Una contribución necesaria
“Una hora con la historia” enfoca el pasado de manera muy diferente a casi todos los demás programas de ese género, por lo común una mezcla de entretenimiento y superficialidad, cuando no falsedad. Conocer la historia, en particular la más reciente, es esencial para entender la actualidad y definir políticas coherentes. Al carecer de otro tipo de subvención que las contribuciones de algunos oyentes, el programa se encuentra permanentemente en apuros económicos, al borde de la quiebra. Esto ocurre principalmente cada trimestre, cuando llegan los impuestos, cosa que ocurrirá ahora en abril, unos 1.000 euros que dejan la cuenta temblando. El número de oyentes habituales, por radio y en youtube o por otros medios, oscila entre 10.000 y 20.000, aunque alguna que otra sesión ha pasado de 80.000 solo en youtube, donde lo instala desinteresadamente nuestro amigo Álvaro. El número de contribuyentes económicos no llega a doscientos, con entre 5 y 200 euros mensuales, más algunas contribuciones extra. Por esa razón hacemos un doble llamamiento a nuestros oyentes para, por un lado, difundir el programa en las redes o por otro medios, utilizando la breve presentación que hacemos en el blog o de otras formas; y por otro para aportar mensualmente una cantidad a la cuenta ES09 0182 1364 3302 0154 3346. El programa es también, junto con los libros Los mitos de la guerra civil y Galería de charlatanes, un desafío a las vilezas de la “memoria” antihistórica y antidemocrática, y esa es también parte esencial de su valor. Cuantos más colaboremos contra esas leyes totalitarias más se irá disipando el ambiente opresivo y falsario en que se desenvuelve la vida política española desde hace mucho.
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Por qué un ensayo español sobre la SGM (a)
Dentro de un mes creo que estará en librerías La Segunda Guerra Mundial y el fin de la Era Europea. Me han preguntado algunos por qué me he puesto con un asunto histórico, la SGM, tan ajeno, tomado en conjunto, a la historiografía española, como lo es casi todo lo relacionado con Europa. Pues una de las razones por las que me he puesto a ello es precisamente esa: que apenas existe bibliografía hispana al respecto y que la poca que hay, con raras excepciones, es bastante floja. En Años de hierro me enfrenté precisamente a esa cuestión: existe abundante bibliografía sobre la posguerra española, pero toda la que conozco se enfoca al margen de la guerra mundial que asolaba a casi toda Europa, y que de mil maneras condicionaba la difícil paz, el muy difícil equilibrio que permitió a España mantenerse al margen, y que a su vez repercutió de modo importante en algunos años a la evolución del conflicto europeo. De aquel equilibrio dependió no solo la posguerra, sino la propia evolución de España, con efectos hasta hoy mismo.
No es esta la única razón por la que he escrito este nuevo ensayo. Ya iré exponiendo otras.
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Entre VOX y PP (I)
Son muchos los que creen o quieren creer que entre el PP y VOX no existen diferencias de fondo, sino de matiz o de “sensibilidad”. Por lo que he venido observando en los discursos de Abascal y otros, y en la propia moción de censura, las diferencias no son menores, sino que afectan a la Gran Política, centrada en la unidad nacional, la democracia y a la independencia. Sin contar políticas parciales o de ocasión (impuestos, fondos europeos, pensiones, “chiringuitos”, etc.), en que las diferencias, con ser importantes, no son tan decisivas y definitorias.
La unidad de España importa de modo esencial, porque sin ella no es posible la democracia ni la independencia. La alternativa a la unidad es una fragmentación que convertiría a los diversos estados resultantes en entes mutuamente hostiles, manejados por potencias exteriores y perseguidores de la cultura y la lengua comunes. Tal situación solo podría resultar de una nueva guerra civil o de una descomposición y desmoralización radicales de los sostenedores de la unidad.
Esta alternativa debería ser obvia para cualquiera que mantenga un mínimo de lucidez y conocimiento de la historia. Los separatismos han sido en el siglo XX un factor de división, tiranía y guerra, y no pueden ser otra cosa. Y sin embargo, a partir de la transición el ataque a la unidad ha sido permanente, mediante, por una parte, la denigración sistemática de la idea de España, y por otra de la promoción y financiación de movimientos separatistas, especialmente en Cataluña y Vascongadas, extendidos luego a otras regiones. La promoción y financiación han provenido ante todo de los gobiernos centrales, fueran de UCD, PP o PSOE; y se han combinado con un “europeísmo” vacuo, en el que alguno querían ver una vacuna contra los separatismos cuando ha sido precisamente su complemento.
Debe recordarse que fue la UCD quien puso en manos de los separatistas –vascos y catalanes para empezar–, un instrumento de tal fuerza ideológica con vistas al futuro como la enseñanza. Y que lo entregó prácticamente sin restricciones, al paso que admitía en la Constitución el término “nacionalidades”, sin base histórica y por sí mismo disgregador. La raíz de tales hechos estaba en la ideología democristiana dominante en la UCD y compartida también por el PNV y los separatistas catalanes, que por entonces se decían meramente autonomistas. Autonomía que les fue concedida con bastante más amplitud que en la república. Tanto el PSOE como el PP cuando pasaron a gobernar, mantuvieron la misma promoción y financiación de los separatismos: el PSOE porque, como observó Julián Marías, tenía una idea negativa de la historia de España (en vez de tenerla de sí mismo); y el PP porque su idea de España no difería mucho de la del PSOE, la había diluido y aspiraba a diluirla aún más en “Europa”, una Europa sobre la que no había hecho el menor estudio serio, limitándose a cuatro tópicos superficiales, pero a la que querían entregar la soberanía española “por grandes toneladas”, como decía un ministro de Aznar.
En Cataluña, Vascongadas y otras regiones, nunca el PP plantó cara al sistemático ultraje a la idea de España, a su historia y a la unidad nacional. De hecho impidió cualquier movilización, resistencia o protesta en contra. Una clave de la acción separatista ha consistido en oponer las lenguas regionales a la lengua común. Política seguida por el PP también en Galicia, Valencia, Baleares y actualmente ¡en Andalucía!, bajo una bandera islámica e invocando como “padre de la patria andaluza” a un tal Blas Infante, radical antiespañol y proislámico. Para el PP, estas cuestiones son secundarias frente a “la gestión económica”, en la tampoco han destacado gran cosa. Lo que finalmente gestiona el PP es un proceso de disgregación nacional que en Cataluña ha llegado ya al golpismo abierto, amparado abiertamente por el PSOE y disimuladamente por el PP.
Los actos realizados por el PP contra la idea de España y en colaboración con los separatistas podrían llenar un libro amplio. Lo importante es entender que el PP no obra así por complejos o por miedos, sino porque no entiende la unidad nacional como una cuestión absolutamente básica para la concordia, la democracia y la independencia. Entiende la unidad como algo con lo que se puede negociar o cambalachear con socialistas y separatistas, a quienes prefiere, lógicamente, antes que a VOX. Algo de valor secundario porque lo decisivo sería “la economía” y “Europa”. Y explotar, entre tanto, el voto “útil” de quienes, pese a todas las pruebas, creen o fingen creer en un PP defensor de la nación.
Y en esto ha surgido VOX con un discurso diferente, o más propiamente opuesto.
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El sistemático fracaso de la demagogia de Adolfo Suárez estaba conduciendo al país a una situación crítica, en la que se vislumbraba ya lo que Tarradellas describió como un necesario “golpe de timón”: 269 – España hacia el golpe de Estado | El gobierno debe predicar con el ejemplo – YouTube
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Lo que Europa debe a Franco



