia, que a menudo debían disimular sus verdaderos propósitos para atraerse a la gente.

Los fallos de la transición provocaron que esta situación envidiable fuera deteriorándose desde el principio, identificando democracia con antifranquismo (en tal caso, nadie más demócrata que los comunistas o los etarras). El antifranquismo, además de antidemócrata,  era irreconciliable,  negaba legitimidad al franquismo y se la regalaba a la república y al Frente Popular, sin hacer distinción entre ambos. Pero la república sucumbió ante los odios desatados desde el principio de ella, llevados a su apoteosis por el Frente Popular. Y nada más natural que los nuevos legitimadores de ambos regímenes  cultivasen las mismas demagogias de antaño,  que poco a poco se fueron infiltrando en el cuerpo social a través de libros, artículos y sobre todo  el cine y la televisión. Hoy encontramos una población que mayoritariamente  ignora o tiene ideas del todo equivocadas sobre su propio pasado, junto con una minoría muy activa empeñada en divulgar distorsiones que llegan a ser demenciales y contradictorias.  La mezcla de odio y estupidez que se percibe a través de las redes sociales, en tertulias y programas de radio y televisión, etc, son por sí solos  un buen timbre de alarma ante una situación  que no para de deteriorarse.   Claro está que todo ello solo fue posible por la deserción derechista de lo que los marxistas llamábamos “lucha ideológica”.

Cuando hablo de una España reconciliada, me refiero a una democracia que reconozca sus orígenes, que se apoye firmemente en el rechazo a experiencias delirantes y fallidas, que conozca la historia, en suma. Porque solo puede haber reconciliación sobre la verdad, mientras que el Himalaya de mentiras que han vuelto a alzar los antifranquistas retrospectivos solo puede  originar mayores y más enconados conflictos. Como vemos a cada paso.

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Escribía Alberto Recarte en 2010 (El desmoronamiento de España)  “El déficit público debe reducirse al 9,3% del PIB en 2010 y al 3% en 2013. La opinión unánime de las instituciones europeas, el FMI, los analistas y los inversores es que si el gobierno español no fuera capaz  de asegurar ese resultado, sería imposible financir en el exterior el proceso de ajuste, lo que se traduciría en la suspensión de pagos de nuestrop país. Un resultado que nadie quiere por las repercusiones que tendría en el euro como moneda única, en la supervivencia de algunas instituciones europeas y por las nuevas provisiones que necesitaría el grueso de la banca europea, que tendría que acudir nuevamente a los Estados en que está domiciliada para volver a ser capitalizada”

Una catástrofe, pues. Pero tengo idea de haber leído que el déficit público en este año 2013 no bajará del 7%.  ¿Qué es lo que ha fallado? Por qué el déficit no se ha reducido lo necesario y por qué no ha tenido las previstas consecuencias desastrosas? Algún experto podría explicarlo.

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En el comentario anterior sobre Alberto en la novela se me coló, en el último párrafo, algo que ya había publicado, sobre la reacción de Alberto ante  el asesinato de su familia. Como dije a Hegemon: “La reacción de Alberto, que en ese momento tiene 17 años, se explica no solo por el episodio que acaba de contemplar sino porque, de pronto, se encuentra totalmente solo, su casa se ha convertido en un peligro y la vida a que ha estado acostumbrado hasta entonces ha cambiado drásticamente. No solo ha sufrido un choque muy traumático, sino que también se encuentra totalmente desamparado y con la sensación de amenaza por todas partes. Pregunté a un psiquiatra si su reacción es explicable y me dijo que sí, una mezcla confusa de pánico y de deseo de olvidar o más bien negar la experiencia.  Lo que en todo caso le parecía menos verosímil es que recuperase la presencia de ánimo en unas semanas, porque a menudo la recuperación tarda meses e incluso años. Pero como cada caso es diferente y la sensación de amistad y la propia atracción por Carmen  podían haber ayudado, pues no resulta del todo imposible“.

De hecho conozco personalmente casos  de reacciones a traumas, que en personas de carácter débil tienen cura muy larga, incluso nunca llega a superarse del todo, mientras que otras se reponen con bastante rapidez una vez encuentran un ambiente propicio. Como fuere, este tipo de verosimilitud no tiene demasiada importancia en una novela , que tiene su propia coherencia interna (Don Quijote, por ejemplo, sale relativamente indemne de las palizas que recibe, las cuales, tal como son descritas por Cervantes le habrían roto varios huesos, por lo menos, obligándole a largos períodos  de descanso y curas para reponerse).

Lo que realmente me interesaba más es el resto de lucidez y el consuelo que permite a Alberto abstraerse de sus miserias  en los ocasos y los amaneceres. La reflexión sobre la desaparición de la realidad o su transformación por efecto de la luz debe atribuirse más a la forma como lo recuerda alguien que se ha dedicado profesionalmente a la filosofía.

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