Blog I: El gran problema histórico de España: http://www.intereconomia.com/blog/presente-y-pasado
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Caminos cortados en el siglo XX
Las ideologías más influyentes en el siglo XX han sido el marxismo, el freudismo y el liberalismo. El liberalismo pasó por dos grandes crisis, la posterior a la I Guerra Mundial (librada entre regímenes básicamente liberales, con la excepción del Imperio turco y, parcialmente, del ruso); y la larga depresión del 29, también terminada en guerra general, que generó la solución keynesiana; la cual no abolía el liberalismo, pero lo limitaba y expandía el estado, a veces en grado fantástico.
El marxismo “duro”, o comunista, se impuso en pocos decenios sobre un tercio de la humanidad, impulso nunca visto en la historia. E influyó poderosamente en casi todo el resto, tanto directamente en el plano político (partidos comunistas y durante largo tiempo socialistas) como en el plano intelectual, cambiando o matizando ideas de otras corrientes, también de la Iglesia católica. Su peso en autores y universidades de todo el mundo, permanece, a veces con fuerza insospechada (en España tenemos amplia muestra de historiadores “lisenkianos”, como en Inglaterra, Francia, etc.)
La influencia de las teorías de Freud ha sido enorme a lo largo del siglo, en los planos intelectual y artístico sobre todo. Después de la II Guerra Mundial se ha combinado, mejor o peor con el marxismo en los movimientos juveniles, universitarios, también con ambientes liberales que a su vez orientaban ideológicamente la enseñanza y políticas sociales en diversos países “capitalistas”. Los regímenes comunistas, en cambio, rechazaron el psicoanálisis, entendido como ideología “burguesa” que aspiraba a hacer la competencia a la explicación de la historia por la lucha de clases.
Pese a todo, muy pocos se declaran hoy marxistas o freudistas consecuentes, aunque retazos y retales de ambas ideologías sigan condicionando la vida intelectual y política. Conviene explicar, así, tanto el prolongado éxito de ambas formas de pensamiento como su evidente fracaso final (o casi final). Dicho en pocas palabras, el éxito provino de su coherencia a partir de bases en principio científicas. Científicas en el sentido de que planteaban hipótesis racionales y no religiosas sobre la naturaleza humana y su evolución. Por decirlo un poco a lo bruto, Marx explicaba la sociedad humana a partir del estómago (la economía) y Freud a partir del sexo. La práctica de muchos decenios ha demostrado que ni el marxismo solucionaba los problemas del estómago ni el freudismo los del sexo y neurosis derivadas. Es más, empeoraban ambos. El marxismo creaba una sociedad carcelaria, y el freudismo agravaba la insatisfacción y descomposición social. Ha sido más bien la práctica –a costa de muchos sufrimientos—, y no tanto la aclaración teórica, lo que ha arrumbado a ambas ideologías “al basurero de la historia”, como gustaban decir los comunistas. Así ocurre con muchas hipótesis en la ciencia. Cabe preguntarse, entonces, por el valor de la voluminosísima y trabajosa producción intelectual y artística basada en tales hipótesis tomadas por certezas. Si vale algo esa ingente suma de obras literarias, pictóricas, de pensamiento y análisis social… Lo he sugerido en un artículo (http://www.libertaddigital.com/opinion/ideas/bibliotecas-para-nada-1276205212.html). Como en el caso referido de Castilla del Pino, se trataría de una extraña tragedia.
El éxito de ambas ideologías traduce, sin embargo, el imperativo fundamental humano de encontrar orden y sentido en la existencia. La crisis del cristianismo desde el siglo XVIII y el prestigio de la razón y de la ciencia dieron lugar a ímprobos esfuerzos por sustituir las antiguas explicaciones religiosas. Y las nuevas explicaciones fueron acogidas, paradójicamente, con cierto fervor no muy diferente del religioso. Ello indica otro hecho: que la ciencia y la razón parecen fracasar como soluciones a la inquietud fundamental humana; lo mismo que la religión parece fracasar en tantas explicaciones que chocan con la razón. Un problema no resuelto.
En cuanto al liberalismo, ha recibido críticas radicales tanto desde el marxismo como desde diversas posturas religiosas. Puede decirse que, con todo, el liberalismo ha vencido a las otras dos ideologías, pero no sin quedar un tanto maltrecha. Quizá la tarea intelectual del momento consista en el examen crítico de la experiencia de una época tan agitada y en algunos sentidos prodigiosa como el siglo XX… incluyendo el papel, casi siempre olvidado, del cristianismo.
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El papel de Negrín (LD, 1-3-2001)
Una vieja y siempre actual polémica:
Hojeando un libro sobre la guerra civil escrito por un grupo de estudiosos, casi todos anglosajones y afines a P. Preston, me topo con la vieja polémica sobre la significación histórica de Negrín, en la que Southworth intenta rebatir a Bolloten. Como se sabe, Bolloten consideró a Negrín un agente de la URSS a efectos prácticos, cuya política llevaba a imponer en España un régimen al estilo de las “democracias populares” del este europeo. Hay en la tesis dos partes: una, la plena concordancia de la política de Negrín con la soviética, y otra, el carácter y dirección de esa política. En cuanto a lo primero, no hay ni puede haber discrepancia entre personas medianamente enteradas. Negrín, por propia convicción o por otras razones –eso es aquí lo de menos—, obró como el mejor agente posible de Stalin, entregándole el tesoro español, que puso en manos del soviético el destino del Frente Popular, y facilitando la infiltración del PCE en el ejército y la policía, dos instituciones claves y las únicas que funcionan bien bajo aquel régimen.
El fondo de la polémica, lógicamente, es la segunda parte de la tesis, aunque ello quede disimulado por la hojarasca que tan bien maneja Southworth. Para este, decir que el triunfo del Frente Popular habría llevado a una dictadura como las del este europeo, supone hacer historia-ficción. Tal vez, pero en realidad no es ese el asunto. El polemista pretende convencernos de que la política de Negrín y de Stalin no perseguían otra cosa que defender la democracia. Resultaría de ello que el Partido Comunista –siempre uno de los peores enemigos de la democracia por su ideología, fines, organización y conducta— y Stalin –uno de los tiranos más sangrientos de la historia, sino el más—, habrían defendido la libertad de España. Mejor aun, ¡ habrían sido los más consecuentes y abnegados defensores de nuestra libertad!. Tal rueda de molino requiere unas tragaderas en verdad privilegiadas, y tiene algo de admirable que a Southworth –o a Preston, que le apoya— no le produzca, aparentemente, indigestión alguna.
La tesis de Bolloten es en lo fundamental muy sólida, y el enorme cúmulo de datos, testimonios y fuentes primarias en que la apoya, probatorios de sobra. Pero su misma acumulación ofrece, de modo inevitable, puntos flacos. El método de Southworth consiste precisamente en buscar algunos detalles erróneos o testimonios dudosos, y remachar incansablemente en ellos con la pretensión de destruir la tesis entera. ¡En fin!. En un robledal puede haber algunos pinos, y los Southworth, llamando con insistencia la atención sobre estos últimos, pueden hacer creer a algunos que se encuentran en un pinar. Pero basta extender la mirada sobre el conjunto para apreciar la falacia.
