Necesidad de partido y programa. La farsa de las fosas del franquismo.

Blog de gaceta.es: ¿Salir del euro?/ Frente a la colaboración con la ETA, AVT convoca / Campana de mi lugar (recuerdos sueltos)

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Hace días propuse un esquema de programa de partido ante el deterioro galopante del sistema construido en la transición. La discusión no fue muy fructífera, y la propuesta misma, vista de cerca, iba algo descaminada. Se trata, como en 1976, de proponer una reforma y no una ruptura, es decir, un desarrollo razonable y los cambios necesarios sobre los avances democráticos desde la transición, con rectificación radical del rupturismo de Zapatero en los años pasados. Rupturismo cuyos nefastos puntos esenciales he expuesto en la “Carta abierta a un mamarracho”, que puede servir de guía para lo que es preciso corregir.

Mi propuesta, vista ahora, da la impresión de poner el carro delante de los bueyes, es decir, de plantear como principio una reforma constitucional que solo sería posible después de un proceso en que los partidos actuales terminaran de desacreditarse por sus actos, por la denuncia sistemática de ellos y por la presentación de una alternativa viable.

Si observamos la evolución de los últimos decenios, acentuada desastrosamente bajo Zapatero, comprobamos un deterioro persistente en tres aspectos:  la democracia, la cohesión nacional y la moral pública. Lo cual se ha complicado con la violenta crisis económica actual, en gran medida producto de las anteriores. Esto solo puede remediarlo un partido con unas propuestas de reforma  generales, pero precisas, en  los tres sentidos mencionados. Podría ejemplificarse en cinco puntos: Independencia y despolitización de la justicia. Recuperación  de las competencias educativas y otras por el estado. Defensa de la familia contra el abortismo y promoción de una natalidad equilibrada. Saneamiento económico del estado, reduciendo su tamaño y marcando límites a la intervención de los políticos. Política internacional independiente.

Digo ejemplificar, porque son quizá los puntos más chirriantes ahora mismo, pero en cada terreno debía haber otros. De la mayor importancia sería corregir la política exterior, que cada vez hace más  de España un “aliado lacayo” en la OTAN y la UE, y un país más y más dependiente de poderes supranacionales difícilmente controlables y de funcionamiento muy poco democrático. A ver si planteándolo por partes la discusión mejora.

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Un investigador austríaco me ha escrito:

El texto sobre el Valle de los Caídos lo conocía, lo había leído en la página de la Fundacion Francisco Franco. Como no sabía nada del barranco de Órgiva he mirado en Internet, y he encontrado esta página: http://www.juntadeandalucia.es/gobernacionyjusticia/mapadefosas/busquedaTumbas.cgj?codigoProvincia=4. Según los datos (8 entradas de Órgiva), hay, al menos, 5275 cadáveres en este lugar, algunos números concretos, otros vagos, y hay, además, cinco fosas con un número desconocido. Aunque el número de 5000 parece muy elevado y puede estar exagerado, al menos los bajos (196, 12, 5, 45, 17) me parecen fiables ya que son concretos y documentados. El verano pasado, cuando empecé a trabajar en este tema sin saber realmente mucho sobre el trasfondo, estuve en varias exhumaciones que me parecían serias y con fundamento histórico. Como he visto su rechazo tan frontal a estas exhumaciones he pensado que a lo mejor le interese visitar una exhumación para ver cómo trabajan y qué hay detrás. No lo digo a la ligera sino porque he visto en este tiempo que el enfrentamiento actual se basa, sobre todo, en el no-enfrentamiento real, en una falta de debate basado en hechos, lo que usted ha mencionado al final diciendo que le gustaría debatir con sus oponentes de forma concreta.

En cuanto a su artículo detallado sobre “Víctimas de la guerra civil”: como el libro es de 1999, ha habido más investigaciones y se ha reducido, curiosamente a la baja, el número de víctimas, sobre todo en la parte franquista. En el libro que le mencioné, “Violencia roja y azul”, hablan de 130.199 “víctimas” (de asesinatos, consejos de guerra) en la zona franquista, y de 49.272 “víctimas” (idem) en la parte republicana, números documentados. Es un libro en el que tratan de analizar, investigar, de forma seria y historiográfica, el número de víctimas en ambos lados. Por lo menos me lo parece. G. P.
R.  Creo que hay un equívoco en esto. Yo no me opongo a las excavaciones, indudablemente hubo asesinatos por los dos bandos, y no deja de ser una investigación histórica. Lo que rechazo es el aura propagandística que las rodea en dos sentidos: tratando de centrar el sentido de la guerra en esos crímenes, cuando la guerra fue mucho más que eso, y tratando de crear la impresión de que unos eran víctimas inocentes, demócratas honrados eliminados simplemente por serlo. La campaña es como si se quisiera reducir la II Guerra Mundial a un debate sobre qué bando asesinó a más civiles mediante el terrorismo aéreo: en tal caso, los buenos serían los alemanes, y los malos los ingleses y useños. Lo de Órgiva quedó claro en su momento, y la Junta de Andalucía es probablemente, entre otras cosas,  el gobierno más corrupto y corruptor de España, por lo que la confianza que merece es muy limitada. Pero esa gente persiste porque tiene los medios y subvenciones y piensa que las críticas que recibe no alcanzan al gran público.

Cuando la investigación se plantea en esos términos ya no es una investigación histórica seria (aunque a veces sea técnicamente correcta) sino una falsificación de raíz. Y mientras no quede bien aclarado el sentido de la guerra civil,  todas las investigaciones concretas, aparte de falsarias en gran medida, son falsarias globalmente. Como usted comprenderá, yo no puedo dedicarme a verificar concretamente lo que hay de cierto o de falso en cada excavación. Lo que me interesa ante todo es poner de relieve la falsedad general que envuelven y el intento de justificar al Frente Popular como el demócrata y el agredido. Cuando estos dos aspectos quedan claros, esas excavaciones pierden gran parte de su sentido, que hoy no es otro que el propagandístico. Estoy seguro de que no dedicarían el menor interés a esos desenterramientos si no fuera por el provecho político y propagandístico que extraen de ellos unas izquierdas que quieren identificarse con el Frente Popular… y que se le parecen bastante, aunque las circunstancias hayan cambiado, gradias a la labor del franquismo, por cierto.

La falsificación se extiende, naturalmente, al contenido: hubo simples asesinatos por muchas razones, hasta por deudas, y hubo ejecución de personas culpables de crímenes. No se pueden meter todas en el mismo saco. Tampoco se pueden equiparar las ejecuciones de después de la guerra con las de la guerra misma. Durante esta, las estimaciones más serias hablan de un número parecido de muertes en retaguardia, proporcionalmente mayor o menor, según se vea. Hay además algunos elementos diferentes: el grado de sadismo en el Frente Popular fue muy superior al del otro bando, y entre las izquierdas se asesinaron también abundantemente ellas mismas. Aparte de que el terror de las izquierdas empezó mucho antes del 36, siendo el contrario un terror de respuesta. Stanley Payne ha escrito un interesante artículo criticando el “holocausto” de Preston. Las ejecuciones de después de la guerra se hicieron, al revés que en Francia, Italia y muchos otros sitios, mediante juicios legales. Es cierto que eran menos garantistas que los actuales, pero lo eran mucho más que los de los tribunales “populares” izquierdistas, y mucho más, también, que los que se hicieron en el resto de Europa al final de la guerra mundial. Cuando la “memoria histórica” pretende anular esos juicios, lo que busca es rehabilitar a los chekistas y asesinos y ladrones que fueron condenados en ellos y equipararlos a los inocentes que sin duda también cayeron entonces. Y lo hace porque esa ley viene a ser una revancha un tanto criminal  por la pérdida de la guerra.

