Dilema para España
Pero por encima de esos valores como el homosexismo, abortismo, multiculturalismo y demás, que usted denuncia, subsiste el hecho de que pertenecemos al tronco común europeo y cristiano, que Usa es el bastión principal de defensa de los valores occidentales, y que han surgido nuevas amenazas.
Hoy, el panorama internacional ha cambiado mucho. Con la caída de la URSS parecía abierto lo que llamaban “el fin de la historia”, la imposición generalizada, con obstáculos menores, de una ideología liberal a imitación de la useña, que es fundamentalmente la ideología del dinero –algo que no podemos despachar con simples frases despectivas– La OTAN sería el gran instrumento militar, que se quería justificar aludiendo al peligro terrorista , lo cual era como utilizar artillería pesada para cazar zorros. Hoy se dibuja una nueva superpotencia con ambiciones mundiales, China, que desarrolla programas económicos gigantescos como la Ruta de la seda y programas militares de alcance global. Y Rusia, que pareció por un tiempo supeditada a Usa, tiene hoy su propia política internacional, potencialmente conflictiva. Sin contar el surgimiento de grandes potencias regionales como Turquía, Irán y probablemente India a plazo medio. Asistimos a una tremenda carrera de armamentos, y la historia indica cómo suelen terminar. Al mismo tiempo, los países occidentales sufren una grave crisis de valores… La URSS también cayó por una crisis de valores. Aquí, o España quiere jugar un papel independiente, que solo podría hacer apoyándose en su propio ámbito cultural, o simplemente será un mero peón en un juego mundial ajeno a nuestros intereses y valores, o lo que quede de ellos. Esto último es lo que han perseguido sistemáticamente nuestros políticos y partidos desde la transición: disolver todo lo que ha significado España histórica y culturalmente, convertirla en un apéndice militar, económico y cultural de Anglolandia.


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El dinero en la novela
A Luis del Pino le ha llamado mucho la atención que concentraras la acción de la novela en una sola jornada, y ni siquiera en eso: entre la salida y la puesta del sol de un día corto de noviembre. ¡Menudo contraste con tu novela anterior! Además, ese breve tiempo une cuatro novelas menores o más bien seis, contando las de Diego y el “ruso”, y sin formar una mezcolanza. También a mí me ha dejado asombrado. Todo el relato, y el ambiente de la época, me choca porque de una parte me resulta de lo más extraño mirándolo desde la perspectiva actual, y al mismo tiempo me resulta muy familiar, como si “de aquellos polvos estos lodos”. Aunque has dicho que no es una novela política, yo creo que en el fondo sí lo es, igual que la anterior. Pongamos “Sonaron gritos y golpes a la puerta”: narra una situación prolongada de guerra, en la realidad y en el ánimo de los personajes, que es lo que se vivió en España entre la guerra civil, la mundial y el maquis. He leído algunas comparaciones con “La Colmena” de Cela, porque las dos describen una situación histórica parecida, pero desde perspectivas rotundamente opuestas. La Colmena es una España ajena al mundo, enclaustrada como en un local cerrado y lleno de gente medio anestesiada entre el humo del tabaco que se cuela en las cabezas donde no hay más que problemillas personales, porque hay poco dinero. Yo me lo figuro así, mientras que en Gritos y golpes veo la acción y la reacción interior y exterior a retos personales en los que se reflejaban otros retos más amplios, históricos que fueron muy reales. Y pasando a “Perros verdes”: ¡Qué cuestiones, que hoy no se plantean a casi nadie! La sociedad ha vuelto a La Colmena, en las dos el dinero es el trasfondo de todo, en aquellos años porque había poco, en estos porque ha habido mucho. Aunque ahora se están viendo de nuevo las orejas al lobo. Si yo escribiera una novela sobre estos años sería lo mismo que la colmena, pero ahora con más dinero. T.
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Opinión de Sebastián Urbina: http://sebastianurbina.blogspot.com/2020/08/de-botsuana-la-mareta.html?m=1