****Tres ejemplos: Órgiva, Pozo Fortuna (o Funeres), Sima Jinámar:

http://blogs.libertaddigital.com/enigmas-del-11-m/la-tecnica-del-odio-1451/6.html

http://blogs.libertaddigital.com/enigmas-del-11-m/asturias-y-la-memoria-de-los-envenenadores-2713/

http://blogs.libertaddigital.com/presente-y-pasado/orden-publico-bajo-un-delincuente-poder-vii-y-clases-el-pais-e-interviu-9669/

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Carta abierta a un mamarracho (y II)

Blog Gaceta.es: Gibraltar, PSOE contra España / Una generación heroica /La cloaca.

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Como siempre, animo a los lectores a contrarrestar la manipulación de los medios dando la mayor difusión  posible a esta carta.

9.- Su partido, cuyo historial usted reivindica entero, siempre ha atacado el fundamento de la democracia, la limitación y división de poderes, como expresó con descaro uno de sus líderes cuando subió al poder. En función de esa permanente orientación, usted ha politizado y corrompido como nunca la justicia (baste aquí recordar la desvergonzada burla de Garzón y sus investigaciones sobre “crímenes del franquismo” en gran parte inventados). Además su partido  ha agredido permanentemente a  tres fundamentos de nuestra cultura: la propiedad privada, la familia y la nación (esta, en virtud de su “internacionalismo”). Hoy parece haber renunciado a liquidar la propiedad privada para cargar el ataque sobre los otros dos pilares. En cuanto a la nación, la visión negativa de España por parte del PSOE,  que recordaba el filósofo Julián Marías, le ha llevado asimismo a buscar la disolución del país en la UE. ¡Ah, aquella Constitución europea elaborada por el clásico enemigo de España y protector de la ETA (¡siempre lo mismo!) Giscard d´Estaing! Constitución que usted impulsó con un falso referéndum en que se incitaba a los ciudadanos a votar a ojos cerrados, sin enterarse de qué se votaba. Aquella ley anulaba mermaba drásticamente la influencia antes lograda por España en la UE y usted aumentaba nuestra supeditación a Francia mientras rechazaba el acuerdo con Polonia, tan provechoso para contrapesar la excesiva hegemonía del Eje París-Berlín. Siempre hallamos lo mismo en su política, trátese de la ETA, el terror islámico, los separatismos, Marruecos, Gibraltar o la UE: la aversión a España y a la democracia,

10.- También la Iglesia, no podía ser menos, ha sufrido sus demenciales ataques e insidias. Usted ha ido mucho más allá de la frase (cristiana) “A Dios lo que es de Dios y al César lo que es del César”, actualmente interpretada como la aconfesionalidad del estado, y usado el poder para hostigar al. Pero, le guste o no, el cristianismo es la base de la cultura occidental, y resulta el colmo de megalomanía, de la estupidez más pretenciosa, el empeño en sustituirlo por las cuatro ideíllas progre-socialistas, banales y contradictorias, que llenan su mente. Nadie le niega el derecho a sus propias opiniones sobre la Iglesia, pero ya es harto clarificador que para atacarla deba recurrir usted a tantas calumnias, quizá más embozadas que las del pasado, pero siempre en el viejo estilo PSOE. Quiero recordarle que, al revés que su partido y los sindicatos, la Iglesia lleva a cabo labores de enseñanza y beneficencia que, de realizarlas el estado, y sobre todo gobiernos como el suyo, saldrían muchísimo más caras a los ciudadanos. Pero sobre todo usted debiera recordar que esas campañas cristalizaron durante la Guerra Civil en un intento de genocidio, en gran parte cumplido, por el que su partido y otros semejantes asesinaron a mansalva, a menudo con extremo sadismo, a muchos miles de personas por el mero hecho de pertenecer al clero o declararse católicos, y trataron de erradicar la presencia cristiana en España.  Aparte de destruir (y robar) un inmenso patrimonio histórico y artístico. Usted jamás ha expresado el menor sentimiento por tales hechos, al revés, ha reivindicado, repito,  todo el  historial lúgubre y sangriento del PSOE. No por casualidad han reaparecido, por primera vez desde la guerra, los conatos de incendio de templos, las amenazas de asesinato al clero o agresiones como en el reciente encuentro de la juventud católica. Tampoco ha expresado usted la menor repulsa ante las persecuciones y matanzas que sufren los cristianos, sobre todo en el mundo islámico, cuando gemía tanto por el régimen de Sadam Husein.

11.- Durante un tiempo se jactó usted de la prosperidad del país, disimulando el dato de que la misma era herencia del período anterior. Pero durante su gobierno la prosperidad se volvió cada año más desequilibrada y ficticia, basada en una suicida espiral de endeudamiento, mientras usted sacrificaba progresivamente la soberanía nacional en beneficio de entes por encima de nosotros y por tanto por encima de nuestros intereses. El globo estalló al fin, y usted, que estuvo inflándolo año tras año con sus habituales mamarrachadas, culpa al anterior gobierno, durante el cual el problema no había pasado de incipiente. El desastre económico es una tradición asentada en su partido porque sus doctrinas al respecto son falsas, y aunque ustedes se hayan visto obligados a aceptar algunas realidades de lo que llaman capitalismo, siempre han terminado por “tirar al monte”. Nuevamente el árbol se reconoce por sus frutos, y cada vez que ustedes han tenido ocasión de aplicar sus ideas, en todo o en parte, el resultado ha sido desolador. Durante el primer bienio republicano, con el PSOE compartiendo el poder, el paro aumentó casi mes por mes,  y bajo el Frente Popular llegó al millón de personas, equivalente al doble con la población de hoy, pero en condiciones mucho más dramáticas por falta  de Seguridad Social (traída por el franquismo, no por su partido como muchos ingenuos embaucados creen). Volvió el PSOE al poder con Felipe González y batió su marca anterior: tres millones de parados. Y usted le ha superado con cinco millones y medio y el país literalmente en la ruina. La crisis, ciertamente, es internacional, pero aquí importa el modo como usted la ha gestionado.

12.- Una ideología y una política tan contrarias a los intereses del país, de la libertad y del humanismo más elemental, solo puede sostenerse por  una acumulación de embustes en aumento, apuntalándose unos a otros. En el “Himalaya de mentiras”, que denunciaba Besteiro del Frente Popular. Besteiro fue en la república uno de los pocos socialistas razonables, que sin embargo no logró hacer escuela en su partido. Y  la base de todo ese himalaya se encuentra en lo que usted, siempre pomposo,  ha titulado “Memoria histórica”. He escrito mucho sobre la falsificación sistemática del pasado en que ha arropado usted sus fechorías, y no voy a extenderme ahora. Baste señalar que la justificación de ellas se encuentra en la pretensión de que en 1939 la democracia fue derrotada por el régimen dictatorial de Franco. La segunda parte es cierta, pues el franquismo fue un régimen autoritario (nunca totalitario). Pero la primera es falsa de raíz, y para entenderla basta observar los componentes, de hecho o de derecho, del vencido Frente Popular: stalinistas del PCE, marxistas del PSOE a menudo más radicales y violentos que los primeros, anarquistas, separatistas ultrarracistas del PNV o golpistas de  la Esquerra; más, en posición muy secundaria, los republicanos de izquierda como Azaña, que quisieron compensar con golpes de estado el rechazo que habían sufrido en las urnas en 1933. A esa amalgama la presenta usted y como representante de “la libertad”.  Lo era tanto como ustedes ahora,  y como  ustedes y la ETA representan “la paz”.

Su partido y otros  se alzaron en armas en 1934 con el propósito explícito, lo he probado, de comenzar una guerra civil para implantar la “dictadura del proletariado”, es decir, de su partido, al modo de Rusia, como denunciaba en vano el citado Besteiro. Su partido fue derrotado, a un coste muy alto en sangre y destrucciones, pero no aprendió la lección. En febrero de 1936, en unas elecciones falseadas por violencias y coacciones, el Frente Popular tomó el poder y procedió a arrasar  la legalidad republicana en medio de una orgía de crímenes, incendios y destrucciones que hicieron imposible la paz. En la guerra subsiguiente, continuación de la breve del 34, su partido volvió a demostrar su naturaleza al supeditarse a Stalin mediante el envío ilegal de las reservas financieras españolas a Moscú y una compra de armas repleta de corrupción, en la que destacó el socialista Negrín. Este intentó criminalmente alargar la contienda, para completar el destrozo del país con el que nos produciría la guerra mundial, anhelada por él y los suyos. Y, hombre previsor, organizó desde el primer momento el saqueo de los bienes del estado, de la Iglesia, de  las cajas de seguridad de los bancos y los montes de piedad… y con esos tesoros incalculables (porque no fueron contabilizados, otro dato de su partido) huyeron  él y los suyos al extranjero, abandonando a su suerte a miles de sicarios comprometidos en el terror de las chekas y similares. Y ahora usted, quizá como reparación inconfesada, reivindica usted a aquellos sicarios, autores de crímenes espeluznantes, como “honrados republicanos víctimas del fascismo”, equiparándolos a los inocentes. Si ha rehabilitado a Negrín es porque se identifica usted con él y no con Besteiro. Nada revela mejor que esta farsa siniestra su catadura moral y política.

Sin la insurrección socialista de 1934 y los salvajes desmanes del Frente Popular, no habría habido guerra civil. Franco fue el último en rebelarse contra la república. Antes lo habían hecho los anarquistas, los comunistas, Sanjurjo, los republicanos de izquierda, los socialistas y los separatistas catalanes. Los nacionales se sublevaron solo cuando la situación se volvió insostenible para cualquier persona con dignidad y amor a su patria, y, pese a partir de condiciones adversas en extremo, terminaron venciendo. No eran demócratas porque concluyeron, no sin razón, que ninguna democracia funcionaría en España con partidos como el de usted y los demás del Frente Popular. Pero salvaron lo más básico: la nación y la cultura cristiana que ustedes trataban de aniquilar. Y gracias a la paz, la prosperidad y la reconciliación logradas bajo el franquismo, fue luego posible transitar sin demasiados traumas a la democracia. Una democracia de la que ustedes son beneficiarios, no causantes, y que no debe a quienes se consideran herederos del Frente Popular otra cosa que corrupción, corrosión de las libertades, complicidad con el terrorismo y masivas campañas de desinformación a los ciudadanos, esa “constante mentira de los rojos” (usted se ha proclamado rojo) que irritaba a Gregorio Marañón.

Con su “Ley de memoria histórica”, usted quiso imponer al país una versión particular del pasado reciente, pretensión típicamente totalitaria, para deslegitimar a quienes salvaron al país del Frente Popular. A quienes han aportado al país una paz que todavía dura derrotando a la revolución, eludiendo la entrada en la Guerra Mundial, venciendo al maquis y al injusto aislamiento internacional y dejando una sociedad próspera y reconciliada. De ellos viene la actual democracia –tan socavada por su partido de los “cien años de honradez” (otra enorme falsedad)– y la monarquía, las cuales quedaban a su vez deslegitimadas por su origen según el designio de su partido. Y, lo más grande, con dicha ley ha hecho usted firmar a Juan Carlos I  su propia ilegitimidad, pues él fue nombrado directamente por Franco e impulsó una democratización a partir de su régimen. Esa firma, a su modo, no deja de ser una hazaña; grotesca pero hazaña: la insolente apoteosis de la majadería en que usted ha convertido la política española.

¿Cómo ha podido usted lograr tanto?  Lo ha hecho en colaboración con el separatismo, según es tradición en su partido, pero sus tristes éxitos se han debido, más aún, a la ausencia de una oposición a la altura de tales provocaciones. Porque no ha sido oposición el PP, partido en que diversas corrientes se neutralizan en la nada intelectual y moral de “la economía lo es todo”, la anglomanía y la pretensión de vender una imagen más “progre” que la de usted mismo. Ha contado usted con la complicidad pasiva, y a veces activa, de una presunta oposición sin ideas, y entre todos han traído al país la calamidad actual. Pero este es otro aspecto de la cuestión en que no entraré aquí.

13.- Azaña, mucho más lúcido con los defectos ajenos que con los propios, caracterizó  la delirante  política republicana como “tabernaria, incompetente, de amigachos, de codicia y botín, sin ninguna idea alta”. La de usted merece esos calificativos, ha sido pura delincuencia. Le he llamado mamarracho porque la mamarrachada, con una veta de puro infantilismo,  ha adornado siempre sus actos y dichos. Y se ha ido usted sin el menor castigo. Tal como la ETA ha recibido enormes recompensas por sus crímenes –recompensas que mantiene el PP de Rajoy–, usted se ha marchado con honores, prebendas y cargos después de haber dejado al país en la ruina material, moral y política. ¿Cómo ha sido posible? ¿Los políticos son irresponsables de sus actos en el sistema actual? ¿Habremos llegado a una sociedad lo bastante envilecida para soportar tales cosas sin protesta? Entonces habría que reconocer, tristemente, que ha tenido usted razón: usted habría tratado a esta sociedad tal como ella se habría merecido. Pero España ha superado crisis peores, y esta también lo hará. Al escribirle, quiero exponer lo que nunca debió de hacerse o consentirse, y lo que debe corregirse necesariamente, por el bien de una convivencia nacional en paz y en libertad.

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Carta abierta a un mamarracho (I)

Blog de Gaceta.es: El amor en “Sonaron gritos…” / Borja de Riquer sufre.

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Ruego a mis amables y pacientes lectores que den la máxima publicidad a esta carta, que  concluirá en el próximo comentario:

No me refiero ahora a mamarrachadas suyas al estilo de “la tierra es del viento”, o sus promesas y afirmaciones vacuas en plena crisis, sino a su última o penúltima de ellas: la de que en sus siete años en el poder había aprendido a “amar profundamente a España”. Esto ya pasa de castaño oscuro, así que me permitiré recordarle algo, por lo menos algo, de lo que ha hecho usted por España en sus nefastos años en el poder y un poco antes. Un poder que puede resumirse en colaboración con banda armada; colaboración con dictaduras criminales y antiespañolas; y ataque sistemático a la democracia.

1.- Usted suscribió el año 2000 el llamado Pacto Antiterrorista. Con ello parecía abandonar la línea tradicional del PSOE, consistente en combinar el terrorismo gubernamental con una negociación y salida “política”  para los asesinos arruinando el estado de derecho.  Pareció sumarse usted, entonces, a la línea de Mayor Oreja-Aznar, legal y democrática por primera vez desde las amnistías, de tratar a los delincuentes como tales, y no como políticos. Luego hemos sabido que apenas seca la tinta del acuerdo, usted lo traicionó, volviendo a las “conversaciones” clandestinas con los criminales, ofreciéndoles concesiones nunca del todo aclaradas a la opinión pública.

2.- En 2002, España debió defenderse de la ocupación del islote de Perejil por la tiranía marroquí, que además amenaza las ciudades españolas de Ceuta y Melilla. Y ahí se demostró usted a sí mismo: saboteó al gobierno español, se arrogó ilegalmente facultades sobre política internacional para rendir pleitesía al rey de Marruecos  y retratarse con él bajo un mapa que recoge las aspiraciones antiespañolas del monarca-tirano cuando ya la crisis se gestaba, con retirada del embajador marroquí, unos meses antes. Esto fue, como lo anterior, un acto de pura y simple traición a la España democrática a favor de un déspota y un preludio de su “alianza de civilizaciones”… contra la civilización.

3.- Poco después, usted intensificó la agitación y la violencia callejera contra un gobierno del PP que había logrado sacar al país de la crisis en que el PSOE la había dejado, con tres millones de parados. En esa agitación no perdonó usted  demagogia “anticapitalista” ni mentiras para fanatizar a las partes más oscuras e ignorantes del electorado. Recordaré tres casos: el del “chapapote”, el de la Ley de Educación y el de la guerra contra Sadam. En el primero, un accidente del que no tenía la menor culpa el gobierno, este hizo lo que pudo, seguramente mejor de lo que habría hecho su partido, que nunca en tales sucesos brilló por su eficacia y sí más bien por su corrupción. Y en tal situación,  usted habría encontrado probablemente la colaboración de Aznar y no la obstrucción. En cuanto a la Ley de Educación del PP, buscaba, con mayor o menor acierto, corregir otra de las herencias del PSOE junto con la crisis económica: la degradación de la enseñanza, caracterizada por tasas muy bajas de eficiencia educativa y muy altas de fracaso escolar. De una buena enseñanza depende en gran medida el futuro de un país, pero usted y los suyos se dedicaron a enredar a estudiantes y profesores con consignas de la más rancia estirpe marxista, las consignas del Gulag y el muro de Berlín, condenando el esfuerzo y la excelencia como un vicio y preconizando la mediocridad supuestamente igualitaria que siempre ha definido a su partido.

4.-  Pero donde alcanzó usted lamentable maestría fue cuando la guerra de Irak. Aquella fue, hoy lo creo, un error que está saliendo caro a Usa sin fructificar en un estado irakí más o menos democrático y en mayor estabilidad en la zona. Sin embargo ese error no mejora la demagogia del PSOE. Usted no se oponía “a la guerra” como pregonaba, pues había guerras más crueles en África a las que no prestaba usted la menor atención, quizá porque, como en la de Sudán, las víctimas eran cristianas. No: usted no condenaba la guerra sino que defendía al genocida Sadam, por quien, como en el caso de Perejil,  sentía mucha más simpatía  que por su propio país y la democracia: otra muestra de su “alianza de civilizaciones”. En un principio, su loca agitación pareció fracasar, como la del chapapote, y no tuvo los efectos electorales que usted pretendía. Lo pareció, porque el régimen de Sadam fue derrotado muy pronto. Pero fue sin duda una ventaja para usted que se  mantuviera la tensión gracias a los brutales atentados terroristas.

5.- Y fue precisamente esa tensión terrorista lo que le ayudó a escalar el poder. De pronto, hacia el final de la campaña electoral de 2004, Madrid sufrió el atentado más bestial de la historia europea. Al PSOE, pasado el desconcierto inicial sobre lo que parecía un coletazo de una ETA acosada, le faltó tiempo para atribuirlo a los islámicos, inventando para ello terroristas suicidas y otros supuestos datos y, sobre todo, sugiriendo que la culpa de la matanza no radicaba en los autores de ella, sino en el gobierno de Aznar “por habernos metido en la guerra”. No importa aquí dilucidar quiénes fueron los verdaderos autores, sobre quienes pesan dudas muy consistentes. Diré simplemente que usted logró desviar esa culpa, a los ojos de mucha gente atemorizada o fanatizada. Y que lo hizo en brevísimo tiempo mediante la campaña de insidias más vil a que hemos asistido en varias décadas. En su empeño, usted vulneró la ley electoral, acusó al gobierno de lo que ustedes hacían, es decir, de mentir, y movilizó a los sectores más histéricos en agresiones y asedios a las sedes del PP, un método, por cierto, de larga tradición en su partido desde el Frente Popular y antes. Y no resultó menos significativo que, fueran quienes fueran los terroristas, usted debió de creer que se trataba efectivamente de islámicos, por cuanto los premió, llegado al poder, con la rápida retirada de las tropas españolas que en Irak ayudaban a la población a librarse de los mismos que presuntamente habían atacado en Madrid, e incitando a otros países a hacer lo mismo. Lección práctica, nuevamente, de su “alianza de civilizaciones”. Su política, como en el caso de la ETA, ha tendido siempre a recompensar a los asesinos, lo que no es casual para quien “ama” a su patria como usted o entiende por democracia el triunfo de la miseria. Máxime cuando un objetivo declarado de los islámicos consiste en demoler las libertades y la civilización cristiana, y retransformar a España en Al Ándalus. Usted ha sido su mejor aliado.

6.- Una vez en el poder, usted desplegó su vesania en cuatro direcciones principales: profundizar la colaboración con la ETA, con todos los enemigos de España, en la llamada “ideología de género” como sustituto de la “de clase”,  y en la falsificación de la historia. Usted, experto en disfrazar cualquier bellaquería con un nombre pomposo y agradable,  bautizó arteramente la colaboración con la ETA como “diálogo” y “proceso de paz”. Y lo hizo cuando la  anterior política de Aznar había colocado a la ETA, como ha reconocido uno de sus dirigentes “al borde del abismo”. Su “paz”  consistió en volver a legalizar las terminales políticas de los asesinos, en facilitarles una amplia corriente de dinero público con la que financiar su propaganda antiespañola y liberticida, en proporcionarles eco y representatividad internacional, en promoverlos con una imagen positiva mientras trataba de intimidar, dividir y desacreditar a las víctimas directas del terror; y sobre todo en ofrecer a los pistoleros y separatistas la transformación ilegal de la autonomía en un “estado asociado” de hecho, reduciendo a testimonial la presencia del estado español, según el modelo de Cataluña. Un modelo que usted promocionó concediendo al parlamento  catalán una soberanía anticonstitucional, entre otros desmanes. Con tan intolerables premios a los asesinos, usted decía hacer “la paz” y quizá esperaba ganar el desacreditado premio Nobel de la misma. Pero ni la ETA consiguió nunca romper la paz de España, sino solo alterar la normalidad gracias, en gran medida, a la “salida política” que le ofrecían unos políticos sin principios; ni se puede llamar paz a la destrucción desvergonzada de la legalidad democrática y del estado de derecho. Ni a los avances hacia la disgregación de España en un mosaico de taifas impotentes, insignificantes en el contexto internacional y objeto de las intrigas de otras potencias: un objetivo que usted ha perseguido tenazmente en colusión con los terroristas y los separatistas. So pretexto de “paz”, nunca había obtenido la ETA una colaboración tan masiva y variada, en la que el chivatazo de Freddy Faisán apenas pasa de anécdota en un contexto que solo puede calificarse de criminal.

Estos son hechos plenamente constatables, no interpretaciones ni especulaciones. Ahora bien, tienen tal carácter delictivo, de traición y miseria moral, que muchos se preguntan: “¿Cómo han sido  posibles por parte de gobiernos elegidos? Tiene que haber alguna explicación menos terrible”. Porque no entienden que un gobierno elegido puede resultar criminal y porque tales delitos proceden de una mentalidad, una ideología y una tradición de largo alcance. Como recordaba Julián Marías, el PSOE tiene la tara de una visión negativa de la historia de España. Visión completada, diría yo, con un amasijo contradictorio de ideas más o menos mesiánicas. El PSOE, cuya historia reivindica usted entera — incluida su planificación de la guerra civil y la destrucción de la legalidad republicana–, solo en tiempos recientes abandonó, y solo de manera parcial, el marxismo, la doctrina más totalitaria y mortífera del siglo XX. Y el escaso terreno abandonado lo han llenado ustedes con esa mezcla arbitraria de ecologismo, feminismo, pacifismo, socialismos variopintos, aversión a la iniciativa individual y a la excelencia personal, etc. Pero he recordado, frente al romo análisis político prevaleciente, que la colaboración de usted con banda armada se asienta en una afinidad ideológica profunda: también la ETA es socialista. También es antiespañola y liberticida. También comparte ese amasijo de doctrinas que, bajo sus buenas intenciones enarboladas nunca han traído más que miseria y corrupción. Esa común base ideológica hermana en cierto modo a la ETA y el PSOE, por más que a  veces surjan entre ambos riñas de familia.

7.- De su “alianza de civilizaciones”, como la ha llamado con su acostumbrada megalomanía, ya he dado algunas pruebas. Se ha concretado en la simpatía y el apoyo político y económico, en Hispanoamérica, a los regímenes más demagógicos y antiespañoles, a personajes como Kirchner, Chávez o Evo Morales; y algo similar en relación con los países musulmanes, sobre todo con el único que constituye una amenaza seria para nosotros. Dicha alianza se ha extendido, por pura aversión a España, a las más vergonzosas claudicaciones en el caso de Gibraltar, única colonia que permanece en Europa. Se trata, muy literalmente, de una alianza contra España y contra todo lo que signifique libertad.

8.-  ¿Qué aspectos positivos pueden encontrarse en su gestión? Usted invoca, sobre todo,  sus políticas de “igualdad de sexos”, atribuyendo al cristianismo –la base y raíz más profunda  de nuestra cultura—una opresión secular de la mujer. Que no le ha impedido a usted  promocionar al islamismo en la propia España y hacerse el desentendido de la situación femenina en esos países. Pero la mujer nunca ha tenido necesidad de la tutela de personajillos como usted. La igualdad de derechos, la igualdad ante la ley, está conseguida en Europa y en España mucho antes de que a gente como usted se le ocurriera crear falsos problemas para resolverlos igualmente en falso. Su “igualdad”, de modo parecido a su “paz”, solo ha traído perturbaciones y aberraciones. Su paridad en el gobierno (¿y por qué no una paridad de obreros y otras profesiones, por poner un caso?) ha redundado en descrédito de la mujer gracias a lumbreras como Aído, Pajín, Vega, Salgado, Calvo y todas las demás, de las que lo único que puede decirse es que no desmerecen de los botarates y sinvergüenzas varones, empezando por usted mismo. Ya que pretende usted una igualdad imposible, habría que preguntarle por qué no la persigue igualmente en los ramos de la construcción, las minas, los barcos, etc., donde la “cuota femenina” es insignificante? ¿O en la misma población penal, donde se dan unas desigualdades numéricas que para majaderos como usted tendrían que ser ultrajantes? En la práctica, su “igualdad” ha significado la promoción del aborto, un verdadero asesinato masivo bajo la peregrina idea de que los embriones humanos no son humanos y de la delictiva consigna “nosotras parimos, nosotras decidimos” como si pudieran decidir sobre una vida ajena y el padre no contara nad; de  la pederastia mediante la  promoción de la actividad sexual a las edades más bajas; del homosexualismo, con la imposible pretensión de equiparar un defecto con la sexualidad  normal y con el matrimonio. Ha significado el estímulo a la disgregación de la familia, la sustitución de la autoridad de los padres por la de unos políticos majaderos e iluminados a partes iguales, con mil consecuencias derivadas, como el aumento de la droga y el alcoholismo en la juventud, de la población penal, del fracaso matrimonial, escolar, etc. En un deterioro, en suma de la salud social. Por sus frutos se conoce el árbol.

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El Valle de los Caídos, síntesis y símbolo de nuestra historia reciente

Blog de gaceta.es: La cloaca / Europa no asimila su pasado / El tren de la muerte

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Gibraltar: es obvio que la Armada española no puede enfrentarse con la inglesa. Pero Gibraltar vive de España, no a la inversa, y pueden ir tomándose medidas como la prohibición de actuar en España a todas las empresas radicadas en Gibraltar, la prohibición  de aterrizar en España a todas las compañías aéreas  que utilicen el aeropuerto del peñón, etc. (esto último se ha vuelto complicado porque Iberia medio o más que medio se ha vendido a British Airways, pero debiera estudiarse la conveniencia de volver a independizar la compañía española). Y hay otras muchas medidas, pero tendrían que ser tomadas sucesivamente en función de una estrategia de aislamiento de la colonia, y no como pequeños amagos sin ninguna finalidad definida, que es lo que parece ocurrir ahora.

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El miércoles participé en unas  conferencias en el CEU sobre el Valle de los Caídos, junto con Juan Manuel Cabezas, que trató el problema en su aspecto religioso y del derecho y las libertades, conculcadas en los últimos años, como demostró, por gobiernos delincuentes; y con Alberto Bárcena, que  examinó la desvergonzada campaña de falsedades de que se han validos los políticos para manipular a la opinión pública y justificar sus tropelías. Por mi parte lo abordé desde el punto de vista histórico-político, más o menos así:

El Valle de los Caídos fue en primer lugar un monumento a la victoria de los nacionales.  Una victoria sobre la revolución y el totalitarismo de quienes pretendían acabar con la base cultural cristiana y disgregar la propia nación española. Franco entendió esa victoria como un hecho de proyección nacional e internacional, pues fue un gran triunfo en el campo de batalla sobre el stalinismo. El resultado fue probablemente el monumento más grandioso, armónico e inspirado del siglo XX en su género. Aunque no hubiera sido más que un símbolo de la victoria sobre fuerzas oscuras,  solo a unos locos de estilo talibán se les habría ocurrido demolerlo, aunque no debemos olvidar que durante la guerra, esa gente hizo un enorme destrozo del patrimonio artístico e histórico español. El Valle simboliza un hecho histórico real crucial, guste o no guste,  y es una obra lograda, de enorme valor artístico. Solo por eso merece el respeto de las personas civilizadas.

Pero además, el Valle es un monumento a la paz. Algún necio hizo la frasecilla idiota, muy repetida,  de que al terminar la guerra no llegó la paz, sino la victoria. Llegó esta, y como consecuencia de ella, la paz. Una paz que todavía dura, la más larga que haya vivido España en dos siglos,  de la que se ha beneficiado la inmensa mayoría de los españoles, incluyendo, por supuesto, a aquel necio, que realizó una espléndida carrera artística  bajo aquella paz victoriosa. Y precisamente la paz más fructífera que haya conocido España en estos siglos, pues le permitió rehacerse de los muchos desastres y atrasos anteriores y pasar de una pronunciada y convulsa decadencia a una situación próspera y progresiva.

Y, en tercer lugar, se trata de un monumento a la reconciliación, concretada en la sepultura de combatientes de los dos bandos. Que se hizo con tres condiciones: el muerto debía ser español, bautizado (lo eran prácticamente todos) y (contra una venenosa falsedad muy divulgada) con autorización de los familiares si el cuerpo estaba identificado . Con perfecta mendacidad se ha afirmado que la reconciliación fue obra de la transición, cuando ocurrió exactamente al revés: la transición fue posible gracias a la reconciliación habida en los años anteriores. Quienes se reconciliaron entonces,  muchos de ellos con gran falsía, fueron los políticos y partidos, pues el pueblo ya lo estaba.

¿Y cuándo se produjo la reconciliación? Creo haber demostrado que fue ya en los duros años 40. Quienes maldicen aquella época fingen ignorar que las gentes  que había simpatizado o combatido en las filas del Frente Popular, habían experimentado en sus carnes la revolución, que consistió en la práctica en miseria, el hambre mayor del siglo XX, la arbitrariedad y el despotismo, amén del “Himalaya de mentiras” mencionado por Besteiro. Creo que nadie lo ha descrito mejor que el “padre espiritual de la república” Gregorio Marañón. Y habían vivido las peleas, persecuciones y asesinatos entre las propias izquierdas, derrotadas finalmente en medio de una guerra civil entre ellas mismas, hecho por demás significativo. Y habían sido testigos de cómo  los jefes escapaban llevándose tesoros saqueados a todo el mundo, mientras dejaban atrás sin la menor preocupación a miles de seguidores suyos, sicarios complicados en las checas y en todo tipo de asesinatos y robos y a quienes los vencedores ajustarían cuentas, lógicamente.

La masa de los simpatizantes del Frente Popular quizá no sentía simpatía por los nacionales, pero desde luego estaba muy escarmentada de las izquierdas y separatistas, y no quería ninguna nueva dosis de lo mismo. Que esto no es una simple suposición lo probó el maquis, organizado sobre todo por los comunistas para reavivar la guerra civil y provocar la intervención exterior (todo esto lo he tratado en una novela recién publicada). El maquis estaba perfectamente concebido para explotar la pobreza y el hambre de aquellos tiempos, el posible resentimiento por la represión y, sobre todo, el impacto psicológico de la victoria de los Aliados y la presencia hostil de sus ejércitos al norte de los Pirineos y al sur del protectorado de Marruecos. Pues bien, aun con todas esas ventajas a su favor, el maquis fracasó ante todo porque nunca consiguió convencer y arrastrar a una población que tenía otros deseos y otras esperanzas.

Uno podría preguntarse por qué extravagante razón intentan muchos, a estas alturas, destruir el monumento o cambiar su carácter. Y la razón es, precisamente, que saben que se trata de un símbolo de la victoria, la paz y la reconciliación. Precisamente por  eso se les hace insoportable.  Hay en todo ello algo de delirio y algo de la misma farsa del necio de la victoria y la paz. Todos ellos presumen de antifranquistas y quienes luchamos contra el franquismo fuimos muy pocos. Ha sido cuando ese régimen dejó de existir cuando han salido a flote tales antifranquistas de pega, más intransigentes que nadie, a pesar de que en su inmensa mayoría hicieron muy buenas carreras en el franquismo, incluso en el propio aparato del estado. Pienso en personajes como Juan Luis Cebrián o Ángel Viñas, directores de la orquesta entre tantísimos otros. Como es natural, solo han podido actuar creando un nuevo Himalaya de mentiras como el que denunció Besteiro, hombre de izquierdas pero por entonces mucho más sensato y veraz que la caterva aquella.

Expondré dos simples y definitivas mentiras al respecto: según ellos, la victoria de Franco fue la derrota de la democracia. ¿Y quiénes serían los demócratas? El Frente Popular se compuso, de hecho o de derecho, de stalinistas, marxistas del PSOE aún más radicales que aquellos, anarquistas, separatistas de la Esquerra, ultrarracistas del PNV y golpistas como Azaña, todos ellos juntos  no en amor pero sí en compañía  y bajo la tutela del gran demócrata Stalin. ¿Cómo se puede intentar hacer tragar un embuste de este tamaño? Cierto que Franco no fue un demócrata, pues creía, después de la desastrosa experiencia republicana, que la democracia no podía funcionar en España y que esta necesitaba un largo período de autoridad para rehacerse de las locuras pasadas. Y su régimen no tuvo nada que ver con los totalitarios de izquierdas ni de derechas, si al nazismo puede considerársele de derecha. Fue, simplemente un régimen autoritario que, repito,  permitió la más larga paz (hasta ahora mismo) y el mayor progreso que haya vivido el país desde tiempo inmemorial. Con ello, precisamente, ha sido posible un paso tranquilo a una democracia, aun si defectuosa, que ponen en peligro precisamente los antifranquistas con sus talibanadas.

La segunda gran mentira se refiere directamente a su odiado Valle de los Caídos. Todos hemos oído propalar por los medios de masas, incluso de leyendas, la fábula de los 20.000 presos políticos esclavizados en trabajos forzados, con un enorme índice de mortalidad, malos tratos y desatención médica.  Parecían estar describiendo el Gulag, con cuyo régimen tanto han simpatizado estos sujetos, y baste recordar el episodio Solzhenitsin. En fin, el mismo Preston, algo menos salvaje o menos botarate que esta gente,  ha reconocido que el Valle es “una maravilla”; pero, fiel a la manipulación propagandística, propone que allí se exponga cómo fue construido por presos políticos forzados. Por mi parte, creo que estaría bien una placa que explicase que unos pocos centenares de presos acusados de delitos graves e incluso terroríficos, trabajaron allí algunos años redimiendo penas de hasta cinco y seis días por cada uno trabajado, de modo que una cadena perpetua  de treinta años se reducía a cinco o seis; que lo hicieron voluntariamente, cobrando sueldo; que se les permitió vivir allí con sus familias; que muchos solicitaron seguir trabajando allí al extinguir su condena; que no hubo malos tratos y que la siniestralidad fue sorprendentemente baja: el primer muerto a los ocho años de empezar las obras, y en total dieciséis. Todo lo cual está perfectamente documentado, al revés que las calumnias hoy en boga.  Puede añadirse que, al revés que muchas obras faraónicas e inútiles actuales, no costó nada al erario, sino que fue sufragado con donativos y loterías especiales.

¿Por qué precisa esta gente inventar y difundir sistemáticamente la mentira? Porque tienen por excelentes unas ideologías confusas y contradictorias, y en función de esa excelencia imaginaria y en pro de unos ideales gratuitos  creen justificado desvirtuar la historia de la manera más indecente. Y cuentan con la colaboración pasiva del PP

El Valle de los Caídos condensa nuestra realidad  histórica de los últimos setenta y cinco  años. A las conferencias citadas solo asistieron una sesenta personas, indicio tanto de la poca conciencia de la mayoría como de la necesidad de enderezar a la opinión pública hacia  la verdad histórica si no queremos que, como advertía Santayana, nos veamos condenados a repetir lo peor de nuestro pasado. Por eso pido a mis amables lectores, desde este blog, que hagan cuanto esté en sus manos por contrarrestar la campaña de calumnias y difundan al máximo este pequeño resumen.

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Cultura (II) ¿Animal racional, moral o religioso? Excursiones arqueológicas.

Blog gaceta.es: Síntesis del problema de Gibraltar / ¿Ambigüedad ante el nazismo?

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Decía que la cultura tenía contenido religioso, moral, político y económico, cada aspecto muy interrelacionado. Obviamente, ahí entra también el arte. Pero importa saber si cada uno de esos aspectos es básicamente autónomo y simultáneo, o hay alguno más fundamental que de algún modo impulse a los demás. Ello tiene relación con la definición del hombre.  Siguiendo a Aristóteles, el hombre suele definirse como “animal racional” o, sobre la misma idea, como “animal técnico”. Las definiciones suelen hacerse situando lo definido en un ámbito más amplio (en este caso la animalidad) y señalando el rasgo o rasgos que lo diferencian dentro de ese ámbito. Dentro de los animales, al hombre le caracterizaría la razón. Esta podría definirse como la capacidad para la especulación guiada por la lógica, sea para alcanzar principios generales, para ordenar la experiencia o para definir fines y medios de la acción práctica. La razón está relacionada, por tanto, con las capacidades de sentir, imaginar, prever y calcular.

Ahora bien, la razón está naturalmente subordinada a la moral, que baña toda la actividad humana y la distingue de los animales aún más radicalmente que la razón. En los animales superiores percibimos cierta capacidad de razón práctica en algunas de sus reacciones, pero su conducta se guía por el instinto, subsistente pero muy debilitado en el hombre. Este solo puede subsistir en sociedades muy diferentes de las animales, lo que comporta relaciones muy varias y complicadas, a menudo conflictivas y de contenido esencialmente moral, sin las cuales no podría organizarse para sobrevivir. Se supone que los productos de la razón, al menos a su nivel más alto, no deben contradecir  la moral aceptada, aunque vemos constantemente cómo existe oposición entre ambas. Hay una profunda racionalidad en doctrinas como el marxismo, el fascismo, el nazismo, pero si hoy tendemos a descartar tales doctrinas lo hacemos ante todo por consideraciones morales  que van más allá del utilitarismo y que se apoyan en la experiencia, la principal de ellas es la oposición entre dichas doctrinas y lo que consideramos bienestar y libertad humanos. El mito del Génesis alude probablemente al paso del instinto a la esfera de la moral, que constituye al hombre por encima de la técnica o de la razón, no solo de la instrumental.

Una esfera que, por otra parte, dista de ser tranquilizadora, porque  los principios morales son difíciles de definir, a menudo cambian de aspecto, son traicionados o surgen ideas contrarias que pretenden justificarse por su valor moral. Gran parte del esfuerzo intelectual del hombre se ha desarrollado en la búsqueda de principios que permitan una conducta clara y precisa, sin las variaciones y choques que encontramos en la realidad, una aspiración que nunca llega a su fin. Un ejemplo elaborado de esos principios son los Diez Mandamientos, mandatos imperativos, por tanto no racionales,  atribuidos a Dios… y constantemente vulnerados por su pueblo elegido, que solía considerar como “perros” a los gentiles.

Con el desarrollo de la ciencia y del racionalismo, se han hecho grandes esfuerzos por establecer una moral racional e incluso científica, pero no han tenido éxito hasta ahora, ni parece probable que lo tengan. El “mandamiento de Dios” tiene sin duda más autoridad que el de algunos hombres, sean estos muchos o pocos, y la moral no puede decidirse por una decisión “democrática” de mayorías.

La moral, por lo tanto, depende de la religión. Por ello, si definiésemos al hombre como el animal religioso, quizá estaríamos más acertados que definiéndolo como animal racional o incluso animal moral. La religión, por primaria que sea, ha sido lo primero en las sociedades y ello indica, precisamente, que es un factor más fundamental y constitutivo que los desarrollos posteriores de la razón.  Claro que esto exige una fundamentación más detenida y un mayor análisis de la irreligiosidad aparente de las actuales sociedades europeas.

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Recuerdos eueltos: Excursiones arqueológicas

 Durante varios años, hasta hace catorce, solía ir con mi mujer, Lola, a la Alcarria de Cuenca, en busca de yacimientos arqueológicos de la época celtibérica. Viajábamos en su coche, un R-6 de segunda mano ya viejo por entonces, pero de buena conducta. Algunas veces nos acompañaba una amiga suya, Margarita, arqueóloga también. Me viene al recuerdo, con especial agrado, la escena de una mañana de lluvia en un paisaje verde, cerrado por nubes bajas, como ajeno a la civilización, y Margarita y yo empujando el coche en un camino embarrado, cuesta arriba. Lola conducía, pues yo nunca aprendí, en parte por desidia, en parte porque hasta hace poco la compra de un coche, incluso de segunda mano, desbordaba mis, digamos, recursos financieros.

¡Ah, qué placer romper con la rutina de la semana y ponerse en marcha! Parábamos un poco en Tarancón a tomar un café, y luego nos apartábamos de la carretera principal, más tarde autovía, por los solitarios campos de Cuenca. Algunas veces nos desviamos hacia las ruinas de las ciudades romanas de Segóbriga, Valeria o Ercávica, testimonios de la importancia de la actual provincia en aquellos tiempos. Pero el objeto de nuestras excursiones era casi siempre las más modestas cuencas de los ríos (más bien riachuelos) Mayor, Guadamejud, arroyo de Valdevicente… donde prospectábamos en busca de mínimos restos de poblados preshistóricos, mayormente celtíberos y de la Edad del Bronce.

Antes de emprender la feliz, si bien esforzada y paciente, labor nos deteníamos en Huete, última población de cierta importancia, a acumular fuerzas en el bar Chibuso, junto a la carretera. Después entrábamos en otro mundo: muy pocos coches por las carreterillas y escasos pueblos, como perdidos en el tiempo: Cañaveras, Cañaveruelas, Valdecolmenas de Arriba y de Abajo, Culebras, Valdecabras, Gascueña… Grajos parados en la baranda de un puente, arroyos entre cañaverales o chopos, serpenteando por vallecillos, verdes hasta el verano, con sus cultivos ralos de cereales o girasol; cerros de yesos y areniscas, a veces arados o con pequeños bosques de pinos, cipreses sueltos, encinas; más a menudo cerros yermos, blanquecinos, con romero y otras plantas aromáticas entre sus piedras.

Desde el coche buscábamos con la mirada lugares prometedores de yacimientos, por lo general leves elevaciones no lejanas del agua, de tierra más oscura y hierba más espesa por la acumulación de desechos orgánicos durante generaciones. Dejábamos el vehículo junto a la carretera o en algún camino y subíamos andando por las colinas, mirando cuidadosamente al suelo, en busca de trozos de cerámica, por lo común muy pequeños.

Antes los habría tomado por pedazos de platos o botijos que se hubieran roto a campesinos. Los mejores mostraban las rojizas e inconfundibles decoraciones geométricas ibéricas. También aparecía, más raramente, terra sigillata, hierros mínimos y muy oxidados, sílex, cerámica vidriada de origen árabe; o muretes casi irreconocibles, desmoronadas obras de defensa… En los poblados, muy reducidos, habrían vivido unas decenas o unas centenas de personas. Nada parecido a una nueva Troya, y, con todo, el asombro de sentir, a través de esas huellas mínimas en aquellos parajes perdidos, la presencia de gentes y formas de vida, de temores y alegrías disueltos hace tantos siglos.

Alcanzábamos con fatiga lugares de apariencia prometedora, pero vacíos de restos, mientras otros, en principio improbables, ocultaban yacimientos de interés; y así nos pasábamos la mañana subiendo y bajando montes. Parábamos para comer unos bocadillos bajo el cálido o el frío cielo, o nos acercábamos a yantar a un pueblo, en algún bar o restaurante. Por la tarde continuábamos la tarea.

Probablemente, en aquella lejana época, 2.500 años atrás, no llovía por la Alcarria conquense más que ahora, es decir, poco, y el paisaje debía de parecerse al actual. Había poblados en los montes y también en los valles, quizá testimonio de épocas distintas, más pacíficas las de poblamiento en valle, más inseguras las del monte. ¿Cómo pasarían la vida y qué pensarían de ella? ¿Tendrían mucha relación con el exterior? Quizá de vez en cuando llegaran reclutadores de mercenarios, para los ejércitos cartagineses, por ejemplo, y algunos jóvenes aventureros viajaran a África o a Italia, lugares muy lejanos para los medios de la época, y volvieran, si sobrevivían, para deslumbrar con historias fantásticas a sus paisanos más sedentarios, inflamando la imaginación de unos y suscitando las burlas de otros. Llegarían mercaderes ofreciendo productos exóticos a los pudientes. Quién sabe si algún lugar por donde hoy transitamos indiferentes, ciegos a su contenido temporal, si así cabe hablar, fue escenario de algún hecho extraordinario. En algunos yacimientos había restos de muro y cenizas: tal vez sufrieran un día asalto y quema, y esclavitud los supervivientes.

El objetivo de Lola y Margarita consistía en un “Estudio macroespacial del poblamiento de la cuenca del río Guadamejud durante la Segunda Edad del Hierro”, y otros semejantes. Pude enterarme, no sin cierto pasmo, de que muchos arqueólogos empleaban una “metodología marxista”. Marx estableció una hipótesis apropiada, a su entender, y luego al entender de tanta gente más, para explicar el destino humano; pero se molestó en ponerla a prueba –haciendo algunas trampas– aplicándola al estudio de la sociedad de su tiempo, acerca de la cual dispuso de una información amplísima. Procedió, hasta cierto punto, como un científico… y su hipótesis resultó falsa de arriba abajo, lo cual ocurre muy a menudo en la ciencia, y probablemente él lo comprendió hacia el final de su vida.

Una buena hipótesis debe tener coherencia interna, y el marxismo parecía tenerla, de ahí su atractivo; pero su valor no depende de tal coherencia, sino de su capacidad para explicar los hechos. La mayoría de las hipótesis científicas, si bien terminan desechadas al contrastarlas con la realidad, no dejan de ser fructíferas, pues permiten rectificar la orientación investigatoria. En cambio, tomar una hipótesis demostradamente falsa para aplicarla a épocas semivacías de información tiene muy poco de científico. Si bien no deja de ofrecer ventajas: cuantos menos datos, más fácil la especulación. ¡La cantidad de libros, ponencias, artículos y estudios divagatorios que se habrán elaborado con tales metodologías, máxime si fluye generoso el dinero público!

Ya entonces empezaba a ponerse de moda la arqueología feminista, en algún modo una variedad del marxismo, con floración de congresos internacionales, encuentros de especialistas, publicaciones y lucubraciones pintorescamente técnicas sobre “géneros”, “roles” y lo que caiga, en el neolítico y hasta en el paleolítico. Si se entretienen y encima ganan algo, nada que objetar.

Un atardecer llegamos Lola y yo a un yacimiento en la cumbre de un monte bastante alto. Estaba dividido en dos partes separadas por un muro. Desde una de ellas, ligeramente más elevada, acaso una pequeña ciudadela, veíamos teñirse el horizonte al fondo de un paisaje vasto y ondulado, deshabitado salvo por las casas de un pequeño pueblecillo medio perdido entre los altibajos del terreno. La escena provocaba ese sentimiento intenso y a la vez inconcreto de lo sagrado, nacido, posiblemente, de la percepción de nuestra dependencia con respecto a fuerzas incomensurables: aquella extraña bola ígnea que un día y otro, sin descanso, se alza por un extremo de la tierra, disipando las tinieblas, y al cabo de unas horas incendia los aires mientras se oculta por el lado contrario. Notamos oscuramente la insignificancia de nuestras vidas ante tales fuerzas, a quienes debemos la existencia sin saber cuáles son sus intenciones con respecto a nosotros…

La visión de la naturaleza en la soledad, fuera del ajetreo urbano, del roce continuo con los demás y las absorbentes preocupaciones diarias, nos infunde sentimientos extraños. El descreído entiende a Ladislaus Almásy, un explorador del Sáhara:

Amo el desierto… La infinitud purifica el cuerpo y el alma. El ser humano siente la proximidad del Creador y no hay nada que pueda apartarlo de este conocimiento. La fe en un Ser superior a nosotros y, al mismo tiempo, la sumisión a nuestro destino humano, se apoderan de nosotros“.

A muchos ha llamado la atención que las tres religiones monoteístas hayan nacido en las proximidades del desierto.

¿Cómo sentirían los primitivos estas escenas, qué repercusión tendrían en sus vidas, y a través de qué mecanismos mentales? Lola y yo pensamos entonces hacer un documental sobre arqueología, utilizando como entrada alguna puesta de sol en aquel lugar, para transmitir ese sentimiento de lo sagrado y tratar de explicar, o al menos describir a partir de él, la vida en la Antigüedad. Después de todo, en la contemplación de la naturaleza y de la vida humana debe de encontrarse el origen de la religiosidad, y ésta alguna influencia ha tenido en la historia humana. Apenas preciso decir que el proyecto, como tantos otros, quedó en eso.

 

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